Caminando en esta vida con Jesús:
Mucha gente vive preocupada angustiada y sin paz. Pero Jesucristo resucitó y está al lado suyo aunque usted no lo vea. Eso mismo pasó en varios casos registrados en la Biblia:
Lucas 24:15. Dos hombres que iban de camino a Emaús. Iban discutiendo entre si con tristeza, pero Jesús estaba a su lado y no lo reconocían. Jesús les pregunta: ¿Por qué están tristes? Ellos estaban tristes por la muerte de Jesús, pero El estaba resucitado al lado de ellos. Muchas veces estamos tristes por cosas que ya están solucionadas, y también tenemos al lado nuestro al Dios Todopoderoso que venció a la muerte, para solucionar cualquier problema o situación y ayudarnos.
Marcos 6:50 Estaban en una tormenta y ellos no reconocían a Jesús, pensaban que era un fantasma solamente, (así nos pasa a veces) pero Jesús es real y calmó la tormenta.
Jesús les dice ¡Tened ánimo yo soy, no teman!
Marcos 4:35-41 Los discípulos de Jesús están en otra tormenta y les pasa lo mismo, ellos eran pescadores y expertos en el mar, pero no pudieron hacer nada y llamaron a Jesús. Jesús se levantó (pues estaba durmiendo), (hoy no duerme) y calmó la tormenta.
Jesús les pregunta: ¿Por qué están así amedrentados?. En Mateo 8:26 Jesús les dice ¿por qué teméis?. Debemos recurrir a El y confiar siempre en el Cristo resucitado.
S. Juan 20:11-20 Es el caso de María Magdalena que sufría y lloraba por la muerte de Jesús, pero El estaba al lado de ella (y tampoco lo reconoció) Jesús le pregunta: ¿Por qué lloras? Y ella le reconoce y se le van todas las penas y preocupaciones. Mas adelante los discípulos están con miedo, pero Jesús se les aparece y les dice ¡Paz a vosotros! (los calma y los envía a predicar).
Jesús dijo, (luego de resucitar) en Mateo 28:20. ¡Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo! Jesucristo es el mismo siempre.
Un ciego fue sanado por Jesús en Marcos 10:46-52. Así nosotros también debemos levantarnos, dejar la ceguera espiritual, las debilidades y seguirle a El, a Jesús, que es el todopoderoso.
La palabra de Dios dice que luego: Seguía a Jesús en el camino.
¿Pero como hacemos hoy para seguir a Jesús y que El esté con nosotros todo el tiempo?:
- Debemos arrepentirnos de todos nuestros pecados: Mateo 4:17; Marcos 1:5; Hechos 3:19.
- Debemos creer en su obra a favor de nosotros en la cruz.: El pagó allí nuestra deuda con Dios. 1 Pedro 2:2; 1 Pedro 3:18; Hebreos 10:14; Juan 3:16-17.
- Debemos recibir a Jesús en nuestro corazón invitándole a entrar en nuestra vida con una oración: Apocalipsis 3:20; Juan 1:12.
ORACIÓN: Dios mío te pido perdón por todos mis pecados, te doy gracias querido Jesús porque moriste por mí en la cruz y pagaste allí mi deuda con Dios. Abro en este momento la puerta de mi corazón y te pido que entres en mi vida y me des tu Espíritu Santo. Te recibo ahora como mi Salvador, como mi Señor y como mi Rey. Muchas gracias Jesús. Amén.
Si usted ha hecho esta oración de todo corazón ha sido:
1. Perdonado: Efesios 4:32; Colosenses 2:13; 3.13.
2. Fue hecho un hijo de Dios: 1 Juan 3:2; Juan 1:12
3. Jesucristo vive en usted lo mismo que su Espíritu Santo: Gálatas 2:20; 2 Corintios 13:5;
1 Corintios 3:16; 6:19
4. Usted tiene vida eterna y es salvo:1 Juan5:11-13; Mateo 9:22; 2 Timoteo 1:9; Tito 3:5
5. Y estará desde ahora y para siempre con Jesús: 1 Tesalonicenses 5:9-10; Filipenses 3:20-21.
Juan 12:26; Juan 11:24-26; Juan 10:27-29; Juan 17:24.
¿Que debo hacer ahora?:
1. Seguir a Jesús: Marcos 2:14; Juan 1:43.
- Orar: Juan 16:23-24; Mateo 6:6-8; 7:7-11. Efesios 6:18; Colosenses 1:3; 4:2-4.
- Leer la Biblia (la palabra de Dios): Juan 5:39; Mateo 4:4; 2 Timoteo 3:15:17
- Contar a otros lo que Cristo hizo en usted: Marcos 5:19-20; Marcos 16:15
- Congregarse (asistir a la Iglesia que Dios le guíe): Hebreos 10:25
- Hacer el bien: Hebreos 13:16
- Brillar y ser un misionero en su entorno: es allí donde debe ser luz para que otros reciban la salvación provista por Jesús y le sigan a El. Mateo 5:14-16.
Cosas muy importantes:
1. La Salvación: Juan 10:9; Hechos 16:30-31; Romanos 10:9,13; Mateo 9:22; Lucas 7:50; Juan 3:16-17; Lucas 17: 19; 2 Timoteo 1:9; Tito 3:5.
2. Bautismo en el Espíritu Santo: Hechos 1:5, 8; 2:4; Efesios 5:18; Hechos 19:6; 8:17; 9:17; Hechos 10:45-46; 11:16.
3. Consagración, entrega total a Cristo, decidir hacer siempre su voluntad:
Juan 5:17; 19-20; “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace también lo hace el Hijo igualmente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que El hace”. Juan 5:30. No puedo yo hacer nada por mi mismo;…no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. Juan 6:38; 8:29; 14:31; Mateo 26:39; Romanos 12:1-2; Juan 7:17; 9:31; Hebreos 10:7; 13:21; 1 Pedro 4:2; 1 Juan 2:17. Efesios 6:6. “Como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios”. Juan 20:21 (en dependencia total de mi).
4. Saber el propósito de Dios para su vida, Efesios 5:17 “Sean entendidos de cuál sea la voluntad del señor”; Salmo 138:8; Hechos 13:36 (David) “Sirvió según la voluntad de Dios”; su llamado personal 1 Timoteo 2:7;(Pablo sabía lo que era) 2 Timoteo 1:11; Gálatas 2:7 (y cual era su área de trabajo) Hechos 22:21, y enfocarse en él sin desviarse nunca. Filipenses 3:13-14; Nehemías 6:3. “Dando fruto con perseverancia”. Lucas 8:15.
