En tu camino HACIA LA MADUREZ CRISTIANA, ya has visto algo sobre tus responsabilidades en el hogar y en la iglesia. Por supuesto que el aprendizaje, es decir el discipulado, es algo que no terminará para ninguno de nosotros hasta que lleguemos «a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo» (Efesios 4:13). Y esto sólo será una realidad perfecta cuando estemos en la presencia del Señor.
En esta lección veremos algo sobre tus responsabilidades en el círculo más amplio del mundo, como hijo de Dios y ciudadano del Reino de los cielos, un tema igualmente importante para tu vida cristiana.
Como te habrás dado cuenta ya hasta aquí, el cristiano no es un ser aislado de las circunstancias y de los tiempos. Tampoco es un ser extraterrestre ni un místico soñador. Por el contrario, el cristiano es uno «enviado al mundo» por su Señor (Juan 17:18), como su embajador y testigo. También es alguien bien parado sobre la verdadera realidad, que es al mismo tiempo espiritual y material, y en cierto sentido, sirve de puente entre esas dos realidades, porque él mismo vive inmerso y consciente de ambas.
Veamos primeramente algunos conceptos importantes, para enten¬der correctamente tu fe en relación al mundo, y tu ubicación y relación con él.
A. EL MUNDO Y LA IGLESIA
El término «mundo» se usa en la Biblia principalmente en dos sentidos diferentes:
1. Como sinónimo de «tierra» o «universo», y figurativamente: la raza humana.
a. Juan 3:16. ¿Por qué envió Dios a su Hijo al mundo?
b. Juan 17:15. ¿Qué pidió Jesús a su Padre?
c. Salmo 24:1. ¿De quién es el mundo?
Dios ama al mundo, incluyendo a la raza humana, creados por Él como «buenos en gran manera», y para su gloria. Sin embar-go, está en contra del «mundo» como sistema de pensamiento y vida alejados de Él y de su voluntad.
El mandato de Cristo es el de «ir» al mundo en su nombre, como embajadores suyos, con el mensaje redentor del Evangelio y las creden¬ciales del poder del Espíritu Santo. no somos llamados a aislamos dentro de las cuatro paredes de un templo, sino a ser «luz» y «sal».
La Iglesia no es algo aparte del mundo, sino que debe estar dentro del mundo para cumplir su misión. Y la Iglesia somos tú y yo y cada creyente con el Espíritu Santo en nosotros.
Tenemos que vivir nuestra fe «en el mundo», en nuestra interacción con la sociedad en todas sus formas: en nuestro contacto con los vecinos, cmpañeros de estudio o de trabajo; en el ejercicio de las diversas profesiones y oficios; en nuestras relaciones con las autoridades y leyes, etc.
La fe y la ética que mostramos cuando estamos en el templo o con los hermanos, no deben ser diferentes a las que mostramos cuando estamos en el «mundo». Tiene que haber integridad en nuestra vida. Con estos conceptos como base, vamos a considerar algunos aspectos de la vida del cristiano en el mundo:
B. EL CRISTIANO Y LA POLÍTICA
1. ¿Qué es la política?
El diccionario define la política como «el arte de gobernar y dar leyes conducentes a asegurar la buena marcha del Estado y la tranquilidad y el bienestar de los ciudadanos» (Enciclopedia Universal Sopena).
Dios creó a la humanidad para vivir bajo su autoridad, es decir, bajo una teocracia. A raíz del pecado, Dios establece el go-bierno humano como el medio de mantener el orden en el mundo. Veamos algunas afirmaciones de la palabra de Dios:
a. Proverbios 8:15. ¿Para qué ha establecido Dios los gobiernos?
b. Romanos 13:1-5. ¿Avala Dios la existencia del poder político, y qué nos exhorta a hacer con relación a él?
En principio, pues, las leyes y el Estado son buenos y necesarios debido al estado pecaminoso del hombre. La gran limitación está en que el mismo pecado anula casi siempre su eficacia.
2. ¿Puede un cristiano participar en política?
En base a lo que hemos visto hasta aquí, un cristiano puede y debe participar en política, si tiene la capacidad y la vocación para hacerlo. Lo hará como siervo de Dios para bendecir al mundo, al mismo tiempo que estará actuando como testigo y como «luz».
Brian Griffiths (InterVarsity Magazine, Spring 1967), sugiere que la participación del cristiano puede ser en:
a. Grupos de estudio para orientar a la opinión pública.
b. Grupos de presión organizados para influenciar la política del gobierno.
c. Asumir funciones o cargos públicos.
d. Aportar capacidad y competencia técnica y profesional.
e. Grupos de discusión sobre problemas cívicos.
Sin embargo, el cristiano no puede transigir en su ética y su obedien¬cia a la letra y el espíritu de la Palabra de Dios. Eso hará que le sea muy difícil participar en política partidaria, porque se le plantearán conflictos de fidelidad muchas veces insolubles.
C. EL CRISTIANO Y EL TRABAJO
El cristiano no es un místico soñador aislado del mundo, ni su fe le dispensa de sus responsabilidades prácticas en la vida diaria. Anota las enseñanzas sobre el trabajo en:
1. Proverbios 24:10:
2. Efesios 4:28:
D. EL CRISTIANO Y EL SUFRIMIENTO HUMANO
El ser hecho ciudadano del Reino de los cielos e integrarse a una nueva familia, la familia de la fe, no anula los lazos de solidaridad que deben existir entre el cristiano y la humanidad sufriente que le rodea. Si va a ser luz y sal, no puede ser indiferente al dolor humano, fruto de su pecado, porque él mismo ha sido liberado de ese pecado por la gracia de Dios. Anota los pensamientos sobre el tema que surgen de los textos siguientes:
1. Lucas 10:27:
2. Lucas 10:30-37:
3. Santiago 2:14-17:
E. EL CRISTIANO Y EL PECADO DEL MUNDO
Al vivir en un mundo lleno de pecado e injusticias, el cristiano está sometido a presiones muy fuertes, y contra los cuales tiene que luchar constantemente. El diablo utiliza todos los medios para tratar de debili¬tamos, por lo que es tan importante vestimos de «toda la armadura de Dios», para poder estar firmes contra sus asechanzas (Efesios 6:10-11).
