Debes conocerme como el cordero, pero también como el león.
Yo soy las dos cosas.
Para mis “bebés espirituales” yo me muestro como el cordero, pero ya cuando van creciendo espiritualmente es necesario que me conozcan también como el león, que los corrige, es fuerte y también los protege.
Cuando ya son maduros sabrán reconocerme cuando soy el cordero y cuando el león para ellos.
(Juan 1:29)
El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
(Juan 1:36)
Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.
(1 Pedro 1:19)
sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
(Apocalipsis 5:12)
que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
(Apocalipsis 5:5)
Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.

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