Ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí.

Ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí es una experiencia normal en los verdaderos Cristianos.

Ser cristiano es tener a Cristo en el corazón y la persona del Espíritu Santo.

Ser cristiano no es tener una religión cristiana o pertenecer a ella, sino es tener a Cristo y haber nacido de nuevo del Espíritu Santo. S. Juan cap 3.

No todos los llamados cristianos son verdaderamente cristianos sino muchos son cristianos de nombre.

Un verdadero cristiano puede decir que:

“¡CRISTO VIVE EN MÍ!

El vive en mí, para hacer su voluntad, darnos el poder para vencer el pecado y hacer sus obras a través mío”.

Debemos ser el resplandor de su gloria y dejar que El haga lo que quiera a través de nosotros y aún mayores obras de las que El mismo hizo cuando estaba en la tierra. S. Juan 14:12

Las personas deben “ver” a Cristo en nosotros.

Fuimos creados para ser habitados por nuestro creador y ser un templo santo.

Somos como el Tabernáculo del Antiguo Testamento donde estaba Dios.

2 Corintios 5: 1, 4.

(1 Juan 5:11)

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

(1 Juan 5:13)

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.

El a través de cada cristiano tiene manos para bendecir, boca para hablar, predicar y enseñar. Tiene poder para hacer milagros y sanar.

Para “El en nosotros” nada es imposible.

Podemos hablar con cualquiera de las tres personas de la Trinidad cada vez que queramos (y cuando queramos) pues viven en nosotros y están con nosotros ¡SIEMPRE!

¡En este mismo momento también!

No necesitamos “sentir” su presencia pues El es omnipresente.

Viva la realidad que Dios está al lado suyo y si es un verdadero Cristiano está también dentro suyo.

Mateo 28:20; Gálatas 2:20

Si usted quiere ser un verdadero cristiano ore a Jesús y dígale que se arrepiente de todos sus pecados, déle gracias porque El murió en su lugar en la cruz llevando la paga de su culpa y pecado, y que lo recibe en su corazón como su Salvador, Señor y Rey.

Lea S. Juan 1:12; Apocalipsis 3:20; 2 Corintios 5:17; San Juan 10:27-28.

Gustavo Isbert

Diplomado en Teología

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