Lección 58. Perdón y conciencia limpia

A. PERDON
a) Escrituras clave
1 Juan 1:5-9 
Hebreos 9:22                                                                               
Efesios 4:32 
Mate o 6:14-15                                                                              
Lucas 6:37-38
Marcos 11:25                                                                            
b) ¿Qué es el perdón?
Dios es luz y no hay tinieblas en El. Si decimos que tenemos comunión con El y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
Si decimos que no tenemos pecado nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
(1 Juan 1:5-9)
Dios es luz y cuando andamos en su luz andamos en comunión con El y con otros creyentes. Cuando salimos de la luz de Dios entramos en la oscuridad. Es peligroso vivir en la oscuridad, porque no sabremos adónde vamos y nuestra comunión con nuestro Padre celestial y con los otros creyentes estará rota.
La ilustración de abajo nos muestra cómo vivimos con otros cristianos en la luz de Jesús a la cual el Espíritu Santo nos ha llevado. Fuera del círculo de aquella luz están las tinieblas del reino de Satanás. El deseo de Satanás es tirarnos fuera del círculo de luz, en la oscuridad. Usa muchas maneras tales como: cansancio, temor, frialdad de corazón, rebelión de voluntad, decepción, rencor, dolor y daño para intentar conseguir que andemos en la oscuridad.
El lugar más oscuro de todos es justamente fuera de la luz de Dios. Es por eso que los cristianos que han vuelto atrás de estar en la luz, parecen estar aún en mayor oscuridad, a veces, que el incrédulo que hasta ahora no ha conocido la luz de Cristo.
La comunión rota con el Padre, sin embargo, puede ser restaurada por Jesucristo que es nuestro abogad Padre (1 Juan 2:1-2). Nuestro abogado, o defensor, llevará nuestro caso en el momento en que pidamos Entrará en la presencia del Padre y pleiteará nuestro caso y restaurará nuestra comunión con Dios e Podemos ser librados de nuestros pecados sólo por confesarlos con la boca y volvernos de ellos, Si lo 1 Dios ha prometido un perdón tan completo que olvidará que hemos pecado.
A aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaras sin mancha delante de su gloria con ale único y sabio Dios, nuestro Salvador sea la gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los Amén.
(Judas:24-25)
Cristo murió por nuestros pecados (1 Corintios 15:3) y los llevó todos en El mismo, pero nosotros necesitamos, valernos de esta obra desatándolos verbalmente a Dios, es decir: confesándolos.
c) La sangre de Jesús
No podría haber perdón sin derramamiento de sangre (Hebreos 9:22). Como la ley de Dios insiste en que el c; por tu pecado es la muerte (Ezequiel 18:4; Romanos 6:23), Jesús, el único hombre sin pecado, tuvo que sufrir salvarte de tu pecado y traerte de nuevo a Dios (1 Pedro 3:18). Es sólo por medio de la sangre de Jesús que limpiado de tu pecado. Somos justificados por la sangre de Cristo. Esta es la parte de Dios en la obra de rede Fuimos declarados en bancarrota en cuanto ajusticia, pero Jesús vino y pagó nuestras deudas en la cruz. su justicia fue ingresada en nuestra cuenta. La cruz es el acto supremo del amor de Dios (Romanos 5:8).
«El hombre en el banquillo fue hallado culpable. El juez, aunque se trataba de un viejo amigo, no trató la o ligeramente. Le multó tan fuerte como podía y después le dio un cheque por todo el valor. Porque Dios es s tuvo que castigar el pecado con la sentencia de muerte. En la cruz, Dios el juez bajó del estrado y pagó tu d en la Sangre de Jesús».
(Living God’s Way: Arthur Wallís)
d) ¿Por qué perdonar?
El amor siempre perdona, Jesús lo mostró hasta en la cruz (Lucas 23:34) ¿Dónde estaríamos sin un D perdonador? (Hebreos 9:27-28). Un espíritu perdonador es lo que debes tener en el corazón, incluso antes que otra persona diga que lo siente. Jesús enseñó que si no perdonas a tu hermano no serás perdonado por tu PE que está en el cielo (Mateo 6:5-15).
Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdona vosotros en Cristo.
(Efesios 4:32)
Sé siempre el que perdona, incluso cuando la otra persona tenga la mayor parte o toda la culpa. Eres responsable ante Dios de restaurar relaciones rotas, no importa quién tenga la culpa ni las veces que otros hayan sido injustos contigo (Lucas 17:3-4).
Perdona, y serás perdonado.
(Lucas 6:37)
Si decidimos no perdonar, entonces Dios no puede perdonarnos. Sólo el perdón abrirá el canal para que la fe operara en nuestro corazón. El perdón es un prerrequisito esencial antes que podamos acercamos a Dios en oración (Marcos 11:25). Sí permitimos que afirmaciones negativas o acciones dolorosas de los demás nos corroan, daten a Satanás una entrada en nuestra vida. Podemos ser librados de est operdonando a la gente involucrada, no imponer la razón que tengamos o lo equivocado que estén ellos. Esto entonces permite que Dios nos restaure y sane. L amargura es un arma de Satanás, por tanto no la dejes arraigar. Amargura es cualquier pensamiento, palabra hecho, que no sea perdón, que proviene de una herida.
B. CONCIENCIA LIMPIA
a) Escrituras clave
Romanos 2:15                                                                            Hebreos 9:14
Hebreos 10:22                                                                            1 Timoteo 1:19
1 Timoteo 1:5                                                                             Hechos 24:16
b) ¿Qué es la conciencia y cómo funciona?
Nuestra conciencia es una incitación interior a hacer lo que «creemos» correcto y evitar lo que «creemos» equivocado. Es una voz interior que te da testimonio, acusándote si cree que estás equivocado, o defendiéndote si cree que tienes razón (Romanos 2:15). Si haces caso de estas incitaciones tendrás una conciencia buena o limpia (1 Timoteo 1:5). Si no haces caso de ellas tienes una conciencia culpable (Hebreos 10:22). En otras palabras, tu conciencia es como un timbre de alarma que Dios usa para despertarte al hecho de que pasa algo malo. Todo el mundo tiene una conciencia, pero cuando hay que registrar lo que es correcto y lo que es erróneo, diferentes conciencias pueden llegar a diferentes opiniones. A veces el timbre de la conciencia no suena cuando debería y a veces hay una falsa alarma.
Nuestra conciencia no es razonable, sólo nos incita a hacer lo que «sabe» que es correcto. Podemos intentar apaciguarla, «comprarla», o negarla, pero si lo hacemos traeremos tensión en nuestra vida. Tal vez podremos enterrar esa tensión por un poco de tiempo, pero al final saldrá a la superficie, a menudo como enfermedad, o amargura. Dios nos ha dado nuestra conciencia para ayudamos a obedecerle. En la situación ideal, esta conciencia estaría programada para mostrarnos siempre cuándo estamos haciendo lo que Dios quiere y cuándo no. En nuestro estado caído el hombre tiene una conciencia que no siempre refleja la perfecta voluntad de Dios. La gente es criada en su niñez de diferentes maneras y mientras crecemos la conciencia es entrenada. Esta programación de la conciencia puede, o no, estar en línea con lo que Dios realmente quiere. Lo que se da a nuestra mente concerniente a lo que es correcto o erróneo determinará el funcionamiento de nuestra conciencia. Nuestra conciencia es como un ordenador. Solamente llegará a las respuestas correctas si le damos la información correcta. Dios quiere reprogramar nuestra conciencia para que actúe como guía o brújula que enseñe el camino de Dios cada vez que tomemos una decisión. Esto limitará nuestra desobediencia y nos ayudará a hacer lo que Dios quiere. Necesitamos dejar a Dios que cambie nuestra conciencia: por su Palabra y por permitirle renovar nuestra mente. Esto lleva tiempo.
e) Los límites impuestos por Dios
La gente con fe y conciencia más débiles necesita reglas para vivir, que les detengan de hacer lo equivocado. Esto significa que a menudo construyen límites que no son particularmente de Dios, sino que son restricciones que les ayudan. Sus conciencias son entrenadas para ayudarles a permanecer dentro de esos límites. Pablo nos dice que no crucemos estos límites, en especial debido a presiones por otros, porque el hacerlo sería pecar (Romanos 14:23).
La gente con una conciencia fuerte basada en la Palabra de Dios no necesita tantas restricciones en su vida, porque tienen una conciencia que establece los límites de Dios. Esta es una ayuda tremenda para caminar con Dios en obediencia, ya que, nos habilita para vivir por fe (Romanos 14:23). Recuerda, tu conciencia es el timbre de alarma de Dios. Si está sonando necesitas comprobar si Dios te está señalando algo que no es correcto. Entonces llega a ser la protección de Dios construida en tu vida.
d) ¿Qué ocurre en la conversión?
En el camino que te condujo a la conversión, el Espíritu Santo usó tu conciencia para hacerte sentir culpable. Es su trabajo convencer (o convencer plenamente) al mundo de culpabilidad en cuanto a pecado, justicia y juicio (Juan 16:8). Fue su convicción que te dirigió a Cristo. Fue la verdad del evangelio metida en tu vida que iluminó, tu conciencia y trajo una nueva conciencia del pecado que no habías conocido antes.
Nuestra conciencia llega a estar más conciente del camino de Dios cuanto más dejamos que la verdad de Dios entre en nuestra vida. Esto no significa que nos sintamos más culpables. Al aprender a andar el camino de Dios, hallaremos que en muchas maneras tendremos más libertad (1 Corintios 8:7-8). Necesitamos ser llenos con el conocimiento de la voluntad de Dios (Colosenses 1:9.)
e) ¿Es importante una conciencia limpia?
Nuestra salvación es para librarnos de condenación (Romanos 8:11), pero si tu conciencia no está limpia entonces estarás siempre bajo condenación y culpabilidad. Esto afectará a:
(I) Tu relación con Dios
La culpabilidad obstruye nuestra comunión con Dios al sentirnos sucios en la presencia de un Dios santo Digamos que somos incapaces de mirar a Dios a los ojos. Esto también impedirá recibir plenamente e amor de Dios en nuestra vida. Si estamos turbados por nuestra conciencia entonces nos sentiremos indigno y probablemente estaremos en una área de pecado a la cual necesitaremos hacer frente. Una vez que hayamos hecho frente al pecado y volvamos a tener una conciencia limpia, podremos volver audazmente ante Dios y saber que no hay nada que nos condena y así podremos recibir el amor de Dios en nuestra vida;
(II) Tu fe
Una fe fuerte y una conciencia culpable no van juntas (Romanos 14:23).
(III) Tu vida de oración
Si tu conciencia te está señalando cualquier área de pecado, entonces Dios estará intentando conseguir que lo pongas bien para que tu conciencia esté otra vez limpia.
(IV) Tu deseo para la Palabra de Dios
Una conciencia culpable te roba de cualquier apetito, en especial para las cosas de Dios, incluida su Palabra.
(V) Tu testimonio
Satanás estará intentando convencerte de que eres un hipócrita y tú no tendrás respuesta si tienes una conciencia culpable.
f) Cómo guardar una conciencia limpia, libre de culpabilidad
Nuestra conciencia puede estar limpia y libre de culpabilidad. La sangre de Cristo es suficiente como para limpiar todo nuestro pecado y apaciguar nuestra conciencia y hacerla nueva. Para valemos de la obra limpiadora de Cristo, hay cuatro pasos:
(I) Confesión inmediata de pecado
Haz esto en el momento que te enteres del pecado (1 Juan 1:9). El pecado nubla nuestra conciencia así que no podemos venir a nuestro Padre celestial con el corazón limpio y el espíritu lleno de confianza. Al orar como Jesús enseñó: «perdónanos nuestras deudas», podemos saldar nuestra cuenta con Dios en breve plaza (Mateo 6:12).
(II) Confía en la promesa de limpieza
Dios es fiel y justo para perdonamos y limpiarnos (1 Juan 1:9). Nuestra conciencia misma es limpiada por la sangre de Jesús (Hebreos 9:14). Esto nos librará totalmente de culpabilidad. Cualquier «culpabili­dad» que quede es el maligno intentando acusarnos y la podemos resistir y rechazar porque no proviene de Dios.
(III) Obedece a tu conciencia
Necesitas hacer más que confesar tu fracaso: debes parar de fracasar (Santiago 1:22). Necesitas hacer lo que tu conciencia te dicta cuando sabes que es el camino de Dios.
(VI) Continúa andando en la luz (1 Juan 1:7)
Esto significa seguir abierto a Dios, sensible al Espíritu Santo, y estar preparado para obedecer inmedia­tamente cuando Dios te haga conocer su voluntad. Pablo dijo: «Procura tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres». (Hechos 24:16). ¡Nosotros necesitamos hacer lo mismo!
g) Una conciencia endurecida
Si una persona voluntariosamente sigue ignorando su conciencia, esta se endurecerá y cesará de hablar. Esto es lo que Pablo quería decir con una conciencia «cauterizada» (1 Timoteo 4:2). Este es un sitio peligroso donde estar, porque nos sentiremos libres para hacer cualquier cosa, y si permanecemos en este estado nos perderemos para la eternidad. Es como ser incapaz de sentir dolor. El dolor nos avisa de algún daño inminente: sin este aviso nos podemos dañar gravemente.
Tu conciencia es una de las herramientas más eficaces que Dios te ha dado para ayudarte a vivir en una relación correcta con El.
h) Preguntas y puntos de discusión
1. ¿Es importante saber que estás perdonado y que tienes una conciencia limpia?
2. ¿Hay algo por lo cual Dios no nos perdonará?
3. ¿Olvida realmente Dios que hayamos cometido un pecado si lo confesamos y le pedimos que nos perdone por ello?
4. ¿Qué deberíamos hacer cuando un hermano peca contra nosotros? (Lucas 17:3-4).
5. ¿Quién ha de restaurar al hombre sorprendido en alguna falta (pecado) y con qué actitudes (o espíritu) deberíamos restaurar a un hermano pecador? (Gálatas 6:1).
6. ¿Por qué insiste Dios en que perdonemos a los otros, incluso cuando están totalmente equivocados?
7. Haz una lista de aquellas personas a las que no has perdonado. Pide a Dios que te las traiga a tu memoria. Decídete ahora a perdonar a cada una de ellas. Clama a Dios para que te dé un, espíritu perdonador, para expulsar toda ira y amargura de tu corazón, y llenarlo en cambio con su amor.
8. ¿Por qué el desobedecer a nuestra conciencia incorpora tensión a nuestra vida?
9. ¿Por qué tanta gente en el mundo «parece» hacer lo que quiere y no sentirse culpable por ello?
10. Asegúrate de que tienes una conciencia limpia. Si no hay nada que te turbe, no te pongas introspectivo buscando algo que no existe. Si no tienes un testimonio claro de que todo está bien, haz la oración de David en el Salmo 139:23-24, y así como Dios conteste realiza los cuatro pasos mencionados en esta unidad.
i) Resumen y aplicación
1. Dios ha hecho que su perdón sea libremente asequible para nosotros cuando le confesamos nuestros pecados.
2. La sangre de Jesús facilita perdón y puede hacernos limpios y justos a los ojos de Dios.
3. El arrepentimiento es un cambio de opinión y dirección. Las Escrituras nos instruyen a demostrar nuestro arrepentimiento con nuestros hechos (Mateo 3:8; Hechos 26:20). Perdonar a los demás, no importa lo equivocados que estén, es parte de nuestro arrepentimiento como discípulos de Jesús.
4. Dios nos ha perdonado mucho, y espera que perdonemos a los demás de la misma manera (Mateo 13:21-35; Lucas 6:37-38).
5. Nuestra conciencia es el timbre de alarma de Dios y necesitamos dejar que Dios la programe correctamente para que nos guíe en su camino.
6. Nuestra conciencia establece límites que pueden actuar como protección para andar el camino de Dios.
7. Ignorar nuestra conciencia es tan peligroso como ignorar el dolor. Normalmente llevará a grave daño.
8. Nuestra certeza del perdón de Dios limpia nuestra conciencia y nos libra de la culpabilidad.

