El octavo don de nuestro estudio es la «palabra de ciencia o conocimiento». Es larevelación sobrenatural de hechos pasados, presentes o futuros sin intervención de la mente natural. Podemos describirla como la mente de Cristo manifestada a la mente del creyente, y hecha conocer, cuando es necesario, en un abrir y cerrar de ojos. (1 Corintios 2:1ó.) Este don es utilizado para proteger a los cristianos, para indicarles como orar con más eficacia, o para mostrarles como ayudar a otros.
El noveno don, la «palabra de sabiduría» es la aplicación sobrenatural del conocimiento. Es saber qué hacer con el conocimiento natural o sobrenatural que Dios nos ha dado, tal como el sentido común, por ejemplo, que nos dice como iniciar una acción. La «palabra de conocimiento» es una información revelada de una manera sobrenatural, pero la «palabra de sabiduría» nos dice cómo aplicar la información.
Generalmente nos es dada la «palabra de sabiduría» juntamente con la «palabra de conocimiento». Es conveniente esperar pacientemente la palabra de sabiduría, y no salir disparando con los nudos a medio hacer, cuando recibimos un conocimiento sobrenatural. Esperamos a que sea Dios quien nos diga que hacer con ella. La «palabra de ciencia» nos indicará cómo hacer lo que Dios nos ha indicado que debemos hacer, cómo resolver los problemas que se plantean, o qué cosas decir y cómo decirlas en una situación dada, especialmente cuando el desafío se refiere a nuestra fe. Los dones de la«palabra de conocimiento» y de la «palabra de sabiduría» pueden ponerse de manifiesto por una súbita inspiración que no se nos va de nosotros, sin «conocer» en lo más hondo de nuestro espíritu, o por la interpretación de un sueño, 1 una visión, una parábola, por los dones vocales del Espíritu Santo y, mas raramente, oyendo en forma audible la voz de Dios, o por la visita de un ángel.
La Escritura habla de «palabra» de conocimiento y «palabra» de sabiduría. En ambos casos «palabra» en griego, es “logos”, que puede significar «palabra», «cuestión» o «asunto» y no está reducida únicamente a la palabra hablada. Esto quiere decir que si recibimos los dones de conocimiento o de sabiduría, bien que sean audibles o no, siguen siendo dones de «palabra de conocimiento» o «palabra de sabiduría». No tienen que ser, necesariamente, dones vocales. Con frecuencia, y refiriéndose a estos dones, se habla de «la palabra de conocimiento» o «la palabra de sabiduría». En el original griego no aparece ningún artículo y simplemente los denomina «palabra de sabiduría» y «palabra de conocimiento». El agregarle un artículo puede modificar artificiosamente su significado. Ni siquiera tenemos el derecho de utilizar el artículo indefinido: «una palabra de sabiduría» como lo hacen algunas versiones modernas, pues nuevamente aquí se percibe el sutil cambio de sentido. Pero corrientemente, y para facilitar las referencias bíblicas, utilizamos el articulo determinante «la» pero silas escribimos debemos dejarla fuera de las comillas, indicando así que el articulo se refiere al don en general, y no a la «palabra» en particular. Bien pudiera ser que la ausencia del artículo en el original griego nos recuerde que estas «palabras» son tan solo fragmentos de la sabiduría y del conocimiento de Dios.
1Si bien es cierto que a veces Dios le habla a una persona por medio do un sueño, esto no quiere decir que debemos llevar un diario registro do todos nuestros sueños. E1 psicólogo puede tener interés en conocer 1os sueños de la personas que lo consultan, que le sirve como pista para saber lo qué está ocurriendo en el subconsciente, pero esto tiene muy poco qua ver con el tema que estamos tratando. Muchos de los sueños no son otra cosa que el resultado de haber comido demasiado antes de ir a dormir. Y algunos sueños los provoca el enemigo; ¿por qué gastar nuestro tiempo prestándoles atención a la confusión que pueden originar? Si Dios nos ha hablado en un sueño y é1 quiere que 1o recordemos, lo recordaremos sin duda alguna. El dice qua el Espíritu Santo «os recordará todo lo que yo os he dicho». (Juan 14:2ó.)
Podemos distinguir cuatro clases de conocimiento:
Primero: El conocimiento humano naturalque a todas luces va en aumento. El libro de Daniel, refiriéndose a los últimos tiempos dice: «Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.« (Daniel 12:4.) Recientemente un profesor universitario amigo nuestro, nos dijo que el progreso del conocimiento en el área de la matemática superior era tan extraordinario que en algunos casos los investigadores en dos campos diferentes de matemáticas, no lograban comunicarse entre ellos. Para poder relacionar y procesar la inmensa cantidad de datos obtenidos por la investigación, se torna indispensable recurrir a los cerebros electrónicos o computadoras, pues va más allá de las posibilidades de la mente humana al hacerlo con los métodos corrientes por un periodo más o menos prolongado. Por importante que sea la ciencia de este mundo, a veces crea tanto orgullo que les impide a algunos conocer al Señor. La epístola a los Corintios dice así: «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.» (1 Corintios 2:14.) También dice la Escritura: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica.» (1 Corintios 8:1.)
Segundo: El conocimiento sobrenatural, producto de este mundo caído, que hemos mencionado antes, es el intento de la mente natural de obtener información por medios sobrenaturales que no son los del Espíritu Santo. Incluye lo oculto, lo psíquico, y las investigaciones «metafísicas» que utiliza Satanás para entrampar a un número cada día creciente de personas en la actualidad. Las así llamadas “experiencias religiosas” por medio de drogas, de cultos, de lo psíquico y fenómenos ocultos, crecen alarmantemente; basta con mirar los títulos de los libros en los estantes de una librería para comprobar el interés que despiertan las obras que se refieren a tales cosas. El conocimiento así adquirido esta por fuera de los limites de lo permitido por Dios. ¡No lo toquemos!
Tercero: el verdadero conocimiento intelectualque lo adquirimos al conocer a Dios personalmente, por medio de Jesucristo (Juan 17:3; Filipenses 3.10), de recibir la plenitud del Espíritu Santo, estudiando la Palabra de Dios que nos hace saber la voluntad de Dios y sus caminos, para lo cual no hay sustituto. (Salmo 103:7; Éxodo 33:13.) Ante un conocimiento natural de este mundo, tan sugestivo y en permanente desarrollo, es apasionante comprobar que el conocimiento del Señor va en aumento en su pueblo hoy más que nunca. Isaías nos dice que: «. . . la tierra será llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar.» (Isaías 11:9.) Aun el libro de Daniel y su similar el de Apocalipsis han permanecido cerrados y sellados a la comprensión total del hombre hasta el tiempo del fin… (Daniel 12:4, 9.) Hay muchas cosas de la Palabra de Dios que nos serán reveladas a nosotros recién en los últimos tiempos. ¡Estamos viviendo días gloriosos! El conocimiento del hombre pasará, pero el conocimiento del Señor es permanente y durará toda la eternidad. (Mateo 24:3536; 1 Pedro 1:25.)
Cuarto: el don de «palabra de conocimiento«. Al considerar este don, digamos en primer lugar lo que no es. No es un fenómeno psíquico o una percepción extrasensorial tal como la telepatía (la presunta habilidad de leer las mentes), la clarividencia (la presunta habilidad para conocer hechos que están ocurriendo en otras partes) o la precognición (la presunta habilidad para conocer el futuro). Estas «habilidades» están prohibidas en la Palabra de. Dios. (1 Crónicas 10:13; Deuteronomio 18:9-12.) No debemos incurrir en esas prácticas o abriremos la puerta a Satanás. Todas las actividades de esa naturaleza son peligrosas y malas. Experimentar con tales fenómenos psíquicos es jugar con los caídos poderes de este mundo que están controlados por Satanás En el mundo hay dos fuentes de poder espiritual: Dios y Satanás. E1 solo hecho de que algo sea «sobrenatural» no significa ni que sea bueno ni que sea de Dios.
El don de la «palabra de conocimiento» no es ninguna «habilidad» humana, sino un puro don de Dios. No se «desarrolla» como pueden serlo las manifestaciones demoníacas, sino que se manifiesta como el resultado de estar en estrecho contacto con el Señor. El cristiano tiene algo infinitamente mejor que los dones fraudulentos de este mundo, porque esta gustando los poderes del mundo venidero, a través de Jesucristo, y los dones del Espíritu Santo. (Hebreos 6:5.) La epístola de Santiago dice: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre…» (Santiago 1: 17.) Los dones do Dios vienen desde arriba, de lugares celestiales en Cristo Jesús, donde el cristiano vive en su Espíritu. Pablo le dice a los efesios: «… nos resucitó y… nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.» (Efesios 2:6) El cristiano debe abstenerse de utilizar la terminología del mundo para describir las experiencias sobrenaturales. Si un cristiano se entera de pronto sin recibir la noticia por las vías naturales que un amigo se encuentra en dificultades, y necesita oración y ayuda, eso no seria una «percepción extrasensoria» sino más bien Dios que manifiesta el don de la «palabra de conocimiento».Los dones del Espíritu Santo vienen del Espíritu Santo y el es quien los hace llegar a nuestro espíritu y no desde el alma o de los sentidos físicos, ni a través de ellos.
Pablo les dijo a los cristianos en Corinto: «Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.» (1 Corintios 12:7.) Estos dones han sido dados para nuestro provecho y para que nos beneficiemos los unos con los otros. No deben ser erróneamente usados. Cuando Dios decide compartir su conocimiento con nosotros, es porque tiene un propósito en vista. ¡No nos es dado para el simple hecho de hacernos sentir «espirituales» o habilidosos!
Veamos algunos ejemplos de una «palabra de conocimiento» registrados en la Biblia:
Fue utilizada para encontrar personas u objetos extraviados, como sucedió con Saúl y las asnas perdidas (1 Samuel 9:15-20; 10:21-23). (Observemos que la «palabra de conocimiento» puede brindarnos información sobre asuntos aparentemente triviales. Dios se preocupa por cada una do las necesidades humanas).
