Lección 86. Entender la fructificación: (Segunda parte) Llamados a ser fructíferos

a) Escrituras clave

Juan 15:1-17
Juan 12:24
Mateo 3:10
Jeremías 17:7-8
Mateo 25:14-30
Colosenses 1:10
Mateo 7:16-20
Romanos 7:4
b) Introducción

La fructificación, en realidad, es la meta del discipulado. El resultado del crecimiento en santidad y don personal debe ser la eficacia por amor al Reino de Dios en nuestra vida. La fructificación es productiva para nuestro propio desarrollo. Alguien que esté continuamente siendo productivo será sano y motivado en su caminar externo con Dios. El estancamiento trae frustración que lleva de nuevo a una falta de fructificación.
El Espíritu Santo nos es dado para que llevemos fruto para Dios en nuestra vida. Por nuestra buena voluntad y entrega podemos capacitarle, o por nuestra desobediencia y testarudez podemos impedirle (Lucas 12:21). El propósito de Dios para nosotros es que nuestra vida entera, es decir, cada parte de nuestra vida, sea rica hacia El, llevando fruto para nuestro beneficio y para Su gloria. Jesús dijo que era por su fruto que les conoceríamos (Mateo 7:16-20). Muchas de las razones más comunes de falta de fructificación están en áreas relacionadas con nuestra vida y emociones personales. A menos que pongamos nuestra casa en orden en estas áreas de nuestra vida, las batallas y temores interiores siempre nos dominarán y arrollarán, sea cual sea el potencial que haya para Dios.
c) Cuatro áreas mayores que necesitamos estudiar seriamente para ser fructíferos y alcanzarlas para Dios

1. Tener un entendimiento claro de fe
Un discípulo es una persona que se somete a vivir continuamente en la palabra de Jesús. Pero para que esto sea real, tiene que haber una abertura y un entendimiento de la verdad espiritual. Esto puede ser alcanzado en realidad sólo por ir conociendo la Escritura, no sólo en nuestro intelecto, sino en nuestro corazón. Hacer esto nos ayudará a discernir la verdad del error. Si hemos de ser eficaces en nuestro evangelismo entonces necesitamos desarrollar un entendimiento claro de lo que creemos y por qué lo creemos. No necesitas tomar un curso de teología para hacer esto. El Espíritu Santo ha prometido ser el maestro y guía para todos aquellos que buscan conocer más de las cosas profundas de Dios (1 Corintios 2:9-16). Lo mismo es verdad para nuestro vivir cotidiano. Un entendimiento de la fe a la que hemos sido llamados, nos libera del dominio mezquino de nuestros propios sentimientos y emociones. Existe una gran fuerza espiritual para ser ganada al mantenerse firmes en la fe. Esto significa que hemos comprendido las tremendas verdades de la Escritura y que las hemos hechos nuestras, así que ahora tenemos un fundamento para nuestra vida que es más seguro y estable que nuestros sentimientos o circunstancias.

2. Integridad en la totalidad de la vida
Nuestra vida es como la batería de un coche. Está compuesta de más de una célula. Para que esta batería funcione eficazmente cada célula necesita estar en buenas condiciones. Si una o dos células son dañadas, la eficacia de toda la batería se ve afectada. Es justo lo mismo con nuestra vida. La madurez tiene que ver con la totalidad de la vida. No vale dar mucho énfasis a las áreas espirituales sin darse cuenta de que Jesús tiene que ser Señor sobre la totalidad de la vida. El poder espiritual tiene que ver con la confianza. No podemos estar confiados ante Dios si sabemos que cierta parte de nuestra vida está en contradicción con todo el resto de ella (1 Juan 3:21-22).