5. Viviendo en intima comunión con Jesús (como Jesús con el Padre). Juan 1:18 VP “Nadie ha visto jamás a Dios; el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quién nos lo ha dado a conocer” Ahora el vive en nosotros y debemos vivir en íntima comunión con El y darlo a conocer al mundo. Fuimos creados para tener comunión con Dios. 1 Corintios 1:9 (Jesús) 1 Juan 1:3 (Jesús y el Padre) 2 Corintios 13-14. (El Espíritu Santo). Salmo 25:14; Proverbios 3:2. (Dios). 1 Tesalonicenses 5:10; 4:17.
6. Viviendo en el reino de Dios. Col 1:13. 1 Tesalonicenses 2:12; Lucas 17:21; Mateo 10:7; 12:28; Esperando su segunda venida, Mateo 16:28; Juan 14:3 trabajando en la cosecha final. Mateo 24:14; y brillando en su lugar. Mateo 5:16.
7. El propósito final de Dios es conformarnos a la imagen de Cristo. Romanos 8:29; Efesios 4:13. Y prepararnos para reinar con El. Apocalipsis 5:10; 1:6;
2 Timoteo 2:12; Lucas 22:29-30.
Hechos 22:14-15
1 Corintios 15:58; Apocalipsis 22:12.
Le pido por favor, que busque las citas en su Biblia (y las lea) para comprender mejor el mensaje. Muchas gracias.
ORACIÓN:
Querido Dios: Te doy gracias por amarme tanto, quiero estar contigo por toda la eternidad y disfrutar de tu presencia y amistad ahora y para siempre.
Gracias porque enviaste a tu Hijo Jesucristo a morir por mí en la cruz para pagar mi deuda contigo. Tomo hoy la decisión de arrepentirme de todos mis pecados y te pido perdón por cada uno de ellos.
También tomo la decisión de recibir a Jesús como mi Salvador, Señor y Rey.
Muchas gracias por ser un hijo tuyo y tener ahora tu Espíritu Santo. Te pido que me llenes de él. Recibo ahora el Bautismo con el Espíritu Santo.
También Señor hoy te entrego todo mi ser: espíritu, alma, y cuerpo a ti, para que hagas siempre tu voluntad en mi vida, te ruego que con tu poder me des la capacidad y la fuerza para cumplirla. Quiero hacer siempre lo que te agrada, hacer tu voluntad y cumplir con el plan que tienes para mi persona. Hazme conocer tus planes y propósitos que tienes para mí, quiero seguirte y caminar en yugo contigo.
Quiero caminar muy cerca de ti, para poder oír tu voz y hacer lo que tú quieres que haga. Quiero ser tu colaborador, que trabajemos juntos y ser tu mejor amigo. Señor gracias por ser parte de tu Reino maravilloso y vivir ya en él. Trabajaremos juntos, salvando y guiando almas en la gran cosecha final, esperando el momento en que vengas a reinar literalmente en la tierra, siendo luz en mi entorno y un misionero en mi lugar. Me entrego a tu voluntad, a la guía de tu Espíritu Santo y a tu disciplina, para que me hagas más y más como eres tú. Gracias por todo lo que tienes preparado en el cielo para mí y por tus recompensas eternas.
Gracias porque mi nombre está escrito en el cielo y sobre todo por tu amistad, compañía, amor y protección. Muchas Gracias Dios mío. Amén.
No hay una bendición más grande, ni un propósito mayor en este mundo que ser un hijo de Dios y trabajar junto con El, siendo su colaborador y su amigo. Esto dura para siempre.
Dios le bendiga mucho:
Predicador Gustavo Isbert
Diplomado en Teología
Calle 21 Nº 1563 e/ 30 y32
Miramar BsAs
www.elcieloesunlugar.com.ar
unmensajecristiano7@yahoo.com.ar
Cómo llegar a ser un Cristiano:
Usted debe saber que Dios le ama y aprender acerca de su amor hacia usted.
1 Juan 4:9-10; Juan 3:16-17;
Le pido por favor, que busque todas las citas en su Biblia y que las lea meditando en ellas.
También debe saber y admitir que somos pecadores y que el pecado nos separa de Dios.
Isaías 59:2; 53:6; Romanos 3:23.
El pecado nos mantiene apartados de Dios. Romanos 6:23.
Pero… Dios perdona el pecado.
Cuando usted reconoce que ha pecado y sinceramente le pide a Dios que le perdone. ¡El le perdonará!. Marcos 3:28; 1 Juan 1:9.
Pero hay más:
Dios quiere que usted viva en un estado de perdón, es decir justificado de sus pecados, Lucas 18:14; Romanos 3:24; 5:1; 1 Corintios 6:11; y libre de condenación, Romanos 8:1; teniendo la vida eterna, 1 Juan 5:11-12 y siendo salvo Mateo 9: 22.
Alguien preguntó una vez ¿Qué debo hacer para ser salvo? La respuesta es: ¡Cree en N.S.Jesucristo y serás salvo! Hechos 16:30-31.
Se debe creer en la obra expiatoria de Cristo en la cruz y en su valor eterno.
El es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan 1:29;
1 Juan 3:5.
El murió en nuestro lugar y pagó nuestros pecados en la cruz.
1 Pedro 2:24; 3:18; Isaías 53: 5-6.
Jesús murió para que todos los hombres sean salvos y quiere que estén en el cielo con él por toda la eternidad.
1 Timoteo 2: 4-6. 1 Tesalonicenses 5: 9-10; 2:12; 4:16-17; Juan 17:24; Juan 12:26.
Usted llega a ser un Cristiano cuando acepta a Jesús como su salvador y le recibe en su corazón.
Juan 1:12; Apocalipsis 3:20; Romanos 10: 13,12.(Lea en ese orden).
Somos salvos por su vida en nosotros.
1 Juan 5:11-12; Romanos 5: 8-10.
Lea: Juan 10:27-29; Hebreos 7: 24-27; 8:12; Hebreos 10:12, 14, 10, 17;
1 Juan 3:2.
Es muy importante que usted haga de todo corazón esta oración:
Querido Dios: Gracias por tu gran amor hacia mí. Gracias porque me amaste tanto que enviaste a tu hijo Jesucristo para que muriera en mi lugar en la cruz. Dios mío, te pido perdón por todos mis pecados y creo en la obra expiatoria realizada por Jesús en el calvario.
Abro ahora la puerta de mi corazón y pido a Jesús que entre en mi vida, le recibo como mi Salvador, Señor y Rey. Dios mío te ruego me des tu Espíritu Santo. Gracias porque me has perdonado de todos mis pecados, porque ahora tengo a Jesús en mi corazón y tengo la vida eterna. Gracias porque ahora soy verdaderamente un hijo de Dios. Amén.
