LOS FUNDAMENTOS DE LA VIDA CRISTIANA

LOS FUNDAMENTOS DE LA VIDA CRISTIANA

LOS FUNDAMENTOS DE LA VIDA CRISTIANA POR Bob Gordon

¡La forma de las cosas que han de venir!

 

Este manual está dividido en cincuenta partes como verás en la lista de Contenidos. Esto quiere decir que se puede completar en un año si es usado una vez a la semana. Cada unidad está dividida en cuatro secciones, según el patrón explicado abajo en términos generales, para que las cincuenta unidades sigan el mismo patrón a fin de hacer el estudio más fácil.

1. Escrituras clave: las Escrituras más pertinentes al tema de la unidad de enseñanza.

2. Entrada de información: divide la enseñanza principal en apartados apropiados.

3. Preguntas y puntos de discusión: diseñado para conseguir que el individuo o el grupo reflexione sobre la enseñanza.

4. Resumen y aplicación: una perspectiva global de enseñanza.

Cómo sacar el mayor provecho de este manual

A. Recomendaciones para individuos

 

1. Antes de empezar el manual hazte esta pregunta: «¿Realmente quiero ser un verdadero discípulo de Jesús?» Si es así, entonces es importante tomar este curso en serio y comprometerte a terminarlo.

2. Al final de este curso tendrás todo el conocimiento básico necesario para discipular a otros. Mira hacia adelante y a ti mismo cómo Dios desea que seas, y cómo puedes ser más fructífero en tu servicio para El. Resuelve crecer en tu madurez en Cristo.

3. No te dirijas al estudio con prisas. Busca en las Escrituras y contesta las preguntas, especialmente si estás estudiando este curso solo. Somete cada unidad de enseñanza al Señor en oración y pide a Dios que te hable por medio de ella. Medita sobre secciones pertinentes e intenta aplicar las verdades que has aprendido a tu vida cotidiana. Esto es cómo crecer en madurez como discípulo de Jesús.

4. Si estás estudiando este curso como parte de un grupo, resuelve ser una parte íntegra de ese grupo. La palabra «comunión» viene de la palabra griega «koinonia» que significa «compartir cosas en común». Tu crecimiento como discípulo de Jesús será grandemente ayudado por el estímulo que otros pueden ser para ti. Aprende a confiar en ellos y luego comparte tu vida con ellos. Comparte con otros en el grupo las cosas que estás aprendiendo acerca de Dios y Su Palabra. De esta manera podrán experimentar juntos mucho de lo que estudien entre sí, de modo que la fe aumentará y crecerá en la madurez de ustedes en Cristo.

5. Como miembro de un grupo sacarás más provecho del curso leyendo y estudiando bien la unidad de enseñanza antes que el grupo se reúna. Esto te dará tiempo para meditar sobre las diversas verdades y empezar a aplicarlas a tu vida. Las preguntas que surjan entonces pueden ser discutidas y las verdades serán más fácilmente comprendidas cuando el líder del grupo progrese por la unidad de enseñanza como se sienta guiado por Dios.

B. Recomendaciones para líderes

1. Haz toda la unidad de enseñanza de antemano. Necesitas saber y comprender el material antes que puedas enseñar a otros de él. Anima al grupo también a que repasen el material antes que se reúnan.

2. Cada grupo estará en distintos niveles espiritualmente y tendrás que modificar tu método de acuerdo con esto. Ora antes de la reunión y pide a Dios que te enseñe cómo manejar el material. Acuérdate de orar al comienzo de la reunión, para someterla al Señor y pedir Su ayuda mientras la continúas.

3. El material en este manual ha sido cuidadosamente recopilado. Ha sido diseñado primero para echar los fundamentos básicos y luego edificar la verdad pertinente encima de estos de una manera sistemática. Es importante entonces que no te desvíes demasiado del material.

4. Cuando sea posible introduce ilustraciones adicionales y aplicaciones sacadas de tu propia experiencia. Tú conoces tu escena local y lo que será apropiado para tu grupo. Sé abierto y sensible al Espíritu Santo en todo momento.

5. No prediques al grupo todo el tiempo que estén reunidos porque es importante que los miembros del grupo participen en la reunión. Anima el compartir y la discusión pero no permitas que los miembros fuertes del grupo acaparen la reunión. Haz hablar incluso a los miembros más callados, si es posible, para que todas las personas en el grupo contribuyan en algo. Ten el corazón de un pastor; sé sensible a las personas en el grupo y siempre edifícales.

6. Se recomienda que la reunión semanal dure entre una y media y dos horas; y recuerda, empieza tu reunión a la hora exacta. Cada unidad de enseñanza debería durar aproximadamente una hora para completarse. Esto dejará tiempo para que cada persona agradezca al Señor por lo que ha hecho durante la semana anterior, cómo le ha ayudado a vivir en lo bueno de lo que ha aprendido en semanas previas y para compartir necesidades de oración. Orad los unos por los otros según esas necesidades… Un tiempo de alabanza y adoración es una inclusión valiosa en la reunión, pero asegúrate de que esté bien preparado, bien llevado, no demasiado largo, y no sólo una rutina. Deja algo de tiempo durante la reunión semanal para café y para compartir juntos.

7. En algunos casos puedes sentir que la enseñanza está dando con un área que es vital para el grupo y por tanto puede que decidas extender la unidad de enseñanza sobre dos semanas o más. Si haces esto, recuerda dividir las preguntas y puntos de discusión al final de la unidad de enseñanza para que sean relacionados con la enseñanza de esa semana.

8. Asegúrate de que todos los miembros del grupo tengan acceso a una nueva versión internacional de la Biblia. También ayudará si, además, tú como líder tienes una Biblia, versión Reina Valera.

9. Anima las relaciones sociales entre los miembros de tu grupo, incluso fuera del tiempo de reunión semanal, para que los miembros del mismo lleguen a conocerse y a confiar los unos en los otros. Deberían empezar a formar una unidad juntos y ser capaces de ayudarse y animarse mutuamente.

10. La meta final de este manual es conseguir que tu grupo sea capaz de discipular a otros ellos mismos, por tanto, espera ver una creciente madurez en Cristo y anima esto siempre que sea posible.

Ten en cuenta que la mente humana retendrá’:

10% de lo que se oye.

20 % de lo que se ve.

50% de lo que se discute.

90 % de lo que se participa.

NOTA: Los cristianos pueden encontrar que una parte del material de este libro es enseñanza que ya han aprendido antes. Estas secciones no deberían ser ignoradas ni encubiertas. Necesitamos estas secciones con el deseo de comprender la enseñanza lo suficiente como para pasarla a otros.

SECCIÓN A. COMO LLEGAR A SER UN DISCÍPULO.

SECCION A

 

Cómo llegar a ser un discípulo  
1. ¿Qué es un discípulo?  
2. El discipulado: Importancia y costo  
3. ¿Qué es el pecado?  
4. Arrepentimiento: Cómo hacer frente al pecado  
5. La sangre de Jesús  
6. Fe para salvación  
7. Quiénes somos en Cristo  
8. Perdón y conciencia limpia  
9. Adopción como hijos  
10. La paternidad de Dios  
11. La Persona y la obra del Espíritu Santo  
12 Todos los creyentes han de ser llenos del Espíritu Santo  

…Puedes encontrar el contenido de este libro completo para descargar en el siguiente enlace:

Su Nueva Vida – Lección 6: Sus nuevas normas.

Su Nueva Vida – Lección 6: Sus nuevas normas.


Lección 6: Sus nuevas normas.

¿Quién fija las Normas de vida?
En una familia los padres fijan las normas de vida. Les hacen ver a los hijos como deben comportarse.
Dios sabe lo que es realmente para nuestro bien.
El padre les dice a los hijos lo que pueden hacer o evitar. Leer Hebreos 12:1-11.
Muy pronto los niños aprenden que deben vivir de acuerdo con estas normas. Cuando quebrantan las reglas, su padre los corrige. Si son tercos y no quieren obedecer, tal vez tenga que castigarlos. Siguen siendo miembros de la familia, pero su desobediencia les acarrea problemas y sufrimiento.
Nuestro Padre celestial fija las normas de vida acerca de lo que sus hijos deben hacer y lo que deben evitar. En ocasiones tiene que disciplinar a sus hijos para enseñarles a ser buenos y obedientes.

Pregunta 1. ¿Quien tiene el derecho de decir como debemos comportarnos los cristianos?
O a. nuestro Padre celestial
O b. la cultura en la cual vivimos
O c. nosotros mismos

La biblia es donde se encuentra la norma para todo¿Donde se Encuentran las Normas de Vida?
Dios ha escrito en la Biblia las normas de vida para los cristianos. Usted las encontrara en toda la Biblia y, especialmente, en el Nuevo Testamento.
Para que no hubiese duda acerca de cómo quería Dios que sus hijos vivieran, envi6 a su Hijo Jesucristo para enseñarnos y demostrarnos el camino. El es su ejemplo perfecto y modelo para la vida cristiana.
Cristo describi6 las normas de vida para el cristiano en el gran «Sermón del Monte» que se encuentra en Mateo, capítulos 5, 6 y 7.

Pregunta 2. ¿Quien es el ejemplo perfecto y modelo a seguir para la vida cristiana?
O a. el pastor
O b. Cristo Jesús
O c. otros cristianos

Pregunta 3. ¿En qué lugar de la Biblia se encuentra el Sermón del monte?
O a. 5, 6 y 7 de Mateo.
O b. 5, 6 y 7 de Marcos.
O c. 5, 6 y 7 de Apocalipsis.

En primer lugar, Cristo habló acerca de las bendiciones especiales que Dios da a los humildes, pacificadores y limpios de coraz6n, aquellos que ponen primero a Dios en sus vidas y están dispuestos a sufrir por su causa.
Cristo nos ensenó a amar a nuestros enemigos y a orar por ellos, a pedir disculpas a quienes hayamos ofendido y hacer bien a los que nos maltratan. Sus instrucciones sobre c6mo llevarse bien con los demás son las mejores que jamás se hayan dado.

Ejercicio 4. Ubique en su nuevo testamento la cita Mateo capitulo 5 y márquela con un separador o papel (si no tienes uno cómpralo o pídele una copia a la persona que te guía en este estudio).

