a) Escrituras clave

1 Corintios 13:1-8 1
Romanos 12:9-21
Juan 4:20-21
Filipenses 2:1-4
Hechos 4:32-35 1
1 Corintios 12:25-27
Juan 3:16-18
1 Juan 1:7
Juan 13:25
Hechos 2:42-47
Efesios 4:13-16, 251
Tesalonicenses 5:12-15

b) Introducción

Dijo una vez John Wesley: “La Biblia no sabe nada de la religión solitaria”. El cristianismo es una religión de comunión. Seguir a Cristo significa amor, rectitud y servicio, y estas cosas sólo se pueden alcanzar por medio de las relaciones sociales que se encuentran en la iglesia. Nada puede ocupar el lugar de asistir a la iglesia. Muchas veces los cristianos se rinden en su servicio para el Señor porque sienten que están solos y que nadie se ocupa de ellos. Sienten que los problemas a los que se enfrentan son peculiares y propios de ellos. Satanás intentará convencernos, como discípulos de Jesús, que no necesitamos ocuparnos de otra gente. Nos dirá que “mientras tengamos a Dios, ¡quién necesita a otros cristianos!” Sin embargo, la verdad es que como cristianos, somos piedras vivas que Dios está edificando en una casa espiritual (1 Pedro 2:5; Efesios 2:20-22). Los verdaderos cristianos se necesitan los unos a los otros. En efecto, los verdaderos cristianos son dependientes los unos de los otros. La palabra “comunión” en griego es la palabra “koinonia” y significa “comunión” o “compartir en común” (Hechos 2:42; 1 Juan 1:7). Esta palabra describe cómo deberían vivir los cristianos, es decir, como una comunidad de compartidores mutuos que viven y comparten el amor desinteresado y sacrificado o “ágape” que Dios les ha dado (Romanos 5:5; Juan 13:34; 1 Juan 3:23).
c) Comunión del Espíritu
Esto es una actitud de corazón y mente. Es la expresión de un vínculo en Cristo Jesús entre creyentes cristianos que va más lejos de los lazos naturales de familia o amistad. Es uno de los mayores desafíos a nuestra vida como cristianos hoy día. Los cristianos no estamos solos. Hemos nacido, por fe, en una tremenda familia universal de creyentes unidos, no por raza, color, ni conveniencia sino por la sangre de Jesús (Gálatas 3:26-28). La verdad es que somos uno por lo que ha hecho Dios en Cristo. Dios propuso esto en Cristo antes que el mundo empezara (Efesios 1:4-5). Somos lo que somos por la obra de Dios en nosotros por medio del Espíritu Santo (Filipenses 2:1-2; 2 Corintios 13:14).
d) Siete aspectos de la comunión que compartimos en el Espíritu

1. El amor del Espíritu (Romanos 15:30)
En el corazón de nuestra relación como creyentes está el amor de Dios. Este no es un amor que crece del afecto o gusto natural del uno por el otro, sino que es un amor que es producido en nosotros por la obra directa del Espíritu Santo (Romanos 5:5). Jesús dijo que era la realidad de este amor lo que sería el sello de calidad de nuestro discipulado en cuanto a otros, hombres y mujeres se refiere (Juan 13:35).

2. La unidad del Espíritu
Nuestra unidad es por fe en Cristo (Gálatas 3:26-28), y nuestro compartir en común en el único Espíritu Santo (1 Corintios 12:13). Esta unidad se muestra por nuestro acceso común a nuestro Padre en el cielo por el Espíritu Santo en nosotros (Efesios 4:3).

3. El templo del Espíritu
Los cristianos están siendo edificados como un templo santo al Señor en el que vive Dios por su Espíritu (Efesios 2:21-22). Este templo, o casa de Dios, también es el lugar de servicio, ofrenda y alabanza (1 Pedro 2:5). Para Dios este edificio es muy significativo y se nos ha dicho que tengamos cuidado de cómo edificamos en los fundamentos ya echados (1 Corintios 3:10-17). No es cosa ligera jugar con el templo de Dios, porque seremos responsables ante El por lo que hayamos hecho con su preciosa morada.

4. La gloria del Espíritu
Donde mora Dios se ve su gloria (1 Pedro 4:14). La obra transformadora del Espíritu Santo nos capacita primero a contemplar la gloria de Dios en Jesús, y por eso ser transformados en la imagen de Jesús, para que su gloria sea vista en nuestra vida (2 Corintios 3:18).