Lección 57. Quiénes somos en Cristo.

a) Recibimos una vida nueva
Tenemos vida eterna (Juan 3:16).
Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo (Romanos 5:5). Hemos recibido el testimonio del Espíritu (Romanos 8:16). Nos ha sido dada la mente de Cristo (1 Corintios 2:16). Nuestro cuerpo ha sido hecho templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Tenemos a nuestra disposición los dones del Espíritu Santo (1 Corintios 12:4-11). Hemos llegado a ser parte del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27).
Tenemos al Espíritu Santo como sello de que le pertenecemos, en nuestro corazón (2 Corintios 1:22). Hemos sido redimidos de la maldición de la ley (Gálatas 3:13). Hemos sido sellados por el Espíritu (Efesios 1:13-14). Nos ha vivificado con Cristo (Colosenses 2:13).
Hemos sido renovados por el Espíritu Santo (Tito 3:5). Hemos renacido por la Palabra de Dios (1 Pedro 1:23).
Hemos sido perdonados y limpiados en la sangre de Jesús (1 Juan 1:7-9). Hemos nacido de Dios (Juan 2:29).

b) Entramos en una nueva relación con Dios
Nos hemos convertido en hijos de Dios (Juan 1:12; Romanos 8:16). Conocemos al único Dios verdadero (Juan 17:3).
Tenemos paz con Dios (Romanos 5:1).
Estamos reconciliados con Dios (Romanos 5:10).
No sólo somos sus hijos sino que El es nuestro Padre (Romanos 8:15). Hemos sido hechos coherederos con Cristo (Romanos 8:17).
Somos posesión de Cristo (1 Corintios 3:23).
Hemos sido transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Corintios 3:18).
Somos nuevas criaturas en Cristo (2 Corintios 5:17).
Somos crucificados con Cristo (Gálatas 2:20).
Somos aceptos en el amado (Efesios 1:6).
Estamos vivos con Cristo (Efesios 2:5).
Somos miembros de la familia de Dios (Efesios 2:19).
Podemos acercarnos a Dios con libertad y confianza (Efesios 3:12).
Podemos confiar en que El que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará (Filipenses 1:6). Todo lo podemos en Cristo Jesús (Filipenses 4:13).
Somos aptos para participar de su herencia (Colosenses 1:12).
Pertenecemos a Dios (1 Pedro 2:9).
Participamos de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4).

C) Hemos sido liberados del pecado
Somos librados de la esclavitud (Juan 8:31-36). Hemos sido librados del pecado (Romanos 6:18).
Ya no estamos bajo la condenación (Romanos 8:1).
Deberíamos ocuparnos de las cosas del Espíritu (Romanos 8:5-6). Hemos sido salvos de las consecuencias del pecado (Romanos 10:13). Hemos sido hechos justos y santos (1 Corintios 1:30). Somos limpiados, santificados y justificados (1 Corintios 6:11). Somos redimidos (Efesios 1:7).
Ya no vivimos haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos (Efesios 2:3).
Ya no somos hijos de ira (Efesios 2:3).
Por gracia hemos sido salvos por medio de la fe (Efesios 2:8). Somos perdonados (Colosenses 1:14).
Somos completos en Cristo (Colosenses 2:10).
Nuestra naturaleza es cambiada (Colosenses 3:9-10). Somos limpiados de una mala conciencia (Hebreos 10:22). Hemos sido sanados (1 Pedro 2:24).
Hemos muerto al pecado y vivimos en la justicia (1 Pedro 2:24). Hemos sido purificados de nuestros antiguos pecados (2 Pedro 1:9).

d) Somos apartados en el mundo
Somos más que vencedores en Cristo Jesús (Romanos. 8:37).
Somos embajadores de Cristo (2 Corintios 5:20).
Vivimos por fe en el Hijo de Dios (Gálatas 2:20).
Hemos sido crucificados al mundo (Gálatas 6:14).
Hemos sido resucitados con Cristo y sentados en los lugares celestiales (Efesios 2:6).
Somos conciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios (Efesios 2:19).
Hemos sido librados de la potestad de las tinieblas, y trasladados al Reino de Dios (Colosenses 1:13). Nos ha sido dada la esperanza de gloria (Colosenses 1:27).
Esperamos con mucha ilusión un cielo nuevo y una tierra nueva, un hogar de justicia (2 Pedro 3:12). Hemos vencido al mundo (1 Juan 5:4-5).

e) Preguntas y puntos de discusión
1. ¿Por qué muchos cristianos parece que no viven todo lo bueno que hay para ellos en Cristo Jesús? Discútelo. 2. ¿Tenemos que vivir a nuestra manera solos, o tenemos ayuda? (Juan 14:26; Juan 16:13-15).
3. Cuando empezamos a vivir en lo bueno de quién somos en Cristo, ¿qué respuesta podemos esperar del mundo? Discútelo. (Juan 15:18 – 16:4).

F) Resumen y aplicación
1. Tenemos una herencia gloriosa cuando estamos en Cristo Jesús.
2. Necesitamos dejar la excusa de ignorancia y aprender quién somos en Cristo, según la Palabra de Dios y luego vivir en lo bueno de este conocimiento.
3. Necesitamos morir a nuestra vida y naturaleza antigua y vivir como Cristo Jesús quiere que vivamos, siendo obedientes a Dios el Padre y viviendo en el poder del Espíritu Santo.

Lección 56. Fe para Salvación

a) Escrituras clave
Juan 3:16
Romanos 10:9-13
Lucas 13:23-25
Romanos 3:21-28                     
b) Introducción
La segunda condición principal para entrar en el Reino de los cielos es la fe salvadora. Para ser salvos y empezar a seguir al Señor Jesucristo como sus discípulos, debemos creer. Debemos creer que somos pecadores y que Jesús derramó su sangre y murió por nuestros pecados. Debemos arrepentirnos de nuestros pecados y pedir a Dios que nos perdone por ello. Luego debemos entregar nuestra vida a Jesús y hacerle nuestro Señor y Salvador (Marcos 1:15; Hechos 20:21; Juan 1:12).
c) ¿Qué es la fe salvadora?
– Es la fe que lleva a la salvación e implica varios aspectos:
– Someter tu vida a Dios (Salmo 37:5). – Creer en Jesús (Juan 3:15).
– Hacerte obediente en el corazón (Romanos 6:17).
– Creer con el corazón (Romanos 10:9-10).
– Creer que la Biblia es la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17).
– Poner tu confianza en Dios (Hebreos 2:13).
– Invitar a Jesús en tu vida (Apocalipsis 3:20).
d) La ilustración del puente




e) Lo que significa nacer de nuevo
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
(2 Corintios 5:17)
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 5:23)
La Biblia deja muy claro que somos más que sólo cuerpo y alma. El cuerpo es, por supuesto, la parte física de nosotros. Nuestra alma se compone de nuestra mente, nuestra voluntad y nuestras emociones.
«Nuestra emoción expresa cómo nos sentimos, nuestra mente nos dice lo que pensamos y nuestra voluntad comunica lo que queremos».

