Cuando se muere alguien me entristezco y pienso:
1. ¿Habrá ido al cielo? o ¿habrá ido al infierno eterno?
2. ¿Habremos hecho lo suficiente por el para que sea salvo?
3. ¡Ya sabe la verdad!
4. Ya está en el lugar que eligió ir.
5. Ahora ya valora y entiende la importancia de los predicadores y pastores.
En el punto 3 pienso así porque muchos no me han creído de la existencia del cielo y del infierno, de la necesidad de arrepentirse, de los que adoran a otros personajes o le dan más importancia a otra persona (que pudo haber sido buena) que a Jesús. O no creen que Dios existe o se burlan o estuvieron en sectas etc. Pienso ¡YA SABE LA VERDAD!

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Dios es para todos y ama a todos.