Dios le bendiga mucho: 1 Juan 1:4; Filipenses 1:8.
Predicador Gustavo Isbert
Diplomado en teología
Calle 21 Nº 1563 e/30 y 32
Miramar BsAS
www.elcieloesunlugar.com.ar
unmensajecristiano7@yahoo.com.ar
UN MENSAJE CRISTIANO
¿Sabe usted cuanto le ama Dios?
El le amó desde antes de la fundación del mundo.
Efesios 1:4; Mateo 25:34.
Le formó con mucho amor en el vientre de su madre: Salmo 139:13,15-16. Le dió el espíritu, el alma y un cuerpo. 1 Tesalonicenses 5:23.
El le sigue amando y demostrando ese amor de muchas maneras.
Mucha gente no se da cuenta de que Dios los ama, por eso el apóstol Pablo (entre otros) oró para que puedan conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento. Efesios 3:19.
Jesús dice: “Como el Padre me ha amado a mí (de una manera infinita) así yo los he amado a ustedes. Juan 15:9.
Y Dios nuestro Padre, nos ama a nosotros como ama a Jesús, de la misma forma y con la misma intensidad que lo ama a El. Juan 17:23; Juan 20:17.
Dios demostró ese amor tan grande al enviar al mundo a lo que más quería (a Jesús) para pagar nuestra culpa de pecado en la cruz (con su muerte en lugar de nosotros), de esa manera podemos tener vida eterna y estar en el cielo por toda la eternidad. 1 Juan 4:9-10.
El era sin pecado y era “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
1 Pedro 2:22; Juan 1:29; 1 Pedro 2:24.
El justo (Jesús) murió en lugar de nosotros los injustos para llevarnos a Dios. 1 Pedro 3:18.
La palabra de Dios la (Biblia) nos dice que aquellos que se arrepienten de sus pecados, toman la decisión de seguirle y obedecerle, y reciben a Jesús como salvador, esos son hechos hijos de Dios.
Juan 1:12; Hechos 3:19; 10:43.
Todos nosotros tenemos pecados y el resultado de vivir en pecado es la muerte eterna. Romanos 6:23, 22, pero Jesús murió por nosotros y en la cruz pagó todos y cada uno de ellos. Isaías 53:6; Colosenses 2:13.
Nosotros merecíamos la muerte eterna, estar separados de Dios para siempre, pero Dios nos amó tanto que nos da la vida eterna cuando invitamos a Jesús que entre en nosotros.
Apocalipsis 3:20; Efesios 2:4-5.
Cristo pagó el pecado del mundo en el momento que murió en lugar de todas las personas en la cruz. Hebreos 9:26; 10:10, 12, 14.
El también resucitó y vive para siempre. Hebreos 7:24-27.
¿Cuanto nos amó y ama Dios, no? ¡Y además siempre Jesús está intercediendo por nosotros!. Romanos 8:34; Hebreos 7:25.
¡Todo esto es maravilloso! ¿No le parece que si Dios Padre y Dios Hijo nos aman tanto y quieren que estemos con El para siempre, no deberíamos poner nuestra vida en sus manos y dales gracias? Juan 17:24; Juan 12:26.
Si quiere, puede orar de todo corazón esta oración:
Querido Dios y Padre:
Te pido perdón es este momento por no haberme dado cuenta de cuánto me amas. También me arrepiento de todos mis pecados. Gracias querido Jesús porque moriste en mi lugar en la cruz, para que yo, al aceptar tu regalo de la salvación, pueda ser tu hijo y estar en el cielo para siempre.
En este momento tomo la decisión de seguirte, y te recibo como mi Salvador, Señor y Rey.
Te pido que ahora entres en mi corazón y me des tu Espíritu Santo.
Muchas gracias Señor porque me perdonaste, entraste en mi vida, me diste vida eterna y ahora soy verdaderamente un hijo tuyo. Amén
Apocalipsis 3:20;1 Juan 3:1-2; 1 Juan 5: 11-13; Efesios 2:8-9; Hechos 5:32.
(Le pido por favor, que busque estas citas en su Biblia y las lea. ¡Se va a sorprender!)
Dios le bendiga mucho:
Predicador Gustavo Isbert
Diplomado en Teología
Calle 21 e/30 y 32
Miramar BsAs
www.elcieloesunlugar.com.ar
¿Que es ser un CRISTIANO?
Esto ha sido escrito para aquellos que han abierto la puerta de su vida a Jesucristo. Se han entregado a él. Han comenzado así la vida cristiana. Por eso ahora vamos a ocupamos de qué significa ser cristiano.
El paso que diste fue sencillo: invitaste a Cristo a que entrara a tu vida como tu Salvador y Señor. En ese momento sucedió algo que sólo puede describirse corno un milagro. Dios -sin cuya gracia no hubieras podido arrepentirte ni creer- te dio una vida nueva. Naciste de nuevo. Fuiste hecho hijo de Dios e ingresaste a su familia. Tal vez no estés consciente de lo que sucedió así como no estuviste consciente de tu nacimiento físico. La autoconciencia -el darse cuenta de qué y quién es uno- es parte del desarrollo personal. Sin embargo, cuando naciste surgiste como una personalidad independiente; así también cuando naciste de nuevo fuiste constituido espiritualmente una nueva criatura en Cristo.
Pero, podrás preguntarte, ¿no es Dios padre de todos los hombres? ¿No son todos los hombres hijos de Dios? ¡Sí y no! Ciertamente Dios es el Creador de todos los hombres y consecuentemente todos son su "linaje",1 en el sentido de que derivan de él su existencia. Pero la Biblia claramente distingue entre esta relación general de Dios con la raza humana -la relación del Creador y sus criaturas- y la relación especial de Padre a hijo que él establece con quienes pertenecen a su nueva creación por medio de Jesucristo. Juan explica en el prólogo de su Evangelio cuando escribe:
Vino (Jesús) a su propio mundo, pero los suyos no lo recibieron. Sin embargo, algunos lo recibieron y creyeron en él; a éstos les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. No son
como los hijos de padres humanos, que nacen conforme a la naturaleza humana o por el deseo de algún hombre, sino que son hijos de Dios.2
Los hijos de Dios son los que han nacido de Dios; los que han nacido de Dios son los que han recibido a Cristo en su vida y han creído en su nombre.
¿Qué significa, entonces, ser "hijo de Dios" en este sentido? Como en cualquier otra familia, los miembros de la familia de Dios tienen sus privilegios y responsabilidades. Debemos examinarlos.
Privilegios cristianos
El privilegio singular de la persona que ha nacido de nuevo en la familia de Dios consiste en su relación con Dios. Consideremos la misma desde esta perspectiva.