5. Los dones del Espíritu
Los dones del Espíritu pueden ser manifestados por medio de creyentes individuales, pero son, en efecto, dones del cuerpo, y no sólo de cristianos individuales (1 Corintios 12:7). Los dones del Espíritu Santo no tienen sentido realmente, aparte del hecho de la comunión del Espíritu. Su operación debería ser una señal de la unidad del cuerpo.

6. La esperanza del Espíritu
Donde hay fe hay esperanza. La esperanza cristiana es una realidad total porque se basa en la obra y palabras de Jesús y nace de la fe. Esta fe es producida en nosotros por el Espíritu Santo (Gálatas 5:5-6). La fe, esperanza, y amor que el Espíritu Santo engendra en nosotros no se experimentan solamente en forma individual, sino son manifestadas en forma corporal en nuestras vidas, en la comunión del Espíritu Santo.

7. La adoración del Espíritu
La comunión en el Espíritu es una comunión ante el trono de Dios en adoración, donde nos juntamos con Jesús que ya está allí. Aquí es donde se expresa más profundamente nuestra comunión. La verdadera adoración encuentra su raíz en la obra del Espíritu Santo (Filipenses 3:3; Juan 4:23-24).

e) Uno en Espíritu
Debe haber un profundo dolor en el corazón de Dios cuando ve lo lejos que estamos de satisfacer los ideales que nos ha presentado en su Hijo. Ha echado el fundamento de nuestra comunión en Jesús y nos ha dado el poder para hacerlo una realidad por la obediencia y amor en el Espíritu Santo. Frecuentemente, sin embargo, parece que el diablo tiene éxito en llevarnos al fracaso y al dolor. Por supuesto, en un nivel práctico, no podemos tener comunión con todo cristiano en un sentido profundo, ni tampoco se nos exige. Estamos en comunión con todo creyente verdadero, guste o no, porque estamos unidos en el corazón de Dios por la obra de Cristo. Es necesario que cada uno de nosotros discierna sus círculos de comunión, no en un sentido exclusivista, sino de manera que nos ayude a expresar y realizar esta comunión con otros cristianos, en sentido práctico.

f) Tres resultados de la comunión
1. Fructificación
El salmista en el Salmo 133 dice que la unidad es como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion. Los rocíos de Hermón son la fuente de agua y vida para la tierra: traen frescura y sustento al pueblo y les hace ser fructíferos. La comunión hace lo mismo para nosotros en cuanto a traer frescura y nutrición para nosotros en nuestro caminar diario con Dios, lo cual nos hace ser fructíferos.

2. Creatividad
Existen muchas áreas en nuestra vida cristiana en las que no podemos funcionar debidamente, aparte de la comunión con otros creyentes. La comunión cristiana es, al fin y al cabo, no sólo un ejercicio individual sino corporal. La mayoría de los desafíos a los que nos enfrentamos surgen del hecho de que vivimos en relación con otra gente. El Espíritu Santo se mueve, cuando se le permite, para traer unidad en el cuerpo de Cristo, y da los dones necesarios para edificar y mantener al cuerpo íntegro. No debería haber ni pobreza de espíritu, ni falta de dones espirituales en el cuerpo, y todo el mundo debería ser enriquecido y edificado, mientras compartimos nuestros dones juntos en el amor y servicio mutuo (Hebreos 10: 24-25).
3. Costo
El tener una relación realmente cercana a alguien nos cuesta algo, porque hemos de dar para recibir, y al dar, la máscara protectora que todos tenemos debe bajar. La verdad es que cuando nos franqueamos en la comunión los unos con los otros nos hacemos vulnerables. Somos gente muy lejos de la perfección y el costo de la comunión es que no sólo recibimos los unos de los otros aquello que es de Dios, sino que también estamos abiertos a toda influencia y rasgo natural que se manifiesta en nuestra vida y personalidad. Esto es el porqué mucha gente halla difícil franquearse con otros, por temor al dolor, al malentendido y al rechazo. Aunque parecería que franquearse con una persona nos hace vulnerables, la verdad es que la comunión sólo alcanzará su cumbre y será verdaderamente realizadora si nos abrimos de esta manera. Si te sientes solo, pregúntate: “¿Estoy preparado para el costo de la verdadera amistad y para hablar francamente?
Deberíamos humillarnos y dejar que el Espíritu Santo escudriñe los pensamientos y actitudes del corazón de todos nosotros. Nuestro evangelio no puede permanecer creíble al lado de los fracasos y divorcios espirituales continuos entre los verdaderos creyentes. El dolor que tal separación trae, muchas veces puede ser el factor más mutilador en nuestra vida y ministerio. Nos roba la confianza en nosotros mismos y entre unos y otros, y provee al mundo de una razón mayor por la que rechazar nuestro mensaje.
En esto hemos conocido el amor en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos … Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
(1 Juan 3:16, 18)
g) ¿Cuál debería ser nuestra actitud los unos con los otros en el cuerpo de Cristo?
Deberíamos:

Amarnos los unos a los otros (Juan 13:34-35; Juan 15:12, 17; 1 Tesalonicenses 3:12; 4:9; 1 Pedro 1:22; 1 Juan 3:18; 1 Juan 4:7, 11-12).
Animarnos los unos a los otros (1 Tesalonicenses 4:18; Hebreos 3:13; Hebreos 10:25).
Estimularnos los unos a los otros hacia el amor y buenas obras (Hebreos 10:24).
Fortalecernos los unos a los otros (1 Tesalonicenses 5:11).
Edificarnos los unos a los otros (Romanos 14:19).
Amonestarnos los unos a los otros (Colosenses 3:16).
Instruirnos los unos a los otros (Romanos 15:14)..
Servirnos los unos a los otros (Gálatas 5:13; 1 Pedro 4:10).
Soportarnos unos a otros (Efesios 4:2; Colosenses 3:13).
Perdonarnos unos a otros (Efesios 4:32; Colosenses 3:13).
Ser amables unos con otros(Efesios 4:32).
Tener compasión unos por otros (Efesios 4:32; 1 Pedro 3:8).
Ser leales los unos a los otros (Romanos 12:10).
Honrarse los unos a los otros (Romanos 12:10).
Vivir en armonía los unos con los otros (Romanos 12:16; 1 Pedro 3:8).
Ser amigables los unos con los otros (1 Pedro 3:8).
Ser benévolos unos con otros (Efesios 4:2; 1 Pedro 3:8).
Ser pacientes unos con otros (Efesios 4:2).
Aceptamos unos a otros (Romanos 15:7).
Someternos los unos a los otros (Efesios 5:21).
Vestirnos de humildad los unos hacia los otros (Efesios 4:2; 1 Pedro 5:5).
Enseñarnos los unos a los otros (Colosenses 3:16).
Vivir en paz unos con otros (Marcos 9:50; Romanos 12:18).
Confesar nuestros pecados unos a otros (Santiago 5:16).
Orar unos por otros (Santiago 5:16).
Ofrecer hospitalidad unos a otros (1 Pedro 4:9).
Saludarnos unos a otros (Romanos 16:16; 1 Pedro 5:14).
Tener comunión unos con otros (1 Juan 1:7).
Estar de acuerdo unos con otros (1 Corintios 1:10).
Llevar las cargas unos por otros (Gálatas 6:2).
h) Cosas que no hay que hacer los unos a los otros en el cuerpo de Cristo

– No morder ni devorarnos unos a otros (Gálatas 5:15).
– No provocar ni envidiarnos unos a otros (Gálatas 5:26).
– No odiarnos unos a otros (Tito 3:3).
– No juzgarnos unos a otros (Romanos 14:13).
– No mentirnos unos a otros (Colosenses 3:9).
– No calumniar ni hablar mal unos de otros (Santiago 4:11).
No murmurar unos contra otros (Santiago 5:9).
No ir a juicio unos contra otros (1 Corintios 6:1-8).
i) Preguntas y puntos de discusión

