Abrazar la fe cristiana no significa aceptar una filosofía o un juego de normal, o creer en una lista de principios abstractos;
Abrazar la fe cristiana significa permitir a Dios que entre y viva en nosotros. (Colosenses 1:27.)
Abrazar la fe cristiana significa arrepentirnos. (Hechos 2:38; 26:18.) Y eso, a su vez, significa querer ser diferentes, admitir que estamos en el mal camino y que queremos volver a la buena senda. Muchos vienen a Jesús, porque saben que están en un callejón sin salida, camino a la destrucción. Si están dispuestos a cambiar, Jesús los acepta y atiende a sus necesidades.
Abrazar la fe cristiana significa convertirnos. (Hechos 3:19; Mateo 18:3.) Y para eso hay que darse vuelta y caminar en la dirección opuesta -la verdadera dirección- con Jesús.
Abrazar la fe cristiana significa ser perdonado. (Salmo 103:11-12.) Y eso significa ser despojados de nuestros pecados como si jamás hubieran existido y que no queden ni rastros de ellos. Mas aún, significa ser perdonados cada día, ¡vivir en estado de perdón! (1 Juan 1:9.)
Abrazar la fe cristiana es nacer de nuevo. (Juan 3:1-21; 1 Pedro 1:23.) Y aquí llegamos al centro del asunto. Un erudito y anciano dignatario fue a Jesús de noche buscando respuestas a sus interrogantes. Jesús le dijo:
Nicodemo, tienes que nacer de nuevo.
El anciano sacudió la cabeza. -¿Como es posible que un hombre ya grande vuelva a nacer? ¿Puede acaso entrar de nuevo en el vientre de su madre para volver a nacer?
Jesús le respondió: Nicodemo, no estoy hablando del nacimiento físico; eso ya sucedió. Tienes que nacer del Espíritu. (Del Espíritu Santo).
¿Qué quiso decir Jesús?
La Biblia nos enseña que Dios creó al hombre con la capacidad suficiente para conocerle y corresponderle. Pero desde el comienzo el hombre interrumpió esa relación y cuando lo hizo, murió espiritualmente y transmitió esa muerte espiritual a todos sus descendientes. Lo mas recóndito de nuestra personalidad toma el nombre de "espíritu" o pneuma en griego, y fue creado con el propósito principal de conocer a Dios. Los animales tienen cuerpo y alma, pero los hombres tienen cuerpo, alma y espíritu. (1 Tesalonicenses 5:23.) Cuando el hombre, en el comienzo, destruyo la relación con Dios -lo que llamamos la caída del hombre- murió esa parte recóndita, o quedo fuera de acción, y siempre desde entonces el hombre actuó a impulsos de su alma y de su cuerpo. (Génesis 2:17.) ¡No es de extrañar entonces que nos hayamos metido en semejante enredo! El "alma", psiquis en griego, es el componente psicológico, formado por nuestro intelecto o voluntad, y nuestras emociones. Esta parte de nuestra personalidad es maravillosa cuando esta bajo el control de Dios a través del Espíritu, pero es capaz de cosas terribles cuando esta descontrolada.
He aquí el por qué la historia de la humanidad está plagada de odio, derramamiento de sangre, crueldad y confusión; los seres humanos están muertos espiritualmente: "muertos en vuestros delitos y pecados", (Efesios 2:1) procurando vivir de acuerdo al alma pero fuera de todo contacto con Dios y, por lo tanto, perdidos. (Lucas 19:10.) La palabra "perdido" significa que no sabemos dónde estamos, a dónde vamos, o para qué somos. Si no se corrige esta situación, naturalmente significa el infierno, significa que la persona se perderá eternamente, y morará en la oscuridad, en el miedo, en la rebelión, en el odio, separado de Dios para siempre; y no solamente eso, sino que será parte de la interminable destrucción del diablo y sus ángeles, porque allí no habrá "tierra de nadie". Por lo tanto, la necesidad más urgente y apremiante es renacer, volver a la comunión con Dios; y eso, exactamente, es lo que Jesucristo nos ofrece. Por medio de Jesús, y por Jesús solamente -no hay otro camino- se manifiesta la vida de Dios que alienta su vida en nosotros. (Juan 10:10.)