«Hasta que el hombre nazca del Espíritu, su alma gobernará su vida. Está acostumbrado a valorar situaciones con su mente, y llegar a sus propias conclusiones. Presta considerable atención a sus propias emociones, y a menudo permite que le rijan. Toma sus propias decisiones, basadas en el razonamiento de su mente, o como resultado de los deseos emocionales que tenga, o una combinación de los dos». (Colin Urquhart: En Cristo Jesús).
Entonces antes de nacer de nuevo vivimos como gente de «dos partes» en la esfera de nuestro cuerpo y alma (ser interior). Nuestro espíritu humano está en realidad muerto, es decir, es inactivo e incapaz de afectar nuestras acciones, decisiones y deseos (ver Efesios 2:1-2).
El «nacer de nuevo» significa que recibimos vida en esta área profunda de nuestra personalidad que se ha muerto por el pecado. Cuando somos hechos vivos por el Espíritu de Dios podemos empezar a vivir como gente de «tres partes», es decir, ¡podemos saber lo que realmente significa estar vivos en cuerpo, alma y espíritu! (ver Gálatas 5:16-25; Romanos 8:19; Juan 3:3-8).
Jesús dice que no podemos ver el Reino de Dios hasta que nazcamos de nuevo. Ver el Reino significa experimentar la realidad de Dios, conocer el amor y el perdón de Dios y poder vivir en el Poder de Dios como El vive en nosotros por el Espíritu Santo.
f) fe es un don de Dios
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe: y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
(Efesios 2:8-9)
No nacemos con la habilidad de poner nuestra fe en Dios. Esta fe es un don del Espíritu Santo, que es el que obra en nuestra vida para que en primer lugar nos volvamos a Dios. Cuando respondemos y escuchamos a Dios, nuestra vida está abierta para recibir este gran don de fe, el cual nos habilita para poner nuestra confianza en Dios y recibir a Jesús como nuestro Señor y Salvador.
g) Certeza de nuestra salvación
No nos debemos apoyar nunca en los sentimientos sino en los hechos:
– Lo que la Palabra de Dios nos dice (Juan 5:24; Hebreos 13:5; Juan 6:37; Romanos 8:38-39; Tito 1:2; Juan 10:28-29).
– El testimonio del Espíritu Santo en nosotros (Romanos 8:14-16; 1 Juan 3:24).
h) La oración del pecador
Haz esta oración o una similar si quieres que tus pecados sean perdonados y quieres convertirte en hijo de Dios discípulo de Jesús.
«Señor Dios, reconozco que soy pecador. Creo que Jesús murió por mi pecado. Tomó el castigo que yo debo  por mi pecado llevándolo en sí mismo en la cruz. Me arrepiento y me vuelvo de mis pecados y pido el perdón de Dios. Entrego mi vida a Jesús y le hago mi Señor y Salvador. Obedeceré sus mandamientos y viviré mi vida para su buen placer. Sé que ahora soy hijo de Dios y mis pecados son perdonados porque han sido limpiad por la sangre de Jesús. Alabado sea Dios. Amén».
Si has hecho esta oración, lee otra vez las Escrituras acerca de la certeza de nuestra salvación y dile a alguien q acabas de convertirte en cristiano. Necesitas confesar con la boca lo que acabas de hacer (Romanos 10:9-10 Necesitamos a otros que nos ayuden a crecer como discípulos nuevos de Jesús. Nadie puede ser una isla para mismo. Recuerda, la salvación es algo gozoso. Acabas de cambiar tu destino para la eternidad (Hechos 16: Hechos 8: 39).
i) Preguntas y puntos de discusión
1. ¿Qué dirías a alguien que te preguntase: «¿Cómo llegar a ser cristiano?» (Usa palabras sencillas para que pueda entender.)
2. ¿Cómo le asegurarías que ahora él es cristiano?
3. ¿Qué sucede en el momento en que aceptas a Jesucristo como tu Señor y Salvador?
4. ¿Por qué es importante creer que la Biblia es la Palabra de Dios, en términos de fe salvadora? 5. ¿Por qué la mayoría de la gente no reconoce que necesita ser salva? (2 Corintios 4:4). 6. Contrasta el resultado de seguir el camino de Dios con seguir el camino del hombre. 7. ¿Es la salvación el fin del camino o el principio?
j) Resumen y aplicación
1. Para ser salvo y ser discípulo de Jesús debes confesar tu pecaminosidad, arrepentirte de ello y pedir a Dios q te perdone por todo lo que hayas hecho que sea pecaminoso. Luego debes entregar tu vida a Jesús y pedir que sea tu Señor y Salvador.
2. Cuando somos salvos recibimos el Espíritu Santo como depósito, garantía de nuestra salvación, y nuestra espíritu llega a tener vida (Efesios 1:13-14).
3. Cuando estamos en Cristo Jesús tenemos a nuestra disposición vida en abundancia (Juan 10:10).

Lección 51. ¿Qué es un discípulo?


a) Escrituras clave
Mateo 28:18-20;  
Marcos 4:33-34
Lucas 6:40;  
2 Timoteo 2:2
1 Pedro 2:20-21; 
Juan 8:31-32
1 Juan 2:6;  
Colosenses 3:17
b) Definición
La palabra discípulo en griego es «mathetes» que significa «uno que aprende instrucción de otro». Se usaba en el mundo secular griego para el aprendizaje de un artesano. Un discípulo no era solamente un alumno sino un adherido, por eso se hablaba de ellos como imitadores de sus maestros.
Todo cristiano es llamado a ser discípulo de Jesús y esto significa que seguirá a Jesús y pondrá las declaraciones de Jesús primero en su vida, no importa lo que le cueste a sí mismo. De modo que un discípulo cristiano es una persona que está determinada a seguir a Jesucristo, con el deseo de aprender de El y vivir según su ejemplo.
Diccionario:  Adherido: estar unido. Pegarse  una cosa a otra.  Convenir en un dictamen, opinión o partido y abrazarlo. Adhesión: Fuerza de atracción entre las moléculas de diversos cuerpos puestos en contacto. Idóneo: Que tiene buena disposición o suficiencia para una cosa.
c) Cinco principios básicos
1. Un discípulo es una persona que vive continuamente según la Palabra de Jesús. No son personas que siguen sólo ocasionalmente las palabras del Maestro, sino personas que se comprometen a llevar hasta el fin sus enseñanzas de una manera disciplinada y confiada. Jesús es nuestro Maestro. El nos hablará palabras vivas diariamente a través del Espíritu Santo. Lo que necesitamos hacer nosotros es vivir en nuestra vida diaria los mandamientos, enseñanzas y ejemplos que ya nos ha dado. El pensamiento principal detrás del discipulado no es uno de inspiración sino de instrucción. Debemos poner en práctica lo que nos ha sido revelado hacer por la Palabra de Dios. Necesitamos los fundamentos estables de la obediencia a la Palabra de Dios como la base de nuestro discipulado, si no estaremos a merced de toda noción o sentimiento subjetivo que venga.

2. Un discípulo es una persona qué confía su vida completamente al Señor. Esta confianza debería ser total, mas no es sólo un compromiso con cualquiera, sino con un Maestro amoroso que no tiene interés en sí mismo, sino que se preocupa por nuestro bienestar y crecimiento total en Dios. Jesús tiene el derecho de exigir este cometido porque entregó su vida por nosotros. Jesús está totalmente comprometido con nosotros y quiere el mismo compromiso como respuesta. Quiere que confiemos en El a cada paso, mientras El lleva nuestra vida y la moldea según su voluntad (Mateo 6:24; Juan 10:1-18)

3. Un discípulo es uno que vive una relación fructífera con Jesús (Juan 15:4-5).  «Nuestra unión con Cristo hace posible una vida a través de la cual otros pueden ser salvos. Cuando un árbol está tan lleno de savia que ya no la puede aguantar, ¡el resultado es el fruto! Cuando un cristiano está lleno de Cristo, otros lo ven y oyen sobre El y su ejemplo llevará entonces a que otros sean renacidos espiritualmente en el Reino de Dios. Así los nuevos creyentes son uno de los frutos del discipulado». Sin esta clase de productividad en nuestra vida, el Reino de Dios no se expandirá y el cuerpo de Cristo no crecerá.

4. Un discípulo es uno que está comprometido con un amor incondicional y de sacrificio por otros (Juan 13:34-35). Este no es ningún amor humano ordinario sino el amor que Dios ha demostrado hacia nosotros. Es un amor desinteresado que no busca ganancia para estimular su acción. La palabra griega para este amor es «ágape» que significa «amor desinteresado», donde Dios y los demás son más importantes para nosotros que nuestros propios deseos egoístas.

5. Un discípulo es uno que está dedicado al cumplimiento de la comisión de Cristo (Mateo 28:18-20). La meta de nuestro discipulado debería ser la de ganar otros discípulos, no sólo convertidos. Los convertidos pueden cambiar sus mentes, pero los discípulos siguen a su Maestro.

d) Un discípulo es una persona muy privilegiada

– Es llamado y escogido por Dios (Efesios 1:4-5).
– Jesús es su Salvador; murió en la cruz para que sus pecados pudieran ser perdonados, haciéndole aceptable a Dios (Romanos 5:8).
– Dios es su Padre, con el que tiene una relación personal, por tanto es un hijo de Dios y es del Reino de Dios (Gálatas 4:6-7).
– Le ha sido dada vida eterna (Juan 3:16).
– El Espíritu Santo vive en él, dándole poder para testificar de su vida nueva en Cristo (Hechos 1:8). Tiene paz con Dios (Romanos 5:1).
– Nada puede separarle del amor de Dios (Romanos 8:39).

e) Un discípulo tiene responsabilidad

«¿Qué haría Jesús?» Aquellos que quieran tomar su discipulado seriamente se harán esta pregunta, y otras similares, en toda situación que se presente ante ellos. Esto es un pacto o acuerdo que todo cristiano necesita hacer entre él y Jesús (1 Juan 2:6). Cuando estés perplejo pide a Dios que el Espíritu Santo  te enseñe lo que haría Jesús en tu lugar. Te contestará, si genuinamente quieres saber lo que a El le agrada. Tal como tu conocimiento de la enseñanza y acciones de Jesús aumenta mientras lees la Palabra de Dios, también aumentará tu habilidad de saber lo que haría Jesús en cualquier situación.

(I) Toma una decisión firme

Un discípulo necesita tomar una decisión firme de hacer lo que haría Jesús, de otra forma se conformará con menos de lo mejor de Dios para él y continuará entristeciendo a su Señor.
– Nuestra decisión de seguir a Jesús no es una respuesta emocional al evangelio sino un acto categórico de la voluntad. Las decisiones no realizadas en la vida real son de poco valor.
– Habrá momentos en los que necesitarás someter algunas decisiones importantes a los que están en autoridad espiritual sobre ti. Si genuinamente quieres la voluntad de Dios en tu vida no necesitas temer el hacerlo. Los discípulos no han de actuar en independencia, sino que han de ser personalmente responsables ante el Señor por sus acciones.

(II) Algunos de los beneficios

 Habrá cambios para bien en tu actitud hacia la gente, el dinero, los negocios y la responsabilidad social.
– Experimentarás la refinación o purificación de tu vida, para que muchos pensamientos, actitudes y acciones negativas, que sean inconsecuentes con la vida de Jesús sean quitados.
– Jesús no actuaría en incredulidad. Cuando deseas actuar como El, te dará la fe para hacerlo. Cuando sea necesario puedes confesar tus dudas y pedir su perdón y fe.
– El amor gobernará tus acciones, palabras y actitudes. Te volverás más dispuesto a perdonar; tendrás mayor compasión por los necesitados y te preocuparás más por los perdidos.
– Heredamos todo lo que Cristo hereda de Dios. Si estamos dispuestos a compartir sus padecimientos, también compartiremos su Gloria (Romanos 8:17). Incluso cuando la obediencia resulta costosa, no serás el perdedor, porque Dios siempre devolverá muchísimo más que lo que le es dado; tanto en esta vida como eternamente en el cielo (Lucas 6:38; Juan 10:10).
– Se realizarán cambios en algunos de tus hábitos viejos porque el Señor quiere ver estos cambios en ti. Sométete voluntariamente a esos cambios, y resiste la tentación de volver a los hábitos viejos y así comprometer tu discipulado (Colosenses 3:17).
– Si tomas tu discipulado en serio estarás buscando primero el reino de Dios y su justicia. Puedes tener confianza en que Dios guardará su promesa y proveerá para toda necesidad, como lo hizo con Jesús (Mateo 6:33).

f) Preguntas y puntos de meditación.

1. ¿Deberíamos vivir como nosotros queremos, o como Dios quiere en cada situación? (2 Corintios 5:15).
2. ¿Quién es nuestro guía en las cosas de Cristo Jesús? (Juan 16-13-14).
3. ¿Qué clase de cosas hará cualquiera que tiene fe en Jesús? (Juan 14:12-14).
4. ¿Podemos aprender algo sobre el amor, de la entrega por Dios de su hijo Jesús (1 Juan 4:10-11), y cómo nosotros como discípulos permanecemos en su amor? (Juan 15:9-14).
5. ¿Cuáles son los dos mandamientos principales de Dios? (Mateo 22:37-39).
6. ¿Cómo podemos nosotros, como discípulos, vivir nuestra vida cotidiana manifestando el amor «ágape» hacia Dios y los demás como Dios lo requiere? (Romanos 5:5).
7. Cuando las cosas se ponen difíciles, ¿podemos relajarnos un poco hasta que podamos hacer frente a la vida otra vez? (Lucas 9:62). Si no, ¿por qué tantos cristianos lo hacen?

g) Resumen y Aplicación.