1. Uno de los mayores dolores que puedas tener en la vida de comunión con otros creyentes, es el dolor de tener que estar presente y ver a otros, a quienes amas profundamente en Cristo, actuar o adoptar posturas que sabes que no serán fructíferas o serán dañinas a sí mismas o a otros, sin intervenir. Discútelo.
2. ¿Qué efecto tiene el temor en una relación, y funciona realmente luchar o trabajar demasiado intensamente en la comunión con otras personas? (1 Juan 4:18; Hebreos 13:6).
3. ¿Son los grupos caseros una parte bíblica válida de nuestra vida en la iglesia? (Hechos 2:42-47; Hechos 4:32-35; Hechos 12:12; Hechos 16:40; Colosenses 4:15; Filemón:2).
4. Para tu crecimiento espiritual, ¿necesitas a otros cristianos? Discútelo.
5. ¿Has pensado alguna vez en animar a otros de tu iglesia local, o generalmente en el cuerpo de Cristo enviándoles tarjetas o cartas con palabras de aliento o Escrituras pertinentes en ellas? Si no; ¿por qué no empezar a hacerlo?
6. Haces alguna cosa que irrita al grupo con el que estás? Y si es así, ¿cómo puedes mejorar?.
7. ¿Tenía Jesús amigos cercanos? (Marcos 5:37; Lucas 9:1; Lucas 10:1; Juan 20:2; Hechos 1:15). ¿Y cuál era la actitud de Cristo hacia la unidad cristiana? (Juan 17:20-23).
8. Dibuja y medita sobre un mapa de relaciones. Pon un punto, que te represente a ti, en una hoja de papel en blanco, y luego pon puntos con iniciales alrededor de ti (representando a la gente que conoces -máximo 20 personas). Coloca a aquellos que consideras amigos cercanos cerca de tu punto y a aquellos que no están tan cerca, más lejos. Entonces pregúntate por qué la gente está donde está. ¿Es correcto o se deberían de hacer algunos cambios? Pide perdón al Señor por actitudes incorrectas y perdona a los que te han agraviado.
9. Haz una lista de maneras prácticas en las que puedas expresar el compromiso los unos a los otros sirviéndose entre sí (Filipenses 2:4). Pide al Señor que te llene con su amor para que te impacientes por servir a otros, sabiendo que verdaderamente estas sirviéndola señor crista Jesús (Mateo 25:31-46)
10. Mira la sección titulada: “¿Cuál debería ser nuestra actitud los unos con los otros en el cuerpo de Cristo?” Y discute maneras y medios por los cuales puedes mejorar en estas áreas de una manera práctica.
11. ¿Por qué se sienten tantos cristianos solos? ¿Debería ser esto así? ¿Qué puedes hacer acerca de ello en tu iglesia?
12. Se ha dicho que para que nuevos cristianos se establezcan firmemente en una iglesia, necesitan desarrollar como mínimo siete relaciones significativas dentro de ella. Si es así, ¿cuál debería ser tu respuesta? Discútelo.
j) Resumen y aplicación

1. No podemos alcanzar la madurez espiritual solos porque necesitamos la ayuda de otros cristianos para crecer en nuestro parecido a Cristo. (Efesios 4:11-16).
2. Las actitudes positivas en-el cuerpo de Cristo traen vida, paz y armonía; pero las actitudes negativas traen muerte, trastornos y falta de armonía. El Señor desea que cada miembro del cuerpo de Cristo sea una expresión positiva de su propia vida, naturaleza y carácter.
3. Deberíamos amarnos y perdonarnos los unos a los otros para que la comunión entre creyentes sea establecida y mantenida.
4. Si no pasamos a otros lo que hemos recibido de Dios, empezaremos a caer en el declive espiritual.
5. El cuerpo humano, con sus millones de células y miembros funcionando juntos en armonía, unidad y vida, ilustra la armonía, unidad y vida que ha de fluir en la iglesia, el cuerpo de Cristo. En el cuerpo, cada célula, cada miembro, vive el uno para el otro. Necesitamos hacer lo mismo en el cuerpo de Cristo, preocupándonos unos por otros, aprendiendo a apreciarnos unos a otros y amándonos unos a otros.
6. Necesitamos estar comprometidos, tanto con Dios como los unos con los otros, en el cuerpo de Cristo. Esto significa que tenemos que tener la voluntad de pagar el precio de tal compromiso, porque la verdadera comunión entre creyentes es una ofrenda (Hebreos 13:16).
7. Mientras demostramos amor, bondad y ayuda práctica a otros, es como si lo hiciéramos a Cristo Jesús (Mateo 25:31-46).

8. Nuestra unidad y actitudes parecidas a Cristo, los unos hacia los otros, son capacitadas por nuestra experiencia común de la vida en Dios, por medio del Espíritu Santo.

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