Sin embargo, las iniquidades que cometimos cuando estábamos perdidos y fuera del contacto con Dios, levantaron un muro divisorio de pecado y de culpabilidad que hacían imposible recibir esta nueva vida. (Isaías 59:2.) Dios es amor pero también es justicia. No puede "dejar pasar por alto" lo que hacemos, de la misma manera que un padre amante no puede "dejar pasar por alto a su hijo" si sabe que es culpable de un delito. El padre tendría que insistir ante el muchacho para "que se entregue" a las autoridades. Pero si el joven estuviera realmente arrepentido, seria una buena ocasión para que el padre ofreciera pagar la multa, o cumplir una sentencia, o aun morir en su lugar, si tal cosa fuera posible. En ese caso se habría satisfecho tanto a la justicia como al amor.
Y esto es justamente lo que hizo Jesús. Satisfizo los requerimientos de la justicia al morir por nosotros. Jesús era Dios en carne humana, la encarnación de la segunda persona de la divinidad, el Dios Creador, por quien el Padre creó el universo. (Efesios 3:9; Hebreos 1:2.) El no tuvo ni pecado ni culpa. Cuando Jesús murió en la cruz, porque era Dios y porque era inocente, satisfizo totalmente la justicia en beneficio de todos los pecados que el hombre había cometido o que cometería en el futuro.
De esta manera resolvió Jesús el problema de nuestra culpabilidad que nos mantenía apartados de Dios, y cuando murió y resucitó quedó abierto el camino al Padre para enviar al Espíritu Santo, por medio de quien fué posible que la vida de Dios se hiciera presente y morara en nosotros. El único requisito que se nos exige a nosotros es que reconozcamos que hemos vivido en el error y pidamos perdón. Luego debemos pedirle a Jesús que venga y viva en nosotros y que sea nuestro Señor y Salvador. Por medio del Espíritu Santo, Jesús entra en nuestras vidas, nuestros pecados son borrados por su sangre derramada, y obtenemos una vida diferente. Y el Espíritu Santo se une a nuestro espíritu (1 Corintios 6:17) haciéndolo pasar de muerte a vida; "nace de nuevo" y se transforma en lo que Pablo llama una "nueva criatura". (2 Corintios 5:17; Apocalipsis 21:4-5.)
Esa nueva vida creada por el Espíritu Santo en nosotros, es lo que Jesús llama "vida eterna". Esto va mucho mas allá de un mero "seguir andando"; es la vida de Dios en nosotros, la clase de vida que nunca se acaba, que nunca se cansa, que nunca se aburre, que es siempre gozosa y lozana. (1 Juan 5:11.)
¡He aquí hago nuevas todas las cosas!" Y no una sola vez, sino continuadamente, dice Jesús. ¡Es el permanente renovador! Se nos ha prometido que andaremos en "novedad de vida" que es lo mismo que decir vida eterna: siempre bien, siempre renovándonos.
La palabra "eterno" significa literalmente "sempiterno", que nunca envejece.
Isaías dice: "Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantaran las alas como águilas; correrán y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán." (Isaías 40:31.).
¿Cómo aceptamos el perdón y recibimos esta nueva vida?
1. Dándonos cuenta que hemos estado extraviados, yendo en una dirección equivocada y que estamos ansiosos de andar en los caminos de Dios.
2. Admitiendo que estuvimos equivocados y pidiéndole al Padre que borre nuestras culpas y pecados, con la sangre de Jesús.
3. Pidiéndole a Jesucristo, el Unigénito Hijo de Dios, que entre en nuestras vidas y sea nuestro Salvador y Señor. (Apocalipsis 3:20.)
4. Creyendo que el ha venido en el instante en que lo pedimos. Agradecerle por salvarnos y darnos la nueva vida. (1 Juan 5:11-15.)
He aquí una sencilla oración que podemos elevar si decidimos recibir a Jesús:
"Querido Padre, creo que Jesucristo es tu Hijo Unigénito, que se hizo un ser humano, derramó su sangre y murió en la cruz para limpiar mi culpa y mi pecado que me separaban de ti. Creo que se levantó de entre los muertos, físicamente, para darme nueva vida. Señor Jesús, te invito a que entres en mi corazón. Te acepto como mi Salvador y Señor. Te confieso mis pecados y te pido que los borres. Creo que has venido, y vives en mí en este preciso instante.
