Una vida cristiana “exitosa” para Dios no estará basada en cuanto trabajo o cosas hemos hecho, ni los cargos “religiosos” que hemos tenido o tenemos, sino mas bien en cuanto hemos obedecido, amado, acercado a Dios y haber cumplido su plan para nosotros.

En el cielo nos llevaremos grandes sorpresas porque solo Dios conoce las verdaderas intenciones de los corazones y las verdaderas motivaciones.

(Juan 17:4)

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

(1 Corintios 4:5)

Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

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