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Estas sí que son buenas noticias

Estas sí que son buenas noticias

Estas sí que son buenas noticias:

Jesús es una persona real, El resucitó y El vive.
Y como es Dios, está en todas partes.
El te ama con un amor tan grande que no lo puedes comprender.
El vino a este mundo y murió en tu lugar (y en el mío) pagando nuestros pecados y llevando nuestra culpa.
Nos amó tanto que murió por nosotros para que podamos estar para siempre con El en el cielo.
El te ama y desea que pases la eternidad con El y disfrutes de todas las maravillas que hay en el paraíso.
Jesús está a tu favor, está al lado tuyo, te ama y dio su vida por ti.
El es el único realmente bueno; mientras estuvo en la tierra nos mostró como es Dios: sanó enfermos, perdonó pecados, hizo milagros de todo tipo y
¡todavía hace lo mismo! y aún más, porque ahora no está limitado a un cuerpo y está en todas partes.
El quiere que seas su amigo: ¿Qué hacer entonces?
Debes recibirlo en tu corazón, arrepentirte de todos tus pecados y creer las buenas noticias (Evangelio) que El pagó tu culpa en la cruz.
El murió en lugar de cada uno de nosotros.
Cuando comprendes que El es una persona y no una religión, cuando comprendes cuanto te ama y amó y lo que hizo por ti, entonces querés estar con El y la única manera de estar con El es recibiendo a Jesús en tu corazón a través de una oración.
Jesús dice en Apocalipsis 3:20. Yo estoy a la puerta de tu corazón y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta ENTRARÉ EN EL y cenaré con él y él conmigo (es decir tendremos amistad). Esto sucede literalmente y Cristo comienza a vivir su vida en nosotros y su Espíritu Santo vive en nosotros.

Si querés tener amistad con el amigo más grande que podes tener, tener vida eterna, ser salvo e ir al cielo para siempre, podes hacer esta oración:

Jesús te pido que entres en mi vida, perdóname todos mis pecados, límpiame y haz de mí una nueva persona. Creo que eres Dios y moriste en mi lugar en la cruz. Muchas gracias porque me amaste tanto para morir en mi lugar.
Te recibo ahora en mi corazón como mi Salvador y Rey, me someto a tu autoridad y te pido que me ayudes a hacer tu voluntad.
Gracias Jesús porque me has perdonado, tengo vida eterna, soy ahora un verdadero hijo tuyo y tu vives en mí.
Muchas gracias mi Señor. Amén.

Gustavo Isbert
Diplomado en Teología
www.elcieloesunlugar

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