SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN

(Mateo 16:26)

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

(Hechos 7:59)

Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.

(Lucas 23:43)

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

(Tito 2:14)

quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

(1 Timoteo 2:6)

el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

(Gálatas 1:4)

el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,

(Juan 3:16)

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

(Juan 3:17)

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

(Hebreos 1:3)

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

(Hebreos 7:27)

que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

(Hebreos 9:14)

¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

(Hebreos 9:26)

De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

(Hebreos 7:25)

por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

(Romanos 10:1)

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.

(Romanos 10:2)

Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.

(Romanos 10:3)

Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;

(Romanos 10:4)

porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

(Romanos 10:1)

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por los israelitas es que alcancen la salvación.

(Romanos 10:2)

En su favor puedo decir que tienen un gran deseo de servir a Dios; solo que ese deseo no está basado en el verdadero conocimiento.

(Romanos 10:3)

Pues no reconocen que es Dios quien hace justos a los hombres, y pretenden ser justos por sí mismos; y así no se han sometido a lo que Dios estableció para hacernos justos.

(Romanos 10:4)

Porque la ley llega a su término con Cristo, y así todos por la fe pueden llegar a ser justos. [1]

(Tito 3:4)

Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad,

(Tito 3:5)

y , sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó[2] lavándonos y regenerándonos, [3] y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo. [4]

(Tito 3:6)

Pues por medio de Jesucristo nuestro Salvador nos dio en abundancia el Espíritu Santo,

(Tito 3:7)

para que, después de hacernos justos[5] por su bondad, tengamos la esperanza de recibir en herencia la vida eterna.

(Tito 3:8)

Esto es muy cierto, y quiero que insistas mucho en ello, para que los que creen en Dios se ocupen en hacer el bien. Estas cosas son buenas y útiles para todos.

(Tito 3:4)

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,

(Tito 3:5)

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

(Tito 3:6)

el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,

(Tito 3:7)

para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

(Tito 3:8)

Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.

(Romanos 7:20)

Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

(Romanos 7:21)

Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

(Romanos 7:22)

Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

(Romanos 7:23)

pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

(Romanos 7:20)

Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer, y a no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí.

(Romanos 7:21)

Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance.

(Romanos 7:22)

En mi interior me gusta la ley de Dios,

(Romanos 7:23)

pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso.

(1 Juan 3:9)

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

(1 Juan 3:9)

Ninguno que sea hijo de Dios practica el pecado, porque tiene en sí mismo el germen de la vida de Dios; y no puede seguir pecando porque es hijo de Dios.

(Hechos 10:1)

Había en la ciudad de Cesarea un hombre que se llamaba Cornelio, capitán del batallón llamado el Italiano.

(Hechos 10:2)

Era un hombre piadoso que, junto con toda su familia, adoraba a Dios. También daba mucho dinero para ayudar a los judíos, y oraba siempre a Dios. [1]

(Juan 7:17)

Si alguien está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, podrá reconocer si mi enseñanza viene de Dios o si hablo por mi propia cuenta.

(Juan 7:17)

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.

(Juan 5:24)

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

(Juan 5:25)

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

(Juan 5:26)

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

(Romanos 6:22)

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

(1 Juan 2:25)

Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.

(1 Juan 3:15)

Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

(1 Juan 3:15)

Todo el que odia a su hermano es un asesino, [8] y ustedes saben que ningún asesino puede tener vida eterna en sí mismo.

(1 Juan 5:11)

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

(1 Juan 5:13)

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

(1 Juan 5:11)

Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. [4]

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(Romanos 3:19)

Sabemos que todo lo que dice el libro de la ley, lo dice a quienes están sometidos a ella, para que todos callen y el mundo entero caiga bajo el juicio de Dios;

(Romanos 3:20)

porque nadie podrá decir que ha cumplido la ley y que Dios debe reconocerlo como justo, [10]

y a que la ley solamente sirve para hacernos saber que somos pecadores.

(Romanos 3:21)

Pero ahora, sin la ley, Dios ha mostrado de qué manera nos hace justos, y esto lo confirman la misma ley y los profetas:

(Romanos 3:22)

por medio de la fe en Jesucristo, Dios hace justos a todos los que creen. Pues no hay diferencia:

(Romanos 3:23)

todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios. [11]

(Romanos 3:24)

Pero Dios, en su bondad y gratuitamente, los hace justos, [12] mediante la liberación[13] que realizó Cristo Jesús.