Natán recibió una «palabra de conocimiento» relacionada con el asunto que hubo entre David y Betsabé. También recibió sabiduría para tratar con el rey. (2 Samuel 12:7-13.)
Fue utilizada para desenmascarar a un hipócrita, a Giezi, el siervo de Eliseo. (2 Reyes 5:20-27.)
Eliseo, por revelación milagrosa, supo dónde estaba emplazado el ejército sirio, salvando así a Israel de la batalla. (2 Reyes ó.8-23.)
El Señor Jesús usó e1 don de la «palabra de conocimiento». Cuando dejó de lado su gloria, aceptó las limitaciones del intelecto humano. Mientras vivió en esta tierra no fue omnisciente -que tiene conocimiento de todas las cosas- pero todo el conocimiento que necesitaba para encarar cualquier situación, lo obtenía del Espíritu Santo de la misma manera que lo obtenemos nosotros por intermedio de el.
Cuando Jesús sana al paralítico, también le perdonó sus pecados. Esto provocó entre los escribas pensamientos aviesos contra Jesús. Jesús supo, por una «palabra de conocimiento» (no por «leer los pensamientos») lo que pensaban en su fuero íntimo, y así se los dijo directamente. (Mateo 9:2-ó.)
Por medio de este don de revelación (no por «clarividencia») Jesús «vio» a Natanael mucho antes de conocerlo, sentado bajo la higuera, y también supo Jesús qué clase de persona era. Vernos entonces que «la palabra de conocimiento» puede revelar las andanzas de un hombre y la naturaleza de su corazón y de sus pensamientos. (Juan 1:47-50.)
Fue utilizado para convencer a la mujer samaritana de su pecado, y de la necesidad de aceptar a Jesús como Mesías. «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho…» (Juan 4:1718, 29.)
Este conocimiento sobrenatural se manifestó permanentemente en los días de la iglesia primitiva.
Fue utilizado para revelar la corrupción en la iglesia: Ananías y Safira. (Hechos 5:3.)
Otro Ananías, un cristiano de otra manera desconocido, supo, por una visión, (no por palabra de conocimiento) de la conversión de Saulo, el nombre de la calle (Derecha), el nombre de la persona en cuya casa se hospedaba (Judas), a quien tenia que buscar (Saulo de Tarso), que estaba haciendo Saulo (orando), su actitud (estaba arrepentido) y sus necesidades (curación y el bautismo con el Espíritu Santo). (Hechos 9:11-12, 17.)
El Espíritu Santo reveló a Pedro, por medio de la «palabra de conocimiento» que tres hombres preguntaban por él a la puerta de su casa en Jope, y no tuvo ni un vestigio de duda de que debía acompañarlos. (Hechos 10:17-23.)
Como un ejemplo del día de hoy, relataremos algo que ocurrió en Spokane, Washington, mientras Rita daba una clase sobre los dones del Espíritu Santo. No se reducían tan solo a estudiar este tema intelectualmente, sino que oraban y esperaban que esos dones se manifestaran. La fe aumentó cuando se escuchaba la Palabra de Dios, y cuando la clase consideraba las Escrituras, aumentó la atmósfera de fe a un punto tal en que lo milagroso podía ocurrir en cualquier momento. Mientras oraban, al finalizar la clase, Rita tuvo una fuerte impresión, una sensación desacostumbrada en su oído derecho. No sabiendo, al comienzo, de dónde venia esa impresión, pidió la protección de Dios. Entonces se le ocurrió lo siguiente: «Tal vez Dios esta tratando de decirme que alguien de este grupo sufre de su oído derecho.» Estando entre amigos, decidió preguntar. Una joven, llamada Fran, respondió de inmediato, y dijo que padecía de una sordera del oído derecho desde hacia veinte años. Últimamente su sordera la molestaba tanto que había orado intensamente a Dios para que la sanara. Rita relata lo siguiente: «Nunca en mi vida se me había revelado de esta manera la «palabra de conocimiento» y supe, sin el mas leve asomo de duda, de que Dios la iba a sanar.» El grupo de oración rodeó a Fran y le impusieron las manos, pero fue innecesaria la oración de intercesión, porque Dios ya reveló lo que iba a hacer; con fe sencilla Rita ordenó al oído de Fran, en el nombre de Jesús, que se curara. Fran contó luego que ella sabia que algo había ocurrido, pero no testificó sobre su curación antes de ser examinada por el medico. Después contó que cuando se oró por ella, sintió un chasquido y recobro el oído. El medico confirmó que su oído había vuelto a la normalidad. Y así ha quedado desde entonces. Este hecho muestra una combinación de tres dones, comenzando con una «palabra de conocimiento», que trajo un don de fe, que a su vez puso en acción el don de sanidades.
Tan maravilloso como es el hecho de que Dios nos había y nos diga lo que va a hacer y que papel vamos a jugar en sus planes (conocimiento), lo es, y de igual importancia, el que él nos muestre cómo ejecutar nuestra tarea (sabiduría). Si una madre explicara a su hijita cuáles son los ingredientes y las proporciones a utilizar para hacer una torta, pero no le diera la sabiduría necesaria para saber cómo mezclar esos ingredientes, el conocimiento no tendría ningún valor. En realidad, el resultado seria desastroso. De todo ello se desprende que corren parejos los dones de conocimiento y de sabiduría; es importante disponer de ambos. El libro do Proverbios nos dice: «La lengua de los sabios adornara sabiduría.» (Proverbios 15:2.)
También tenemos cuatro clases de sabiduría
La sabiduría humana naturales el conocimiento natural aplicado. Por supuesto que este tipo de sabiduría está en permanente aumento, desde el momento en que el conocimiento también lo está. El conocimiento sería inútil de no contar con la sabiduría. De más está decirlo, es sabiduría del hombre. Comparada con la sabiduría de Dios, es pura tontería. También puede ser una piedra de tropiezo, apartado al hombre de Dios. Un día cesará la sabiduría natural del hombre: «Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.» (1 Corintios 1:19.)
Tanto la sabiduría como el conocimiento sobrenaturales, productos de un mundo caído fueron justamente los recursos que se utilizaron para tentar al primer hombre y a la primera mujer, para desobedecer el mandamiento de Dios. «… un árbol codiciable para alcanzar sabiduría…» leemos en Génesis 3:6. Esta clase de sabiduría fue -y continúa siéndolo- prohibida por Dios. El hombre ya disponía de la sabiduría natural, que era buena, y abrió más puertas para que entrara el conocimiento sobrenatural maligno y su aplicación, la sabiduría perniciosa, que hasta ese momento era patrimonio exclusivo de los ángeles caídos. La astrología es un ejemplo de la sabiduría fraudulenta de hoy en día. (Daniel 2:27-28.)
Sabiduría intelectual verdadera. El libro de Proverbios y la Sabiduría de Salomón, son buenos ejemplos de esto. Se obtiene cuando se respeta al Señor y a la Palabra de Dios (Job 28:28; Proverbios 9:1.0), y también estudiando la Palabra do Dios, que solo puede ser comprendida cuando es revelada por el Espíritu Santo.Para que esto sea posible debemos, en primer lugar, recibir a Cristo que es la Sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24), y es importante, como es obvio, haber recibido el bautismo con el Espíritu canto. La Escritura dice: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5.) Pablo oró sin cesar por la iglesia para que fueran «…llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual.» (Colosenses 1:9). Tenemos que pedirle a Dios y creer que nos dará generosamente la sabiduría necesaria para ejecutar de la mejor manera posible la tarea que él nos ha encomendado.
El don sobrenatural de la «palabra de sabiduría» consiste en recibir en forma súbita y milagrosa la sabiduría necesaria para encarar cualquier situación que se presente, o responder a una pregunta dada, o utilizar un aspecto en particular del conocimiento, ya sea natural o sobrenatural. Al igual que la «palabra de conocimiento» no consiste en la puesta en juego de una destreza humana adquirida, sino que es, exclusivamente, un don de Dios. Seria difícil establecer cual de las dos -sabiduría o conocimiento- es más importante. Algo así como tratar de decidir cuál es más importante, si el pintor o la pintura, puesto que si bien es cierto que el artista no puede pintar su cuadro sin contar con los materiales, estos sin la persona que sabe como usarlos, pueden estropear la tela y dar por resultado un mamarracho. De manera que si una persona cuenta con el conocimiento -ya sea natural o sobrenatural- pero no cuenta con la sabiduría para utilizarlo adecuadamente, el resultado final puede ser un daño irreparable.
Veamos algunos ejemplos del don do la «palabra de sabiduría» extractados del Antiguo Testamento:
Cuando José interpretó el sueño del Faraón, no se valió de una sabiduría natural, o de una sabiduría lograda por el estudio y la preparación previa: José recibió una respuesta sobrenatural inmediata. José se encontró de pronto en un aprieto. Con el tiempo apenas necesario para salir de la prisión tuvo que enfrentarse al Faraón e interpretar su sueño. Posteriormente José dio sabios consejos sobre varios asuntos, entre ellos la necesidad de designar a una persona sabia y prudente como administrador general y a funcionarios a las órdenes de aquel, y sobre la forma de almacenar el alimento que serviría para los años de hambre que vendrían. Esto ultimo no fue una «palabra de sabiduría» sino la verdadera sabiduría intelectual que Dios brindó a José, y que este use en numerosas oportunidades. Todo esto llevó al Faraóna referirse a José como un hombre «entendido y sabio» y le dio un cargo ejecutivo, con autoridad sobre toda la administración egipcia, inferior únicamente al Faraón. (Génesis 41.)
Dios habló a Moisés desde una zarza ardiente, encomendándole la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto (conocimiento), y Moisés tuvo que recurrir muchas veces a la palabra de sabiduría cuando en numerosas oportunidades debió enfrentarse a ese pueblo rebelde. (Éxodo 3.)
Dios le dijo a Moisés el conocimiento necesario para proyectar el tabernáculo que habría de construir en el desierto, y le informo que había llamado a Bezaleel, colmándolo de sabiduría y de conocimiento (que no poseía naturalmente) para trabajar el oro, la plata, el bronce, las piedras y la madera, y para encargarse del grueso de la construcción del tabernáculo. (Éxodo 31.)