3. Disciplina de tiempo y vida
La mayoría de la gente pierde una tremenda cantidad de tiempo y energía, sencillamente, porque no ejercitan la administración real en el área de su tiempo y su modo de emplearlo. No necesitamos llegar a ser esclavos de ninguna mentalidad de tiempo y método, sino que necesitamos hacemos preguntas acerca del propósito de nuestra vida y el uso de nuestro tiempo. Necesitamos vivir en la disciplina espiritual dada por Dios (2 Timoteo 1:7). Una falta de disciplina espiritual significa que nos encontramos viviendo bajo una clase de presión equivocada, sin prioridades claramente establecidas en nuestra vida. Tal falta de propósito pronto cría la insatisfacción espiritual y la pérdida de vitalidad espiritual.
4. Metas espirituales y su cumplimiento
Necesitamos poner metas para nuestra vida y saber a lo que aspiramos en nuestro servicio para Cristo (Filipenses 3:12).
d) Venciéndome a mí mismo
Para ser eficaces para Dios necesitamos saber dónde nos encontramos nosotros mismos. Necesitamos reconocer lo que nos afecta; en qué áreas necesitamos conocer el poder vencedor de Cristo y, sobre todo, dónde necesitamos alterar nuestras reacciones y respuestas desde lo negativo a lo positivo, para capacitamos a ser libres y operar sin temor o a favor en las zonas en que Dios nos ha llamado.
e) Tres enemigos de la libertad personal y la eficacia para Dios
1. Temor
Este es el peor enemigo, que se presenta en una multitud de disfraces.
En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.
(1 Juan 4:18)
En este versículo de la Escritura estamos tratando con el amor «ágape» desinteresado y sacrificado, el fue amor de Dios que nos libra de esta horrible garra de temor. El temor también es medio hermano de inseguridad. Uno de los factores más comunes que nos roba nuestra eficacia en el ministerio es nuestra odiosa comparación con otros, y la falta de paz y seguridad que sentimos acerca de nuestros propios ministerios (2 Corintios 10:12). Por otro lado, existe una clase de comparación que puede ser estimulante y lleva a u eficacia mayor. Esta es la clase de comparación que se basa en un entendimiento confiado de nuestra pro vida y ministerio en el Señor, y que ve a otros con abertura y gratitud y busca aprender lecciones y adoptar principios de su experiencia.

2. Orgullo
El quebrantamiento necesita ser el principio central de nuestra vida y ministerio, porque Satanás puede encontrar fácilmente en una vida y ministerio prósperos una oportunidad para halagar la carne. El orgullo oscurece la vista espiritual y endurece al corazón. Lleva a una pérdida de sensibilidad espiritual para que, sólo lleguemos a estar cerrados a Dios, sino también ciegos a las necesidades de otra gente. En efecto, el corazón de la humildad bíblica no es una actitud mezquina, sino abertura a Dios y a otros. Esto es el sello de calidad de verdadera humildad y mansedumbre y es lo opuesto de un espíritu orgulloso y altivo (Proverbios 6:16-1 Podemos ser tan talentosos espiritualmente como sea posible, pero todo lo bueno de ello y la potencia de la fructificación es destruido por tener un espíritu y actitud equivocado. Dios sólo se ocupa del orgullo en una manera: Se opone a él. Fue este pecado el que llevó a la caída de Satanás o Lucifer de la gloria, y por tanto, a todo pecado que ha afectado a la raza humana. El orgullo no es una cosa ligera en cuanto a Dios y se opone a él por todas partes (1 Pedro 5:5-6).