(Romanos 3:25)

Dios hizo que Cristo, al derramar su sangre, fuera el instrumento del perdón. [14] Este perdón se alcanza por la fe. Así quería Dios mostrar cómo nos hace justos: perdonando los pecados que habíamos cometido antes,

(Romanos 3:26)

porque él es paciente. Él quería mostrar en el tiempo presente cómo nos hace justos; pues así como él es justo, hace justos a los que creen en Jesús.

(Romanos 3:27)

¿Dónde, pues, queda el orgullo del hombre ante Dios? ¡Queda eliminado! ¿Por qué razón? No por haber cumplido la ley, sino por haber creído.

(Romanos 3:28)

Así llegamos a esta conclusión: que Dios hace justo al hombre por la fe, independientemente del cumplimiento de la ley.

(Romanos 3:19)

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;

(Romanos 3:20)

ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

(Romanos 3:21)

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;

(Romanos 3:22)

la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

(Romanos 3:23)

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

(Romanos 3:24)

siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

(Romanos 3:25)

a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,

(Romanos 3:26)

con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

(Romanos 3:27)

¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

(Romanos 3:28)

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

(Romanos 10:1)

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por los israelitas es que alcancen la salvación.

(Romanos 10:2)

En su favor puedo decir que tienen un gran deseo de servir a Dios; solo que ese deseo no está basado en el verdadero conocimiento.

(Romanos 10:3)

Pues no reconocen que es Dios quien hace justos a los hombres, y pretenden ser justos por sí mismos; y así no se han sometido a lo que Dios estableció para hacernos justos.

(Romanos 10:4)

Porque la ley llega a su término con Cristo, y así todos por la fe pueden llegar a ser justos. [1]

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(Efesios 2:9)

no por obras, para que nadie se gloríe.

(Efesios 2:8)

Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios.

(Efesios 2:9)

No es el resultado de las propias acciones, de modo que nadie puede gloriarse de nada;

(Hechos 13:38)

Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados,

(Hechos 13:39)

y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.

(Gálatas 2:16)

sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

(Gálatas 2:16)

Sin embargo, sabemos que nadie es reconocido como justo por cumplir la ley sino gracias a la fe en Jesucristo. Por esto, también nosotros hemos creído en Jesucristo, para que Dios nos reconozca como justos, gracias a esa fe y no por cumplir la ley. Porque nadie será reconocido como justo[3] por cumplir la ley. [4]

(Gálatas 3:24)

La ley era para nosotros como el esclavo que vigila a los niños, hasta que viniera Cristo, para que por la fe obtuviéramos la justicia.

(Gálatas 3:25)

Pero ahora que ha llegado la fe, y a no estamos a cargo de ese esclavo que era la ley,

(Gálatas 3:26)

pues por la fe en Cristo Jesús todos ustedes son hijos de Dios,

(Gálatas 4:4)

Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés,

(Gálatas 4:5)

para rescatarnos a los que estábamos bajo esa ley y concedernos gozar de los derechos de hijos de Dios.

(Gálatas 4:6)

y porque y a somos sus hijos, Dios mandó el Espíritu de su hijo a nuestros corazones; y el Espíritu clama: "¡Abbá!¡Padre!"[2]

(Gálatas 4:4)

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,

(Gálatas 4:5)

para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

(Gálatas 4:6)

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!

(Juan 10:10)

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

(Juan 14:6)

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

(2 Pedro 1:4)

por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

(Juan 11:25)

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

(Juan 5:26)

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

(1 Juan 1:2)

(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);

(1 Juan 5:20)

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(Romanos 5:10)

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

(Romanos 5:10)

Porque si Dios, cuando todavía éramos sus enemigos, nos reconcilió consigo mismo mediante la muerte de su Hijo, con mayor razón seremos salvados por su vida, ahora que y a estamos reconciliados con él.

(1 Corintios 15:45)

Así dice la Escritura: "El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente";[16] pero el último Adán se convirtió en espíritu que da vida.

(Gálatas 2:20)

y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí.

(2 Corintios 5:1)

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

(2 Corintios 5:4)

Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

(Hebreos 7:25)

por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

(Colosenses 1:27)

a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,

(2 Corintios 13:5)

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?

