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Muchos nos preguntan ¿A que iglesia asistimos en USA?

MUCHOS NOS PREGUNTAN ¿A QUE IGLESIA ASISTIMOS NOSOTROS CON NUESTRA FAMILIA? Respuesta: a la IGLESIA LATINA HERMITAGE HILLS dirección 309 Rayon Drive (Rayon City) (Muy cerca del gran puente verde que cruza el Cumberland de la calle Old Hickory Blvd). Horarios Domingos 9.45 Am y Miércoles 6 PM.

Esta Iglesia es anexo de  la Gran Iglesia Hermitage Hills en Hermitage TN (Este de Nashville) 3475 Lebanon Pike, Hermitage. Muy cerca de la Old Hickory Blvd.

Lección 93. Autoridad en la Iglesia

a) Escrituras clave

Hebreos 13: 7,17
Efesios 4:7-16
1 Pedro 5:1-5
Romanos 12:4-8
1 Timoteo 5:17
1 Timoteo 3:1-13
Romanos 13:1-7
1 Tesalonicenses 5:12-13
b) Introducción

Jesús dijo que edificaría su iglesia (Mateo 16:18). Pablo explica que Jesucristo ha escogido hacer esto dando “dones” a hombres como guías de la iglesia:
Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; a otros pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
(Efesios 4:11-13)
El Señor Jesús da tales personas como siervos a la iglesia:
– Para equipar o preparar a creyentes para el servicio en el reino de Dios.
– Para que sean causantes de que la iglesia sea edificada y que crezca numéricamente.
– Para traer a los creyentes a la madurez, tanto individualmente como corporalmente.
– Para unir a la iglesia en la fe.
La iglesia irá donde van sus líderes y llegará a ser lo que son sus líderes. El liderazgo es el orden de Dios para movilizar a la iglesia y capacitarla para lograr los propósitos de Dios en la tierra. La iglesia necesita líderes con una variedad de dones para alcanzar esto para Dios. Ningún líder puede hacer esto por sí solo, ni siquiera en el marco de una iglesia local. Los líderes necesitan poder llevar a los que están bajo su cuidado a un lugar donde:
(1) Son o están:
Responsables, cariñosos y de apoyo los unos con los otros.
– Tranquilos, consecuentes, comprometidos y gozosos.
– Continuando resueltamente en la Palabra de Dios.
– Íntegros y completos en Cristo.
– Madurando en Cristo en toda manera, siendo unidos en armonía donde cada persona conoce su lugar y don.
(Il) Ya no son o están:
Aniñados, mimados y voluntariosos.
– Atascados o estancados en su vida espiritual.
– Echados de una parte a otra por olas de humor o emoción, faltándoles seguridad y estabilidad.
– Llevados aquí y allá por todo viento de enseñanza.
c) Autoridad y sumisión espiritual
1. Jesucristo es Señor y es cabeza de la Iglesia (Efesios 1:22-23)
Dios ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra a Jesús, (Mateo 28:18) y Jesús, sucesivamente, delega autoridad a los líderes espirituales calificados en su iglesia. Cualquier autoridad que estos líderes tienen es autoridad “dada” y, por consiguiente, deberían trabajar en la iglesia como siervos, guiando por el ejemplo no mandando al rebaño como un señor (1 Pedro 5:1-3).
2. Dios pide que obedezcamos a nuestros líderes y que nos sometamos a ellos (Hebreos 13:1 1 Timoteo 5:17).
Esto no significa una sumisión gravosa en la que obedecemos todo lo que dicen nuestros líderes porque tenemos opción, sino que es una sumisión que surge de un respeto y reconocimiento de la postura del ante Dios. Los líderes deberían tener un amor verdadero y cuidar de las iglesias por las cuales son responsables Deberían conducir de manera que resulte en los mejores intereses de la iglesia. Los miembros de la deberían escuchar y actuar sobre la guía del líder porque oyen, conocen y se someten a la Palabra de Dios por sus líderes.

3. La sumisión es una actitud de corazón, no una postura de esclavitud
Someterse es ponerte voluntariamente bajo el cuidado, protección y guía de tus líderes. A los miembros iglesia no se les puede forzar a hacer nada. Sin embargo, cuando existe un reconocimiento de la ver autoridad espiritual en su líder, aquellos que están bajo esta autoridad se someterán voluntariamente. sumisión también trae gran bendición, porque aquellos que están bajo autoridad encontrarán que ellos también la reciben sucesivamente (Mateo 8:9).
d) ¿Qué esperas que sean tus líderes?
– Personas que vivan, prediquen y enseñen la Palabra de Dios (Esdras 7:10). La autoridad de un líderes, y al cabo,’sólo la autoridad de la Palabra de Dios en su vida y ministerio (Hechos 20:28).
– Personas cuya forma de vivir se vea recta, exitosa y que valga la pena imitar (1 Timoteo 3:2-5).
– Personas de fe. Estas personas tienen una fe en Dios que vale la pena imitar y que inspira a la iglesia a confiar en ellos y seguirles. ¡Una persona no puede ser pastor sin ovejas! (1 Tesalonicenses 1:6; Filipenses 3:1
– Personas que vigilen sobre aquellos por los cuales son responsables y se consideren responsables ante de su bienestar y progreso (1 Pedro 5:2-3).
e) Lo que espera Jesús de la Iglesia respecto a sus líderes
– Que oigan la Palabra de Dios por medio de sus líderes y que la tomen en serio y personalmente (Romanos 10:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13).
– Deberían seguir el ejemplo de sus líderes (1 Tesalonicenses l;6).
– Deberían someterse humildemente a la autoridad de sus líderes y ser obedientes. Esto obrará para ventaja de la iglesia porque la iglesia estará viviendo en el orden de Dios para la vida de cada persona. Es Dios quien levanta todo liderazgo en primer lugar (Romanos 13:1-5). Entonces, cuando nos sometemos a aquellos que ha levantado Dios en autoridad sobre nosotros, estamos, en efecto, sometiéndonos a Dios mismo. Dios tiene toda autoridad en sí mismo y meramente la reparte, o delega, cuando levanta un liderazgo y necesitamos obedecer a los que El ha delegado autoridad; tal como necesitamos obedecer a Dios mismo. Deberíamos permitir a los que tienen responsabilidad sobre nosotros que se gocen en nosotros y que no nos encuentren una carga. Podemos hacer esto, sencillamente, aceptando su autoridad y viviendo en sumisión a ella (1 Pedro 5:5-6). Sin embargo, si la autoridad delegada de Dios nos pide que hagamos algo contrario a lo que sabemos que Dios querría que hiciéramos, entonces debemos obedecer la autoridad más alta de Dios y su Palabra.
– Deberían orar por sus líderes, sus ministerios y sus familias (Romanos 15:30; 2 Tesalonicenses 3:1).
– Deberían saludar a sus líderes con entusiasmo; haciéndoles sentirse amados y bienvenidos. Aprecia a tus líderes y dales el merecido respeto y reconocimiento (1 Tesalonicenses 5:12-13).

Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe…. Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso.
(Hebreos 13:7, 17)
f) La responsabilidad de los líderes
Los líderes tienen una gran responsabilidad (Santiago 3:1; Ezequiel 33:6; Hebreos 13:17). Todo rebaño necesita un pastor (Números 27:16-17) y el pastor necesita saber llevar su rebaño y no forzarle (Génesis 33:13.14). Los pastores del pueblo de Dios deben saber la verdad de lo que dice Dios hoy, para que puedan llevar su rebaño en los planes y propósitos de Dios.
El pastor debe:
– Guardar su rebaño seguro de ataque. El lobo (Satanás) intentará aislar miembros del rebaño mediante el engaño, pero el pastor debería estar allí para proteger a sus ovejas de esto.
– Dar autoridad y disciplina de parte de Jesús que es la cabeza de la iglesia.
Poder mantener las ovejas en fila para que lleven el paso los unos con los otros y con Dios. La iglesia necesita cristianos que estén dispuestos a dejar su vanidad, orgullo, auto importancia, independencia y pequeñez, y en lugar de eso, guardar fila y ser de lealtad indivisible.
g) La cadena de mando en el Reino
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h) Preguntas y puntos de discusión
1. ¿Quién es la autoridad más alta: Dios o Su autoridad delegada? Entonces, ¿a quién deberías obedecer si hay un choque de intereses entre estas dos autoridades?
2. ¿Deberíamos impacientamos por enseñar y servir a otros en el cuerpo de Cristo (Santiago 3:1) y cuál debería ser nuestra actitud cuando hacemos estas cosas? (1 Pedro 4:11).
3. Entre el liderazgo de tu iglesia local es probable que encuentras fácil someterte y seguir a algunos, y más difícil con otros. ¡Discútelo! ¿Tienes algún problema de actitud hacia alguno de tus líderes, que necesites cambiar?
4. ¿Por qué los que están bajo autoridad hallan que tienen autoridad? (Mateo 8:5-13).
5. Si aspiras al liderazgo entonces debes dar un ejemplo similar al que está expuesto en 1 Timoteo 4:12.
6. ¿Tomas en serio y personalmente lo que tus líderes te dicen? ¿Deberías hacerlo?
7. ¿Te sometes humildemente a la autoridad de tus líderes y sigues su ejemplo? Si no es así, ¿por qué no?
8. ¿Te hará Dios responsable de tu propio caminar con El? ¿Tus líderes entonces, deberían tomar todas tus decisiones por ti?
9. Oras, aprecias y respetas a tus líderes y sus familias?
10. ¿Eres una carga para tus líderes, o un gozo?
11. ¿Cuál es la diferencia entre llevar y forzar al rebaño?
12. ¿Necesita el cuerpo de Cristo a líderes que estén dispuestos a traer la corrección y disciplina de Dios a sus miembros cuando se las requiere?
i) Resumen y aplicación
1. Jesús es la cabeza de la iglesia y propone funcionar a través de ella porque es su cuerpo en la tierra. Nosotros, entonces, necesitamos someternos a su Jefatura y a aquellos que el Señor pone sobre nosotros.
2. Todos los líderes deberían ser siervos del cuerpo de Cristo por amor a Jesús (2 Corintios 4:5).
3. Jesús nombra el liderazgo en la iglesia para representar su autoridad, continuar su ministerio y expresar su vida.
4. Los miembros de la iglesia de Dios necesitan ser leales y estar sometidos a sus pastores que son responsables por ellos ante Dios.
5 Los líderes en el cuerpo de Cristo deberían facilitar el crecimiento de la iglesia tanto en cantidad como en calidad.
6. Cuando nos sometemos al liderazgo piadoso, estamos protegidos del enemigo, porque el liderazgo será una cubierta espiritual para nosotros.
7. Como parte del cuerpo de Cristo, necesitamos ponernos en fila detrás de Dios y de su autoridad delegada y avanzar como El dirija, para traer gloria a Dios y extensión a su Reino.

Lección 91. El Cuerpo de Cristo: la Iglesia:

a) Escrituras clave
1 Corintios 12:12-27
Colosenses 1:18
Efesios 5:23-32
Colosenses 2:19
Romanos 12:4-8
Efesios 1:22-23
Hebreos 10:24
b) ¿Cuál es el cuerpo de Cristo?
El cuerpo de Cristo es aquel cuerpo de creyentes nacidos de nuevo que han sido unidos a Jesucristo por el Espíritu Santo (1 Corintios 12:12-14), para llevar a cabo la tarea que El comenzó de testificar y establecer el reino de Dios. Jesús dio al creyente la autoridad de Su nombre y el poder del Espíritu Santo (Marcos 16:17-18; Hechos 1:8) para que de parte suya, estemos involucrados en el establecimiento del reino de Dios aquí en la tierra. Todos los discípulos de Jesús están unidos en esta labor, teniendo cada uno un papel que jugar. Estos discípulos necesitan trabajar juntos como un cuerpo de muchos miembros con Jesús como cabeza.
Nuestra lealtad como discípulos de Jesús es: primero a Cristo Jesús y su iglesia universal, y después a la iglesia local donde nos ha colocado. Todos los creyentes en la iglesia universal de Dios obviamente no pueden reunirse a la vez, por tanto, Dios ha ordenado que nos reunamos en grupos más reducidos, bien sea en una iglesia de ciudad (1 Corintios 1:2) o en una iglesia en una casa (Romanos 16:5). Esto es el cuerpo visible de gente comprometida. Esta iglesia local no consiste en un sacerdote o vicario (o artista) y gente (o espectadores). Consiste en creyentes nacidos de nuevo, todos los cuales son sacerdotes (1 Pedro 2:9). Jesús está comprometido a edificar su iglesia en la tierra y no va a permitir que Satanás la venza (Mateo 16:18). Como discípulos de Jesús, deberíamos dedicarnos a la iglesia, que es la vida compartida en Cristo (Hechos 2:42).
c) Varias imágenes
No existe ninguna imagen que por sí sola pueda describir adecuadamente lo que Dios tiene en mente para su pueblo. Pablo usa unas cuantas imágenes para ilustrar varios aspectos de la revelación de Dios acerca de. la iglesia:
1. Un templo
Esto revela el propósito divino de edificar un pueblo unido para que sea morada de Dios por su Espíritu Santo (Efesios 2:19-22; 1 Corintios 3:16). Somos piedras vivas edificadas en una casa espiritual, para que podamos ser un sacerdocio santo ofreciendo sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1 Pedro 2:4-5).

2. Una familia
Esto nos ayuda a apreciar el propósito de Dios de envolvernos en su familia y hacernos coherederos con nuestro hermano mayor, el Señor Jesús (Romanos 8:17; Hebreos 2:10,14-17). La iglesia es un estilo de vida y no una actividad. La iglesia no es un club religioso en el que decides matricularte, sino que es la familia de Dios a la que fuiste añadido (Hechos 2:47).
3. Una novia
Esto nos ayuda a comprender la unidad que Cristo y su iglesia han de experimentar juntos, en mutua relación y compromiso personal (Efesios 5:22-32; Juan 17:11,21).
4. Un cuerpo
Esto nos ayuda a comprender el deseo de Cristo de usar su cuerpo presente, la iglesia, para ministrar vida y sanidad de la misma manera que la ministraba El en su caminar terrenal (1 Corintios 12:1-31).
Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular
(1 Corintios 12:27)
Esto es un llamamiento tremendamente rico que exige un cuerpo de personas que estén funcionando en las mismas esferas de poder y autoridad en que ministraba Jesús. Antes que al hombre se le pueda confiar tal autoridad y poder, debe hacer un reconocimiento de los principios divinos de jefatura y una sumisión a Cristo, la cabeza del cuerpo.
Recuerda, Dios originalmente no planeó las denominaciones, por ejemplo, iglesia anglicana, metodista, bautista, etcétera, han llegado a ser por las divisiones humanas a lo largo de la historia de la iglesia. Jesús fundó y está edificando una iglesia, un cuerpo, al que todo creyente nacido de nuevo pertenece (Efesios 4:4; Mateo 16:18).

