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Hay recompensas eternas…

Hay recompensas eternas…

HAY RECOMPENSAS ETERNAS PARA CADA PERSONA QUE SIRVE A DIOS Y HACE LO BUENO (no nos referimos solamente a los ministros religiosos).

Las recompensas son maravillosas pero diferentes para cada uno, (mayores o menores) por toda la eternidad.

(1 Corintios 2:9)

A eso se refieren las Escrituras cuando dicen: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado, lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman»

(Apocalipsis 22:12)

«Miren, yo vengo pronto, y traigo la recompensa conmigo para pagarle a cada uno según lo que haya hecho.

(Apocalipsis 21:1)

Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y también el mar.

(Apocalipsis 21:2)

Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo desde la presencia de Dios, como una novia hermosamente vestida para su esposo.

(Apocalipsis 21:3)

Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: ¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.

(Apocalipsis 21:4)

Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más».

(Apocalipsis 21:5)

Y el que estaba sentado en el trono dijo: «¡Miren, hago nuevas todas las cosas!». Entonces me dijo: «Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza».

(Apocalipsis 21:7)

Los que salgan vencedores heredarán todas esas bendiciones, y yo seré su Dios, y ellos serán mis hijos.

A veces somos tentados a pensar si vale la pena servir a Dios y hacer el bien:

(Isaías 49:4)

Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios.

(Mateo 10:42)

Y cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente, por cuanto es discípulo, de cierto os digo que no perderá su recompensa.

(1 Corintios 3:8)

Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

(Colosenses 3:24)

sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

Al final de nuestra vida, y al final de los tiempos veremos esto.

(Malaquías 3:18)

Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

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