1. Necesitamos estar totalmente comprometidos con Jesús, haciéndole nuestro Señor. Esto significa que no le diremos «No» cuando nos pida que hagamos algo por El. (Lucas 6:46)
2. Todo discípulo de Jesús debería hacerse esta pregunta: «¿Qué haría Jesús en esta situación?»
3. Necesitamos vivir continuamente en la Palabra de Dios como discípulos suyos para que le conozcamos mejor, y luego tendremos mayor habilidad para saber lo que haría Jesús en cada situación.
4. Necesitamos ver a Dios como nuestro Maestro amoroso que quiere sólo nuestro bien.
5. Necesitamos amar y servir a Dios primeramente, a los demás en segundo lugar, y por último a nosotros mismos. (Mateo 22:37-39) (Levítico 19:18)

Lección 51. El discipulado: Importancia y costo

(Dios nos dará todo lo que siempre hemos deseado, a cambio de todo lo que deseamos librarnos).

a) Escrituras clave
Juan 15:16

Mateo 28:18-20
Lucas 9:23
Lucas 14:26-35
Mateo 10:37-39




b) ¿Por qué el discipulado?
(1) Jesús demostró la importancia del discipulado al hacer del entrenamiento de los doce discípulos una prioridad durante los tres años y medio de su ministerio público en la tierra.
(II) Jesús comisionó a Sus seguidores a entrenar discípulos porque pretendía «fruto duradero».

(III) El discipulado es el mejor método para alcanzar nuestro mundo para Dios. El impacto que los doce discípulos de Jesús y Pablo tuvieron en el mundo nos demuestra el valor del discipulado. Un número pequeño de discípulos comprometidos, que han sido bien entrenados, alcanzarán mucho más para Dios que números grandes de conversos que carecen de profundidad espiritual. El discipulado es la estrategia escogida por Dios para alcanzar al mundo. Si un discípulo llevase a una sola persona a Cristo, y emplease todo un año para entrenarle, y al año siguiente ambos discípulo y maestro, hicieron un discípulo nuevo cada uno de ellos, y al próximo año estos cuatro hicieron cuatro más (uno cada uno), en unos treinta y dos años toda la población del mundo sería salva, según las matemáticas.

(IV) El resultado final son cristianos espiritualmente maduros. La madurez no viene automáticamente con el paso de los años y el aumento del conocimiento y experiencia, sino que es el resultado de un crecimiento espiritual gradual a base de obediencia a Cristo Jesús y su Palabra.

e) Siete señales de madurez espiritual

I) Ser fructíferos en nuestro servicio para Dios (Mateo 25:14-30).
(II) Una actitud humilde y voluntad de servir a los demás (Juan 13:12-17).
(III) Un nivel de excelencia en nuestra vida en general (2 Corintios 13:11).
(IV) Una relación cercana con Jesús (Gálatas 2:20).
(V) El fruto del Espíritu manifestado en nuestra vida (Gálatas 5:22-23).
(VI) Un caminar estable, consecuente y santo, ante Dios y el hombre (Efesios 4:11-16).
(VII) Un conocimiento sólido de la Palabra de Dios y, como resultado, discernimiento. (Hebreos 5:13-6:2), NOTA: Esto se puede resumir como «semejanza a Cristo» (1 Juan 2:6).

c) La necesidad de madurez espiritual

(1) El crecimiento hasta la madurez en Cristo es lo que la Biblia sugiere que se espera de todos los cristianos (Efesios 4:11-16).
(II) Sin madurez no puede haber liderazgo, y los líderes son necesarios para que la iglesia crezca, porque son los pastores del rebaño de Dios (1 Pedro 5:1-3).
(III) Solamente los cristianos maduros podrán mantenerse firmes con eficacia contra el diablo y los poderes de las tinieblas, y esto es lo que Dios quiere que hagamos (Mateo 12:29).
(IV) Solamente los cristianos maduros tienen un impacto duradero para Dios en el mundo de hoy.
(V) Es solamente el discípulo maduro quien, a través de su ejemplo amoroso, es capaz de transmitir el carácter de Jesús al mundo.

e) Recuerda

Ganar conversos añade números de creyentes nacidos de nuevo, pero el discipulado hace discípulos que son reproductores maduros que en su turno multiplicarán los números de creyentes-discípulos nacidos de nuevo.
f) El costo de ser un discípulo verdadero
El discipulado es un asunto muy serio. Es algo costoso; así es como Jesús mismo lo veía. ¡No empezó ofreciendo a sus discípulos un mar de rosas! Dejó absolutamente claro desde el principio lo que implicaba. Para ser un discípulo de Jesús necesitamos llevar nuestra propia cruz y seguir a Jesús (Lucas 14:27). Necesitamos dar toda nuestra vida y todo lo que tenemos a Dios, para que lo use de acuerdo con su voluntad.

g) Muchos se han conformado con menos

Muchos cristianos se han conformado con una forma de discipulado que no se parece mucho a las enseñanzas y expectaciones de Jesús. Sus palabras son muchas veces comprometidas por conveniencia o para evitar costo personal. Como resultado, muchos cristianos dejan de ser los testigos que Dios quiere que sean, y la iglesia es considerada débil, ineficaz o irrelevante. Los hijos de Dios han de mostrar al mundo la presencia transformadora de Jesús en sus vidas. Incluso dentro de la iglesia muchos cristianos encuentran el mínimo denominador común y se acomodan allí, esto es, que siguen a la persona peor o menos efectiva. Dios quiere que imitemos a sus mejores personas y sobre todo a Jesús mismo (1 Corintios 11:1).

h) Contar el costo

Dios llama a sus hijos a enfrentarse con las verdaderas implicaciones de un discipulado personal, a ser fieles y obedientes al Señor, cueste lo que les cueste. Por amor a Jesús, están dispuestos a aplicar sus valores a sus vidas. Un discipulado sin costo no es un discipulado verdadero. Los cristianos son llamados a negarse a sí mismos y tomar su cruz diariamente para poder seguir a Cristo Jesús. Su cruz no es una carga impuesta a ellos, sino algo que emprenden voluntariamente por amor del evangelio. Dios tiene el primer lugar en sus vidas, antes de considerarse a sí mismos o incluso a los demás: Su voluntad tiene preferencia sobre cualquier otra cosa. Poner a Dios primero es lo mejor, tanto para los discípulos como para todos sus amados. Como Jesús exigió un precio tan alto por el discipulado, desafió a todos a contar el costo primero (Lucas 9:57-62; Juan 6:60-66; Marcos 10:17-31). En vista del alto precio del discipulado que Jesús requería, no es sorprendente que terminara con pocos seguidores profundamente comprometidos: pero aquellos pocos fueron suficientes para cambiar el mundo.

i) El verdadero discipulado nos costará todo

(1) Vivir como discípulo no es una opción extra, sino el compromiso normal del cristiano que Jesús espera de todos sus seguidores.
(II) Un discípulo verdadero se da cuenta y acepta que Jesús merece en justicia ser el Señor de su vida entera. (Juan 13:13;
Apocalipsis 19:16; 22; Lucas 22:28-30).
(III) Un discípulo verdadero es una persona que ha creído las palabras de Cristo y ha comprometido su vida a Cristo Jesús.
(IV) Es importante darse cuenta de que los discípulos de Jesús no pueden ser poco entusiastas o mediocres en nada que hagan, porque han de seguir a Jesús, y El vivió y murió por los principios del Reino de Dios.

j) Cinco precondiciones básicas para el discipulado bíblico

(I) Fidelidad
Sólo gente fiel o de confianza está plenamente calificada para el entrenamiento del discipulado. 2 Timoteo 2:2;1 Corintios 4:2

(II)Amar a Jesús y ponerle a El primero
Esto significa vivir una vida de acuerdo con su voluntad, es decir obediencia. Juan 14:15, 21, 23

(III) Voluntad de darnos a nosotros mismos, en sacrificio
Crecer en madurez espiritual exigirá sacrificios de tiempo, fuerza y a veces incluso relaciones. Dios tiene un programa de discipulado personal para cada uno de nosotros. Quiere que entreguemos nuestra vida a este programa para que seamos transformados en la imagen de su Hijo Jesús (Filipenses 2:13; 2 Corintios 9:8; 1 Tesalonicenses 5:23-24).

(IV) El hambre espiritual  Juan 7:37; Mateo 13:12
Esto implica un deseo real de crecer espiritualmente y ser usado por Dios.

(V) Una actitud educable  2 Timoteo 3:10; 2 Tesalonicenses 3:14-15; 2 Corintios 13:10; Hebreos 13:17; Ruadas 8 (rechazan la autoridad) Tito 2:14-15 (reprende con toda autoridad); Gálatas 2:10 (Pablo obedece a Jacobo y a Juan) Marcos 13:34; Romanos 13:1-2; Tito 1:5-6.
La cual se demuestra cuando estamos dispuestos a someternos a la autoridad de la Palabra de Dios y a líderes espirituales que han sido impuestos por Dios sobre nosotros.

k) Preguntas y puntos de meditación

1. ¿Tuvo Jesús impacto a través de sus discípulos? ¿Por qué?
2. ¿Por qué debemos aspirar a la madurez espiritual? (Colosenses 1:28-29).
3. ¿Qué es la semejanza a Cristo? (Romanos 8:29).
4. ¿Qué significa tomar tu cruz? (Mateo 16:24-25).
5. ¿Por qué a la iglesia se le considera débil, inefectiva, o irrelevante? Discútelo.
6. ¿Deberíamos contar el costo de ser discípulos de Jesús? (Lucas 14:25-35).
7. ¿Merece Jesús ser hecho Señor de tu vida entera? (Colosenses 1:15-20).
8. ¿Qué tipo de personas está buscando Jesús para que le sirvan? (Lucas 16:10-12; Mateo 25:14-30).
9. ¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo y perdiere su alma? (Mateo 16:26-27) Discútelo.
10. ¿Cómo salvamos nuestra vida, según Mateo 16:24-25 y 1 Juan 5:12?
11. ¿Dónde estará tu corazón? (Lucas 12:32-34).
12. ¿Qué necesitarías cambiar en tu vida si siguieses a Jesús como un verdadero discípulo? Discútelo.

I) Resumen y aplicación

1. ¡Jesús hizo del discipulado una prioridad, y nosotros también deberíamos hacerlo!
2. El discipulado es la estrategia escogida por Dios para llegar al mundo.
3. Los cristianos espiritualmente maduros deberían ser el resultado final del discipulado.
4. Necesitamos tomar una decisión firme de seguir a Jesús y no conformarnos con menos. Seguir a Jesús es seguir el mismo camino que El, y nos avisó que sería costoso. Jesús dijo que nos costaría todo.
5. Los hijos de Dios deberían mostrar a Jesús al mundo y ser transformados a Su imagen.
6. Como discípulos deberíamos ser educables, fieles, espiritualmente hambrientos, y sacrificar todo por nuestro amor a Jesús.
7. A la naturaleza humana no le gusta la obediencia, tampoco le gusta enfrentarse con el costo. Es fácil conformarse con un nivel de discipulado aceptable a nosotros e imaginarlo aceptable a Dios.

Lección 49. Respondiendo preguntas difíciles

El cristiano tiene que enfrentarse en su caminar por este mundo tan complicado, a muchas interrogantes y problemas éticos, para los cuales no hay una referencia directa en las Escrituras, o cuya enseñanza aparentemente no es tan clara.
En esta lección analizaremos algunos casos, pues es necesario que como creyente tengas conceptos claros acerca de ellos, tanto para tu propia vida, como para que puedas responder a los que están buscando orientación bíblica. El tratamiento de esos problemas te ayudarán a buscar por ti mismo en la Biblia respuesta para otros similares.