3. Inconstancia
Esto es una falta de seriedad. Cuando cambiamos de dirección con todo viento que sopla y seguimos cambiando nuestros principios y actitudes, otra gente no sabe dónde estamos nosotros. Esto crea una terrible inseguridad en otros y lleva a una ruptura de confianza en nuestras relaciones con ellos. Para ser eficaces con ellos y para otra gente, necesitan poder contar con- nosotros, incluso aunque no estén de acuerdo con nosotros. El propósito de Dios para la vida de todos es la integridad y madurez de corazón y vida. Las tres mayores necesidades del liderato eficaz y fructífero son la integridad, la humildad y la fe. Los líderes necesitan estar disponibles para la gente. Otra gente necesita poder leer sus vidas y percibir los motivos de su acción y comportamiento. Las personas que son realmente fructíferas en la vida de otros no son solamente aquellos que enseñan los principios, sino aquellos que los manifiestan. Para ser eficaces necesitamos conocer nuestro don y nuestro llamamiento, y no sentirnos llenos de disculpas acerca de ninguno. Un hombre humilde es un hombre que ha abierto su voluntad a la voluntad de Dios. Es una persona que se ve a la luz del llamamiento de Dios en su vida y de su verdadera posición en Cristo. Esto es el secreto de la verdadera humildad, porque entonces estamos verdaderamente abiertos a todo lo que Dios quiere hacer en nosotros y con nuestra vida (2 Crónicas 16:9).
Reproducimos lo que somos: este es el mayor principio de la fructificación. Si somos débiles en carácter produciremos personas moralmente débiles que no son más constantes que nosotros mismos. Si vivimos en temor de otros y con temores sin resolver, como el factor motivador en nuestra vida, entonces reproduciremos aquel temor en la vida de aquellos con quienes nos asociamos (determinará con quién nos asociamos). No podemos llevar a otros a la fe a menos que nosotros mismos seamos personas de fe. La raíz de la fructificación está en nosotros mismos. Este es el porqué necesitamos estar abiertos a Dios, el porqué necesitamos dejar al Espíritu Santo que nos escudriñe y nos limpie de todo motivo erróneo, de toda duda y temor personal, y de la inconstancia que tantas veces es el sello de nuestros esfuerzos humanos. Necesitamos que nuestra propia vida sea arreglada, para librarnos para las demandas de la vida y ministerio que Dios quiere hacer de nosotros.
Necesitamos tener la visión de Dios para nuestra vida. Algunas personas nunca reciben la visión de Dios para su vida, porque parece que nunca llegan a ese estado de su vida interior donde puedan oír o recibir la visión de Dios. Su continua falta de madurez espiritual parece incapacitarles para ser llevados a tener algún sentido de propósito para sus vidas. La visión puede determinar la preparación de la vida. Necesitamos dejar a Dios que se ocupe continuamente de nosotros para hacernos adecuados para recibir la visión que El quiere llevar a cabo con nosotros. Si podemos ver lo que Dios quiere hacer con nuestra vida, también muchas veces podemos ver lo que ha de cambiar en nosotros para que esto llegue a ser una realidad.
Si queremos ser fructíferos en lo que Dios nos ha llamado a ser, necesitamos una vida que iguale el desafío. Sin embargo, no necesitamos ser talentosos en toda manera antes de poder ser fructíferos. Alabado sea Dios, El puede suplir, y suplirá, las deficiencias de nuestra naturaleza, para que podamos perseguir Su voluntad más resueltamente (Santiago 1:5).
La fructificación es llegar a ser lo que tendríamos que ser en Cristo. Es estar totalmente abiertos al Espíritu Santo y permitirle que se ocupe de aquellas áreas negativas en el poder de la cruz. Es la entrega de nuestra voluntad y fragilidades humanas al Señor para que El pueda reformarnos en un vaso más perfecto, listo para el uso del Maestro (2 Timoteo 2:20-21). Necesitamos hacer sitio para la Palabra y propósito de Dios para nuestra vida.
f) Cambiar la polaridad
Una parte real del secreto de la fructificación está en el aprender a responder a las dificultades y desafíos que surgen en la vida (es decir, cómo manejar lo negativo y responder a lo positivo). Para ser fructíferos necesitamos aprender a manejar la vida y hacer que las cosas que nos suceden sean productivas para la gloria de Dios. Necesitamos aprender a manejar tanto el éxito como el fracaso para que Satanás no tenga oportunidad en nuestra vida por medio del orgullo. El orgullo convierte la fe en presunción; y el orgullo de la vida y del lugar se convierte en la motivación para nuestro trabajo y servicio. Incluso nuestros éxitos necesitan morir al pie de la cruz de Jesús para que en un sentido real sigamos como siendo «nadas» para el uso de Dios (Filipenses 4.11-13).
g) Siete áreas en las que necesitamos aprender a crecer
1. Desánimo
Esto nos afecta a todos en diferentes grados. Los mayores tiempos de desánimo muchas veces son aquellos que siguen inmediatamente después de algún momento de victoria o de éxito espiritual, porque todos nuestros recursos interiores están agotados y nosotros somos, por consiguiente, vulnerables.
El desánimo introduce un sentido de falsos valores, y por tanto, dejamos de ver las cosas como las ve Dios, o incluso de ser realistas en términos humanos.
El desánimo hace que huyamos de nuestras responsabilidades reales y puede llevarnos a la autocompasión. La lástima propia es una de las fuerzas más destructivas de la naturaleza humana. Se vuelve contra nosotros mismos y nos envuelve en una nube de oscuridad que nos impide ver la realidad. La autocompasión nos paraliza en cuanto a las responsabilidades que tenemos con otros y nos inmoviliza espiritual y, a veces físicamente.
El desánimo hace que lo ampliemos todo fuera de perspectiva. Cuando estamos desanimados necesitamos animarnos en el Señor. Necesitamos poner los ojos en Dios y empezar a ver las cosas como El las ve.