Ejercicio 5. Complete los espacios en Blanco

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Mateo 5:13, 14 (NTV)
Este versículo le está diciendo que usted está llamado a ser l…. en medio de la oscuridad, es decir a ser d…………..e del resto.

Pregunta 6. Lea primero Mateo 5:21-30:

Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal.” Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno.

Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.

Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo.
El adulterio

Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio.” Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno.
Mateo 5:21-30

Entre otras: ¿Que advertencia nos dio Cristo?
O a. Una advertencia acerca de los juegos de azar.
O c. Una advertencia acerca de los pensamientos inmorales y el adulterio.
O d. Una advertencia acerca de Ofrendas a Dios.

Pregunta 7. En Mateo 5:43-48 Que nos ordena Cristo?
O
a. amar solo a los que nos aman.
O b. amar a nuestros enemigos.

Cristo nos dio un principio básico para tratar a otros: le llamamos la Regla de Oro.

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es (resume) la ley y los profetas. Mateo 7:12.

No debemos ser orgullosos, egoístas, pendencieros ni criticones. Tampoco debemos permitir en nuestra mente pensamientos de amoríos ilícitos o pasiones perversas.
Nuestro interés primordial deberá centrarse en agradar a Dios y hacer su voluntad. No podemos fijarnos como meta la acumulación de riquezas y servir a Dios al mismo tiempo; pero si servimos primero a Dios, El se preocupará que nuestras necesidades serán satisfechas.
Además, todo lo que hagamos por El, será recompensado en el cielo con riquezas imperecederas.

Pregunta 8. ¿Qué nos dice el principio básico llamado la «Regla de Oro»?
O a. Que podemos usar el oro en cosas útiles.
O b. Que debe tratar a otros como ellos lo tratan.
O c. Que debe tratar a otros como le gustaría que a usted lo trataren.

¿Como Puede Cumplir con las Normas de Vida?
Cristo sabía que nadie podía cumplir estas reglas a menos que contara con la ayuda de Dios. Así que les enseñó sus discípulos a orar a su Padre celestial y a pedirle que les ayudara. Mateo 6:9-13. Esta oración modelo la llamamos «Padre nuestro».

Ustedes deben orar así:
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan cotidiano.
Perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en tentación,
sino líbranos del maligno. Mateo 6:9-13

Por sobre todo, su Padre celestial ha enviado a su Santo Espíritu para que viva en usted y le ayude.
No se preocupe si no puede vivir de acuerdo con todo lo que Dios espera de usted. El le ayudará en cada paso de su vida.

Cristo nos dio un modelo de oración en este sermón que nos enseña a orar directamente a Dios.
Recordemos que el padre nuestro NO es una oración estática que debemos repetir, sino que es un modelo de oración.

Ejercicio-pregunta 9. Lea Mateo capítulo 7.
Deténgase en Mateo 7:13,14:

Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran. Mateo 7:13,14
Este versículo nos dice que m…………….entran por la puerta y recorren el camino que los lleva a la perdición.
También dice que estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida y que son p………… los que la encuentran.

Este versículo nos dice que solo hay  d……  posibles caminos, el de la destrucción y el de la vida.
Cristo es el camino que nos lleva a la v………

Normas de vida para al Éxito
Cristo nos da a saber que sus instrucciones constituyen el modelo para una vida de éxito. Nuestra vida es como un edificio. Nuestros pensamientos, palabras y acciones representan los ladrillos en este edificio. Al alinearlos sobre el fundamento de sus enseñanzas, edificaremos un carácter que podrá soportar las pruebas de las tormentas de la vida.
Quienquiera que viva como le plazca, sin apegarse a las normas de vida que Cristo ha dado, fracasara rotundamente, como cuando se desploma una casa construida sobre la arena, sin ningún fundamento. No podrá mantenerse firme cuando lleguen las tormentas.
Si desea usted ser cristiano de éxito, edifique su vida sobre las enseñanzas de Cristo y apéguese a sus normas de vida. El Espíritu Santo le ayudara a hacerlo.
Pregunta 10. La persona que obedece las enseñanza de Jesús y las usa como base para su vida cristiana, es como
O a. un hombre que edificó su casa sobre la roca.
O b. un hombre que edificó asa sobre la arena.

RESPUESTAS para verificación:
1.a; 2.b; 3.a; 4. (marcar cita en su biblia); 5.Luz, diferente; 6.c; 7.c; 8.c; 9.muchos, pocos,dos,vida; 10.a

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Libro:  El Espíritu Santo y Tú

Libro: El Espíritu Santo y Tú

Libro: El Espíritu Santo y Tú. Indice de Capítulos. Todo el material disponible en línea.

INDICE
Prefacio
1 – El primer paso
2 – El desbordamiento
3 – ¿Que dicen las Escrituras?
4 – Preparándonos para el bautismo en el Espíritu Santo
5 – Como recibir el bautismo en el Espíritu Santo
6-Introducción a los dones del Espíritu Santo
7-El don de lenguas y el don de interpretación
8-El don de profecía
9 – Dones de sanidades
10-El obrar milagros
11- El don de la fe
12 – Discernimiento de espíritus
13 – La palabra de ciencia y la palabra de sabiduría
14 – El camino excelente
15 – Consagración

Prefacio

Este libro comparte algunos de los conocimientos adquiridos a través de una década de activo testimo¬nio, enseñando, viajando y experimentando la obra y las manifestaciones de nuestro Señor, el Espíritu Santo, en numerosos lugares.
Pueden considerarse los últimos diez años como una década de testimonio, ya que el Bautismo en el Espíritu Santo ha tomado carta de ciudadanía en las iglesias “tradicionales». Miles de pastores y sacer¬dotes, y millones de laicos de las más tradicionales denominaciones, han recibido al Espíritu Santo como en el día del primer Pentecostés. Hechos 2:4. Y ahora, a medida que el testimonio progresa con fuerza cada día más crecien¬te, se advierte una gran necesidad de enseñanza. Al¬guien ha señalado que el primer síntoma de la recu¬peración de un enfermo es cuando se despierta su apetito. ¡El pueblo de Dios ha estado muy enfermo, cercano a la muerte, pero ahora la Iglesia de Dios está convaleciente y hambrienta! Tenemos la espe¬ranza de que este libro logre suplir parte del alimento necesario para una total recuperación.
Nosotros, no nos inclinamos por ninguna denominación cristiana en particular. Nues¬tro mayor deseo es que la gente encuentre en sus vidas al Señor Jesucristo, y reciba el poder del Espíritu Santo, haciendo caso omiso de su denominación, en caso de tenerla.  Nos ocupamos de todo aquello que pueda unir a las iglesias, y hemos evi¬tado la discusión de temas que han dividido a los cristianos a lo largo de los siglos.
Hemos escrito estos estudios con sinceridad e iluminados por la luz de que disponemos en este momento. Solamente podemos agradecer al Señor Jesús y al Espíritu Santo  que fue quien nos enseñó a todos. Juan 14:26. Nuestra fuente escrita más importante, demás esta decirlo, es la Es¬critura misma. Y también hemos aprendido mucho de nuestras propias experiencias.
Esperamos y oramos para que este libro El Espíritu Santo y tu, sea de ayuda a muchos, tanto a los que han sido bautizados en el Espíritu Santo desde años atrás, como para los que recién entran o están pre¬parándose para entrar en esta área de la experiencia cristiana. Terminamos con las palabras de San Pablo
«Gracia y paz a vosotros, de Dios -nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en E1, en toda palabra y en toda ciencia… de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesu¬cristo…» (1 Corintios 1:3-5, 7.)
En el amor de nuestro Señor Jesús,
Dennis y Rita Bennett

Varios años atrás, en uno de los estados de Nueva Inglaterra, la esposa de un comerciante cristiano, ami­go nuestro, lavaba los platos que habían sido utilizados para el desayuno, cuando escucho que llamaban a la puerta de calle. Al salir para atender el llamado vio a su vecina, parada en la vereda y con una mirada de infinita tristeza en los ojos.

-He venido para despedirme- le dijo la visita-. Por mucho tiempo hemos sido vecinas, y si bien no nos hemos tratado mayormente, he creído oportuno informarle que nos mudamos.

-¿Por que?- le preguntó la dueña de casa-. ¿Ha conseguido un nuevo puesto su marido, o algo por el estilo? Pase, por favor y tome asiento. Dígame que ha sucedido.

La vecina se dejo caer pesadamente en una silla. -No- dijo -no se trata de eso. Vamos a perder la casa, porque no podemos pagar las cuotas. También perderemos el automóvil.

Sin decir otra palabra se quedo mirando fijamente sus manos abiertas que descansaban sobre su falda. Luego levanto los ojos. -Ya que estamos, le contare toda la historia. Juan y yo nos vamos a divorciar.

-Pero ¿Por qué? ¿Que puede haber sucedido?

-Tanto mi esposo como yo somos alcoholistas em­pedernidos- dijo tristemente la mujer-. No podemos librarnos del vicio. Hemos perdido nuestro dinero y prácticamente todos nuestros bienes. Lo que más nos aflige es nuestro niño; no quisiéramos que fuera la victima de un hogar destrozado, con todo lo que eso significa.

La pobre mujer estaba al borde de las lágrimas.

-Pero- dijo la esposa de nuestro amigo -¿no sabes que hay una solución?

La vecina levanto la vista bruscamente: -¿Que quieres decir? Hemos probado todos los medios No podemos cumplir con el programa que nos fijó la sociedad de Alcohólicos Anónimos. Hemos consul­tado a un psiquiatra, pero aun en el caso de que fuera esa la solución, no tenemos el dinero para pagar las consultas.

-¿Por que no le pides a Jesús que te ayude?

Ahora fue la vecina la que se quedo perpleja. -¿Je­sús? ¿Que tiene que ver e1 con todo esto?

– ¡Por supuesto que tiene que ver! ¡El es el Salvador!- exclamo la esposa de nuestro amigo.

-Oh- dijo la vecina -estás hablando de religión y todo eso. Yo soy religiosa. Es decir, creo en Dios, y siempre trate de ser una persona decente.

Se rió haciendo una mueca, y añadió. Por lo visto no lo he logrado.

-No, no, no es eso lo que quiero decir. Me refiero a que Jesús es el Salvador, el salva, rescata a la gente. El te librara de tu situación, si le pides que se haga cargo de todo. Supongo que quieres salir del hoyo en que te encuentras. Es decir, que quieres ser diferente, que quieres ordenar tu vida.