d) Características de la Iglesia
1. La jefatura de Jesús
Jesús estableció la iglesia. La está edificando y la controla y dirige (Colosenses 1:18; Colosenses 2:19; Efesios 1:22-23; Efesios 4:15-16). Nosotros, como el cuerpo de Cristo, compartimos en su vida y estamos bajo su control. La manera en que funciona el cuerpo físico es haciendo lo que la cabeza le dice que haga. Esto necesita que cada parte del cuerpo esté funcionando debidamente, obedeciendo las señales provenientes de la cabeza. El cuerpo de Cristo funciona de la misma manera.
2. Unidad del Espíritu (1 Corintios 12:12-13; Efesios 4:2-3,32)
Todos los creyentes son parte de un cuerpo y existe una unidad invisible entre ellos, porque todos comparten en el mismo Señor Jesús. Jesús oró por la unidad total entre todos los creyentes (Juan 17:20-23). Tal como cada uno de nosotros tiene un cuerpo con muchos miembros, y de estos miembros no todos tienen la misma función, así en Cristo, nosotros, que somos muchos, formamos un cuerpo y cada miembro aunque tiene distintas funciones, pertenece a todos los demás miembros. No podemos ser independientes. Esto sería parecido a quitarte la mano y esperar que opere independientemente del cuerpo. La iglesia incluye toda clase de personas, algunas de las cuales nunca habrías escogido como amigo. Pero Dios los escogió a ellos y a ti, y en su sabiduría los juntó. Quizás hizo esto para moldearte en lo que necesitas serlo. (Proverbios 27:17). Esto requiere amor. El amor de Dios es el cemento que mantiene la iglesia unida. Cuando el Espíritu Santo vino a ti en salvación te trajo aquel amor (Romanos 5:5).
3. Variedad de dones y funciones
El cuerpo no está compuesto de una parte sino de muchas (1 Corintios 12:14). Hay distintas clases de dones, servicio y obras, pero el mismo Dios, que los obra todos en cada hombre (1 Corintios 12:4-11). Tal como las partes del cuerpo humano son variadas en función, así son los miembros del cuerpo de Cristo. Todos tenemos una parte concreta que desempeñar, aunque todavía puede que no esté claro cuál sea esa parte o papel. No hay partes de repuesto en el cuerpo de Cristo. Hemos sido escogidos y puestos en ese cuerpo para un propósito especial. Su papel será adaptado a tus dones y personalidad.
4. Dominio de Dios (1 Corintios 12:11)
Es Dios quien ha organizado las partes del cuerpo y quien hace nombramientos en él (1 Corintios 12:27-28). A veces puede que haga saber su voluntad por medio de su autoridad delegada (Hebreos 13:17). Los miembros del cuerpo de Cristo necesitan aceptar su lugar. Muchos intentan ser lo que Dios no les ha llamado a ser (1 Corintios 12:14-17). Necesitamos averiguar cuál es nuestra función en Dios y aceptarla, aferrarnos a ella, desarrollarla y llevarla a cabo. Si un discípulo de Jesús intenta funcionar en un área a la que Dios no le ha llamado, entonces él nunca tendrá éxito y en el cuerpo de Cristo faltará una función. El cuerpo de Cristo funciona mejor cuando cada miembro está haciendo lo que Dios le ha llamado a hacer. Si Dios te ha puesto en el cuerpo, entonces tendrá algo para que hagas dentro de él.

5. Debidamente relacionado
Los miembros del cuerpo de Cristo necesitan estar debidamente relacionados con la Cabeza, Jesucristo, y los unos con los otros. Nos necesitamos los unos a los otros (1 Corintios 12:21), por tanto, debemos aceptarnos los unos a los otros como Cristo nos aceptó (Romanos 15:7), aprendiendo a perdonar (como El nos ha perdonado) y soportándonos los unos a los otros (Efesios 4:2; Colosenses 3:12-14). Mucho de tu crecimiento y desarrollo como cristiano vendrá por medio de tu relación con otros creyentes. Esto no sólo sucederá por lo que compartan los líderes y otras personas contigo, sino también por lo que compartas tú con ellos.
El desánimo, probablemente, es el arma más eficaz de Satanás para empezar a dominar a los cristianos. Reconociendo esta verdad, Dios espera que su pueblo se reúna, contrarrestando tal situación por medio del ánimo mutuo (1 Corintios 14:26; Colosenses 3:16; Hebreos 10:24-26). Necesitamos edificar y animar el cuerpo de Cristo y todos trabajar juntos como debiéramos (1 Tesalonicenses 5:11). La palabra “animar” en el griego es “oikodomeite” la cual es una palabra compuesta de “oikia” que significa “casa” y “demo” que significa “edificar”. Somos llamados, como discípulos de Jesús, para estar involucrados juntos en una obra que Dios ya está haciendo, es decir, edificar Su iglesia (Romanos 14:9; Romanos 15:2). Jesús nos describe como la sal de la tierra (Mateo 5:13). Uno de los usos de la sal es dar sabor a la comida, para que disfrutemos la comida en todo su sabor. Como la sal de la tierra, somos llamados a sacar lo mejor en otros, de ese modo edificamos tanto a ellos como a nosotros mismos a la vez.

6. Compromiso
Debido a los propósitos únicos que Dios ha anunciado por el cuerpo, el plan tremendo que tiene para él, y debido a las relaciones complejas en el cuerpo, ningún creyente verdadero puede encontrar realización y satisfacción fuera del cuerpo de Cristo: la iglesia. El no identificarte con el cuerpo visible de Cristo, es decir, la iglesia local, es separarte del cuerpo de Cristo en su totalidad. El cuerpo sólo puede crecer cuando cada miembro funciona como debiera. Esto exige un compromiso. Entonces el cuerpo verdaderamente será la expresión de Jesús en la tierra (Efesios 4:16).
Necesitamos hacernos la pregunta: “¿Qué puedo invertir yo en el cuerpo?” y no siempre preguntarnos: “¿Qué puedo conseguir yo de esto?” Necesitamos dar desinteresadamente de nosotros mismos (2 Corintios 8:5). Los que más invierten más reciben de este compromiso.
7. Servicio
Tu actitud real a Jesucristo se ve por tu actitud hacia su cuerpo, la iglesia (1 Juan 4:20). Una vida de servicio para Dios es la vida más satisfecha que existe, porque somos creados por Dios para servirle. Existen un número de actitudes hoy día que impiden o detienen el libre fluir de un espíritu de servicio. Muchas veces puede haber una falta de inclinación a aceptar un papel que parece ser menos importante, o un papel que está en sumisión a otro. La gente cree que esto desmerecería su dignidad.
También puede haber muchas veces un deseo de dominar o dirigir, cuando no hay ni la habilidad ni el llamamiento para hacerlo. Una buena voluntad de aceptar la dura disciplina de responsabilidad, y una actitud de humildad de servicio que Jesús ejemplificó tan claramente, ha de ser el centro de una vida que sea llamada al liderazgo. Además de todo esto, puede haber un desgano de aceptar tareas bajas, porque el servicio se ve sólo en términos de lo que es claramente recompensado o agradable. Nunca deberíamos comparar ni tasar ministerios, ni tampoco ningún servicio para Dios. Dios no lo hace nunca. El no tiene un ministerio sobre otro. Para El todos son importantes. En primer lugar, el da el ministerio de servicio. Todo lo que busca es un vaso utilizable que sea fiel en hacer aquello que El ha deseado.
Los miembros del cuerpo que parecen más débiles son necesarios (1 Corintios 12:22). Puede parecer que algunos miembros tienen sólo una parte pequeña que jugar en el cuerpo, pero son necesarios para el debido funcionamiento del mismo. En efecto, Dios muchas veces les da más honra (1 Corintios 12:24). Los miembros del cuerpo de Cristo deberían respetarse, cuidarse y honrarse los unos a los otros. No debería de haber división en el cuerpo de Cristo sino que todos los miembros del cuerpo deberían tener el mismo cuidado los unos de los otros (1 Corintios 12:25-27).
Mientras esperas a descubrir tu papel en el cuerpo, haz lo que se necesite hacer con toda tu fuerza (Eclesiastés 9: 10). También necesitamos ir con cuidado respecto a nuestros motivos para el servicio (1 Corintios 13:1-3). No deberíamos hacer nada principalmente para nuestro propio beneficio o satisfacción, sino hacer todo para la gloria de Dios y la extensión de su Reino. Deberíamos desear servir a nuestros condiscípulos de Jesús, que son parte del cuerpo de Cristo. Jesús enseñó que el servir a otros es el camino hacia la promoción en su Reino. Jesús mismo no vino para tener un siervo, sino para ser un siervo, y nosotros necesitamos hacer lo mismo (Mateo 20:25-28; Mateo 25:40).