A. EL ABORTO


Aunque casi todos los cristianos rechazan el aborto en forma general, algunos lo justifican en algunos casos, como en los embarazos por violación. Veamos la enseñanza bíblica:
1. Deuteronomio 5:17. ¿Qué prohíbe Dios?
2. Job 12:10. ¿Quién tiene el derecho sobre la vida?
3. Salmo 139:13,16. ¿Desde qué etapa de nuestra vida ya éramos conocidos por Dios?
Dios es el dador de la vida, y el único que tiene derecho a quitarla, o autorizar a que se la quite en casos específicos, tal como encontramos en las Escrituras. Además, desde el momento de la concepción ya existe  vida, con todo el potencial dado por Dios para alcanzar sus propósitos eternos de bendición y de gloria.
Es por eso que los factores circunstanciales (violación, accidente, etc.), no son razón valedera para impedir el desarrollo de esa vida hecha a imagen y semejanza de Dios.

La herida emocional de una madre por violación puede ser sanada por Dios, como sucede en muchos casos, o solucionado el problema dando al bebé en adopción. El caso de posibles malformaciones hay que dejarlo a la soberanía de Dios, de la manera que se dejan los casos de personas que sufren accidentes o malformaciones por enfermedades.

B. LA EUTANASIA


La  respuesta a este problema es similar al anterior. Dios es el dador de la vida, y el único que puede quitarla.
En todo caso, nunca se debe quitar la vida. Sólo se puede permitir que el proceso natural llegue a su culminación.

C. EL DIVORCIO


Este es uno de los problemas más generalizados de nuestra sociedad moderna, por lo que es necesario tener conceptos claros de la enseñanza bíblica al respecto.

1. El matrimonio es un pacto solemne delante de Dios, que Dios quiere que sea «hasta que la muerte los separe» (Proverbios 2:17; Mala­quías 2:14-16).

2. Dios permitió al ser humano el divorcio como una concesión por causa de la dureza de su corazón, pero no porque fuera su deseo (Deuteronomio 24:1-2; Mateo 19:7-8).

3. El creyente en Cristo ya no está en dureza de corazón, y por tanto bajo una ley diferente (Ezequiel 36:26; Mateo 19:9).

4. Hay solamente dos situaciones en que es lícito el divorcio para un creyente: (no el volverse a casar)  sino separarse.
a. Cuando el cónyuge cae en inmoralidad sexual (adulterio, homosexualidad, etc.), y no quiere arrepentirse y dejarlo (Mateo 19:9).
b. Cuando un cónyuge no creyente quiere divorciarse y deja definitivamente al cónyuge creyente (1 Corintios 7:15).
El matrimonio es un pacto delante de Dios que Él quiere que sea para toda la vida. El divorcio siempre es un apartamento de esa voluntad de Dios. En Cristo todo creyente debe poder superar los problemas que se presenten, aún el perdonar una eventual infidelidad del cónyuge (Fili­penses 4:13).

D. LOTERÍAS Y APUESTAS


¿Por qué un cristiano no puede comprar loterías o rifas, apostar a los caballos, jugar bingo o póker? ¿Y más si con lo que gane podría ofrendar y ayudar a la iglesia? La respuesta es:

1. Dios ordena que debemos trabajar para ganamos el pan, lo que equivale al dinero
(2 Tesalonicenses 3:6-10).

2. Los juegos de azar se basan mayormente en la ambición de dinero fácil, no trabajado. También la ganancia de unos pocos depende de la pérdida de muchos por esa ambición. Por lo tanto, quien gana dinero en la lotería, apuestas o juegos, está recibiendo algo que es fruto de pecado y a costa de la pérdida, y a veces tragedia, de muchos. Dios no puede bendecir esto, ni menos recibirlo como ofrenda, porque ésta debe ser santa (Malaquías 1:10-11).

3. Los juegos de azar producen esclavitud, porque quien los practica abre puertas a la influencia demoníaca. Por eso los jugadores o apostadores pueden llegar a extremos irracionales, causando tanto dolor a la familia.

E. EL PECADO IMPERDONABLE


¿Habré cometido el pecado imperdonable?, preguntan a veces con angustia algunos creyentes. ¿En qué consiste? Veamos Mateo 12:31-32, pero a la luz de todo el pasaje (vv. 22-35).
Jesús había echado demonios fuera de un hombre. Los fariseos decían que lo hacía por el poder del diablo. Jesús afirma que él los echa por el Espíritu de Dios. Entonces afirma que la blasfemia contra el Espíritu Santo no puede ser perdonada (v. 32). Luego en los versículos 33 al 35 afirma que los árboles buenos producen frutos buenos, que los malos producen frutos malos, y que el hombre malo no puede producir cosas buenas.
Con todo esto nos damos cuenta que:
1. La blasfemia contra el Espíritu Santo es atribuir a Satanás una obra evidente del Espíritu Santo, como en el caso de las liberaciones de demonios, pero no por ignorancia o mala interpretación sincera, sino por una actitud deliberadamente hostil al Señor Jesucristo.

2. Este tipo de pecado es fruto de maldad del corazón y abierto rechazo a la revelación del amor de Dios por medio de Jesucristo.

3. Por lo tanto un verdadero creyente, renacido por la obra del Espíritu Santo, no puede cometer este pecado imperdonable. ¡Gloria a Dios!

 F. EL YUGO DESIGUAL


Lee 2 Corintios 6:14-18. Allí encontramos un mandato muy explí­cito de la Palabra de Dios: «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos… Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor…» ¿Cómo entender este mandato? ¿No podemos en ningún caso aso­ciarnos con un no-creyente, o trabajar en una empresa de no-creyentes?
Veamos algunas respuestas en la Biblia:
1 La prohibición es a una relación de «yugo» con un no-creyente; es decir, una en la que ambos están obligados igualmente, de manera que ninguno puede hacer algo que el otro no quiere o no conciente. Tal es el caso de un matrimonio, o una sociedad comercial donde el creyente y el no-creyente tienen el 50% de las acciones cada uno. Esto obliga al creyente a someterse a los criterios morales y éticos del no-creyente, lo cual puede ponerle en conflicto con su lealtad a Dios.
2. Es diferente el caso de una empresa donde el creyente tiene poder de decisión, y puede llevar las cosas guiado por su ética cristiana. En este caso no hay problema porque no es un «yugo».
3. Tampoco es un «yugo» cuando un creyente trabaja para una empresa de no-creyentes. Como empleado o empleada les son asignadas ciertas tareas o responsabilidades, que debe cumplir eficiente y honestamente, y sin violentar su conciencia cristiana. Él no puede ser responsable de cosas o manejos que ignora o sobre los cuales no tiene poder de decisión.
Aunque no es del mundo, sí está en el mundo, y debe ser luz y sal dondequiera que esté, influyendo con su testimonio y conducta. Si conoce de cosas injustas o incorrectas que no le dan paz en su conciencia, debe buscar la dirección de Dios para una posible salida.

G. EL BAILE, LICOR, TABACO.


Aunque no hay ninguna prohibición explícita en la Palabra de Dios con relación a estas cosas y otras parecidas, sí hay principios que podemos aplicar en todos estos casos:

1. 1 Corintios 10:23: El principio de lo que edifica; tanto por la naturaleza de la cosa en sí, como por el ambiente que rodea su uso o práctica.

2. 1 Corintios 10:31: El principio de la gloria de Dios. Para cada cosa si           puedes preguntar. ¿Esto glorifica a Dios?

3. Romanos 14:15,21; 1 Corintios 10:32: El principio del amor a los débiles en la fe. Algo puede ser inofensivo para ti; pero si puedes hacer tropezar a tu hermano, debes abstenerte.

4. 1 Tesalonicenses 5:22: El principio de la separación del mal. No debes contaminarte ni con pecados ajenos.

5. Juan 8:32,36; 2 Corintios 3:17: El principio de la libertad de toda atadura o esclavitud a hábitos o vicios.

6. 1 Corintios 6:19: El principio del templo. Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, y debes cuidarlo en salud y santidad para Dios.

Memoriza los siguientes versículos

«Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Señor.»
 2 Timoteo 2:19
«Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Filipenses 3:13 – 14

«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.»
Josué 1:8

Lección 48. El cristiano en el mundo

En tu camino HACIA LA MADUREZ CRISTIANA, ya has visto algo sobre tus responsabilidades en el hogar y en la iglesia. Por supuesto que el aprendizaje, es decir el discipulado, es algo que no terminará para ninguno de nosotros hasta que lleguemos «a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:13). Y esto sólo será una realidad perfecta cuando estemos en la presencia del Señor.
En esta lección veremos algo sobre tus responsabilidades en el círculo más amplio del mundo, como hijo de Dios y ciudadano del Reino de los cielos, un tema igualmente importante para tu vida cristiana.

Como te habrás dado cuenta ya hasta aquí, el cristiano no es un ser aislado de las circunstancias y de los tiempos. Tampoco es un ser extraterrestre ni un místico soñador. Por el contrario, el cristiano es uno «enviado al mundo» por su Señor (Juan 17:18), como su embajador y testigo. También es alguien bien parado sobre la verdadera realidad, que es al mismo tiempo espiritual y material, y en cierto sentido, sirve de puente entre esas dos realidades, porque él mismo vive inmerso y consciente de ambas.

Veamos primeramente algunos conceptos importantes, para enten¬der correctamente tu fe en relación al mundo, y tu ubicación y relación con él.

A. EL MUNDO Y LA IGLESIA

El término «mundo» se usa en la Biblia principalmente en dos sentidos diferentes:

1. Como sinónimo de «tierra» o «universo», y figurativamente: la raza humana.

a. Juan 3:16. ¿Por qué envió Dios a su Hijo al mundo?

b. Juan 17:15. ¿Qué pidió Jesús a su Padre?

c. Salmo 24:1. ¿De quién es el mundo?

Dios ama al mundo, incluyendo a la raza humana, creados por Él como «buenos en gran manera», y para su gloria. Sin embar-go, está en contra del «mundo» como sistema de pensamiento y vida alejados de Él y de su voluntad.
El mandato de Cristo es el de «ir» al mundo en su nombre, como embajadores suyos, con el mensaje redentor del Evangelio y las creden¬ciales del poder del Espíritu Santo. no somos llamados a aislamos dentro de las cuatro paredes de un templo, sino a ser «luz» y «sal».
La Iglesia no es algo aparte del mundo, sino que debe estar dentro del mundo para cumplir su misión. Y la Iglesia somos tú y yo y cada creyente con el Espíritu Santo en nosotros.

Tenemos que vivir nuestra fe «en el mundo», en nuestra interacción con la sociedad en todas sus formas: en nuestro contacto con los vecinos, cmpañeros de estudio o de trabajo; en el ejercicio de las diversas profesiones y oficios; en nuestras relaciones con las autoridades y leyes, etc.
La fe y la ética que mostramos cuando estamos en el templo o con los hermanos, no deben ser diferentes a las que mostramos cuando estamos en el «mundo». Tiene que haber integridad en nuestra vida. Con estos conceptos como base, vamos a considerar algunos aspectos de la vida del cristiano en el mundo:

B. EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA


1. ¿Qué es la política?
El diccionario define la política como «el arte de gobernar y dar leyes conducentes a asegurar la buena marcha del Estado y la tranquilidad y el bienestar de los ciudadanos» (Enciclopedia Universal Sopena).
Dios creó a la humanidad para vivir bajo su autoridad, es decir, bajo una teocracia. A raíz del pecado, Dios establece el go-bierno humano como el medio de mantener el orden en el mundo. Veamos algunas afirmaciones de la palabra de Dios:

a. Proverbios 8:15. ¿Para qué ha establecido Dios los gobiernos?

b. Romanos 13:1-5. ¿Avala Dios la existencia del poder político, y qué nos exhorta a hacer con relación a él?

En principio, pues, las leyes y el Estado son buenos y necesarios debido al estado pecaminoso del hombre. La gran limitación está en que el mismo pecado anula casi siempre su eficacia.

2. ¿Puede un cristiano participar en política?
En base a lo que hemos visto hasta aquí, un cristiano puede y debe participar en política, si tiene la capacidad y la vocación para hacerlo. Lo hará como siervo de Dios para bendecir al mundo, al mismo tiempo que estará actuando como testigo y como «luz».
Brian Griffiths (InterVarsity Magazine, Spring 1967), sugiere que la participación del cristiano puede ser en:

a. Grupos de estudio para orientar a la opinión pública.
b. Grupos de presión organizados para influenciar la política del gobierno.
c. Asumir funciones o cargos públicos.
d. Aportar capacidad y competencia técnica y profesional.
e. Grupos de discusión sobre problemas cívicos.