Una relación íntima
Ya vimos antes en otros estudios, que nuestros pecados nos tenían alienados de Dios, se habían constituido en una barrera entre nosotros. En otras palabras, estábamos bajo la justa condenación del Juez de toda la tierra. Pero ahora, por medio de Jesucristo que llevó nuestra condenación y a quien estamos unidos por la fe, hemos sido "justificados", es decir, aceptados por Dios y declarados justos. Nuestro Juez ha pasado a ser nuestro Padre.
"Miren cuánto nos ama Dios el. Padre, que se nos puede llamar hijos de Dios, y lo somos", escribe Juan.3 "Padre" e "Hijo" son los títulos distintivos que Jesús usó para referirse a Dios y a sí mismo respectivamente. ¡Y son, exactamente, los nombres que permite que usemos nosotros! En virtud de nuestra unión con él, se nos permite compartir algo de su íntima relación con el Padre. Un hombre de Dios, expresa muy bien nuestro privilegio, cuando refiriéndose al Padrenuestro, dice:
¡Cuán grande es la indulgencia del Señor! ¡Cuán grandes son su condescendencia y la abundancia de su bondad hacia nosotros! cuando vemos que desea que oremos delante de Dios de tal manera que llamemos a Dios Padre, y que nos llamemos
hijos de Dios, así como Cristo es el hijo de Dios -un nombre que ninguno de nosotros se hubiera atrevido a usar en la oración, si no fuese porque el Señor mismo nos ha permitido orar así.
1 Hechos 17:28, Versión de reina – Valera. La versión Popular
traduce "familia" (N. del T.).
2 Juan 1:11-13.
3 1 Juan 3:1.
Ahora por fin podemos orar el Padrenuestro sin hipocresía. Antes esa oración tenía un sonido hueco: ahora tiene un significado nuevo y noble. Dios es en realidad nuestro Padre celestial, que conoce nuestras necesidades antes de que pidamos, y que no dejará de dar cosas buenas a sus hijos.4
Puede ser que a veces necesitemos recibir la corrección de su mano, puesto que "el Señor corrige a los que ama y castiga a todos los que recibe como hijos".5 Pero esto es porque ahora nos trata como a hijos y nos disciplina para nuestro bien. Con un padre así, amante, sabio y fuerte, podemos sentimos libres de todo temor.
4 Sobre el cuidado del Padre, ver Mateo 6:7-13; 7:7-12.
5 Hebreos 12:6. Es una cita de Proverbios 3:12.
Una relación cierta
La relación que el cristiano guarda con Dios, como la del hijo con su padre, no sólo es íntima, sino además segura. ¡Hay tanta gente que a lo mucho tiene esperanza, pero nada más! Pero es posible tener certeza.
En efecto, es más que posible. Es la voluntad de Dios que nos ha sido revelada. Debemos estar ciertos de nuestra relación con Dios no sólo para nuestra propia paz mental ni para poder ayudar a otros, sino porque Dios quiere nuestra certidumbre. Juan afirma categóricamente que éste es el propósito que lo movió a escribir su primera carta: "Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna."6
Sin embargo, la manera de estar seguro no es sólo sentirse seguro. Casi todos al comenzar su vida cristiana cometen este error. Dependen demasiado de sus sentimientos superficiales. Un día se sienten cerca de Dios, al día siguiente se sienten lejos de él. Y caen en un frenesí de incertidumbre porque creen que sus sentimientos reflejan exactamente su condición espiritual. Su vida cristiana se convierte en un viaje por cerros y hondonadas, cerros en que alcanzan alturas jubilosas para luego descender a las profundidades de la depresión.
Dios no quiere que sus hijos vivan una experiencia tan irregular. Tenemos que aprender a desconfiar de nuestros sentimientos. Son extremadamente variables. Cambian con el tiempo, con las circunstancias y con nuestra salud. Somos criaturas inconstantes y temperamentales, y a menudo nuestros sentimientos fluctuantes no tienen nada que ver con nuestro progreso espiritual.
La base de nuestro conocimiento de que estamos en relación con Dios no está en nuestros sentimientos, sino en el hecho de que él dice que lo estamos. La prueba que tenemos que aplicar es objetiva, más bien que subjetiva. No debemos ponemos a buscar evidencias de vida espiritual dentro de nosotros mismos, sino mirar hacia arriba, hacia afuera y hacia Dios y su palabra. Pero, ¿dónde hemos de encontrar la palabra de Dios que nos asegure que somos sus hijos?
En primer lugar, Dios promete en su Palabra escrita que dará vida eterna a quienes reciban a Jesucristo. "Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo de Dios, también tiene esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene- esta vida." El creer humildemente que tenemos vida eterna, entonces, no es una presunción. Por el contrario, el creer la palabra de Dios es humildad, no orgullo; sabiduría, no presunción. Dudar sería necedad y pecado, ya que "el que no cree a Dios, le hace aparecer como mentiroso, porque no cree lo que Dios ha dicho como testigo acerca de su Hijo".7
Ahora bien, la Biblia está llena de las promesas de Dios. El cristiano sensato comienza cuanto antes a atesorarlas en su memoria. Entonces, cuando cae en el hoyo de la depresión y la duda, puede usar las promesas de Dios como un cable para salir a flote.
Vale la pena memorizar los siguientes versículos para empezar. Cada uno contiene una promesa divina.
Cristo nos recibirá si venimos a él: Juan 6:37,
El nos sostendrá y no dejará que nos escapemos: Juan 10:28.
Nunca nos dejará: Mateo 28:20, Hebreos 13:5,6.
Dios no dejará que seamos tentados más allá de nuestra fortaleza: 1 Corintios 10:13.
6 1 Juan 5:10-12.
7 Juan 5:10-12.
Nos perdonará si confesamos nuestros pecados: 1 Juan 1:9.
Nos dará sabiduría cuando se la pidamos: Santiago 1:5.
En segundo lugar, Dios habla a nuestro corazón. Notemos las siguientes afirmaciones: "Dios ha llenado nuestros corazones con su amor por medio del Espíritu Santo que nos ha dado" y "este Espíritu nos hace decir ‘¡Padre nuestro! ‘ Este mismo Espíritu se une a nuestro espíritu para decir que ya somos hijos de Dios."8 Todo cristiano sabe lo que esto significa. El testimonio externo del Espíritu Santo en las Escrituras es confirmado por el testimonio interno del Espíritu Santo en la experiencia. No hay lugar para la confianza en sentimientos superficiales y cambiables. Se trata más bien de esperar la profundización de nuestra convicción a medida que el Espíritu nos asegura del amor de Dios por nosotros y nos insta a clamar: "¡Padre! " cuando buscamos el rostro de Dios en oración.