¡Gracias, Jesús!"
Cuando decimos esta oración, podemos sentir o no que algo ha ocurrido. Nuestro "espíritu" que tome vida a través de Jesucristo, se esconde mas profundamente que nuestras emociones; de ahí que a veces se exterioriza una reacción emocional y otras veces no. Sea que sintamos o no sintamos algo de inmediato, descubriremos que somos distintos, porque Jesús cumplirá lo que ha prometido. Jesús nunca falta a su palabra. El dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." (Mateo 24:35.)
Si usted es un verdadero cristiano puede decir con certeza:
POR LAS PALABRAS DE CRISTO QUE SALEN A TRAVES DE MI LA GENTE SE SALVA, SE SANA, ES BENDECIDA, SE PUEDEN PRODUCIR TODO TIPO DE MILAGROS.
Lucas 10:16.
SOY EL CANEL DE LA PALABRA DE DIOS. 1 Tesalonicenses 2:13.
SOY UNA PUERTA DEL REINO DE LOS CIELOS. Mateo 10:7.
TENGO EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO. Hechos 1:8; 2:4. Y DEBO TRASMITIRLO A LOS DEMAS. Hechos 3:6; 9:34; 19:6.
TENGO LA AUTORIDAD DELEGADA DE CRISTO: Marcos 13:34; Tito 2:15.
SOY UN EMBAJADOR DEL REINO DE LOS CIELOS, CON EL RESPALDO DE DIOS Y DE TODO EL CIELO. 2 Corintios 5:20.
Si usted es un verdadero cristiano entonces puede decir:
He sido redimido y todos mis pecados fueron perdonados.
(Colosenses 1:14)
en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
(1 Corintios 3:16) Somos el templo donde mora Dios y el Espíritu Santo.
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
(2 Corintios 5:17) Dios nos hizo unas nuevas personas y borró nuestro pasado.
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
(2 Corintios 5:18) Estamos reconciliados con Dios y nos nombró y comisionó para que reconciliemos a las personas con Dios.
Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;
(2 Corintios 5:20) Somos embajadores de Dios y del Reino de los cielos.
Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
(2 Corintios 6:1) Somos colaboradores de Dios.
Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.
(Efesios 2:6) Estamos sentados con Cristo en lugares celestiales y desde esa posición trabajamos para El.
y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
(Efesios 2:10) Somos hechura de Dios y nos preparó para que cumpliésemos las obras que El preparó para que hagamos.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
(Efesios 3:12) Puedo acercarme a Dios con seguridad y confianza.
en quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él;
(Filipenses 4:13) Todo lo puedo hacer porque Cristo me da las fuerzas.
Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Publicado por Gustavo Isbert
Si usted es un verdadero cristiano entonces puede decir:
Nunca seré condenado, estoy libre de toda condenación para siempre.
(Romanos 8:1)
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
(Romanos 8:2) Al tener al Espíritu Santo, El me da el poder vencer mi tendencia a pecar.
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
(Romanos 8:28) Todas las cosas que me suceden están preparadas por Dios para mi supremo bien.
Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
(Romanos 8:33) Nadie me puede acusar porque Dios mismo me declaró justo por los méritos de Cristo. Jesús además está siempre intercediendo por mí.
¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
(Romanos 8:34)
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
(Romanos 8:35) Nada me puede separar del amor de Jesús por mí.
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
(2 Corintios 1:21) Dios me ungió con el Espíritu Santo y me selló como propiedad suya.
Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios,
(2 Corintios 1:22)
el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.
(Efesios 1:13)
En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
(Efesios 1:14)
que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
(Colosenses 3:3) Estoy escondido con Cristo en Dios.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
(Filipenses 1:6) Confío que Dios que comenzó su obra en mí la irá perfeccionado y me guardará hasta que esté en el cielo con El.
Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
(Judas 1:24)
Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría…
Si usted es un verdadero cristiano, entonces puede decir:
Por la obra de Jesús tenemos acceso directo al Padre por medio del Espíritu Santo.
(Efesios 2:18)
porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.