La vecina miro por un instante a la dueña de casa. -Nunca nadie me lo dijo de esa manera- exclamo-. ¿Quieres decir que es así de simple? ¿Solamente pedirle a el?

La esposa de nuestro amigo asintió. -¡Aja! El vive y está aquí mismo. ¡El lo hará!

La vecina permaneció por un rato en silencio y luego, de pronto, se dejo caer sobre sus rodillas y levanto las manos en un gesto de rendición. -No se cómo expresarlo- dijo –pero te ruego, Jesús, que me ayudes a salir de este problema. ¡Por favor te pido que te hagas cargo!

A continuación se puso de pie y sin más se fue a su casa.

Dos días después el marido de la vecina tocó tam­bién el a la puerta de calle. -¿Que ha pasado con mi esposa?- preguntó con aspereza. ; ¡Yo también quiero de lo mismo!

Los esposos cristianos le explicaron al hombre la realidad de lo que había experimentado su esposa, y le llegó el turno a el de ponerse de rodillas sobre el piso de la cocina y pedirle a Jesús que se hiciera cargo de su vida!

¿Que sucedió después? Desapareció el problema del alcohol, que no era más que un síntoma del vacío de sus vidas. No se perdió el hogar. No se disolvió el matrimonio. Jesús salva. Jesús salvo su hogar, su matrimonio, su salud, y probablemente sus vidas. Jesús no duda un instante en acudir de inmediato para solucionar las necesidades mas apremiantes de la gente. Recordemos que dos de sus grandes milagros los hizo para dar de comer a los hambrientos. A decir verdad, casi todos sus milagros fueron para satisfacer las necesidades físicas de la gente. Ocurre a menudo que el primer paso a dar para ser cristianos es nada más que un grito en demanda de ayuda. Hechos 2:21; Romanos 10:13; Sal 103:1-2.

Pero otras cosas ocurrieron, además, al matrimonio de ex-alcohólicos. Toda su vida sufrió un cambio notable. Eran diferentes. Algo sucedió dentro de ellos.

La palabra «salvar» en nuestras Biblias, traduce el original griego sozo que significa, de acuerdo a nuestro vocabulario; «proteger o rescatar de peligros naturales y aflicciones … salvar de la muerte … sa­car con mano firme de una situación llena de peligro mortal … resguardar o evitar el contagio de enfer­medades … evitar la posesión demoníaca … devolver la salud perdida, mejorar, guardar, mantener en ópti­mas condiciones … tener buen éxito, prosperar, an­dar bien… salvar o proteger contra la muerte eterna … »

Abrazar la fe cristiana no significa aceptar una filosofía o un juego de normal, o creer en una lista de principios abstractos;

Abrazar la fe cristiana sig­nifica permitir a Dios que entre y viva en nosotros. (Colosenses 1:27.)

Abrazar la fe cristiana significa arrepentirnos. (He­chos 2:38; 26:18.) Y eso, a su vez, significa querer ser diferentes, admitir que estamos en el mal camino y que queremos volver a la buena senda. Muchos vie­nen a Jesús, como el matrimonio de nuestro relato, porque saben que están en un callejón sin salida, ca­mino a la destrucción. Si están dispuestos a cambiar, Jesús los acepta y atiende a sus necesidades.

Abrazar la fe cristiana significa convertirnos. (He­chos 3:19; Mateo 18:3.) Y para eso hay que darse vuelta y caminar en la dirección opuesta -la verda­dera dirección- con Jesús.

Abrazar la fe cristiana significa ser perdonado. (Salmo 103:11-12.) Y eso significa ser despojados de nuestros pecados como si jamás hubieran existido y que no queden ni rastros de ellos. Mas aún, signi­fica ser perdonados cada día, ¡vivir en estado de perdón! (1 Juan 1:9.)

Abrazar la fe cristiana es nacer de nuevo. (Juan 3:1-21; 1 Pedro 1:23.) Y aquí -llegamos al meollo del asunto. Un erudito y anciano dignatario fue a Jesús de noche buscando respuestas a sus interrogantes. Jesús le dijo:

Nicodemo, tienes que nacer de nuevo.

El anciano sacudió la cabeza. -¿Como es posible que un hombre ya grande vuelva a nacer? ¿Puede acaso entrar de nuevo en el vientre de su madre para volver a nacer?

Jesús le respondió: Nicodemo. Para un hombre docto y erudito es muy pobre la respuesta que me has dado. No estoy hablando del nacimiento físico; eso ya sucedió. Tienes que nacer del Espíritu. (Del Espíritu Santo).

¿Qué quiso decir Jesús?

La Biblia nos enseña que Dios creó al hombre con la capacidad suficiente para conocerle y correspon­derle. Pero desde el comienzo el hombre interrumpió esa relación y cuando lo hizo, murió espiritualmente y transmitió esa muerte espiritual a todos sus des­cendientes. Lo mas recóndito de nuestra personalidad toma el nombre de «espíritu» o pneuma en griego, y fue creado con el propósito principal de conocer a Dios. Los animales tienen cuerpo y alma, pero los hombres tienen cuerpo, alma y espíritu. (1 Tesalo­nicenses 5:23.) Cuando el hombre, en el comienzo, destruyo la relación con Dios -lo que llamamos la caída del hombre- murió esa parte recóndita, o que­do fuera de acción, y siempre desde entonces el hombre actuó a impulsos de su alma y de su cuerpo. (Génesis 2:17.) No es de extrañar entonces que nos ha­yamos metido en semejante enredo! El «alma», psiquis en griego, es el componente psicológico, formado por nuestro intelecto o voluntad, y nuestras emocio­nes. Esta parte de nuestra personalidad es maravillosa cuando esta bajo el control de Dios a través del Es­píritu, pero es capaz de cosas terribles cuando esta descontrolada.

He aquí el porque la historia de la humanidad está plagada de odio, derramamiento de sangre, crueldad y confusión; los seres humanos están muertos espiri­tualmente: «muertos en vuestros delitos y pecados», (Efesios 2:1) procurando vivir de acuerdo al alma pero fuera de todo contacto con Dios y, por lo tanto, perdidos. (Lucas 19:10.) La palabra «perdido» sig­nifica que no sabemos dónde estamos, a dónde vamos, o para qué somos. Si no se corrige esta situación, naturalmente significa el infierno, significa que la persona se perderá eternamente, y morara en la oscu­ridad, en el miedo, en la rebelión, en el odio, separado de Dios para siempre; y no solamente eso, sino que será parte de la interminable destrucción del diablo y sus Ángeles, porque allí no habrá «tierra de nadie». Por lo tanto, la necesidad mas urgente y apremiante es renacer, volver a la comunión con Dios; y eso, exac­tamente, es lo que Jesucristo nos ofrece. Por medio de Jesús, y por Jesús solamente -no hay otro ca­mino- se manifiesta la vida de Dios que alienta su vida en nosotros. (Juan 10:10.)

Sin embargo, las iniquidades que cometimos cuando estábamos perdidos y fuera del contacto con Dios, levantaron un muro divisorio de pecado y de culpabilidad que hacían imposible recibir esta nueva vida. (Isaías 59:2.) Dios es amor pero también es justicia. No puede «dejar pasar por alto» lo que hacemos, de la misma manera que un padre amante no puede «dejar pasar por alto a su hijo» si sabe que es cul­pable de un delito. El padre tendría que insistir ante el muchacho para «que se entregue» a las autoridades. Pero si el joven estuviera realmente arrepentido, seria una buena ocasión para que el padre ofreciera pagar la multa, o cumplir una sentencia, o aun morir en su lugar, si tal cosa fuera posible. En ese caso se habría satisfecho tanto a la justicia como al amor.

Y esto es justamente lo que hizo Jesús. Satisfizo los requerimientos de la justicia al morir por nosotros. Jesús era Dios en carne humana, la encarnación de la segunda persona de la divinidad, el Dios Creador, por quien el Padre creó el universo. (Efesios 3:9; Hebreos 1:2.) El no tuvo ni pecado ni culpa. Cuando Jesús murió en la cruz, porque era Dios y porque era inocente, satisfizo totalmente la justicia en bene­ficio de todos los pecados que el hombre había cometido o que cometería en el futuro.

De esta manera resolvió Jesús el problema de nues­tra culpabilidad que nos mantenía apartados de Dios, y cuando murió y resucitó quedo expedito el camino al Padre para enviar al Espíritu Santo, por medio de quien fue posible que la vida de Dios se hiciera presente y morara en nosotros. El único requisito que se nos exige a nosotros es que reconozcamos que he­mos vivido en el error y pidamos perdón. Luego debemos pedirle a Jesús que venga y viva en nosotros y que sea nuestro Señor y Salvador. Por medio del Espíritu Santo, Jesús entra en nuestras vidas, nues­tros pecados son borrados por su sangre derramada, y obtenemos una vida diferente. Y el Espíritu Santo se une a nuestro espíritu (1 Corintios 6:17) haciéndolo pasar de muerte a vida; «nace de nuevo» y se transforma en lo que Pablo llama una «nueva cria­tura». (2 Corintios 5:17; Apocalipsis 21:4-5.)

Esa nueva vida creada por el Espíritu Santo en nosotros, es lo que Jesús llama «vida eterna». Esto va mucho mas allá de un mero «seguir andando»; es la vida de Dios en nosotros, la clase de vida que nunca se acaba, que nunca se cansa, que nunca se aburre, que es siempre gozosa y lozana. (1 Juan 5:11.)

Cuando Jesús dijo que un niño pequeñito era lo más grande en el reino de los cielos, estaba haciendo un co­mentario sobre la vida eterna. Una niño nunca se cansa de hacer la misma cosa una y otra vez.» ¡Léemelo de nuevo, mamita!» «¡hazlo de nuevo, papa!» Esta per­manente y continuada frescura y falta de tedio ex­presa con mucha aproximación la vida que Dios nos quiere dar. “! He aquí hago nuevas todas las co­sas!» Y no una sola vez, sino continuadamente, dice Jesús. ¡Es el permanente renovador! Se nos ha pro­metido que andaremos en «novedad de vida» que es lo mismo que decir vida eterna: siempre lozanos, siem­pre renovándonos. La palabra «eterno» significa lite­ralmente «sempiterno», que nunca envejece.

Isaías dice: «Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantaran las alas como águilas; correrán y no se cansaran; caminaran, y no se fatigarán.» (Isaías 40:31.).

¿Cómo aceptamos el perdón y recibimos esta nueva vida?

  1. Dándonos cuenta que hemos estado extraviados, yendo en una dirección equivocada y que esta­mos ansiosos de andar en los caminos de Dios.
  2. Admitiendo que estuvimos equivocados y pidiéndole al Padre que borre nuestras culpas y peca­dos, con la sangre de Jesús.
  3. 3. Pidiéndole a Jesucristo, el Unigénito Hijo de Dios, que entre en nuestras vidas y sea nuestro Salvador y Señor. (Apocalipsis 3:20.)
  4. 4. Creyendo que el ha venido en el instante en que lo pedimos. Agradecerle por salvarnos y darnos la. nueva vida. (1 Juan 5:11-15.)

He aquí una sencilla oración que podemos elevar si decidimos recibir a Jesús:

«Querido Padre, creo que Jesucristo es tu Hijo Unigénito, que se hizo un ser humano, derramó su sangre y murió en la cruz para limpiar mi culpa y mi pecado que me separaban de ti. Creo que se levantó de entre los muertos, físicamente, para darme nueva vida. Señor Jesús, te invito a que entres en mi cora­zón. Te acepto como mi Salvador y Señor. Te con­fieso mis pecados y te pido que los borres. Creo que has venido, y vives en mí en este preciso instante.  

¡Gracias, Jesús

Cuando decimos esta oración, podemos sentir o no que algo ha ocurrido. Nuestro «espíritu» que tome vida a través de Jesucristo, se esconde mas profun­damente que nuestras emociones; de ahí que a veces se exterioriza una reacción emocional y otras veces no. Sea que sintamos o no sintamos algo de inme­diato, descubriremos que somos distintos, porque Je­sús cumplirá lo que ha prometido. Jesús nunca falta a su palabra. El dijo: «El cielo y la tierra pasaran, pero mis palabras no pasaran.» (Mateo 24:35.)

Libro acerca del Bautismo en el Espíritu Santo

Libro: El Espíritu Santo y Tú

Libro: El Espíritu Santo y Tú. Indice de Capítulos. Todo el material disponible en línea. INDICE Prefacio 1 – El primer paso 2 – El desbordamiento 3 – ¿Que dicen las Escrituras? 4 – Preparándonos para el bautismo en el Espíritu Santo 5 – Como recibir el bautismo en el Espíritu Santo 6-Introducción a los […]

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Capítulo 2 – El desbordamiento – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Si hemos recibido a Jesús como nuestro Salvador en la forma descrita en el capitulo anterior, se habrá cumplido su promesa y desde ese instante Dios vive en nosotros. Por medio del Espíritu Santo se ha unido a nuestro espíritu, la parte más recóndita de nuestro ser, esta vivo, y no solamente vivo sino que […]

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Capitulo 3 ¿Qué dicen las Escrituras? – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Esto es lo más importante de todo. De nada vale la habilidad que tengamos para exponer nuestras teorías: si no concuerdan con las Escrituras, son inacep­tables. ¿De que manera actuó el Espíritu Santo entre los primeros cristianos del Nuevo Testamento? En primer lugar hablemos de Jesús. Si alguien hubo en quien habito el Espíritu Santo, […]

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Capítulo 4 – Preparándonos Para el bautismo en El Espíritu Santo – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

El Espíritu Santo viene a vivir en nosotros cuan­do recibimos a Jesús, y somos nacidos de nuevo en el Espíritu. El bautismo en el Espíritu Santo es el fluir del Espíritu. No podemos pretender’ que el Espíritu se derrame a través de nosotros, a menos que viva en nosotros ; de manera que antes de […]

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Capítulo 5 – Cómo recibir el Bautismo En el Espíritu Santo – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Hemos recibido a Jesús como nuestro Salvador; hemos renunciado a cualquier falsa enseñanza que nos pudiera tener sujetos o confundidos, y ahora estamos listos para orar pidiendo ser bautizados en el Espíritu Santo. ¿Quien nos va a bautizar en el Espíritu Santo? ¡Jesús lo hará! ¡Siendo esto así!, ¿po­demos recibir el Espíritu Santo en cualquier […]

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Capítulo 6 – Introducción a los dones del Espíritu Santo – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Si ya hemos sido bautizados en el Espíritu Santo, comenzamos a tener conciencia de los dones del Espíritu. Son dos las palabras mas corrientemente utilizadas cuando se habla de estos dones: una es carisma (o su plural carismata), don del amor de Dios; la otra es panerosis, manifestación. La palabra «don» es una palabra apropiada, […]

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Capítulo 7 – El don de lenguas y el don de interpretación – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Analizaremos al mismo tiempo los dones de lenguas y de interpretación, desde el momento en que nunca deben ir separados en una reunión pública. Algunos sostienen que hablar en lenguas e interpretar lenguas son los dones de menor jerarquía, porque están anota­dos en ultimo lugar en la lista de dones de 1 Corintios 12:7-11. Si […]

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Capítulo 8 – El Don de profecía – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

El don de profecía se manifiesta cuando los cre­yentes expresan lo que esta en la mente de Dios, por inspiración del Espíritu Santo y no por inspiración de sus propios pensamientos. La profecía no es un don «privado», sino que siempre interviene un grupo de creyentes, si bien pudiera estar destinada a una o más […]

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Capítulo 9 – Dones de Sanidades – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Los dones de poder son la sanidad, los milagros y la fe. Configuran la continuidad del ministerio de misericordia de Jesús hacia los necesitados. La mayoría de las personas se muestran interesadas en los dones de la sanidad, porque la necesidad es algo tan generalizado. Es fácil comprender que se trata de uno de los […]

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Capítulo 10 – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Los milagros son hechos que anulan o contradicen a las denominadas «leyes de la naturaleza». Estricta­mente hablando, no existen «leyes de la naturaleza» como tales. El concepto de «leyes» físicas ha sido des­cartado por la física moderna, que define los sucesos naturales en términos de «probabilidades». Por ejem­plo, la antigua física newtoniana establecía que: «Hay […]

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Capítulo 11 – El don de la fe – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

La Biblia nos habla de la fe desde el Génesis hasta el Apocalipsis, pero la define en una sola ocasión. La encontramos en la carta a los Hebreos: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción do lo que no se ve.» (Hebreos 11:1.) Varias son las cosas que aprendemos, […]

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Capítulo 12 – Discernimiento de espíritus – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Llegamos ahora al don espiritual. Como sucede con todos los otros dones, este don no se adquiere por medio de un entrenamiento especial, sino que es dado cuando la necesidad lo requiere. Cualquier cristiano puede manifestar este don pero, al igual que los de­más, se intensifica después del bautismo en el Espíritu Santo. Los creyentes […]

107 Libros Cristianos Recomendados 2022

Una Guía de Autores y Títulos de 107 libros cristianos recomendados.

Al entrar en una librería Cristiana o buscar en Internet puede encontrarse con una gran cantidad de libros y autores, pero ¿Por donde empezar? ¿Son todos buenos? A continuación le presentamos una lista de 107 libros cristianos recomendados.

 

TITULO DEL LIBRO AUTOR
Total 107 Libros
1 Salvación en Cristo ICI
2 El Espíritu Santo y tú Bennett
3 Cambie el mundo a través de la oración
4 Autoridad Espiritual Nee
5 Desafío a Servir C. Swindoll
6 Se humilló a si mismo Fleming
7 Amistad intima con Dios Dawson
8 Confiando en Dios aunque la vida duela Bridgges
9 Tú eres pescador de almas Osborn
10 Por su llaga (Sanidad Divina) Jeter
11 Sanidad de Cristo T.L.Osborn
12 Oración clave del avivamiento Cho
13 Doctrinas Bíblicas Menzis Horton
14 Apuntes sobre el Espíritu Santo (de la Biblia Vida Plena)
15 Liderazgo ministerio y batalla Torres
16 La familia Cristiana (cuadernillo 4) Logos
17 La familia auténticamente Cristiana Taylor
18 ¿Con quien me casaré? L. Palau
19 Hablemos del amor y del sexo (adolescentes) Tengbom
20 Sexo y juventud L. Palau
21 Antes de Casarte (Noviazgo) J. A. Petersen
22 El matrimonio bendecido por Dios Pugliese
23 Felicidad sexual antes del matrimonio (Solteros) Miles
24 La plenitud sexual en el matrimonio (Casados) Miles
25 El placer sexual ordenado por Dios (Adultos) Wheat
26 Trasmitiendo le fe a nuestros hijos Spackman
27 Como criar hijos felices y obedientes Lessin
28 Amor Total Anderson (adolescentes)
29 Tu andar diario juvenil (Adolescentes)
30 Si amas a tu adolescente Campbell (Adolescentes)
31 Sobreviviendo a la adolescencia J. Burns
32 Ardiendo para Dios Duewel (capítulos 14 al 42)
33 Como sobreponerse a la adversidad C. Stanley
34 Doctrina Cristiana Básica E.Priddy
35 Libertad financiera Leng
36 Economía liberada Ekman
37 Como manejar su dinero Burkett
38 Los negocios y la Biblia Burkett (para empresarios)
39 Guerra Espiritual Sherman
40 Cerdos en la sala – Hammond (Liberación)
41 Conozcamos al Catolicismo Romano Jones (Sugerencias)
42 Respuestas a mis amigos Católicos Heinze
43 Lo que todo Católico debe preguntar + lista de versículos McCarthy
44 Creemos en Maria Berntsson
45 Hechos (+ apuntes del Pastor) Horton
46 Conserjería Club 700
47 Manual Personal del obrero Cristiano Portavoz
48 Epístola a los Hebreos Trenchard
49 Consejero, Maestro y Guía ICI (Espíritu Santo)
50 Los Dones del Espíritu Santo ICI
51 Consejero, Maestro y Guía ICI (Espíritu Santo)
52 Los Dones del Espíritu Santo ICI
53 El Ministerio de la Iglesia ICI
54 El Creyente Responsable ICI
55 La Solución de problemas ICI
56 La Vida Abundante -(Frutos del Espíritu Santo) ICI
57 Compartamos las Buenas Nuevas ICI
58 Predicación y Enseñanza ICI
59 Como entender la Biblia ICI
60 Ayudando a Otros Stafford
61 El Cristiano en su comunidad ICI
62 El poder de transformar su vida Warren
63 Matrimonio y hogar ICI
64 Adoración Cristiana ICI
65 ¿Quien es Jesús ICI
66 Paz con Dios Billy Graham
67 Serie El Joven – 4 libritos Pratney
68 Vida de Jesucristo J.Stalker
69 Padre que seamos uno McClung Jr
70 Cristianismo en acción E.Reyes
71 El Estrés Swindoll
72 El Dios que usted busca Bill Hybels
73 La buena vida T.L.Osborn
74 Viviendo libre en Cristo N. Anderson
75 Una Imagen radical N. Anderson
76 El poder de la integridad John Me Arthur
77 Restauración de los Heridos White-Blue
78 Prioridad uno
79 El Pentateuco Hoff
80 Como escuchar la voz de Dios C.Stanley
81 La música en la Biblia y en la Iglesia Kuen
82 La paz del pedón Stanley
83 El Secreto de una vida feliz H.W. Smith
84 Su Biblia ICI
85 Cuando oramos ICI
86 El designio de Dios Vuestro escogimiento ICI
87 Cuando oramos ICI
88 El designio de Dios Vuestro escogimiento ICI
89 Como estudiar la Biblia ICI
90 Ética Bíblica ICI
91 Obreros Cristianos ICI
92 El ministerio de Enseñanza ICI
93 Respuestas a las dificultades de la vida Rick Warren
94 Suficiente luz para el próximo paso Stormie Omartian
95 Adoración sin Reservas Marlene Zschech (Adoración)
96 Desde la perspectiva de Dios Tommy Tenney (Adoración)
97 El Temor: Enfermedad de nuestra década K, Nichols
98 Los ángeles escogidos y malignos Dickason
99 Fuentes secretas de poder (la manera de subir es bajando) Tenney
100 Romanos Allen
101 Dejad que el amor presida Loyola
102 Como Jesús Lucado
103 Los cinco lenguajes del amor (3 libros: para mayores, jóvenes y niños) Gary Chapman
104 Células en casa para la Iglesia en misión Jean Pierre Besse
105 Por el túnel de la depresión + ¿Por que preocuparse? Nordtvedt ; Haggai
106 Ministerio de Niños Patricia Castlen de Isbert
107 Los captores de Dios Tenney