En tercer lugar, el mismo Espíritu que da testimonio en las Escrituras de que somos hijos de Dios completa su testimonio en nuestro carácter. Si hemos nacido de nuevo en la familia de Dios, entonces el Espíritu de Dios mora en nosotros. En efecto, la presencia del Espíritu Santo es uno de los mayores privilegios de los hijos de Dios. Es su marca distintiva: "Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios." Otra vez: "El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo."9 Y como El mora en nosotros comienza a iniciar un cambio en nuestro estilo de vida. Juan aplica esta prueba sin hacer salvedades en su primera carta. Dice que si alguien persiste en la desobediencia a los mandamientos de Dios y en el incumplimiento de sus deberes para con sus semejantes, entonces no es cristiano, pese a todo lo que diga. La rectitud y el amor son marcas obvias del hijo de Dios.
8 Romanos 5:5; 8:15,16.
9 Romanos 8:9-17.
Una relación segura
Supongamos que hemos entrado en esta relación íntima con Dios y estamos ciertos de ella en base a la propia palabra de Dios. La pregunta ahora es: ¿Es una relación segura? ¿No podemos nacer en la familia de Dios por un momento y ser repudiados al momento siguiente? La Biblia indica que es una relación permanente. "Y por ser sus hijos -dice Pablo-, tenemos derecho a la herencia que Dios no ha prometido, la cual compartimos con Cristo." 10 Y más adelante argumenta, en un hermoso pasaje al final del capítulo 8 de Romanos, que los hijos de Dios están seguros eternamente, puesto que nadie puede separarlos de su amor.
Pero, ¿qué sucede si peco y cuando peco? , podría alguien preguntar. ¿No invalida mi calidad de hijo? ¿Dejo de ser hijo de Dios? No. Pensemos en la analogía de una familia humana. Un hijo es terriblemente grosero con sus padres. Sobre el hogar desciende una nube. Hay tensión en la atmósfera. Se rompe la comunicación entre el padre y el hijo. ¿Qué ha sucedido? ¿El joven ha dejado de ser hijo? ¡No! Su relación no ha cambiado, pero su comunión ha quedado interrumpida. La relación depende del nacimiento; la comunión depende de la conducta. Tan pronto como el joven pide disculpas, es perdonado. Y el perdón restablece la comunión. Mientras tanto, la relación ha permanecido igual. El hijo pudo haber sido transitoriamente desobediente y aun atrevido; pero no por eso ha dejado de ser hijo.
Así sucede con los hijos de Dios. Cuando pecamos, no perdemos la relación que como hijos tenemos con él, aunque nuestra comunión con él se ve estorbada hasta que confesamos y abandonamos nuestro pecado. En cuanto "confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que
10 Romanos 8:17.
Dios hará lo que es justo; nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad", puesto que "si alguno comete pecado tenemos un abogado delante del Padre, que es Jesucristo, y él es justo. Jesucristo es el medio por el cual nuestros pecados son perdonados".11 Así que no esperes hasta que llegue la noche, menos aún el domingo siguiente, para arreglar lo que ande mal durante cada día. Más bien, cuando caigas, ponte de rodillas, arrepiéntete y busca humildemente el perdón del Padre enseguida. Procura conservar limpia y sin manchas tu conciencia.
Para expresarlo de otra manera, sólo podemos ser justificados una vez, pero necesitamos ser perdonados cada día. Jesús dio a sus discípulos una ilustración de esto cuando les enjuagó los pies. Pedro le dijo que, además de lavarle los pies, le lavara también las manos y la cabeza, Pero Jesús le contestó: "El que está recién bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está todo limpio."12 La persona que fuera invitada a una cena en Jerusalén, antes de salir de su casa se bañaba. Al llegar al hogar de su anfitrión, éste no le ofrecería otro baño: un esclavo lo esperaba a la puerta de calle para lavarle los pies. Así también, cuando nos acercamos a Cristo por primera vez en un acto de arrepentimiento y fe, recibimos un "baño" -el baño de la justificación, exteriormente simbolizado por el bautismo. Este acto no necesita repetirse. Sin embargo, al transitar por las calles polvorientas de este mundo, constantemente necesitamos "lavarnos los pies" -el lavamiento del perdón diario.
11 1 Juan 1:9; 2:1,2.
12 Juan 13:10.
Responsabilidades cristianas
El ser hijo de Dios es un privilegio maravilloso, pero también comporta ciertas obligaciones. Pedro lo Sugiere cuando escribe: "como niños recién nacidos, busquen con ansia la leche pura espiritual, para que por ella crezcan y tengan salvación."13
El gran privilegio del hijo de Dios es su relación con él; la gran responsabilidad es su crecimiento. A todo el mundo le agradan los niños, pero nadie en su sano juicio quiere verlos en un jardín de infantes toda la vida. Sin embargo, la tragedia es que muchos cristianos, habiendo nacido de nuevo en Cristo, nunca crecen. Otros hasta sufren de regresión infantil espiritual. El propósito de nuestro Padre celestial, por otra parte, es que los "niños en Cristo" lleguen a ser "personas maduras en Cristo.14 El nacimiento debe ser seguido por el crecimiento. La crisis de la justificación -nuestra aceptación por parte de Dios- debe llevamos al proceso de la santificación -nuestro crecimiento en santidad-, al cual se refiere Pablo.
Hay dos esferas principales en las cuales el cristiano debe crecer. La primera es el entendimiento y la segunda la santidad. Cuando iniciamos la vida cristiana, probablemente entendemos muy poco y apenas conocemos a Dios. Ahora tenemos que crecer en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor y Salvador Jesucristo." Este conocimiento es en parte intelectual y en parte personal. En lo que atañe al primero, quisiera animar al lector a que estudie no sólo la Biblia sino también buena literatura cristiana. El descuido del crecimiento en entendimiento acarrea graves peligros.
También tenemos que crecer en santidad de vida. El Nuevo Testamento menciona el desarrollo de nuestra fe en Dios, de nuestro amor hacia quienes nos rodean, y de nuestra semejanza con Cristo.
13 1 Pedro 2:2.
14 Cf. 1 Corintios 3:1; Colosenses 1:28. 13 Cf. Colosenses 1:10; 2 Pedro 3:18.
Cada hijo de Dios anhela ser conformado más y más en su carácter y conducta al mismo Hijo de Dios. La vida cristiana es una vida de rectitud. Debemos esforzamos por obedecer los mandamientos de Dios y cumplir su voluntad. El Espíritu Santo nos ha sido dado con este propósito. El hace de nuestro cuerpo su propio templo. El mora en nosotros. Y a medida que nos sometemos a su autoridad y acatamos su dirección, hace que su fruto -"amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio" 16– aparezcan en nuestra vida.