Algunos de los peligros que corremos como cristianos son:
1. La influencia del pecado por medio de los medios de comunicación (televisión, diarios, revistas, películas, espectáculos). Todo lo que entra por nuestros ojos u oídos queda registrado en nuestra memoria, y el diablo lo usará para mellar las defensas de nuestra conciencia.
2. Adoptar la filosofía de «si todos lo hacen … yo también», rebajando las normas éticas del Reino a las del mundo.
3. Convertirnos paulatinamente en indiferentes al dolor humano, de tal manera que no sintamos compasión ni atinemos a nin-guna acción; o tan indiferentes a la injusticia y la corrupción, que las aceptemos como cosas normales, y no hagamos nada por tratar de corregirlas. La protección para esos peligros está en la comunión constante con el señor y su Palabra, de tal manera que el Espíritu Santo nos dé la sensibilidad espiritual necesaria.
Memoriza el siguiente versículo
«Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irre¬prensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo»
Filipenses 2:14-15
Llegamos a nuestra última etapa en esta aventura HACIA UNA SANTIDAD PRÁCTICA EN EL DISCIPULADO. Hemos aprendido algo de nuestra naturaleza triple, y ya conocemos algunos aspectos importantes de la santidad, que incluyen nuestro cuerpo, alma y espíritu.
Conocemos la armadura de Dios para tener victoria sobre las tentaciones y las acechanzas del diablo, y la gran ayuda que significa el ayuno como disciplina en nuestra vida. Hemos visto también el privilegio que tenemos como hijos de Dios de recibir sanidad para nuestros cuerpos, así como la sanidad de nuestra alma y liberación de toda opresión maligna.
Es hermoso poder vivir en victoria y agradando a nuestro Dios, quien «nos escogió en él (Cristo) antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia» (Efesios 1:4-6).
Pero la santidad no es algo personal o individual solamente, o sólo en nuestra relación con Dios, sino que debe ser también una realidad en nuestra relación con los demás. Dios nos dice en lP 1:15: «Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir». Y esto incluye nuestro trato con todas las demás personas. Por ello el título de esta lección.
Vamos a ver, pues, a la luz de la Palabra de Dios, cómo vivir una santidad práctica en las relaciones más importantes de nuestra vida cotidiana.
A. SANTIDAD PRÁCTICA EN LA IGLESIA
El hecho de llamarnos con tanta frecuencia «hermanos» en la iglesia, puede hacer que perdamos conciencia de la profundidad de nuestra relación como miembros del cuerpo de Cristo. A pesar de todos los defectos que podamos tener, y los errores que podamos cometer, somos hijos de un mismo Padre, tenemos un mismo Salvador, somos templo del mismo Espíritu Santo, y tenemos el mismo destino eterno: la gloria con Dios.
Apocalipsis 22:3-4 dice acerca de la Nueva Jerusalén, la ciudad celestial: «y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes». ¡Hermoso cuadro de todos los redimidos, los que nos llamamos hermanos ahora, viendo su rostro, y unidos por el mismo nombre precioso de Jesús!
¿Cómo vivir una santidad práctica en nuestra relación con nuestros hermanos en Cristo? Según los textos siguientes, cómo debemos actuar con ellos?
a. Romanos 12:10:
b. Romanos 12:16:
c. Romanos 13:8:
d. Romanos 14:13:
e. Gálatas 5:13:
f. Gálatas 5:26:
g. Efesios 4:2:
h. Efesios 4:25:
La santidad no es misticismo, sino algo profundamente práctico. No es tener una aureola sobre la cabeza, sino vivir el amor a Dios amando a nuestros hermanos de una manera real. En 1 Juan 4:20,21 Juan lo resume muy bien. Léelo.
B. SANTIDAD PRÁCTICA EN LA FAMILIA
El segundo lugar donde debemos vivir en santidad es en nuestra familia. Estamos en la iglesia sólo algunas horas a la semana, pero convivimos con la familia mucho más tiempo. El pastor y los hermanos no conocen muchas áreas de nuestra intimidad. Pero nuestra familia sí, y no podemos engañarlos.
La Palabra de Dios nos muestra la importancia de la familia al usarla como símbolo de la relación entre Cristo y su iglesia. En Efesios 5:31-32 leemos: «Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá -1 a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas ‘yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia».
Veamos las normas divinas para vivir una santidad práctica en nuestras relaciones familiares. Anota los mandatos para cada miembro de la familia en los siguientes textos, examinándote a ti mismo con toda honestidad, y pidiendo a Dios que te ayude a corregir aquello en que estas fallando:
a. Deuteromio 6:5-9:
b. Efesios 5:22-24:
c. Efesios 5:25-28:
d. Efesios 6:1-3:
En el matrimonio cristiano no hay lugar para machismos o feminismos, sino el reconocimiento de dos funciones diferentes y complementarias. La responsabilidad que Dios ha dado al hombre implica autoridad, pero autoridad en amor y respeto. No autoritarismo. Pedro añade en 1 Pedro 3:7:
«Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso mas frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo». ¿Caben los maltratos a la esposa?
e. Efesios 6:4; Colosenses 3:21:
f. Colosenses 3:19; 1 Pedro 3:7:
g. 1 Corintios 7:3-5:
h. 1 Timoteo 5:4:
e. 1 Timoteo 5:8:
Aunque los textos que hemos visto no son exhaustivos en cuanto a todas las relaciones posibles dentro de la familia, sí nos dan una idea bastante completa de cómo debe ser nuestro comportamiento dentro de ella.
El dicho popular dice: «La caridad comienza por casa». Todo lo que la Palabra de Dios nos enseña en cuanto a nuestro trato con los hermanos en Cristo, debe ser, con mayor razón, una realidad en nuestro trato con los miembros de nuestra familia.
C. SANTIDAD PRÁCTICA EN EL TRABAJO
El hijo de Dios está en el mundo aunque no pertenece a él, y el trabajo como medio de subsistencia es parte de la vida en el mundo. Jesús dijo: «Vosotros sois la sal de la tierra… la luz del mundo» (Mateo 5:13-14). La sal sirve para preservar de corrupción, así como para dar sabor. La luz ahuyenta las tinieblas.