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Libro:  El Espíritu Santo y Tú

Capítulo 2 – El desbordamiento – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Si hemos recibido a Jesús como nuestro Salvador en la forma descrita en el capitulo anterior, se habrá cumplido su promesa y desde ese instante Dios vive en nosotros. Por medio del Espíritu Santo se ha unido a nuestro espíritu, la parte más recóndita de nuestro ser, esta vivo, y no solamente vivo sino que esta lleno del maravilloso gozo, y del amor y de la paz y de la gloria de Dios mismo.
«Si alguno esta en Cristo» dice el apóstol Pablo, «nueva criatura es.» (2 Corintios 5:17.) También, al hablar de los cristianos, dice que están sentados en lugares celestiales con Cristo. (Efesios 2:6.)
Al llegar a este punto puede ocurrirnos lo que a muchos:
«Bueno, en realidad soy distinto. Algo sucedió cuan­do invite a Jesús a entrar en mi corazón, y por un tiempo tuve esa honda sensación de amor y de gozo de que me están hablando. Quise hacer participes a todos de mi experiencia. Pero estoy perdiendo ese primer entusiasmo. La vida ya no es tan diferente. Me doy cuenta todavía que las cosas han cambiado en el fondo de mi ser, pero la mayor parte del tiempo me siento igual que antes. Por las mañanas, cuan­do me aparto para orar, siento a veces la presencia de Dios, pero durante el día lo pierdo de vista, por así decirlo!”
¿Por que ocurre esto? No es difícil comprenderlo si recordamos y tomamos en serio lo que dijimos en el capitulo anterior. En realidad, muchos proble­mas muy difíciles en la experiencia cristiana, se en­tienden fácilmente si aceptamos lo que la Biblia nos dice sobre la naturaleza del hombre como un ser tri­partito: espíritu, alma y cuerpo. (1 Tesalonicenses 5:23.) Si todavía pensamos en términos de un doble aspecto -alma y cuerpo- inevitablemente confundi­remos nuestras reacciones psicológicas con nuestra vida espiritual. Muchos excelentes maestros de la Biblia en el día de hoy, bajo la presión de la psicológica, identifican el espíritu del hom­bre con la «mente inconsciente» o con la «psiquis profunda», simplemente porque no toman en serio la forma apropiada en que la Biblia hace la distinción entre el alma y el espíritu. (Hebreos 4:12.) Pero si hacemos esta distinción no solamente podremos apre­ciar lo que sucede en el bautismo en el Espíritu Santo, sino que podremos dar razón de otras cosas que nos han mantenido perplejos en nuestra vida cristiana.
En ocasión de recibir a Jesús como nuestro Salva­dor, nuestro espíritu cobro vida, comenzó a hacer valer sus derechos en esta nueva vida y a ocupar el lugar que le correspondía como cabeza de nuestra alma -esa porción psicológica de nuestro ser (inte­lecto, voluntad y emociones)- y de nuestro cuerpo, esa porción psíquica. Sin embargo, nuestro cuerpo y nuestra alma estaban acostumbrados a ser dirigentes y a veces no pasa mucho tiempo antes de que ambos dominen otra vez nuestra nueva vida en el espíritu, y reasuman el comando. Cuando oramos por la ma­ñana, las interferencias de nuestra alma y de nuestro cuerpo alcanzan su mas bajo nivel; nuestro espíritu tiene la oportunidad de hacernos saber que esta pre­sente; y en este, como en otros momentos, vislum­bramos, en lo mas profundo de nuestro ser, que la nueva vida es un hecho real y concreto. Pero no bien recomienza el fragor de la existencia, automáticamente depositamos nuestra confianza en el alma y en el cuerpo en lugar de hacerlo en el espíritu. Estuvimos tan acostumbrados a vivir de acuerdo a nuestros pen­samientos, sentimientos y deseos -de acuerdo a nuestra alma, nuestro ser psicológico- y a las de­mandas de nuestro cuerpo, que bien pronto dejamos de oír la voz – del espíritu recién nacido, escondido en lo mas hondo de nuestro ser. Pareciera que es ne­cesario que algo le ocurra a nuestra alma y a nuestro’ cuerpo antes de que nuestro espíritu pueda ejercer un control mas firme y decidido.
Este «algo» que debe suceder es que el espíritu Santo que vive en nuestro espíritu, necesita desbor­dar para llenar nuestra alma y nuestro cuerpo. La Escritura describe todo esto de diversas formas. Así como la experiencia de aceptar a Jesús es relatada en la Biblia de diferentes maneras, así también se recurre a variadas descripciones de la experiencia que e sigue: «bautismo en (o con)1e1 espíritu Santo», «recibir el espíritu Santo», «Pentecostés», «recibir el poder», el espíritu Santo «vino sobre» o «se derramó sobre» una persona. “Fue lleno del Espíritu Santo. Son todas expresiones que tra­ducen una misma verdad, vista desde diferentes ángulos.
 De cualquier manera, creemos estar pisando sobre un terreno bíblico firme cuando utilizamos la expresión «bautismo en el espíritu Santo» ya que una impre­sionante cantidad de personajes bíblicos la usaron: Dios el Padre (Juan 1:33), Dios el Hijo (Hechos 1:5) y Dios el espíritu Santo, que es, por supuesto, el inspirador de las Escrituras donde se hallan estas ex presiones; también figura Juan el Bautista (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 1:33), los cuatro evangelis­tas, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, en los evangelios citados, y el apóstol Pedro (Hechos 11:16). Si leemos cuidadosamente estas referencias, y las comparamos unas con otras, constataremos que en ningún caso se refieren a la salvación sino a una segunda expe­riencia.
1 La preposición griega utilizada en  utilizada en esta frase, puede traducirse “en” o “con”.
Esto es lo que en la Escritura se llama «el bautis­mo en el espíritu Santo», porque se trata, efectiva­mente, de un bautismo, significando con ello un ver­dadero empapamiento, un desbordamiento, una saturación de nuestra alma y cuerpo con el espíritu Santo. Cuando la Biblia habla de Jesús «bautizando» en el espíritu Santo, de inmediato visualizamos algo externo, alguien a quien se introduce dentro de algo. Sin embargo, en griego la palabra bautizar significa«cubrir totalmente» -se utiliza en el griego clásico para referirse a un barco que hizo agua y se hundió modo que no hace realmente a la cuestión si Jesús nos sumerge en el espíritu Santo en el sentido ex-, terno de la palabra; o si nos inunda desde afuera; o si Jesús induce al espíritu Santo a desbordarse des­de donde mora dentro de nosotros para cubrir nues­tras almas y nuestros cuerpos. Probablemente sean ciertas ambas imágenes. El «viene sobre nosotros» tanto desde adentro como desde afuera, pero es im­portante recordar que el espíritu Santo esta viviendo en nosotros y por lo tanto es desde adentro de donde e1 puede inundar nuestra, alma y nuestro cuerpo. Jesús dice:
«El que cree en mi… ríos de agua viva correrán de su interior (el Espíritu Santo)» 2 (Juan 7:38), y la Biblia Amplificada dice: «Desde lo mas recóndito de su ser correrán …» Cuando recibimos a Jesús como Salvador, entra el espíritu Santo, pero a medida que perseveramos ‘ en confiar y en creer en Jesús, el espíritu Santo que habita en nosotros puede fluir co­piosamente para inundar, o bautizar, nuestra alma y cuerpo y vivificar el mundo en derredor.
Por ello es que una y otra vez en la Escritura, la primera evidencia normativa que aparece de esta ex­periencia pentecostal es una efusión:
«Y fueron todos llenos del espíritu Santo, y co­menzaron a hablar en otras lenguas…» (Hechos 2:4.)Algunos están perplejos por la expresión «recibir el Espíritu Santo». Un cristiano puede formularse la siguiente pregunta: «¿Como puedo recibir el Espíritu Santo si ya esta viviendo dentro de mi?» Esta expresión puede entenderse fácilmente si recordamos que estamos refiriéndonos a una Persona, no a una cosa’ o a una parte de algo. Hay quienes hablan del Espíritu Santo de una manera cuantitativa, como si pudiéramos recibir una porción del Espíritu Santo en el momen­to de la salvación, y otra porción en una fecha pos­terior. Pero si el Espíritu Santo es una Persona, como que lo es, entonces o esta en nosotros o no lo esta.
Todos sabemos lo que significa «recibir» a una persona. Imaginemos por un momento el hogar de la familia Brown. Son las 5:40 horas de la tarde, y el señor Brown acaba de llegar del trabajo y se esta duchando antes de la hora de cenar. La señora Brown esta dando los toques finales a una comida especial­mente preparada, porque los Brown han invitado a la familia Jones a cenar. La invitación ha sido fijada para las 6 de la tarde, pero 15 minutos antes sonó el timbre de la puerta de calle. La señora de Brown se aturde un poco, porque todavía no ha terminado de hacer la salsa; tiene restos de harina en la nariz ¡y su cabello esta desgreñado!
-¡Susie!- le grita a su hija -por favor atiende a los Jones; muéstrales el diario de la tarde o habla con ellos  ¡todavía no estoy lista!
Y para colmo, en ese preciso instante suena el teléfono en la cocina, y la señora de Brown contesta
-¡Hola! ¿Maria?- pregunta la voz por el teléfono-. Soy Helen. ¿Está la familia Dones en tu casa?
-Si- respondió la señora de Brown -aquí están.
-¿Y como están? pregunto Helen.
-Bueno, en realidad no lo se -dijo la señora de Brown armándose de paciencia-. No los he reci­bido todavía. No he terminado de preparar las cosas en la cocina.
-Te conviene apurarte y recibiros- dijo Helen-. Resulta que ¡yo se que tienen muy buenas noticias para ustedes y que les han llevado algunos hermo­sos regalos!
La señora de Brown cuelga el auricular, termina rápidamente lo que estaba haciendo, se arregla el cabello, se da unos toques de polvo en la cara y en­tonces, en compañía de su marido, recibe a sus ami­gos, escucha las noticias que tienen para ellos, y aceptan los regalos que han traído, La Persona del Espíritu Santo ha estado viviendo en nuestra «casa» desde el momento de nuestro nuevo nacimiento, pero ahora reconocemos su presencia y recibimos sus dones.
Resumiendo, digamos que la primera experiencia de la vida cristiana, es la llegada del Espíritu Santo, por medio de Jesucristo, para darnos nueva vida, la vida de Dios, la vida, eterna. La segunda experiencia es cuando recibimos o damos la bienvenida al Espíritu Santo, con lo cual Jesús lo induce a que haga posible que exterioricemos esta nueva vida de nuestros espíritus, a que bautice nuestras almas y nuestros cuerpos, y luego el mundo, que nos rodea, con su poder refrescante y renovador. «Ríos de agua viva corre­rán de su vientre!» La palabra utilizada aquí es koilia, que se refiere literalmente al cuerpo físico, sig­nificando con ello que es por medio del cuerpo físico -y sus palabras y acciones- que entramos en con­tacto con el medio ambiente y con la gente que nos rodea. El mundo no recibirá ninguna ayuda ni acep­tara ningún desafió mientras no escuche ni experi­mente la vida de Jesús que brota de nosotros.
Imaginemos un canal de irrigación en el sur de California u otra región cualquiera habitualmente árida la mayor parte del año. El canal esta seco como también lo están los campos aledaños. La vegetación esta seca y muerta. De pronto se abren las compuertas del dique y el canal se Elena de agua.
¡Antes que nada, es el canal mismo el que se siente renovado! La fresca corriente arrastra el detritus y apaga el polvo. A continuación el pasto crece y las flores se abren a lo largo de sus márgenes, mientras los árboles a cada lado del canal cobran frescura y verdor. Pero no termina ahí la cosa; a lo largo del canal los gran­jeros abren las compuertas y el agua bienhechora se derrama por los campos haciendo que «el desierto flo­rezca como la rosa».
Así ocurre con nosotros. El depósito, el pozo, esta en nosotros cuando nos hacemos cristianos. Entonces, cuando permitimos que el agua de vida del Espíritu que esta depositada en nosotros fluya hacia nuestras almas y cuerpos, somos nosotros los primeros en recibir sus efectos vivificantes. De una manera no­vedosa, nuestras mentes toman conciencia de la reali­dad de Dios. Comenzamos a pensar en él, aun a soñar con el, con mas frecuencia y regocijo que antes. Nues­tras emociones reaccionan adecuadamente y empe­zamos a sentirnos felices en el. También responde nuestra voluntad y queremos hacer lo que el quiere que hagamos. De la misma manera responden nuestros cuerpos, no solamente con una sensación de bienestar, sino con renovadas fuerzas, salud y juventud. Luego el agua de vida fluye hacia otros, que comprueban lo que puede el poder y el amor de Jesús en su pueblo. Ahora esta en condición de utilizarnos para vivificar el mundo que nos rodea. 