(Hebreos 4:16) Entonces podemos ir con confianza, cuando necesitemos, directamente al trono de Dios para recibir su ayuda.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.
(2 Timoteo 1:7) No tengo espíritu de temor sino de poder, amor y dominio propio.
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
(1 Juan 5:18) Soy nacido de Dios y Dios me guarda para no vivir en pecado y para que el diablo no me toque. Tengo poder para vencer la tendencia al pecado.
Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no práctica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.
(Filipenses 3:20) Soy un ciudadano del Reino de los cielos.
Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;
(Colosenses 1:13) Ya no estoy bajo la autoridad del diablo, ni en su reino, (Dios me sacó) y ahora estoy en el Reino de Dios y soy ciudadano de El.
el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,
(Hechos 26:18) Somos llamados a hacer lo dicho anteriormente con otros, librarlos de la autoridad de satanás y llevarlos a Dios, mostrarle como a través de la fe en la obra de Jesucristo pueden recibir el perdón de sus pecados y ser herederos de Dios para siempre.
para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.
(Romanos 8:17)
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo….
(Hebreos 1:14) NVI. Y los ángeles nos protegen
¿No son todos los ángeles espíritus dedicados al servicio divino, enviados para ayudar a los que han de heredar la salvación?
Si usted es Cristiano debe saber esto:
Jesús trabajó en el poder del Espíritu Santo. No en el poder de la segunda persona de la trinidad, sino que lo hizo de la misma manera que nosotros hoy podemos hacer también al tener al Espíritu Santo y ser llenos de El.
(Lucas 4:14)
Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.
(Lucas 4:18) Fue ungido para ese propósito:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
(Lucas 4:19)
A predicar el año agradable del Señor.
(2 Corintios 1:21) También nosotros fuimos ungidos para ese propósito y al igual que Jesús debemos trabajar para El con el poder de su Espíritu Santo (que ya tenemos).
Esto fue dicho a todos los cristianos en unas cartas generales.
Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios,
(1 Juan 2:20)
Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.
(Lucas 6:17) Jesús hacía estas cosas:
Y descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud de gente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón, que había venido para oírle, y para ser sanados de sus enfermedades;
(Lucas 6:18)
y los que habían sido atormentados de espíritus inmundos eran sanados.
(Lucas 6:19) Tenía el poder del Espíritu Santo.
Y toda la gente procuraba tocarle, porque poder salía de él y sanaba a todos.
(Hechos 1:8) Jesús prometió lo mismo para nosotros: ¡Y lo recibimos!
pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
(1 Juan 4:17) Las escrituras dicen que somos como El en ese sentido:
… pues como él es, así somos nosotros en este mundo.
(Juan 20:21) Jesús nos envió de la misma manera que el Padre lo envió a El para hacer las mismas cosas y aún mayores cosas de las que El hizo.
Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.
(Juan 14:12)
De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. (Y nos deja a nosotros para que continuemos su obra, en el poder del Espíritu Santo de la misma manera que El lo hizo).
(Mateo 10:1) El dió a todos sus seguidores esa autoridad, unción y poder.
Entonces llamando a sus… discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.
(Marcos 3:14)
…. para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar,
(Marcos 3:15)
y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios:
(Lucas 9:1)
… les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades.
Si usted es un verdadero cristiano: ¡Créalo!… y actúe.
Si usted es un verdadero cristiano entonces puede decir:
Fui comprado por la sangre derramada de Cristo y soy propiedad de Dios.
(1 Corintios 6:20)
Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
(Efesios 1:5) He sido adoptado como hijo de Dios.
en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,
(Juan 1:12) Soy hijo de Dios.
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;
(1 Juan 3:1)
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.
(1 Juan 3:2) Además seremos iguales a Jesús.
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.
(Juan 15:15) Somos amigos de Jesús.
Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.
(Romanos 5:1) He sido justificado (declarado Justo por Dios).
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;
(1 Corintios 6:17) Estoy unido a Jesús y su Espíritu se unió a mi espíritu. Soy uno con El.
Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.
(1 Corintios 12:27) Soy miembro del cuerpo de Cristo:
Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.
(Efesios 1:1) Soy declarado santo por Dios, soy uno de sus santos…
Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso…