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Cristianos fuertes y perseverantes.

Cristianos fuertes y perseverantes.

DEBEMOS SER CRISTIANOS FUERTES Y PERSEVERANTES COMO ERA EL APOSTOL PABLO.

(2 Corintios 11:24-29)

En cinco ocasiones distintas, los líderes judíos me dieron treinta y nueve latigazos.

Tres veces me azotaron con varas. Una vez fui apedreado. Tres veces sufrí naufragios. Una vez pasé toda una noche y el día siguiente a la deriva en el mar.

He estado en muchos viajes muy largos. Enfrenté peligros de ríos y de ladrones. Enfrenté peligros de parte de mi propio pueblo, los judíos, y también de los gentiles.* Enfrenté peligros en ciudades, en desiertos y en mares. Y enfrenté peligros de hombres que afirman ser creyentes, pero no lo son.

He trabajado con esfuerzo y por largas horas y soporté muchas noches sin dormir. He tenido hambre y sed, y a menudo me he quedado sin nada que comer. He temblado de frío, sin tener ropa suficiente para mantenerme abrigado.

Y, además de todo eso, a diario llevo la carga de mi preocupación por todas las iglesias.

¿Quién está débil sin que yo no sienta esa misma debilidad? ¿Quién se ha dejado llevar por mal camino y sin que yo no arda de enojo?

(2 Corintios 12:7-10)

He recibido de Dios revelaciones…maravillosas. Así que, para impedir que me volviera orgulloso, se me dio una espina en mi carne, un mensajero de Satanás para atormentarme e impedir que me volviera orgulloso.

En tres ocasiones distintas, le supliqué al Señor que me la quitara.

Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí.

Es por esto que me deleito en mis debilidades, y en los insultos, en privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo.

Pues, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Tal vez usted sea un cristiano flojo que por cualquier razón se ofende, no va a la iglesia, no apoya la obra de Dios o cuando le pasa algo que no es de su agrado se enoja con Dios.

Usted debe pedirle a Dios que a pesar de las dificultades sea una persona firme y fiel a su iglesia y a la obra de Dios y tenga “los negocios de su Padre” en primer lugar.

También debe ser un testimonio vivo de lo que Dios puede hacer. Recuerde los que no son de Dios lo están mirando y depende de usted su salvación eterna.

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