Sin embargo, el cristiano no puede transigir en su ética y su obedien¬cia a la letra y el espíritu de la Palabra de Dios. Eso hará que le sea muy difícil participar en política partidaria, porque se le plantearán conflictos de fidelidad muchas veces insolubles.

C. EL CRISTIANO Y EL TRABAJO

El cristiano no es un místico soñador aislado del mundo, ni su fe le dispensa de sus responsabilidades prácticas en la vida diaria. Anota las enseñanzas sobre el trabajo en:

1. Proverbios 24:10:

2. Efesios 4:28:

D. EL CRISTIANO Y EL SUFRIMIENTO HUMANO

El ser hecho ciudadano del Reino de los cielos e integrarse a una nueva familia, la familia de la fe, no anula los lazos de solidaridad que deben existir entre el cristiano y la humanidad sufriente que le rodea. Si va a ser luz y sal, no puede ser indiferente al dolor humano, fruto de su pecado, porque él mismo ha sido liberado de ese pecado por la gracia de Dios. Anota los pensamientos sobre el tema que surgen de los textos siguientes:

1. Lucas 10:27:

2. Lucas 10:30-37:

3. Santiago 2:14-17:

E. EL CRISTIANO Y EL PECADO DEL MUNDO

Al vivir en un mundo lleno de pecado e injusticias, el cristiano está sometido a presiones muy fuertes, y contra los cuales tiene que luchar constantemente. El diablo utiliza todos los medios para tratar de debili¬tamos, por lo que es tan importante vestimos de «toda la armadura de Dios», para poder estar firmes contra sus asechanzas (Efesios 6:10-11).

Algunos de los peligros que corremos como cristianos son:
1. La influencia del pecado por medio de los medios de comunicación (televisión, diarios, revistas, películas, espectáculos). Todo lo que entra por nuestros ojos u oídos queda registrado en nuestra memoria, y el diablo lo usará para mellar las defensas de nuestra conciencia.

2. Adoptar la filosofía de «si todos lo hacen … yo también», rebajando las normas éticas del Reino a las del mundo.

3. Convertirnos paulatinamente en indiferentes al dolor humano, de tal manera que no sintamos compasión ni atinemos a nin-guna acción; o tan indiferentes a la injusticia y la corrupción, que las aceptemos como cosas normales, y no hagamos nada por tratar de corregirlas. La protección para esos peligros está en la comunión constante con el señor y su Palabra, de tal manera que el Espíritu Santo nos dé la sensibilidad espiritual necesaria.

Memoriza el siguiente versículo

«Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irre¬prensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo»
Filipenses 2:14-15

Lección 40. Santidad en las relaciones interpersonales

Llegamos a nuestra última etapa en esta aventura HACIA UNA SANTIDAD PRÁCTICA EN EL DISCIPULADO. Hemos apren­dido algo de nuestra naturaleza triple, y ya conocemos algunos aspectos importantes de la santidad, que incluyen nuestro cuerpo, alma y espíritu.
Conocemos la armadura de Dios para tener victoria sobre las tenta­ciones y las acechanzas del diablo, y la gran ayuda que significa el ayuno como disciplina en nuestra vida. Hemos visto también el privilegio que tenemos como hijos de Dios de recibir sanidad para nuestros cuerpos, así como la sanidad de nuestra alma y liberación de toda opresión maligna.

Es hermoso poder vivir en victoria y agradando a nuestro Dios, quien «nos escogió en él (Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia» (Efesios 1:4-6).
Pero la santidad no es algo personal o individual solamente, o sólo en nuestra relación con Dios, sino que debe ser también una realidad en nuestra relación con los demás. Dios nos dice en lP 1:15: «Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir». Y esto incluye nuestro trato con todas las demás personas. Por ello el título de esta lección.
Vamos a ver, pues, a la luz de la Palabra de Dios, cómo vivir una santidad práctica en las relaciones más importantes de nuestra vida cotidiana.

A. SANTIDAD PRÁCTICA EN LA IGLESIA

El hecho de llamarnos con tanta frecuencia «hermanos» en la iglesia, puede hacer que perdamos conciencia de la profundidad de nuestra relación como miembros del cuerpo de Cristo. A pesar de todos los defectos que podamos tener, y los errores que podamos cometer, somos hijos de un mismo Padre, tenemos un mismo Salvador, somos templo del mismo Espíritu Santo, y tenemos el mismo destino eterno: la gloria con Dios.

Apocalipsis 22:3-4 dice acerca de la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial: «y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes». ¡Hermoso cuadro de todos los redimidos, los que nos llamamos hermanos ahora, viendo su rostro, y unidos por el mismo nombre precioso de Jesús!
¿Cómo vivir una santidad práctica en nuestra relación con nuestros hermanos en Cristo? Según los textos siguientes, cómo debemos actuar con ellos?
a. Romanos 12:10:
b. Romanos 12:16:
c. Romanos 13:8:
d. Romanos 14:13:
e. Gálatas 5:13:
f. Gálatas 5:26:
g. Efesios 4:2:
h. Efesios 4:25:
La santidad no es misticismo, sino algo profundamente práctico. No es tener una aureola sobre la cabeza, sino vivir el amor a Dios amando a nuestros hermanos de una manera real. En 1 Juan 4:20,21 Juan lo resume muy bien. Léelo.

B. SANTIDAD PRÁCTICA EN LA FAMILIA

El segundo lugar donde debemos vivir en santidad es en nuestra familia. Estamos en la iglesia sólo algunas horas a la semana, pero convivimos con la familia mucho más tiempo. El pastor y los hermanos no conocen muchas áreas de nuestra intimidad. Pero nuestra familia sí, y no podemos engañarlos.

La Palabra de Dios nos muestra la importancia de la familia al usarla como símbolo de la relación entre Cristo y su iglesia. En Efesios 5:31-32 leemos: «Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá -1 a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas ‘yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia».
Veamos las normas divinas para vivir una santidad práctica en nuestras relaciones familiares. Anota los mandatos para cada miembro de la familia en los siguientes textos, examinándote a ti mismo con toda honestidad, y pidiendo a Dios que te ayude a corregir aquello en que estas fallando:
a. Deuteromio 6:5-9:     
b. Efesios 5:22-24:
c. Efesios 5:25-28:
d. Efesios 6:1-3:
En el matrimonio cristiano no hay lugar para machismos o feminismos, sino el reconocimiento de dos funciones diferentes y complemen­tarias. La  responsabilidad que Dios ha dado al hombre implica autoridad, pero autoridad en amor y respeto. No autoritarismo. Pedro añade en 1 Pedro 3:7:
«Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso mas frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo». ¿Caben los maltratos a la esposa?
e. Efesios 6:4; Colosenses 3:21:
f. Colosenses 3:19; 1 Pedro 3:7:
g. 1 Corintios 7:3-5:
h. 1 Timoteo 5:4:
e. 1 Timoteo 5:8:
Aunque los textos que hemos visto no son exhaustivos en cuanto a todas las relaciones posibles dentro de la familia, sí nos dan una idea bastante completa de cómo debe ser nuestro comportamiento dentro de ella.
El dicho popular dice: «La caridad comienza por casa». Todo lo que la Palabra de Dios nos enseña en cuanto a nuestro trato con los hermanos en Cristo, debe ser, con mayor razón, una realidad en nuestro trato con los miembros de nuestra familia.

C. SANTIDAD PRÁCTICA EN EL TRABAJO

El hijo de Dios está en el mundo aunque no pertenece a él, y el trabajo como medio de subsistencia es parte de la vida en el mundo. Jesús dijo: «Vosotros sois la sal de la tierra… la luz del mundo» (Mateo 5:13-14). La sal sirve para preservar de corrupción, así como para dar sabor. La luz ahuyenta las tinieblas.

Igualmente la vida del hijo de Dios debe ser tal, que combata la corrupción en el mundo, dé un sabor distinto a la vida de aquellos con quienes tiene relación, y ahuyente las tinieblas que imperan en el mundo, especialmente en el mundo del trabajo, sea éste profesional, comercial, o de cualquier otra índole, y aunque signifique no ser bien visto por los demás (Juan 15:18-19).
Resume en pocas palabras la enseñanza de la Palabra de Dios en cada uno de los pasajes siguientes:
a. Deuteronomio 24:14-15:
b. Proverbios 20:10:
d. Proverbios 28:6:
e. Efesios 4:28:
 f. Efesios 6:5-9:
g. 1 Tesalonicenses 4:11-12:
h. 2 Tesalonicenses 3:11-12:
Ante las presiones del mundo mercantilista en que vivimos, con sus normas éticas tan relativistas y rebajadas, es bueno recordar la amones­tación de Dios a Jeremías: «Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré como muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes» (Jeremías 15:19-20).

D. SANTIDAD EN TODAS LAS RELACIONES INTERPERSONALES

¿Recuerdas 1 Pedro 1:15?: «Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir». La santidad es el resultado de la obra regene­radora del Espíritu Santo en nosotros, más la respuesta de nuestro ser en obediencia a sus impulsos, por gratitud y amor ante su gran amor.

Es un principio de vida que debe reflejarse en todas nuestras relacio­nes interpersonales, y no solamente en la iglesia, la familia y el trabajo. Por ejemplo:
1. Debemos vivir una santidad práctica en nuestras relaciones con compañeros de estudios, maestros o alumnos. ¿Es correcto que un hijo de Dios «copie» en un examen? ¿O que le «sople» a un compañero?. ¿Que un maestro cristiano sea injusto?

2. Debemos vivir una santidad práctica en las relaciones con nuestros amigos, siendo leales para con ellos.

3. Los jóvenes deben vivir una santidad práctica en sus relaciones con el sexo opuesto, no buscando «aventuras» o «pasar el rato», sino con un profundo respeto a la santidad del sexo y del matrimonio, buscando la dirección de Dios y su aprobación por encima de los impulsos de las emociones. Dios dijo siglos atrás: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas» y Pablo aconsejó a Timoteo: «Huye también de las pasiones juveniles» (2 Timoteo 2:22).
Todo esto es posible porque Dios te ha dado el poder por su Espíritu Santo. La oración, la meditación en la Palabra y el ejercicio de tu fe y voluntad te permitirán vivir en esa santidad práctica que tu espíritu anhela, y Dios anhela para ti.

Memoriza los siguientes versículos

«Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.»
Romanos 6:22
«Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.»
1, Pedro 1:15

Lección 36 Cómo vencer las tentaciones

Hemos visto en la primera lección que, al recibir a Cristo como Salvador y Señor, nuestro espíritu renació por la obra regenera-dora del Espíritu Santo. Es una nueva naturaleza que hemos recibido, que ama a Dios, ama la justicia y la santidad.

Pero, aunque nuestro nuevo nacimiento sucedió instantáneamente por la fe en Cristo, el alma tiene que ser renovada a su semejanza por un proceso de santificación. Hemos visto que las inclinaciones pecamino¬sas del alma son llamadas "carne" en la Biblia. La naturaleza camal no ha sido extirpada totalmente, sino que convive con la nueva naturaleza espiritual.

Por esto es que, siendo un hijo de Dios nacido de nuevo, todavía experimentas tentaciones; es decir, impulsos indeseados hacia el pecado, y encuentras que tu naturaleza carnal responde todavía a la tentación. Pues sólo en la medida en que tu espíritu (tu naturaleza espiritual) se fortalezca y tome control de tu vida, serás más y más victorioso sobre la tentación y el pecado. Veamos algunas enseñanzas de la Palabra sobre la tentación:

A. LOS TRES ENEMIGOS DEL HIJO DE DIOS

a. Gálatas 5:16-17. ¿Qué conflicto sucede dentro del creyente?
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b. Efesios 6:11-12. ¿Contra quién es nuestra lucha?
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c. 1 Juan 2:16. ¿De dónde provienen muchas de las tentaciones?
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Sí, la vida cristiana es una confrontación constante contra el pecado. Satanás, nuestro antiguo "señor", no ha quedado contento al perder su dominio sobre nosotros, y utiliza todos los medios para hacernos caer y para desanimamos, con la intención de que volvamos bajo sus cadenas de esclavitud, y así al camino de la condenación eterna.
Las tentaciones vienen de los tres enemigos del creyente: la carne, Satanás, y el mundo. Pero, ¡Gloria a Dios! pues te ha dado recursos suficientes para una vida de victoria. El diablo no podrá quitarte el gozo de la salvación si no se lo permites, apropiándote de los recursos espirituales de Dios.
Un principio básico a considerar ya: Aléjate de toda fuente de tentaciones. Dice el Señor: "Huid de la fornicación"; "hombres corruptos … apártate de los tales"; "Huye de las pasiones juveniles" (1 Corintios 6:18; 1 Timoteo 6:5; 2 Timoteo 2:22).