Igualmente la vida del hijo de Dios debe ser tal, que combata la corrupción en el mundo, dé un sabor distinto a la vida de aquellos con quienes tiene relación, y ahuyente las tinieblas que imperan en el mundo, especialmente en el mundo del trabajo, sea éste profesional, comercial, o de cualquier otra índole, y aunque signifique no ser bien visto por los demás (Juan 15:18-19).
Resume en pocas palabras la enseñanza de la Palabra de Dios en cada uno de los pasajes siguientes:
a. Deuteronomio 24:14-15:
b. Proverbios 20:10:
d. Proverbios 28:6:
e. Efesios 4:28:
f. Efesios 6:5-9:
g. 1 Tesalonicenses 4:11-12:
h. 2 Tesalonicenses 3:11-12:
Ante las presiones del mundo mercantilista en que vivimos, con sus normas éticas tan relativistas y rebajadas, es bueno recordar la amonestación de Dios a Jeremías: «Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré como muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes» (Jeremías 15:19-20).
D. SANTIDAD EN TODAS LAS RELACIONES INTERPERSONALES
¿Recuerdas 1 Pedro 1:15?: «Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir». La santidad es el resultado de la obra regeneradora del Espíritu Santo en nosotros, más la respuesta de nuestro ser en obediencia a sus impulsos, por gratitud y amor ante su gran amor.
Es un principio de vida que debe reflejarse en todas nuestras relaciones interpersonales, y no solamente en la iglesia, la familia y el trabajo. Por ejemplo:
1. Debemos vivir una santidad práctica en nuestras relaciones con compañeros de estudios, maestros o alumnos. ¿Es correcto que un hijo de Dios «copie» en un examen? ¿O que le «sople» a un compañero?. ¿Que un maestro cristiano sea injusto?
2. Debemos vivir una santidad práctica en las relaciones con nuestros amigos, siendo leales para con ellos.
3. Los jóvenes deben vivir una santidad práctica en sus relaciones con el sexo opuesto, no buscando «aventuras» o «pasar el rato», sino con un profundo respeto a la santidad del sexo y del matrimonio, buscando la dirección de Dios y su aprobación por encima de los impulsos de las emociones. Dios dijo siglos atrás: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas» y Pablo aconsejó a Timoteo: «Huye también de las pasiones juveniles» (2 Timoteo 2:22).
Todo esto es posible porque Dios te ha dado el poder por su Espíritu Santo. La oración, la meditación en la Palabra y el ejercicio de tu fe y voluntad te permitirán vivir en esa santidad práctica que tu espíritu anhela, y Dios anhela para ti.
Memoriza los siguientes versículos
«Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.»
Romanos 6:22
«Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.»
1, Pedro 1:15
Hemos visto en la primera lección que, al recibir a Cristo como Salvador y Señor, nuestro espíritu renació por la obra regenera-dora del Espíritu Santo. Es una nueva naturaleza que hemos recibido, que ama a Dios, ama la justicia y la santidad.
Pero, aunque nuestro nuevo nacimiento sucedió instantáneamente por la fe en Cristo, el alma tiene que ser renovada a su semejanza por un proceso de santificación. Hemos visto que las inclinaciones pecamino¬sas del alma son llamadas "carne" en la Biblia. La naturaleza camal no ha sido extirpada totalmente, sino que convive con la nueva naturaleza espiritual.
Por esto es que, siendo un hijo de Dios nacido de nuevo, todavía experimentas tentaciones; es decir, impulsos indeseados hacia el pecado, y encuentras que tu naturaleza carnal responde todavía a la tentación. Pues sólo en la medida en que tu espíritu (tu naturaleza espiritual) se fortalezca y tome control de tu vida, serás más y más victorioso sobre la tentación y el pecado. Veamos algunas enseñanzas de la Palabra sobre la tentación:
A. LOS TRES ENEMIGOS DEL HIJO DE DIOS
a. Gálatas 5:16-17. ¿Qué conflicto sucede dentro del creyente?
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b. Efesios 6:11-12. ¿Contra quién es nuestra lucha?
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c. 1 Juan 2:16. ¿De dónde provienen muchas de las tentaciones?
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Sí, la vida cristiana es una confrontación constante contra el pecado. Satanás, nuestro antiguo "señor", no ha quedado contento al perder su dominio sobre nosotros, y utiliza todos los medios para hacernos caer y para desanimamos, con la intención de que volvamos bajo sus cadenas de esclavitud, y así al camino de la condenación eterna.
Las tentaciones vienen de los tres enemigos del creyente: la carne, Satanás, y el mundo. Pero, ¡Gloria a Dios! pues te ha dado recursos suficientes para una vida de victoria. El diablo no podrá quitarte el gozo de la salvación si no se lo permites, apropiándote de los recursos espirituales de Dios.
Un principio básico a considerar ya: Aléjate de toda fuente de tentaciones. Dice el Señor: "Huid de la fornicación"; "hombres corruptos … apártate de los tales"; "Huye de las pasiones juveniles" (1 Corintios 6:18; 1 Timoteo 6:5; 2 Timoteo 2:22).
1. Las tentaciones de la carne
Vienen porque hemos heredado una naturaleza pecaminosa, y nuestra alma se había habituado a pensar, sentir y actuar bajo los impulsos de esa naturaleza.
Gálatas 5:19-21. ¿Cuáles de las obras de la carne mencionadas allí, consideras que son tentaciones reales en tu vida? Comienza a orar desde ahora por una victoria total sobre ellas.
2. Las tentaciones de Satanás
Satanás está detrás de todo el sistema pecaminoso del mundo, y es causante indirecto de toda tentación. Sin embargo, hay veces en que él actúa en forma directa, haciendo insinuaciones a nuestra mente, estimulando las emociones, o llevándonos a situaciones peligrosas, usando circunstancias o personas para ello.
Lucas 4:1-13. Este es un caso típico de tentación directa de parte de Satanás. Fíjate con qué venció Jesús las tentaciones.