2. Comparaciones
No servimos al Señor en un vacío. Somos parte del cuerpo de Cristo en conjunto, y a veces existe un muy estrecho parentesco entre nosotros y otros que sirven al Señor con sus propios dones y en su propia manera. Esto debería ser causa de gran regocijo; que Dios, en su infinita sabiduría, haya escogido una gran variedad de personas y les haya capacitado en varios ministerios para servir al Reino. Sin embargo, muchas veces causa dolor por sentimientos de insuficiencia y deficiencia en nuestro propio corazón. En vez de sentirnos gozosos de su fructificación, nos sentimos amenazados. Por tanto, en vez de hablar positivamente acerca de otros, llegamos a ser críticos y negativos, siempre buscando un pretexto que nos permita derribar en vez de edificar.
Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo. (Proverbios 27:17)

Para que esto ocurra como es debido, necesitamos hacer tres cosas:
– Reconocer tan claramente como podamos, nuestro propio llamamiento ante el Señor y vivir en ello. Es una cosa muy peligrosa vivir en el llamamiento de otro hombre.
– Relajarnos en el poder de Dios y siempre intentar estar conscientes de que a menos que Dios lo haga en nosotros y a través de nosotros, nadie más lo hará.
– Regocijarnos en la fructificación de otros enfocando en lo que es positivo.

3. Decepción
Esto viene muchas veces de las aspiraciones y esperanzas fracasadas de nuestro propio corazón. Un sentido de fracaso puede resultar desastroso al ministerio eficaz. La decepción también puede venir de la vida de otros, cuando nuestras esperanzas para ellos no son cumplidas. Deberíamos dejar que las decepciones sean un «terreno de prueba» para la fe. Necesitamos apartarnos de la intensidad de la decepción en nuestro espíritu y dejar que el calor se vaya de ella, para que pueda llegar a ser un fuego refinador para nuestra fe. Es bueno para nuestra alma no siempre conseguir lo que queremos cuando lo queremos (2 Corintios 4:16-18).
4. Presión
Necesitamos hacer frente al hecho de que todo ministerio real va a llevar consigo una medida proporcional de responsabilidad. La responsabilidad lleva presión con ella. Si hacemos frente a la presión de la manera equivocada, nos aplastará. La presión de necesidad o de una iniciativa de fe particular puede resultar un tremendo estímulo a una carga pesada. La presión correcta nos mueve a la acción y puede ser muy productiva cuando la asumimos en el poder de Dios (Santiago 1:2).
Si hemos de ser fructíferos, particularmente de parte de otra gente, necesitaremos desarrollar el don de conocer la presión correcta y equivocada, y la habilidad de aceptar lo que es correcto y desechar lo que es equivocado. La presión desarrolla la perseverancia, que es una necesidad absoluta en los días en que vivimos, porque desarrolla en nosotros una mayor capacidad para la obra que Dios nos ha dado. La presión nos enseña nuestra capacidad y cuando es manejada adecuadamente, también la aumenta. La presión también demuestra áreas de debilidad en nuestra vida y personalidad, para que podamos llegar a estar conscientes de un problema antes que empiece, o dar los pasos espirituales necesarios para efectuar un cambio. El problema viene cuando llevamos la presión equivocada. Esto sucede cuando hemos aceptado una tarea o posición para la que no estamos ni llamados ni preparados. Satanás se ocupará de que nuestros ojos decidan, y en vez de estar en paz para aceptar y obrar dentro de la voluntad de Dios para nuestra vida, llegaremos a estar sujetos a las demandas y presiones que el Padre nunca propuso para nuestra vida.
Nuestros dones y capacidades son pulidos bajo presión. Conocemos lo perezosos que somos y el largo tiempo que tardaríamos en lograr algo para Dios, y por tanto El es quien mejor sabe ser un Consolador adecuado para nosotros, empujándonos hacia adelante a la acción en el poder de Dios.

5. Desacuerdo
Alguien dijo una vez: «la conformidad en el comportamiento en una organización es esencial, la conformidad en ideas en una organización es trágica». ¿Cómo pueden dos andar juntos, a menos que estén de acuerdo? En un ministerio necesita haber un acuerdo básico de ideas y modos de enfoques espirituales. Sin embargo, la lealtad no necesariamente significa que estéis de acuerdo el uno con el otro sobre todo detalle insignificante. No es el liderato espiritual el que exige esta clase de conformidad, sino el dictado espiritual. Parte de cada uno de nosotros quiere que todos los demás estén de acuerdo con nosotros todo el tiempo, pero esto raramente es el caso. Como individuos no somos poseedores de toda la verdad y virtud. El conflicto creativo es un elemento muy productivo en el desarrollo de nuestro propio pensamiento y ministerio. Por la presión de los modos de enfoque e ideas de otra gente, muchas veces son confirmados o modificados los nuestros, y si son confirmados entonces están aun más claros y s fuertes por el desafío del conflicto aparente. De todas maneras, deberíamos ser más maduros en vez de ver esto como un conflicto. Por supuesto, existen límites más allá de los cuales las diferencias ya no son creativas, porque llevan a la guerra entre los grupos de personas en vez de una discusión útil.

6. Chisme, calumnia y malentendidos
Una lengua chismosa puede infligir heridas terribles en otra persona. Algunos que hablan rápido y ligeramente con su lengua, nunca se paran a considerar el daño que es causado, tristemente muchas veces más allá de la reparación (Proverbios 18:8; Proverbios 16:28; Santiago 3:6). Necesitamos aprender ciertas lecciones muy de prisa:

– No existe liga de autodefensa en el Reino de los cielos. No vale para nada el hacerse el gallito e intentar alguna clase de defensa equivocada. Si nuestra respuesta inmediata es dar golpes furiosos sin mirar a quién, estaremos en peligro de ser mordidos dos veces, porque aquí nos confrontamos con un mal que proviene desde el mismísimo pozo del infierno. La tragedia es, por supuesto, que es un mal que se ha extendido por todo el cuerpo de Cristo.
– Necesitamos saber cuándo dejarlo en paz o cuándo confrontarlo con la verdad. Existen momentos cuando cualquiera de las dos maneras de actuar puede ser correcta y necesitamos el don de discernimiento en el Espíritu Santo para conocer la diferencia. Existen momentos cuando el cotilleo está basado nada más que en desinformación, y sólo se necesita una pequeña dosis de la verdad para corregirlo.
– Necesitamos saber dejar que la palabra hiriente desafíe nuestra propia vida y acción. Muchas veces la crítica tiene un grano de verdad en ella de la cual podemos aprender algo.

El chisme raramente perturba y ciertamente no puede destruir un corazón y vida en paz con Dios. Si sabes tu posición y tienes aquella relación abierta con el Padre y te dice que todo está bien, entonces no tienes nada que temer.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
(Filipenses 4:7)
7) Heridas y problemas personales
Las heridas pueden llevar a un terrible aplastamiento del espíritu.
El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado? (Proverbios 18:14)
Es en momentos así que el Señor quiere que se lo traigamos todo a El. No existe ninguna otra respuesta a esta necesidad más profunda de nuestro espíritu. El Padre conoce nuestro espíritu porque El lo creó, Sabe manejarlo, sabe sanarlo, sabe cotejarlo para que regrese a la vida de nuevo. Sabe derramar se bálsamo en nuestro corazón sin permitirnos complacernos de la pena de nosotros mismos. Su mano es amorosa, pero fuerte.
Echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque El tiene cuidado de vosotros.
(1 Pedro 5:7)
j) Preguntas y puntos de discusión
1. ¿Cuál es el resultado de una vida que no produzca fruto?
2. ¿Sabes lo que crees y por qué lo crees?
3. ¿Está en contradicción alguna parte de tu vida con otra parte?
4. ¿Qué ocupa la mayor parte de tu tiempo? ¿Eres buen administrador de tu tiempo?
5. ¿Está el temor robándote tu efectividad para Dios en algún área de tu vida?
6. ¿Puede la gente contar contigo, y conocer su posición ante ti?
7. Para verlo que está dentro de un tubo de pasta de dientes presionas sobre él apretando. ¿Qué encuentra la gen dentro de ti cuando te presionan?
8. Si reproducimos lo que somos ¿qué reproducirías?
9. «Cuando el caminar se hace duro, los duros empiezan a caminar» es un buen lema para un discípulo de Jesús, ¿Podrías decir que tú vives de acuerdo con este lema en este momento de tu propia vida?
10. ¿Cómo manejas el desánimo; las comparaciones; las decepciones; la presión; el desacuerdo; el cotillea, la calumnia y los malentendidos; y las heridas y problemas personales? Considera cada uno de estos separado.