1. Las tentaciones de la carne
Vienen porque hemos heredado una naturaleza pecaminosa, y nuestra alma se había habituado a pensar, sentir y actuar bajo los impulsos de esa naturaleza.
Gálatas 5:19-21. ¿Cuáles de las obras de la carne mencionadas allí, consideras que son tentaciones reales en tu vida? Comienza a orar desde ahora por una victoria total sobre ellas.

2. Las tentaciones de Satanás
Satanás está detrás de todo el sistema pecaminoso del mundo, y es causante indirecto de toda tentación. Sin embargo, hay veces en que él actúa en forma directa, haciendo insinuaciones a nuestra mente, estimulando las emociones, o llevándonos a situaciones peligrosas, usando circunstancias o personas para ello.
Lucas 4:1-13. Este es un caso típico de tentación directa de parte de Satanás. Fíjate con qué venció Jesús las tentaciones.

3. Las tentaciones del mundo
Son los atractivos que este mundo nos presenta, apelando a los deseos de nuestra alma o a las necesidades de nuestro cuerpo, pero pervirtiéndolos y alejándonos de Dios. Exalta los valores temporales e intrascendentes: placer, dinero, fama, poder, etc. Nos son presentados por medio de las exhibiciones públicas, por la publicidad en los medíos de comunicación: cine, televisión, revistas, diarios, etc.
1 Juan 2:16. ¿A qué deseos apela el mundo, según este texto?

B. EL PODER DE LA ARMADURA DE DIOS

a. Lee Efesios 6:13-18. ¿Para qué sirve la armadura de Dios?
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b. ¿Cuáles son las seis partes de la armadura?
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Vamos a analizar cada una de estas partes:

1. El cinto de la verdad
Se trata de la verdad de Dios como un principio de vida, ajustando y sujetando toda la armadura. Si decides, de una vez por todas, que la verdad de Dios será el principio que guíe todos los actos de tu vida, habrás logrado la victoria sobre muchas de las tentaciones y ataques de Satanás, quien es el "padre de mentira" (Juan 8:44). Verdad es luz, es transpa¬rencia, es lo opuesto a lo oscuro, a lo turbio.
Juan 8:32, ¿con qué somos libres?

2. La coraza de justicia
Es apropiarte de la justicia perfecta de Cristo por la fe, y usarla contra todo intento de Satanás de acusarte o desanimarte. Es decirle al diablo: "Ya soy nueva criatura, justificado por la sangre de Cristo, y todos mis pecados ya han sido perdonados y lavados con esa sangre".
En Isaías 61:10, ¿con qué hemos sido rodeados?
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No solamente has sido justificado de tus pecados, sino que Dios te ha cubierto con el manto de ¡ajusticia de Cristo. Ante cualquier impulso o insinuación pecaminosos, presenta la coraza de la justicia de Cristo, que es tuya por la fe.

3. El calzado del evangelio de la paz
Las sandalias permitían a los soldados gran rapidez de movimiento. Significa la prontitud con que debes obedecer al Señor, llevando en tu vida y en tus labios el evangelio de la paz. Una vida inactiva e infructuosa es presa fácil de los ataques del enemigo. Una vida de testimonio dinámico, y predicando el evangelio, está menos expuesta a caer en las tentaciones.

4. El escudo de la fe
La fe es el escudo en la batalla espiritual, para "apagar los dardos de fuego del maligno", es decir, toda insinuación, mentira, tentación. Lee Hebreos 11:1, y recuerda lo que es la fe: "Certeza de lo que se espera, convicción de lo que no se ve". Es la confianza en Dios, en Cristo y en su Palabra, que defenderá tu mente de todo error; tu corazón de todo desánimo; tu voluntad de toda rebelión contra Dios.

5. El yelmo de la salvación
El yelmo protege la cabeza. La conciencia de que eres salvo, que eres un hijo de Dios, y que eres heredero de la vida eterna, protegerá tu mente de las insinuaciones de Satanás, del mundo y de la carne; también te hará diligente en las cosas del espíritu, valiente en los conflictos y constante hasta el final.

6. La espada del Espíritu, la Palabra de Dios.
Es la única arma defensiva y ofensiva al mismo tiempo. Jesús usó el "escrito está" para vencer a Satanás en todas las tentaciones en el desierto (Lucas 4:4;8;12). Úsalo tú también.
Hebreos 4:12. ¿Por qué es eficaz la Palabra de Dios para vencer las tentaciones?
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La Palabra de Dios, por ser inspirada por el Espíritu Santo, es poderosa para usarla en nuestra lucha contra las tentaciones. Dice el Salmo 119:11: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti."

7. Orando en todo tiempo en el Espíritu
Aunque no es una parte de la armadura de Dios, la oración revela el espíritu con el que debemos llevar esa armadura. Debe ser en todo tiempo. Debe ser en el Espíritu, es decir, guiado por el Espíritu, sea con el entendimiento o en lenguas. Debemos velar en ello, y ser perseverantes.
Es el aspecto más importante en la lucha contra la tentación. Jesús dijo a sus discípulos: "Orad, para que no entréis en tentación" (Mateo 26:41).

C. EL PODER DEL NOMBRE DE JESÚS

Tenemos otro recurso poderoso en la lucha contra las tentaciones: el nombre de Jesús, para reprender en ese nombre a todo espíritu tentador; para resistir a Satanás y para echarlo fuera. Jesús reprendió con autoridad a los demonios y ellos obedecieron y se retiraron.

a. Lucas 10:19. ¿Qué autoridad te ha dado Jesús?
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b. Santiago 4:7. ¿Qué pasará si resistes al diablo?

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Con su autoridad, puedes renunciar a cualquier cosa que te esté tentando, llamándolo por su nombre y rechazándolo en el nombre de Jesús.

D. EL PODER DE LA CRUZ

Cuando creíste en Cristo, te identificaste con Él en su muerte, y por lo tanto tu viejo hombre fue crucificado juntamente con Él. Esta es una verdad con una fuerza tremenda para vencer las tentaciones que batallan contra tu alma.

a. Gálatas 2:20. ¿Cuál fue el secreto de Pablo para una vida victoriosa?
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b. Gálatas 5:24. ¿En la lucha entre la carne y el espíritu, cómo se logra la victoria del espíritu?
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c. Lee Gálatas 6:14. ¿Vas entendiendo el poder de la cruz?
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Cuando venga la tentación, reafirma la verdad de que tu viejo hombre murió con Cristo en la cruz. Declara con tu boca que crucificas tu carne una vez más, y que recibes el poder de la vida resucitada de Cristo con su justicia. Apocalipsis 12:11 dice: "Y ellos le han vencido. .. por medio de la palabra del testimonio."
¡Nunca te desanimes! 1 Corintios 10:13 dice: "Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir. sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar". Y recuerda Romanos 8:37: "… somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó."

Memoriza los siguientes versículos

"Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil." Mateo 26:41
"Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros."  Isaías 53:4-5

Lección 34 La santidad del cuerpo.

Recuerdas lo que dice 1 Tesalonicenses 5:23?: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." Dios nos dice en este texto que nuestro cuerpo también tiene que ser santificado. Revisemos el concepto de "santidad", "santo" o "santificado" en las Escrituras.

El término usado en el Nuevo Testamento para "santo" es el griego hagios, que tiene dos acepciones o significados:
a. Separado, consagrado para Dios.
b. Puro, separado del pecado. El verbo "santificar" no es sino una variante del mismo término hagios, y significa separar algo para Dios, o separarlo de usos pecaminosos. Veamos algunas razones poderosas para buscar la santificación de nuestro cuerpo.

A. TU CUERPO, CREACIÓN DE DIOS PARA LA ETERNIDAD

La primera razón para cuidar nuestro cuerpo y guardarlo en santidad, es porque es creación de Dios y dado a nosotros para administrarlo. No tenemos derecho de hacer de nuestro cuerpo lo que se nos antoje y así dañarlo, porque en última instancia no nos pertenece.
Hay dignidad en la vida humana, dignidad que incluye nuestro cuerpo físico. El ser humano ha perdido de vista esta dignidad desde que renunció a ser creación de Dios, y aceptó la idea de que sólo es materia, y un animal entre muchos.
Esta teoría, todavía ardorosa y tercamente defendida por muchos evolucionistas, presente en casi todos los libros de texto de ciencias, y cosmovisión tácita de casi todo lo que se dice o escribe en los medios de comunicación, está cayendo más y más en el descrédito. A pesar de 120 años transcurridos desde Darwin, los científicos evolucionistas no han podido demostrar su teoría, ni presentar una sola prueba de ella.
¡No! ¡No eres descendiente del mono! ¡Eres creación de Dios! Tu espíritu y tu alma son imagen y semejanza de Dios, y tu cuerpo es habitación digna de esa imagen y semejanza de Dios; tan digna que hasta el Hijo de Dios vino a habitar en uno.
Es verdad que nuestro cuerpo también sufrió las consecuencias del pecado, y por eso sufrimos enfermedades, debilidad y la muerte, pero veamos lo que la Palabra de Dios nos revela:
a. Romanos 8:23. ¿Cuál es el anhelo de nuestro espíritu?
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b. 1 Corintios 15:51-54. ¿Qué pasará con nuestros cuerpos cuando Cristo venga?
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c. Filipenses 3:21. ¿A qué será semejante nuestro cuerpo?
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B. TU CUERPO, TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO
La Palabra de Dios nos enseña algo más sobre nuestro cuerpo. Lee 1 Corintios 6:19-20, y anota las respuestas.
 
a. ¿Qué es nuestro cuerpo?
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b. ¿Cuáles son las dos razones por las que nuestro cuerpo no es nuestro?
 
 
 
c. ¿Qué debemos hacer en nuestro cuerpo y espíritu?
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Nota que Dios llama a tu cuerpo "templo", y no simple habitación o morada. Templo es un edificio dedicado, consagrado, separado (santificado) para Dios, y no para usos profanos. Tu cuerpo es "santo", porque ha sido separado por Dios ¡para templo suyo y para su gloria! ¡Aleluya! ¡Qué privilegio!, ¿verdad? Pero todo privilegio trae responsabilidad, y la nuestra es cuidar de este cuerpo creado por Dios para templo del Espíritu Santo. Veamos algunas cosas que atentan contra la santidad de nuestro cuerpo:
 

C. LOS PECADOS CONTRA EL CUERPO

Ya hemos visto que todo pecado nace de la "carne"; es decir, de las inclinaciones pecaminosas de nuestra alma, todavía no totalmente renovada a la imagen de Cristo. Sin embargo, algunos pecados afectan de una manera especial a nuestro cuerpo.

1. La Fornicación
a. 1 Corintios 6:13-18. ¿Qué sucede con el que se une a una ramera?
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b. ¿Contra qué peca el que fornica?
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La palabra "fornicación" es traducción de la palabra griega porneia, que incluye toda inmoralidad sexual y toda relación sexual ilícita. Dios es el creador del sexo en el ser humano, y lo hizo digno y santo. Toda perversión de esa santidad es pecado, tal como la masturbación, el sexo contra natura, las relaciones homosexuales, el estímulo por medio de la pornografía, el erotismo, las fantasías sexuales, etc.
c. Romanos 1: 18-27. ¿Consecuencias de qué cosas son la homosexualidad y el lesbianismo?
 