e) Cómo cumplir tu función en el cuerpo de Cristo
1. Sé lleno del Espíritu Santo (1 Corintios 12:13).
2. Desempeña tu papel sin envidiar el de otro. Usa tus dones y habilidades para servir al cuerpo como buen administrador de Jesucristo (1 Corintios 12:15-16; 1 Pedro 4:10).
3. Haz sitio para otros (1 Corintios 12:17) y no intentes hacerlo todo tú mismo. Puede que otros hagan algunas cosas mejor que tú.
4. Conoce tu lugar en el cuerpo (1 Corintios 12:18-20) porque esto trae seguridad y confianza (Romanos 12:3).
5. Admite tu necesidad de otra gente (1 Corintios 12:21). La iglesia es tu máquina de respiración artificial, por tanto, no tengas miedo de aprovechar la vida de Dios por medio de otros en la iglesia. No seas tan independiente que no te puedan ayudar, aconsejar, ni corregir.
6. Valora a otros creyentes (1 Corintios 12:22-24) y anímales.
7. Cuida del cuerpo (1 Corintios 12:26), practica la hospitalidad (Romanos 12:13; 1 Pedro 4:7), y busca maneras prácticas para compartir y ayudar a tus hermanos en la iglesia (Hebreos 10:24; Gálatas 6:10).
8. Haz que el amor sea tu meta y desea de todo corazón los dones espirituales (1 Corintios 13:1-3; 1 Corintios 14:1).


F) Preguntas y puntos de reflexión

1. ¿Está el cuerpo de Cristo, del cual eres parte, llevando a cabo la labor que comenzó Jesús de testificar y establecer el Reino de Dios?
2. ¿Tiene tu iglesia local a Jesús como cabeza?
3. ¿Sabes que eres llamado a trabajar dentro de la parte local del cuerpo de Cristo a la cual asistes? Si no sabes cuál es la función o tarea de Dios para ti, entonces pide a Dios que te la enseñe. Si no sientes ganas de hacer nada, ni que te necesitan para hacer algo, entonces quizás no te estés juntando con la iglesia local correcta. Todo el mundo debería ser fructífero para Dios dentro de su propio marco local. Ora y pide a Dios guía en este asunto y también ve a tus líderes y pide su consejo.
4. Como miembro del cuerpo de Cristo, ¿te ves como una parte necesaria del cuerpo y estás plenamente comprometido con él?
5. ¿Es posible funcionar independientemente del cuerpo de Cristo? Discútelo.
6. Antes que Dios pueda confiar a los miembros del cuerpo de Cristo poder y autoridad, necesita haber un
reconocimiento de los principios divinos de jefatura y sumisión a Cristo, la cabeza del cuerpo. Discútelo.
7. ¿Te haces la pregunta: “¿Qué puedo yo invertir en ]aparte local del cuerpo de Cristo?” o te haces las preguntas: “¿Qué puedo yo sacar de esta iglesia local?” o “¿Qué debería hacer esta iglesia local para mí?”
8. ¿Existe unidad entre los miembros de tu iglesia local? Sino es así, ¿porqué no? ¿Hay algo que tú puedes hacer para fomentar la unidad? ¿Cuál es la actitud de Jesús ante la unidad de su iglesia? (Juan 17:20-23).
g) Resumen y aplicación
1. Jesús nos ha comisionado, como miembros de su iglesia, a hacer discípulos y capacitarlos para crecer en el contexto de la parte local del cuerpo de Cristo, es decir, la iglesia local.
2. La iglesia crecerá encantidad y calidad sólo cuando cada miembro trabaje como debiera y lleve a cabo la función que Dios le ha dado. Entonces se convertirá en el cuerpo que sea verdaderamente la expresión de Jesús en la tierra.
3. Jesús es la cabeza de la iglesia y pretende que su Iglesia llegue a ser un lugar de unidad y sumisión a su gobierno.
4. Todos los miembros del cuerpo de Cristo están interrelacionados entre sí y son necesarios para el debido funcionamiento de la iglesia universal.
5. Para que un discípulo de Jesús se realice, necesita reconocer que su realización ocurrirá sólo cuando encuentre
su lugar en el cuerpo local de Cristo, y se comprometa a acabar lo que Dios le pide que haga en ese lugar.
6. Tu actitud hacia tu iglesia local reflejará algo de tu actitud hacia su cabeza, Jesucristo.
7. Dios no tiene preferidos. No tasa un ministerio más alto que otro. Sólo espera que nosotros, como discípulos suyos, le sirvamos obedeciendo su voluntad, cueste lo que cueste.

Lección 92. Relaciones en la Iglesia

a) Escrituras clave

1 Corintios 13:1-8 1
Romanos 12:9-21
Juan 4:20-21
Filipenses 2:1-4
Hechos 4:32-35 1
1 Corintios 12:25-27
Juan 3:16-18
1 Juan 1:7
Juan 13:25
Hechos 2:42-47
Efesios 4:13-16, 251
Tesalonicenses 5:12-15

b) Introducción

Dijo una vez John Wesley: “La Biblia no sabe nada de la religión solitaria”. El cristianismo es una religión de comunión. Seguir a Cristo significa amor, rectitud y servicio, y estas cosas sólo se pueden alcanzar por medio de las relaciones sociales que se encuentran en la iglesia. Nada puede ocupar el lugar de asistir a la iglesia. Muchas veces los cristianos se rinden en su servicio para el Señor porque sienten que están solos y que nadie se ocupa de ellos. Sienten que los problemas a los que se enfrentan son peculiares y propios de ellos. Satanás intentará convencernos, como discípulos de Jesús, que no necesitamos ocuparnos de otra gente. Nos dirá que “mientras tengamos a Dios, ¡quién necesita a otros cristianos!” Sin embargo, la verdad es que como cristianos, somos piedras vivas que Dios está edificando en una casa espiritual (1 Pedro 2:5; Efesios 2:20-22). Los verdaderos cristianos se necesitan los unos a los otros. En efecto, los verdaderos cristianos son dependientes los unos de los otros. La palabra “comunión” en griego es la palabra “koinonia” y significa “comunión” o “compartir en común” (Hechos 2:42; 1 Juan 1:7). Esta palabra describe cómo deberían vivir los cristianos, es decir, como una comunidad de compartidores mutuos que viven y comparten el amor desinteresado y sacrificado o “ágape” que Dios les ha dado (Romanos 5:5; Juan 13:34; 1 Juan 3:23).
c) Comunión del Espíritu
Esto es una actitud de corazón y mente. Es la expresión de un vínculo en Cristo Jesús entre creyentes cristianos que va más lejos de los lazos naturales de familia o amistad. Es uno de los mayores desafíos a nuestra vida como cristianos hoy día. Los cristianos no estamos solos. Hemos nacido, por fe, en una tremenda familia universal de creyentes unidos, no por raza, color, ni conveniencia sino por la sangre de Jesús (Gálatas 3:26-28). La verdad es que somos uno por lo que ha hecho Dios en Cristo. Dios propuso esto en Cristo antes que el mundo empezara (Efesios 1:4-5). Somos lo que somos por la obra de Dios en nosotros por medio del Espíritu Santo (Filipenses 2:1-2; 2 Corintios 13:14).
d) Siete aspectos de la comunión que compartimos en el Espíritu

1. El amor del Espíritu (Romanos 15:30)
En el corazón de nuestra relación como creyentes está el amor de Dios. Este no es un amor que crece del afecto o gusto natural del uno por el otro, sino que es un amor que es producido en nosotros por la obra directa del Espíritu Santo (Romanos 5:5). Jesús dijo que era la realidad de este amor lo que sería el sello de calidad de nuestro discipulado en cuanto a otros, hombres y mujeres se refiere (Juan 13:35).

2. La unidad del Espíritu
Nuestra unidad es por fe en Cristo (Gálatas 3:26-28), y nuestro compartir en común en el único Espíritu Santo (1 Corintios 12:13). Esta unidad se muestra por nuestro acceso común a nuestro Padre en el cielo por el Espíritu Santo en nosotros (Efesios 4:3).