Una de las grandes historian de «fe», narradas en el Antiguo Testamento resulta ser también un extraordinario ejemplo de los dones espirituales de profecía, sabidurías y conocimiento. El rey Josafat se encontraba acosado por laalianza de tres poderosos enemigos. Sabiendo que no disponía de lo recursos suficientes para defender su reino, puso todo el problema delante de Dios. Todo el pueblo de Judá. «estaba de pie delante de Jehová» esperando la respuesta. Y la respuesta se recibió cuando «sobre Jahaziel… vino el Espíritu de Jehová en medio de la reunión» y Jahaziel empezó a profetizar: «No temáis nios amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios». Esto fue «edificación, exhortación y consuelo». Luego siguió la «palabra de conocimiento» al informar Jahaziel al rey y al pueblo, exactamente dónde estaría el enemigo, y dónde lo podrían encontrar. Nuevamente les dio una «palabra de sabiduría» al decirles que no tendrían que pelear, sino quedarse quietos y observar lo que haría Dios. A continuación Dios le dio a Josafat una «palabra de sabiduría» y es para ello que en lugar de salir al encuentro del enemigo al frente de sus guerreros escogidos, envió a hombres a cantar y alabar a Dios, y he aquí, los enemigos cayeron en sus propias emboscadas y se mataron entre ellos. (2 Crónicas 20:12-23.)
Daniel fue un hombre intelectualmente sabio y de amplísimos conocimientos, y por ello fue elegido para enseñar en el palacio del rey. Sin embargo, superior a ello fue la «palabra de sabiduría» que de tanto en tanto le daba Dios, de manera que pudo interpretar (sabiduría) el sumo que Nabucodonosor había soñado y olvidado. Estos secretos fueron revelados a Daniel en «visión de noche». Daniel dijo: «Sea bendito el nombre de Dios por siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría… da la sabiduría a los sabios y laciencia a los entendidos. El revela lo profundo y lo escondido…» (Daniel 2:20-22.) Como consecuencia de ello el rey lo designó gobernador general de Babilonia, con autoridad sobre los demás gobernadores. En el capítulo cuarto leemos que nuevamente Daniel interpreta el sumo do Nabucodonosor, esta vez anunciándole que su reino le sería quitado. Más tarde, bajo el reinado de Belsasar, fue llamado para interpretar la escritura de la pared. Los dones de Dios salvaron en varias oportunidades vida de Daniel y de sus compañeros.
Como el Gran Ejemplo, en todas las cosas, el Señor Jesús exhibió una y otra vez la «palabra de sabiduría» para encarar circunstancias particularmente difíciles. Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo le preguntaron a Jesús sobre qué autoridad basaba semejantes pretensiones. La respuesta de Jesús, en forma de una pregunta, fue dictada por una «palabra de sabiduría». (Mateo 21:23-27.)
Los fariseos quisieron entrampar a Jesús preguntándole si los hombres debían pagar tributo a Cesar, o no. Jesús respondió con una «palabra de sabiduría»: «Dad, pues, a Cesar lo que es de Cesar, y Dios lo que es de Dios.»
Un abogado fariseo tentó a Jesús, preguntando cuál era, en su opinión, el más grande mandamiento de la ley. Jesús respondió con sabiduría. A continuación les preguntó a los fariseos quién creían ellos que era él, de quién era hijo el Cristo. Ellos le respondieron «de David». La cita de los Salmos con que les contestó Jesús fue tan profunda, que el evangelio de Mateo cuenta que desde ese día nadie osó preguntarle más. (Mateo 22:34-4ó.) Así como Jesústenía una gran sabiduría, contamos con la promesa de que en medio de la persecución Él nos dará «palabra y sabiduría» que nuestros adversarios no podrán desmentir ni rechazar. Estos dones serán más necesarios en los días por venir. El evangelio de Mateo dice: «guardaos de los hombres, porque os entregaran losconcilios… sinagogas… gobernadores y reyes por causa de mí… Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablareis: porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.» (Mateo 10:17-19.)
Este pasaje nos indica de dónde sacaron Pedro y Juan la sabiduría que aplicaron cuando fueron amenazados por los dirigentes judíos a raíz de haber sanado a un cojo. (Hechos 4:7-21.) Más tarde, al ser arrestados justamente por esa curación, leemos: «Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.» (Hechos 4:13.)
Se dijo de aquellos que disputaban con Esteban – que era un hombre lleno de gracia y de poder- que: «No podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.» (Hechos 6:8-10.)
Por cierto que el apóstol Pablo no era un hombre entrenado en el arte de la navegación, y sin embargo, cuando se vio envuelto en un naufragio, tomó el mando de la situación a pesar del hecho de viajar como prisionero, rumbo a Roma, y el oficial romano le escuchó con todo respeto. (Hechos 27:21-35.)
Tenemos que rectificar nuestra manera de pensar, y librarnos del viejo hábito de fijarle limitaciones a Dios en nuestras vidas y empezar a vivir con expectativa. En Cristo están escondidos «todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento». (Colosenses 2:3.) Desde el momento en que Cristo vive en nosotros, el hecho formidable es que su sabiduría y conocimiento también están allí, listos para sernos revelados por el avivamiento del Espíritu Santo. Contando con este maravilloso tesoro que es Jesucristo morando en nosotros, podemos estar seguros que el Espíritu Santo sacará de ese tesoro los dones que necesitamos en la medida en que creamos en Dios. Dispongamos del tiempo necesario para agradecerle ahora mismo, porque tanto la sabiduría como el conocimiento divinos se manifestaran en nuestras vidas por mandato de Dios, cuando surja la necesidad. ¡Alabemos a Dios por sus inefables riquezas!
En este estudio de los dones del Espíritu, comenzamos con los dones de la palabra inspirada, porque son los de más fácil observancia, y los que más frecuentemente se manifiestan; a continuación los dones de poder; y en último lugar los dones de revelación. Todos los sucesos sobrenaturales registrados en la Biblia (a excepción de las imitaciones fraudulentas, por supuesto) pueden ser identificados con uno u otro de estos nueve dones del Espíritu, anotados en 1 Corintios 12:7-11.
Hay otras tres listas anotadas en el Nuevo Testamento, denominadas «dones», pero una de ellas, en la carta a los Efesios, es una lista de cargos o ministerios en la iglesia: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. (Efesios 4:8, 11.) Además en el original griego se usa un vocablo distinto: domata en lugar de carismata. Otra «lista» la tenemos en la carta a los Romanos, pero en realidad no se trata de un intento de hacer una lista de los dones, sino más bien una serie de ilustraciones para instruir a los cristianos en la forma de vivir. (Romanos 12:4-21.) Mezcla unos cuantos dones y ministerios con otras funciones, algunas de las cuales según la exposición razonada de Pablo en sus otros escritos, se llamarían «frutos» del Espíritu. En Corintios, capítulo 12 -que es el capítulo donde con toda claridad aparece la lista de los dones- el apóstol cita nuevamente, al finalizar el capítulo, algunos de los dones y ministerios pero lo hace con un propósito ilustrativo.2 Pareciera ajustarse más al esquema general de la Escritura, decir que 1 Corintios 12:7-11 es la lista de los dones, mientras que Efesios 4:11 hace referencia a los ministerios «oficiales» de la iglesia. De igual forma los frutos del Espíritu están anotados en Gálatas 5:22-23, pero en Efesios 5:9 Pablo utiliza el termino en estilo ilustrativo: «El fruto del Espíritu es toda bondad, justicia y verdad.»
Toda persona que ha sido bautizada en el Espíritu Santo puede ejercer cualquiera de los nueve dones espirituales, según sean las necesidades que se presenten, y según lo decida el Espíritu Santo. Conocemos muchos cristianos que en el transcurso de varios años se han valido de los nueve dones del Espíritu. Esto no quiere decir que sean más espirituales que los demás, pero sí que han sido más asequibles y han vivido más a la expectativa.
2 Cualquiera de 1os dones- del Espíritu pueden llegar a ser un ministerio, como ya lo hemos dicho antes, pero los que aparecen al final de esta lista deben ser considerados específicamente como tales.
Nuestro ruego es que este estudio redundara en una mayor comprensión, de tal manera que los dones de poder y de revelación se manifiesten en el cuerpo de Cristo mucho más que en el pasado, y que los dones mas conocidos -los de la palabra inspirada- sean expresados con mayor belleza y edificación en la Iglesia.
Es nuestra opinión que Dios quiere que los dones se manifiesten en forma activa en la vida de la iglesia, para aumentar nuestra propia edificación y gozo, y también demostrarle al mundo que Jesús vive y es real. El Espíritu Santo reparte los dones a cada hombre individualmente, en la forma en que él lo cree oportuno, y el Espíritu Santo desea que vivamos una vida abundante en Cristo.
«Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a élsea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos.»
En Éxodo 28 leemos una descripción de las vestiduras que el sumo sacerdote usaría al oficiar en el tabernáculo para adorar a Dios. El sumo sacerdote tenía una prenda llamada efod. Era azul y orlada con una decoración muy particular:
«Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas de oro alrededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla alrededor.» (Éxodo 28:33-34.)
Las campanillas de oro pueden considerarse como un símbolo de los dones del Espíritu Santo. A los dones se los ve y se los oye, y son hermosos. Las campanillas tintineaban cuando el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, invisible a los adoradores de afuera, aunque sabían que el estaba orando por ellos. De la misma manera, los dones nos enseñan que Jesús, si bien invisible a nuestros ojos terrenales, vive y oficia por nosotros en el lugar santísimo.
Las granadas representan el fruto del Espíritu. Son dulces en sabor y atractivas en color, y llenas de semillas, lo cual nos recuerda que no solamente son frutas, sino que son fructíferas. Hemos hecho un amplio estudio sobre los dones del Espíritu Santo, las campanillas de oro, y ahora nos resta recordar que los dones del Espíritu Santo están balanceados por el fruto del Espíritu.