2. Los vicios
Entendemos por vicio toda afición o hábito que esclaviza a alguna cosa o práctica.
 
a. 1 Corintios 6:12. Según este texto, ¿qué no puede permitir un cristiano?
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b. Efesios 5:18. ¿Cuál es la única "borrachera" permitida y deseable para un hijo de Dios?
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c. 1 Tesalonicenses 5:22. Anota algunos males (vicios) modernos de los cuales debemos abstenemos
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d. Romanos 13:13. ¿Por qué crees que es un pecado la glotonería?
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Tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo, y practicar cualquier hábito o vicio que dañe la salud del cuerpo es dañar el templo de Dios. También afecta nuestra dignidad, porque debemos vivir en la libertad de los hijos de Dios (Juan 8:36).

D. EL CUIDADO DEL CUERPO

1. La alimentación

Como hijos de Dios debemos ser cuidadosos; buscar una alimenta­ción sana y equilibrada, y no dejarnos llevar solamente por el gusto de comer, como es lo comente en el mundo. No dañemos el templo con alimentos perjudiciales para la salud.
a. 1 Corintios 10:31. ¿Cómo debemos comer o beber?
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2. El ejercicio y el descanso físicos
a. 1 Timoteo 4:8. ¿Qué dice Pablo sobre el ejercicio físico?
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El ejercicio y los deportes no son pecaminosos. Lo que Pablo dice es sólo que el ejercicio corporal "para poco es provechoso" comparado con el ejercitarse para la piedad (v.7), dando más importancia a esto último; lo cual es correcto. Pero ello no implica que no sea beneficiosa una sana práctica de ejercicios o deportes, especialmente por lo seden­tario de la vida moderna (trabajos de oficina, etc.).
b. Génesis 2:2. ¿Qué hizo Dios después de la creación?
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Dios no necesitaba descansar, pero lo hizo como modelo para nosotros, que sí debemos hacerlo. Todo exceso de trabajo daña el cuerpo. Dios, nuestro Hacedor, ha determinado que guardemos el día de reposo para dedicarlo a Él, y como descanso necesario para nuestro cuerpo.
 
3. El aseo
a. Hebreos 10:22. ¿Cómo debemos acercamos a Dios?
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La santidad va ligada a la santidad del cuerpo. La limpieza espiritual está relacionada con la limpieza del cuerpo. Es una contradicción hablar de un "santo sucio". Son mal testimonio de la fe el desaseo y los malos olores resultantes; pero también es pecado contra el cuerpo, templo del Espíritu Santo.
 
4. El arreglo físico
a. 1 Timoteo 2:9; 1 Pedro 3:1-4. ¿Cómo deben ataviarse las hijas de Dios?
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b. ¿Qué no deben usar?
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La palabra "atavío" es traducción de la palabra griega kosmos, que significa "ornamento, adorno". Ataviarse, por lo tanto, es adornarse, arreglar­ se, y es deseo innato en todos, especialmente en la mujer (Lee Jeremías 2:32). La fe no va contra los principios naturales, sino contra sus abusos.
Dios es el creador de la belleza, y adornó la naturaleza con muchas cosas hermosas (Mt 6:28-29). Lo importante es que el "adorno" o arreglo resalte la belleza propia creada por Dios, y especialmente la belleza interior, y que no la desvirtúe por su exceso u ostentación. Debe haber (1 Timoteo 2:9) decoro, pudor y modestia en todo: peinado, maquillaje, vestido, uso de adornos o joyas, etc. La coquetería y la seducción no son compatibles con la santidad de los hijos e hijas de Dios. Sí la atracción de la belleza de un carácter santo.
En cuanto al uso de pantalones por la mujer, debemos entender Deuteronomio 22:5: "No vestirá la mujer ropa de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer", a la luz del uso actual dentro de nuestra cultura. En los tiempos bíblicos los hombres usaban una especie de vestido que hoy sería considerado ropa de mujer y no de hombre. Los usos cambian con el tiempo, y los pantalones han llegado a ser ropa de mujer también.
Por último, para las cristianas viene muy bien el consejo de Pope: "No seas la primera en probar lo novedoso, ni la última en abandonar lo añoso."
 
Memoriza los siguientes versículos
 
"Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna." 1 Corintios 6:12
"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?."  1 Corintios 6:19

Lección 29. Perdonando setenta veces siete

1. LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN

Habiendo visto la importancia del amor en la lección anterior, vamos a considerar uno de los frutos que ese amor produce: el PERDÓN.

a. Gálatas 5:19-20. ¿Cuáles de las obras de la carne mencionadas aquí tienen que ver con el perdón?
Podemos añadir resentimientos, rencor, amarguras, odios, etc., sen­timientos y pasiones demasiado comunes y que hacen tanto daño, como para pasarlos por alto. Dañan las relaciones entre las personas y también la vida espiritual de los creyentes.
Notemos que la Palabra de Dios las califica como obras de la carne, otra forma de decir que son pecados, porque son contrarios al carácter santo, amoroso y benigno de Dios. Pero la gravedad de esta familia de pecados es mayor si consideramos su naturaleza esencial. Veamos
b. 1 Juan 3:15. Alguien que aborrece (o tiene resentimiento, rencor, odio, etc.) ¿qué viene a ser según la Palabra de Dios?
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c. Juan 8:44. ¿Quién indujo el primer homicidio en el mundo y es llamado el "homicida desde el principio"?
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El resentimiento, rencor, odio o ira, son diferentes grados o niveles de sentimientos que, llevados a su expresión máxima o a sus últimas consecuencias, terminan en el homicidio.

Vemos, pues, que cuando tenemos estos sentimientos o pasiones, nos introducimos en territorio de Satanás, y abrimos puertas a su influencia sobre nuestra vida. Por eso dice la Palabra de Dios en Efesios 4:26: "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo".

2. LA NATURALEZA DEL PERDÓN

Dice el diccionario: "Perdón es la remisión de una injuria, deuda, agravio, etc."
En realidad, cualquiera de los sentimientos que estamos consideran­do, es el deseo insatisfecho o compulsión a cobrar lo que consideramos una deuda para con nosotros por algún daño que nos han causado, o que creemos que nos han causado. Este deseo insatisfecho o compulsión sólo produce amargura y sufrimiento a nuestro espíritu.
Al perdonar "remitimos", es decir, enviamos la cuenta de la deuda a Dios. Renunciamos a cobrar esa deuda y se la remitimos a Dios, el Juez justo que conoce todas las cosas, las circunstancias y las intenciones del corazón mejor que nosotros, y quien es el único que tiene derecho a cobrar:
Romanos 12:19: "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor."
Al hacerlo así, quedamos en paz con la persona que nos ofendió; con nosotros mismos y con Dios. ¡Gloria a Dios!


3. LA LEY DEL PERDÓN

La Palabra de Dios nos muestra una ley muy clara sobre el perdón, pero que lamentablemente olvidamos con mucha frecuencia: la ley de  reciprocidad. Analiza los siguientes textos y anota las respuestas
a. Mateo 6:12. ¿En qué se basa nuestro derecho a pedir perdón a Dios?
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b. Mateo 6:14-15. ¿Cómo se muestra la ley de reciprocidad en este pasaje?
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c. Efesios 4:32. ¿De qué manera debemos perdonar?
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Recuerda que pues, que como hijo de Dios, aunque tienes la bendita promesa de 1 Juan 1:9: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo- para perdonar nuestros pecados", también debes considerar que dicho perdón no será eficaz si tú, a tu vez, no perdonas las ofensas de otros contra ti.
 

4. PERDONANDO SETENTA VECES SIETE

Lee Mateo 18:21-35.
a. ¿Cuántas veces debes perdonar?  
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b. Si en el simbolismo bíblico el siete es el número de la perfección o de lo completo, ¿qué crees que significa el mandamiento de perdonar setenta veces siete?
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c. ¿Por quién has sido perdonado tú?
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d. ¿Cuán grande era la deuda que te fue perdonada?  
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¿Te das cuenta de que Dios nos tiene que perdonar cada día, porque m cada día le fallamos de alguna manera? Esa es la razón por la cual El nos manda que perdonemos 70 veces 7. Y como el perdón de Dios ha sido #Ti tan grande, porque grande era nuestro pecado, así también debemos así también perdonar sin importar lo grande que haya sido la ofensa contra nosotros.
Lee ahora Hebreos 10:17.

e. ¿Cómo nos perdonó Dios?
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f. Entonces, ¿cómo debe ser nuestro perdón?
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Dios tiene la capacidad para olvidar completamente nuestros peca­dos, por ser Dios. Pero El nos ha creado de tal manera que no podemos, voluntariamente, olvidar las vivencias o experiencias que hemos tenido. Pero cuando en realidad perdonamos, el recuerdo de las ofensas ya no nos causará dolor o ira. Esta es la naturaleza del olvido para nosotros, y la prueba de que el perdón ha sido verdadero.
 


5. PERDONANDO OFENSAS DEL PASADO

Es muy raro encontrar personas que no hayan tenido resentimientos o rencores desde su niñez. Puede ser tu caso con tus mismos padres, quienes quizá dieron preferencia a algún otro hijo; o con algún hermano que quizá te superaba en todo y te menospreciaba; con el maestro de escuela que te humilló delante de todos; con el esposo que te abandonó; o quizá tu padre o tu madre te abandonó cuando eras un adolescente; o un hombre te violó cuando niña; o un jefe te despidió injustamente, etc.
El tiempo ha pasado y sigues sintiendo el resentimiento o el rencor. Posiblemente has cortado toda relación con esa o esas personas hasta ahora, o no puedes verlas sin sentir incomodidad, dolor o hasta ira.
Quizá antes nunca pudiste perdonar, pero ahora ya eres un hijo o una hija de Dios. Recuerda lo que dice la Palabra de Dios: "El amor de Dios ha sido derramado en tu corazón por su Espíritu Santo", y "Dios no te ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio".
Dios te ha perdonado todos tus pecados. Ya eres libre de toda condenación, pero también de toda culpa: no permitas que un resenti­miento o rencor te ate, e impida que esa libertad fluya en gozo y alabanza a Dios y en amor para con todos.
Renuncia en oración a cobrar toda ofensa. Remítela a Dios. Pide perdón a Dios por el resentimiento que has tenido y, si es posible y necesario, ve donde esa persona; dile que ya la has perdonado y pídele perdón por haber estado resentida con ella. Hazlo sin importarte cuál sea su reacción. Tú cumple con tu deber. Lo que haga la otra persona es su responsabilidad delante de Dios y no tuya. Dice Ro 12:18: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros… estad en paz con todos los hombres".
 


6. PERDONANDO OFENSAS DEL PRESENTE

¿Qué enseña la Palabra de Dios en cuanto a tu relación con otros, y en especial con tus hermanos en Cristo?

A. Colosenses 3:12: Debemos "vestirnos" de ciertas virtudes
 
a. De misericordia, para perdonar y hacer bien a todos, aunque no lo merezcan.
b. De benignidad, para tratar amablemente a todos, aunque ellos no lo sean con nosotros.
c. De humildad, para no considerarnos superiores a aquellos que nos fallan, porque también somos pecadores.
d. De mansedumbre, para aceptar las ofensas de los hombres como parte del plan de Dios con nosotros, y por lo tanto sin discutirlo.
e. De paciencia, para soportar las pruebas con serenidad y esperanza, sabiendo que sirven para forjar nuestro carácter a la semejanza de Cristo.
 
B. Colosenses 3:13: Hay dos cosas que debemos hacer:
a. Soportarnos unos a otros, reconociendo que todos somos pecadores, que todos tenemos defectos, y que todos estamos en el proceso de perfeccionamiento.
b. Perdonarnos unos a otros, de la manera que Cristo nos perdonó y nos sigue perdonando con paciencia cada día nuestros pecados, fallas y negligencia.
 
C. Colosenses 3:14: Sobre todo:
Debemos "vestirnos" de amor, ese AMOR ÁGAPE que estudiamos en la lección anterior, el amor de Dios que nos permite amar hasta nuestros enemigos. El amor de Dios es el "vínculo perfecto" de la unidad cristiana, que no puede ser roto por nada. "El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas", dice Proverbios 10:12.
 

7. EL FRUTO DEL PERDÓN! PAZ, GOZO, LIBERTAD… Y MÁS AMOR A DIOS!

¡PAZ, GOZO, LIBERTAD… Y MAS AMOR A DIOS!
  

Memoriza los siguientes versículos

"Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo."  Efesios 4:26
"Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo". 
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