3. El templo del Espíritu
Los cristianos están siendo edificados como un templo santo al Señor en el que vive Dios por su Espíritu (Efesios 2:21-22). Este templo, o casa de Dios, también es el lugar de servicio, ofrenda y alabanza (1 Pedro 2:5). Para Dios este edificio es muy significativo y se nos ha dicho que tengamos cuidado de cómo edificamos en los fundamentos ya echados (1 Corintios 3:10-17). No es cosa ligera jugar con el templo de Dios, porque seremos responsables ante El por lo que hayamos hecho con su preciosa morada.

4. La gloria del Espíritu
Donde mora Dios se ve su gloria (1 Pedro 4:14). La obra transformadora del Espíritu Santo nos capacita primero a contemplar la gloria de Dios en Jesús, y por eso ser transformados en la imagen de Jesús, para que su gloria sea vista en nuestra vida (2 Corintios 3:18).

5. Los dones del Espíritu
Los dones del Espíritu pueden ser manifestados por medio de creyentes individuales, pero son, en efecto, dones del cuerpo, y no sólo de cristianos individuales (1 Corintios 12:7). Los dones del Espíritu Santo no tienen sentido realmente, aparte del hecho de la comunión del Espíritu. Su operación debería ser una señal de la unidad del cuerpo.

6. La esperanza del Espíritu
Donde hay fe hay esperanza. La esperanza cristiana es una realidad total porque se basa en la obra y palabras de Jesús y nace de la fe. Esta fe es producida en nosotros por el Espíritu Santo (Gálatas 5:5-6). La fe, esperanza, y amor que el Espíritu Santo engendra en nosotros no se experimentan solamente en forma individual, sino son manifestadas en forma corporal en nuestras vidas, en la comunión del Espíritu Santo.

7. La adoración del Espíritu
La comunión en el Espíritu es una comunión ante el trono de Dios en adoración, donde nos juntamos con Jesús que ya está allí. Aquí es donde se expresa más profundamente nuestra comunión. La verdadera adoración encuentra su raíz en la obra del Espíritu Santo (Filipenses 3:3; Juan 4:23-24).

e) Uno en Espíritu
Debe haber un profundo dolor en el corazón de Dios cuando ve lo lejos que estamos de satisfacer los ideales que nos ha presentado en su Hijo. Ha echado el fundamento de nuestra comunión en Jesús y nos ha dado el poder para hacerlo una realidad por la obediencia y amor en el Espíritu Santo. Frecuentemente, sin embargo, parece que el diablo tiene éxito en llevarnos al fracaso y al dolor. Por supuesto, en un nivel práctico, no podemos tener comunión con todo cristiano en un sentido profundo, ni tampoco se nos exige. Estamos en comunión con todo creyente verdadero, guste o no, porque estamos unidos en el corazón de Dios por la obra de Cristo. Es necesario que cada uno de nosotros discierna sus círculos de comunión, no en un sentido exclusivista, sino de manera que nos ayude a expresar y realizar esta comunión con otros cristianos, en sentido práctico.

f) Tres resultados de la comunión
1. Fructificación
El salmista en el Salmo 133 dice que la unidad es como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion. Los rocíos de Hermón son la fuente de agua y vida para la tierra: traen frescura y sustento al pueblo y les hace ser fructíferos. La comunión hace lo mismo para nosotros en cuanto a traer frescura y nutrición para nosotros en nuestro caminar diario con Dios, lo cual nos hace ser fructíferos.

2. Creatividad
Existen muchas áreas en nuestra vida cristiana en las que no podemos funcionar debidamente, aparte de la comunión con otros creyentes. La comunión cristiana es, al fin y al cabo, no sólo un ejercicio individual sino corporal. La mayoría de los desafíos a los que nos enfrentamos surgen del hecho de que vivimos en relación con otra gente. El Espíritu Santo se mueve, cuando se le permite, para traer unidad en el cuerpo de Cristo, y da los dones necesarios para edificar y mantener al cuerpo íntegro. No debería haber ni pobreza de espíritu, ni falta de dones espirituales en el cuerpo, y todo el mundo debería ser enriquecido y edificado, mientras compartimos nuestros dones juntos en el amor y servicio mutuo (Hebreos 10: 24-25).
3. Costo
El tener una relación realmente cercana a alguien nos cuesta algo, porque hemos de dar para recibir, y al dar, la máscara protectora que todos tenemos debe bajar. La verdad es que cuando nos franqueamos en la comunión los unos con los otros nos hacemos vulnerables. Somos gente muy lejos de la perfección y el costo de la comunión es que no sólo recibimos los unos de los otros aquello que es de Dios, sino que también estamos abiertos a toda influencia y rasgo natural que se manifiesta en nuestra vida y personalidad. Esto es el porqué mucha gente halla difícil franquearse con otros, por temor al dolor, al malentendido y al rechazo. Aunque parecería que franquearse con una persona nos hace vulnerables, la verdad es que la comunión sólo alcanzará su cumbre y será verdaderamente realizadora si nos abrimos de esta manera. Si te sientes solo, pregúntate: “¿Estoy preparado para el costo de la verdadera amistad y para hablar francamente?
Deberíamos humillarnos y dejar que el Espíritu Santo escudriñe los pensamientos y actitudes del corazón de todos nosotros. Nuestro evangelio no puede permanecer creíble al lado de los fracasos y divorcios espirituales continuos entre los verdaderos creyentes. El dolor que tal separación trae, muchas veces puede ser el factor más mutilador en nuestra vida y ministerio. Nos roba la confianza en nosotros mismos y entre unos y otros, y provee al mundo de una razón mayor por la que rechazar nuestro mensaje.
En esto hemos conocido el amor en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos … Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.
(1 Juan 3:16, 18)
g) ¿Cuál debería ser nuestra actitud los unos con los otros en el cuerpo de Cristo?
Deberíamos:

Amarnos los unos a los otros (Juan 13:34-35; Juan 15:12, 17; 1 Tesalonicenses 3:12; 4:9; 1 Pedro 1:22; 1 Juan 3:18; 1 Juan 4:7, 11-12).
Animarnos los unos a los otros (1 Tesalonicenses 4:18; Hebreos 3:13; Hebreos 10:25).
Estimularnos los unos a los otros hacia el amor y buenas obras (Hebreos 10:24).
Fortalecernos los unos a los otros (1 Tesalonicenses 5:11).
Edificarnos los unos a los otros (Romanos 14:19).
Amonestarnos los unos a los otros (Colosenses 3:16).
Instruirnos los unos a los otros (Romanos 15:14)..
Servirnos los unos a los otros (Gálatas 5:13; 1 Pedro 4:10).
Soportarnos unos a otros (Efesios 4:2; Colosenses 3:13).
Perdonarnos unos a otros (Efesios 4:32; Colosenses 3:13).
Ser amables unos con otros(Efesios 4:32).
Tener compasión unos por otros (Efesios 4:32; 1 Pedro 3:8).
Ser leales los unos a los otros (Romanos 12:10).
Honrarse los unos a los otros (Romanos 12:10).
Vivir en armonía los unos con los otros (Romanos 12:16; 1 Pedro 3:8).
Ser amigables los unos con los otros (1 Pedro 3:8).
Ser benévolos unos con otros (Efesios 4:2; 1 Pedro 3:8).
Ser pacientes unos con otros (Efesios 4:2).
Aceptamos unos a otros (Romanos 15:7).
Someternos los unos a los otros (Efesios 5:21).
Vestirnos de humildad los unos hacia los otros (Efesios 4:2; 1 Pedro 5:5).
Enseñarnos los unos a los otros (Colosenses 3:16).
Vivir en paz unos con otros (Marcos 9:50; Romanos 12:18).
Confesar nuestros pecados unos a otros (Santiago 5:16).
Orar unos por otros (Santiago 5:16).
Ofrecer hospitalidad unos a otros (1 Pedro 4:9).
Saludarnos unos a otros (Romanos 16:16; 1 Pedro 5:14).
Tener comunión unos con otros (1 Juan 1:7).
Estar de acuerdo unos con otros (1 Corintios 1:10).
Llevar las cargas unos por otros (Gálatas 6:2).
h) Cosas que no hay que hacer los unos a los otros en el cuerpo de Cristo