Digamos de nuevo que los dones del Espíritu (1 Corintios 12:7-11) son: sabiduría, ciencia, discernimiento de espíritus, fe, milagros, sanidades, profecía, lenguas e interpretación de lenguas; el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) es: amor, gozo, paz, paciencia,benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Los sacerdotes creyentes de hoy, deberían controlar la orla de sus túnicas, es decir, sus vidas, para ver lo que hay allí.
Para que hubiera «una campanilla do oro y una granada, y otra campanilla de oro y otra granada» como dice la Escritura, alrededor de la túnica del sacerdote, tendría que haber un número igual de cada una. Es interesante consignar el hecho de que en la lista precedente, figuran nueve dones y nueve frutos del Espíritu. Para permitir que las campanillas de oro suenen con claridad, armoniosamente, sin entrechocar unas con las otras, debe mediar un fruto entre cada una de ellas. Los dones puestos de manifiesto por vidas desprovistas de frutos, motivados por una auto estimación y sin otro deseo que el de llamar la atención, despertarán tanto entusiasmo como el que pudiera despertar el golpetear sobre unos tachos. Los dones del Espíritu son «irrevocables», es decir, que Dios no los quita porque sean mal utilizados, y es por ello que pueden manifestarse a través de vidas que no son consagradas y a través de personas que le deben una reparación tanto a Dios como a los hombres; pero de cualquier manera tales personas no producen mas que un ruido ensordecedor para los que tienen discernimiento. A esto se refiere el apóstol cuando habla de «metal que resuena» y «címbalo que retine». Nuestras campanas no deberían ser de bronce o de latón, sino de oro puro. Campanas de oro representan vidas que están a tono con el Señor y con los hermanos, y cuyo deseo central es exaltar a Jesucristo, mientras manifiestan los dones.
Es significativo el hecho de que esta figura de campanillas y granadas alternadas se proyecta en el Nuevo Testamento, ya que entre los dos grandes capítulos de los dones, -1 Corintios 12 y 14- se encuentra engarzado el hermoso capítulo 13, referido al amor, fruto central del Espíritu: «Si tengo el don de hablar en lenguas, tanto de hombres como de ángeles, sin haberlas aprendido, pero no tengo amor, soy como ruidosa campana de bronce o címbalo que retiñe. Y si he sido utilizado en el don de profecía y entiendo todos los misterios y toda la ciencia; y haya colmado la medida de la fe, hasta para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si todo lo que tengo se lo doy a los pobres y entrego mi cuerpo para ser quemado, pero el amor de Dios no brilla a través mío, nada me aprovecha. El amor es paciente, es bondadoso; el amor no es envidioso; el amor no esta hinchado de orgullo, no se comporta indecorosamente o con desenfreno; no busca su propio interés, no se irrita con facilidad, no abriga malos pensamientos; no se regocija de la injusticia y de la perversidad, sino que se regocija cuando triunfa la justicia y la verdad; el amor es consistente, el amor esta siempre dispuesto a confiar, espera lo mejor, en todas las cosas, todo lo soporta como un buen soldado. El amor nunca termina; las profecías pasaran; las lenguas cesarán; y también la ciencia, un día, dejara de ser. Porque nuestra ciencia es fragmentaria y nuestra profecía limitada. Pero cuando venga lo perfecto, será innecesario lo imperfecto. Cuando fui niño hable como un niño, razone como un niño; pero cuando me hice hombre, abandone mis hábitos infantiles. Ahora miramos en un espejo una imagen borrosa, ¡pero entonces veremos cara a cara! Ahora comprendemos en parte, pero entonces conoceremos plenamente, de la misma manera en que somos conocidos. De modo pues, que permanecen la fe, la esperanza y el amor, estas tres; pero el mayor de ellos es el amor.» El amor es el fruto mas importante del Espíritu; sin el los otros ocho podrían no existir.
Se los denomina «fruto» en singular, y no «frutos» en plural, porque los otros son como los gajos de una naranja contenidas dentro del fruto del amor.
¿A qué amor se refiere este capítulo, que lo describe como más grande que la fe, que es la llave a la Biblia y sin el cual no podemos recibir nada de Dios? De este amor se dice que es más grande que la ciencia (conocimiento), que es un don del Espíritu, y anhelado por los cristianos. ¡Es mayor que el martirio sufrido por confiar en Jesús! Es más importante que dar a los pobres, si bien el dar a los pobres es una buena obra. Este amor es superior al don de la profecía, don del cual dijo Pablo que todos los cristianos deberían desearlo como al más grande de los dones para la edificación de la iglesia. Es mayor que hablar en lenguas desconocidas. Es superior a la esperanza.
Con toda seguridad que aquí se esta hablando de una clase de amor diferente al amor humano, que es inconsistente y limitado. En nuestro idioma hay un solo vocablo para designar al amor, ¡mientras que el idioma griego tiene siete! El Nuevo Testamento hace mención solamente de dos de esos siete vocablos philia, que significa afecto o apego por otra persona, amistad, que es un tipo limitado de amor; yágape que significa el perfecto amor de Dios -amor incondicional -tal como esta expresado en el amor de Dios por el hombre, o el amor fraternal cristiano en su más alta expresión, que nace como resultado de que Dios vive en el hombre.
Una tercera acepción para el vocablo amor en el idioma griego, es eros que significa amor físico o sensual. Tenemos, pues, una trilogía para la palabra «amor»: ágape, del espíritu ; philia, del alma; eros del cuerpo.
El fruto del Espíritu del que estamos hablando en este capítulo, es ágape. Dios manifestó su amor por el hombre a través del nacimiento, de la vida y de la muerte de Jesucristo. «Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos», (Juan 15:13), y aún por sus enemigos. (Romano 5:7-10.) El amor de Dios en el hombre viene como resultado de la salvación. El bautismo en el Espíritu Santo provoca aun una mayor efusión del amor de Dios, en tanto que la persona more en Cristo y camine en el Espíritu. «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.» (Romanos 5:5.) El capítulo 13 de 1 Corintios, cuando habla del amor, se refiere a ágape, amor autosacrificial, amor sin reservas.
Y el amor no es solamente el fruto central del Espíritu, sino un mandamiento de Jesús
«Amarás al Señor tú Dios con todo tú corazón, y con toda tú alma, y con toda la mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De esos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.» (Mateo 22:37-40.)
Jesús también dijo: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros, como yo os he amado…» (Juan 13:34.)
En el Nuevo Testamento también se menciona al amor como una de las cosas que nos «edifican» espiritualmente. “El conocimiento envanece, pero el amor edifica.»
La primera fase del amor es cuando solamente podemos amar a los que antes nos amaron primero. «Nosotros le amamos a é1 (Dios) porque él nos amó primero.» (1 Juan 4:19.) Es un comienzo necesario. Pero no va más allá de ser una mezcla de amor. Con el amor puro viene un olvidarse de sí mismo y un mayor deseo de dar que de recibir. Cuando alcanzamos esta etapa, nos damos cuenta que amamos a Dios no por lo que ha hecho o esta haciendo por nosotros, sino que le amamos por sí mismo. Solamente después de haber hecho contacto con esa celestial fuente de amor, podemos esperar amar a nuestros semejantes. El primero y gran mandamiento, es decir amar a Dios, tiene que producirse antes del segundo, que es amar al prójimo, porque si no se cuenta con el amor de Dios, es imposible que amemos a nuestros semejantes. Dios no hubiera exigido esta condición si fuera algo imposible de cumplir. Algunas personas sostienen que el amar a Dios les lleva todo su tiempo y no les queda ningún resto para ocuparse de otros. Jesús les ordenó a sus discípulos que se amaran los unos a los otros de la misma manera que el los había amado, como una señal para el mundo de que ellos eran sus seguidores. Cuando amamos a nuestros hermanos, amamos a Cristo, porque la Biblia dice que todos formamos el cuerpo do Cristo, carne de su carne y hueso de sus huesos. (Efesios 5:29-30; 1 Corintios 12:27.) Dios recepta nuestro amor en la medida en que amamos a los hermanos en Cristo, como asimismo en nuestra devoción a él en oración y alabanza. A la par que maduramos en amor, también podremos alcanzar y amar a los incrédulos, y aun amar a nuestros enemigos. (Mateo 5:43-48.)
Sin embargo, en un plano terrenal, el amor es imposible sin amarnos a nosotros mismos, tal como lo dice la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» Si nos odiamos a nosotros mismos, no podremos amar verdaderamente a Dios, a nuestros hermanos, a los incrédulos, o a nuestros enemigos. Y solamente podremos amarnos a nosotros mismos sabiendo quienes somos en Cristo, y sabiendo que el yo esencial es una nueva criatura en la cual mora Dios. Únicamente por causa de Jesús existe en nosotros algo por lo cual valga la pena amarnos a nosotros mismos. Es un pecado no amarnos a nosotros mismos. ¿Cómo podemos dejar de amar todo lo que Dios ha creado?
Pablo dice al finalizar el capítulo 12: «Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.» (1 Corintios 12:31.) El camino más excelente no es «en lugar de los dones» sino en lugar de «procurar los dones»: amar de tal manera que los dones fluyan hacia afuera con tanto donaire que semejen a las refrescantes aguas de un rió que vivifican todo a su paso. El ágape nunca falla, dice Pablo; pero la profecía, las lenguas, la ciencia, y los otros dones cesarán de ser cuando Jesús, el perfecto, vuelva a buscar a su iglesia. Los dones han sido establecidos principalmente para la edificación y la protección de la iglesia en la tierra, pero cuando la iglesia este con el Edificador, los dones dejarán de ser necesarios. Pero hoy en día si lo son.