(2 Corintios 13:5)

Examínense ustedes mismos, para ver si están firmes en la fe; pónganse a prueba. ¿No se dan cuenta de que Jesucristo está en ustedes? ¡A menos que hayan fracasado en la prueba!

(1 Corintios 3:16)

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

(1 Corintios 6:19)

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

(1 Juan 3:1)

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.

(1 Juan 3:2)

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

(1 Juan 5:11)

Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. [4]

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(Juan 1:12)

Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.

(Apocalipsis 3:20)

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

(1 Juan 5:19)

Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

(2 Corintios 5:17)

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

(1 Corintios 6:11)

Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(Efesios 2:8)

Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios.

(Romanos 11:14)

por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.

(1 Corintios 10:33)

como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.

(2 Timoteo 1:9)

quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,

(1 Corintios 15:2)

por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

(Efesios 2:5)

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(1 Corintios 9:19)

Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos, a fin de ganar para Cristo el mayor número posible de personas.

(Tito 3:5)

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

(Tito 3:5)

y , sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó[2] lavándonos y regenerándonos, [3] y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo. [4]

(1 Corintios 12:13)

y de la misma manera, todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, fuimos bautizados para formar un solo cuerpo por medio de un solo Espíritu; y a todos se nos dio a beber de ese mismo Espíritu.

(1 Corintios 12:13)

Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(2 Corintios 5:19)

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

(Juan 1:29)

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

(Romanos 5:6)

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

(1 Pedro 3:18)

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

(Lucas 19:10)

Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

(Marcos 15:12)

Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?

(Hechos 3:19)

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

(Hechos 3:19)

Por eso, vuélvanse ustedes a Dios y conviértanse, para que él les borre sus pecados

(Hechos 10:42)

y él nos envió a anunciarle al pueblo que Dios lo ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos.

(Isaías 43:25)

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

(Isaías 53:5)

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

(Isaías 53:6)

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

(Isaías 53:8)

Se lo llevaron injustamente,

y no hubo quien lo defendiera;

nadie se preocupó de su destino.

Lo arrancaron de esta tierra,

le dieron muerte por los pecados

de mi pueblo.

(Isaías 53:9)

Lo enterraron al lado de hombres

malvados,

lo sepultaron con gente perversa,

aunque nunca cometió ningún crimen

ni hubo engaño en su boca.

(Isaías 53:10)

El Señor quiso oprimirlo

con el sufrimiento.

y puesto que él se entregó en sacrificio

por el pecado,

tendrá larga vida

y llegará a ver a sus descendientes;

por medio de él tendrán éxito

los planes del Señor.

(Isaías 53:11)

Después de tanta aflicción verá la luz,

y quedará satisfecho al saberlo;

el justo siervo del Señor liberará

a muchos,

pues cargará con la maldad de ellos.

(Isaías 53:12)

Por eso Dios le dará un lugar

entre los grandes,

y con los poderosos participará

del triunfo,

porque se entregó a la muerte

y fue contado entre los malvados,

cuando en realidad cargó

con los pecados de muchos

e intercedió por los pecadores.

(Hechos 22:16)

y ahora, no esperes más. Levántate, bautízate y lávate de tus pecados, invocando el nombre del Señor. ‘[2]

(Romanos 10:9)

Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación.

(Romanos 10:12)

No hay diferencia entre los judíos y los no judíos; pues el mismo Señor es Señor de todos, y da con abundancia a todos los que lo invocan.

(Romanos 10:13)

Porque esto es lo que dice: "Todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación."[5]

(Romanos 10:14)

Pero ¿cómo van a invocarlo, si no han creído en él? ¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír, si no hay quien les anuncie el mensaje?

(Romanos 10:15)

¿Y cómo van a anunciar el mensaje, si no son enviados? Como dice la Escritura: "¡Qué hermosa es la llegada de los que traen buenas noticias!"[6]

(Romanos 10:16)

Pero no todos han aceptado el evangelio. Es como dice Isaías: "Señor, ¿quién ha creído al oír nuestro mensaje?"[7]

(Romanos 10:17)

Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo.

(Hechos 2:21)

Pero todos los que invoquen

el nombre del Señor,

alcanzarán la salvación. ‘[3]

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