– No morder ni devorarnos unos a otros (Gálatas 5:15).
– No provocar ni envidiarnos unos a otros (Gálatas 5:26).
– No odiarnos unos a otros (Tito 3:3).
– No juzgarnos unos a otros (Romanos 14:13).
– No mentirnos unos a otros (Colosenses 3:9).
– No calumniar ni hablar mal unos de otros (Santiago 4:11).
No murmurar unos contra otros (Santiago 5:9).
No ir a juicio unos contra otros (1 Corintios 6:1-8).
i) Preguntas y puntos de discusión

1. Uno de los mayores dolores que puedas tener en la vida de comunión con otros creyentes, es el dolor de tener que estar presente y ver a otros, a quienes amas profundamente en Cristo, actuar o adoptar posturas que sabes que no serán fructíferas o serán dañinas a sí mismas o a otros, sin intervenir. Discútelo.
2. ¿Qué efecto tiene el temor en una relación, y funciona realmente luchar o trabajar demasiado intensamente en la comunión con otras personas? (1 Juan 4:18; Hebreos 13:6).
3. ¿Son los grupos caseros una parte bíblica válida de nuestra vida en la iglesia? (Hechos 2:42-47; Hechos 4:32-35; Hechos 12:12; Hechos 16:40; Colosenses 4:15; Filemón:2).
4. Para tu crecimiento espiritual, ¿necesitas a otros cristianos? Discútelo.
5. ¿Has pensado alguna vez en animar a otros de tu iglesia local, o generalmente en el cuerpo de Cristo enviándoles tarjetas o cartas con palabras de aliento o Escrituras pertinentes en ellas? Si no; ¿por qué no empezar a hacerlo?
6. Haces alguna cosa que irrita al grupo con el que estás? Y si es así, ¿cómo puedes mejorar?.
7. ¿Tenía Jesús amigos cercanos? (Marcos 5:37; Lucas 9:1; Lucas 10:1; Juan 20:2; Hechos 1:15). ¿Y cuál era la actitud de Cristo hacia la unidad cristiana? (Juan 17:20-23).
8. Dibuja y medita sobre un mapa de relaciones. Pon un punto, que te represente a ti, en una hoja de papel en blanco, y luego pon puntos con iniciales alrededor de ti (representando a la gente que conoces -máximo 20 personas). Coloca a aquellos que consideras amigos cercanos cerca de tu punto y a aquellos que no están tan cerca, más lejos. Entonces pregúntate por qué la gente está donde está. ¿Es correcto o se deberían de hacer algunos cambios? Pide perdón al Señor por actitudes incorrectas y perdona a los que te han agraviado.
9. Haz una lista de maneras prácticas en las que puedas expresar el compromiso los unos a los otros sirviéndose entre sí (Filipenses 2:4). Pide al Señor que te llene con su amor para que te impacientes por servir a otros, sabiendo que verdaderamente estas sirviéndola señor crista Jesús (Mateo 25:31-46)
10. Mira la sección titulada: “¿Cuál debería ser nuestra actitud los unos con los otros en el cuerpo de Cristo?” Y discute maneras y medios por los cuales puedes mejorar en estas áreas de una manera práctica.
11. ¿Por qué se sienten tantos cristianos solos? ¿Debería ser esto así? ¿Qué puedes hacer acerca de ello en tu iglesia?
12. Se ha dicho que para que nuevos cristianos se establezcan firmemente en una iglesia, necesitan desarrollar como mínimo siete relaciones significativas dentro de ella. Si es así, ¿cuál debería ser tu respuesta? Discútelo.
j) Resumen y aplicación

1. No podemos alcanzar la madurez espiritual solos porque necesitamos la ayuda de otros cristianos para crecer en nuestro parecido a Cristo. (Efesios 4:11-16).
2. Las actitudes positivas en-el cuerpo de Cristo traen vida, paz y armonía; pero las actitudes negativas traen muerte, trastornos y falta de armonía. El Señor desea que cada miembro del cuerpo de Cristo sea una expresión positiva de su propia vida, naturaleza y carácter.
3. Deberíamos amarnos y perdonarnos los unos a los otros para que la comunión entre creyentes sea establecida y mantenida.
4. Si no pasamos a otros lo que hemos recibido de Dios, empezaremos a caer en el declive espiritual.
5. El cuerpo humano, con sus millones de células y miembros funcionando juntos en armonía, unidad y vida, ilustra la armonía, unidad y vida que ha de fluir en la iglesia, el cuerpo de Cristo. En el cuerpo, cada célula, cada miembro, vive el uno para el otro. Necesitamos hacer lo mismo en el cuerpo de Cristo, preocupándonos unos por otros, aprendiendo a apreciarnos unos a otros y amándonos unos a otros.
6. Necesitamos estar comprometidos, tanto con Dios como los unos con los otros, en el cuerpo de Cristo. Esto significa que tenemos que tener la voluntad de pagar el precio de tal compromiso, porque la verdadera comunión entre creyentes es una ofrenda (Hebreos 13:16).
7. Mientras demostramos amor, bondad y ayuda práctica a otros, es como si lo hiciéramos a Cristo Jesús (Mateo 25:31-46).

8. Nuestra unidad y actitudes parecidas a Cristo, los unos hacia los otros, son capacitadas por nuestra experiencia común de la vida en Dios, por medio del Espíritu Santo.

Lección 17. Una nueva Familia: La iglesia

 
Al recibir a Cristo como tu Señor y Salvador personal, has nacido de nuevo y has sido incorporado a UNA NUEVA FAMILIA: LA FAMILIA DE DIOS, QUE ES LA IGLESIA DE CRISTO.
 

A. DEFINICIÓN Y CONCEPTOS

Al hablar de Iglesia, no estamos refiriéndonos a ningún edificio o templo, sino a personas que han nacido de nuevo por la fe en Jesucristo.
La palabra griega en el Nuevo Testamento traducida por "iglesia" es ecclesia, que significa "congregación de llamados", es decir, los que han sido llamados por el Señor. Por otro lado, encontramos dos acepciones de la palabra "iglesia" que pudiéramos llamar las dos dimensiones de la Iglesia:
1. La Iglesia universal o invisible, compuesta por el conjunto de personas regeneradas por la obra del Espíritu Santo basándose en su fe puesta en Jesucristo como Señor y Salvador. Incluye a los redimidos de todos los tiempos, razas y naciones, condición social o cultural, así como de las diferentes denominacio­nes cristianas sin distinción. La condición es haber nacido de nuevo por la fe en Jesucristo, y mostrarlo por los frutos en su vida (Mateo 7:15-20).
2. La iglesia local o visible, conformada por el conjunto de creyentes que se reúnen en un lugar determinado con fines de adoración a Dios, instrucción en la Palabra, comunión unos con otros, testimo­nio y servicio.
Pregunta 1. Al hablar de Iglesia, nos estamos refiriendo a: 
O a. Un edificio o templo.
O b. Un edificio de una organización ubicado en un lugar específico del Mundo.
O c. A personas que han nacido de nuevo por la fe en Jesucristo.
B. LA RELACIÓN DE LA IGLESIA CON CRISTO
 
La Palabra de Dios usa tres figuras para describir la relación de la Iglesia con Cristo.
 
1. Figura: Un edificio con cimientos de roca.

 Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.
1 Corintios 3:9,11

 as iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor. 1 Corintios 16:19;

Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Mateo 16:18

En esta figura el énfasis es puesto sobre el fundamento de la iglesia, que es Cristo, y la morada de Dios en ella por su Espíritu Santo.
 
 
2. Figura: Bautismo (sumergir) 
Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. 1 Corintios 12:13;

y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Efesios 1:22-23

 
Aquí el énfasis es puesto en la relación vital de la Iglesia con Cristo. Él es la cabeza de la Iglesia, y ella depende de Él. También muestra que la Iglesia está llamada a continuar la obra redentora de Cristo en la tierra, porque ella es su cuerpo, y Él la cabeza.
 