Pero, ¿cómo creceremos? Hay tres secretos principales relativos al desarrollo espiritual. Los tres constituyen a la vez las responsabilidades primordiales del hijo de Dios.
Nuestro deber para con Dios
Nuestra relación con el Padre celestial, aunque segura, no es estática. El quiere que sus hijos crezcan en ‘un conocimiento cada vez más íntimo de él. Muchas generaciones de cristianos han descubierto que la manera principal de lograr esto es acercarse diariamente a él, dando tiempo al estudio bíblico y la oración. Esto es una necesidad indispensable para el cristiano que quiere progresar. Todos estamos excesivamente ocupados en esta época, pero de alguna manera tenemos que reajustar nuestro horario a fin de dar lugar a estas prioridades. Esto significa la aceptación de una rigurosa autodisciplina. Con ésta y con una edición legible de la Biblia y un reloj despertador que funcione, estamos en el camino a la victoria.
Es importante mantener el equilibrio entre la lectura bíblica y la oración, puesto que Dios nos habla por medio de la Escritura, mientras que nosotros le hablamos por medio de la oración. Asimismo es importante ser sistemático en lo que toca a la lectura de la Biblia. Hay varios métodos disponibles.17 Antes de leer, ora pidiendo a Jesús que su Espíritu Santo abra tus ojos e ilumine tu mente. Luego lee lentamente, meditando y pensando sobre lo que lees. Lee y relee el pasaje. Cava hondo hasta descubrir su significado. Haz uso de alguna versión moderna. También puede serte de ayuda un comentario bíblico.’9 Piensa también sobre cómo se aplica a tus propias circunstancias el mensaje del pasaje que has leído. Busca las promesas que debes hacer tuyas, los mandamientos que debes obedecer, los ejemplos que debes seguir y los pecados que debes evitar. Conviene tener a mano una libreta de apuntes a fin de anotar todo lo que uno aprende. Sobre todo, ocúpate de mirar a Jesucristo. El es el tema central de la Biblia y por medio de ésta podemos encontramos con él personalmente, además de hallar su revelación.
La oración sigue como algo natural. Comienza respondiendo a Dios sobre el mismo tema respecto al cual te ha hablado. ¡No cambies la conversación! Si te ha hablado de sí mismo y de su gloria, adóralo. Si te ha hablado de ti y de tus pecados, confiésaselos. Agradécele también por cualquier bendición que te haya dado en este día.
16 Gálatas 5:22.
Después de haber orado en base al pasaje bíblico, querrás seguir orando por otros asuntos. Si usas la Biblia, como el primer auxiliar para la oración, tu diario será el segundo. Encomienda a Dios por la mañana todos los detalles del día que tienes delante de ti. Por la noche, repasa con él todo lo que has hecho, confesando los pecados cometidos, dándole gracias por todas las bendiciones recibidas e intercediendo por las personas con quienes te has entrevistado.
Dios es tu Padre. Mantén delante de él una actitud natural, confiada y osada. El tiene interés en todos los detalles de tu vida. Muy pronto encontrarás que te es necesario hacer una lista de los parientes y amigos por los cuales sientes la responsabilidad de orar. Conviene hacer la nómina lo más legible posible, de modo que se pueda agregar o quitar nombres con facilidad.
Nuestro deber para con la Iglesia
La vida cristiana no es solamente un asunto privado de cada cual. Si hemos nacido de nuevo en la familia de Dios, entonces Dios se ha constituido en nuestro Padre celestial. Pero eso no es todo: todos los demás cristianos del mundo, sea cual sea su nacionalidad o denominación, son ahora nuestros hermanos en Cristo. Uno de los nombres más comunes que el Nuevo Testamento da a los cristianos es el de "hermanos". Esta es una verdad gloriosa. Pero no basta sentirse miembro de la Iglesia universal de Cristo: tenemos que pertenecer a alguna de sus congregaciones locales. Tampoco basta pertenecer a alguna asociación de jóvenes en la universidad o en algún otro lugar (aunque espero que tú seas activo en alguna de ellas). El lugar de cada cristiano está en la iglesia local, y debe participar en su adoración, comunión y testimonio.
Tal vez preguntes a qué iglesia debes unirte. Si ya estás relacionado con una iglesia, por haberte criado en ella o porque has estado asistiendo a sus reuniones últimamente, no conviene que cortes esa relación, a menos que tengas una razón de peso. Sin embargo, si estás en libertad de escoger la iglesia de la cual seas miembro, hay dos criterios que pueden guiarte. El primero tiene que ver con el pastor, el segundo con la congregación. Haz las siguientes preguntas: ¿Cuál es la actitud del pastor hacia la autoridad de la Biblia? ¿Trata de explicar su mensaje y relacionarlo a la vida contemporánea? Y en lo que atañe a la congregación, ¿por lo menos se aproxima a lo que debe ser una comunidad de creyentes que aman a Cristo, se aman mutuamente y aman a los demás?
El bautismo es la puerta de entrada a la sociedad cristiana visible. También tiene otros significados, como hemos visto, pero si tú no has sido bautizado, debes pedir al pastor o anciano de tu iglesia que te prepare para el bautismo. Luego, ingresa de inmediato a la comunidad cristiana. Habrá cosas que al principio te parecerán extrañas, pero no te quedes a un lado. La asistencia dominical a la iglesia es un claro deber cristiano y casi todas las ramas de la Iglesia cristiana concuerdan en que la Santa Cena (o Cena del Señor) es el culto central de la iglesia instituido por Cristo para conmemorar su muerte, en comunión los unos con los otros.
¡Espero no haber dado la impresión de que la comunión con los hermanos en Cristo es un festín dominical únicamente! El amor con los demás cristianos, no obstante las dificultades aparentes, es una experiencia real y nueva. En una comunidad cristiana con gente de diferente formación y edad, se puede descubrir las profundidades de la amistad y la comunión mutua. Es inevitable que los amigos más allegados del cristiano sean otros cristianos. Sobre todo, la compañera o compañero para toda la vida también debe serlo.20
Nuestro deber para con el mundo
La vida cristiana es un asunto familiar en el que los hijos disfrutan la comunión con su Padre y entre sí. Pero nadie piense, ni por un momento, que esto agota las responsabilidades del cristiano. Los cristianos no están llamados a constituir un círculo cerrado de personas que se admiran mutuamente y que no piensan sino en sí mismas. Por el contrario, cada cristiano debe estar profundamente preocupado por sus semejantes. Y parte de su vocación cristiana es servir a éstos en todo cuanto esté a su alcance.