Libro:  El Espíritu Santo y Tú

Capitulo 3 ¿Qué dicen las Escrituras? – Libro El Espíritu Santo y tú. D. Bennett

Esto es lo más importante de todo. De nada vale la habilidad que tengamos para exponer nuestras teorías: si no concuerdan con las Escrituras, son inacep­tables. ¿De que manera actuó el Espíritu Santo entre los primeros cristianos del Nuevo Testamento?
En primer lugar hablemos de Jesús. Si alguien hubo en quien habito el Espíritu Santo, ese alguien fue Jesús. Fue concebido por el Espíritu Santo, es decir, que su nacimiento físico se produjo por la acción directa del Espíritu Santo. Fue la encarnación de la Palabra de Dios. Por la acción del Espíritu Santo, el Unigénito Hijo de Dios, el Verbo Creador, quien fue desde la eternidad con el Padre, por quien fueron creados los mundos, tomo sobre si mismo for­ma humana en alma y cuerpo. Una vez hecho esto, sin embargo, dejo de lado su poder, es decir, que provisoriamente acepto las limitaciones de su natura­leza humana (Filipenses 2:7-8). 1 Su cuerpo humano, si bien perfecto era verdaderamente humano, con todas las limitaciones de un cuerpo humano. Su alma, su ser psicológico, si bien perfecto, también estaba sujeto a limitaciones. La Biblia nos dice que «Y Jesús crecía (en su alma) y en estatura (en su cuerpo) y en gracia para con Dios y los hombres». (Lucas 2:52.) Se sometió al proceso del crecimiento y del desarrollo como cualquier niño humano. Lo que en realidad sabe­mos, a través de las Escrituras, es que Jesús vivió en Nazaret hasta alcanzar la edad de 30 anos y nadie tenia la menor idea de que el era Dios encarnado. Aun su propia madre, Maria, no tenía más que una leve sospecha. ¿Como sabemos esto? Porque cuando Jesús comenzó su ministerio su madre estaba mara­villada y preocupada por el; ni siquiera sus hermanos y hermanas creían en el. Los habitantes de la aldea donde se crió, dijeron: ¿Quien se cree que es? Nos­otros le conocemos; ¡es el hijo del carpintero!» Es­taban tan indignados que trataron de matarlo (Mateo 13:54-58; Lucas 4:16-30).
¿Que paso con Jesús en el lapso transcurrido desde que vivió en la aldea de Nazaret trabajando como carpintero (probablemente también como albañil y herrero) y el momento en que súbitamente abandono la aldea y comenzó a proclamar: «; El reino de los cielos se ha acercado!» y a curar enfermos, y echar fuera demonios, y, aun a resucitar a los muertos, como prueba de su pretensión de ser el Mesías Rey de Dios? La respuesta es bien fácil: «Recibió el poder del Espíritu Santo.» Desde el comienzo nació del Espí­ritu Santo, pero cuando comenzó su ministerio a la edad de 30 anos, el Espíritu Santo se manifestó en el de una nueva manera. Leemos en los cuatro evange­lios de como Juan el Bautista vio al Espíritu Santo descender y posarse sobre Jesús. Jesús era, desde la eternidad, el Unigénito Hijo de Dios, mucho antes de que la multitud a orillas del Jordán oyera la voz de Dios hablándole desde el cielo y reconociéndole como Hijo. De la misma manera el Espíritu Santo estaba en Jesús desde el comienzo de su vida terre­nal, mucho antes que Juan el Bautista lo viera posarse sobre el en forma de paloma. No obstante, y  en esta línea de pensamiento, el Espíritu comenzó a manifes­tarse, por medio de Jesús, con un nuevo poder. Co­menzó su ministerio. El Espíritu le llevo al desierto para ser tentado del diablo, y luego de su victoria, leemos: «Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.» (Lucas 4:14.) ¿Por que se demoro hasta este momento la plena manifestación del Espíritu San­to?
Una de las razones es que de esa manera Jesús podía vivir una vida normal en Nazaret sin ser de­tectado como una Persona especial. El Padre mantuvo a su Hijo oculto, por así decirlo, hasta el momento apropiado para revelarlo ante el mundo. Pareciera que el mismo diablo se vio engañado por esto. Satanás lo enfrento recién después que Jesús fuera revelado en la plena potencia del Espíritu.Pudiéramos ver en el intento de Herodes de matar a Jesús en su infancia, un esfuerzo de parte de Satanás de librarse del Hijo de Dios, pero mas bien pareciera que el príncipe de la oscuridad no se percato de la existencia de Jesús hasta que fue bautizado en el Espíritu Santo.
Otra razón que explicaría esa demora seria la de que Jesús podría así mostrarnos, por su ejemplo, lo que habría de ocurrirnos a nosotros. El bautizante en el Espíritu Santo fue, a su vez, bautizado por el Espíritu Santo.
El Padre le dijo a Juan el Bautista, que aquel so­bre quien viere descender el Espíritu y que reposara sobre el, habría de ser el que bautizaría con Espíritu Santo. (Juan 1:33.) Bien podría ser que esta fuera la razón por la cual Juan le dijo a Jesús: «Yo ne­cesito ser bautizado por ti, ¿y tu vienes a mi?» (Ma­teo 3:14.) Si bien es cierto que eso lo dijo Juan antes de que efectivamente el Espíritu descendiera sobre Jesús, es posible que Juan hubiera percibido profé­ticamente que Jesús iba a ser el bautizante en el Espíritu Santo.
Parece que fue practica universal en la iglesia pri­mitiva, el bautismo con agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, o en el nombre de Jesús -ambas formulas son utilizadas en el Nuevo Testa­mento- como el «signo exterior visible» de la «gra­cia interior del Espíritu», de la salvación y de la nueva vida en Cristo. Partimos de la base de que quienes lean este libro y acepten a Cristo, recibirán o habrán recibido el bautismo por agua a la manera de cada congregación cristiana a la cual pertenezcan, y de acuerdo y en concordancia con la comprensión de lo que las Escrituras enseñan al respecto. Pero notemos, sin embargo, que el bautismo con agua es el signo exterior de un bautismo que nos introduce en Jesús (salvación) (1 Corintios 12:12), pero no el bautismo por Cristo que nos bautiza en el Espíritu Santo (Pentecostés) (Lucas 3:16). Probablemente sea esta la razón por la cual Jesús mismo nunca bautizo a nadie con agua, durante su ministerio en la tierra, si bien habrá instruido a sus discípulos en ese sen­tido, antes de su crucifixión. Juan 4:1 dice: «Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza mas discípulos que Juan, (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salio de Judea, y se fue otra vez a Galilea.» Tal vez Jesús se abstuvo de bautizar el mismo con agua, para dejar claramente sentado que el tenia otro bautismo que hacer: que el habría de bautizar «en Espíritu Santo«.
No hay duda que una de las razones por las cuales los conversos de Juan siguieron a Jesús es que ellos habían oído que Jesús tenía otro bautismo para dar­les. Por la forma en que Juan había hablado, los discípulos imaginaban que habría de ser una expe­riencia maravillosa, y que esta experiencia seria tan clara y positiva como había sido su bautismo por agua. Probablemente esperaban que sucediera en cual­quier momento, pero esperaron en vano. Ellos siguie­ron a Jesús viéndole hacer milagros, sanando a los enfermos; luego fue crucificado, y resucito de entre los muertos; y hasta ese momento ¡ninguno había sido bautizado con el Espíritu Santo!
Después que Jesús murió y resucito, apareció a sus discípulos la misma noche del día en que resucito, y los invistió de la nueva vida en el Espíritu de lo cual hablamos en el capitulo primero. (Juan 20:22.) El Espíritu Santo vino a vivir en ellos, dando vida a sus espíritus: «nacieron de nuevo del Espíritu», de la misma manera que lo hemos sido nosotros si he­mos aceptado a Jesús como Salvador. Este nuevo na­cimiento para nosotros, corresponde al hecho de que Jesús fue «concebido por el Espíritu Santo», por lo cual nuestros espíritus nacen de nuevo del Espíritu Santo. Pero Jesús aun no había ascendido para ocu­par su lugar «en lo alto» con su Padre, por lo que no podía derramar el Espíritu Santo «sobre toda car­ne», pero podía -y así lo hizo-, otorgarlo indivi­dualmente para que morara en unos cuantos, que eran sus primeros escogidos.
Les dijo que habría para ellos una nueva expe­riencia y que se mantuvieran a la expectativa. Sus palabras finales, antes de la ascensión, fueron para recordarles esto.
Si tuviéramos la oportunidad de decir algunas pa­labras finales a nuestros amigos y familiares antes de separarnos de ellos por un largo lapso ¡no cabe duda que escogeríamos cuidadosamente esas palabras! Jesús las eligió bien. Hasta ese momento su mensaje mas importante habla sido: «debes nacer otra vez.» Pero ahora que sus seguidores ya habían recibido el nuevo nacimiento les dio la segunda instrucción importantísima: «¡Esperen hasta recibir el poder!» (Lucas 24:49.)