3. El amor recíproco entre la Iglesia y Cristo. Figura: El amor recíproco de un Matrimonio
pues los celo, con el celo de Dios mismo. Los prometí como una novia pura a su único esposo: Cristo.
2 Corintios 11:2

Así como la iglesia se somete a Cristo, de igual manera la esposa debe someterse en todo a su marido. Para los maridos, eso significa: ame cada uno a su esposa tal como Cristo amó a la iglesia. Él entregó su vida por ella. Efesios 5:24-25

El énfasis en esta figura es el amor recíproco entre la Iglesia y Cristo, y señala a la unión final en el cumplimiento del plan de redención.

 

C. LA NATURALEZA DE LA IGLESIA LOCAL

1. Sólo deben ser miembros de la Iglesia local los que son miembros de la Iglesia Universal por haber experimentado el nuevo nacimien­to.
2. La relación del creyente con la Iglesia refleja su relación con Cristo; y como cada creyente reconoce en cada otro a un hermano en Cristo, todos los miembros de la Iglesia están en un plano de absoluta igualdad (Mateo 23:8-10). No hay lugar en la Iglesia para ningún tipo de discriminación.
3. El objeto de la Iglesia local es la gloria de Dios en el establecimiento de su Reino, tanto en los corazones de los creyentes como en el mundo (Efesios 1:5-6,11-12). Este objetivo se promueve mediante:
  a. La adoración unida
  b. La oración unida
  c. El cuidado y exhortación mutuos
  d. La instrucción en la Palabra de Dios
  e. El testimonio al mundo.
4. La ley de la Iglesia es la voluntad del Señor Jesucristo, revelada en su Palabra escrita y por la guía del Espíritu Santo, lo que resulta en una vida de santidad y de amor.
 

D. LA UNIDAD EN LA IGLESIA

Dios pone mucho énfasis en la unidad que debe haber en la Iglesia de Cristo. Aunque podemos ser de diferentes culturas, sociedades o razas, todos hemos sido incorporados por el Espíritu Santo al cuerpo de Cristo, y hechos miembros del mismo cuerpo.

Por lo tanto, hay una unidad orgánica indestructible, que trasciende las diferencias y errores humanos, y que se debe reflejar en nuestras relaciones de unos con otros.
 
Responde las siguientes preguntas:
1. ¿Cuál es el mandamiento del Señor Jesucristo a sus discípulos en  Juan 13:34-35?
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2. ¿Qué pidió fervientemente el mismo Señor en su oración en Juan 17:20-23?
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3. ¿A qué se nos exhorta en Efesios 4: l-6?
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El énfasis en 1 Corintios 12:13-27 es la unidad e interdependencia entre los miembros del cuerpo de Cristo: NOS NECESITAMOS UNOS A OTROS, Y DEBEMOS VIVIR EN UNIDAD Y AMOR.

E. LA DIVERSIDAD DENTRO DE LA IGLESIA

La contraparte de la unidad del cuerpo de Cristo, es la diversidad de funciones dentro de él, de la misma manera en que hay diversidad de funciones dentro del cuerpo humano.
 
Responde las siguientes preguntas:
1. Romanos 12:4,5 nos enseña que todos los creyentes son
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2. ¿Quién determina la función o ubicación de cada creyente dentro de la iglesia según 1 Corintios 12:18?
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3. ¿Hay algún miembro inútil según 1 Corintios 12:20-22?
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4. ¿Cuál es la responsabilidad de cada cristiano para con los demás según 1 Pedro 4:10?
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F. EL GOBIERNO DE LA IGLESIA

La autoridad dentro de la Iglesia es de naturaleza primordialmente espiritual y no legal, aunque siempre sea necesario tener algún tipo de Estatutos o Reglamentos que permitan cumplir al mismo tiempo con las exigencias que establece la ley para las Asociaciones Religiosas, como es la figura legal de la Iglesia. La Biblia nos manda obedecer a la ley en todo lo que no se oponga a la ley de Dios (Hechos 5:29; Romanos 13:1-6).
El Pastor es el guía espiritual de una iglesia local, y tiene la respon­sabilidad de proveer el alimento espiritual, guiar y adiestrar a los creyen­tes de su congregación, preparándolos para el ministerio.
 

Responde las siguientes preguntas:

1. Según Efesios 4:11, ¿quiénes han sido dados por Dios a la Iglesia para su edificación?
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2. Según 1 Pedro 5:2-3, ¿cuál es la responsabilidad de los pastores para con la Iglesia?
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3. En Hebreos 13:7,17, ¿cuál debe ser la actitud de la Iglesia para con sus pastores?
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G. LAS ORDENANZAS EN LA IGLESIA

Las ORDENANZAS son los ritos externos que Cristo ha ordenado que sean administrados en su Iglesia, como símbolos visibles de la verdad salvadora del Evangelio. Son símbolos, porque expresan vívida­mente esta verdad y la confirman en el creyente.
En el Nuevo Testamento encontramos sólo dos ordenanzas, que son las que se practican en todas las Iglesias cristianas evangélicas.
1. EL BAUTISMO
El bautismo cristiano es la inmersión del creyente en agua como señal de su entrada a la comunión con la muerte y resurrección de Cristo; en señal de su regeneración o nuevo nacimiento al unirse por la fe con Cristo.
 

a. Simbolismo del bautismo.

Más específicamente, el bautismo en agua es:
(1) Símbolo de una vida nueva liberada del castigo y del poder del pecado (Romanos 6:4). Al entrar en las aguas, el creyente confiesa estar enterrando todos sus afectos corrompidos y pecados pasados; y al salir, declara recibir por fe la vida resucitada de Cristo para una nueva vida y esperanza.
(2) Símbolo de la unión del creyente con Cristo (Romanos 6: 3,5; Colosenses 2:12). El bautismo representa la muerte y resurrección de Cristo como la del creyente, expresando así la identificación y unión entre ambos.
(3) Símbolo de la unión espiritual de todos los creyentes en Cristo (Efesios 4:3-6). Allí es el bautismo y no la Santa Cena lo que simboliza la unidad cristiana.
 
b. Forma de administración del bautismo.
La única forma bíblica para el bautismo en agua es por inmersión.
Las razones son las siguientes:
(1) La palabra griega traducida como "bautizar" es baptizo, que significa "sumergir, hundir".
(2) Juan el Bautista bautizó por inmersión en el Jordán (Mr 1:9-10). (3) El mismo simbolismo exige que el bautismo sea por inmersión: Al entrar en el agua morimos al pecado; al salir resucitamos para Dios. (4) El testimonio histórico nos muestra que en la Iglesia apostólica el bautismo fue por inmersión.
c. El bautismo es un mandato para todo creyente
Aunque la salvación no es por el bautismo sino por la fe en Cristo, sí es una expresión fundamental de la obediencia que acompaña a una fe genuina, y testimonio que sella el compromiso con Dios. Muchos han sido bautizados siendo niños debido a la tradición religiosa, pero al convertirse preguntan qué deben hacer. Veamos la enseñanza bíblica al respecto:
 
Responde las siguientes preguntas:
1. Hechos 2:38. ¿Qué se nos dice que debemos hacer antes de bautizamos?
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2. Marcos 16:16. ¿Qué es antes del bautismo?
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3. Hechos 8:36-37. ¿Cómo debía creer el etíope para poder ser bautizado por Felipe?
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4. A la luz de lo visto, ¿es bíblico (y por tanto válido) el bautismo de los niños?
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5. A la luz de la Biblia, ¿consideras que el bautismo es una opción que puedes recibir o rechazar, o es un mandato para ti, que debes obedecer por amor a Dios?
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2. LA SANTA CENA
La Cena del Señor, Santa Cena o Eucaristía, es un rito externo instituido por el mismo Señor Jesús, en el que la Iglesia reunida come el pan y bebe el vino, en señal de su constante dependencia del Salvador crucificado y resucitado como la fuente de su vida espiritual.
a. Simbolismo de la Santa Cena.
Entrando en detalles, la Santa Cena es:
(1) Símbolo de la muerte sustituta de Cristo por nuestros pecados (Marcos 14:24; Lucas 22:19; 1 Corintios 11:24,26).
(2) De la unión del creyente con Cristo (1 Corintios 10:16).
(3) Símbolo de la continua dependencia del creyente, de su Salvador resucitado, para su vida espiritual.
(4) Símbolo de la unión de todos los creyentes en Cristo (1 Corintios 10:17).
 
b. Forma de administración de la Santa Cena.
Responde las siguientes preguntas:
1. Según Mateo 26:26-28 y 1 Corintios 11:27-29, ¿qué elementos se deben administrar a los creyentes?
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2. ¿Es bíblico que se administre sólo pan a los creyentes, mientras el que oficia sí toma pan y vino?
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c. ¿Cómo debemos participar de la Santa Cena?
 
