Capítulo 14 – El camino excelente – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

En Éxodo 28 leemos una descripción de las vesti­duras que el sumo sacerdote usaría al oficiar en el tabernáculo para adorar a Dios. El sumo sacerdote tenía una prenda llamada efod. Era azul y orlada con una decoración muy particular:
«Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas de oro alrededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla alrededor.» (Éxodo 28:33-34.)
Las campanillas de oro pueden considerarse como un símbolo de los dones del Espíritu Santo. A los dones se los ve y se los oye, y son hermosos. Las cam­panillas tintineaban cuando el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, invisible a los adoradores de afue­ra, aunque sabían que el estaba orando por ellos. De la misma manera, los dones nos enseñan que Jesús, si bien invisible a nuestros ojos terrenales, vive y oficia por nosotros en el lugar santísimo.
Las granadas representan el fruto del Espíritu. Son dulces en sabor y atractivas en color, y llenas de se­millas, lo cual nos recuerda que no solamente son frutas, sino que son fructíferas. Hemos hecho un am­plio estudio sobre los dones del Espíritu Santo, las campanillas de oro, y ahora nos resta recordar que los dones del Espíritu Santo están balanceados por el fruto del Espíritu.
Digamos de nuevo que los dones del Espíritu (1 Corintios 12:7-11) son: sabiduría, ciencia, discernimiento de espíritus, fe, milagros, sanidades, profecía, lenguas e interpretación de lenguas; el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) es: amor, gozo, paz, pa­ciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, tem­planza. Los sacerdotes creyentes de hoy, deberían con­trolar la orla de sus túnicas, es decir, sus vidas, para ver lo que hay allí.
Para que hubiera «una campanilla do oro y una granada, y otra campanilla de oro y otra granada» como dice la Escritura, alrededor de la túnica del sacerdote, tendría que haber un número igual de cada una. Es interesante consignar el hecho de que en la lista precedente, figuran nueve dones y nueve frutos del Espíritu. Para permitir que las campanillas de oro suenen con claridad, armoniosamente, sin entre­chocar unas con las otras, debe mediar un fruto entre cada una de ellas.
Los dones puestos de manifiesto por vidas despro­vistas de frutos, motivados por una auto estimación y sin otro deseo que el de llamar la atención, desper­tarán tanto entusiasmo como el que pudiera desper­tar el golpetear sobre unos tachos. Los dones del Espíritu son «irrevocables», es decir, que Dios no los quita porque sean mal utilizados, y es por ello que pueden manifestarse a través de vidas que no son consagradas y a través de personas que le deben una reparación tanto a Dios como a los hombres; pero de cualquier manera tales personas no producen mas que un ruido ensordecedor para los que tienen discernimiento. A esto se refiere el apóstol cuando habla de «metal que resuena» y «címbalo que retine». Nuestras campanas no deberían ser de bronce o de latón, sino de oro puro. Campanas de oro represen­tan vidas que están a tono con el Señor y con los hermanos, y cuyo deseo central es exaltar a Jesucris­to, mientras manifiestan los dones.
Es significativo el hecho de que esta figura de campanillas y granadas alternadas se proyecta en el Nuevo Testamento, ya que entre los dos grandes capítulos de los dones, -1 Corintios 12 y 14- se en­cuentra engarzado el hermoso capítulo 13, referido al amor, fruto central del Espíritu:
«Si tengo el don de hablar en lenguas, tanto de hombres como de ángeles, sin haberlas aprendido, pero no tengo amor, soy como ruidosa campana de bronce o címbalo que retiñe. Y si he sido utilizado en el don de profecía y entiendo todos los misterios y toda la ciencia; y haya colmado la medida de la fe, hasta para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si todo lo que tengo se lo doy a los pobres y entrego mi cuerpo para ser quemado, pero el amor de Dios no brilla a través mío, nada me aprovecha.
El amor es paciente, es bondadoso; el amor no es envidioso; el amor no esta hinchado de orgullo, no se comporta indecorosamente o con desenfreno; no busca su propio interés, no se irrita con facilidad, no abriga malos pensamientos; no se regocija de la injusticia y de la perversidad, sino que se regocija cuando triunfa la justicia y la verdad; el amor es consistente, el amor esta siempre dispuesto a confiar, espera lo mejor, en todas las cosas, todo lo soporta como un buen soldado.
El amor nunca termina; las profecías pasaran; las lenguas cesarán; y también la ciencia, un día, dejara de ser. Porque nuestra ciencia es fragmentaria y nuestra profecía limitada. Pero cuando venga lo perfecto, será innecesario lo imperfecto.
Cuando fui niño hable como un niño, razone como un niño; pero cuando me hice hombre, abandone mis hábitos infantiles. Ahora miramos en un espejo una imagen borrosa, ¡pero entonces veremos cara a cara! Ahora comprendemos en parte, pero entonces conoceremos plenamente, de la misma manera en que somos conocidos.
De modo pues, que permanecen la fe, la esperanza y el amor, estas tres; pero el mayor de ellos es el amor.»
El amor es el fruto mas importante del Espíritu; sin el los otros ocho podrían no existir.

Se los deno­mina «fruto» en singular, y no «frutos» en plural, porque los otros son como los gajos de una naranja contenidas dentro del fruto del amor.
¿A qué amor se refiere este capítulo, que lo des­cribe como más grande que la fe, que es la llave a la Biblia y sin el cual no podemos recibir nada de Dios? De este amor se dice que es más grande que la ciencia (conocimiento), que es un don del Espíritu, y anhelado por los cristianos. ¡Es mayor que el martirio sufrido por confiar en Jesús! Es más importante que dar a los pobres, si bien el dar a los pobres es una buena obra. Este amor es superior al don de la profecía, don del cual dijo Pablo que todos los cristianos deberían desearlo como al más grande de los dones para la edificación de la iglesia. Es mayor que hablar en lenguas desconocidas. Es superior a la esperanza.
Con toda seguridad que aquí se esta hablando de una clase de amor diferente al amor humano, que es inconsistente y limitado. En nuestro idioma hay un solo vocablo para designar al amor, ¡mientras que el idioma griego tiene siete! El Nuevo Testamento hace mención solamente de dos de esos siete vocablos philia, que significa afecto o apego por otra persona, amistad, que es un tipo limitado de amor; y ágape que significa el perfecto amor de Dios -amor incondicional -tal como esta expresado en el amor de Dios por el hombre, o el amor fraternal cristiano en su más alta expresión, que nace como resultado de que Dios vive en el hombre.
Una tercera acepción para el vocablo amor en el idioma griego, es eros que significa amor físico o sensual. Tenemos, pues, una trilogía para la palabra «amor»: ágape, del espíritu ; philia, del alma; eros del cuerpo.
El fruto del Espíritu del que estamos hablando en este capítulo, es ágape. Dios manifestó su amor por el hombre a través del nacimiento, de la vida y de la muerte de Jesucristo. «Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos», (Juan 15:13), y aún por sus enemigos. (Romano 5:7-10.) El amor de Dios en el hombre viene como resultado de la salvación. El bautismo en el Espíritu Santo provoca aun una mayor efusión del amor de Dios, en tanto que la persona more en Cristo y camine en el Espíritu. «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.» (Romanos 5:5.) El capítulo 13 de 1 Co­rintios, cuando habla del amor, se refiere a ágape, amor autosacrificial, amor sin reservas.
Y el amor no es solamente el fruto central del Espíritu, sino un mandamiento de Jesús
«Amarás al Señor tú Dios con todo tú corazón, y con toda tú alma, y con toda la mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De esos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.» (Mateo 22:37-40.)
Jesús también dijo: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros, como yo os he ama­do…» (Juan 13:34.)
En el Nuevo Testamento también se menciona al amor como una de las cosas que nos «edifican» es­piritualmente. “El conocimiento envanece, pero el amor edifica.»
La primera fase del amor es cuando solamente po­demos amar a los que antes nos amaron primero. «Nosotros le amamos a é1 (Dios) porque él nos amó primero.» (1 Juan 4:19.) Es un comienzo necesario. Pero no va más allá de ser una mezcla de amor. Con el amor puro viene un olvidarse de sí mismo y un mayor deseo de dar que de recibir. Cuando alcanza­mos esta etapa, nos damos cuenta que amamos a Dios no por lo que ha hecho o esta haciendo por nosotros, sino que le amamos por sí mismo.
Solamente después de haber hecho contacto con esa celestial fuente de amor, podemos esperar amar a nuestros semejantes. El primero y gran mandamiento, es decir amar a Dios, tiene que producirse antes del segundo, que es amar al prójimo, porque si no se cuenta con el amor de Dios, es imposible que amemos a nuestros semejantes.
Dios no hubiera exigido esta condición si fuera algo imposible de cumplir. Algunas personas sostienen que el amar a Dios les lleva todo su tiempo y no les queda ningún resto para ocuparse de otros. Jesús les ordenó a sus discípulos que se amaran los unos a los otros de la misma manera que el los había ama­do, como una señal para el mundo de que ellos eran sus seguidores. Cuando amamos a nuestros hermanos, amamos a Cristo, porque la Biblia dice que todos formamos el cuerpo do Cristo, carne de su carne y hueso de sus huesos. (Efesios 5:29-30; 1 Corintios 12:27.) Dios recepta nuestro amor en la medida en que amamos a los hermanos en Cristo, como asimismo en nuestra devoción a él en oración y alabanza. A la par que maduramos en amor, también podremos al­canzar y amar a los incrédulos, y aun amar a nuestros enemigos. (Mateo 5:43-48.)
Sin embargo, en un plano terrenal, el amor es im­posible sin amarnos a nosotros mismos, tal como lo dice la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mis­mo.» Si nos odiamos a nosotros mismos, no podremos amar verdaderamente a Dios, a nuestros hermanos, a los incrédulos, o a nuestros enemigos. Y solamente podremos amarnos a nosotros mismos sabiendo quie­nes somos en Cristo, y sabiendo que el yo esencial es una nueva criatura en la cual mora Dios. Únicamente por causa de Jesús existe en nosotros algo por lo cual valga la pena amarnos a nosotros mismos. Es un pecado no amarnos a nosotros mismos. ¿Cómo po­demos dejar de amar todo lo que Dios ha creado?
Pablo dice al finalizar el capítulo 12: «Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.» (1 Corintios 12:31.) El camino más excelente no es «en lugar de los dones» sino en lugar de «procurar los dones»: amar de tal manera que los dones fluyan hacia afuera con tanto donaire que semejen a las refrescantes aguas de un rió que vivifican todo a su paso. El ágape nunca falla, dice Pablo; pero la profecía, las lenguas, la ciencia, y los otros dones cesarán de ser cuando Jesús, el perfecto, vuelva a buscar a su iglesia. Los dones han sido esta­blecidos principalmente para la edificación y la protección de la iglesia en la tierra, pero cuando la igle­sia este con el Edificador, los dones dejarán de ser necesarios. Pero hoy en día si lo son.
Un joven se enrola en el ejército. Es de esperar que rinda un «fruto» en su vida: valor, resistencia, perseverancia, formalidad, etc. El fruto es de la máxima importancia, y deja una impronta permanente en su carácter. Imaginemos la reacción del joven si fuera enviado al frente de batalla y su superior le dijera:
«Bueno, hijo, cuentas con las cosas más importan­tes; el fruto se ha desarrollado en tu vida, no nece­sitas nada más.» El joven, con toda probabilidad, respondería:
«Señor, todo eso me parece muy bien y muy lindo, pero según rumores, hay un enemigo aquí cerca, y las bajas que traen de vuelta confirman esos rumores. Si no lo toma a mal quisiera que me diera armas (dones) para protegerme; ¡estamos en guerra!» Si le dijeran que han decidido prescindir de las armas, por­que el ejército no las necesita más, ¡sería muy difícil convencerlo!
Efectivamente hay una guerra en marcha; y du­rante todo el tiempo que vivamos en este mundo caído, necesitaremos los dones. Los dones todavía no han pasado; más aun, la Escritura señala que antes que Jesús vuelva a buscar a su iglesia, habrá un avivamiento aun mayor del Espíritu Santo, para combatir el incremento de la obra del enemigo, y como es obvio, los dones estarán incluidos en ese avi­vamiento. (Joel 2:23-24, 28-31; Hageo 2:9.) Y en un día glorioso, cuando la batalla haya concluido con la victoria, los dones dejarán de ser necesarios.
También pasarán la fe y la esperanza, tal cual las conocemos en este mundo. «La esperanza que se ve no es esperanza… pero si esperamos lo que no ve­mos con paciencia lo aguardamos.» (Romanos 8:24­25.) «Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» (Hebreos 11:1.) Viendo la evidencia de nuestra fe, nos introducirá a una forma de relación de fe distinta a la que ahora conocemos. Cuando veamos a nuestro Señor cara a cara, todas estas cosas pasarán, tal como lo asegura la Escritura. Lo único que tendrá permanencia eterna será el amor -ágape- porque «Dios es amor».
Hemos procurado demostrar que debe haber un equilibrio y una acción recíproca entre los dones y el fruto del Espíritu Santo. Los dones -las campa­nillas de oro- deben tintinear para proclamar al mun­do que nuestro sumo sacerdote vive por siempre ja­más, y sigue firme en su obra redentora, sanando al mundo por medio del ministerio de su pueblo. El fruto tiene que verse, para mostrar a la gente como es Jesús, y como los ama. El mundo tiene que ver el amor de Dios actuando en su pueblo.

15 Consagración



Ya hemos hablado de dos experiencias cristianas básicas, siendo la más importante la salvación, y en segundo lugar el Bautismo con el Espíritu Santo. Ambas se dan en forma gratuita a quienquiera que las pida y nada puede hacerse para ganarlas.
También puede darse un paso vital, que podríamos denominar consagración. Los dos primeros pasos los ofrece Dios para nuestra aceptación, mientras que en la consagración, nosotros nos damos a Dios:
«Así que, hermanos, os ruego… que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo (consagra­do), agradable a Dios, que es vuestro culto racional.» (Romanos 12:1.)
Pablo esta hablando a los «hermanos», a creyentes que son salvos y sin duda bautizados en el Espíritu Santo. La consagración es algo que nosotros hacemos, pero únicamente Dios nos da la capacidad para ello. Significa someter nuestra propia voluntad a Dios en la más alta medida posible para que su perfecta vo­luntad pueda manifestarse en nosotros y a través de nosotros. Este paso es una respuesta a la oración que dice:
«Venga tú reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (en vasos de barro(2 Corintios 4:7.)” (Mateo 6:10.)
1 Otros términos usados al mismo fin son: entrega, discipulado o dedicación.
Lo que en realidad quiere decir es que debemos permitir a Jesús que sea EL Rey y Señor de nuestras vidas.
«¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?» pregunto el rey David a su pueblo. (1 Crónicas 29:5.) El pueblo de Israel respondió voluntaria­mente y «de todo corazón»; dieron de sí y dieron sus bienes para la construcción del templo del Señor. A continuación, David elevó una hermosa oración, termi­nando con las conocidas palabras:
«Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tus manos lo damos.» (1 Crónicas 29:14.)
Nosotros y todo lo que tenemos, pertenece a Dios, pero habiéndonos dado libre albedrío, tiene que esperar a que seamos nosotros quienes le retribu­yamos voluntariamente.
De la manera en que somos salvos cuando por vez primera recibimos a Jesús, y sin embargo nuestra salvación continua día a día; de la manera en que recibimos el Espíritu Santo en un determinado mo­mento, de una vez y para siempre, pero debemos permitirle que nos llene día a día; así también tenemos que efectuar el acto inicial de la consagración, que también tendrá que ser renovado día a día, reuniendo las facetas de nuestra vida que parecieran haberse apartado de él, y juntarlos en el sitio donde deben estar. Muchos hay que han nacido de nuevo y han silo bautizados en el Espíritu Santo, que no se dan cuenta de la necesidad de consagrarse. Y, sin embar­go, la consagración es el único camino para una vida plena y victoriosa en Cristo.
La consagración se produce, entonces, cuando op­tamos caminar con Jesús, día a día; significa poner a Jesús en primer lugar en nuestras vidas y caminar con é1. «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mateo ó:33.) Jesús nos ha prometido estar siempre con nosotros, pero el creyente no consagrado pretende que Jesús le acompañe adonde él quiere ir, en tanto que la persona consagrada sigue a Jesús adonde Jesús quiere ir. Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día (someta su propia voluntad cada día) y sígame (Lucas 9:23)
Al llegar a este punto alguien puede plantear lo siguiente: «Todo esto suena muy bonito, pero ¿cómo aprender a hacerlo?» El mejor consejo que podemos dar es que debemos descubrir la diferencia que existe entre alma y espíritu. Ya hemos mencionado la im­portancia de comprender que no estamos reducidos a dos partes, -alma y cuerpo- como los anímales, sino que conformamos tres partes: espíritu, alma y cuerpo.
El espíritu (pneuma) es la parte mas recóndita de nuestro ser, que fue creado para tener comunión con Dios. Estaba muerto «en delitos y pecados» y cobró vida al hacernos cristianos, y Dios vino a morar justa­mente allí. Es en nuestro espíritu donde subyace ese conocimiento o testimonio interior de la voluntad de Dios. En la carta a los Colosenses leemos: «Porque en él (Jesús) habita toda la plenitud de la Deidad (Trinidad), y vosotros (los cristianos) estáis comple­tos en él.» (Colosenses 2:9-10.) En el evangelio de Juan, leemos lo que dijo Jesús: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en é1.» (Juan 14:16.) ¿Qué más podemos pedir cuando el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en nuestro espíritu? Esta es la parte de nuestro ser denominada «nueva criatura» sitio en el cual nuestro espíritu se ha unido al Espíritu Santo y se han hecho uno solo. (1 Corintios 6:17.) Con frecuencia, esta es la parte más descuida­da de nuestro ser, siendo, como es, la mas impor­tante.
El alma (psiquis) es la parte del hombre que lo ha gobernado siempre, desde la caída. Esta compues­ta de tres partes: el intelecto la voluntad y las emo­ciones. El alma del cristiano ha llegado a un punto en que puede ser puesta en orden; todavía es una mezcla de bien y de mal. Resulta maravilloso cuando el alma se somete a Dios; pero cuando no lo está, puede bloquear lo que Dios quiere hacer en nosotros y a través nuestro. Si bien el «viejo hombre» fue crucificado con Cristo, todavía quedan restos del des­orden que dejó allí desde la época en que dominaba nuestra alma; la tarea de limpieza -en lenguaje bíblico- se llama santificación. ¡Esta esfera es un verdadero campo de batalla! Es el campo del «yo» que Jesús quiere que neguemos.
E1 cuerpo (soma) es el ámbito de los cinco sentidos gusto, tacto, olfato, vista y oído. El cuerpo es la casa donde habitan el alma y el espíritu, y el cuerpo del cristiano pasa a ser el templo del Espíritu Santo. (1 Corintios 6:19) Con el bautismo en el Espíritu Santo el cuerpo se llena hasta rebosar con la gloria de Dios. En tanto nuestros cuerpos -que todavía con­servan tendencias a caer- no controlen nuestras vi­das, antes bien son controlados por el Espíritu Santo y por nuestro estado de «nuevas criaturas», expresaran la hermosura y el gozo del Señor. Dios tiene sus planes con respecto a nuestros cuerpos físicos, y los ejecutará en la medida en que seamos obedientes a la inspiración del Espíritu Santo y de su Palabra, referidas a su templo. Dios quiere que «seas pros­perado… y que tengas salud, así como prospera el alma». (3 Juan 1:2.)
Nuestra situación en la vida puede ser comparada a lo que puede ocurrir en un gran trasatlántico. El capitán ha estado gravemente enfermo y durante el prolongado período que duró su enfermedad, no pudo ejercer el comando de la nave. La tripulación, bien entrenada, supo muy bien lo que tenía que hacer y tomó el control. Desgraciadamente, sin conocer ni el destino ni el propósito del viaje, navegan por el Océano sin rumbo fijo. Se suscitan disputas entre ellos, y queda muy poco combustible. Desde el mo­mento en que no conocen el arte de la navegación y por lo tanto como llegar a un puerto, no pueden rea­bastecerse. ¡La situación se ha tornado grave! Mi­lagrosamente, mejora el capitán, pero se da cuenta que le demandara un tiempo ganar nuevamente el control del buque. De vez en cuando la tripulación le presta atención, pero las mayoría de las veces le dicen «Vea, señor, hemos navegado mucho tiempo sin su ayuda, y sabemos hacerlo. Déjenos en paz.»
Nuestro espíritu, unido al Espíritu Santo, es quien debe -presuntuosamente- gobernar nuestra alma, y nuestra alma sometida debe -también presuntuosamente- gobernar nuestro cuerpo. Pero por mucho tiempo, sin embargo, desde el momento en que na­cimos, nuestro espíritu ha estado fuera de acción y nuestra alma y nuestro cuerpo han actuado por su propia cuenta. ¿Qué tiene que hacer el capitán del barco para tomar nuevamente el control? Lo que la tripulación desconoce es que las cosas volverán a la normalidad y todos serán felices, solamente cuan­do el capitán, con sus mapas y su brújula, y su co­nocimiento del mar, logre recuperar el control total de la situación. Además el capitán también sabe coómo manipular la radio para pedir ayuda y dar indi­caciones sobre la posición del barco, solicitando com­bustible y otros elementos necesarios. La paz y la felicidad volverán a reinar en el barco en el memento en que el capitán retome el control.
Para el cristiano, inmediatamente después de su bautismo en el Espíritu Santo, la presencia de Dios resulta tan real, que no le demanda ningún esfuerzo colocar a Dios en el primer lugar. Está primero en nuestra mente temprano a la mañana, es el tema favorito en nuestra conversación durante el día. Y es e último en quien pensamos antes de retirarnos a dor­mir. Su espíritu renovado (el capitán) esta por encima de su alma (la tripulación), y el cuerpo (el barco) fun­ciona de acuerdo a las directivas del capitán. Sucede que en algunas personas esta paz y orden duran más que en otras, pero bien pronto el alma comienza a forcejear para recuperar el control que le corresponde. Para que todo se desarrolle en orden, el cristiano tiene que tener una idea bien clara de la diferencia que hay entre su alma y su espíritu. Y esto lo puede saber aplicándose al estudio de las Escrituras.
«La Palabra de Dios es viva y eficaz, y mas cor­tante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las inten­ciones del corazón.» (Hebreos 4:12.)
¿Por qué la Biblia insiste en la necesidad de esta­blecer una clara división o separación o distinción entre el alma y el espíritu? El alma, como ya lo he­mos dicho, es una mezcla de bien y de mal. La Biblia nunca nos dice que debemos caminar o vivir en el alma, pero sí nos repite una y otra vez «andad en el Espíritu», «vivid en el Espíritu», «orad en el Espíritu», «cantad en el Espíritu» ¡Nuestras almas podrán ser limpiadas, curadas, restauradas y utilizadas para la gloria de Dios, en la medida en que aprendamos a caminar en el Espíritu, sometiendo nuestras almas al Espíritu de Dios! Las palabras del salmista David nos parecen apropiadas a este respecto:
«Junto a aguas de reposo me pastoreará; confor­tará mi alma.» (Salmo 23:2-3.)
De la misma manera que somos tres partes -espíritu, alma y cuerpo- nuestras almas también están formadas por tres partes: intelecto, voluntad y emociones. Nuestro intelecto con forma una de la áreas mas difíciles de nuestra alma, en el intento de someternos a la obra del Espíritu Santo. Pareciera que es el que más hondo ha caído a causa del pecado original, ya que justamente fue el intelecto el que incursionó en las zonas prohibidas por Dios, y por allí entró el pecado en el mundo. Dijo al tentador: «Sabe Dios que el día que comías de él, serán abier­tos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:5.)
Y desde entonces el hombre ha vivido de acuerdo a los razonamientos de su intelecto. Desde el primer grado de la escuela primaria se nos ha enseñado que el intelecto es la parte más importante en nuestras vidas, pero la educación no constituye la respuesta completa para cambiar el mundo. (La madre de Den­nis solía decir: «¡Si educamos a un diablo, lo más que podremos obtener es un diablo capaz!»). Satanás es un embaucador más hábil que el más hábil de los abogados criminalistas; no nos cabe la menor duda de que podrá engañar nuestro intelecto, si nuestro in­telecto es lo único con que contamos. Nuestra mente ha logrado acumular informaciones buenas y malas, verdaderas y falsas, y aun después de la conversión y del bautismo con el Espíritu Santo, toma tiempo efectivizar un cambio. Sin embargo, el intelecto es algo maravilloso siempre que este sometido a Dios y haya sido renovado por el Espíritu Santo.
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos”. Las palabras “transformado” y “transfigurado” provienen del mismo vocablo griego metamorfo, (de donde viene la palabra metamorfosis). “…por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y per­fecta» (Romanos 12:2.).
También dicen las Sagradas Escrituras: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo tam­bién en Cristo Jesús.» (Filipenses 2:5.)
No aceptemos, como nuestra, cualquier idea que surja en nuestra mente. Debemos investigar su ori­gen preguntándonos a nosotros mismos: ¿Vino de Dios? ¿Vino de mi nueva vida en Cristo? ¿Vino del enemigo? Es preciso que de inmediato eliminemos de nuestra vida los dardos de fuego y la dañina imaginación del enemigo. La tentación no constituye un pecado en sí, pero lo es cuando .nos solazamos con la tentación, que en última instancia nos hará caer en la mala acción. La Biblia dice «Refutando argumentos, y toda altivez que se le­vanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cau­tivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.» (2 Corintios 10:5.)
El «conocimiento de Dios” es que el creyente es una nueva criatura, de ahí que sus pensamientos serán sanos y buenos. Todo otro pensamiento que viene del enemigo o de la villa del alma y debe ser resis­tido. El creyente debe oponerse permanentemente a esos pensamientos desviados (se hará mas fácil el esfuerzo con el correr del tiempo) o, de lo contrario, volverá a su vieja manera de ser. Watchman Nee2 el gran líder chino, dice que hay muchos hijos de Dios que tienen corazones nuevos pero cabezas viejas.
La expresión «refutando argumentos» en el pasaje precedente, significa que es necesaria nuestra cooperación y aquí es donde entra en acción nuestra vo­luntad. La voluntad es el núcleo del alma, el lugar donde se hacen las elecciones y se toman las decisio­nes. Es el yo esencial, y ha sido usada para ejercitar la propia voluntad y no la voluntad de Dios. Dios le entregó al hombre una libre voluntad para que libre­mente pudiera decidir amarle, pero el mal uso que de la libre voluntad hizo el hombre, causó la muerte de Jesús. El libre albedrío fue adquirido por la muer­te de Jesús. Dios nunca nos quita el libre albedrío, pero todos los días debemos demostrarle nuestro amor a él, devolviéndole espontáneamente nuestra volun­tad. Esto, en otros términos, es la consagración
Dios no tiene ningún interés en que nosotros le obedezcamos como autómatas, porque en ese caso no tendríamos poder de decisión. Todos aquellos que aceptan que Dios se ha revelado en las Escrituras, y especialmente en Jesucristo, saben perfectamente bien que Dios quiere criaturas que vo­luntariamente desean que el haya dispuesto para ellos. No pierden sus voluntades; conscientemente, activa­mente, gozosamente, acomodan sus voluntades a la de él, porque sienten y conocen su amor, y porque están respondiendo a su amor. Dios nos dio libre albedrío, es decir, la potestad para elegir, para que pudiéramos amarle libremente y obedecerle también libremente. Dios quiere hijos, no robots. El Padre anhela la obediencia de sus hijos, porque los ama y quiere lo mejor para ellos. Los hijos, a su vez, desean obedecer al Padre, porque le aman.
Jesús, cuya voluntad era sin pecado y, por lo tanto, distinta de la nuestra, sirvió de ejemplo cuando nos dijo: «No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.» (Juan 5:30.)
Pudiera darse el caso de tener miedo de someter nuestra voluntad a la de Dios, porque el enemigo nos ha asustado diciéndonos cosas como: «Con toda se­guridad que Dios lo obligará a dejar la familia y lo enviará a un país lejano», o «Dios te obligará a pararte en una esquina de tu pueblo a predicar a los transeúntes.» ¡No le prestemos atención!
Debemos dejar sentado con toda claridad en nues­tra mente, de una vez por todas, que Dios nos ama, y quiere lo mejor para nosotros; solamente andando de acuerdo a sus planes podremos rendir una vida fructífera, ahora y por la eternidad. ¡No debemos permi­tir que nada impida que Dios nos dé lo mejor!
También es la voluntad la que controla esa tercera parte de nuestras almas: nuestras emociones. Las emociones son los «sentimientos» del alma. Algunos cristianos tienen emociones que se parecen mucho a ese conocido juego de los niños llamado Yo-Yo. Hoy sienten que son salvos; mañana dudan y sienten que no son salvos. Hoy sienten que Dios los está guian­do; mañana no están seguros ni siquiera de si Dios sabe que ellos existen.
Como es obvio, nuestras emociones no son de fiar, y si procuramos guiar nuestras vidas según sus dic­tados, terminaremos en una total confusión. Hemos hecho mal uso de nuestras emociones en el pasado: arranques de mal humor, cediendo a la autoconmise­ración, etc. Nuestras vidas no pueden ser dirigidas por nuestros sentimientos; también ellas son una mez­cla del bien y del mal. Debemos manejarnos por el conocimiento interior que nace en nuestros espíritus y en concordancia con la Palabra de Dios. «Los sen­timientos no son hechos.» Por supuesto que esto no quiere decir, de ninguna manera, que la vida cristia­na deba estar desprovista de emociones, sino que Dios, en esta esfera de nuestra vida, también tiene una tarea que realizar con respecto a la sanidad y a la renovación de nuestro ser.
Si todavía no es una realidad en nuestras vidas, debemos dar ese paso de la consagración, que resulta fácil cuando aprendemos a discernir entre lo que es alma y lo que es espíritu. Es algo que exige nues­tro consentimiento y, cuando lo hacemos, se profun­diza, y todas las demás cosas ocupan su lugar en nuestras almas. No es pura casualidad que el capítulo cuarto de Hebreos hable de entrar en el reposo de Dios, justamente antes de explicar la necesidad de establecer una clara distinción entre el alma y el espíritu. El reposo es la consecuencia de vivir en el espíritu y no en el alma, pero muchos cristianos todavía tienen que aprender a reconocer esa diferen­cia. La salvación significa un descanso para el espíritu del hombre. «Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan a la presencia del Señor tiempos de refrigerio.» (He­chos 3:19.) Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» (Mateo 11:28.) El bautismo en el Espíritu Santo sig­nifica un rebosamiento de ese descanso que brinda reposo al alma. Isaías lo expresa de la siguiente ma­nera: «Porque en lenguas de tartamudos, y en extraña lengua hablara a este pueblo, a los cuales el dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el re­frigerio…» (Isaías 28:11-12.) El intelecto entra en reposo cuando se somete a Dios, y el hablar en lenguas constituye uno de los medios más importantes para dejar que el Espíritu Santo renueve y refresque nues­tras mentes y almas. En la medida en que aprenda­mos a negar a nuestras almas el derecho de gober­narnos y caminemos en ese reposo con nuestras almas y espíritus sometidos al Señor, podrá Dios eliminar la «madera, el heno y la hojarasca» y establecer todo aquello que tenga valor permanente en nuestras vidas. (1 Corintios 3:12-13.) Jesús dijo: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarles descanso para vues­tras almas.» (Mateo 11:29.)
«Llevad mi yugo sobre vosotros.» Cuando uno de los bueyes (nosotros) es guiado por el otro (Jesús) estando ambos bajo el mismo yugo – los dos están sujetos a servidumbre y deben transportar la carga – el buey guía dirige al otro y soporta el mayor peso del trabajo. Cuando empezamos a acusar el peso de la carga, podemos estar seguros que estamos quitándole al Señor la dirección, y debemos retomar el lugar que nos corresponde, es decir, exactamente a la par de él. El peso de la carga puede compararse a un termómetro espiritual para advertirnos que el alma y no el espíritu esta tomando la iniciativa. La pesadez nos está di­ciendo que nuestras almas no están reposando en Cristo.
Cuidémonos de no volver atrás, a la época en que actuábamos de acuerdo a los dictados de nuestro per­vertido intelecto, de nuestras emociones y de nuestra propia voluntad, y en cambio mantengamos vivo el torrente que empezó en nuestro particular Pentecostés; la mente de Cristo que se manifiesta en nosotros, sus emociones fluyendo a través nuestro, y su vo­luntad cumplida en nosotros.
Esta oración podemos elevarla a nuestro Dios tal cual la transcribimos, o utilizando nuestras propias palabras:

Amado Padre celestial:
Te agradezco por los maravillosos dones de la salvación y el bautismo en el Espíritu Santo. ¡Las pala­bras son inadecuadas para expresar mi gratitud! Re­conozco que estos dones son gratuitos y que me los has dado, no por méritos propios, sino simplemente porque me amas. Ahora quiero darte lo único que tengo para dar… yo mismo. Bien sé que tu voluntad con respecto a mi vida es maravillosa, y te pido que tu perfecta voluntad se cumpla en mí y a través de mi persona, desde hoy en adelante. Ayúdame para que mi voluntad se someta a la tuya y ambas sean una sola voluntad. Pido a tu Hijo, Jesucristo, que venga y ocupe el trono de mi vida para que el reine como Señor.
Sé perfectamente que esto no lo puedo hacer ba­sado en mis propias fuerzas, pero confío en tu poten­cia y en tu diaria dirección para ayudarme. Gracias, Padre, por escuchar mi oración. ¡Alabado sea tu nombre!
Te lo pido en el nombre del Señor Jesús. Amén.


4 Cosas muy importantes:


1. La Salvación: Juan 10:9; Hechos 16:30-31; Romanos 10:9,13; Mateo 9:22; Lucas 7:50; Juan 3:16-17; Lucas 17: 19; 2 Timoteo 1:9; Tito 3:5.
2. Bautismo en el Espíritu Santo: Hechos 1:5, 8; 2:4; Efesios 5:18; Hechos 19:6; 8:17; 9:17; Hechos 10:45-46; 11:16.
3. Consagración, entrega total a Cristo, decidir hacer siempre su voluntad:
Juan 5:30; 8:29; Mateo 26:39; Marcos 14:36; Lucas 22:42; Romanos 12:2; Hechos 13:36; Juan 7:17; 9:31; Hebreos 10:7; 10:36; 13:21; 1 Pedro 4:2; 1 Juan 2:17. Efesios 5:17; Juan 20:21.
4. Saber el propósito de Dios para su vida, su llamado personal y enfocarse en él sin
desviarse nunca. “Dando fruto con perseverancia”.


Buenas obras. Ya sabemos que las buenas obras no nos dan el rótulo de buenos cristianos, pero la Biblia nos dice repetidamente que Dios nos premiara de acuerdo a lo que hayamos hecho. Amar al prójimo como a nosotros mismos significa alimentarlo cuan­do esta hambriento, vestirlo cuando le falte ropa, visitarlo cuando esta enfermo o en la prisión. Y, tal cual lo explicó Jesús, nues­tro prójimo no se reduce a nuestro vecino, sino a cualquier persona necesitada que recurra a nosotros. El apóstol Santiago afirma que es una burla decirle a alguien que tiene hambre y frío: ¡Dios te bendiga! ¡Caliéntate! ¡Aliménta­te!», si no hacemos algo para ayudarlos.
La acción social de cristiano, de lo cual tanto se habla hoy en día, se reduce, en pocas palabras, a la acción del cristiano en el mundo dondequiera se en­cuentre. No se supone que la iglesia, como organi­zación, se transforme en un factor de poder político, pero los cristianos deben interesarse en la política, y traer sus convicciones con ellos. La iglesia, como organización, no debe intervenir directamente en las diferencias entre capital y trabajo, pero los cristianos que sean dirigentes en el campo del capital y del trabajo, deben participar con sus convicciones cuando se plantean las confrontaciones de los dos campos. El comerciante que está en Cristo, tratará a sus empleados como los trataría Cristo, y los em­pleados cristianos rendirán su jornada de trabajo como lo haría Jesús. La base de una verdadera «ac­ción social» es actuar según la premisa establecida en 1 Juan 4:17: «… como él es, así somos nosotros en este mundo.»
En compañía de toda la familia debemos participar colaborando con la obra de Dios sobre bases más amplias aun, ayudando al sostén del campo misione­ro, ayudando en los proyectos de la iglesia local, etc. Por supuesto, debemos contar con el Señor, quien nos dirigirá en todas estas cosas, pero que el «esperar en el Señor» no se convierta en una excusa para no hacer nada. El hacerla constituye una parte vital de nuestra vida y testimonios cristianos.
Cooperando con Dios. La palabra cooperar signifi­ca simplemente «trabajar juntos», y la Escritura nos dice que Dios quiere que seamos colaboradores con él. (1 Corintios 3:9: 2 Corintios 6:1.) Todo esto quiere decir que si bien Dios nos ha creado como seres libres, él está pendiente de nuestra colabora­ción para introducir su amor al mundo.
El Señor Jesús no escribió ningún libro, pero el más importante de todos los libros del mundo es­cribe sobre él; nunca viajó más allá de unos pocos kilómetros de su lugar de nacimiento, y sin embargo trazó un plan para alcanzar los lugares mas remotos del mundo. Después de limpiarlos de sus pecados, lle­nó a sus seguidores con el amor, el gozo y el poder de Dios, y los envió para derramar ese gozo, ese amor y ese poder sobre otros y decirles que ellos también podían ser perdonados y llenados de la gloria y del poder de Dios. En esto consisten las buenas nuevas, el Evangelio, y las personas que lo escuchan y lo aceptan forman parte del pueblo de Dios, la Iglesia.
Es un método notablemente eficaz, pues si una persona recibe hoy a Cristo, y al mismo tiempo recibe un mayor poder para testificar recibiendo el bautismo en el Espíritu Santo, y mañana ayuda a otros dos a recibirlo, asegurándose de que estos también sean bautizados en e1 Espíritu Santo, y a su vez esas dos personas alcanzan a cuatro en el día subsiguiente, y esos cuatro ganen a ocho, y se continúa en esa pro­gresión geométrica, en un mes, es decir en treinta y un días se habrán alcanzado y ganado para el reino de Dios, !mil millones de personas! 1


1Esta multiplicación extraordinaria se daría en el caso de que cada cristiano ganara solamente dos personas para Dios durante toda su vida. Como es de imaginar, un cristiano que cuenta con el poder de Dios debería orar pidiendo 1a oportunidad de testifi­car por Cristo todos les días, para que durante su existencia centenares de personas fueran ganadas para Cristo
Este es el principio sobre el cual se basó Jesús para alcanzar al mundo: cada persona contándole a los demás, y ellos, a su vez, a otros, hasta que sean millones los que estén llenos de la gloria de Dios en toda la redondez de la tierra. Este plan de acción ha sido iniciado una y otra vez, y luego ha fracasado, debido a la infidelidad y a lo olvidadizo del ser huma­no, y a la confusión y a las desviaciones provocadas por el enemigo. Pero mayormente el fracaso se ha debido a que el mensaje fue transmitido solo par­cialmente: perdón sin poder. Hoy en día. sin embar­go, nuevamente es proclamado el «Evangelio comple­to», no solamente el hecho esencial de que Dios perdona y ama a su pueblo, sino que al hacerlo les da poder para ganar a otros. El plan de Dios es que millones de hombres y mujeres, y también de niños, en todo el mundo, sean portadores de su mensaje de amor, perdón, sanidad y poder para toda la humani­dad. Estamos viviendo la era del reavivamiento de la iglesia, ¡y es algo tan emocionante! En todo el mundo la gente está descubriendo qué maravilloso es hablar a los demás sobre Jesús y el poder del Espíritu Santo, ¡y sabemos que el plan de Dios no fracasará! Bien pudiera ser este el último avivamiento antes de la venida del Señor. Esperamos y oramos para que este libro ayude a muchos a cooperar con Dios y que, como hijos y colaboradores seamos llenados, hasta rebosar, con su gran gozo.

Capítulo 15 – Consagración – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett


Ya hemos hablado de dos experiencias cristianas básicas, siendo la más importante la salvación, y en segundo lugar el bautismo con el Espíritu Santo. Ambas se dan en forma gratuita a quienquiera que las pida y nada puede hacerse para ganarlas.
También puede darse un paso vital, que podríamos denominar consagración.’ Los dos primeros pasos los ofrece Dios para nuestra aceptación, mientras que en la consagración, nosotros nos damos a Dios:
«Así que, hermanos, os ruego… que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo (consagra­do), agradable a Dios, que es vuestro culto racional.» (Romanos 12:1.)
Pablo esta hablando a los «hermanos», a creyentes que son salvos y sin duda bautizados en el Espíritu Santo. La consagración es algo que nosotros hacemos, pero únicamente Dios nos da la capacidad para ello. Significa someter nuestra propia voluntad a Dios en la más alta medida posible para que su perfecta vo­luntad pueda manifestarse en nosotros y a través de nosotros. Este paso es una respuesta a la oración que dice:
«Venga tú reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (en vasos de barro (2 Corintios 4:7.)” (Mateo 6:10.)
1 Otros términos usados al mismo fin son: entrega, discipulado o dedicación.
Lo que en realidad quiere decir es que debemos permitir a Jesús que sea EL Rey y Señor de nuestras vidas.
«¿Y quien quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?» pregunto el rey David a su pueblo. (1 Crónicas 29:5.) El pueblo de Israel respondió voluntaria­mente y «de todo corazón»; dieron de si y dieron sus bienes para la construcción del templo del Señor. A continuación David elevo una hermosa oración, termi­nando con las conocidas palabras:
«Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tus manos lo damos.» (1 Crónicas 29:14.)
Nosotros y todo lo que tenemos pertenecemos a Dios, pero habiéndonos dado libre albedrío, tiene que esperar a que seamos nosotros quienes le retribu­yamos voluntariamente.
De la manera en que somos salvos cuando por vez primera recibimos a Jesús, y sin embargo nuestra salvación continua día a día; de la manera en que recibimos el Espíritu Santo en un determinado mo­mento, de una vez y para siempre, pero debemos permitirle que nos llene día a día; así también tenemos que efectuar el acto inicial de la consagración, que también tendrá que ser renovado día a día, reuniendo las facetas de nuestra vida que parecieran haberse apartado de el, y juntarlos en el sitio donde deben estar. Muchos hay que han nacido de nuevo y han silo bautizados en el Espíritu Santo, que no se dan cuenta de la necesidad de consagrarse. Y, sin embar­go, la consagración es el único camino para una vida plena y victoriosa en Cristo.
La consagración se produce, entonces, cuando op­tamos caminar con Jesús, día a día; significa poner a Jesús en primer lugar en nuestras vidas y caminar con e1. «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mateo 6:33.) Jesús nos ha prometido estar siempre con nosotros, pero el creyente no consagrado pretende que Jesús le acompañe adonde el quiere ir, en tanto que la persona consagrada sigue a Jesús adonde Jesús quiere ir. Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día (someta su propia voluntad cada día) y sígame (Lucas 9:23)
Al llegar a este punto alguien puede plantear lo siguiente: «Todo esto suena muy bonito, pero ¿como aprender a hacerlo?» El mejor consejo que podemos dar es que debemos descubrir la diferencia que existe entre alma y espíritu. Ya hemos mencionado la im­portancia de comprender que no estamos reducidos a dos partes, -alma y cuerpo- como los anímales, sino que conformamos tres partes: espíritu, alma y cuerpo.
El espíritu (pneuma) es la parte mas recóndita de nuestro ser, que fue creado para tener comunión con Dios. Estaba muerto «en delitos y pecados» y cobro vida al hacernos cristianos, y Dios vino a morar justa­mente allí. Es en nuestro espíritu donde subyace ese conocimiento o testimonio interior de la voluntad de Dios. En la carta a los Colosenses leemos: «Porque en el Jesús} habita toda la plenitud de la Deidad Trinidad], y vosotros los cristianos] estáis comple­tos en el.» (Colosenses 2:9-10.) En el evangelio de Juan, leemos lo que dijo Jesús: «El que me ama, mi palabra guardara; y mi Padre lo amara, y vendremos a el, y haremos morada en e1.» (Juan 14:16.) ¿Que mas podemos pedir cuando el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en nuestro espíritu? Esta es la parte de nuestro ser denominada «nueva criatura» sitio en el cual nuestro espíritu se ha unido al Espíritu Santo y se han hecho uno solo. (1 Corintios 6:17.) Con frecuencia esta es la parte mas descuida­da de nuestro ser, siendo, como es, la mas impor­tante.
El alma (psiquis) es la parte del hombre que lo ha gobernado siempre, desde la caída. Esta compues­ta de tres partes: el intelecto la voluntad y las emo­ciones. El alma del cristiano ha llegado a un punto en que puede ser puesta en orden; todavía es una mezcla de bien y de mal. Resulta maravilloso cuando el alma se somete a Dios; pero cuando no lo esta, puede bloquear lo que Dios quiere hacer en nosotros y a través nuestro. Si bien el «viejo hombre» fue crucificado con Cristo, todavía quedan restos del des­orden que dejo allí desde la época en que dominaba nuestra alma; la tarea de limpieza -en lenguaje bíblico- se llama santificación; Esta esfera es un verdadero campo de batalla! Es el campo del «yo» que Jesús quiere que neguemos.
E1 cuerpo (soma) es el Ámbito de los cinco sentidos gusto, tacto, olfato, vista y oído. El cuerpo es la casa donde habitan el alma y el espíritu, y el cuerpo del cristiano pasa a ser el templo del espíritu Santo. (1 Corintios 6:19) Con el bautismo en el espíritu Santo el cuerpo se llena, hasta rebosar, con la gloria de Dios. En tanto nuestros cuerpos -que todavía con­servan tendencias a caer- no controlen nuestras vi­das, antes bien son controlados por el Espíritu Santo y por nuestro estado de «nuevas criaturas», expresaran la hermosura y el gozo del Señor. Dios tiene sus planes con respecto a nuestros cuerpos físicos, y los ejecutara en la medida en que seamos obedientes a la inspiración del Espíritu Santo y de su Palabra, referidas a su templo. Dios quiere que «seas pros­perado… y que tengas salud, así como prospera el alma». (3 Juan 1:2.)
Nuestra situación en la vida puede ser comparada a lo que puede ocurrir en un gran trasatlántico. El capitán ha estado gravemente enfermo y durante el prolongado periodo que duro su enfermedad, no pudo ejercer el comando de la nave. La tripulación, bien entrenada, supo muy bien lo que tenía que hacer y tomo el control. Desgraciadamente, sin conocer ni el destino ni el propósito del viaje, navegan por el Océano sin rumbo fijo. Se suscitan disputas entre ellos, y queda muy poco combustible. Desde el mo­mento en que no conocen el arte de la navegación y por lo tanto como llegar a un puerto, no pueden rea­bastecerse. La situación se ha tornado grave, ¡mi­lagrosamente mejora el capitán!, pero se da cuenta que le demandara un tiempo ganar nuevamente el control del buque. De vez en cuando la tripulación le presta atención, pero las mas de las veces le dicen «Vea, señor, hemos navegado mucho tiempo sin su ayuda, y sabemos hacerlo. “Déjenos en paz’.»
Nuestro espíritu, unido al Espíritu Santo, es quien debe -presuntamente- gobernar nuestra alma, y nuestra alma sometida debe -también presuntamente- gobernar nuestro cuerpo. Pero por mucho tiempo, sin embargo, desde el momento en que na­cimos, nuestro espíritu ha estado fuera de acción y nuestra alma y nuestro cuerpo han actuado por su propia cuenta. ¿Que tiene que hacer el capitán del barco para tomar nuevamente el control? Lo que la tripulación desconoce es que las cosas volverán a la normalidad y todos serán felices, solamente cuan­do el capitán, con sus mapas y su brújula, y su co­nocimiento del mar, logre recuperar el control total de la situación. Además el capitán también sabe co­mo manipular la radio para pedir ayuda y dar indi­caciones sobre la posición del barco, solicitando com­bustible y otros elementos necesarios. La paz y la felicidad volverán a reinar en el barco en el memento en que el capitán retome el control.
Para el cristiano, inmediatamente después de su bautismo en el Espíritu Santo, la presencia de Dios resulta tan real, que no le demanda ningún esfuerzo colocar a Dios en el primer lugar. Está primero en nuestra mente temprano a la mañana, es el tema favorito en nuestra conversación durante el día. Y el último en quien pensamos antes de retirarnos a dor­mir. Su espíritu renovado (el capitán) esta por encima de su alma (la tripulación), y el cuerpo (el barco) fun­ciona de acuerdo a las directivas del capitán. Sucede que en algunas personas esta paz y orden duran mas que en otras, pero bien pronto el alma comienza a forcejear para recuperar el control que le corresponde. Para que todo se desarrolle en orden, el cristiano tiene que tener una idea bien clara de la diferencia que hay entre su alma y su espíritu. Y esto lo puede saber aplicándose al estudio de las Escrituras.
«La Palabra de Dios es viva y eficaz, y mas cor­tante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las inten­ciones del corazón.» (Hebreos 4:12.)
¿Por que la Biblia insiste en la necesidad de esta­blecer una clara división o separación o distinción entre el alma y el espíritu? El alma, como ya lo he­mos dicho, es una mezcla de bien y de mal. La Biblia nunca nos dice que debemos caminar o vivir en el alma, pero si nos repite una y otra vez  ¡»andad en el Espíritu», «vivid en el Espíritu», «orad en el Espíritu», «cantad en el Espíritu» ¡Nuestras almas podrán ser limpiadas, curadas, restauradas y utilizadas para la gloria de Dios, en la medida en que aprendamos a caminar en el Espíritu, sometiendo nuestras almas al Espíritu de Dios. Las palabras del salmista David nos parecen apropiadas a este respecto:
«Junto a aguas de reposo me pastoreara; confor­tara mi alma.» (Salmo 23:2-3.)
De la misma manera que somos tres partes -espíritu, alma y cuerpo- nuestras almas también están formadas por tres partes: intelecto, voluntad y emociones. Nuestro intelecto con forma una de la áreas mas difíciles de nuestra alma, en el intento de someternos a la obra del Espíritu Santo. Pareciera que es el que mas hondo ha caído a causa del pecado original, ya que justamente fue el intelecto el que incursiono en las zonas prohibidas por Dios, y por allí entro el pecado en el mundo. Dijo al tentador:
«Sabe Dios que el día que comías de el, serán abier­tos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:5.)
Y desde entonces el hombre ha vivido de acuerdo a los razonamientos de su intelecto. Desde el primer grado de la escuela primaria se nos ha enseñado que el intelecto es la parte más importante en nuestras vidas, pero la educación no constituye la respuesta completa para cambiar el mundo. (La madre de Den­nis solía decir: «! Si educamos a un diablo, lo mas que podremos obtener es un diablo capaz!») Satanás es un embaucador más hábil que el más hábil de los abogados criminalistas; no nos cabe la menor duda de que podrá engañar nuestro intelecto, si nuestro in­telecto es lo único con que contamos. Nuestra mente ha logrado acumular informaciones buenas y malas, verdaderas y falsas, y aun después de la conversión y del bautismo con el Espíritu Santo, toma tiempo efectivizar un cambio. Sin embargo, el intelecto es algo maravilloso siempre que este sometido a Dios y haya sido renovado por el Espíritu Santo.
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos mas palabras transformado y transfigurado provienen del mismo vocablo griego metamorfo, de donde viene la palabra metamorfosis] por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y per­fecta.» (Romanos 12:2.) También dicen las Sagradas Escrituras
«Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo tam­bién en Cristo Jesús.» (Filipenses 2:5.)
No aceptemos, como nuestra, cualquier idea que surja en nuestra mente. Debemos investigar su ori­gen preguntándonos a nosotros mismos: ¿Vino de Dios? .Vino de mi nueva vida en Cristo? Vino del enemigo? Es preciso que de inmediato eliminemos de nuestra vida los dardos de fuego y la dañina imaginación del enemigo. La tentación no constituye un pecado en si, pero lo es cuando .nos solazamos con la tentación, que en última instancia nos hará caer en la mala acción. La Biblia dice «Refutando argumentos, y toda altivez que se le­vanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cau­tivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.» (2 Corintios 10:5.)
El «conocimiento de Dios» es que el creyente es una nueva criatura, de ahí que sus pensamientos serán sanos y Buenos. Todo otro pensamiento viene del enemigo o de la villa del alma y debe ser resis­tido. El creyente debe oponerse permanentemente a esos pensamientos desviados (se hará mas fácil el esfuerzo con el correr del tiempo) o, de lo contrario, volverá a su vieja manera de ser. Watchman Nee, 2 el gran líder chino dice que hay muchos hijos de Dios que tienen corazones nuevos pero cabezas viejas.
La expresión «refutando argumentos» en el pasaje precedente, significa que es necesaria nuestra cooperación y aquí es donde entra en acción nuestra vo­luntad. La voluntad es el núcleo del alma, el lugar donde se hacen las elecciones y se toman las decisio­nes. Es el yo esencial, y ha sido usada para ejercitar la propia voluntad y no la voluntad de Dios. Dios le entrego al hombre una libre voluntad para que libre­mente pudiera decidir amarle, pero el mal uso que de la libre voluntad hizo el hombre, causo la muerte de Jesús. El libre albedrío fue adquirido por la muer­te de Jesús. Dios nunca nos quita el libre albedrío, pero todos los días debemos demostrarle nuestro amor a el, devolviéndole, espontáneamente, nuestra volun­tad. Esto, en otros términos, es la consagración
Dios no tiene ningún interés en que nosotros le obedezcamos como autómatas, porque en ese caso no tendríamos poder de decisión. Todos aquellos que aceptan que Dios se ha revelado en las Escrituras, y especialmente en Jesucristo, saben perfectamente bien que Dios quiere criaturas que vo­luntariamente desean que el haya dispuesto para ellos. No pierden sus voluntades; conscientemente, activa­mente, gozosamente, acomodan sus voluntades a la de el, porque sienten y conocen su amor, y porque están respondiendo a su amor. Dios nos dio libre albedrío, es decir, la potestad para elegir, para que pudiéramos amarle libremente y obedecerle también libremente. Dios quiere hijos, no robots. El Padre anhela laobediencia de sus hijos, porque los ama y quiere lo mejor para ellos. Los hijos, a su vez, desean obedecer al Padre, porque le aman.
Jesús, cuya voluntad era sin pecado y, por lo tanto, distinta de la nuestra, sirvió de ejemplo cuando nos dijo: «No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.» (Juan 5:30.)
Pudiera darse el caso de tener miedo de someter nuestra voluntad a la de Dios, porque el enemigo nos ha asustado diciéndonos cosas como: «Con toda se­guridad que Dios lo obligara a dejar la familia y lo enviara a un país lejano», o «Dios te obligara a pararte en una, esquina de tu pueblo a predicar a los transeúntes.» ¡No, le prestemos atención!
Debemos dejar sentado con toda claridad en nues­tra mente, de una vez por todas, que Dios nos ama, y quiere lo mejor para nosotros; solamente andando de acuerdo a sus planes podremos rendir una vida fructífera, ahora y por la eternidad. ¡No debemos permi­tir que nada impida que Dios nos de lo mejor!
También es la voluntad la que controla esa tercera parte de nuestras almas: nuestras emociones. Las emociones son los «sentimientos» del alma. Algunos cristianos tienen emociones que se parecen mucho a ese conocido juego de los niños llamado Yo-Yo. Hoy sienten que son salvos; mañana dudan y sienten que no son salvos. Hoy sienten que Dios los esta guian­do; mañana no están seguros ni siquiera de si Dios sabe que ellos existen.
Como es obvio, nuestras emociones no son de fiar, y si procuramos guiar nuestras vidas según sus dic­tados, terminaremos en una total confusión. Hemos hecho mal uso de nuestras emociones en el pasado: arranques de mal humor, cediendo a la autoconmise­ración, etc. Nuestras vidas no pueden ser dirigidas por nuestros sentimientos; también ellas son una mez­cla del bien y del mal. Debemos manejarnos por el conocimiento interior que nace en nuestros espíritus y en concordancia con la Palabra de Dios. «Los sen­timientos no son hechos.» Por supuesto que esto no quiere decir, de ninguna manera, que la vida cristia­na deba estar desprovista de emociones, sino que Dios, en esta esfera de nuestra vida, también tiene una tarea que realizar con respecto a la sanidad y a la renovación de nuestro ser.
Si todavía no es una realidad en nuestras vidas, debemos dar ese Paso de la consagración, que resulta fácil cuando aprendemos a discernir entre lo que es alma y lo que es espíritu. Es algo que exige nues­tro consentimiento y, cuando lo hacemos, se profun­diza, y todas las demás cosas ocupan su lugar en nuestras almas. No es pura casualidad que el capitulo cuarto de Hebreos hable de entrar en el reposo de Dios, justamente antes de explicar la necesidad de establecer una clara distinción entre el alma y el espíritu. El reposo es la consecuencia de vivir en el espíritu y no en el alma, pero muchos cristianos todavía tienen que aprender a reconocer esa diferen­cia. La salvación significa un descanso para el espíritu del hombre. «Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan a la presencia del Señor tiempos de refrigerio.» (He­chos 3:19.) Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» (Mateo 11:28.) El bautismo en el Espíritu Santo sig­nifica un rebosamiento de ese descanso que brinda reposo al alma. Isaías lo expresa de la siguiente ma­nera: «Porque en lenguas de tartamudos, y en extraña lengua hablara a este pueblo, a los cuales el dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el re­frigerio…» (Isaías 28:11-12.) El intelecto entra en reposo cuando se somete a Dios, y el hablar en lenguas constituye uno de los medios más importantes para dejar que el Espíritu Santo renueve y refresque nues­tras mentes y almas. En la medida en que aprenda­mos a negar a nuestras almas el derecho de gober­narnos y caminemos en ese reposo con nuestras almas y espíritus sometidos al Señor, podrá Dios eliminar la «madera, el heno y la hojarasca» y establecer todo aquello que tenga valor permanente en nuestras vidas. (1 Corintios 3:12-13.) Jesús dijo: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón; y hallarles descanso para vues­tras almas.» (Mateo 11:29.)
«Llevad mi yugo sobre vosotros.» Cuando uno de los bueyes (nosotros) es guiado por el otro (Jesús) estando ambos bajo el mismo yugo – los dos están sujetos a servidumbre y deben transportar la carga – el buey guía dirige al otro y soporta el mayor peso del trabajo. Cuando empezamos a acusar el peso de la carga, podemos estar seguros que estamos quitándole al Señor la dirección, y debemos retomar el lugar que nos corresponde, es decir, un paso detrás de el. El peso de la carga puede compararse a un termómetro espiritual para advertirnos que el alma y no el espíritu esta tomando la iniciativa. La pesadez nos esta di­ciendo que nuestras almas no están reposando en Cristo.
Cuidémonos de no volver atrás, a la época en que actuábamos de acuerdo a los dictados de nuestro per­vertido intelecto, de nuestras emociones y de nuestra propia voluntad, y en cambio mantengamos vivo el torrente que empezó en nuestro particular Pentecostés; la mente de Cristo que se manifiesta en nosotros, sus emociones fluyendo a través nuestro, y su vo­luntad cumplida en nosotros.
Esta oración podemos elevarla a nuestro Dios tal cual la transcribimos, o utilizando nuestras propias palabras:
Amado Padre celestial:
Te agradezco por los maravillosos dones de la salvación y el bautismo en el Espíritu Santo. ¡Las pala­bras son inadecuadas para expresar mi gratitud! Re­conozco que estos dones son gratuitos y que me los has dado, no por meritos propios, sino simplemente porque me amas. Ahora quiero darte lo único que tengo para dar… yo mismo. Bien se que la voluntad, con respecto a mi vida, es maravillosa y te pido que tu perfecta voluntad se cumpla en mi y a través de mi persona, desde hoy en adelante. Ayúdame para que mi voluntad se someta a la tuya y ambas sean una sola voluntad. Pido a tu Hijo, Jesucristo, que venga y ocupe el trono de mi vida para que el reine como Señor.
Se perfectamente que esto no lo puedo hacer ba­sado en mis propias fuerzas, pero confío en tu poten­cia y en tu diaria dirección para ayudarme. Gracias, Padre, por escuchar mi oración. ¡Alabado sea tu nombre!
Te lo pido en el nombre del Señor Jesús,
Amen.


Buenas obras. Ya sabemos que las buenas obras no nos dan el rótulo de buenos cristianos, pero laBiblia nos dice repetidamente que Dios nos premiara de acuerdo a lo que hayamos hecho. Amar al prójimo como a nosotros mismos significa alimentarlo cuan­do esta hambriento, vestirlo cuando le falte ropa, visitarlo cuando esta enfermo o en la prisión. Y nues­tro prójimo no se reduce a nuestro vecino, tal cual lo explicó Jesús, sino a cualquier persona necesitada que recurra a nosotros. El apóstol Santiago afirma que es una burla decirle a alguien que tiene hambre y frío: ¡Dios te bendiga! ¡Caliéntate! !Aliménta­te!», si no hacemos algo para ayudarlos.
La acción social de cristiano, de lo cual tanto se habla hoy en día, se reduce, en pocas palabras, a la acción del cristiano en el mundo dondequiera se en­cuentre. No se supone que la iglesia, como organi­zación, se transforme en un factor de poder político, pero los cristianos deben interesarse en la política, y traer sus convicciones con ellos. La iglesia, como organización, no debe intervenir directamente en las diferencias entre capital y trabajo, pero los cristia­nos que sean dirigentes en el campo del capital y del trabajo, deben participar con sus convicciones cuando se plantean las confrontaciones de los dos campos. El comerciante que esta en Cristo, tratara a sus empleados como los trataría Cristo, y los em­pleados cristianos rendirán su jornada de trabajo como lo haría Jesús. La base de una verdadera «ac­ción social» es actuar según la premisa establecida en 1 Juan 4:17: «… como él es, así somos nosotros en este mundo.»
En compañía de toda la familia debemos participar colaborando con la obra de Dios sobre bases más amplias aun, ayudando al sostén del campo misione­ro, ayudando en los proyectos de la iglesia local, etc. Por supuesto debemos contar con el Señor, quien nos dirigirá en todas estas cosas, pero que el «esperar en el Señor» no se convierta en una excusa para no hacer nada. El hacerla constituye una parte vital de nuestra vida y testimonios cristianos.
Cooperando con Dios. La palabra cooperar signifi­ca simplemente «trabajar juntos», y la Escritura nos dice que Dios quiere que seamos colaboradores con el. (1 Corintios 3:9: 2 Corintios 6:1.) Todo esto quiere decir que si bien Dios nos ha creado como seres libres, él esta pendiente de nuestra colabora­ción para introducir su amor al mundo.
El Señor Jesús no escribió ningún libro, pero el mas importante de todos los libros del mundo es­cribe sobre el; nunca viajó mas allá de unos pocos kilómetros de su lugar de nacimiento, y sin embargo trazó un plan para alcanzar los lugares mas remotos del mundo. Después de limpiarlos de sus pecados, lle­nó a sus seguidores con el amor, el gozo y el poder de Dios, y los envió para derramar ese gozo, ese amor y ese poder sobre otros y decirles que ellos también podían ser perdonados y llenados de la gloria y del poder de Dios. En esto consisten las buenas nuevas, el evangelio, y las personas que lo escuchan y lo aceptan forman parte del pueblo de Dios, la Iglesia.
Es un método notablemente eficaz, pues si una persona recibe hoy a Cristo, y al mismo tiempo recibe un mayor poder para testificar recibiendo el bautismo en el Espíritu Santo, y mañana ayuda a otros dos a recibirlo, asegurándose de que estos también sean bautizados en e1 Espíritu Santo, y a su vez esas dos personas alcanzan a cuatro en el día subsiguiente, y esos cuatro ganen a ocho, y se continua en esa pro­gresión geométrica, en un mes, es decir en treinta y un días se habrán alcanzado y ganado para el reino de Dios, !mil millones de personas! 1


1Esta multiplicación extraordinaria se daría en el caso de que cada cristiano ganara solamente dos personas para Dios durante toda su vida. Como es de imaginar, un cristiano que cuenta con el poder de Dios debería orar pidiendo 1a oportunidad de testifi­car por Cristo todos les días, para que durante su existencia centenares de personas fueran ganadas para Cristo
Este es el principio sobre el cual se baso Jesús para alcanzar al mundo: cada persona contándole a los demás, y ellos, a su vez, a otros, hasta que sean millones los que estén llenos de la gloria de Dios en toda la redondez de la tierra. Este plan de acción ha sido iniciado una y otra vez, y luego ha fracasado, debido a la infidelidad y a lo olvidadizo del ser huma­no, y a la confusión y a las desviaciones provocadas por el enemigo. Pero mayormente el fracaso se ha debido a que el mensaje fue transmitido solo par­cialmente: perdón sin poder. Hoy en día, sin embar­go, nuevamente es proclamado el «Evangelio Comple­to» no solamente el hecho esencial de que Dios perdona y ama a su pueblo, sino que al hacerlo les da poder para ganar a otros. El plan de Dios es que millones de hombres y de mujeres, y también de niños, en todo el mundo, sean portadores de su mensaje de amor, perdón, sanidad y poder para toda la humani­dad. Estamos viviendo la era del reavivamiento de la iglesia, ¡y es algo tan emocionante! En todo el mundo la gente esta descubriendo que maravilloso es hablar a los demás sobre Jesús y el poder del Espíritu Santo, ¡y sabemos que el plan de Dios no fracasara! Bien pudiera ser este el último avivamiento antes de la venida del Señor. Esperamos y oramos para que este libro ayude a muchos a cooperar con Dios y que, como hijos y colaboradores seamos llenados, hasta rebosar, con su gran gozo.

Los dones – Tus herramientas espirituales

Su función

Los dones espirituales son dados para el provecho y la edificación del Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:7 y Efesios 4:12), Es por esto que el enfoque correcto para el estudio sobre la función de los dones es el de examinar las grandes necesidades que existen en la Iglesia y en el lugar donde estamos ya sea trabajo, estudio, grupo de amigos, etc.

Una vez identificada la necesidad es momento de determinar cuál es el don que el Señor provee para llenar esa necesidad.

El Señor nos llama para servir en su “viña”. El nos destina el lugar y el trabajo particular dentro de esa viña donde nos corresponde trabajar AHORA.

!El no espera que trabajemos sin HERRAMIENTAS! No. El nos ofrece la herramienta exacta y perfecta para ayudarnos a trabajar con la máxima eficacia.
Esa es, pues, la función de los dones del Espíritu. Simplemente, cumplen la función de una herramienta de trabajo. Puesto que el trabajo es espiritual, estas son ayudas sobrenaturales.

Parece, entonces, que el orden correcto sería:
primero, NECESIDAD,
y luego, DON.

Examina primeramente en detalle cada don para determinar sus características y su función particular, y una vez hecho esto, busca algún lugar donde utilizarlo. Las Escrituras nos enseñan que los dones no son «regalos extra» de parte de Dios sino que son totalmente necesarios dentro del cuerpo.

El pequeño bosquejo que sigue nos podrá ayudar a comprender la función de los varios dones en situaciones de necesidad que se presentan en la Iglesia y fuera de la iglesia:

 

Tabla de funcionamiento de dones según necesidades
NECESIDAD DON
Aconsejar, guiar, orientar. Palabra de sabiduría.
El saber sobrenatural de hechos ocultos de personas y de la voluntad y forma de Dios para solucionarlos. Palabra de ciencia.
Vencer obstáculos, dificultades y peligros. Fe.
Grandes obras de fe para convencer al mundo incrédulo. Operaciones de milagros.
Salud física para los enfermos. Dones de sanidades.
Protección del engaño y falsos profetas. Discernimientos de Espíritus.
Edificación, exhortación, y consolación inspirados por el Espíritu Santo. Profecía, géneros de lenguas y la interpretación de lenguas.
Aconsejar, guiar, orientar. Palabra de sabiduría.

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Definición de los dones del Espíritu Santo

 

DON Definición
PALABRA
DE SABIDURÍA.
La aplicación Divina del conocimiento sobrenatural. Da al cristiano sabiduría sobrenatural para hablar, aconsejar, guiar, decidir y actuar. La sabiduría de Dios manifestada en un creyente (en corto tiempo) (en momentos especialmente necesarios).
PALABRA
DE CIENCIA
EL saber sobrenatural de hechos revelados al cristiano a través de pensamientos, imágenes mentales, palabras visualizadas o conocimiento interior.(También sucede en ciertos momentos que El espíritu Santo se manifiesta de esa manera a su voluntad).
FE El creer confiadamente, sin duda ni razonamiento humano que lo que se pide en el nombre de Jesús se concederá ahora. Saber sin sombra de duda la voluntad de Dios para algo y creerlo.
DONES
DE SANIDADES
La sanidad sobrenatural de enfermedades y dolencias sin la ayuda de medios naturales o habilidad humana. A diferencia de Milagro se restaura o repara algo ya creado
EL
HACER MILAGROS
El poder sobrenatural de Dios que interviene en el curso ordinario de la naturaleza o realizando hechos que son humanamente imposibles. A diferencia de sanidades en este caso Dios crea algo nuevo
PROFECIA El hablar palabras de Dios, o un mensaje de Dios (para aquí y ahora) por la inspiración del Espíritu Santo,(no es un sermón o discurso inspirado) edificará, exhortará o consolará.
DICERNIMIENTO DE ESPIRITUS El conocimiento sobrenatural dentro del Reino de los espíritus para saber qué clase de espíritu (de Dios, del hombre, o de Satanás) motiva cierta manifestación, palabra, doctrina o persona.
DIVERSOS GENEROS
DE LENGUAS
Es el hablar en una lengua espiritual (o varias) de oración a Dios o es un mensaje de Dios.
INTERPRETACION DE LENGUAS Es la interpretación (no traducción) de una oración o mensaje dado en lenguas. No es traducir palabra por palabra sino es dar el significado general del mensaje.

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En base de la operación de estos dones espirituales la Iglesia Primitiva hizo un avance poderoso en su generación:

  • Cuando Ananías y Safira procuraron engañar a la iglesia en la venta de su propiedad, Pedro pudo descubrir la mentira con una palabra de conocimiento y al discernir el espíritu engañoso en esa situación. (Hechos 5:1-11.)
  • Como era necesario organizar y dirigir la iglesia, los apóstoles recibieron una oportuna “palabra de sabiduría” para ayudarles a escoger los primeros diáconos. (Hechos 6:1-7.)
  • Cuando hubo necesidad de milagros y sanidades para convencer a los incrédulos, la labor evangelística de Felipe en Samaria fue bendecida con señales a través de los dones correspondientes, y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados”. (Hechos 8:6,7.)
  • Cuando se necesitó un milagro para librar a Pedro de la cárcel, entró en función el don de milagros, mientras la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él” (Hechos 12:5.) !Las puertas de la cárcel se abrieron milagrosamente! muchas más cosas como estas sucedieron.

 

¿Son para utilizarlos hoy?

 

!SI!

 

  • En (Hechos 13:6-12) Pablo tuvo una confrontación con un mago y por el don de Fe este quedó ciego por un tiempo por una orden de Pablo.
    La lectura del libro de Hechos muestra en cada página la función de los dones espirituales. Era en verdad una Iglesia llena del Espíritu Santo. El Señor confirmó la palabra predicada con «las señales que la seguían». (Marcos 16:20.)

 

¿Son para nuestra generación?

  • Es lo mismo,
  • las necesidades son las mismas (o más grandes)
  • Dios es el mismo,
  • Jesucristo es el mismo
  • y el Espííritu Santo (con sus dones y frutos) es el mismo.

 

!El mismo EspÍritu Santo quiere darnos su PODER para un nuevo avance en este mundo moderno!

 

 

¿Es correcto pedirle a Dios que intensifique estos dones? 

 

!Sí!, es correcto.

La palabra de Dios nos anima para presentarnos cual instrumentos en las manos del Señor, ser llenos del Espíritu, ser sensibles a los impulsos del Espíritu, y ser utilizados en la manifestación de los “dones” en nuestro ministerio. !He aquí la exhortación bíblica!:

“Procurad, pues, los dones mejores” (1 Corintios 12:31)
“No descuides el don que hay en ti” (1 Timoteo 4:14)
“por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” (2 Timoteo 1:6)

 

Pidamos los dones espirituales, para funcionar eficazmente en aquel lugar del Cuerpo del Señor donde él mismo nos ha colocado, y así tendremos grandes victorias y podremos ayudar mejor a la gente y por consiguiente el Reino de los Cielos vendrá a la tierra y muchos serán sanados y salvados.

!Pidamos por fe! Un modelo de oración para hacer en este mismo momento:

Señor Jesús, siento que no estoy llenando del todo la necesidad que se me presenta en mi vida diaria, en mi entorno. Te pido que intensifiques en mí los dones que ya he recibido y que me enseñes a utilizarlos, siempre en sujeción a mis autoridades espirituales, para que muchos
puedan ir al cielo, te conozcan a ti y te puedan dar gracias y honra solo a ti.
Gracias Jesús. Amén.

 

Cómo recibir el primer Llenamiento del Espíritu Santo

¿Que tengo que hacer para recibirlo?

1 Nacer de nuevo (ser salvo)Lo primero que usted necesitará hacer es recibir a Jesús como su Salvador personal y como su Rey. Necesita experimentar el nuevo nacimiento según Juan capítulo 3.
Para Nacer de nuevo tienes que tomar una actitud en contra del pecado (arrepentimiento total) y darle toda su vida a Jesucristo. (leer Hechos 3:19)
Si no ha recibido aún a Cristo como su Salvador, Haga clic aquí

2 Rendirse Lo Segundo que usted debe hacer eser es rendirse y entregarse completamente a Dios.

3 Pedir Lo tercero que usted debe hacer es pedir a Dios que lo Llene con el Espíritu Santo. Pida y se le dará. El bautismo en el Espíritu Santo es también un don, es decir, un regalo. Todo lo que tenemos que hacer es pedirlo y aceptarlo.

4 Creer y Recibirlo Jesús nos enseñó que contamos con un Padre que sabe dar buenos regalos a sus hijos, así que tenemos que creer que cuando pedimos. ¡recibiremos!.(Lucas 11:13)

…Aquí tienes un modelo de oración para comenzar:

Dios mío, sabiendo que quieres Llenarme con tu Santo Espíritu, te ruego que lo hagas. Me entrego por completo a Tí y te pido que me llenes con tu Espíritu Santo.
Creo que lo he recibido y te doy muchas gracias por este maravilloso regalo.
En el nombre de Jesús.
Amén

…Pidele a Dios con insistencia hasta notar un cambio. Pidelo con pasión y perseverancia y recibirás.

 

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Todo sobre El Espíritu Santo:

Indice

EL ESPÍRITU SANTO EN EL NACIMIENTO DE JUAN EL BAUTISTA Y DE JESÚS.

EL ESPÍRITU SANTO EN LA CONVERSIÓN

BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO ES DISTINTO DE LA CONVERSIÓN

EL HABLAR EN LENGUAS

EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO, COMO RECIBIRLO

EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO

SUS PROPOSITOS.

SU NATURALEZA

SU RECEPCION

LA EVIDENCIA INICIAL.

LA VIDA LLENA DEL ESPIRITU SANTO

LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO

SU NATURALEZA.

SU FUNCION

LA RELACION ENTRE LOS DONES Y EL FRUTO DEL ESPIRITU.

LA UNCION DEL ESPIRITU SANTO

EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO (RESUMEN)

COMO RECIBIR EL BAUTISMO CON EL ESPÍRITU SANTO (RESUMEN)
EL ESPÍRITU SANTO EN LA ÉPOCA DE CRISTO

EL ESPÍRITU SANTO EN EL NACIMIENTO DE JUAN EL BAUTISTA Y DE JESÚS.

Consideraremos primero algunas actividades del Espíritu Santo que precedieron el día de Pentecostés. El arcángel Gabriel informó a Zacarías que el hijo que tendrían en la ancianidad sería lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre. (Lucas 1:15).

El mismo arcángel le informó a la Virgen María que el Espíritu Santo descendería sobre ella, y que el santo ser que estaría en su vientre sería llamado el Hijo de Dios.(Lucas 1:35). Cuando María fue a visitar a su prima Elizabet, ésta fue llena del Espíritu Santo. (Lucas 1:41-42). Zacarías, en ocasión del nacimiento de Juan, fue lleno del Espíritu Santo y profetizó. (Lucas 1:67). Había asimismo un hombre en la ciudad del Jerusalén, que se llamaba Simeón, “y el Espíritu Santo estaba sobre él.” Y se le reveló por el Espíritu Santo que no moriría hasta que contemplara al Señor Jesucristo. Se nos dice que “movido(guiado) por el Espíritu Santo vino al templo”.(Lucas 2:25-27). Ana(profetisa)asimismo “hablaba del niño a todos”. De esta manera encontramos referencias claras con respecto al Espíritu Santo en los primeros dos capítulos de Lucas. Estas manifestaciones del Espíritu Santo fueron acompañadas de revelaciones y profecías.

En el ministerio de Jesús.

En el río Jordán, Juan el Bautista recibió una señal de aquél que lo había enviado a bautizar en agua. En efecto, Dios le dijo a Juan lo siguiente: “Sobre quien veas descender el Espíritu Santo, y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo”. “Y Juan dió testimonio, diciendo: Ví al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él”. (Juan 1:32-33). Pedro se refiere a este acontecimiento en (Hechos 10:38) cuando dice: “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.

El nombre Cristo significa “el Ungido.” De esta manera la predicción de Isaías con respecto al Mesías que sería ungido con el Espíritu Santo se cumplió. El Señor Jesús confirmó en forma específica esta verdad en la sinagoga de Nazaret, donde leyó (Isaías 61:1,2) y declaró: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” (Lucas 4:21). Jesús fue lleno de Espíritu Santo o bautizado en el Espíritu Santo, después de ser bautizado en el agua:”Y Jesús después que fue bautizado, subió luego del agua…y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”.(Mateo 3:16); y el Espíritu le impulsó al desierto

(Marcos 1:12), y volvió en el poder del Espíritu a Galilea (Lucas 4:14); por el Espíritu de Dios echó fuera demonios, (Mateo 12:28); y por el Espíritu Santo dio mandamientos a los apóstoles a quienes había escogido.(Hechos 1:2).

La predicción de Juan el Bautista con respecto a un descenso general.

Juan el Bautista profetizó asimismo que Jesús sería el medio o instrumento para la efusión del Espíritu Santo en el mundo, predicho por el profeta Joel:(Joel 2:28-29).

(Marcos 1:8) “Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero El os bautizará con Espíritu Santo”

(Lucas 3:16) “Yo, a la verdad, os bautizo en agua; pero viene uno mas poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.”

La predicción de Cristo con respecto a la venida del Espíritu.

Cristo, al ver que se acercaba el fin de su ministerio y en circunstancias que se preparaba para dar por terminadas su enseñanzas, e impartir a sus discípulos las últimas instrucciones, informó a los suyos con respecto al descenso del Espíritu Santo.

En (Juan 4:4) se había referido como a “una fuente de agua,” y en (Juan 7:37-38) como a “ríos de agua viva que saldrían del interior de aquéllos que creían en él.

En (Lucas 11:13), Jesús manifestó que el Padre daría el Espíritu Santo a los que se lo pidiesen. En (Juan 14:16) el Señor declara lo siguiente: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.” En el discurso de despedida a sus discípulos, se refirió en repetidas ocasiones al descenso del Espíritu Santo, y suministró algunos datos con respecto al ministerio que realizaría el Espíritu Santo.

Juan 14:17, 26; 15:26; 16:7-15.

En(Lucas 24:49)Jesús dice “He aquí yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros, pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.

Sobre LA promesa del Padre leer Joel 2:28-32; Hechos 2:4,16-21.

Cristo Sopló y dio el espíritu Santo a los discípulos.

Nos trasladaremos ahora a la época de la crucifixión y resurrección de Cristo y a la fecha de Pentecostés. Después de resucitar Jesús sopló sobre los discípulos y dijo: “Recibid el Espíritu Santo.” (Juan 20:22). esto no podía haber sido el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, de las de Juan el Bautista y Jesús mismo, con respecto al derramamiento del Espíritu Santo, pues cuarenta días después, tal como se menciona en (Hechos 1:4-5), ordenó a sus discípulos que esperaran la promesa del Padre, informándoles que serían bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después. Describe el efecto de ese bautismo en (Hechos 1:8), y en el versículo 9 se expresa que el Señor Jesús, después de haber hablado esas cosas “fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos”. Fue así entonces que cuarenta días después de la fecha de la resurrección, fecha en la cual había soplado sobre sus discípulos, diciéndoles que recibieran el Espíritu Santo, entonces entendemos claramente que el Señor se refiere al bautismo en el Espíritu Santo como algo que se produciría en el futuro. El recibimiento del Espíritu Santo por parte de los discípulos en la fecha de la resurrección fue un acontecimiento distinto,(conversión) y recepción del Espíritu santo (leer Romanos 8:9b) pero no debe confundírsele con el bautismo en el Espíritu Santo, que descendió sobre ellos el día de Pentecostés. El estudio del tema que sigue, titulado “el Espíritu Santo en la conversión,” nos explicará el significado de lo que hizo Cristo,al soplar sobre sus discípulos, diciéndoles: “Recibid el Espíritu Santo.”

EL ESPÍRITU SANTO EN LA CONVERSIÓN

El Espíritu Santo comienza el proceso de la conversión.

Examinaremos los pasajes de la palabra de Dios que exponen o presentan la obra del Espíritu Santo en lo que respecta a la conversión del creyente, (Juan 16:8-10) Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Desde el mismo comienzo del proceso de la salvación es el Espíritu Santo el que toma la iniciativa para producir convicción de pecado en el corazón del pecador. Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo dice (1 Corintios 12:3). El confesar con la boca que Jesús es su Señor (amo, jefe, el que manda en su vida y al cual ha decidido obedecer)constituye el primer paso del hombre hacia la salvación. El hombre se rinde ante el poder convincente del Espíritu Santo y decide que Jesucristo sea su Señor.

El espíritu Santo Completa el proceso.

Una descripción de lo que ocurre cuando uno se convierte es proporcionada por Pablo en (2 Tesalonicenses 2:13) y por Pedro (1 Pedro 1:2) que dicen: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu, y la fe en la verdad. Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados en la sangre de Jesucristo”,

La creencia en la verdad conduce a la salvación, por la obra de elección y separación realizada por el bendito Espíritu Santo. En la salvación del hombre, cooperan Dios y el hombre. Tal como lo expresa Pedro, le corresponde al hombre obedecer, “En santificación del Espíritu, para obedecer”. La labor conjunta del Espíritu Santo y del hombre, da como resultado el rociamiento de la sangre de Cristo, acción culminante e indispensable de la salvación. ¿Qué me puede dar perdón? Sólo la sangre de Jesús (1 Juan 1:7).Esta fué derramada para pagar el precio de nuestra salvación,(1 Pedro 1:18-19).Esta labor completa del Espíritu Santo en el corazón del hombre se denomina el nuevo nacimiento. Jesús, Santiago, Pedro y Juan lo describen de esa manera. Juan 3:5,8; Santiago 1:18; 1 Pedro 1:23; 1 Juan 3:9 y 5:1.

Otros Términos descriptivos de la conversión

“Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.” (Gálatas 4:6). Constituye ésta una declaración explícita en el sentido de que el Espíritu Santo penetra en el corazón del hombre en la conversión. Las Sagradas Escrituras nos dicen que “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él.” (Romanos 8:9). Este acontecimiento original de la salvación es descrito por Pablo como bautismo en el cuerpo de Cristo. “Porque por un Espíritu somos todos bautizados en un cuerpo.” (1 Corintios 12:13). “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos.” (Gálatas 3:27). Y finalmente, el Espíritu “testifica” o da testimonio a nuestro espíritu “que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:16).

Todos los Creyentes tienen el espíritu Santo.

En todas las descripciones y en el empleo de los distintos vocablos para explicar la conversión del creyente, se explica con claridad que el Espíritu Santo es el agente de la conversión. Convence al hombre de su pecado; lo santifica o separa para la salvación. Además, los creyentes nacen del Espíritu. Da testimonio asimismo al creyente de que es hijo de Dios. Los que son de Cristo, tienen el Espíritu del Maestro. El Espíritu Santo los bautiza en el cuerpo de Cristo, y luego reside en el corazón del creyente. Vemos así entonces que todo verdadero creyente, todo hombre nacido de nuevo, tiene el Espíritu Santo. Han comenzado por el Espíritu.” (Gálatas 3:3). Todo lo que poseen en lo que respecta a vitalidad y experiencia cristianas, lo han recibido del Espíritu Santo.

Juan 20:22.

Podemos entender ahora con más claridad lo que les ocurrió a los discípulos en la noche de la resurrección, cuando Jesús les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”, El Espíritu de Cristo resucitado y glorificado estaba ahora disponible para el corazón del creyente, y el Señor Jesús se apresuró a impartir esta vida a sus discípulos. El Espíritu del Hijo de Dios, el Espíritu de Cristo, en calidad del Espíritu Santo en la conversión, penetró en el corazón de los discípulos en aquella oportunidad. Había muerto y se había convertido en un ser glorificado con el objeto de que pudiera penetrar en el corazón de todos los creyentes.

Mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Juan 14:17)

Existe un misterio relacionado con el hecho de que el Espíritu de Cristo estaba en los profetas del Antiguo Testamento (1 Pedro 1:11; Nehemías 9:30) y estaba asimismo en los creyentes del Nuevo Testamento (Gálatas 4:6) y sin embargo estaba solamente con los discípulos durante el ministerio terrenal de Cristo. “Porque mora con vosotros y estará en vosotros.” (Juan 14:17). Este misterio se refiere a la relación existente entre la persona de Cristo y la persona del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el “otro yo”, por así decirlo, del Señor Jesús y desde que Cristo se vio obligado, por la naturaleza del cuerpo físico en el cual vivía, a estar simplemente con ellos antes de ser glorificado, era lógico entonces que su Espíritu (el Espíritu Santo) estuviera también con ellos y no en ellos hasta que Cristo no resucitara de los muertos.

(Juan 20:22) representa entonces el primer paso o etapa de la venida del Espíritu. El cumplimiento final de (Juan 14:17) se produjo entonces el día de Pentecostés.

Sabemos por lo que figura en el evangelio según San Juan que aun antes de la ascensión, el Espíritu Santo había sido dado realmente a los discípulos, que Cristo había soplado sobre ellos, dándoles el Espíritu Santo. Pero el día de Pentecostés fueron llenos del Espíritu Santo.

EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO ES DISTINTO DE LA CONVERSIÓN

Todos los creyentes pueden ser bautizados en el espíritu Santo.

Quedó demostrado en el tema anterior que el recibimiento del Espíritu Santo en la fecha de la resurrección era completamente distinto del bautismo en el Espíritu Santo que se produjo cincuenta días después. Lo expuesto nos lleva a la conclusión de que aunque todos los creyentes tienen el Espíritu Santo, pueden recibir además el Bautismo en el Espíritu Santo o ser llenos del Espíritu Santo.

Es evidente que el Bautismo en el Espíritu Santo es una operación del Espíritu distinta y adicional en lo que respecta a la regeneración… Un hombre puede ser regenerado por el Espíritu Santo y sin embargo no estar aún Bautizado con el Espíritu Santo. En la regeneración, se le imparte al hombre la vida por el Espíritu, y el que la recibe es salvo: en el Bautismo con el Espíritu Santo, se le imparte poder al creyente, y el que recibe ese poder está mejor capacitado para servir.

Debemos de reconocer el hecho de que el tener el Espíritu es una cosa, y el ser bautizado con el Espíritu es otra distinta.

Cristo y el Espíritu.

Jesús nació del Espíritu Santo del seno de la virgen María. Durante treinta años fue el Hijo de Dios en un sentido que nadie lo ha sido jamás. Luego, en el río Jordán, fue bautizado en el Espíritu Santo. Recibió la unción de lo alto que lo inició y lo mantuvo en un ministerio extraordinario.

Observemos que Cristo, el cual es nuestro ejemplo, tanto en esto, como en todo lo demás, no inició su ministerio hasta no haber recibido el Bautismo en el Espíritu Santo… Había sido engendrado del Espíritu Santo en el seno de la virgen, y había vivido una vida santa, pero antes de iniciar su ministerio público, esperó hasta que el Espíritu Santo descendiera sobre él, de la misma manera que había estado en él.

Cristo nació del Espíritu y fue más tarde bautizado en el Espíritu.

Jesucristo fue concebido por el Espíritu Santo y durante treinta años fue dirigido y enseñado por el Espíritu divino. ¿No era acaso uno con el Espíritu Santo? Ciertamente que lo era. ¿Por qué entonces necesitaba la unción? Porque su naturaleza humana necesitaba ser fortalecida por el Espíritu, antes de que pudiera realizar con éxito el ministerio en el mundo. Jesús esperó durante treinta años hasta que fue ungido, y sólo entonces fué que dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas ….”. No se debe olvidar nunca que el ministerio del Señor no fue realizado en el poder de la segunda persona de la bendita Trinidad, sino en el de la tercera persona.”(San Lucas 4:14).

Primero, el Señor nació por el Espíritu, (luego de ser bautizado en agua) fue bautizado en el Espíritu y posteriormente inició su ministerio en el poder del Espíritu.

De igual manera nosotros debemos de seguir sus pasos e imitar su vida.

Nacidos del Espíritu, nosotros también debemos de ser bautizados en el Espíritu, y luego vivir la vida de Cristo y repetir su obra en el poder del espíritu Santo.

El Espíritu Santo y los Discípulos.

Los discípulos de Cristo lo habían dejado todo para seguir a su Maestro.

Habían confesado que el era el Cristo, el Hijo del Dios viviente. (Mateo 16:16);

(Juan 6:68,69). De esta manera Jesús había manifestado que eran limpios, (Juan 15:3) con la excepción de Judas. (Juan 13:10-11). Había declarado asimismo que sus nombres estaban escritos en el cielo, (Lucas 10:20). Luego había soplado sobre ellos y les había otorgado el Espíritu Santo después de su resurrección, (Juan 20:22). Y sin embargo se les ordenó que esperaran para recibir en Bautismo en el Espíritu Santo. (Lucas 24:49). Habían recibido ya el Espíritu Santo, pero necesitaban el Bautismo en el Espíritu Santo.

Los convertidos Samaritanos y el Espíritu Santo

Los discípulos de Samaria recibieron a Cristo al oír la predicación de Felipe. (Hechos 8:5-13). Había un gozo profundo en la ciudad. “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres”. Versículo 12. Sin duda alguna, el Espíritu Santo estaba presente en el ministerio de Felipe. Se trataba de un hombre lleno del Espíritu Santo, tal como se nos declara en (Hechos 6:3,5). Sus oyentes habían sido llevados a los pies de Cristo por el Espíritu Santo, el cual había efectuado asimismo su regeneración, pues no existe otro método, pero…

Posteriormente Recibieron el Bautismo en el Espíritu Santo.

En (Hechos 8:14-17) se lee lo siguiente: “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén, oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; (porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, sino solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús). Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo”. Era el bautismo en el Espíritu Santo lo que los discípulos de Samaria necesitaban, y lo que los apóstoles de Jerusalén se apresuraron a impartir. El Espíritu Santo había operado en sus corazones, y se hallaba presente en ellos pero “aun no había descendido sobre ninguno de ellos.”(No eran llenos del Espíritu o Bautizados en el Espíritu Santo).

Lo que experimentaron fue más maravilloso que los Milagros.

El poder del Espíritu Santo, al descender sobre los discípulos por medio de la imposición de manos de Pedro y de Juan, efectuó resultados tan maravillosos en las vidas de estos discípulos que Simón ofreció dinero a fin de que este poder que Pedro y Juan tenían pudiera dársele a él.

No trató de adquirir el celo evangelístico de Felipe, ni los dones de sanidades, de milagros o de fe del mencionado evangelista. Pero el poderoso Bautismo en el Espíritu Santo, que descendió sobre los discípulos samaritanos, fue para su mentalidad algo más espectacular y maravilloso. Esto explica por qué ofreció dinero para adquirir este poder, y no hizo nada para obtener las obras previas del Espíritu (antes que fueran Pedro y Juan). Todo esto demuestra que existía una diferencia entre la conversión de los discípulos Samaritanos, y el Bautismo en el Espíritu Santo, y asimismo que este Bautismo en el Espíritu Santo se trataba de un acontecimiento mas poderoso y convincente.

Pablo y el Espíritu Santo.(Hechos 9:1-19)

Cuando el apóstol Pablo oyó la voz de los cielos, y vio la luz que lo encegueció, luz más brillante que la del medio día, dijo lo siguiente: Señor, “¿qué quieres que haga?” como vemos, llamó Señor a Jesús. En la declaración que encontramos en 1 Corintios 12:3, podemos afirmar que no podría haber hecho esto si no era por el Espíritu Santo. Reconoció a Jesús como el Señor y se rindió completamente a la voluntad del Señor. A su arribo a Damasco, el Señor envió a Ananías al Lugar donde se encontraba Pablo. Ananías, al saludarlo, le dijo: “hermano Saulo”. Era realmente un hermano, porque se había convertido. Ananías le impuso las manos, a fin de que recibiera la vista y fuera lleno del Espíritu Santo. Fue así que hubo un intervalo de tres días entre la conversión y el bautismo en el Espíritu Santo en el caso de Pablo. También Pablo habló en lenguas (1 Corintios 14:18) dice:”Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros”.

Los discípulos de Éfeso y el Espíritu Santo. Leer (Hechos 19:1-6)

Pablo les pregunta a estos discípulos: ¿Recibieron el Espíritu Santo cuando creyeron?

Si todos los creyentes reciben el Espíritu Santo al creer, ¿por qué motivo Pablo preguntó a los discípulos si ello había ocurrido? La pregunta misma del apóstol Pablo revela que es posible creer y tener el Espíritu Santo sin haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo. Este pasaje (Hechos 19:1-6)demuestra en forma concluyente que uno puede ser discípulo sin haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo, don(regalo)de Dios para los creyentes”.

En (Efesios 1:13-14) habla de la recepción del Espíritu santo en el momento de la conversión. Habiendo primer oído el Evangelio, luego creído y luego sellados con el Espíritu Santo.

En este pasaje narra que los Efesios se arrepintieron de sus pecados solamente al escuchar la predicación de Juan el Bautista pero no sabían si existía el Espíritu Santo Pablo les predica el evangelio y ellos creen, se convierten y reciben el Espíritu santo (Efesios 1:13) por eso Pablo los Bautiza de nuevo en el nombre de Jesús y luego les impone las manos para que reciban el llenamiento o Bautismo en el Espíritu Santo de la misma manera que él (Pablo) lo había recibido de Ananías.(Hechos 9:17). Y al igual que Pablo (1 Corintios 14:18) ellos hablaron en lenguas y profetizaron, (Hechos 19:6).

Fue así entonces que los discípulos de Efeso se convirtieron a Cristo, luego fueron bautizados en agua, y más tarde recibieron el Bautismo en el Espíritu Santo.

Todo este pasaje establece con claridad la diferencia entre el creer en Cristo, ser salvo, tener el Espíritu Santo y recibir el Bautismo en el Espíritu Santo acompañado de sus dones,(hablaron en lenguas y profetizaron) (1 corintios 12:5-10).

Los convertidos en el día de Pentecostés y el Espíritu Santo.

Cuando Pedro predicó el día de Pentecostés, dio instrucciones a su auditorio para que se arrepintieran y fueran bautizados, diciendo que recibirían entonces el don del Espíritu Santo. El Espíritu Santo les había hecho sentir remordimiento. Cuando se arrepintieran, los bautizaría en el cuerpo de Cristo. Luego se bautizarían en agua, para demostrar en forma pública que eran discípulos del Señor. Después de esto recibirían el bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 2:38). Este pasaje demuestra en forma lógica y cronológica que el don del Espíritu Santo se recibe después del arrepentimiento, conversión y salvación.

Por lo tanto es evidente que el recibimiento del Espíritu Santo, del cual se habla aquí, no tiene nada que ver con la operación destinada a procurar que el hombre crea y se arrepienta. Es una operación subsiguiente; es una bendición adicional que se recibe por separado; es un privilegio que se fundamenta en la fe, que opera ya en forma activa en el corazón.

También el Bautismo con el Espíritu Santo puede recibirse prácticamente en la misma oportunidad que en la salvación pero no en el mismo momento. Siempre después (tal vez un instante después).

Pedro, Cornelio y sus familiares y amigos. (Hechos 10:44-46)

Ellos creyeron, fueron salvos, recibieron el Espíritu Santo y fueron Bautizados en el Espíritu Santo en ese orden en pocos momentos (casi simultáneamente pero en ese orden) y los judíos se dieron cuenta de ello porque los oían que hablaban en lenguas y que magnificaban a Dios Versículo 46. De (Hechos 10:34 al 43) Pedro les predica y luego narra lo dicho anteriormente.

Con respecto al don de lenguas podemos decir que:

En (Hechos 2:4) Hablaron en lenguas

Pablo habló en lenguas (Hechos 9:17);(1 Corintios 14:18)

Los de Efeso hablaron en lenguas (Hechos 19:6)

Cornelio y sus amigos hablaron en lenguas (Hechos 10:46)

Y hoy sucede lo mismo en todas partes del mundo, esto es para ti hoy.

EL HABLAR EN LENGUAS

Leer los siguientes pasajes de la palabra de Dios: Marcos 16:17; Hechos 2:4; 10:46; 10:44-48; 19:6; 1 Corintios 12:10; 12:28;

1 Corintios capitulo 14

¿Qué es?

Es un don del Espíritu Santo (1 Corintios 12:1-11). Es recibir un idioma del Espíritu Santo. Puede ser uno o varios (1 Corintios 12:10). Puede ser un idioma conocido o no, o ya extinguido. Al principio se puede decir algunas pocas palabras y a medida que uno las dice puede salir el lenguaje cada vez más fluido.

Es hablar las palabras que nos da el Espíritu Santo orando a Dios (Hechos 2:4) o es un mensaje de Dios hacia otras personas (1 Corintios 14:5b,13).

¿Es para hoy?

Si, todos los dones del Espíritu Santo son para hoy, El Espíritu Santo es el mismo de hace 2.000 años y sus dones los mismos.

¿Que hacer para que el Espíritu Santo manifieste este don a través nuestro?

Ser un verdadero Cristiano y recibir el bautismo en el Espíritu Santo (Marcos 1:8) (Ser lleno del Espíritu Santo, Efesios 5:18, que es un mandato de Dios).

¿Todos los que son bautizados en el Espíritu Santo o llenos del Espíritu Santo hablarán en lenguas?

Con una breve explicación de lo que es: Si, cualquier creyente al ser lleno del Espíritu Santo podrá hablar en lenguas. Es una clásica señal externa de haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo.

¿Corinto era el único lugar en que se hablaba en lenguas?

No. en todas las Iglesias se conocía este don del Espíritu. Ej: Los Efesios:

(Hechos 19:6). En Cesaréa (Cornelio y su grupo de parientes y amigos) (hechos 10:46). Pablo le escribe a los Corintios para decirle como deben practicarlo, no que lo supriman (1 Corintios 12 y 14). A los Efesios no les escribió sobre este punto porque no era necesario, así como no les escribió de la Santa Cena (pues practicaban ambas cosas bien). Que los Corintios practicaban mal la Santa Cena, no llevó a Pablo a decirle que no lo hagan más, sino que lo hagan bien y a enseñarles la manera correcta de hacerla (al igual que el hablar en lenguas).

¿Por qué no las reciben algunos?

Porque no saben bien lo que es, algunos esperan tener experiencias raras o similares a otros cristianos, que les contaron de que manera las recibieron ellos; tal vez esperan caerse o que la lengua se les mueva sola, sentir gozo o algo (aunque esto puede suceder, o no) o tienen miedo porque no saben lo que es, o como es, o temen recibir algo que no sea de Dios, pero Dios dice en (Lucas 11:13)Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu santo a los que se lo pidan? (Entendemos que se refiere a ser llenos de Espíritu Santo), lo dará a los que se lo pidan y está dentro de las “buenas dádivas” (regalos).

Si se pide a Dios un pan no nos dará una piedra, (Mateo 7:9-11) sino que nos dará cosas buenas.

Es una manifestación del Espíritu Santo para provecho de la iglesia

(1 Corintios 12:7), Y para provecho de uno mismo (1 Corintios 14:4), si todos se edifican a si mismos se edifica toda la Iglesia.

ES para hoy, así como es para hoy ser maestro, ayudar etc. (1 Corintios 12:28). Como en la Iglesia no todos están llenos del Espíritu Santo, no se manifiestan en ellos sus dones, por lo cual no todos hablan en lenguas (pero muchos si).

¿Por qué se debe practicar todo con amor y se debe procurar los dones espirituales?

1 Corintios 13 y 14:1. En una Iglesia debe haber amor y Dones del Espíritu.

¿A quien habla?

Habla a Dios y no a los hombres (aunque puede transformarse en un mensaje de Dios a los hombres) siendo ya don de Profecía o de interpretación de lenguas. Es alabanza y oración a Dios pidiendo lo que conviene. (Romanos 8:26) por el Espíritu Santo habla misterios. No lo entiende el que lo escucha, ni el mismo se entiende (1 Corintios 14:14). Aunque lo puede interpretar por el don de Interpretación de lenguas, esto es interpretación de la idea global y no traducción palabra por palabra, salvo que hable ese idioma determinado naturalmente, (sea su idioma natal o aprendido). Ej: puede hablar en lenguas en alemán y no saber lo que está diciendo, solo lo puede entender si lo interpreta por el don de interpretación de lenguas (el mismo u otra persona) o algún Alemán u otro que haya estudiado el Alemán.

(1 Corintios 14:5b) Cuando las interpreta edifica a la Iglesia y es el Espíritu Santo hablando a la Iglesia.

El Espíritu Santo puede hablar por don de profecía a la Iglesia, como por ejemplo el profeta Agabo. (Hechos 11:27-28); (Hechos 21:10-11).

Como cada uno se edifica a sí mismo al hablar en lenguas, San Pablo quería que todos hablaran en lenguas y más que eso que profeticen (1 Corintios 14:5). Es como decir que quisiera que todos supieran matemáticas pero más que todos la supiesen enseñar.

El que habla en lenguas debe pedir en oración poder interpretarla.

1 Corintios 14:14 ¿Quién ora en lenguas yo o el Espíritu Santo?

La persona es la que dice las palabras que le da el Espíritu Santo (Ver Hechos 2:4) dice “Según el Espíritu Santo les daba que hablasen”. El Espíritu Santo da las palabras en nuestra mente (aunque sean raras) y es la persona que las debe decirlas en voz alta por fe. El Espíritu Santo no le hace hablar sino que le da las palabras y la persona debe decidir hablar en fe.

¿Para que sirve?

Para edificación de cada hermano, para alabar a Dios y orar a El lo que conviene.

Además de orar, en mi propia lengua las oraciones personales de siempre.

El diablo no se entera de lo que se dice, aunque Dios si, (Romanos 8:27), y uno ora por cosas que le convienen que la persona misma no sabe que le conviene; por ejemplo: alguien que no se da cuenta de algún defecto que tiene, al orar en lenguas está pidiendo que Dios le cambie ese defecto sin que el mismo lo sepa.

Otro Ejemplo: en algún lugar, que uno no sabe, a algún hermano o persona le pasa algo y uno ora en lenguas y está intercediendo por ese problema sin saberlo.

Las lenguas y también su interpretación animan a los hermanos al escuchar, algo sobrenatural y la presencia del Espíritu Santo se hace más real.

¿Debo orar siempre en lenguas y nunca con el entendimiento o viceversa?

No, debo orar (o cantar) a veces en lenguas y a veces con el entendimiento, es decir en el idioma propio que uno entiende.

¿San Pablo hablaba en lenguas?

Sí, (1 Corintios 14:18), y mucho, en sus largos períodos de oración e intercesión por todas las Iglesias y hermanos (1 Corintios 14:1b). (Hablo en lenguas más que todos vosotros) Pablo sabía lo que explicaba por experiencia pues él hablaba en lenguas.

No decía lo que leyó en algún libro o lo que le contaron de las lenguas, él las hablaba.

También San Pedro, todos los apóstoles, la Virgen María; todos hablaban en lenguas (ver Hechos 1:14 y 2:4).

¿Donde se debe Hablar en Lenguas?

Generalmente en privado. En la Iglesia solo a veces y en orden y sin gritar.

En situaciones que marque el Espíritu Santo y en estas se debe actuar con sabiduría para que las personas nuevas en la fe no se asusten, lo mismo que los no creyentes presentes. Es preferible en reuniones públicas orar en su propio idioma y no en lenguas, salvo que el Espíritu Santo haga sentir (en una situación particular) lo contrario. El hablar en lenguas no es la meta final, o alcanzar la cumbre de la montaña, sino es el comienzo de una vida en el espíritu. Es uno de los dones espirituales solamente.

A veces son para señal de los incrédulos. Uno puede controlar con su voluntad el hablar o no, y debe hacerlo con sabiduría sabiendo cuando es conveniente o no (aún cuando haya unción) (1 Corintios 14:32-33), los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas. Todo lo que se haga debe edificar a la Iglesia: (1 Corintios 14:26b).

Reglas para hablar en lenguas:

Son como las leyes de tránsito para los vehículos, si no estuvieran sería un desorden. Deben hablar en lenguas (si es un mensaje en voz alta) principalmente en reuniones de oración y con hermanos mas crecidos en la fe. Deben hacerlo de a uno y por turno (y no muchos), y otros, o el mismo puede interpretar. Si no hay interpretación generalmente se debe callar o pedir que Dios dé la interpretación. También si no habla nunca porque no hay intérprete Dios no puede dar nunca la interpretación por medio de un hermano.

En todo esto se debe pedir a Dios sabiduría. En reuniones pueden hablar todos pero en forma de murmullo intercediendo como Iglesia en lenguas. Al hablar en privado en lenguas habla para si mismo y para Dios (1 Corintios 14:28b). Dios es un Dios de paz y no de confusión (1 Corintios 14:33). No debemos dejar, tampoco que malos testimonios o experiencias negativas en este asunto que se puedan haber tenido con hermanos que como los Corintios que no sabían muy bien como manejarse en estas cuestiones, nos priven de las bendiciones de Dios, como por ejemplo, el hablar en lenguas correctamente según las reglas bíblicas(no en confusión sino en paz).

No hablen “a los gritos en lenguas” pero si hablen en lenguas.

Resumen final (1 Corintios 14:39-40). No impidan el hablar en lenguas; hablen en ellas, pero hágase todo decentemente y con orden.

El hablar en lenguas es un don sobrenatural y maravilloso del Espíritu Santo para cada cristiano verdadero, nacido de nuevo (salvo) y bautizado en el Espíritu Santo.

EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO, COMO RECIBIRLO

Recibámoslo ahora:

Después de haber estudiado que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia distinta de la conversión, que es una bendición que el creyente debe anhelar profundamente y que está a nuestra disposición en la actualidad, estamos preparados para hacer la pregunta: ¿Cómo podemos recibir el bautismo en el Espíritu Santo? Asentir con el intelecto en lo que respecta a una conclusión y aceptar y considerar una doctrina como teológicamente correcta es bueno en sí, pero será de escaso valor para nosotros personalmente, a menos que nos aferremos a las promesas de Dios y penetremos experimentalmente en ese plano de bendición con respecto al cual hemos creído. Para aquellos que están preparados para entrar en el glorioso plano del Bautismo en el Espíritu Santo, decimos esto:

Debemos ser salvos primero:

El primer asunto que el hombre debe de dejar establecido al aproximarse a Dios pidiendo el Bautismo en el Espíritu Santo, es: sí está o no justificado ante Dios.

El pecador jamás podrá recibir el Bautismo en el Espíritu Santo. “Y yo rogare al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: al Espíritu de verdad, al cual el mundo (el que no es de Dios) no puede recibir. (Juan 14:16, 17).

El mundo no puede recibirle (los que no son Cristianas de verdad, es decir convertidos y que aceptaron a Jesucristo como el Señor de su vida). Se trata de una imposibilidad. Dios no puede negarse a sí mismo, o contradecirse, El no puede bendecir el mal.

No puede penetrar en un vaso impuro, en un vaso que no se ha rendido a él.

Debe existir un renacimiento definido como preparación esencial para recibir el bautismo en el Espíritu Santo.

Debemos saber a ciencia cierta que somos salvos, debemos arribar a ese lugar donde el Espíritu Santo testifica a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. (Romanos 8:16).

Debemos obedecer:

“Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.” (Hechos 5:32). Surge aquí la posibilidad de que existan diferencias entre el creyente y su Dios. Si existe rebelión contra el Señor, por pequeña que parezca, el creyente debe de arreglar la cuestión pendiente, rindiéndose sin reservas a la voluntad soberana de Dios.

Los que lo rechazan no son obedientes.

A esta altura de nuestro estudio, podemos formularnos la siguiente pregunta: ¿Cómo pueden sus hijos caminar en la luz y ser obedientes, si no han dejado que el Espíritu Santo les llene?. El Señor Jesús les dijo a sus discípulos que fueran y hicieran discípulos, y que les enseñaran que guardaran todas las cosas que él les había mandado. (Lucas 28:20). Les había ordenado que no se vayan de Jerusalén hasta que no fueran investidos de poder desde lo alto (Lucas 24:49). Este mandamiento debía ser transmitido a los que se convirtieran en virtud del ministerio de los discípulos, es decir, debía ser transmitido a los nuevos discípulos. En virtud de ello, el mandamiento es aplicable a nosotros también. Se expresa en (Efesios 5:18) que dice: “Sed llenos del Espíritu”. ¿Podemos ser hijos obedientes y desobedecer el mandamiento? Si los quinientos hermanos por quienes fue visto después de su resurrección (1 Corintios 15:6) oyeron el mandamiento del Señor de esperar en la ciudad de Jerusalén y solamente ciento veinte obedecieron y recibieron el Espíritu Santo, luego se desprende de ello que trescientos ochenta no obedecieron, y al no obedecer, no recibieron. No esperaron tal como habían sido instruidos. Por lo tanto, no reunieron las condiciones necesarias para recibir el Bautismo en el Espíritu Santo. No nos debe sorprender entonces el hecho de que miles no reciban el Bautismo en el Espíritu Santo.

Pedir, Creer y recibir:

Debemos Pedir:

Lucas 11:13 dice:“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? Tenemos aquí reflejada la bondad, la generosidad, la buena voluntad y la imparcialidad de nuestro maravilloso Padre Celestial. Puede dar el Bautismo en el Espíritu Santo a todos los que se lo piden. EL está mas deseoso de darnos el Bautismo en el Espíritu Santo que nosotros, padres terrenos, estamos de dar a nuestros hijos lo que nos piden.

La única limitación existente es aquella que pueda imponer nuestra falta de deseo.

Dios da el Bautismo en el Espíritu Santo a los que se lo piden.

Jesús dijo:”Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”. (San Juan 7:37-39).

No tenéis lo que deseáis, porque no pedís.” (Santiago 4:2). Se trata del examen eliminatorio de Dios, destinado a determinar quien es considerado digno de recibir este don de valor inapreciable. Este don es completamente gratis, pero solo lo recibirán los que lo anhelan y lo piden. “Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia.” (Hebreos 4:16).

Debemos pedir con Insistencia

¿Pediremos una vez y pensaremos que ya es suficiente? ¿Consideraremos que nos dio el Bautismo en el Espíritu Santo cuando se lo pedimos una vez, aunque no existan evidencias posteriores de que el Espíritu Santo descendió en nuestra vida? o nos encogeremos de hombros y exclamaremos: “No es culpa mía. Pedí, y nada pasó. ¿Qué voy a hacer?

No, esa no debe ser nuestra actitud. Mas bien leamos lo siguiente: “Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá.” (Mateo 7:7). Debemos pedir hasta recibir. Jesús nos prometió que eso sucedería, (Lucas 11:9-13)”Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,¿ cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?. Este pasaje termina con la promesa de dar el Espíritu Santo a los que se lo piden. Versículo 13. Esto constituye la instrucción de Cristo de continuar pidiendo hasta que recibamos el llenamiento del Espíritu Santo.

Debemos Creer.

“Para que la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles a fin de que

por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.” (Gálatas 3:14).

Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él.”(Juan 7:39).

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios, crea que le hay, y que es galardonador de lo que le buscan” (Hebreos 11:6).

Los que piden, los que buscan y los que llaman en procura del bautismo en el Espíritu santo debieran recordar que este acontecimiento experimental se denomina asimismo “el don del Espíritu Santo”. Un don no se adquiere por medio del trabajo, o se gana como premio o como retribución al mérito. Un don no se puede imponer tampoco sobre una persona. No son los gritos ni las repeticiones de frases y alabanzas lo que hace descender el Espíritu Santo, aunque las exclamaciones en voz alta y la mucha alabanza son bíblicas, y por lo tanto no está mal, si nos sentimos inclinados a pronunciarlas en el momento adecuado. Salmo 98:4; Salmo 150; Salmo 67:3, 5; Lucas 19:37-40. Pero no podemos “pagar” por el don, ni aun de esta manera. El llenamiento con el Espíritu Santo es un don, glorioso, enviado de Dios, y lo recibimos por la fe y por fe solamente.

Elementos de la Fe

La fe en Dios consiste de no depender en ningún momento de nosotros mismos o de los demás, y de la convicción de que solamente Dios tiene lo que nosotros necesitamos y queremos. Debemos creer en forma implícita que el Padre Celestial nos llenará con el Espíritu Santo sólo en calidad de don(regalo), pero al mismo tiempo debemos tener la firme convicción de que nos dará en abundancia, si cumplimos las condiciones y le pedimos sus dones. Fijémonos, entonces, en primer lugar, que nuestras cuentas con Dios estén canceladas. Luego nos abstenemos de esforzarnos, y acudimos al Padre solicitándole el don que buscamos.

La fe recibe:

En este estado de expectativa extendemos nuestras manos, por decirlo así, para recibir lo que Dios nos ha prometido. Le fe es simbólicamente la mano que se extiende y recibe el don del Espíritu Santo. Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera”(Juan 6:37)

Nunca alguien que fué al Señor de esta manera ha quedado desilusionado.

Los apóstoles Oraron y Alabaron a Dios.

Nos quedan ahora por estudiar los ejemplos bíblicos en lo que se refiere al recibimiento del bautismo en el Espíritu Santo. Si el ser creyente primero, luego obedecer, pedir y creer constituyen los pasos que conducen al Bautismo en el Espíritu Santo, luego podemos decir que fueron estos los pasos que dieron los discípulos de la iglesia primitiva y posteriormente otros. A los discípulos se les dijo que debían esperar en la ciudad de Jerusalén hasta que fueran investidos de poder desde lo alto. (Lucas 24:49).

Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego. (Hechos 1:14). “Y estaban continuamente en el templo, alabando y bendiciendo a Dios” (Lucas 24:53). Fue así que obedecieron y esperaron; pidiendo mediante la oración y la súplica; creyeron y expresaron su fe alabando y bendiciendo a Dios. ¿Retribuyó el Señor la conducta de fe de sus discípulos?:sí: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” (Hechos 2:4).

Los samaritanos creyeron y Pedro y Juan oraron por ellos:

En Samaria, los convertidos de Felipe creyeron la predicación relativa al reino de Dios y al nombre de Cristo y fueron bautizados, tanto los hombres como las mujeres.(Hechos 8:12). Pedro y Juan llegaron desde Jerusalén con el objeto de predicarles el Bautismo en el Espíritu Santo, e imponerles las manos para que lo reciban, porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos. Ningún avivamiento debe transcurrir mucho tiempo sin que los creyentes reciban el Bautismo en el Espíritu Santo. Así lo creyeron los apóstoles que se encontraban en Jerusalén, y esa es la eterna verdad. Pedro y Juan oraron por ellos, para que recibieran el Bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 8:15). Pedro había informado al Sanhedrín en el sentido de que se les daba el Espíritu Santo a los que obedecían (Hechos 5:32), y de esta manera sin duda se explicó ante los convertidos samaritanos. Tanto Pedro como Juan habían escuchado al Señor Jesús decir, que el Padre daría la promesa del Espíritu Santo a los que la pidieran. Con seguridad que dijeron esto también a los convertidos samaritanos. Los apóstoles, después de haber instruido a estos discípulos, (que aguardaban sin duda con expectativa), y de haber orado por ellos, les impusieron las manos y recibieron así el Bautismo en el Espíritu Santo. (Hechos 8:17).

Pablo oró y se oró por el.

Pablo se convirtió en el camino de Damasco y al quedar ciego, tuvo que ser conducido de la mano a la ciudad de Damasco. Había llamado Señor a Jesucristo, y nadie puede hacerlo sino por el Espíritu Santo. (1 Corintios 12:3). Después de tres días el Señor le dijo a Ananías un devoto discípulo que fuera y preguntara por un hombre llamado Saulo de Tarso “porque he aquí, él ora.” Se trataba ya de un creyente, (Ananías lo denomina hermano); había obedecido a Cristo al venir a Damasco a escuchar lo que el Señor quería decirle. Estaba ahora orando, quizá no supiera lo que necesitaba, pero Dios lo sabía, y envió a Ananías, a fin de que Saulo recibiera la vista y fuera lleno del Espíritu Santo.

Ananías le impuso las manos y oró por él. Imponer las manos era un método común del Maestro. Jesús tocó la suegra de Pedro, y ella se levantó y les servía. (Mateo 8:15).

En su segundo viaje a Nazaret, puso las manos en unas cuantas personas enfermas, las cuales sanaron. (Marcos 6:5). Jesús había prometido que estas señales seguirían a los que creyeran: sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán, (Marcos 16:18).

Pablo y Bernabé fueron enviados en calidad de primeros misioneros de la iglesia, después que los dirigentes de ella les impusieran las manos. (Hechos 13:3). Se trata de que el que ora es un cauce, por así decirlo, por el cual fluye o corre el poder del Señor, tanto para la sanidad, como para bendición o para el Bautismo en el Espíritu santo.

Los que estaban congregados en la casa de Cornelio recibieron el Bautismo en el Espíritu Santo de repente.(Hechos 10:44-48).

En la casa de Cornelio, la soberanía de Dios intervino en forma especial. Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu santo cayó sobre todos los que oían el discurso.(Hechos 10:44). Este es siempre el privilegio de Dios. No se puede poner limitaciones a Dios, o pretender que opere de acuerdo a un sistema determinado.

Pedro le había informado a su auditorio lo siguiente: “Arrepentíos,…cada uno de vosotros y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38) si la persona procede en obediencia a Dios, de acuerdo todo a lo que sabe, y según la luz que posee, Dios que conoce los corazones puede actuar como El lo desee. ¿Quién no aceptaría gustoso otras intervenciones divinas en el derramamiento del Espíritu Santo, tal como ocurrió en la casa de Cornelio? ¿No podemos considerar acaso que este acontecimiento representaba el ideal de Dios, su fórmula perfecta, por así decirlo? Es decir, al creer en Cristo recibe el Espíritu Santo e inmediatamente el Bautismo en el Espíritu Santo?

Pablo oró por otros para que recibieran el Bautismo en el Espíritu santo

Los Efesios creyeron y Pablo oró por ellos (Hechos 19:1-6)

En Efeso, Pablo instruyó cuidadosamente a los discípulos de Juan el Bautista ya que ellos no sabían nada del Espíritu Santo, ni de la salvación; así que cuando ellos creyeron y fueron salvos los bautizó en agua y luego les impuso las manos y ellos también recibieron el Bautismo en el Espíritu Santo, con las señales que le siguen, ya que hablaban en lenguas y profetizaban (Hechos 19:6). ¿Quién diría que no los instruyó de acuerdo al ejemplo que había sido seguido hasta ahora? Se trata de un ejemplo o modelo: primero: sé salvo, luego: pide a Dios que te bautice en el Espíritu santo, o llama a un ungido hombre de Dios para que te imponga las manos, como en este caso hizo Pablo, y recibe el Bautismo en el Espíritu Santo con las señales que le siguen.

Luego que Pablo les impuso las manos ellos hablaron en lenguas y profetizaron.

Recordemos que Pablo lo recibió cuando Ananías impuso sus manos sobre el, obedeciendo un mandato del Señor (Hechos 9:17). Obedece a Dios, busca sus bendiciones, cree en él de todo tu corazón y recibirás el Bautismo en el Espíritu Santo.

Imposición de manos:

Leer los siguientes pasajes Deuteronomio 34:9; Mateo 19:13-14; Marcos 5:23; 6:5; 8:23,25; 10:16; 16:18; Lucas 4:40; 13:13; Hechos 6:6; 8:17-19; 9:12,17; 13:3; 19:6; 28:8; 1 Timoteo 4:14; 5:22; 2 Timoteo 1:6; Hebreos 6:2.

Génesis 48:14; Éxodo 29:10,15,19; Levítico 4:15; 8:14,18; 16:21; Números 27:23.

EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO

SUS PROPOSITOS.

La noche antes de la crucifixión de Jesús, el apóstol Pedro vaciló en su posición y testimonio, llegando al extremo de negar tres veces a su Señor. Después de recibir poder de lo alto el Día de Pentecostés, Pedro fue transformado y dio testimonio en una forma tan convincente que tres mil almas se entregaron a Cristo. ¿Qué había pasado en la vida de ese discípulo temeroso y vacilante? ¡Había recibido el bautismo en el Espíritu Santo!.

Obedeciendo a ciertas grandes necesidades del creyente en Cristo, el bautismo en el Espíritu Santo proporciona poder para cumplir los siguientes propósitos de vida:

1. Fortaleza para ser un fiel testigo de Cristo.

“Recibiréis poder”, prometió Jesús, “cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).

El Espíritu Santo proporciona la fortaleza divina para un testimonio fiel y rebosante de la experiencia cristiana. Pedro recibió esa fortaleza. Los creyentes de la primera Iglesia en Jerusalén pasaban por amenazas y persecuciones, pero “cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban CON DENUEDO la palabra de Dios” (Hechos 4:31).

2. Poder para cumplir con la comisión de Cristo.

Antes de ascender al cielo, el Señor Jesucristo encargó la continuación de su gloriosa obra en manos de sus discípulos. Durante los tres años de su ministerio, Cristo había solamente iniciado su obra. Quedaba la labor esforzada de la evangelización del mundo entero. El pecado reinaba en el mundo. Había enfermos que necesitaban ser sanados, demonios que debían ser expulsados, y una Iglesia que debía fundarse. ¿Cómo cumplir con tan difícil tarea? ¿Cómo cumplir con la misma comisión en pleno siglo XX en situaciones aún más difíciles? ¡Sólo con la capacitación espiritual que el mismo Cristo prometió en el Bautismo de Poder!.

Las palabras de Jesús a sus discípulos fueron: “Que se predicase… el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:47-49). Días antes, Cristo les dijo también a ellos: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre… Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”(Juan 14:12 y 16).

Con el poder del Espíritu Santo estos primeros discípulos cumplieron en pocos años esa gran comisión del Señor. Al final del primer siglo, la Iglesia contaba con millones de cristianos en todas partes del mundo conocido.

Delante de nosotros está la tarea inconclusa. Sólo una Iglesia llena del Espíritu Santo hará frente a una labor de semejantes proporciones.

3. Una vida de victoria personal.

El bautismo en el Espíritu Santo proporciona una vida victoriosa para una vida llena del Espíritu y completamente rendida al Señor. El hecho de profesar fe en Cristo no presupone una vida de victoria personal. Hay un enemigo activo.(El diablo y sus demonios)(2 corintios 2:11;Hebreos 12:1; Mateo 26: 41; 1Pedro 5:8; Efesios 4:27; 6:12)

Nuestra vida puede ser ilustrada por un vaso, pues el apóstol Pablo nos llama “vasos de barro”.

Mientras el vaso, aún habiendo sido limpiado, sigue vacío o está a medio llenar, hay cabida para una infinidad de cosas que el mismo enemigo quisiera introducir en nuestra vida. Sólo cuando el vaso está completamente lleno y rebosando (del Agua de Vida el Espíritu Santo) tenemos la seguridad de que no hay cabida para las basuras del diablo. Si se hecha agua en un vaso hasta que éste rebose la misma acción del agua saca cualquier pajilla que se halla introducido en el vaso. Así es la vida cristiana también.

4. Una puerta de acceso.

Otro propósito del Bautismo en el Espíritu Santo es proveer una puerta de acceso a la vida llena del Espíritu y el ejercicio de los dones del Espíritu Santo. Este bautismo no es un fin en si mismo. Allí no debe terminar nuestra búsqueda de Dios ni el anhelo de profundidades espirituales. El bautismo sirve como una puerta que se abre a una vida nueva en “el espíritu”.

Allí, en esa vida, hay riquezas espirituales, dotaciones especiales y experiencias diarias de ministerio efectivo. Falta explorarlo. Pero se tiene que entrar por la puerta. El bautismo en el Espíritu Santo es como la puerta de calle que se abre a una extensa propiedad. Una vez que entra a la propiedad, la persona puede explorar todos los patios, habitaciones y compartimientos que allí existen. Así también es el bautismo en el Espíritu que abre al creyente una vida espiritual completamente nueva.


EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO

SU NATURALEZA

Para ayudarnos a comprender la naturaleza de esta experiencia sublime cuando el creyente en Cristo recibe el poder de lo alto, la Biblia hace una comparación entre el bautismo en agua y este bautismo espiritual.

Juan el bautista dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11).

Jesús mismo dijo: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:5). Tanto Juan Bautista como Cristo hicieron comparación entre estos dos bautismos.

La misma palabra “Bautismo” en su etimología siempre lleva el sentido de estar completamente cubierto. Trata de una inmersión. Los griegos de los tiempos bíblicos empleaban la palabra en el sentido secular del proceso de sumergir lana en cierta solución líquida para teñirla. El género quedó completamente cubierto por el líquido y fue cambiado de color. ¡Se bautizó”!.

En el bautismo en agua el pastor sumerge al candidato en el agua. Cumpliendo con el simbolismo de ser sepultados juntamente con él (Cristo) para muerte por el bautismo” (Romanos 6:4). En el bautismo en el Espíritu. Santo, el que bautiza es Cristo, y el elemento en el cual se sumerge al candidato para una saturación espiritual completa y una inundación gloriosa de todo su ser, es el Espíritu Santo (como río de agua viva).

Para comprender aún mejor esta experiencia espiritual, nos ayudará un estudio de los dos primeros capítulos del libro de los Hechos. Allí están escritos los detalles del primer gran descenso del Espíritu Santo en el día del Pentecostés:

Manifestaciones sobrenaturales.

1. El bautismo del Espíritu Santo en Jerusalén fue acompañado de “un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa… y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueran todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2:2-4).

Participación humana.

2. Al ponerse en contacto con el gran poder celestial, los discípulos en aposento alto quedaron visiblemente conmovidos. Todos hablaron en nuevas lenguas. También se registraron otras manifestaciones externas lo suficientemente notables como para juntar una gran multitud. ¡Algo nuevo estaba aconteciendo en la antigua Jerusalén! (Hechos 2:5-13.)

Resultados poderosos.

3. Mientras algunos se burlaban de esa escena extraña, otros quedaron convencidos que allí se estaba manifestando el poder de Dios en cumplimiento de grandes profecías. Pedro, ungido y lleno del Espíritu Santo, predicó un sermón que dio como resultado la conversión de 3000 almas a Cristo (Hechos 2:14-47). Antes no se atrevían a salir de su casa a pesar de haber estado con el Cristo resucitado por 40 días.


EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO

SU RECEPCION

Habiendo estudiado los propósitos divinos del Bautismo en el Espíritu Santo y habiendo examinado algunos detalles sobre la misma experiencia, surge lógicamente la pregunta: ¿Qué se debe hacer para recibir ese bautismo? La Biblia nos enseña que el candidato para este bautismo espiritual tiene que dar tres pasos importantes en su preparación personal:

1. Haber nacido de nuevo ( Juan 3:3; Gálatas 4:6; 6:15; Romanos 8:9;)

2. Arrepentimiento completo, consagración y entrega completa.

Antes de poder recibir la llenura del “agua de vida” en nuestro “vaso de barro”, el vaso tiene que hallarse en un estado de limpieza espiritual mediante el arrepentimiento y el perdón de los pecados. Al ser interrogado en el mismo Día de Pentecostés sobre este particular, Pedro dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros… para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38).

Tanto el creyente nuevo como el antiguo, si desea recibir este bautismo de poder, tiene que poner las cuentas al día con Dios y con los hombres. Muchas veces Dios requerirá la confesión y la restitución. A medida que el candidato se va acercando al Señor, la luz de su presencia revela los pecados secretos y todo estorbo espiritual que existe en su vida. Habiendo cumplido con este requisito de la limpieza de los pecados por la sangre de Jesús, el candidato está listo para el siguiente paso.

3. Fe.

El bautismo en el Espíritu Santo fue prometido por Jesús. ¡El siempre cumple con sus promesas! El apóstol Pedro explica que la promesa es para todos al decir: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”(Hechos 2:39). ¡Nosotros estamos comprendidos dentro de esa promesa!

Para cumplir con esta parte de la fe, se sugiere que el candidato de los siguientes pasos:

a. Creer que la promesa es para él.

b. Creer que este bautismo es un don de gracia que Dios quiere dar a todo aquel que se lo pide: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:13).

c. Pedir y extender la mano de la fe para recibir lo prometido.

d. Alabar a Dios como expresión de la fe. El ejemplo del aposento alto hace ver que los discípulos “volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre en el templo ALABANDO Y BENDICIENDO A DIOS”. (Lucas 24:52 y 53) Mientras ellos esperaban el cumplimiento de la promesa, demostraron su fe mediante la alabanza. La alabanza desaloja al diablo, lleva el alma a la presencia del Señor, trae la victoria, y demuestra la fe en acción.

4. Sumisión.

El cuarto paso que de tomar el candidato es el de la sumisión o completa rendición de su ser. Se debe recordar que esta experiencia es un bautismo. Como en el bautismo en agua se requiere la completa rendición del candidato a la disposición del bautizador, así también en este bautismo espiritual el candidato tiene que rendirse completamente e incondicionalmente a los brazos de Cristo para ser sumergido en el Espíritu Santo.

Puesto que para muchos ésta es la parte más difícil, y puesto que sin cumplir con este requisito no hay bautismo, se sugiere cumplir con la parte de sumisión de la siguiente manera:

a. Dejar toda resistencia. Para someterse completamente al Espíritu Santo, se tiene que tomar la decisión de rendirse totalmente a su voluntad.

b. Rendir todo el ser al Señor, la mente y la lengua siendo los más difíciles de entregar.

c. Autorizar al Espíritu Santo a tomar posesión completa del alma, espíritu y cuerpo que han sido comprados por el Señor Jesús. Entregarle todas la llaves que conducen a los rincones más reservados de la “casa” que es nuestro ser; nuestros afectos, nuestras emociones, nuestras aspiraciones y nuestra voluntad.

Habiendo cumplido con los tres pasos del arrepentimiento, fe y sumisión. Dios cumplirá con la parte suya la de bautizar al candidato, llenando su vida del glorioso poder de lo alto.

EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO

LA EVIDENCIA INICIAL.

Según el libro de los Hechos, donde tenemos el modelo para esta experiencia consta en sus páginas que la evidencia inicial de haber recibido el Bautismo en el Espíritu Santo es el hablar en nuevas lenguas. Con decir “evidencia” nos referimos a la presencia de alguna señal convincente en forma física. Con decir “inicial” nos referimos a la primera señal o manifestación que acompaña este bautismo espiritual.

Volviendo a la analogía del bautismo en agua, no queda lugar a duda que el candidato haya sido bautizado, pues al subir del agua, está completamente mojado, está chorreando agua, y por esta misma señal se convencen todos de este mismo bautismo. Así también en el bautismo en el Espíritu Santo. Dios no deja en la duda ni al candidato ni al público presente, pues hay una señal muy convincente también la de hablar en nuevas lenguas bajo el control del Espíritu Santo.

Si usamos una ilustración de la vida común, entenderemos mejor lo de la “evidencia inicial”. Supongamos que mientras vamos conversando, vemos a una pequeña distancia un camión estacionado. El chofer entra por la puerta del vehículo y enciende el motor. ¿Cuál es la evidencia inmediata (inicial) de haberse encendido el motor? ¡Es, pues, el ruido mismo del motor! Estamos satisfechos de que el motor está funcionando porque escuchamos el ruido. Por cierto el motor no se ha encendido solamente para escuchar el ruido, pero sí, es la primera evidencia. Así es también con este bautismo la señal convincente e inicial es el hablar en nuevas lenguas.

La Biblia establece esta verdad en los varios casos mencionados en el libro de los Hechos. Examinaremos cinco casos en que fue derramado el Espíritu Santo. Los primeros tres mencionan claramente la presencia de esta señal:

1. E1 día de Pentecostés.

“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en tras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen (Hechos 2:4).

2. La casa de Cornelio.

“Mientras aún hablaba Pedro estas palabras el Espíritu Santo cayó ó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios” (Hechos 10:44-46).

3. Los creyentes de Efeso.

“Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban” (Hechos 19:6).

En estos tres casos, tanto entre gentiles como entre judíos, no se deja lugar a discusión o comentario. La señal convincente de haber recibido el Bautismo en el Espíritu Santo fue la de hablar en nuevas lenguas.

En los otros casos a mencionarse, la Escritura no da los detalles del acontecimiento, pero la conclusión lógica a que llegaremos es que también en estos casos los candidatos hablaron en nuevas lenguas:

4. Samaria.

“Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por, ellos para que recibiesen el Espíritu Santo… entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hechos 8:14-17).

En este caso no se menciona ninguna señal. Sin embargo, Simón el mago vió una señal tan convincente que él ofreció dinero por el don de poner las manos sobre otros para que recibiesen el Espíritu Santo. “Cuando vió Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo” (Hechos 8:18—19).

Es evidente que Simón observó algo muy diferente ;Ese mago debió ver y oír las mismas señales que siempre acompañan el bautismo en el Espíritu Santo!.

5. El apóstol pablo.

En el relato sobre la experiencia de Saulo de Tarso al recibir la promesa del Espíritu Santo, nos dice loa Escritura: “Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo” (Hechos 9:17). No se mencionan nuevas lenguas, ni tampoco se mencionan otras manifestaciones externas. Es evidente, sin embargo que el apóstol Pablo tenía la evidencia de nuevas lenguas porque más tarde declaró: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1 Corintios 14:18).

Después de estudiar detenidamente estos cinco casos, llegamos a la conclusión de que Dios a manifestado claramente en su palabra que cuando el creyente en Cristo busca y recibe el bautismo en el Espíritu Santo, la primera evidencia externa que se manifiesta es la de hablar en nuevas lenguas. Sí, Dios escogió las nuevas lenguas como señal.

Algunas personas preguntan por qué Dios escogió precisamente esta señal como evidencia. Podemos contestar que la evidencia de nuevas lenguas demuestra la sabiduría divina. Dios escogió una evidencia que satisface. Consideraremos las siguientes razones:

Primeramente diremos que las nuevas lenguas son una evidencia externa. El hombre necesita una evidencia física, externa. Sólo Dios ve lo interior del hombre. Es lógico pensar que el cuerpo humano registre alguna reacción física al ponerse en contacto con la potencia divina. ¿Quién es el hombre que puede guardar silencio cuando la plenitud del cielo está fluyendo a través de su ser? Y al manifestarse esta evidencia vocal e inmediata, el hombre queda satisfecho, pues los otros resultados y el fruto del Espíritu comenzarán a aparecer en su vida.

La señal de nuevas lenguas es también una evidencia uniforme. Sirve de evidencia convincente tanto para el intelectual como para el hombre sin letras, para el habitante de las grandes ciudades como para el hombre del campo, y satisface a personas de toda índole y personalidad.

Otra razón es que la señal de hablar en nuevas lenguas nos parece ser una prueba del completo control del Espíritu Santo en el hombre. El propósito del Espíritu Santo es trabajar mediante el hombre, usando los miembros del cuerpo humano como instrumentos para la gloria de Dios. La naturaleza indomable de la lengua hace ver lo maravilloso de esta obra del Espíritu. El apóstol Santiago dice: “Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; porque ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal” (Santiago 3:7,8). Parece que el último miembro que el hombre desea rendir a Dios es la lengua, y una vez rendida ésta, al hablar en nuevas lenguas, es la evidencia del cuerpo entero rendido al Espíritu.

En el cielo todos hablaremos un solo idioma. Todos nos entenderemos. Fue por causa del pecado y la desobediencia, que vino la confusión de Lenguas en el mundo. La evidencia de nuevas lenguas constituye un anticipo del lenguaje celestial perdido en el época de la Torre de Babel. ¡En esta gloriosa experiencia del bautismo en el Espíritu Santo nos llega un poco del cielo, mientras estamos camino al cielo!.

Al concluirse el estudio de este capítulo sobre la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo, hay una palabra de precaución que no debemos olvidar. Hablar en nuevas lenguas es la señal de haber sido llenado del poder del Espíritu. Esa señal indica la presencia de lo importante de la experiencia: EL PODER DEL ESPIRITU PARA SERVIR A DIOS Y AL PRÓJIMO. Entonces, al buscar le promesa del Señor, no buscamos la señal sino la realidad. Volvamos a nuestra ilustración del camión. No se encendió el motor sólo para escuchar el ruido o para ver sacudirse la carrocería del vehículo, sino para poner en marcha la máquina con el fin de cumplir los trabajos a que se presta un camión. Ese vehículo, al ponerse en marcha, puede subir cuestas, pasar cumbres, atravesar ríos, y en fin cumplir con el TRABAJO que desea su dueño. Esas son las otras evidencias de mucha importancia que se manifestarán.

Para nosotros, hermanos, el hablar en nuevas lenguas nos confirma que ¡el motor está encendido! El poder del Espíritu nos es dado, y ahora nos toca cumplir las órdenes del dueño. Y al mantenernos llenos de ese poder, se manifestarán otras señales a través de nuestra vida llena del Espíritu Santo.

LA VIDA LLENA DEL ESPIRITU SANTO

La vida cristiana que cumple con los propósitos de Dios es la vida llena del Espíritu Santo. La vida cristiana que el mundo desea ver hoy es una vida llena del Espíritu Santo. Todo creyente, para tener un ministerio efectivo ante su generación, debe procurar en la experiencia de cada día, la vida llena del Espíritu Santo.

El apóstol Pablo, en una de sus exhortaciones más importantes, dice: “Sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18). La condición habitual de ser lleno del Espíritu no se consigue de una vez para siempre al ser llenado por el Espíritu Santo en la experiencia del Bautismo en el Espíritu santo. Tenemos que seguir recibiendo en el vaso de ese río de vida que lo hará rebosar.

El mismo verbo empleado por San Pablo al decir “sed llenos” es un verbo continuativo o progresivo. La exhortación del apóstol, entonces, es: “Seguid siendo llenos del Espíritu.” Es esta vida llena del Espíritu, y sus señales correspondientes, lo que constituye el tema de nuestro estudio en el presente capítulo. Hay que seguir orando, estando en la presencia del Señor (recibiendo de El), teniendo buen testimonio, sirviendo y hablando en lenguas, es decir mantenerse lleno del Espíritu Santo.

La puerta de acceso.

Para poder entrar a esta hermosa vida llena del Espíritu, se tiene que pasar necesariamente por la puerta. La puerta es el Bautismo en el Espíritu Santo. Ya hemos pasado por el estudio de este bautismo, pero ahora queremos relacionar este bautismo con la vida diaria llena del Espíritu, como la puerta que se abre para dar paso a esta hermosa vida.

En casi todas nuestras ciudades latinoamericanas, tenemos una ilustración de esta verdad en los sectores antiguos de la ciudad donde todavía se ve la clásica “puerta de calle”. Es la puerta principal de toda una propiedad, que comunica entre la calle y todo lo que representa dicha propiedad. Una vez pasada esta puerta, se entra a la primera parte de las varias construcciones interiores. En muchas de estas casas antiguas hay un primer patio con sus habitaciones, departamentos, y dependencias. De allí se entra a un segundo, tercero o cuarto patio. Cada patio tiene sus respectivas viviendas, y cada familia tiene que pasar por la “puerta de calle” para llegar a su respectivo lugar. Así también es la vida “llena del Espíritu Santo”. Por medio del bautismo en el Espíritu se pasa por la puerta de acceso, y de allí, todos los días, mientras el Señor nos dé vida, estamos explorando y ocupándonos en esta “propiedad espiritual”

Para establecer en forma clara la relación que tiene el bautismo en el Espíritu con la vida diaria llena del Espíritu, haremos las siguientes observaciones:

El bautismo en el Espíritu Santo no es un fin en sí mismo. Dios no quiere que esto sea una sola experiencia, sino que sea un comienzo de una nueva vida sobrenatural y de victoria. Ciertamente, hay una experiencia que llamamos el “bautismo en el Espíritu Santo”, pero la voluntad del Señor es que tengamos muchas llenuras del mismo Espíritu. Así vemos que el bautismo es simplemente el comienzo de una hermosa relación diaria “con el Espíritu”. El bautismo abre la puerta a la vida cristiana poderosa, incluyendo los dones, manifestaciones y fruto del Espíritu Santo.

Las escrituras ilustran esta condición habitual y diaria de “estar lleno del Espíritu” en la vida de muchos hombres de Dios, muchos días y años después del día de Pentecostés. Cuando la iglesia primitiva se propuso elegir a sus primeros diáconos, busco a ‘siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría’ (Hechos 6:3). En los momentos críticos de entregar su vida como primer mártir de la iglesia, “Esteban lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hechos 7:55). Más tarde, cuando la iglesia ya se estaba extendiendo a las naciones gentiles, nos dice de Bernabé, que “era varón bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe” (Hechos 11:24). Estos hombres de Dios, aun en medio de grandes trabajos y sacrificios, habían aprendido a mantenerse en una condición diaria de “ser lleno del Espíritu Santo”.

Las evidencias de una vida llena del Espíritu Santo.

Ya hemos estudiado en forma detallada sobre la evidencia inicial de la plenitud del Espíritu. Nuestro propósito ahora es examinar algunas otras señales o evidencias que deben de existir en una vida “llena del Espíritu”.

Las Escrituras que acabamos de examinar nos indican que la condición de ser llenos del Espíritu es conocible. Los apóstoles le dijeron a la Iglesia en Jerusalén que buscaran a siete hombres llenos del Espíritu ¿Cómo podían escoger a siete hombres llenos del Espíritu Santo sin saber quién estaba lleno? Esta condición debió ser una señal conocible, pues deben haber ciertas señales que nos indican esa condición de “ser llenos del Espíritu”. El mismo apóstol que nos encomendó las palabras “sed llenos del Espíritu” en su carta a los Efesios, sigue dándonos algunas de esas señales. (Efesios 5:19-21).

¡He aquí las señales bíblicas!

1. Una vida rebosante.

La llenura del Espíritu es en esa forma sobreabundante, y el resultado se demuestra en el testimonio desbordante. Pablo describe esta plenitud al decir: “Hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones” (Efesios 5:19).

Si la persona está llena del Espíritu Santo, es natural que brote de sus ser un río de alabanza, canción y testimonio.

Nuestro Señor Jesucristo describe esta vida al hacer uso de la ilustración de un río que fluye: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que crea en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38). Juan añade estas palabras: “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen el él”. Un río de agua viva que cae sobre nosotros desde arriba, que fluye de nuestro ser, y que rebosa de bendición para otros… ¡gloriosa ilustración de una vida llena del Espíritu Santo!

La llenura del Espíritu no debe quedarse encerrada en la persona misma, pues el Señor nos llena para ser una bendición a otros. “Recibiréis poder”, dijo Jesús, “y me seréis testigos…” (Hechos 1:8). Esto es poder para servir.

El cristiano lleno del Espíritu Santo es entonces como un estanque de agua viva, de cuya salida se reparte el agua en riego a un mundo sediento. ¡Mantengámonos llenos y rebosando del agua de vida!.

Para esto tenemos que tomar dos precauciones. Primero, es necesario mantenernos todos los días en contacto con la fuente de agua: Jesucristo. Segundo, tenemos que cuidar de las grietas que pueden producirse en el mismo estanque.

Esas roturas son los pecados “pequeños” que nos permitimos, que pronto se hacen pecados “grandes” y el resultado es que el agua se pierde, el estanque se vacía, y el mundo no ve una vida llena del Espíritu Santo. ¡Tapemos los agujeros! ¡Sigamos rebosando el agua de vida! Así demostraremos una de las evidencias más convincentes de la llenura del Espíritu Santo.

2. Un Espíritu de agradecimiento.

El apóstol Pablo nos muestra otra señal al decirnos, “dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Efesios 5:20).

Al emplear las palabras siempre y por todo, en cuanto al estar agradecido al Señor, nos indica el apóstol una gracia que sólo puede resultar de la plenitud del espíritu en la vida. El hombre no nace con este rasgo de personalidad. El hombre tiende a quejarse de lo que no le agrada. El murmurar, irritarse, y criticar es cosa natural, y esto produce un espíritu amargo. Según la palabra de Dios, estas son las cosas que contristan al Espíritu Santo, que lo apagan y que vuelven vacía la vida espiritual. ¿Cuál es nuestra reacción en el momento de la prueba? ¿Seguimos tranquilos, controlados y agradecidos al Señor por todo? Sólo así podemos clasificarnos como personas llenas del Espíritu Santo.

3. Sumisión con humildad.

En el versículo 21 de la misma porción bíblica, el apóstol nos indica otra evidencia importante: “Someteos unos a otros en el temor de Dios. La más conspicua evidencia del ser llenos del Espíritu es la humildad y los frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5:22).

El Espíritu Santo, al hacer su voluntad, produce en el ser humano un espíritu sumiso y dócil. Notemos que entre el fruto del Espíritu se mencionan paciencia, benignidad, bondad y mansedumbre. (Gálatas 5:22;) Cristo mismo nos dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. (Mateo 11:29.)

Ciertamente, la iglesia del Señor se libraría de sus problemas más graves, tanto en la esfera local como en la nacional, si esta gracia fuese mas evidente. El hombre, por naturaleza, es egoísta, y solo por el Espíritu Santo siente el deseo sincero de someterse con humildad.

Pablo dice en otra parte: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (Romanos 12:10.) ;Así se conocerá a la persona llena del Espíritu Santo!.

4. Obediencia al Espíritu.

La sensibilidad a la dirección del Espíritu Santo es otra señal de su presencia en nuestra vida. En cambio, el hacer caso omiso a sus impulsos y su dirección es un obstáculo para la vida llena del Espíritu Santo. Demos lugar al Espíritu. Cultivemos la sensibilidad que tanta importancia tiene, obedeciendo esa tierna voz interior.

Pensemos en el ejemplo del apóstol Pablo. Pablo y Bernabé estaban muy cómodos en Antioquía, pero el espíritu los llamo a la obra misionera. (Hechos 13:1-12.) Pronto se encontraron frente a las oposiciones de un hechicero en la ciudad de Pafos. ¿Tenían el poder del Espíritu para vencer? Sí, por cuanto habían obedecido la voz del Espíritu, ahora en medio de ataques satánicos, Pablo era “lleno del Espíritu Santo” y el Señor obro milagros convincentes.

El evangelista Felipe estaba gozando de grandes bendiciones del Señor en su campaña en Samaria cuando el Espíritu le impuso a ir al desierto de Gaza (Hechos 8:5-40)¡Parecía cosa ridícula! Pero, por la obediencia de Felipe a la voz del Espíritu Santo, el evangelio se extendió hasta Etiopía.

El Espíritu Santo tiene su plan y propósito para cada vida. Cultivemos, pues, esa ternura sensible a su dirección, para andar en obediencia a su voz.

Mantendremos así la llenura espiritual.

Ejemplo: Al Apóstol Pablo el Espíritu santo no le dejó predicar la palabra en Asia y luego fue guiado por una visión a Macedonia (Hechos 16:6-10).

5. Consagración al día.

La persona que la Biblia califica como “llena del Espíritu Santo” mantiene muy al día su propia consagración. Para mantener una vida llena del Espíritu, no basta una sola consagración, una sola santificación, un solo bautismo de poder. A medida que se presenten nuevas experiencias, nuevas pruebas, y aun nuevo crecimiento en el Señor, la consagración tiene que renovarse.

Si el Señor nos concede un nuevo don o ministerio, si encontramos nuevo éxito en su viña, tenemos que colocar todo esto sobre el altar de consagración.

El libro de los Hechos nos cuenta del hombre llamado Bernabé. Nos dice que “era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe”. (Hechos 11:24) ¿Por qué se podía decir con tanta certeza que este hombre era lleno del Espíritu Santo? Porque Bernabé había aprendido esa lección importante de poner todo sobre el altar de consagración. (Hechos 4:36-37.) ¡Hagamos lo mismo, y así el mundo y la iglesia verán en nosotros una vida llena del Espíritu Santo!

6. El fruto del Espíritu manifestado.

La divina plenitud diaria del Espíritu producirá, además de las evidencias ya mencionadas, el hermoso fruto espiritual que Pablo menciona en (Gálatas 5:22-23):

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.” La vida llena del Espíritu será un lugar adecuado para hacer madurar este fruto.

No tengamos en poco estas seis evidencias de una vida llena del Espíritu. No nos contentemos con sólo la evidencia inicial del bautismo. El verdadero pentecostal o carismático no es sólo el que habla en lenguas, sino el que demuestra estas señales bíblicas a través de una vida diariamente llena del Espíritu Santo.

LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO

SU NATURALEZA.

En nuestro estudio hemos examinado una hermosa vida llena del Espíritu Santo. Ahora llegamos al verdadero propósito de esa vida el servir a Dios en un mundo necesitado.

Entre las últimas palabras que habló a sus discípulos, Cristo dijo: “El que en mi cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre”. (Juan 14:12.) Poco después les dijo: “id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15.)

Era una tarea demasiado difícil para los discípulos y hoy, cuando la misma comisión llega a nosotros, encargándonos la evangelización de todo el mundo en nuestra generación, nos parece otra imposibilidad. Imposible, sí, tanto para los discípulos como para nosotros, sin alguna capacitación sobrenatural para semejante tarea sobrehumana.

Esa capacitación nos es ofrecida por el Santo Espíritu. Ya que nos hemos rendido a su voluntad, ofreciendo nuestra vida entera al servicio del Señor, el Espíritu desea entregarnos capacitaciones especiales para el trabajo específico que nos tiene designado. Estas dotaciones la Biblia las llama “dones” del Espíritu Santo.

1. Una definición.

San Pablo es el autor bíblico que más nos escribe acerca de estos dones. El comienza diciéndonos: “No quiero, hermanos que ignoréis acerca de los dones espirituales.” (1 Corintios 12:1.)

Hay tres ideas erróneas acerca de los dones del Espíritu Santo:

a. Algunos creen que se trata de un simple desarrollo especial de capacidades naturales. Creen que el esfuerzo humano, bendecido por Dios, puede producir esta capacitación especial. De ahí es que mediante una buena educación, el doctor en filosofía tendría “la palabra de sabiduría” o el médico poseería los “dones de sanidades”.

b. Otros piensan que los dones del Espíritu Santo son de un carácter tan espectacular y místico que quedarían muy por encima del alcance de la mayoría de los creyentes. Representan una “rareza” espiritual, y pocos podrían recibirlos.

c. Otra idea errónea mira a estos dones como “adornos extras” para el embellecimiento de la Iglesia, para ser admirados en su uso eventual.

Ninguna de estas ideas ha nacido de la Palabra de Dios. Los dones del Espíritu Santo son simplemente “herramientas” de trabajo que el Espíritu Santo quiere repartir a todos los que se sienten llamados a la obra del Señor. “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” (1 Corintios 12:11.)

Cierto es que todos los dones del Espíritu son de naturaleza sobrenatural. Son operaciones del divino Espíritu de Dios; Esto no significa, sin embargo, que todos son señales o maravillas en su operación, pero si, quiere decir que mediante estas operaciones espirituales, que es el sentido exacto de la palabra “dones” en (1 Corintios 12:1), cada creyente lleno del Espíritu Santo podrá efectuar una labor más eficaz en el lugar donde le corresponde actuar.

2. La base bíblica.

Pasemos ahora a una lectura detenida de cuatro porciones, muy importantes donde la Biblia nos habla de este tema. (El alumno no debe seguir el estudio del presente tema antes de leer la parte bíblica).

a. 1 Corintios 12:1-31

b. Romanos 12:3-8

c. Efesios 4:7-16

d. 1 Pedro 4:10-11

En todas estas escrituras, se vuelven a repetir cuatro palabras claves, que son: “gracia” (favor inmerecido), “don” (regalo), “cuerpo” (la Iglesia) y “miembro” (el creyente). Si volvemos a leer, ahora, las mismas escrituras, marcando con lápiz las veces que aparece cada una de estas palabras, podremos notar el enfoque debido de la verdad divina. En la porción de (1 Corintios 12), sólo en los versículos 11 al 31, se menciona “cuerpo” 18 veces y “miembro” 13 veces; mientras en todo ese capítulo se menciona “don” 6 veces.

Parece evidente, entonces, que el énfasis de este gran capítulo sobre los dones del Espíritu Santo es sobre la palabra “cuerpo” o sea, sobre la Iglesia del Señor, y sobre los “miembros” de esa Iglesia.

Cada creyente forma parte de ese “cuerpo” y es colocado como “miembro” particular en el lugar donde Dios quiere usarlo (versículos 12-14 y 27-30). Uno puede ser mano, el otro pie, u ojo, dedo, rodilla, etc. Lo importante es darnos cuenta de que TODOS formamos parte de ese glorioso CUERPO, y para funcionar eficazmente, necesitamos esa dotación espiritual, esa manifestación del Espíritu Santo en forma personal, el “don”, u operación espiritual, que nos corresponde.

Es evidente también de esta base bíblica, que nuestro Señor, la Cabeza de la Iglesia (“cuerpo”) desea un desarrollo poderoso para esa Iglesia en este mundo. Este desarrollo tiene que ser a base de poder sobrenatural, y, puesto que los hombres no poseemos por naturaleza ese poder, el mismo Señor tiene que dárnoslo “de lo alto”

En resumen, entonces, podemos decir que el Espíritu Santo quiere repartir sus “dones” a cada “miembro” del “cuerpo” no por el mérito propio del miembro ni como premio por su buen trabajo o comportamiento sino por “gracia”.Para que sirvamos mejor a Dios, a su Iglesia y a nuestros semejantes.

3. Los dones espirituales detallados.

En (1 Corintios 12:8-10), tenemos una lista de nueve dones del Espíritu Santo. Un examen de la lista nos revela que estas manifestaciones operan en distintas esferas. Unas comparten con el hombre parte de la sabiduría de Dios, otras demuestran el poder de Dios en forma abierta, y otras tratan de manifestaciones habladas.

Posiblemente la siguiente clasificación nos podría ayudar en un entendimiento más claro:

a. Dones de SABER en forma sobrenatural

1) Palabra de sabiduría

2) Palabra de ciencia (conocimiento)

3) Discernimiento de espíritus

b. Dones para TRABAJAR en forma sobrenatural

1) Fe

2) Dones de sanidades

3) Operación de milagros

c. Dones de HABLAR en forma sobrenatural

1) Géneros de lenguas

2) Interpretación de lenguas

3) Profecías

Todos estos dones responden a NECESIDADES dentro de la Iglesia de Cristo o dentro de las esfera de sus actividades. Puesto que son herramientas espirituales para efectuar un trabajo mejor, y no adornos para ser admirados, debemos examinar primero ese Cuerpo del Señor (la Iglesia) para ver, las necesidades que existen para una poderosa intervención espiritual, y así entenderemos mejor el porqué de los dones y el uso de ellos.

A esta altura de nuestro estudio sobre los dones, llegamos a la sencilla conclusión de que los dones del Espíritu no son regalos “extras” que uno pide y una vez recibidos se tiene que buscar el lugar donde usarlos, sino, que son dotaciones de poder sobrenatural para el normal funcionamiento de cada miembro y para la edificación y engrandecimiento del glorioso cuerpo de Cristo en esta tierra. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Corintios 12:7).

Sobre esta orientación bíblica podemos seguir ahora el estudio de la función de los dones dentro de la Iglesia.

LOS DONES DEL ESPIRITU SANTO

SU FUNCION

Puesto que los dones espirituales son dados para el provecho y la edificación del Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:7 y Efesios 4:12), el enfoque correcto para el estudio sobre la función de los dones sería el de examinar primeramente las grandes necesidades que existen en la Iglesia y luego determinar cuál es el don que el Señor provee para llenar esa necesidad. El Señor nos llama para servir en su “viña”. El nos destina el lugar y el trabajo particular dentro de esa viña donde nos corresponde trabajar AHORA, ¡El no espera que trabajemos sin HERRAMIENTAS! No. El nos ofrece la herramienta exacta y perfecta para ayudarnos a trabajar con la máxima eficacia.

Esa es, pues, la función de los dones del Espíritu. Simplemente, cumplen la función de una herramienta de trabajo. Puesto que el trabajo es espiritual, estas son ayudas sobrenaturales.

Parece, entonces, que el orden correcto sería: primero, NECESIDAD, y luego, DON.

Por cierto, este enfoque es algo diferente del que examina primeramente en detalle cada don para determinar sus características y su función particular, y una vez hecho esto, busca algún lugar dentro del cuerpo donde ubicarlo. En eso habría siempre el peligro de creer que los dones son “regalos extras”, y que el cuerpo puede funcionar normalmente sin ellos. Pero, las Escrituras no nos enseñan así.

El pequeño bosquejo que sigue nos podrá ayudar a comprender la función de los varios dones en situaciones de necesidad que se presentan en la Iglesia y su obra:

NECESIDAD

DON

Aconsejar, guiar, orientar.

Palabra de sabiduría.

El saber sobrenatural de hechos ocultos de personas y de la voluntad y forma de Dios para solucionarlos.

Palabra de ciencia.

Vencer obstáculos, dificultades y peligros.

Fe.

Grandes obras de fe para convencer al mundo incrédulo.

Operaciones de milagros.

Salud física para los enfermos.

Dones de sanidades.

Protección del engaño y falsos profetas.

Discernimientos de Espíritus.

Edificación, exhortación, y consolación inspirados.

Profecía, géneros de lenguas y la interpretación de lenguas.

Definición de los dones del Espíritu Santo.

PALABRA DE SABIDURIA: La aplicación Divina del conocimiento sobrenatural. Da al cristiano sabiduría sobrenatural para hablar, aconsejar, guiar, decidir y actuar. La sabiduría de Dios manifestada en un creyente (en corto tiempo) (en momentos especialmente necesarios).

PALABRA DE CIENCIA: EL saber sobrenatural de hechos revelados al cristiano a través de pensamientos, imágenes mentales, palabras visualizadas o conocimiento interior.(También sucede en ciertos momentos que El espíritu Santo se manifiesta de esa manera a su voluntad).

FE: El creer confiadamente, sin duda ni razonamiento humano que lo que se pide en el nombre de Jesús se concederá ahora. Saber sin sombra de duda la voluntad de Dios para algo y creerlo.

DONES DE SANIDADES: La sanidad sobrenatural de enfermedades y dolencias sin la ayuda de medios naturales o habilidad humana.

EL HACER MILAGROS: El poder sobrenatural de Dios que interviene en el curso ordinario de la naturaleza o realizando hechos que son humanamente imposibles.

PROFECIA: El hablar palabras de Dios, o un mensaje de Dios (para aquí y ahora) por la inspiración del Espíritu Santo,(no es un sermón o discurso inspirado) edificará, exhortará o consolará.

DICERNIMIENTO DE ESPIRITUS: El conocimiento sobrenatural dentro del Reino de los espíritus para saber qué clase de espíritu (de Dios, del hombre, o de Satanás) motiva cierta manifestación, palabra, doctrina o persona.

DIVERSOS GENEROS DE LENGUAS: Es el hablar en una lengua espiritual (o varias) de oración a Dios o es un mensaje de Dios.

INTERPRETACION DE LENGUAS: Es la interpretación (no traducción) de una oración o mensaje dado en lenguas. No es traducir palabra por palabra sino es dar el significado general del mensaje.

A base de la operación de estos dones espirituales la Iglesia Primitiva hizo su avance poderoso en su generación.

Cuando Ananías y Safira procuraron engañar a la iglesia en la venta de su propiedad, Pedro pudo descubrir la mentira con una palabra de conocimiento y al discernir el espíritu engañoso en esa situación. (Hechos 5:1-11.) Como era necesario organizar y dirigir la iglesia, los apóstoles recibieron una oportuna “palabra de sabiduría” para ayudarles a escoger los primeros diáconos. (Hechos 6:1-7.) Cuando hubo necesidad de milagros y sanidades para convencer a los incrédulos, la labor evangelística de Felipe en Samaria fue bendecida con señales a través de los dones correspondientes, y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados”. (Hechos 8:6,7.) Cuando se necesitó un milagro para librar a Pedro de la cárcel, entró en función el don de milagros, mientras la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él” (Hechos 12:5.) ¡Las puertas de la cárcel se abrieron milagrosamente! muchas más cosas como estas sucedieron. Lo mismo puede suceder hoy.

En (Hechos 13:6-12) Pablo tuvo una confrontación con un mago y por el don de Fe este quedó ciego por un tiempo por una orden de Pablo.

La lectura del libro de Hechos muestra en cada página la función de los dones espirituales. Era en verdad una Iglesia llena del Espíritu santo. El Señor confirmó la palabra predicada con “las señales que la seguían”. (Marcos 16:20.)

¿Y para nuestra generación?: Es lo mismo, las necesidades son las mismas (o más grandes) Dios es el mismo, Jesucristo es el mismo y el Espíritu Santo (con sus dones y frutos) es el mismo. ¡El mismo Espíritu Santo quiere darnos su PODER para un nuevo avance en este mundo moderno!

La palabra de Dios nos anima para presentarnos cual instrumentos en las manos del Señor, ser llenos del Espíritu, ser sensibles a los impulsos del Espíritu, y ser utilizados en la manifestación de los “dones” en nuestro ministerio. ¡He aquí la exhortación bíblica!

Procurad, pues, los dones mejores.” (1 Corintios 12:31)

No descuides el don que hay en ti.” (1 Timoteo 4:14)

“por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” (2 Timoteo 1:6)

¡Pidamos los dones espirituales, para funcionar eficazmente en aquel lugar del Cuerpo del Señor donde él mismo nos ha colocado, y así tendremos grandes victorias y podremos ayudar mejor a la gente y por consiguiente la iglesia crecerá y miles serán salvos. ¡Pidamos por fe! ¡Pidamos porque sentimos que no estamos llenando del todo la NECESIDAD que se nos presenta de alcanzar a un mundo perdido para Cristo!

LA RELACION ENTRE LOS DONES

Y EL FRUTO DEL ESPIRITU.

Al finalizar el tema anterior sobre los dones del Espíritu, leímos la exhortación de San Pablo en (1 Corintios 12:31): “Procurad, pues, los dones mejores.” Pero, al terminarse la lectura de ese mismo versículo, encontramos estas palabras: “Mas yo os muestro un camino aun más excelente.” (no excluyente, o que remplaza al otro, sino que lo “lubrica” como el aceite para que todo funcione mejor. En seguida el apóstol nos hace ver la importancia del amor en todo el capítulo 13.

Hay personas que ven un conflicto al tratar de relacionar los dones con el fruto del Espíritu, especialmente después de leer estos dos grandes capítulos de la Biblia. En esta parte de nuestro estudio trataremos sobre este problema. (Se sugiere al alumno la lectura de 1 Corintios 12:31 a 14:1 y Gálatas 5: 16-26, antes de proseguir el estudio del presente capítulo).

1. La diferencia entre “DONES” Y “FRUTOS”.

Cierto es que existe una diferencia entre estas dos manifestaciones importantes del Espíritu Santo. Los dones del Espíritu tienen que ver con el ministerio y servicio, mientras el fruto se relaciona con el carácter. Si el don representa la herramienta con que se trabaja, entonces el fruto representa la mano que la maneja.

El fruto se logra por un proceso de continuo crecimiento, en la vida interior del cristiano. El fruto requiere tiempo para desarrollarse y madurarse. Los dones son dados por la acción de Dios desde afuera, son “regalos de gracia” en respuesta a la fe, y al ser llenos del Espíritu santo pueden manifestarse en cualquier momento, (pero no son “posesión” del creyente a través del cual se manifiestan) esto sucederá en los momentos que el Espíritu Santo quiere. Los dones no se manejan a el antojo o voluntad del creyente lleno del Espíritu sino son manifestaciones del Espíritu y para utilizarlos se debe recibir la guía del mismo espíritu Santo. Jesús sanó en el estanque de Bestesda a uno solo enfermo siguiendo la guía del Espíritu Santo y la de su Padre. Para resumir la diferencia entre los dos, entonces, diremos que el fruto se produce gradualmente y se manifiestan en nuestro carácter mientras que los dones se manifiestan desde adentro (del interior correrán ríos de agua viva)(es dentro de nosotros donde está el Espíritu santo) en el momento oportuno y necesario.

2. La semejanza entre “DONES” y “FRUTO”

Tanto los dones como el fruto del Espíritu son divinos y sobrenaturales. Ambos tienen su fuente en la operación del Espíritu Santo. El mismo Espíritu produce los dos, pues ambos constituyen dos fases importantes de la operación del Espíritu Santo en nuestras vidas.

El hecho de que el gran capítulo del amor (1 Corintios 13) esté puesto entre los dos capítulos que tratan de los dones espirituales (capítulos 12 y 14) nos debe enseñar que los dos aspectos están íntimamente relacionados entre sí, y que debe haber un equilibrio mutuo entre ellos.

3. La relación correcta entre los “DONES” y el “FRUTO” del Espíritu Santo.

No se debe pensar que el uno es más importante que el otro, pues los dos son muy necesarios para un desarrollo normal del obrero cristiano.

Cuando Pablo dijo: “Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente” (1 Corintios 12:31), no quería enseñar que se debe seguir el amor en vez de los dones, o a costo del descuido de los dones, sino que el camino más excelente sería que los dones tuvieran su manifestación a través de una vida llena del amor. Así es que el uno no debe tomar el lugar del otro. Pablo mismo llega a esta conclusión clara al comenzar el capitulo 14, al decir: “Seguid el amor, y procurad los dones espirituales”. Las Escrituras nos enseñan un perfecto equilibrio entre los dones y el fruto del Espíritu. Los dones deben tener su plena operación dentro de una vida de continuo desarrollo del fruto espiritual. De este modo el Espíritu de Dios tendrá su plena libertad de acción dentro de nuestra vida, y no se “contristará” (1 Tesalonicenses 5:19) por no poder manifestar sus operaciones de poder. ¡Oremos a Dios para tener esa vida!

LA UNCION DEL ESPIRITU SANTO

Al comenzar su ministerio en este mundo, el Hijo de Dios pronunció estas hermosas palabras:

“El Espíritu del Señor está sobre mí.

Por cuanto ME HA UNGIDO para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18, 19)

Años más tarde, el apóstol Juan impulsó a los cristianos del primer siglo al decir: “Pero vosotros tenéis la unción del Santo y conocéis todas las cosas… la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros…” (1 Juan 2:20,27).

Y Pablo, al escribir a los corintios, les recordó la manera en que se hizo el poderoso avance del evangelio en su ministerio: “Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:4, 5). Y en su segunda carta a esa iglesia Pablo declara concretamente: “El que nos confirma con vosotros en Cristo y EL QUE NOS UNGIO, es Dios”

(2 Corintios 1:21).

En la vida de Cristo y sus apóstoles había una manifestación especial del Espíritu Santo que ellos identificaron como una “unción’. Miles de creyentes y ministros de nuestros tiempos también gozan de esa intervención espiritual en sus vidas.

En los tiempos del Antiguo Testamento, los reyes, profetas y sacerdotes fueron ungidos como señal del escogimiento divino y separación de sus vidas al servicio de Dios. En ceremonia especial, se derramó sobre sus cabezas una preparación de aceite. El salmista David se gozó en pensar en esos ungimientos y cantó:

“Es como el buen óleo sobre la cabeza,

El cual desciende sobre la barba,

La barba de Aarón,

Y baja hasta el borde de sus vestiduras” (Salmo 133:2)

Todo eso era figura de la gloriosa unción del Espíritu Santo reservada para los siervos del Señor en la dispensación del Nuevo Testamento y en estos tiempos. El aceite es uno de los grandes símbolos del Espíritu Santo en las Escrituras. Como un “aceite” celestial que nos cubre todos los días, y fluye a través de nuestro ser, es la unción del Espíritu Santo. En esta unción está demostrado todo el PODER PARA SERVIR que hemos ido examinando a través de las páginas del presente estudio.

A continuación se comparten con el lector las palabras propias de los hombres que Dios está usando hoy en el gran avivamiento del Espíritu santo. Cuando se les hizo la pregunta, ¿qué significa para usted la unción del Espíritu Santo? : esos hermanos respondieron:

“Para mí, la unción tiene el sentir muy grato de que no estoy solo: El Señor está conmigo. Me siento confortado y refrescado interiormente”.

“Predicar ungido me da facilidad de palabras, claridad de ideas, memoria para recordar en el momento preciso los textos que necesito, gracia y valor para hablar, y esa sensación de dominio, seguridad y autoridad que nos hace efectivos en la salvación de las almas, la edificación de los creyentes y la glorificación del nombre de Dios.”

“Cada vez que he predicado con esa unción divina, me he sentido muy feliz, porque esa unción hace que haya contacto con los oyentes, hace que ellos sientan lo mismo que yo estoy sintiendo”.

“Para mí la unción del Espíritu Santo es la fórmula para que el predicador pueda penetrar en el corazón de sus oyentes. El leñador es el predicador y el hacha es la unción del Espíritu Santo. Los árboles pueden ser almas. Sin el hacha no podemos derribar árboles. A veces damos golpes con el puro cabo y no logramos nada.”

“Ella me ha mostrado una nueva dimensión en mi vida y ministerio.”

“Las palabras que hablamos salen de nuestros labios con un poder casi sin el esfuerzo humano, y estas palabras, comunicadas a los corazones, son exactamente lo que el oyente necesita. Entonces uno se da cuenta de que era el Espíritu Santo el que nos estaba guiando. Tiene doble efecto; en el oyente, y en el predicador.”

“Cuando viene la unción siento la presencia de Dios, gran fe y que ese es el momento para actuar respaldado por Dios totalmente, para cualquier cosa o milagro que El quiera hacer, también siento una gran resolución, intrepidez, autoridad, respaldo de Dios y paz”.

¡Son testimonios que hacen eco de las palabras de San Pablo en aquel gran avivamiento del Espíritu Santo en el primer siglo!

¡Gracias a Dios por esa unción! ¿Qué haríamos sin ella? La necesita cada creyente, obrero local, maestro, pastor, evangelista y dirigente de la obra del Señor.

Recordemos, hermanos, esta importante exhortación bíblica:

“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel (era un siervo de Dios ungido)serás reducido a llanura.”(Zacarías 4:6, 7)

Hay montañas por delante que hay que reducir a llanuras en el glorioso avance del Evangelio. Nuestro éxito está con el Espíritu de Dios.

Hagamos uso, pues, del PODER DIVINO PARA SERVIR que comenzó su operación en nuestra vida cuando pasamos por los umbrales del bautismo en el Espíritu Santo, que nos fortifica todos los días en una vida “llena del Espíritu Santo” y que tiene su manifestación gloriosa a través de los “dones” correspondientes dentro de la atmósfera adecuada de los “frutos” con la gracia especial de “la unción del Espíritu Santo”.

EL BAUTISMO EN EL ESPIRITU SANTO (Resumen)

(Hechos 1:5) “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”.

Con respecto al bautismo en el Espíritu Santo la palabra de Dios enseña, lo siguiente:

1. Es para todos los que profesan la fe en Cristo, hayan nacido de nuevo y

hayan recibido la presencia del espíritu Santo.

2. Uno de los propósitos primordiales de Cristo sería según Juan el Bautista

la de Bautizar a sus seguidores en el Espíritu santo (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33). El les ordenó a sus discípulos que no comenzaran a testificar hasta que no fueran bautizados en el espíritu

santo y “investidos de poder desde lo alto” ( Lucas 24:49; Hechos 1;4-5,

8). Jesucristo no empezó su ministerio hasta que Dios lo “Ungió con el Espíritu Santo y con poder” (Hechos 10:38; Lucas 4:1,8).

3. El Bautismo en el Espíritu santo es una obra del espíritu diferente y aparte de su obra de regeneración. El día de su resurrección Cristo sopló sobre sus discípulos y dijo:”Reciban el Espíritu santo” (Juan 20:22), indicando que los regeneraba y les daba vida nueva. Más tarde les dijo que también debían ser “investidos de poder” por el Espíritu santo (Lucas 24:49; Hechos 1:5,8). Para los discípulos fue claramente una experiencia posterior a la regeneración. Una persona puede ser salva, regenerada y tener el Espíritu santo, y todavía no ser bautizada en el Espíritu Santo (Hechos 19:1-6).

4. Ser Bautizado en el Espíritu santo es el primer llenamiento en el Espí-

ritu santo. Un Bautismo, muchos llenamientos. (Hechos 1:5; 2:4).

Sin embargo, ese bautismo ocurrió a partir del día de Pentecostés.

Con respecto a los que fueron llenos del espíritu antes de esa día

(Lucas 1:15,67), Lucas no emplea la expresión “Bautizado en el Espíritu

Santo. Eso ocurría sólo después de la ascensión de Cristo (Lucas 24:49-51; Juan 16:7-14; Hechos 1:4).

5. En el libro de los Hechos, el hablar en lenguas según el espíritu faculta para hacerlo, es la señal inicial visible que acompaña al Bautismo en el Espíritu santo (Hechos 2:4; 10:45,46; 19:6)

6. El Bautismo en el Espíritu Santo producirá el valor personal y el poder

del Espíritu en la vida del creyente para hacer hazañas en el nombre de Cristo y darle eficacia a su testimonio y predicación (Hechos 1:8; 2:14-

41; 4:31; 6:8; Romanos 15:18,19; 1 Corintios 2:4). Ese poder no es una fuerza impersonal sino una manifestación del Espíritu Santo (que vive en

el creyente y es lleno de El. También está presente con su pueblo (y en

cada uno de su pueblo: Jesucristo, con su gloria y sus obras (Juan 14:16-

18; 16:14; 1 Corintios 12:7).

7. Otros resultados de un genuino Bautismo en el Espíritu santo son:

· Las declaraciones proféticas y alabanzas (Hechos 2:4, 17; 10:46; 1 Corintios 14:2)

· Mayor sensibilidad al pecado que aflige al espíritu santo, mayor bús-

queda de la justicia y conciencia más profunda del Juicio de Dios

contra la impiedad (Juan 16:8, Hechos 1:8)

· La vida que glorifica a Jesucristo (Juan 16:13,14; Hechos 4:33)

· Nuevas visiones (Hechos 2:17)

· La manifestación de diversos dones del espíritu (1 Corintios 12:4-10)

· Mayor deseo de orar (Hechos 2:41,42; 3:1; 4:23-31; 6:4; 10:9; Romanos 8:26)

· Amor y entendimiento más profundo de la palabra de Dios (Juan 16:13; Hechos 2:42)

· El conocimiento creciente de Dios como Padre del creyente (Hechos 1:4; Romanos 8:15; Gálatas 4:6)

8.La palabra de Dios menciona varias condiciones por las cuales se da el Bautismo en el Espíritu Santo.

a. Hay que aceptar por la fe a Jesucristo como Señor y salvador y apartarse del pecado y de lo pecaminoso del mundo.(Hechos 2:38-40;8:12-17).Eso implica la sumisión a la voluntad de Dios pues el Espíritu Santo se da “a quienes le obedecen”(Hechos 5:32).Es preciso apartarse

de lo que ofende a Dios antes de poder ser “instrumento para honra, santificado, útil al Señor”.(2 Timoteo 2:21).

b. Se tiene que desear. Los creyente deben tener un profundo anhelo por

el Bautismo en el Espíritu (Juan 7:37-39; Isaías 44:3; mateo 5:6; 6:33).

c. Con frecuencia se recibe este bautismo en respuesta a la oración

(Lucas 11:13; Hechos 1:14; 2:1-4; 4:31; 8:15,17) o por la imposición de manos de otro creyente lleno del Espíritu santo

d. Es preciso esperar que Dios cumplirá la promesa de Bautizar en el Espíritu Santo (marcos 11:24; Hechos 1:4,5).

9. El llenamiento en el Espíritu santo se mantiene en la vida del creyente mediante la oración (Hechos 4:31), el testimonio (hechos 4:31,33), la adoración en el espíritu (Efesios 5:18,19) y la vida santificada (Efesios 5:18). Por poderosa que sea la venida inicial del Espíritu santo al creyente, si no se manifiesta en la vida de oración, testimonio y santidad, pronto la experiencia se convertirá en una gloria decadente.

10. El Bautismo en el Espíritu ocurre sólo una vez en la vida del creyente e indica su consagración a la obra de Dios de dar testimonio con poder y con justicia. La Biblia enseña que puede experimentar de nuevo la plenitud del Espíritu Santo es decir ser llenos del Espíritu otras veces después de su bautismo inicial en el Espíritu, es decir, que puede ser lleno del espí-

ritu vez tras vez (Hechos 4:31; 2:4; 4:8,31; 13:9; Efesios 5:18). Así que

el bautismo en el Espíritu lleva al creyente a una relación con el Espí-

ritu que ha de renovarse (Hechos 4:31) y mantenerse constantemente

(Efesios 5:18).

COMO RECIBIR EL BAUTISMO CON EL ESPíRITU SANTO

El libro de los Hechos y la experiencia de la Iglesia muestran dos maneras de recibir el Bautismo con el Espíritu Santo:

a. En forma personal y directa.

b. Por medio de oración, acompañada o no de imposición de manos.

La condición necesaria es haber recibido a Jesús como salvador personal y Señor. Leemos en Hechos 2:38 “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre del señor Jesucristo para perdón de los pecados, y RECIBIRËIS EL DON DEL ESPÏRITU SANTO” y luego para

recibir el bautismo con el Espíritu es una cuestión de fe.

Recordemos los siguientes hechos en la palabra de Dios:

1.(Hechos 2:11-14) : El Espíritu santo ya ha sido dado en Pentecostés y

está en el mundo desde entonces. Solo nos resta recibir el Bautismo en

el Espíritu Santo (si somos verdaderos Cristianos ya vive en nosotros

Romanos 8: 9,16 ; Gálatas 4:6) y por la fe apropiarnos de la promesa.

Dios es el más interesado en que cada uno de nosotros reciba el poder

del Espíritu, es más lo manda (Efesios 5:18).

2.(Hechos 2:38-39): Toda persona que ya es salva por su fe en Cristo es

apta para recibir el Bautismo con el Espíritu. La promesa del padre es

para todo creyente.

3.(Hechos 5:32) Es necesaria una disposición de renuncia al pecado y de obediencia a Dios.

No significa que uno haya alcanzado ya un alto nivel de espiritualidad

o que ya sea un santo, sino que tenga el deseo y la disposición. Es decirle a Dios: “Padre celestial, soy tu propiedad. Me has comprado

con la sangre de Cristo. Reconozco que eres mi dueño absoluto. Haz lo

que quieras de mí”.

Esto es decisivo para recibir el Bautismo en el Espíritu. Algún aspecto de la vida sin rendir es lo que impide a muchos esta bendición. El Señor ve nuestro corazón, y si encuentra sinceridad en él, nos bautizará con

su espíritu. El poder del Espíritu santo, entonces, será un poder adicional para vivir en victoria sobre el pecado.

4.(Juan 7:37-39) Notemos la condición: “ Si alguno tiene sed”. Tener sed

es desear intensamente. Es no estar conforme con la situación actual.

Es desear el Bautismo con el espíritu como una necesidad absoluta. Si

se siente ese deseo y necesidad, aunque no comprenda todas las cosas, la bendición está muy cerca.

5.(Lucas 11:13): Jesús es muy claro: si pedimos, recibiremos. Si

pedimos que nos bautice con el Espíritu Santo, El lo hará.

6.(Marcos 11:24): Recibir por fe “..os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que ya lo habéis recibido, y os vendrá”. No importa cuán absolutas sean las promesas de Dios, solo las recibimos si creemos. También dice la Biblia:” si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad,

él nos oye. (y es la voluntad de Dios bautizarnos con el Espíritu

Santo) Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que le pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que hayamos hecho” (1 Juan 5:14-

15).

Predicación sobre el tema: Recibe el Bautismo en el Espíritu Santo AHORA.

Leer Hechos 19:1-6

Se debe creer que es para hoy, para todos los creyentes y que Dios quiere darlo:

“La promesa es para vosotros…para todos los que El Llamare”.Hechos 1:4; 2:39.

Efesios 5:18 dice…”sed llenos del Espíritu”. No solo quiere darlo sino que es una orden. Nos ordena recibirlo (no es opcional).

…dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan”. Lucas 11:13

Pablo: a el le impusieron las manos Hechos 9:17 y el impuso las manos a otros Hechos 19:6

Pedro y Cornelio: (no hubo imposición de manos) pero hablaban en lenguas y magnificaban a Dios” Hechos 10:44-46.

Lenguas: (Hacer una explicación breve): Hablen en fe las palabras que vienen a su mente, dadas por el Espíritu Santo.

¿Qué hacer?

Arrepentirse: Hacer oración de arrepentimiento y renuncia.

Rendirse: (Ejemplo: darle todas las llaves de todos los cuartos de la casa)

Pedir: pedid y se os dará…Lucas 11:9…si pedimos alguna cosa de acuerdo a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.

1 Juan5:14-15.

Creer

Recibir

Hacerles orar una oración pidiendo y dando gracias por recibirlo (las personas son guiadas a repetir una oración desde sus asientos)

Luego ora el predicador con imposición de manos a las personas que así lo desean y pasan al frente. (los que aún no han recibido o necesitan la imposición de manos para aumentar su fe en que lo recibieron o recibirlo de esta manera si aún no lo han recibido).

Mensajes Cristianos

GUSTAVO ISBERT – Predicador – Diplomado en Teología

Iglesia: www.CristoReyonline.com.ar
Sitio central: www.elcieloesunlugar.com.ar


Necesita mas informaci
ón?

Mail: unmensajecristiano7@yahoo.com.ar

Lección 61. Todos los creyentes han de ser llenos con el Espíritu Santo

     a) Escrituras clave
Juan 14:12,15-27
Hechos 1:4-8
Juan 16:5-15
1 Corintios 2:9-16
b) Introducción
El Espíritu Santo no es una vaga influencia ni una idea mística, es una persona. Esto significa que puede comunicarse y hacerse real a nosotros. No podemos necesariamente verle, pero es real y puede impresionar mucho nuestra vida por medio de nuestro ser interior. Es el tercer miembro de la triple divinidad. Como Dios el Padre y Dios el Hijo, el Espíritu Santo es eterno (Hebreos 9:14), omnipresente -presente por todas partes (Salmo 139;7), omnisciente -todo lo sabe (1 Corintios 2:10), y omnipotente -todo lo puede (Lucas 1:35). Nos muestra atributos de personalidad; intelecto (Romanos 8:27), voluntad (1 Corintios 12:11), y sensibilidad (Efesios 4:30). El está íntimamente dentro de las situaciones de nuestra vida, comunicándose con nosotros, abriéndose a nosotros y buscando para que nos abramos a El en respuesta. Es una persona y nos habla personalmente. Todo creyente debería conocer la realidad y poder del Espíritu Santo, trayendo vida directamente a lo más íntimo de su ser, fuerza en su vida (Juan 7:38-39). Sin el Espíritu Santo no podríamos vivir nunca en el poder de Dios, ni conocer la fuerza de Dios en nuestra vida cotidiana. Para pleno placer y satisfacción en nuestra existencia humana necesitamos este gran don, el Espíritu Santo de Dios nuestro Padre.
c) La Biblia describe al Espíritu Santo de diferentes maneras
(I) A través de diferentes nombres; por ejemplo:


– El buen Espíritu (Nehemías 9:20).
– El Espíritu de Dios (Mateo 3:16).
– El Consolador (Juan 14:16,26).
– El Espíritu de verdad (Juan 16:13).
– El Espíritu de Cristo (Romanos 8:9).
– El Espíritu de adopción (Romanos 8:15).
– El Espíritu de gracia (Hebreos 10:29).


(II) A través de símbolos:


– Paloma (Mateo 3:16). 
– Voz (1 Reyes 19:12). 
– Sello (Efesios 1:13).
– Agua y agua viva (Isaías 44:3; Juan 7:37-39). 
– Viento (Hechos 2:2). 
– Aceite (1 Samuel 16:13). 
– Fuego (Hechos 2:3). 


d) La obra del Espíritu Santo en un discípulo de Jesús


Nos habilita para echar fuera demonios (Mateo 12:28).
Nos habilita para hablar como Dios querría que hablásemos (Marcos 13:11). 
Nos habilita para nacer de nuevo (Juan 3:5-8). 
Será nuestro consolador para siempre (Juan 14:16). 
Vive en nosotros (Juan 14:17).
Nos enseña (Juan 14:26; Juan 16:13-14). 
Nos convence de pecado (Juan 16:8-11).
Nos da el poder para ser testigos de Dios (Hechos 1:8).
Posibilita que el amor de Dios sea derramado en nuestro corazón (Romanos 5:5) 
Da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16). 
Nos ayuda en nuestra debilidad (Romanos 8:26). 
Habilita justicia y paz en nosotros (Romanos 14:17). 
Nos habilita a abundar en esperanza (Romanos 15:13). 
Nos santifica (Romanos 15:16).
Reparte varios dones como El quiere (1 Corintios 12:4-11). 
Habilita el fruto del Espíritu en nosotros (Gálatas 5:22-23). 
Habilita gozo en nosotros (1 Tesalonicenses 1:6).


e) Cuatro razones importantes del porqué todo necesitamos el poder del Espíritu Santo en nuestra vida
(I) Poder para llegar a ser
Sin el poder de Dios en nosotros nunca podemos llegar a ser hijos de Dios. La humanidad ha perdido camino y no reconoce a su verdadero Padre. La obra del Espíritu Santo es la de despertar nuestra necesidad espiritual y señalamos el camino hacia Jesús, que es el camino de Dios para que la humanidad sea traída de nuevo a El mismo (Juan 1:12-13). Con el poder del Espíritu Santo obrando en nosotros podemos llevar a cabo lo que en nuestras propias fuerzas no podríamos hacer nunca. Podemos llegar ser hijos de Dios y actuar y vivir como miembros de su familia.
(II) Poder para llegar a ser
Tenemos poder en nosotros por medio del Espíritu Santo para nuestro vivir diario. Dios quiere que conozca su poder para que podamos vivir una vida de fe continuamente, y llegar a ser ejemplo a los demás de lo significa vivir la nueva vida en Jesús día a día. Sabemos que la carne es débil, pero no estamos solos. Dios ha abierto el canal de poder divino. Dios mismo mora en nuestro corazón. (Efesios 3:16-17).
 (III) Poder para vencer
Todo creyente cristiano vive en una zona de guerra. Antes de convertirnos en cristianos estábamos e lado de Satanás, pero cuando escogimos seguir a Jesús fuimos puestos en el lado ganador, el lado de (Efesios 2:1-5). La guerra que experimentamos de parte de Satanás es mucho más dura después de convertirnos porque él está intentando detenernos de seguir a Jesús. Dios hace disponible su poder dentro de nosotros para que tengamos la fuerza y capacidad de derrotar al diablo (1 Juan 4:4).
(IV) Poder para compartir
Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén en todo Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.


(Hechos 1:8)

La palabra para «poder» aquí es «dunamis» que es la palabra de la cual recibimos la palabra española «dinamita». Dios quiere que seamos llenos con ese mismo poder para que podamos testificar de la vida de Jesús; no solamente para capacitamos para hablar de Jesús, sino que también lleguemos a ser como Jesús para otros hombres y mujeres en el poder del Espíritu Santo, será como si Jesús estuviese con ellos (Juan 14:12).
 f) Dones y frutos
Dios no sólo quiere hacer grandes cosas por medio de nosotros, quiere darnos grandes cosas también.
(I) Los dones del Espíritu
Estas son las dotaciones sobrenaturales de Dios. Incluso los talentos naturales necesitan ser rendidos a Dios antes que los pueda usar plenamente para su gloria. El Espíritu Santo es quién nos equipa para poder hacer la voluntad de Dios y para adorarle y servirle (1 Corintios 12:7). Las listas de los dones en primera de Corintios 12:7-11 y Romanos 12:6-8 nos ayudan a entender la gama de dones disponibles para nosotros. El Padre se ha asegurado de que a sus hijos no les falte nada de lo que puedan necesitar para llevar a cabo su voluntad y propósito, y para poder testificar del poder de Jesús aquí en la tierra.
(II) El fruto del Espíritu
Estos son tan importantes como los dones. El fruto del Espíritu es la evidencia en nuestra vida de la obra del Espíritu Santo cambiándonos a la imagen y naturaleza de Jesús. El testimonio de nuestra vida es muy importante. La lista del fruto del Espíritu está en Gálatas 5:22-23, y juntos, estos son el carácter de Jesús. El Espíritu Santo siembra las semillas de sus frutos en nuestra vida. Es responsabilidad nuestra el responderle y abrirnos cada vez más a su influencia Santa, para que lleguemos a ser cada vez más como Jesús en nuestras acciones y actitudes.
g) ¿Cuáles son los efectos de ser llenos con el Espíritu Santo?
(I) Hacia Jesús
Sabrás como nunca has sabido que Jesús vive como Señor con poder y autoridad hoy (Hechos 2:32-36).
(II) Hacia Dios
Experimentarás la profundidad del amor de Dios para ti (Romanos 5:5) y entrarás en una nueva certeza de su paternidad (Romanos 8:15; Gálatas 4:6): serás librado para amarle y alabarle con gozo y confianza (Efesios 5:18-20).
(III) Hacia la Palabra de Dios
Tendrás un nuevo apetito por la Biblia y una mayor habilidad para usarla y para oír a Dios hablarte por medio de ella (Juan 16:13-15; Efesios 6:17).
(IV) Hacia el Espíritu
Te volverás muy sensible a su presencia y guía (Efesios 4:30; Romanos 8:14); te volverás abierto para recibir los muchos y variados dones del Espíritu.
(V) Hacia los demás
Te volverás más abierto a los demás, más amoroso hacia ellos, y más ilusionado por ser una parte activa en la iglesia que es el Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-13).
(VI) Hacia el mundo
Te volverás más valiente para testificar de Jesús (Hechos 1:8; 4:31).
(VII) Hacia la guerra espiritual
Te volverás más consciente de tu autoridad en Cristo Jesús sobre el enemigo, para que puedas mantenerte firme y ver la extensión del Reino de Dios (Efesios 6:10-18; Efesios 1:17-23).
h) ¿Qué sobre las lenguas?
Puedes contar con recibir este don cuando el Padre te llena o te bautiza con el Espíritu Santo. Es una ayuda p seguir a Jesús.
– Es uno de los dones prometidos por Jesús (Marcos 16:17; 1 Corintios 12:10).
– Es la habilidad de comunicarte con Dios, espíritu a Espíritu, el cual te edifica, es decir, instruye y fortalece tu propio espíritu (1 Corintios 14:2, 4,14).
– Es el don de una lengua que es personalmente tuya la cual no has aprendido nunca (Hechos 2:4, 7,8).
Es una ayuda para orar de acuerdo con la voluntad de Dios (Romanos 8:26-27).
i) Algunas Preguntas para pensar
1. ¿De qué manera nos ayuda el Espíritu Santo a vivir nuestra vida, a un nivel práctico como Dios propone q lo hagamos?
2. ¿De qué manera te ha ayudado el Espíritu Santo?
3. ¿Es tu vida un ejemplo a los demás de lo que significa vivir día a día como un discípulo o seguidor verdad de Jesús? Y si no lo es, ¿cómo lo podrías mejorar?
4. ¿En qué áreas de tu vida necesitas someterte al Espíritu Santo para poder ser un discípulo de Jesús más eficaz?
5. ¿Necesitan todos los creyentes hablar en lenguas, o es una opción extra?


j) Resumen y aplicación


1. El Espíritu Santo es la tercera persona de la triple divinidad, que quiere ser nuestro Consolador y llevamos Jesús y a Dios el Padre.

2. El Espíritu Santo es la fuente de poder disponible para un creyente, para capacitarle en hacer la voluntad Dios y ser lo que Dios quiere que sea.

3. Por medio del Espíritu Santo podemos tener el poder y carácter de Jesús.

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