3. Las tentaciones del mundo
Son los atractivos que este mundo nos presenta, apelando a los deseos de nuestra alma o a las necesidades de nuestro cuerpo, pero pervirtiéndolos y alejándonos de Dios. Exalta los valores temporales e intrascendentes: placer, dinero, fama, poder, etc. Nos son presentados por medio de las exhibiciones públicas, por la publicidad en los medíos de comunicación: cine, televisión, revistas, diarios, etc.
1 Juan 2:16. ¿A qué deseos apela el mundo, según este texto?
B. EL PODER DE LA ARMADURA DE DIOS
a. Lee Efesios 6:13-18. ¿Para qué sirve la armadura de Dios?
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b. ¿Cuáles son las seis partes de la armadura?
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Vamos a analizar cada una de estas partes:
1. El cinto de la verdad
Se trata de la verdad de Dios como un principio de vida, ajustando y sujetando toda la armadura. Si decides, de una vez por todas, que la verdad de Dios será el principio que guíe todos los actos de tu vida, habrás logrado la victoria sobre muchas de las tentaciones y ataques de Satanás, quien es el "padre de mentira" (Juan 8:44). Verdad es luz, es transpa¬rencia, es lo opuesto a lo oscuro, a lo turbio.
Juan 8:32, ¿con qué somos libres?
2. La coraza de justicia
Es apropiarte de la justicia perfecta de Cristo por la fe, y usarla contra todo intento de Satanás de acusarte o desanimarte. Es decirle al diablo: "Ya soy nueva criatura, justificado por la sangre de Cristo, y todos mis pecados ya han sido perdonados y lavados con esa sangre".
En Isaías 61:10, ¿con qué hemos sido rodeados?
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No solamente has sido justificado de tus pecados, sino que Dios te ha cubierto con el manto de ¡ajusticia de Cristo. Ante cualquier impulso o insinuación pecaminosos, presenta la coraza de la justicia de Cristo, que es tuya por la fe.
3. El calzado del evangelio de la paz
Las sandalias permitían a los soldados gran rapidez de movimiento. Significa la prontitud con que debes obedecer al Señor, llevando en tu vida y en tus labios el evangelio de la paz. Una vida inactiva e infructuosa es presa fácil de los ataques del enemigo. Una vida de testimonio dinámico, y predicando el evangelio, está menos expuesta a caer en las tentaciones.
4. El escudo de la fe
La fe es el escudo en la batalla espiritual, para "apagar los dardos de fuego del maligno", es decir, toda insinuación, mentira, tentación. Lee Hebreos 11:1, y recuerda lo que es la fe: "Certeza de lo que se espera, convicción de lo que no se ve". Es la confianza en Dios, en Cristo y en su Palabra, que defenderá tu mente de todo error; tu corazón de todo desánimo; tu voluntad de toda rebelión contra Dios.
5. El yelmo de la salvación
El yelmo protege la cabeza. La conciencia de que eres salvo, que eres un hijo de Dios, y que eres heredero de la vida eterna, protegerá tu mente de las insinuaciones de Satanás, del mundo y de la carne; también te hará diligente en las cosas del espíritu, valiente en los conflictos y constante hasta el final.
6. La espada del Espíritu, la Palabra de Dios.
Es la única arma defensiva y ofensiva al mismo tiempo. Jesús usó el "escrito está" para vencer a Satanás en todas las tentaciones en el desierto (Lucas 4:4;8;12). Úsalo tú también.
Hebreos 4:12. ¿Por qué es eficaz la Palabra de Dios para vencer las tentaciones?
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La Palabra de Dios, por ser inspirada por el Espíritu Santo, es poderosa para usarla en nuestra lucha contra las tentaciones. Dice el Salmo 119:11: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti."
7. Orando en todo tiempo en el Espíritu
Aunque no es una parte de la armadura de Dios, la oración revela el espíritu con el que debemos llevar esa armadura. Debe ser en todo tiempo. Debe ser en el Espíritu, es decir, guiado por el Espíritu, sea con el entendimiento o en lenguas. Debemos velar en ello, y ser perseverantes.
Es el aspecto más importante en la lucha contra la tentación. Jesús dijo a sus discípulos: "Orad, para que no entréis en tentación" (Mateo 26:41).
C. EL PODER DEL NOMBRE DE JESÚS
Tenemos otro recurso poderoso en la lucha contra las tentaciones: el nombre de Jesús, para reprender en ese nombre a todo espíritu tentador; para resistir a Satanás y para echarlo fuera. Jesús reprendió con autoridad a los demonios y ellos obedecieron y se retiraron.
a. Lucas 10:19. ¿Qué autoridad te ha dado Jesús?
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b. Santiago 4:7. ¿Qué pasará si resistes al diablo?
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Con su autoridad, puedes renunciar a cualquier cosa que te esté tentando, llamándolo por su nombre y rechazándolo en el nombre de Jesús.
D. EL PODER DE LA CRUZ
Cuando creíste en Cristo, te identificaste con Él en su muerte, y por lo tanto tu viejo hombre fue crucificado juntamente con Él. Esta es una verdad con una fuerza tremenda para vencer las tentaciones que batallan contra tu alma.
a. Gálatas 2:20. ¿Cuál fue el secreto de Pablo para una vida victoriosa?
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b. Gálatas 5:24. ¿En la lucha entre la carne y el espíritu, cómo se logra la victoria del espíritu?
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c. Lee Gálatas 6:14. ¿Vas entendiendo el poder de la cruz?
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Cuando venga la tentación, reafirma la verdad de que tu viejo hombre murió con Cristo en la cruz. Declara con tu boca que crucificas tu carne una vez más, y que recibes el poder de la vida resucitada de Cristo con su justicia. Apocalipsis 12:11 dice: "Y ellos le han vencido. .. por medio de la palabra del testimonio."
¡Nunca te desanimes! 1 Corintios 10:13 dice: "Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir. sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar". Y recuerda Romanos 8:37: "… somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó."
Memoriza los siguientes versículos
"Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil." Mateo 26:41
"Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros." Isaías 53:4-5
Recuerdas lo que dice 1 Tesalonicenses 5:23?: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." Dios nos dice en este texto que nuestro cuerpo también tiene que ser santificado. Revisemos el concepto de "santidad", "santo" o "santificado" en las Escrituras.
El término usado en el Nuevo Testamento para "santo" es el griego hagios, que tiene dos acepciones o significados:
a. Separado, consagrado para Dios.
b. Puro, separado del pecado. El verbo "santificar" no es sino una variante del mismo término hagios, y significa separar algo para Dios, o separarlo de usos pecaminosos. Veamos algunas razones poderosas para buscar la santificación de nuestro cuerpo.
A. TU CUERPO, CREACIÓN DE DIOS PARA LA ETERNIDAD
La primera razón para cuidar nuestro cuerpo y guardarlo en santidad, es porque es creación de Dios y dado a nosotros para administrarlo. No tenemos derecho de hacer de nuestro cuerpo lo que se nos antoje y así dañarlo, porque en última instancia no nos pertenece.
Hay dignidad en la vida humana, dignidad que incluye nuestro cuerpo físico. El ser humano ha perdido de vista esta dignidad desde que renunció a ser creación de Dios, y aceptó la idea de que sólo es materia, y un animal entre muchos.
Esta teoría, todavía ardorosa y tercamente defendida por muchos evolucionistas, presente en casi todos los libros de texto de ciencias, y cosmovisión tácita de casi todo lo que se dice o escribe en los medios de comunicación, está cayendo más y más en el descrédito. A pesar de 120 años transcurridos desde Darwin, los científicos evolucionistas no han podido demostrar su teoría, ni presentar una sola prueba de ella.
¡No! ¡No eres descendiente del mono! ¡Eres creación de Dios! Tu espíritu y tu alma son imagen y semejanza de Dios, y tu cuerpo es habitación digna de esa imagen y semejanza de Dios; tan digna que hasta el Hijo de Dios vino a habitar en uno.
Es verdad que nuestro cuerpo también sufrió las consecuencias del pecado, y por eso sufrimos enfermedades, debilidad y la muerte, pero veamos lo que la Palabra de Dios nos revela:
a. Romanos 8:23. ¿Cuál es el anhelo de nuestro espíritu?
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b. 1 Corintios 15:51-54. ¿Qué pasará con nuestros cuerpos cuando Cristo venga?
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c. Filipenses 3:21. ¿A qué será semejante nuestro cuerpo?
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B. TU CUERPO, TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO
La Palabra de Dios nos enseña algo más sobre nuestro cuerpo. Lee 1 Corintios 6:19-20, y anota las respuestas.
a. ¿Qué es nuestro cuerpo?
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b. ¿Cuáles son las dos razones por las que nuestro cuerpo no es nuestro?
c. ¿Qué debemos hacer en nuestro cuerpo y espíritu?
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Nota que Dios llama a tu cuerpo "templo", y no simple habitación o morada. Templo es un edificio dedicado, consagrado, separado (santificado) para Dios, y no para usos profanos. Tu cuerpo es "santo", porque ha sido separado por Dios ¡para templo suyo y para su gloria! ¡Aleluya! ¡Qué privilegio!, ¿verdad? Pero todo privilegio trae responsabilidad, y la nuestra es cuidar de este cuerpo creado por Dios para templo del Espíritu Santo. Veamos algunas cosas que atentan contra la santidad de nuestro cuerpo:
C. LOS PECADOS CONTRA EL CUERPO
Ya hemos visto que todo pecado nace de la "carne"; es decir, de las inclinaciones pecaminosas de nuestra alma, todavía no totalmente renovada a la imagen de Cristo. Sin embargo, algunos pecados afectan de una manera especial a nuestro cuerpo.
1. La Fornicación
a. 1 Corintios 6:13-18. ¿Qué sucede con el que se une a una ramera?
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b. ¿Contra qué peca el que fornica?
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La palabra "fornicación" es traducción de la palabra griega porneia, que incluye toda inmoralidad sexual y toda relación sexual ilícita. Dios es el creador del sexo en el ser humano, y lo hizo digno y santo. Toda perversión de esa santidad es pecado, tal como la masturbación, el sexo contra natura, las relaciones homosexuales, el estímulo por medio de la pornografía, el erotismo, las fantasías sexuales, etc.
c. Romanos 1: 18-27. ¿Consecuencias de qué cosas son la homosexualidad y el lesbianismo?
2. Los vicios
Entendemos por vicio toda afición o hábito que esclaviza a alguna cosa o práctica.
a. 1 Corintios 6:12. Según este texto, ¿qué no puede permitir un cristiano?
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b. Efesios 5:18. ¿Cuál es la única "borrachera" permitida y deseable para un hijo de Dios?
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c. 1 Tesalonicenses 5:22. Anota algunos males (vicios) modernos de los cuales debemos abstenemos
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d. Romanos 13:13. ¿Por qué crees que es un pecado la glotonería?
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Tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo, y practicar cualquier hábito o vicio que dañe la salud del cuerpo es dañar el templo de Dios. También afecta nuestra dignidad, porque debemos vivir en la libertad de los hijos de Dios (Juan 8:36).
D. EL CUIDADO DEL CUERPO
1. La alimentación
Como hijos de Dios debemos ser cuidadosos; buscar una alimentación sana y equilibrada, y no dejarnos llevar solamente por el gusto de comer, como es lo comente en el mundo. No dañemos el templo con alimentos perjudiciales para la salud.
a. 1 Corintios 10:31. ¿Cómo debemos comer o beber?
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2. El ejercicio y el descanso físicos
a. 1 Timoteo 4:8. ¿Qué dice Pablo sobre el ejercicio físico?
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El ejercicio y los deportes no son pecaminosos. Lo que Pablo dice es sólo que el ejercicio corporal "para poco es provechoso" comparado con el ejercitarse para la piedad (v.7), dando más importancia a esto último; lo cual es correcto. Pero ello no implica que no sea beneficiosa una sana práctica de ejercicios o deportes, especialmente por lo sedentario de la vida moderna (trabajos de oficina, etc.).
b. Génesis 2:2. ¿Qué hizo Dios después de la creación?
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Dios no necesitaba descansar, pero lo hizo como modelo para nosotros, que sí debemos hacerlo. Todo exceso de trabajo daña el cuerpo. Dios, nuestro Hacedor, ha determinado que guardemos el día de reposo para dedicarlo a Él, y como descanso necesario para nuestro cuerpo.