Jesús les dijo: «Juanciertamente bautizo con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.» (Hechos 1:5.) El cre­yente sigue el modelo que Jesús ha diseñado. El nuevo nacimiento en el Espíritu corresponde a lo que en Jesús significo ser concebido por el Espíritu Santo. El creyente es bautizado con agua, de la misma ma­nera que lo fue Jesús. Después de esto, dijo Jesús, debemos esperar el bautismo en el Espíritu Santo, recibiendo el poder del Espíritu, tal cual lo recibió e1.
De manera que estos 120 seguidores de Jesús, que habían nacido de nuevo, esperaron, según el les ordeno. Alababan a Dios, oraban, iban al templo ¡hasta tuvieron una asamblea y una elección! (Hechos 1:15­26.) No leemos, sin embargo, que hablaran a nadie sobre Jesús. El poder para hacerlo con efectividad lo recibirán en el día de Pentecostés.
Jesús les había dicho: «Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo ultimo de la tierra.» (Hechos 1:8.) Un «testigo» es una persona que no solamente ve que sucede algo, sino que esta dispuesta a declarar que vio cuando tal cosa ocurrió.
Diez días después de, que Jesús los dejo para vol­ver a su Padre, el día de la fiesta de Pentecostés, la fiesta de las primicias, vino el poder, con el estruen­do de «un viento recio» con llamas como de fuego y los discípulos «fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, seguir el Espíritu les daba que hablasen». (Hechos 2:4.) E­s importante recordar el hecho de que el Espíritu Santo ya habitaba en ellos desde que Jesús los invistió de la nueva vida en el Espíritu en la noche de la resurrección. Esta nueva vida era el Espíritu Santo unido a sus espíritus. «El que se une al Señor, un espíritu es con el», (1 Corintios 6:17) dice Pablo, y también dice que: «Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de el.» (Romanos 8:9.) Ahora, en la fiesta de Pentecostés, el Padre, por medio del Señor Jesús, ya ascendido y sentado a su mano derecha, derramo el Espíritu Santo desde «lo alto» sobre toda carne; es decir, que el nuevo nacimiento, la nueva vida en Cristo, esta ahora a disposición de todos los que le invoquen. Ha venido el Espíritu Santo. Dios se ha hecho asequible al hombre de una nueva ma­nera. «¡El reino de los cielos se ha acercado!» Pero al par que el Espíritu Santo fue derramado sobre toda la raza humana, también se agito dentro de esos primeros seguidores -había morado en ellos desde que Jesús los invistió especialmente en la noche después de la resurrección- y comenzó a fluir de ellos
 No hay duda alguna que hay cristianos que si bien alegan no haber tenido una «experiencia como en el pentecostés primitivol», testifican con éxito; ¡pero cuanto mas eficaces serian de haber recibido la plena eman­cipación del Espíritu! La evidencia mas característica del reavi­vamiento de Pentecostés es el tremendo aumento en el testimonio cristiano, que ha resultado en una renovación espiritual en todo el mundo y que desde hace casi cien años va en progresivo aumento.
En formidables manifestaciones de poder. Los anona­dó -eso es lo que quiere decir la Escritura cuando expresa que «cayo sobre ellos» o «vino sobre ellos «­bautizando sus almas y cuerpos en el poder y en la gloria que ya moraba en sus espíritus. Esta segunda experiencia, el derramamiento del Espíritu Santo, también les ocurrió a otros que recibieron a Jesús, pero nuevamente aquí los primeros beneficiarios fue­ron los 120 seguidores escogidos. Los hizo desbordar en el mundo en derredor, inspirándolos para que ala­baran y glorificaran a Dios, no solamente en sus propias lenguas sino en otros lenguajes, y al hacerlo domeño sus lenguas para su servicio, libero sus espíritus, renovó sus mentes, vivifico sus cuerpos, y les dio poder para testificar. La multitud que se junto quedo atónita ante el sonido emitido por estos gali­leos que hablaban y alababan a Dios en el idioma de lejanos países. Los que escucharon no eran extran­jeros sino judíos piadosos de todas las naciones. (Hechos 2:5.) Habían venido a su tierra para el día de la gran fiesta. Miraban asombrados como esta gente humilde alababa a Dios en idiomas que bien sabían ellos que eran incapaces de haber aprendido, lengua­jes de países donde se habían criado los que escucha­ban, y otras lenguas que no reconocían, «lenguas hu­manas y angélicas». (1 Corintios 13:1.)
Algunos se burlaban, diciendo: «! Están borrachos, eso es todo! Pero Pedro respondió: «¡No, no están borrachos! Después de todo, ¡son apenas las nueve de la mañana! Pero esto es lo dicho por el profeta Joel: … en los postreros días, dice Dios, derrama­re de mi Espíritu sobre toda carne.» (Hechos 2:13­17.) Tan convincentes fueron las señales, que tres mil de esos «hombres devotos» aceptaron a Jesús co­mo al Mesías, se arrepintieron de sus pecados, fueron bautizados, y recibieron asimismo, ese día, el don del Espíritu Santo.
Es raro el hecho de que aun notables eruditos de la Biblia digan que: «Pentecostés sucedió solo una vez», cuando con toda claridad el Nuevo Testamento relata varios «pentecosteses«. El próximo tuvo lugar en Sa­maria. Los samaritanos formaban el remanente de los israelitas del Reino del Norte. Ellos y los judíos, el pueblo del Reino de Judea del Sur, estaban en per­manente disputa. Se odiaban a muerte. En Hechos 8 leemos de como Felipe -no el apóstol, sino uno de los siete nominados para ayudar a los apóstoles (He­chos 6:1-6) fue a Samaria y les hablo de Jesús a los samaritanos. Era un territorio difícil, pero los samaritanos escucharon a Felipe, a pesar de ser judío y proclamar un Mesías judío, porque le vieron hacer las obras de poder que Jesús hizo, y le oyeron hablar con autoridad, tal como hab1ó Jesús. El Espíritu San­to en Felipe impresiono a los samaritanos con la verdad y la realidad de lo que estaba diciendo, y aceptaron a Jesús, nacieron de nuevo del Espíritu y fueron bautizados con agua. (Hechos 8:5-12.)
Cuando los apóstoles en Jerusalén oyeron de esta puerta abierta en Samaria, enviaron a Pedro y a Juan para ver que es lo que estaba sucediendo. No bien llegaron los dos notaron que algo faltaba. El Espíritu Santo no estaba «cayendo» sobre los nue­vos creyentes. Pedro y Juan no dudaron que los sama­ritanos habían nacido de nuevo del Espíritu, pero estaban preocupados por el hecho de que el Espíritu no hubiera «descendido» sobre ellos;  por lo tanto «les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo». (Hechos 8:1-17.) Observemos que Pedro y Juan es­peraban que el Espíritu Santo ya hubiera «descendi­do» sobre los conversos samaritanos. Lo cierto es que esta es la primera vez que se menciona la imposición de manos para recibir el primer llenamiento del Espíritu Santo o el Bautismo en el Espíritu Santo. Nada se nos dice de imposición de manos para los 3.000 converti­dos en Pentecostés, ni por supuesto, a los 120 prime­ros. Tampoco dice nada mas adelante el mismo ca­pitulo de imposición de manos al eunuco etiope. (Hechos 8:27-40.) Hemos de presumir que muchas veces el derramamiento o bautismo del Espíritu Santo seguía espontáneamente a la salvación, como ocurrió más tarde con Cornelio, en Cesárea de Filipo. (Hechos 10:44.) Pero en este caso Pedro y Juan consideraron que era necesaria una imposición de manos para ani­mar a los samaritanos a recibir el Espíritu Santo. El Espíritu Santo moraba en estos conversos sama­ritanos. Estaba listo para inundar sus almas y cuerpos, a bautizar, a rebasar, pero ellos tenían que res­ponder, que recibir. No bien lo hicieron, el Espíritu Santo comenzó a exteriorizarse desde ellos como ocu­rrió con los primeros creyentes en el día de Pentecostés. Sin duda alguna exhibieron las mismas seña­les, hablando en nuevas lenguas y glorificando a Dios. No lo dice así específicamente la Escritura, pero la mayoría de los comentaristas concuerdan que eso es lo que ocurrió.
«Les impusieron las manos para significar con ello que sus oraciones habían sido contestadas y que les había sido conferido el don del Espíritu Santo; y en base al use de esta sepan, recibieron el Espíritu Santo y hablaron en lenguas.»
Un observador, por lo menos, quedo hondamente impresionado: Simón;  el hechicero, que había enga­ñado a los habitantes de Samaria por muchos años con su magia negra. Corrió a Pedro, con oro en sus manos y dijo:
“Yo los haré ricos si me dicen como hacen estas cosas. ¡Denme ese poder para que a cualquiera a quien yo le imponga las manos reciba este Espíritu Santo!» (Hechos 8:18-24.) Pedro, por supuesto, le correspondió a Simón con toda firmeza que el don de Dios no se podía comprar con dinero, pero aún queda en pie la pregunta: ¿Que fue lo que vio Simón? Seguramente que hablaban en lenguas, y alababan a Dios de una manera diferente de la que hacía pocos minutos antes.
Recordemos que cuando Pablo recibió el Espíritu Santo, si bien se le impusieron las manos, fueron las manos de un desconocido de quien la Escritura sola­mente dice que: «Había entonces un discípulo… llamado Ananías…» (Hechos 9:10.) A pesar de que la Escritura no registra, con respecto a este hecho, que Pablo hablara en lenguas, sabemos que lo hacia según 1 Corintios 14:18: «Doy gracias a Dios que hablo en lenguas mas que todos vosotros.»
El próximo «Pentecostés» relatado en los Hechos de los Apóstoles, tuvo lugar en la localidad de Cesá­rea de Filipo, que era un centro de las tropas de ocupación romanas. En este lugar, un devoto oficial romano, de nombre Cornelio, que creía en Dios de todo su corazón, recibió la visita de un ángel que le indico pidiera a Pedro -que a la sazón estaba en Jope, la ultra judía comunidad de la costa- que vi­niera para decirle lo que tenia que hacer. (Hechos 10:6.)
Pedro, naturalmente, hubiera deseado no tener que ir y hablarles de Jesús y del bautismo del Espíritu Santo a los soldados romanos. Hasta ese momento se creía que el nuevo nacimiento y el bautismo en el Espíritu Santo eran patrimonio exclusivo de los creyentes judíos. Si un gentil, es decir un no-judío, quería recibir a Cristo y al Espíritu Santo, previa­mente tenía que hacerse judío, y someterse a todos los complicados requerimientos de la ley judía. Sin embargo, el Espíritu Santo hizo ver con toda claridad a Pedro, por medio de una serie de visiones y de instrucciones directas, que tenía que ir con los roma­nos cuando lo invitaran, y así lo hizo. (Hechos 10:2­23.) Ante el gran asombro de Pedro, cuando llegó a la casa de Cornelio y comenzó a hablarles de Jesús a los romanos allí reunidos, respondieron de inme­diato. Lo primero que Pedro y sus compañeros que le habían acompañado vieron y oyeron fue que estos romanos, llenos de jubilo; ¡hablaban en lenguas y mag­nificaban a Dios! (Hechos 10: 24-48.) Habían abierto sus corazones a Jesús, quien les dio nueva vida en el Espíritu, y de inmediato permitieron que esa nueva vida los llenara y rebosara. Pedro y sus amigos no salían de su asombro, pero reconocieron de inmediato que Dios «estaba derramando el don del Espíritu San­to sobre los gentiles», primero en ocasión de la salva­ción y luego en el bautismo en el Espíritu Santo. Por ello es que Pedro dijo: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nos­otros?» (Hechos 10:47.) Defendiéndose contra las cri­ticas dirigidas contra el al volver a Jerusalén por haber bautizado a no-judíos, Pedro dijo:
«Y cuando comencé a hablar (a los romanos), cayo el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. Entonces me acorde de lo dicho por el Señor, cuando dijo: «Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Es­píritu Santo.» Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quien era yo que pudiese estorbar a Dios?» (Hechos 11:1-17.)
Observemos que Pedro habla del don del Espíritu dado a los que creyeron, clara referencia de que los romanos primero creyeron y luego el Espíritu Santo cayó sobre ellos.
Transcurrieron 30 años antes de que nuevamente el libro de los Hechos relatara otro «pentecostés». Tal vez el Espíritu Santo dejó pasar un lapso tan pro­longado para mostrar que estas cosas no mueren. Durante su segunda visita a Efeso, Pablo recibió el saludo de un grupo de doce hombres que sostenían ser discípulos. Pablo no se dio por satisfecho, pues intuía que faltaba algo, y por ello les preguntó: «¿Re­cibieron ustedes el Espíritu Santo cuando creyeron?» (Hechos 19:2.) Nuevamente constatamos aquí que se espera que la experiencia de la salvación sea seguida por el bautismo en el Espíritu, pero que los primeros cristianos reconocieron que podría haber una demora, pues de lo contrario ¿por que se habría molestado Pablo en formular esa pregunta? Más bien hubiera puesto en tela de juicio su salvación.
“¡Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo! (Hechos 19:2) replicaron los efesios. Investigando mas a fondo, Pablo descubrió que no sabían ni de Jesús, y los guíe para aceptar a Jesús, bautizándolos con agua, y a continuación leemos: «Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.» (Hechos 19:6.) Nuevamente aquí la distinción es bien clara. Recibieron a Cristo y fueron bautizados con agua como un signo exterior; luego, estimulados por la imposición de manos hecha por Pablo, respon­dieron al Espíritu Santo que vino a morar en ellos y exteriorizaron su alabanza a Dios en nuevos idiomas, Hebreos 6:12.
Hemos procurado en este capitulo mostrar el mode­lo bíblico de lo que el autor de la carta a los Hebreos llama la «doctrina de bautismos». El apóstol Pablo, en Efesios 4:5 dice que hay «un Señor, una fe, un bautismo», si bien es claro que en el Nuevo Testa­mento este «un bautismo» se divide en tres. En 1 Corintios 12:13, Pablo dice: «Por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo… y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.» Aquí se refiere al bautismo espiritual en Cristo que tiene lugar en el instante de aceptar a Jesús como Salva­dor. Esto era seguido del bautismo con el Espíritu Santo, en el cual el Espíritu Santo que ahora mora en el creyente se vierte al exterior para poner de manifiesto a Jesús ante el mundo, por medio de la vida del creyente. Ya fuera antes o después del bau­tismo con el Espíritu Santo, en ambos casos se exigía el signo exterior del bautismo con agua, símbolo de la limpieza interior efectuada por la sangre de Jesús, la muerte del «viejo hombre» y la resurrección a una nueva vida en Cristo.  ¿A cual de estos tres bautismos se refiere Pablo cuando habla de “un bautismo”?
Un artista puede mirar un cuadro que esta pintando de diferentes maneras. Puede mirar para asegurarse que es una composición bien equilibrada; puede mirar de nuevo para controlar los efectos lumínicos del reflejo de el sobre el agua o los Árboles; nuevamente lo mira desde otro ángulo para evaluar la perspectiva. Hemos estado analizando los diferentes aspectos de la tarea salvadora de Dios para con el hombre. Es pre­ciso mirar a estas tres experiencias -la salvación, el bautismo por agua y Pentecostés- separadamente, separación que la hemos establecido artificialmente, debido a nuestros pruritos, perdiendo así el panorama general. En la iglesia primitiva las tres experiencias estaban estrechamente ligadas, pero en el día de hoy no ocurre así habitualmente.
Habiendo examinado el cuadro de distintas mane­ras, en el curso de nuestro estudio, debemos dar un paso atrás y contemplarlo en su totalidad. Pablo dice que hay «un Señor», y sin embargo la Divinidad es tres en uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El hom­bre es una unidad, si bien esta compuesto por la trinidad de cuerpo, alma y espíritu. El Cuerpo de Cristo en la tierra es uno, pero formado por muchos miembros. De modo que cuando Pablo habla de «un bautismo» pareciera referirse a la acción combinada por la cual Jesucristo viene a vivir en nosotros, el signo exterior por el cual queda sellada esta acción, y el derramamiento, del Espíritu Santo a través de nosotros para ministrar a un mundo perdido.
Nuestra recomendación es que todo aquel que en­cuentre difícil entender estas cosas por medio del razonamiento, trate de experimentar’ la realidad de Dios en la plenitud del Espíritu. La comprensión intelectual vendrá después. Como lo dijo el gran San Agustín: «Credo ut intelligam», es decir: «Yo creo para lograr entender.»
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      Lo que sucede generalmente es 1. Aceptar a Jesús (recibir la salvación, el nuevo nacimiento y la vida eterna)  2. En ese momento el Espíritu Santo viene a vivir en la persona. 3. Esta persona puede pedir y ser Bautizada en agua. 4.  Y luego ser Bautizada con el Espíritu Santo: Pidiéndolo a Jesús en oración, o con imposición de manos de un cristiano lleno del Espíritu Santo. Puede recibirlo antes de ser bautizada en agua, pero no antes de recibir a Cristo.

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