Históricamente la Iglesia se ha distinguido por su labor a favor de los necesitados y los marginados: los pobres, los hambrientos, los enfermos, las víctimas de la opresión y la discriminación, los esclavos, los prisioneros, los huérfanos, los refugiados y los desadaptados. Todavía hoy en todo el mundo los seguidores de Cristo están tratando de aliviar toda suerte de sufrimientos y miserias en su nombre. Sin embargo, queda muchísimo por hacer. Y tenemos qué confesar con vergüenza que a veces otros que no pretenden ser cristianos muestran más compasión que quienes decimos conocer a Cristo.
Hay otra responsabilidad especial de los cristianos para con el "mundo" (para usar el término con que la Biblia se refiere a quienes no conocen a Cristo ni pertenecen a su Iglesia): la evangelización. "Evangelizar" es, literalmente, difundir las buenas nuevas acerca de Jesucristo. Todavía hay millones de personas que jamás han oído hablar ni de Jesucristo ni de su salvación. Parecería que la Iglesia ha estado dormitando por siglos. ¿Será la generación presente la generación en que los cristianos despierten y ganen el mundo para Cristo? Tal vez él tenga una tarea especial para ti, específicamente en el ministerio pastoral o como misionero. Si todavía eres estudiante, sería una equivocación dar un paso precipitado. Pero trata de descubrir la voluntad de Dios para tu vida, y ríndete a ella.
No todo cristiano ha sido llamado a ser pastor o misionero, pero la intención de Dios es que todo cristiano sea un testigo de Jesucristo. Su responsabilidad solemne es llevar una vida caracterizada por la autenticidad, el amor, la humildad, la honradez a la manera de Cristo y tratar de ganar a otros para el Señor, sea en su propio hogar, o entre sus compañeros de estudios o de trabajo. Para ello, se mostrará discreto, humilde y cortés, pero resuelto.
La manera de empezar es orando. Pide a Dios que te dé una preocupación especial por uno o dos de tus amigos. Por lo general conviene limitarse a personas del mismo sexo y más o menos de la misma edad. Luego ora regular y definidamente por la conversión de esas personas; fomenta su amistad como un fin en sí; dales tiempo y ámalas en verdad. Muy pronto se dará la oportunidad de llevarlas a alguna reunión donde puedan escuchar una explicación del evangelio, o de ofrecerles literatura cristiana para que lean, o de contarles sencillamente lo que Cristo Jesús significa para ti y cómo lo encontraste. Casi no necesito decir que nuestro testimonio más elocuente no tendrá ningún efecto si no está respaldado por nuestra conducta, y nada tiene tanta influencia favorable a Cristo como una vida que obviamente él está transformando.
20 Ver, por ejemplo, 2 Corintios 6:14.
Tales son los grandes privilegios y responsabilidades del hijo de Dios. Nacido en la familia de Dios y gozando con su Padre celestial una relación que es íntima, cierta y segura, trata de disciplinarse diariamente en el estudio de la Biblia y la oración, es leal a la iglesia a la cual pertenece y activo en el servicio y el testimonio cristiano.
Esta descripción de la vida cristiana revela la tensión a la cual todos los cristianos están sujetos. En resumen, somos ciudadanos de dos reinos, el uno terrenal y el otro celestial. Y cada ciudadanía nos impone deberes que no podemos eludir.
Por un lado, el Nuevo Testamento pone énfasis en nuestras obligaciones hacia el estado, el trabajo, la familia y la sociedad en general. La Biblia no permite que nos sustraigamos de estas responsabilidades para dedicarnos al misticismo, al monasticismo o aun a la comunión aislada del mundo.
Por otro lado, algunos autores, del Nuevo Testamento nos recuerdan que somos "extranjeros" y "peregrinos" en la tierra, que somos "ciudadanos del cielo", y que estamos en camino hacia nuestro hogar eterno.21 Consecuentemente, no debemos amontonar riquezas aquí en la tierra, ni dedicarnos a ambiciones puramente egoístas, ni dejamos asimilar por el estilo de vida del mundo, ni afligimos indebidamente con las preocupaciones de la vida presente.
-Es relativamente fácil eliminar esta tensión escondiéndose en Cristo y olvidándose del mundo, o comprometiéndose con el mundo y olvidando a Cristo. Sin embargo, ninguna de estas soluciones es genuinamente cristiana, ya que ambas implican la negación de una u otra de nuestras obligaciones cristianas. El cristiano equilibrado que hace de las Escrituras su guía tratará de vivir igualmente y a la vez "en Cristo" y "en el mundo". No puede evadir ninguna de las dos realidades.
Esta es la vida del discipulado a la cual nos llama Jesucristo. El murió y resucitó para que nosotros pudiéramos llevar una nueva vida. El nos da su Espíritu para que podamos vivir como cristianos en el mundo.
Ahora nos llama a seguirle, a entregamos a su servicio completamente y sin reservas
21 Ver, por ejemplo, 1 Pedro 2:11; Filipenses 3:20; 2 Corintios 4:16-18.
J.Stott
Pedro se refiere varias veces a la cruz en su primera carta. Describe a sus lectores como rescatados "con la sangre preciosa de Cristo, el cual fue ofrecido en sacrificio como un cordero sin defecto ni mancha" y "rociados" con la sangre de Jesucristo 1 Pedro 1:18-19; 1:2. Ambas expresiones aluden al sacrificio pascual original de la época del Exodo. En esa oportunidad cada familia israelita tomó un cordero, lo mató, y con la sangre roció los dinteles y puertas laterales de la casa. Sólo así estuvieron a salvo del juicio de Dios y escaparon de la esclavitud egipcia. Libremente Pedro aplica a Cristo el simbolismo de la Pascua (como lo hace también Pablo cuando dice que "Cristo mismo fue muerto en sacrificio por nosotros, pues él es el cordero de nuestra pascua": 1 Corintios 5:7 .El derramó su sangre para redimirnos del juicio de Dios y de la esclavitud del pecado. Para que nos beneficiemos de ella, debe ser rociada en nuestro corazón, es decir, aplicada a cada uno personalmente.
La otra importante referencia de Pedro a la cruz se encuentra en 1 Pedro 3:18: "Cristo mismo sufrió la muerte por nuestros pecados, de una vez por todas. El era bueno, pero sufrió por nosotros los malos, para llevarnos a Dios."
El pecado nos había separado de Dios; pero Cristo deseaba llevarnos de vuelta a Dios. Por eso sufrió por nuestros pecados: el inocente Salvador murió por pecadores culpables. Y lo hizo "de una vez por todas", definitivamente, de manera que lo que hizo no puede repetirse, ni mejorarse, ni aun suplementarse.