Un joven se enrola en el ejército. Es de esperar que rinda un «fruto» en su vida: valor, resistencia, perseverancia, formalidad, etc. El fruto es de la máxima importancia, y deja una impronta permanente en su carácter. Imaginemos la reacción del joven si fuera enviado al frente de batalla y su superior le dijera:
«Bueno, hijo, cuentas con las cosas más importantes; el fruto se ha desarrollado en tu vida, no necesitas nada más.» El joven, con toda probabilidad, respondería:
«Señor, todo eso me parece muy bien y muy lindo, pero según rumores, hay un enemigo aquí cerca, y las bajas que traen de vuelta confirman esos rumores. Si no lo toma a mal quisiera que me diera armas (dones) para protegerme; ¡estamos en guerra!» Si le dijeran que han decidido prescindir de las armas, porque el ejército no las necesita más, ¡sería muy difícil convencerlo!
Efectivamente hay una guerra en marcha; y durante todo el tiempo que vivamos en este mundo caído, necesitaremos los dones. Los dones todavía no han pasado; más aun, la Escritura señala que antes que Jesús vuelva a buscar a su iglesia, habrá un avivamiento aun mayor del Espíritu Santo, para combatir el incremento de la obra del enemigo, y como es obvio, los dones estarán incluidos en ese avivamiento. (Joel 2:23-24, 28-31; Hageo 2:9.) Y en un día glorioso, cuando la batalla haya concluido con la victoria, los dones dejarán de ser necesarios.
También pasarán la fe y la esperanza, tal cual las conocemos en este mundo. «La esperanza que se ve no es esperanza… pero si esperamos lo que no vemos con paciencia lo aguardamos.» (Romanos 8:2425.) «Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» (Hebreos 11:1.) Viendo la evidencia de nuestra fe, nos introducirá a una forma de relación de fe distinta a la que ahora conocemos. Cuando veamos a nuestro Señor cara a cara, todas estas cosas pasarán, tal como lo asegura la Escritura. Lo único que tendrá permanencia eterna será el amor -ágape- porque «Dios es amor».
Hemos procurado demostrar que debe haber un equilibrio y una acción recíproca entre los dones y el fruto del Espíritu Santo. Los dones -las campanillas de oro- deben tintinear para proclamar al mundo que nuestro sumo sacerdote vive por siempre jamás, y sigue firme en su obra redentora, sanando al mundo por medio del ministerio de su pueblo. El fruto tiene que verse, para mostrar a la gente como es Jesús, y como los ama. El mundo tiene que ver el amor de Dios actuando en su pueblo.
Ya hemos hablado de dos experiencias cristianas básicas, siendo la más importante la salvación, y en segundo lugar el Bautismo con el Espíritu Santo. Ambas se dan en forma gratuita a quienquiera que las pida y nada puede hacerse para ganarlas.
También puede darse un paso vital, que podríamos denominar consagración. Los dos primeros pasos los ofrece Dios para nuestra aceptación, mientras que en la consagración, nosotros nos damos a Dios:
«Así que, hermanos, os ruego… que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo (consagrado), agradable a Dios, que es vuestro culto racional.» (Romanos 12:1.)
Pablo esta hablando a los «hermanos», a creyentes que son salvos y sin duda bautizados en el Espíritu Santo. La consagración es algo que nosotros hacemos, pero únicamente Dios nos da la capacidad para ello. Significa someter nuestra propia voluntad a Dios en la más alta medida posible para que su perfecta voluntad pueda manifestarse en nosotros y a través de nosotros. Este paso es una respuesta a la oración que dice:
«Venga tú reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (en vasos de barro(2 Corintios 4:7.)” (Mateo 6:10.)
1 Otros términos usados al mismo fin son: entrega, discipulado o dedicación.
Lo que en realidad quiere decir es que debemos permitir a Jesús que sea EL Rey y Señor de nuestras vidas.
«¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?» pregunto el rey David a su pueblo. (1 Crónicas 29:5.) El pueblo de Israel respondió voluntariamente y «de todo corazón»; dieron de sí y dieron sus bienes para la construcción del templo del Señor. A continuación, David elevó una hermosa oración, terminando con las conocidas palabras:
«Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tus manos lo damos.» (1 Crónicas 29:14.)
Nosotros y todo lo que tenemos, pertenece a Dios, pero habiéndonos dado libre albedrío, tiene que esperar a que seamos nosotros quienes le retribuyamos voluntariamente.
Dela manera en que somos salvos cuando por vez primera recibimos a Jesús, y sin embargo nuestra salvación continua día a día; de la manera en que recibimos el Espíritu Santo en un determinado momento, de una vez y para siempre, pero debemos permitirle que nos llene día a día; así también tenemos que efectuar el acto inicial de la consagración, que también tendrá que ser renovado día a día, reuniendo las facetas de nuestra vida que parecieran haberse apartado de él, y juntarlos en el sitio donde deben estar. Muchos hay que han nacido de nuevo y han silo bautizados en el Espíritu Santo, que no se dan cuenta de la necesidad de consagrarse. Y, sin embargo, la consagración es el único camino para una vida plena y victoriosa enCristo.
La consagración se produce, entonces, cuando optamos caminar con Jesús, día a día; significa poner a Jesús en primer lugar en nuestras vidas y caminar con é1. «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mateo ó:33.) Jesús nos ha prometido estar siempre con nosotros, pero el creyente no consagrado pretende que Jesús le acompañe adonde él quiere ir, en tanto que la persona consagrada sigue a Jesús adonde Jesús quiere ir. Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día (someta su propia voluntad cada día) y sígame (Lucas 9:23)
Al llegar a este punto alguien puede plantear lo siguiente: «Todo esto suena muy bonito, pero ¿cómo aprender a hacerlo?» El mejor consejo que podemos dar es que debemos descubrir la diferencia que existe entre alma y espíritu. Ya hemos mencionado la importancia de comprender que no estamos reducidos a dos partes, -alma y cuerpo- como los anímales, sino que conformamos tres partes: espíritu, alma y cuerpo.
El espíritu (pneuma) es la parte mas recóndita de nuestro ser, que fue creado para tener comunión con Dios. Estaba muerto «en delitos y pecados» y cobró vida al hacernos cristianos, y Dios vino a morar justamente allí. Es en nuestro espíritu donde subyace ese conocimiento o testimonio interior de la voluntad de Dios. En la carta a los Colosenses leemos: «Porque en él (Jesús) habita toda la plenitud de la Deidad (Trinidad), y vosotros (los cristianos) estáis completos en él.» (Colosenses 2:9-10.) En el evangelio de Juan, leemos lo que dijo Jesús: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en é1.» (Juan14:16.) ¿Qué más podemos pedir cuando el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en nuestro espíritu? Esta es la parte de nuestro ser denominada «nueva criatura» sitio en el cual nuestro espíritu se ha unido al Espíritu Santo y se han hecho uno solo. (1 Corintios 6:17.) Con frecuencia, esta es la parte más descuidada de nuestro ser, siendo, como es, la mas importante.
El alma (psiquis) es la parte del hombre que lo ha gobernado siempre, desde la caída. Esta compuesta de tres partes: el intelecto la voluntad y las emociones. El alma del cristiano ha llegado a un punto en que puede ser puesta en orden; todavía es una mezcla de bien y de mal. Resulta maravilloso cuando el alma se somete a Dios; pero cuando no lo está, puede bloquear lo que Dios quiere hacer en nosotros y a través nuestro. Si bien el «viejo hombre» fue crucificado con Cristo, todavía quedan restos del desorden que dejó allí desde la época en que dominaba nuestra alma; la tarea de limpieza -en lenguaje bíblico- se llama santificación. ¡Esta esfera es un verdadero campo de batalla! Es el campo del «yo» que Jesús quiere que neguemos.
E1 cuerpo (soma) es el ámbito de los cinco sentidos gusto, tacto, olfato, vista y oído. El cuerpo es la casa donde habitan el alma y el espíritu, y el cuerpo del cristiano pasa a ser el templo del Espíritu Santo. (1 Corintios 6:19) Con el bautismo en el Espíritu Santo el cuerpo se llena hasta rebosar con la gloria de Dios. En tanto nuestros cuerpos -que todavía conservan tendencias a caer- no controlen nuestras vidas, antes bien son controlados por el Espíritu Santo y por nuestro estado de «nuevas criaturas», expresaran la hermosura y el gozo del Señor. Dios tiene sus planes con respecto a nuestros cuerpos físicos, y los ejecutará en la medida en que seamos obedientes a la inspiración del Espíritu Santo y de su Palabra, referidas a su templo. Dios quiere que «seas prosperado… y que tengas salud, así como prospera el alma». (3 Juan1:2.)
Nuestra situación en la vida puede ser comparada a lo que puede ocurrir en un gran trasatlántico. El capitán ha estado gravemente enfermo y durante el prolongado período que duró su enfermedad, no pudo ejercer el comando de la nave. La tripulación, bien entrenada, supo muy bien lo que tenía que hacer y tomó el control. Desgraciadamente, sin conocer ni el destino ni el propósito del viaje, navegan por el Océano sin rumbo fijo. Se suscitan disputas entre ellos, y queda muy poco combustible. Desde el momento en que no conocen el arte de la navegación y por lo tanto como llegar a un puerto, no pueden reabastecerse. ¡La situación se ha tornado grave! Milagrosamente, mejora el capitán, pero se da cuenta que le demandara un tiempo ganar nuevamente el control del buque. De vez en cuando la tripulación le presta atención, pero las mayoría de las veces le dicen «Vea, señor, hemos navegado mucho tiempo sin su ayuda, y sabemos hacerlo. Déjenos en paz.»
Nuestro espíritu, unido al Espíritu Santo, es quien debe -presuntuosamente- gobernar nuestra alma, y nuestra alma sometida debe -también presuntuosamente- gobernar nuestro cuerpo. Pero por mucho tiempo, sin embargo, desde el momento en que nacimos, nuestro espíritu ha estado fuera de acción y nuestra alma y nuestro cuerpo han actuado por su propia cuenta. ¿Qué tiene que hacer el capitán del barco para tomar nuevamente el control? Lo que la tripulación desconoce es que las cosas volverán a la normalidad y todos serán felices, solamente cuando el capitán, con sus mapas y su brújula, y su conocimiento del mar, logre recuperar el control total de la situación. Ademásel capitán también sabe coómo manipular la radio para pedir ayuda y dar indicaciones sobre la posición del barco, solicitando combustible y otros elementos necesarios. La paz y la felicidad volverán a reinar en el barco en el memento en que el capitán retome el control.
Para el cristiano, inmediatamente después de su bautismo en el Espíritu Santo, la presencia de Dios resulta tan real, que no le demanda ningún esfuerzo colocar a Dios en el primer lugar. Está primero en nuestra mente temprano a la mañana, es el tema favorito en nuestra conversación durante el día. Y es e último en quien pensamos antes de retirarnos a dormir. Su espíritu renovado (el capitán) esta por encima de su alma (la tripulación), y el cuerpo (el barco) funciona de acuerdo a las directivas del capitán. Sucede que en algunas personas esta paz y orden duran más que en otras, pero bien pronto el alma comienza a forcejear para recuperar el control que le corresponde. Para que todo se desarrolle en orden, el cristiano tiene que tener una idea bien clara de la diferencia que hay entre su alma y su espíritu. Y esto lo puede saber aplicándose al estudio de las Escrituras.
«La Palabrade Dios es viva y eficaz, y mas cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.» (Hebreos 4:12.)
¿Por qué la Bibliainsiste en la necesidad de establecer una clara división o separación o distinción entre el alma y el espíritu? El alma, como ya lo hemos dicho, es una mezcla de bien y de mal. La Biblia nunca nos dice que debemos caminar o vivir en el alma, pero sí nos repite una y otra vez «andad en el Espíritu», «vivid en el Espíritu», «orad en el Espíritu», «cantad en el Espíritu» ¡Nuestras almas podrán ser limpiadas, curadas, restauradas y utilizadas para la gloria de Dios, en la medida en que aprendamos a caminar en el Espíritu, sometiendo nuestras almas al Espíritu de Dios! Las palabras del salmista David nos parecen apropiadas a este respecto:
«Junto a aguas de reposo me pastoreará; confortará mi alma.» (Salmo 23:2-3.)
De la misma manera que somos tres partes -espíritu, alma y cuerpo- nuestras almas también están formadas por tres partes: intelecto, voluntad y emociones. Nuestro intelecto con forma una de la áreas mas difíciles de nuestra alma, en el intento de someternos a la obra del Espíritu Santo. Pareciera que es el que más hondo ha caído a causa del pecado original, ya que justamente fue el intelecto el que incursionó en las zonas prohibidas por Dios, y por allí entró el pecado en el mundo. Dijo al tentador: «Sabe Dios que el día que comías de él, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:5.)
Y desde entonces el hombre ha vivido de acuerdo a los razonamientos de su intelecto. Desde el primer grado de la escuela primaria se nos ha enseñado que el intelecto es la parte más importante en nuestras vidas, pero la educación no constituye la respuesta completa para cambiar el mundo. (La madre de Dennis solía decir: «¡Si educamos a un diablo, lo más que podremos obtener es un diablo capaz!»). Satanás es un embaucador más hábil que el más hábil de los abogados criminalistas; no nos cabe la menor duda de que podrá engañar nuestro intelecto, si nuestro intelecto es lo único con que contamos. Nuestra mente ha logrado acumular informaciones buenas y malas, verdaderas y falsas, y aun después de la conversión y del bautismo con el Espíritu Santo, toma tiempo efectivizar un cambio. Sin embargo, el intelecto es algo maravilloso siempre que este sometido a Dios y haya sido renovado por el Espíritu Santo.
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos”. Las palabras “transformado” y “transfigurado” provienen del mismo vocablo griego metamorfo, (de donde viene la palabra metamorfosis). “…por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Romanos 12:2.).
También dicen las Sagradas Escrituras: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.» (Filipenses 2:5.)
No aceptemos, como nuestra, cualquier idea que surja en nuestra mente. Debemos investigar su origen preguntándonos a nosotros mismos: ¿Vino de Dios? ¿Vino de mi nueva vida en Cristo? ¿Vino del enemigo? Es preciso que de inmediato eliminemos de nuestra vida losdardos de fuego y la dañina imaginación del enemigo. La tentación no constituye un pecado en sí, pero lo es cuando .nos solazamos con la tentación, que en última instancia nos hará caer en la mala acción. La Biblia dice «Refutando argumentos, y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.» (2 Corintios 10:5.)
El «conocimiento de Dios” es que elcreyente es una nueva criatura, de ahí que sus pensamientos serán sanos y buenos. Todo otro pensamiento que viene del enemigo o de la villa del alma y debe ser resistido. El creyente debe oponerse permanentemente a esos pensamientos desviados (sehará mas fácil el esfuerzo con el correr del tiempo) o, de lo contrario, volverá a su vieja manera de ser. Watchman Nee2 el gran líder chino, dice que hay muchos hijos de Dios que tienen corazones nuevos pero cabezas viejas.
La expresión «refutando argumentos» en el pasaje precedente, significa que es necesaria nuestra cooperación y aquí es donde entra en acción nuestra voluntad. La voluntad es el núcleo del alma, el lugar donde se hacen las elecciones y se toman las decisiones. Es el yo esencial, y ha sido usada para ejercitar la propia voluntad y no la voluntad de Dios. Dios le entregó al hombre una libre voluntad para que libremente pudiera decidir amarle, pero el mal uso que de la libre voluntad hizo el hombre, causó la muerte de Jesús. El libre albedrío fue adquirido por la muerte de Jesús. Dios nunca nos quita el libre albedrío, pero todos los días debemos demostrarle nuestro amor a él, devolviéndole espontáneamente nuestra voluntad. Esto, en otros términos, es la consagración
Dios no tiene ningún interés en que nosotros le obedezcamos como autómatas, porque en ese caso no tendríamos poder de decisión. Todos aquellos que aceptan que Dios se ha revelado en las Escrituras, y especialmente en Jesucristo, saben perfectamente bien que Dios quiere criaturas que voluntariamente desean que el haya dispuesto para ellos. No pierden sus voluntades; conscientemente, activamente, gozosamente, acomodan sus voluntades a la de él, porque sienten y conocen su amor, y porque están respondiendo a su amor. Dios nos dio libre albedrío, es decir, la potestad para elegir, para que pudiéramos amarle libremente y obedecerle también libremente. Dios quiere hijos, no robots. El Padre anhela laobediencia de sus hijos, porque los ama y quiere lo mejor para ellos. Los hijos, a su vez, desean obedecer al Padre, porque le aman.
Jesús, cuya voluntad era sin pecado y, por lo tanto, distinta de la nuestra, sirvió de ejemplo cuando nos dijo: «No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.» (Juan5:30.)
Pudiera darse el caso de tener miedo de someter nuestra voluntad a la de Dios, porque el enemigo nos ha asustado diciéndonos cosas como: «Con toda seguridad que Dios lo obligará a dejar la familia y lo enviará a un país lejano», o «Dios te obligará a pararte en una esquina de tu pueblo a predicar a los transeúntes.» ¡No le prestemos atención!
Debemos dejar sentado con toda claridad en nuestra mente, de una vez por todas, que Dios nos ama, y quiere lo mejor para nosotros; solamente andando de acuerdo a sus planes podremos rendir una vida fructífera, ahora y por la eternidad. ¡No debemos permitir que nada impida que Dios nos dé lo mejor!
También es la voluntad la que controla esa tercera parte de nuestras almas: nuestras emociones. Las emociones son los «sentimientos» del alma. Algunos cristianos tienen emociones que se parecen mucho a ese conocido juego de los niños llamado Yo-Yo. Hoy sienten que son salvos; mañana dudan y sienten que no son salvos. Hoy sienten que Dios los está guiando; mañana no están seguros ni siquiera de si Dios sabe que ellos existen.
Como es obvio, nuestras emociones no son de fiar, y si procuramos guiar nuestras vidas según sus dictados, terminaremos en una total confusión. Hemos hecho mal uso de nuestras emociones en el pasado: arranques de mal humor, cediendo a la autoconmiseración, etc. Nuestras vidas no pueden ser dirigidas por nuestros sentimientos; también ellas son una mezcla del bien y del mal. Debemos manejarnos por el conocimiento interior que nace en nuestros espíritus y en concordancia con la Palabra de Dios. «Los sentimientos no son hechos.» Por supuesto que esto no quiere decir, de ninguna manera, que la vida cristiana deba estar desprovista de emociones, sino que Dios, en esta esfera de nuestra vida, también tiene una tarea que realizar con respecto a la sanidad y a la renovación de nuestro ser.
Si todavía no es una realidad en nuestras vidas, debemos dar ese paso de la consagración, que resulta fácil cuando aprendemos a discernir entre lo que es alma y lo que es espíritu. Es algo que exige nuestro consentimiento y, cuando lo hacemos, se profundiza, y todas las demás cosas ocupan su lugar en nuestras almas. No es pura casualidad que el capítulo cuarto de Hebreos hable de entrar en el reposo de Dios, justamente antes de explicar la necesidad de establecer una clara distinción entre el alma y el espíritu. El reposo es la consecuencia de vivir en el espíritu y no en el alma, pero muchos cristianos todavía tienen que aprender a reconocer esa diferencia. La salvación significa un descanso para el espíritu del hombre. «Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan a la presencia del Señor tiempos de refrigerio.» (Hechos 3:19.) Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» (Mateo 11:28.) El bautismo en el Espíritu Santo significa un rebosamiento de ese descanso que brinda reposo al alma. Isaías lo expresa de la siguiente manera: «Porque en lenguas de tartamudos, y en extraña lengua hablara a este pueblo, a los cuales el dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio…» (Isaías 28:11-12.) El intelecto entra en reposo cuando se somete a Dios, y el hablar en lenguas constituye uno de los medios más importantes para dejar que el Espíritu Santo renueve y refresque nuestras mentes y almas. En la medida en que aprendamos a negar a nuestras almas el derecho de gobernarnos y caminemos en ese reposo con nuestras almas y espíritus sometidos al Señor, podrá Dios eliminar la «madera, el heno y la hojarasca» y establecer todo aquello que tenga valor permanente en nuestras vidas. (1 Corintios 3:12-13.) Jesús dijo: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarles descanso para vuestras almas.» (Mateo 11:29.)