3. El aseo
a. Hebreos 10:22. ¿Cómo debemos acercamos a Dios?
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La santidad va ligada a la santidad del cuerpo. La limpieza espiritual está relacionada con la limpieza del cuerpo. Es una contradicción hablar de un "santo sucio". Son mal testimonio de la fe el desaseo y los malos olores resultantes; pero también es pecado contra el cuerpo, templo del Espíritu Santo.
4. El arreglo físico
a. 1 Timoteo 2:9; 1 Pedro 3:1-4. ¿Cómo deben ataviarse las hijas de Dios?
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b. ¿Qué no deben usar?
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La palabra "atavío" es traducción de la palabra griega kosmos, que significa "ornamento, adorno". Ataviarse, por lo tanto, es adornarse, arreglar se, y es deseo innato en todos, especialmente en la mujer (Lee Jeremías 2:32). La fe no va contra los principios naturales, sino contra sus abusos.
Dios es el creador de la belleza, y adornó la naturaleza con muchas cosas hermosas (Mt 6:28-29). Lo importante es que el "adorno" o arreglo resalte la belleza propia creada por Dios, y especialmente la belleza interior, y que no la desvirtúe por su exceso u ostentación. Debe haber (1 Timoteo 2:9) decoro, pudor y modestia en todo: peinado, maquillaje, vestido, uso de adornos o joyas, etc. La coquetería y la seducción no son compatibles con la santidad de los hijos e hijas de Dios. Sí la atracción de la belleza de un carácter santo.
En cuanto al uso de pantalones por la mujer, debemos entender Deuteronomio 22:5: "No vestirá la mujer ropa de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer", a la luz del uso actual dentro de nuestra cultura. En los tiempos bíblicos los hombres usaban una especie de vestido que hoy sería considerado ropa de mujer y no de hombre. Los usos cambian con el tiempo, y los pantalones han llegado a ser ropa de mujer también.
Por último, para las cristianas viene muy bien el consejo de Pope: "No seas la primera en probar lo novedoso, ni la última en abandonar lo añoso."
Memoriza los siguientes versículos
"Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna." 1 Corintios 6:12
"¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?." 1 Corintios 6:19
1. LA IMPORTANCIA DEL PERDÓN
Habiendo visto la importancia del amor en la lección anterior, vamos a considerar uno de los frutos que ese amor produce: el PERDÓN.
a. Gálatas 5:19-20. ¿Cuáles de las obras de la carne mencionadas aquí tienen que ver con el perdón?
Podemos añadir resentimientos, rencor, amarguras, odios, etc., sentimientos y pasiones demasiado comunes y que hacen tanto daño, como para pasarlos por alto. Dañan las relaciones entre las personas y también la vida espiritual de los creyentes.
Notemos que la Palabra de Dios las califica como obras de la carne, otra forma de decir que son pecados, porque son contrarios al carácter santo, amoroso y benigno de Dios. Pero la gravedad de esta familia de pecados es mayor si consideramos su naturaleza esencial. Veamos
b. 1 Juan 3:15. Alguien que aborrece (o tiene resentimiento, rencor, odio, etc.) ¿qué viene a ser según la Palabra de Dios?
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c. Juan 8:44. ¿Quién indujo el primer homicidio en el mundo y es llamado el "homicida desde el principio"?
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El resentimiento, rencor, odio o ira, son diferentes grados o niveles de sentimientos que, llevados a su expresión máxima o a sus últimas consecuencias, terminan en el homicidio.
Vemos, pues, que cuando tenemos estos sentimientos o pasiones, nos introducimos en territorio de Satanás, y abrimos puertas a su influencia sobre nuestra vida. Por eso dice la Palabra de Dios en Efesios 4:26: "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo".
2. LA NATURALEZA DEL PERDÓN
Dice el diccionario: "Perdón es la remisión de una injuria, deuda, agravio, etc."
En realidad, cualquiera de los sentimientos que estamos considerando, es el deseo insatisfecho o compulsión a cobrar lo que consideramos una deuda para con nosotros por algún daño que nos han causado, o que creemos que nos han causado. Este deseo insatisfecho o compulsión sólo produce amargura y sufrimiento a nuestro espíritu.
Al perdonar "remitimos", es decir, enviamos la cuenta de la deuda a Dios. Renunciamos a cobrar esa deuda y se la remitimos a Dios, el Juez justo que conoce todas las cosas, las circunstancias y las intenciones del corazón mejor que nosotros, y quien es el único que tiene derecho a cobrar:
Romanos 12:19: "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor."
Al hacerlo así, quedamos en paz con la persona que nos ofendió; con nosotros mismos y con Dios. ¡Gloria a Dios!
3. LA LEY DEL PERDÓN
La Palabra de Dios nos muestra una ley muy clara sobre el perdón, pero que lamentablemente olvidamos con mucha frecuencia: la ley de reciprocidad. Analiza los siguientes textos y anota las respuestas
a. Mateo 6:12. ¿En qué se basa nuestro derecho a pedir perdón a Dios?
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b. Mateo 6:14-15. ¿Cómo se muestra la ley de reciprocidad en este pasaje?
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c. Efesios 4:32. ¿De qué manera debemos perdonar?
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Recuerda que pues, que como hijo de Dios, aunque tienes la bendita promesa de 1 Juan 1:9: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo- para perdonar nuestros pecados", también debes considerar que dicho perdón no será eficaz si tú, a tu vez, no perdonas las ofensas de otros contra ti.
4. PERDONANDO SETENTA VECES SIETE
Lee Mateo 18:21-35.
a. ¿Cuántas veces debes perdonar?
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b. Si en el simbolismo bíblico el siete es el número de la perfección o de lo completo, ¿qué crees que significa el mandamiento de perdonar setenta veces siete?
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c. ¿Por quién has sido perdonado tú?
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d. ¿Cuán grande era la deuda que te fue perdonada?
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¿Te das cuenta de que Dios nos tiene que perdonar cada día, porque m cada día le fallamos de alguna manera? Esa es la razón por la cual El nos manda que perdonemos 70 veces 7. Y como el perdón de Dios ha sido #Ti tan grande, porque grande era nuestro pecado, así también debemos así también perdonar sin importar lo grande que haya sido la ofensa contra nosotros.
Lee ahora Hebreos 10:17.
e. ¿Cómo nos perdonó Dios?
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f. Entonces, ¿cómo debe ser nuestro perdón?
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Dios tiene la capacidad para olvidar completamente nuestros pecados, por ser Dios. Pero El nos ha creado de tal manera que no podemos, voluntariamente, olvidar las vivencias o experiencias que hemos tenido. Pero cuando en realidad perdonamos, el recuerdo de las ofensas ya no nos causará dolor o ira. Esta es la naturaleza del olvido para nosotros, y la prueba de que el perdón ha sido verdadero.
5. PERDONANDO OFENSAS DEL PASADO
Es muy raro encontrar personas que no hayan tenido resentimientos o rencores desde su niñez. Puede ser tu caso con tus mismos padres, quienes quizá dieron preferencia a algún otro hijo; o con algún hermano que quizá te superaba en todo y te menospreciaba; con el maestro de escuela que te humilló delante de todos; con el esposo que te abandonó; o quizá tu padre o tu madre te abandonó cuando eras un adolescente; o un hombre te violó cuando niña; o un jefe te despidió injustamente, etc.
El tiempo ha pasado y sigues sintiendo el resentimiento o el rencor. Posiblemente has cortado toda relación con esa o esas personas hasta ahora, o no puedes verlas sin sentir incomodidad, dolor o hasta ira.
Quizá antes nunca pudiste perdonar, pero ahora ya eres un hijo o una hija de Dios. Recuerda lo que dice la Palabra de Dios: "El amor de Dios ha sido derramado en tu corazón por su Espíritu Santo", y "Dios no te ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio".
Dios te ha perdonado todos tus pecados. Ya eres libre de toda condenación, pero también de toda culpa: no permitas que un resentimiento o rencor te ate, e impida que esa libertad fluya en gozo y alabanza a Dios y en amor para con todos.
Renuncia en oración a cobrar toda ofensa. Remítela a Dios. Pide perdón a Dios por el resentimiento que has tenido y, si es posible y necesario, ve donde esa persona; dile que ya la has perdonado y pídele perdón por haber estado resentida con ella. Hazlo sin importarte cuál sea su reacción. Tú cumple con tu deber. Lo que haga la otra persona es su responsabilidad delante de Dios y no tuya. Dice Ro 12:18: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros… estad en paz con todos los hombres".
6. PERDONANDO OFENSAS DEL PRESENTE
¿Qué enseña la Palabra de Dios en cuanto a tu relación con otros, y en especial con tus hermanos en Cristo?
A. Colosenses 3:12: Debemos "vestirnos" de ciertas virtudes
a. De misericordia, para perdonar y hacer bien a todos, aunque no lo merezcan.
b. De benignidad, para tratar amablemente a todos, aunque ellos no lo sean con nosotros.
c. De humildad, para no considerarnos superiores a aquellos que nos fallan, porque también somos pecadores.
d. De mansedumbre, para aceptar las ofensas de los hombres como parte del plan de Dios con nosotros, y por lo tanto sin discutirlo.
e. De paciencia, para soportar las pruebas con serenidad y esperanza, sabiendo que sirven para forjar nuestro carácter a la semejanza de Cristo.
B. Colosenses 3:13: Hay dos cosas que debemos hacer:
a. Soportarnos unos a otros, reconociendo que todos somos pecadores, que todos tenemos defectos, y que todos estamos en el proceso de perfeccionamiento.
b. Perdonarnos unos a otros, de la manera que Cristo nos perdonó y nos sigue perdonando con paciencia cada día nuestros pecados, fallas y negligencia.
C. Colosenses 3:14: Sobre todo:
Debemos "vestirnos" de amor, ese AMOR ÁGAPE que estudiamos en la lección anterior, el amor de Dios que nos permite amar hasta nuestros enemigos. El amor de Dios es el "vínculo perfecto" de la unidad cristiana, que no puede ser roto por nada. "El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas", dice Proverbios 10:12.
7. EL FRUTO DEL PERDÓN! PAZ, GOZO, LIBERTAD… Y MÁS AMOR A DIOS!
¡PAZ, GOZO, LIBERTAD… Y MAS AMOR A DIOS!
Memoriza los siguientes versículos
"Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo." Efesios 4:26
"Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo".
Leemos en la Palabra de Dios: "Dios es Espíritu; y los que le adoran en espíritu y en realidad es necesario que le adoren" (Juan 4:24), y "Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre" (Hebreos 13:15).
En las Escrituras encontramos los conceptos de alabanza y adoración, con sus variaciones, más de 570 veces. ¿Qué es alabar a Dios? ¿Qué es adorar a Dios? ¿Por qué son tan importantes a la luz de la Palabra de Dios? ¿Cómo debemos hacerlo? Esta lección te ayudará a encontrar las respuestas en la Biblia misma. Pide en oración que lo que aprendas redunde en una relación mucho más profunda y gozosa con el Señor.
Cuando nacemos de nuevo por la fe en Jesucristo, surge en nuestro corazón gratitud y gozo por el perdón de nuestros pecados y por la libertad espiritual que sentimos. Además, el Espíritu Santo revela a nuestro espíritu el amor de Dios, su bondad, perfección, hermosura y santidad.
Como resultado de esto surgen dos sentimientos totalmente nuevos en nosotros: el deseo de alabar y el de adorar a Dios.
Sentimos la necesidad de expresar nuestro gozo y alegría por tantas cosas buenas que nos da, y lo hacemos orando o cantando. Sentimos el deseo de hablar o de cantar sobre su grandeza, su amor, su poder y su santidad. ESTO ES LA ALABANZA.
Tenemos necesidad de expresarle nuestro amor, nuestra gratitud y admiración, y sumergimos en su amor y su grandeza; quedar extasiados en la hermosura de su presencia. ESTO ES ADORACIÓN.
Vamos a ver algunas enseñanzas importantes en los Salmos, cuyos temas centrales son precisamente la alabanza y la adoración. Lee los textos
que se te indican y responde a las preguntas que siguen.
1. LA ALABANZA
A. ¿QUÉ ACCIONES SE DESCRIBEN EN LOS SIGUIENTES TEXTOS, QUE. SON ACCIONES DE ALABANZA?
a. Salmo 95:1
b. Salmo 96:2
c. Salmo 96:3
d. Salmo 96:8
B. ¿QUÉ SENTIMIENTOS Y ACTITUDES CARACTERIZAN A LA ALABANZA SEGÚN ESTOS VERSÍCULOS?
a. Salmos 95:1
b. Salmos 100:2
c. Salmos 103:2
C. ¿CON QUÉ DEBEMOS ALABAR A DIOS?
a. Efesios 5:19
b. Salmo 98:4
c. Salmo 149:3
d. Salmo 150:3-6
D. ¿DÓNDE Y CUÁNDO DEBEMOS ALABAR A DIOS?
a. Efesios 5:19
b. Salmo 149:1
c. Salmo 149:5
d. Hebreos 13:15
(Vemos, pues, que la alabanza es la expresión de un alma agradecida, que siente alegría, júbilo, emoción, por la grandeza de un Dios lleno de amor; y por las bendiciones que recibe de El. Y expresa esa emoción sin inhibiciones con palabras, cantando, clamando, con instrumentos musicales, aplaudiendo, danzando, ofrendando, etc.
Es importante recordar que la alabanza es expresión de un sentimiento genuino del corazón. Es más que simplemente cantar, palmear o decir frases aprendidas, imitando a otros. Es exteriorizar una vivencia interior genuina.)
E. LA ALABANZA Y NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO
¿Cómo describe Hebreos 13:15 lo que es la alabanza?
a. Un ………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………
b. Fruto de ………………… que ……………………
La alabanza es también un SACRIFICIO. Es decir, algo que ofrecemos voluntariamente a Dios, no sólo porque sentimos el deseo de hacerlo, sino porque debemos hacerlo. Dios merece nuestra alabanza independientemente de nuestro estado de ánimo. Su grandeza y nuestra deuda de gratitud no son alterados por los cambios en nuestras emociones.
F. BENDICIONES DE LA ALABANZA
a. Salmo 22:3: Dios habita en medio de la alabanza de su pueblo.
b. Apocalipsis 12:11: Tenemos victoria sobre Satanás por medio de la palabra del testimonio (o confesión). Cuando alabamos, confesamos la Palabra de Dios, confesamos el nombre de Jesús (Hebreos 13:15).
c. Salmo 96:23: La alabanza anuncia y proclama las maravillas de Dios, afectando el corazón de los hombres. Es un factor importante para la salvación de almas.
Es más difícil de entender por ser más subjetiva e interior, más propia del espíritu. Todo creyente puede adorar a Dios, pero sólo cuando está lleno del Espíritu puede adorar en espíritu y en verdad. Es una de las bendiciones del bautismo con el Espíritu Santo.
A. ¿QUÉ ACCIONES ACOMPAÑAN A LA ADORACIÓN SEGÚN LOS VERBOS USADOS EN LOS SIGUIENTES TEXTOS?
a. Salmo 95:6
b. Apocalipsis 4:10; 7:1
c. 1 Corintios 14:25
B. ¿QUÉ SENTIMIENTOS Y ACTITUDES ESTÁN RELACIONADOS CON LA ADORACIÓN EN LOS SIGUIENTES VERSÍCULOS?
a. Salmo 95:7: "Porque Él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano."
Amor, intimidad, sentido de pertenencia, de protección.
b. Salmo 96:9: "Adorad a Jehová en la hermosura de su santidad; temed delante de Él toda la tierra.
Admiración, reverencia.
c. Apocalipsis 4:10-11: "Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas."
Sobrecogimiento por la grandeza y el poder de Dios.
d. Lc 7:36-38: Cuando la mujer pecadora ungió los pies de Jesús fue un símbolo de la adoración. Expresa: quebrantamiento ("llorando,…"); humildad ("comenzó a regar con lágrimas sus pies"); amor ("y besaba sus pies"); deseo de agradar ("y los ungía con el perfume"). El romper el frasco de alabastro y el costo del perfume simbolizan de manera hermosa el deseo de dar todo de sí en la adoración.
C. ¿QUÉ ES, EN ESENCIA, LA ADORACIÓN?
a. Es cumplimiento del primer y más grande mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente".
b. Es la relación más profunda entre el creyente y su Dios. Es el amor respondiendo al amor. Es el creyente dándose a sí mismo en amor a su’ Dios. Es la expresión más plena de gratitud, amor, admiración y reverencia; no tanto por las bendiciones que recibe, sino por lo que El es y por la inmensa gracia de su amor.
D. LA EXPRESIÓN DE LA ADORACIÓN.
a. La adoración es esencialmente interior, subjetiva y espiritual, pero se exterioriza de diferentes maneras
Momentos de silencio, quietud, contemplación, solemnidad.
Momentos de reverencia profunda, quebrantamiento y lágrimas.
Adorando con palabras y con el entendimiento, o con lenguas del Espíritu.
Cantando con el entendimiento o con el espíritu.
b. La forma de expresión no determina su intensidad. Lo que hacemos no produce adoración. Es la adoración lo que busca expresarse, así como los abrazos y besos no producen amor, sino que el amor busca expresarse por medio de ellos.
c. Las limitaciones de la adoración. No importa la forma de expresión que usemos, nunca podremos expresar plenamente todo lo que sentimos en la presencia de Dios, ni tampoco podemos adorar todo lo que Dios merece, debido a nuestras limitaciones e imperfecciones humanas. Por eso es necesaria la adoración corporativa como iglesia. Lo que no podemos hacer individualmente como miembros, el cuerpo de Cristo sí lo puede hacer. Por eso es tan importante la participación de cada creyente en los cultos de adoración de la iglesia.
d. Las bendiciones de la adoración. Adorar es entrar en la presencia de Dios; es entrar en contacto con la gloria de Dios. ¿Qué produce esto según los siguientes textos?
Salmo 16:11
2 Corintios 3:18
Memoriza el siguiente versículo
“Bendice alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo. nombre. Bendice, alma mía, a Jehová y no olvides ninguno de sus beneficios." Salmo 103:1,2