No debemos pasar por alto lo que esto implica. Significa que ninguna observancia religiosa ni la realización de buenas obras podrán jamás ganar nuestro perdón. Sin embargo, muchos en el mundo contemporáneo han optado por esta caricatura de cristianismo. No ven ninguna diferencia fundamental entre el evangelio cristiano y las religiones orientales. Y esto es comprensible, puesto que consideran a la religión como un sistema de mérito humano. Dicen: "Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos". Pero no hay posibilidad de reconciliar esta noción con la cruz de Cristo. El murió para expiar nuestros pecados por la sencilla razón de que nosotros no podemos expiarlos por nuestra cuenta. Si pudiéramos hacerlo, la expiación hecha por Cristo sería una redundancia. En efecto, afirmar que podemos alcanzar el favor de Dios por nuestro propio esfuerzo es insultar a Jesucristo, puesto que equivale a decir que podemos arreglárnoslas sin él, que no era necesario que él muriera. Como dice Pablo: "si uno pudiera ser puesto en la debida relación con Dios por haber obedecido la ley, entonces de nada serviría la muerte de Cristo" Gálatas 2:21.
El mensaje de la cruz sigue siendo en nuestro tiempo como en el de Pablo una tontería para los sabios y un tropezadero para los justos; pero ha proporcionado paz a millones de conciencias.
Todo cristiano puede repetir estas palabras. Hay santidad por medio de las heridas de Cristo, vida por medio de su muerte, perdón por medio de su dolor, salvación por medio de sus sufrimientos.
Si la muerte de Cristo fuese sólo un ejemplo, una buena parte de los Evangelios permanecería como algo misterioso. Además, nuestra necesidad humana quedaría insatisfecha. No necesitamos un ejemplo solamente: necesitamos un Salvador. Un ejemplo podría excitar la imaginación, avivar el idealismo y fortalecer la resolución, pero no limpiar la mancha de nuestro pecado pasado, dar paz a la conciencia atribulada y reconciliarnos con Dios.
(Marcos 10:45)
Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
(Mateo 26:28)
porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.
De todos modos los apóstoles no dejan lugar a dudas al respecto, sino que siempre asocian la venida y muerte de Cristo con nuestros pecados.
Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras. Cristo mismo sufrió la muerte por nuestros pecados. Jesucristo vino al mundo para quitar nuestros pecados.
Tenemos a los tres grandes escritores apostólicos del Nuevo Testamento, vinculando únicamente la muerte de Cristo con nuestros pecados. 1 Corintios 15:3.
De nada vale que se nos den normas de conducta: no podemos cumplirlas. Que Dios siga diciendo "no hagas tal cosa": continuaremos haciéndola hasta el fin del tiempo. Un sermón no solucionará nuestro problema: necesitamos un Salvador. La educación de la mente no es suficiente sin un cambio de corazón. El hombre ha hallado el secreto del poder físico, el poder de la reacción nuclear. Ahora necesita poder espiritual, poder que lo libre de sí mismo, poder que lo conquiste y lo controle, poder que le dé un carácter moral comparable a sus logros científicos. Esto solo se logra por la presencia del Espíritu Santo y la vida de Cristo en una persona. Juan 1:12; Apocalipsis 3:20, 1 Juan 5: 11-13.
(Juan 8:31)
Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos;
(Juan 8:32)
y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.
(Juan 8:33)
Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?
(Juan 8:34)
Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.
(Romanos 6:17)
Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;
(Romanos 6:18)
y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.
(Efesios 2:3)
entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
(Tito 3:3)
Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.
TODOS NECESITAMOS DE UN SALVADOR: ESTE ES JESÚS.
(2 Corintios 5:17)
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
(1 Corintios 6:11)
Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
Lo que el hombre necesita es un cambio radical de su naturaleza. El hombre no puede realizarlo por sí mismo. Necesita un Salvador. 2 Corintios 5:17.
La presente exposición de nuestro pecado tiene una sola finalidad: convencernos de la necesidad que tenemos de Jesucristo y prepararnos para comprender .y aceptar lo que él ofrece. La fe nace de la necesidad. Jamás pondremos nuestra confianza en Cristo si antes no nos desilusionamos de nosotros mismos. El mismo lo dijo: "No necesitan médico los que están buenos y sanos, sino los enfermos, pues no he venido a llamar a los buenos sino a los pecadores." Solamente cuando hayamos admitido la gravedad de la enfermedad que nos aqueja, admitiremos nuestra urgente necesidad de curación
(Marcos 2:17)
Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
El cristianismo es una religión de rescate. Declara que Dios ha tomado la iniciativa en Jesucristo para liberarnos de nuestros pecados. Este es el tema central de la Biblia.
Le pondrás por nombre JESUS. Se llamará así porque va a salvar a su gente de sus pecados. Mateo 1:21.
El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19.10
Esto es muy cierto, y todos deben creerlo: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los que yo soy el primero. 1 Timoteo 1:15
Y nosotros mismos hemos visto y declaramos, que el Padre envió a su Hijo para salvar al mundo.1 Juan 4:9
Más específicamente, ya que el pecado tiene tres consecuencias principales, la "salvación" incluye la liberación del hombre de todas ellas. Por medio de Jesucristo, el Salvador, podemos:
1. Ser traídos desde el exilio y reconciliados con Dios;
2. Podemos nacer de nuevo, recibir una nueva naturaleza y ser liberados de nuestra
Esclavitud moral; y
3. Podemos lograr que las viejas discordias sean reemplazadas por una hermandad de amor.
Cristo hizo posible:
El primer aspecto de la salvación mediante el sufrimiento de su muerte,
El segundo mediante el don del Espíritu Santo, y
El tercero mediante la edificación de su Iglesia
Deuteronomio 21:23 donde dice: "Maldito todo aquel que es colgado en un madero". El hecho de que Jesús terminara su vida colgado en "un madero" (puesto que para los judíos el ser clavado a una cruz equivalía a ser colgado en un madero) significó que estaba bajo la maldición divina.
Lejos de repudiar esta idea, los apóstoles la aceptaron. Pablo la explica en Gálatas 3:10, cuando dice que en Deuteronomio está escrito: "Maldito todo aquel que no persevera en todo lo que está escrito en el libro de la ley para hacerla". Pero "Cristo nos libró de la maldición de la ley, pues él fue hecho objeto de maldición por causa de nosotros, porque la Escritura dice: Maldito todo aquel que es colgado de un madero. El significado de estos versículos en su contexto es claro e ineludible: la justa maldición contra los transgresores, a causa de su quebrantamiento de la ley, fue transferida a Jesús sobre, la cruz. El nos libró de la maldición tomándola sobre sí mismo cuando murió.
Démosle gracias a Nuestro amoroso Dios por su maravillosa obra hecha por nosotros en la cruz del calvario. Juan 3:16-17.