«Llevad mi yugo sobre vosotros.» Cuando uno de los bueyes (nosotros) es guiado por el otro (Jesús) estando ambos bajo el mismo yugo – los dos están sujetos a servidumbre y deben transportar la carga – el buey guía dirige al otro y soporta el mayor peso del trabajo. Cuando empezamos a acusar el peso de la carga, podemos estar seguros que estamos quitándole al Señor la dirección, y debemos retomar el lugar que nos corresponde, es decir, exactamente a la par de él. El peso de la carga puede compararse a un termómetro espiritual para advertirnos que el alma y no el espíritu esta tomando la iniciativa. La pesadez nos está diciendo que nuestras almas no están reposando en Cristo.
Cuidémonos de no volver atrás, a la época en que actuábamos de acuerdo a los dictados de nuestro pervertido intelecto, de nuestras emociones y de nuestra propia voluntad, y en cambio mantengamos vivo el torrente que empezó en nuestro particular Pentecostés; la mente de Cristo que se manifiesta en nosotros, sus emociones fluyendo a través nuestro, y su voluntad cumplida en nosotros.
Esta oración podemos elevarla a nuestro Dios tal cual la transcribimos, o utilizando nuestras propias palabras:
Amado Padre celestial:
Te agradezco por los maravillosos dones de la salvación y el bautismo en el Espíritu Santo. ¡Las palabras son inadecuadas para expresar mi gratitud! Reconozco que estos dones son gratuitos y que me los has dado, no por méritos propios, sino simplemente porque me amas. Ahora quiero darte lo único que tengo para dar… yo mismo. Bien sé que tu voluntad con respecto a mi vida es maravillosa, y te pido que tu perfecta voluntad se cumpla en mí y a través de mi persona, desde hoy en adelante. Ayúdame para que mi voluntad se someta a la tuya y ambas sean una sola voluntad. Pido a tu Hijo, Jesucristo, que venga y ocupe el trono de mi vida para que el reine como Señor.
Sé perfectamente que esto no lo puedo hacer basado en mis propias fuerzas, pero confío en tu potencia y en tu diaria dirección para ayudarme. Gracias, Padre, por escuchar mi oración. ¡Alabado sea tu nombre!
Te lo pido en el nombre del Señor Jesús. Amén.
4 Cosas muy importantes:
1.La Salvación: Juan10:9; Hechos 16:30-31; Romanos 10:9,13; Mateo 9:22; Lucas 7:50; Juan 3:16-17; Lucas 17: 19; 2 Timoteo 1:9; Tito 3:5.
2.Bautismo en el Espíritu Santo: Hechos 1:5, 8; 2:4; Efesios 5:18; Hechos 19:6; 8:17; 9:17; Hechos 10:45-46; 11:16.
3.Consagración, entrega total a Cristo, decidir hacer siempre su voluntad:
Juan 5:30; 8:29; Mateo 26:39; Marcos 14:36; Lucas 22:42; Romanos 12:2; Hechos 13:36; Juan7:17; 9:31; Hebreos 10:7; 10:36; 13:21; 1 Pedro 4:2; 1 Juan2:17. Efesios 5:17; Juan 20:21.
4. Saber el propósito de Dios para su vida, su llamado personal y enfocarse en él sin
desviarse nunca. “Dando fruto con perseverancia”.
Buenas obras. Ya sabemos que las buenas obras no nos dan el rótulo de buenos cristianos, pero laBiblianos dice repetidamente que Dios nos premiara de acuerdo a lo que hayamos hecho. Amar al prójimo como a nosotros mismos significa alimentarlo cuando esta hambriento, vestirlo cuando le falte ropa, visitarlo cuando esta enfermo o en la prisión. Y, tal cual lo explicó Jesús, nuestro prójimo no se reduce a nuestro vecino, sino a cualquier persona necesitada que recurra a nosotros. El apóstol Santiago afirma que es una burla decirle a alguien que tiene hambre y frío: ¡Dios te bendiga! ¡Caliéntate! ¡Aliméntate!», si no hacemos algo para ayudarlos.
La acción social de cristiano, de lo cual tanto se habla hoy en día, se reduce, en pocas palabras, a la acción del cristiano en el mundo dondequiera se encuentre. No se supone que la iglesia, como organización, se transforme en un factor de poder político, pero los cristianos deben interesarse en la política, y traer sus convicciones con ellos. La iglesia, como organización, no debe intervenir directamente en las diferencias entre capital y trabajo, pero los cristianos que sean dirigentes en el campo del capital y del trabajo, deben participar con sus convicciones cuando se plantean las confrontaciones de los dos campos. El comerciante que está en Cristo, tratará a sus empleados como los trataría Cristo, y los empleados cristianos rendirán su jornada de trabajo como lo haría Jesús. La base de una verdadera «acción social» es actuar según la premisa establecida en 1 Juan 4:17: «… como él es, así somos nosotros en este mundo.»
En compañía de toda la familia debemos participar colaborando con la obra de Dios sobre bases más amplias aun, ayudando al sostén del campo misionero, ayudando en los proyectos de la iglesia local, etc. Por supuesto, debemos contar con el Señor, quien nos dirigirá en todas estas cosas, pero que el «esperar en el Señor» no se convierta en una excusa para no hacer nada. El hacerla constituye una parte vital de nuestra vida y testimonios cristianos.
Cooperando con Dios. La palabra cooperar significa simplemente «trabajar juntos», y la Escritura nos dice que Dios quiere que seamos colaboradores con él. (1 Corintios 3:9: 2 Corintios 6:1.) Todo esto quiere decir que si bien Dios nos ha creado como seres libres, él está pendiente de nuestra colaboración para introducir su amor al mundo.
El Señor Jesús no escribió ningún libro, pero el más importante de todos los libros del mundo escribe sobre él; nunca viajó más allá de unos pocos kilómetros de su lugar de nacimiento, y sin embargo trazó un plan para alcanzar los lugares mas remotos del mundo. Después de limpiarlos de sus pecados, llenó a sus seguidores con el amor, el gozo y el poder de Dios, y los envió para derramar ese gozo, ese amor y ese poder sobre otros y decirles que ellos también podían ser perdonados y llenados de la gloria y del poder de Dios. En esto consisten las buenas nuevas, el Evangelio, y las personas que lo escuchan y lo aceptan forman parte del pueblo de Dios, la Iglesia.
Es un método notablemente eficaz, pues si una persona recibe hoy a Cristo, y al mismo tiempo recibe un mayor poder para testificar recibiendo el bautismo en el Espíritu Santo, y mañana ayuda a otros dos a recibirlo, asegurándose de que estos también sean bautizados en e1 Espíritu Santo, y a su vez esas dos personas alcanzan a cuatro en el día subsiguiente, y esos cuatro ganen a ocho, y se continúa en esa progresión geométrica, en un mes, es decir en treinta y un días se habrán alcanzado y ganado para el reino de Dios, !mil millones de personas!1
1Esta multiplicación extraordinaria se daría en el caso de que cada cristiano ganara solamente dos personas para Dios durante toda su vida. Como es de imaginar, un cristiano que cuenta con el poder de Dios debería orar pidiendo 1a oportunidad de testificar por Cristo todos les días, para que durante su existencia centenares de personas fueran ganadas para Cristo
Este es el principio sobre el cual se basó Jesús para alcanzar al mundo: cada persona contándole a los demás, y ellos, a su vez, a otros, hasta que sean millones los que estén llenos de la gloria de Dios en toda la redondez de la tierra. Este plan de acción ha sido iniciado una y otra vez, y luego ha fracasado, debido a la infidelidad y a lo olvidadizo del ser humano, y ala confusión y a las desviaciones provocadas por el enemigo. Pero mayormente el fracaso se ha debido a que el mensaje fue transmitido solo parcialmente: perdón sin poder. Hoy en día. sin embargo, nuevamente es proclamado el «Evangelio completo», no solamente el hecho esencial de que Dios perdona y ama a su pueblo, sino que al hacerlo les da poder para ganar a otros. El plan de Dios es que millones de hombres y mujeres, y también de niños, en todo el mundo, sean portadores de su mensaje de amor, perdón, sanidad y poder para toda la humanidad.Estamos viviendo la era del reavivamiento de la iglesia, ¡y es algo tan emocionante! En todo el mundo la gente está descubriendo qué maravilloso es hablar a los demás sobre Jesús y el poder del Espíritu Santo, ¡y sabemos que el plan de Dios no fracasará! Bien pudiera ser este el último avivamiento antes de la venida del Señor. Esperamos y oramos para que este libro ayude a muchos a cooperar con Dios y que, como hijos y colaboradores seamos llenados, hasta rebosar, con su gran gozo.
Sostén económico de Dios para sus ministros y su pueblo.
1. ¿Cómo se sostenía Jesús económicamente?
Lucas 8: 1-3. Mujeres le servían de sus bienes (a El y a los apóstoles) Juana. Lucas 24:10. (Fue una de las tres que fueron al sepulcro) (Fue fiel hasta el fin).
Elías: Había una viuda que lo sustentó, por orden de Dios. 1 Reyes 17:8-24. Dios lo envió allí porque conocía el corazón de esa mujer y luego la bendijo resucitándole al hijo.
2. 1 Corintios 9:14: Dios ordenó que los que anuncian el Evangelio, que vivan del Evangelio.
3. ¡Es un trabajo! ¡El más importante! y Dios les da el salario a través de su pueblo. (Su pueblo debe saber esto y ponerlo en práctica, para que todos sean bendecidos). 1 Timoteo 5:17; 1 Corintios 9:13-14; 16:16; Hebreos 13:17.
Jesús los envía y no les hace faltar nada. Lucas 9:3; 22:35. ¿Les faltó algo?:NADA. El utiliza a personas para sostener a sus ministros y a su vez bendice abundantemente en su economía a los que ayudan.
4. Si reciben bienes espirituales (Salvación, sanidad, el cielo, la vida eterna, consejos, oraciones, paz, felicidad, trabajo etc.) deben ministrar de los materiales. Romanos 15:27: 1 Corintios 9:11.
5. El obrero es digno de su salario. Lucas 10:7; 1 Corintios 9:7-11, 13-14.
6. Actitud de un siervo de Dios: 2 Corintios 12:15.
7. Deuteronomio 14:27. No desampararás al levita.
8. 1 Timoteo 5:17. Los que TRABAJAN en predicar y enseñar. Reconozcan a los que trabajan (en las cosas espirituales) y os presiden en el señor y os amonestan.
1 Tesalonicenses 5:12.
¿Quién fue soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come de su fruto? 1 Corintios 9: 6-7.
9. Función de los hombres de Dios: Orar y predicar (las principales) Hechos 6:4; 13:2. (Hacen muchas más cosas pero deben enfocarse en lo espiritual) en la obra para lo cual los llamó Dios para poder guiar bien al pueblo de Dios. Y el pueblo de Dios para recibir buen alimento espiritual debe dar (por orden de Dios) lo material para sostener a los ministros de Dios.
10. Dios los llamó a eso y deben obedecer. Hebreos 5:4; 1 Corintios 9:16 ¡Ay de mí sino anunciare el evangelio!
11. Cuando no lo ayudaban económicamente, Pablo se veía obligado a suspender la predicación y trabajaba un poco en algo secular pero en seguida: Hechos 18: 1-5.
12. Dios hace milagros económicos. Los cuervos de Elías. 1 Reyes 17:6. La multiplicación de los panes y peces. Juan 6:9. La multiplicación del aceite de la viuda. 2 Reyes 4:2-6. El Estatero. Mateo 17:27.
Levítico 18:5; 25:21. Yo enviaré mi bendición en el año sexto y habrá fruto por 3 años.
13. Hay quienes reparten y les es añadido más. Proverbios 11:24-25.
14. Dad y se os dará, medida buena… Lucas 6:38. Hechos 20:35 Más bienaventurado es dar que recibir.
15. Mateo 6:33. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas serán añadidas por Dios.
16. No te olvides nunca que es Dios el que te da el poder para prosperar y hacer riquezas. Deuteronomio 8:18. El mira tu corazón si está en apoyar la obra de Dios o no. La viuda que dio todo. Marcos 12: 42-44.
17. Diezmo. Malaquías 3:10-12; Mateo 22:23. (Sin dejar de hacer aquello)
18. Filipenses 4: 19.Mi Dios pues suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria. (Les dijo eso a los Filipenses que eran los que siempre ayudaban y contribuían para sostener a los obreros para que prediquen y sean salvas muchas personas. 2 Corintios 11: 8-9; 8: 1-5.Macedonia o sea Filipos (los filipenses). 1 Crónicas 29:11-17; Filipenses 4: 10-11,14-17;
19. Porque todo es tuyo y de lo recibido de tu mano te damos. 1 Crónicas 29:14.
20. Debemos dar lo mejor Génesis 4:4; Hebreos 11:4. Abel dio lo mejor y por toda la eternidad se hablará de eso. Malaquías 1:7-8,13-14. (Ellos daban lo peor).
21. Ejemplos de personas fieles. Isaac: Génesis 26:13; Ezequías 2 Crónicas 31:21.
22. Dios dijo a Josué: Josué 1:7.
23. Sal 23. El Señor es mi Pastor nada me faltará.
24. Hebreos 13:5-6. No te dejaré ni te desampararé. Sean vuestras costumbres sin avaricia..El Señor es mi ayudador no temeré..
25. No he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan.
Salmo 37:25.
26. El que confía en sus riquezas caerá. Proverbios 11:28
27. No pongan la esperanza en las riquezas pues son inciertas, sino en el Dios vivo que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 1 Timoteo 6:17.
28. Salmo 128:2; Cuando comieres el trabajo de tus manos bienaventurado serás y te irá bien. 2 Tesalonicenses 3:12-13. Trabajando sosegadamente…no se cansen de hacer bien.
29.A) Eclesiastés 5:19-20; B) 6:2. Asimismo a todo hombre a quién Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios…Sea usted como en el caso A) teniendo (al ser generoso), sustento, gozo y alegría de parte de Dios.
30. 1 Corintios 16:2; cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según lo que haya prosperado.
Debemos tener esta actitud Salmo 67:1-2 (Pide bendiciones para salvar personas y honrar el nombre de Dios). Proverbios 11: 24-25.
Eres uno se mis soldados de la última batalla; has sido escogido para vivir en estos tiempos.
Eres un soldado en preparación y entrenamiento para la última batalla: La de la gran cosecha final con señales prodigios y milagros.
(Daniel 12:1) pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro (De la vida).
Debes conocer “los poderes del siglo venidero” ya que eres mensajero de aquella era.
Y conocer el “Evangelio de mi Reino”.
(Mateo 24:14)
Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.
(Marcos 1:14)
Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del Reino de Dios,
(Marcos 1:15)
diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
(Hebreos 6:4)
… fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,
(Hebreos 6:5)
y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero…
Desea los dones de mi Espíritu Santo y ¡pídemelos!
En los tiempos finales deberán ser como yo (Jesús).
(1 Corintios 12:1)
No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.
(1 Corintios 12:7)
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
(1 Corintios 12:31)
Procurad, pues, los dones mejores.
(1 Corintios 14:1)
Seguid el amor; y procurad los dones espirituales…
(1 Corintios 14:12)
Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.
(1 Corintios 14:13) Pida más de lo que tiene ahora.
Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla.
(1 Corintios 14:25) Si los dones del Espíritu Santo están funcionando en la iglesia sucederán estas cosas cuando venga alguien que no conoce el cristianismo:
lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.
(1 Corintios 14:31) Los dones son para todos.
Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados.
(1 Corintios 14:39)
Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas;
Debes además de conocer mi mente, caminos y propósitos, debes conocer mi corazón,
Entonces verás como yo veo y harás lo que yo hago.
La mayoría de los cristianos no se consideran un evangelista y ni piensa en ser un ganador de almas, piensa que eso es para unos pocos hombres “dotados” o “capacitados” para esa tarea: esta es una gran mentira del diablo, porque CADA CRISTIANO ES UN EVANGELISTA Y UN MISIONERO EN EL LUGAR DONDE ESTA, EN SU ENTORNO: (TRABAJO, FAMILIA, CLUB, IGLESIA, CIRCULO SOCIAL, ETC).
Cada creyente ha sido llamado a cumplir la gran comisión (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-18,20) de nuestro Señor Jesucristo y en él (en cada cristiano verdadero) reside el poder más grande del universo que es el poder del Espíritu Santo o sea el mismo poder que residía en N.S.Jesucristo cuando estaba en la tierra. (Lucas 4:14; Hechos 1:8; 2-4)
Jesucristo nos mandó a todos a llevar las buenas nuevas del evangelio a “nuestra manera” es decir con los dones, capacidades, forma de ser de cada uno, que es diferente a la de otro cristiano.
Cada uno de los cristianos tiene algo único que ofrecer al mundo, y un testimonio de la obra de Jesucristo en nosotros que podemos compartir de la manera que a nosotros nos parezca más cómoda o apropiada, según nuestra forma de ser.
Nosotros somos testigos de lo que Cristo ha hecho en nuestras vidas al mundo que nos rodea.
Desarrolla naturalmente y sin presiones tu propio estilo de evangelismo, uno que sea acorde a tu personalidad y que se ajuste a tu forma de ser como un guante.
Vas a descubrir los milagros que Dios puede hacer a través tuyo (porque no hay nada que sea imposible para Dios), vas a descubrir la importancia de compartir tu fe (a tu manera) y los tremendos resultados milagrosos que sucederán en las vidas y personas que Dios pone cerca de ti.
Al comprobar esto (y mucho más) serás motivado aún más, al ver como Cristo hace las obras a través tuyo y El se revelará más y más a tu vida, guiándote de una manera que nos esperabas, a las almas perdidas y enfermas y verás como El las salva y las sana de una manera extraordinaria. Entonces te convertirás en un “cristiano normal” que cumple la gran comisión con milagros y en el poder del Espíritu Santo para ganar hombres, mujeres y niños para el Reino de Cristo.
RECUERDA: CADA CRISTIANO ES UN EVANGELISTA Y UN GANADOR DE ALMAS EN EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO Y
¡TU ERES UNO DE ELLOS!
Esta es la tarea que realizó Cristo (Marcos 1:14-15) es lo más importante en que podés ocupar tu vida y lo único que tiene resultados y recompensas eternas. (Marcos 5:19-20; Marcos 8:36).
(Marcos 1:14)Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
(Marcos 1:15)diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.
(Marcos 5:19) Esto lo hacía un hombre que Jesús lo liberó de una legión de demonios.Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
(Marcos 5:20)Y se fue, y comenzó a publicar en Decápolis cuán grandes cosas había hecho Jesús con él; y todos se maravillaban.
(Marcos 8:36)Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?
(Marcos 8:36)¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?
(Mateo 28:18) ESTO ES PARA TODOS LOS CREYENTES.
Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
(Mateo 28:19)Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
(Mateo 28:20)enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
(Hechos 5:42) EVANGELIZAR ERA Y DEBE HECERSE NATURALMENTE MIENTRAS UNO VIVE Y HACE LAS COSAS DIARIAS.
Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.
(Hechos 8:4) DONDE IBAN HABLABAN ESPONTANEAMENTE Y GUIADOS POR EL ESPÍRITU SANTO.
Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.
(Hechos 6:8)Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.
(Hechos 2:42)Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, (DISCIPULADO) en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
(Hechos 2:46) Vivían la vida cristiana “normal” mientras evangelizaban “naturalmente”
Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
(Hechos 2:47)alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. (Aún los inconversos los amaban).
Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
(Hechos 3:6) Pedro compartió lo que tenemos tú y yo como cristianos.
Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
¡VE Y HAZ TÚ LO MISMO PORQUE JESUCRISTO VIVE EN TÍ!
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Dios es para todos y ama a todos.