Hemos visto el significado y la solemnidad de la Santa Cena; un momento muy precioso de comunión con Dios. En ella le expresamos a Dios nuestra gratitud por la muerte redentora del Señor Jesucristo; nuestra identificación con ella; y nuestro gozo por la comunión con Él. Pero también nos apropiamos por la fe del poder de la vida resucitada de Cristo al "comer de su carne"; es decir, por la fe recibimos una vez más de la vida del Cristo resucitado, con todo lo que Él logró para nosotros en el Calvario.
Es por eso que la Palabra de Dios nos advierte: "De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor" (1 Corintios 11:27-32).
 

Memoriza los siguientes versículos

"Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste."  Juan 17:21
"No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.  Hebreos 10:25
 

El amor fraternal en la Iglesia

Uno de los aspectos fundamentales en tu camino hacia la madurez cristiana es la práctica del amor fraternal en la congregación de los santos. Ni tú, ni yo, ni nadie, puede decir que ha llegado a la madurez cristiana si no es capaz de amar a sus hermanos, aceptándolos tales como son.
Nuestra madurez espiritual no es cuestión de cuántos años tengamos en la vida cristiana, sino de la manera en que vamos asimilando los principios espirituales, y éstos llegan a ser parte de nuestro carácter y rectores de nuestra conducta, a partir del nuevo nacimiento.
La madurez cristiana es descrita por la Palabra de Dios de varias maneras y usando varios conceptos equivalentes: es el crecimiento del “Cristo en nosotros”; es la rendición del “yo” carnal y egoísta; es el “andar en el Espíritu”; es el ir alcanzando la “estatura de la plenitud de Cristo”; es la santificación; es avanzar en el camino a la perfección.
Pero todos estos conceptos no deben ser meramente doctrinas en el papel, ni palabras hermosas no respaldadas por la práctica. La doctrina cristiana bíblica es eminentemente práctica:
“Pero sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22)
“Más el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana” (Santiago 1:25-26).
Con esto en mente volvamos al tema del amor fraternal, como una de las expresiones prácticas de una genuina madurez espiritual en la vida cristiana.

A. EL AMOR FRATERNAL COMO MANDAMIENTO

Al estudiar sobre el amor ágape, vimos la gran importancia que da Dios a la unidad y el amor entre sus hijos. Será muy bueno recordar algunas enseñanzas de la Palabra de Dios sobre el tema, antes de avanzar a los aspectos prácticos del amor fraternal. Lee los siguientes pasajes, pidiendo que el Espíritu Santo los grabe bien en tu corazón, y con esa base empezar a ver en la Palabra de Dios cómo puedes expresar en la iglesia, y de una manera práctica, “el amor de Dios que ha sido derramado en tu corazón por el Espíritu Santo que te fue dado” (Ro.5:5).
1. Juan 17:20-21. ¿Qué ruega el Señor Jesucristo en su oración por la Iglesia?
2. Juan 17:21,23. ¿Por qué es tan importante la unidad de los hermanos en Cristo?
3. Romanos 12:10. ¿Cuál es el mandato de Dios por medio del apóstol Pablo?
4. 1 Pedro 1:22. ¿Cómo debe ser el amor de los unos por los otros según el apóstol Pedro?
5. 1 Juan 3:11,23. ¿Cuál es el mensaje permanente de la fe cristiana según el apóstol Juan?
Con todo lo anterior como fundamento y punto de partida, veamos ahora en las Escrituras cómo debe expresarse el amor fraternal en maneras concretas y prácticas. Para ello vamos a revisar algunas cosas que no debemos hacernos los unos a los otros, y que encontramos como mandatos de Dios.

B. LOS “NO” DEL AMOR FRATERNAL

Lee los pasajes indicados, y anota lo que no debemos hacernos los unos a los otros. (Los pasajes están en el orden en que aparecen en la Biblia, y no por temas, para mayor facilidad en el estudio).
1. Romanos 13:8:
2. Romanos 14:13:
¿Por qué no debemos hacerlo, según Mateo 7:1?
3. Gálatas 5:26:
4. Colosenses 3:9:
5. Santiago 4:11-12:
¿Por qué no debemos hacerlo?
6. Santiago 5:9:
¿Por qué no debemos hacerlo?
7. 1 Pedro 3:8-9:
¿Por qué no debemos hacerlo?
           

C. LOS “UNOS A OTROS” DEL AMOR FRATERNAL

Pero el amor fraternal no consiste sólo en prohibiciones y “no”, sino que demanda acciones positivas de parte nuestra, para bendición de nuestros hermanos.
1. Romanos 15:7:
¿Cómo debemos hacerlo?
¿Cómo nos recibió Cristo?
2. Romanos 15:14:
3. Gálatas 5:13:
Piensa en algunas maneras prácticas de hacerlo:
4. Gálatas 6:2:
¿Cómo podemos cumplir este mandato?
5. Efesios 4:2,25, 32:
6. Efesios 5:21; 1 Pedro 5:5:
¿Qué se requiere para hacerlo?
7. Colosenses 3:13:
¿Cómo debemos hacerlo?
8. Colosenses 3:16:
9. 1 Tesalonicenses 5:11:
10. Hebreos 13:16:
¿Qué necesitamos tener para poder hacerlo?
11. Santiago 5:16:
¿Por qué debemos hacerlo?
¿Cómo podemos cumplir este mandato?
12. 1 Pedro 4:9:
Detente por un momento, y haz un balance de tu propia conducta a la luz de los “no” y los “unos a otros” vistos hasta aquí. Anota tus puntos débiles, y ora para que el Espíritu Santo te ayude a superarlos.

D. OTRA EXPRESIÓN DEL AMOR FRATERNAL

Una de las maneras prácticas en que actúa el amor fraternal como expresión de madurez cristiana, es la renuncia a derechos que pueden ser muy legítimos, cuando ello puede traer un bien espiritual al hermano.
1. 1 Corintios 6:1-7. ¿Qué es mejor según Dios: entablar una demanda judicial a un hermano en defensa de nuestros derechos; pedir que hermanos espirituales sirvan de árbitros, sometiéndonos a su deci­sión; o renunciar a dichos derechos en aras de la unidad de la iglesia?
2. Lee 1 Corintios 8:1-13. ¿Cuál es el principio divino que encuentras en los versículos 9 y 13?
¿A qué cosas de la vida diaria puedes aplicar este principio?:
Este es, quizá, uno de los aspectos más decisivos en el camino a la madurez cristiana: la renuncia al yo y a los beneficios propios en bien del hermano y para la gloria de Dios. Es la exhortación de la Palabra de Dios en Filipenses 2:3-8. Medita bien en ello, y ora en este mismo momento, si así lo sientes, declarando tu disposición a renunciar a todo egoísmo, y a renunciar a tus derechos, si con ello resultare un genuino bien espiritual para algún hermano en Cristo. Pide que el Espíritu Santo te llene con su amor y te ayude a cumplir esta decisión.
Memoriza el siguiente versículo
“Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.”
Romanos 12:10
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