k) Resumen y aplicación
1. Los discípulos de Jesús deberían ser fructíferos en su vida para Dios.
2. Necesitamos entender la fe claramente, tener la vida en armonía, ser disciplinados, y ponernos me espirituales para ser fructíferos en nuestra vida para Dios.
3. El temor, el orgullo y la inconstancia son tres áreas principales que necesitamos vencer para ser fructíferos para Dios.
4. Si queremos ser fructíferos en lo que Dios nos ha llamado como discípulos de Jesús, necesitamos vivir u vida que iguale el desafío del discipulado.
5. La fructificación viene cuando aprendemos a responder ala manera de Diosa las dificultades y desafíos de la vida.
6. No debemos dejar que Satanás consiga asidero en nuestra vida a través de las heridas, desánimos, decepciones, desacuerdos, cotilleos y comparaciones.
7. Como discípulos de Jesús, somos pámpanos en la vid – Jesucristo (Juan 15:1-17). El propósito del pámpano es el de llevar fruto. Un pámpano nunca se esfuerza para hacer esto, sino que sencillamente, permanece en la vid. La vid hace guíe la savia que da vida fluya por él y él da el fruto. Por permanecer en Cristo, mantenernos cerca de El y no correr lejos y hacer nuestra propia voluntad, El hace que la savia que da vida del Espíritu Santo fluya por nosotros para que podamos dar fruto. Este fruto primeramente es para nuestro Padre celestial que es el jardinero y no sólo consiste en almas salvadas, sanadas y liberadas, sino también consiste en el fruto del Espíritu Santo manifestado en nuestra vida (Gálatas 5:22-23). Esta clase de fruto visto por otros les llevará a Cristo. «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos». (Juan 15:8),

Lección 85. Entender la fructificación: (Primera parte) Libertad, Fruto, poder y sabiduría.

A. LIBERTAD
a) Escrituras clave
Juan 8:36
Gálatas 5:1
b) Cristo Jesús nos ha liberado
Antes de estar en Cristo estábamos en esclavitud de pecado, del yo y de Satanás. Debido a esta esclavitud no éramos libres para servir a Dios. ¡Pero ahora Cristo nos ha librado! Aparte de esta libertad que ha sido lograda para nosotros por medio de la cruz del Calvario, nunca podríamos seguir a Cristo ni llevar a cabo la voluntad del Padre. Esta libertad se obtiene por medio de una paradoja. Es porque nos vinculamos a Cristo, por fe, que somos librados de todas estas fuerzas negativas que nos impiden servir a Dios. Cuando hacemos la confesión: «Jesús es el Señor» (Romanos 10:9), nos vinculamos a Cristo. Lo que confesamos es a lo que estamos vinculados. Este es el porqué tanta gente no tiene libertad espiritual en absoluto, porque la confesión de su vida es algo o alguien distinto a Cristo. Esta confesión no es solamente cuestión de palabras, es cuestión de la voluntad, las actitudes y las acciones. Confesamos aquello que permitimos que tenga mayor influencia en nuestra vida. Incluso las actividades normales y decentes son equivocadas si nos separan de la libertad de Jesús. Si permitimos a cualquier cosa dominar nuestra mente y nuestro espíritu, entonces aquello llegará a ser la confesión de nuestra vida y nos robará de aquella libertad que el Padre ha ganado para nosotros en Cristo Jesús (Romanos 6:16-18). El secreto del discipulado es la obediencia. La obediencia espiritual no es intentar en nuestra propia fuerza hacer lo que Dios nos dice, sino es entregar nuestra vida en las manos de Dios y permitir a Jesús que sea nuestro Señor (Gálatas 5:1).

B) FRUCTIFICACION
a) Escrituras clave
Juan 15:16
Mateo 21:43
Romanos 7:4
b) Hemos sido escogidos para dar fruto
La libertad de influencias negativas nos hace libres para dar frutos (Romanos 7:4). El propósito de Dios al escogernos es para que nuestra vida sea productiva para El. Nos ha llevado a una relación con su Hijo para que manifestemos en nuestra vida las mismas características de fructificación que mostró Jesús en su vida. Es mientras reconocemos nuestra posición en Cristo Jesús, y apreciamos lo que significa esto para nosotros en nuestra vida cotidiana, que podemos traer a la luz los frutos de justicia, amor y poder (Juan 15:5-8).
Nuestra falta de fructificación es debida al hecho de que tendemos a vivir una vida seccionada. Tendemos a nombrar ciertas cosas como «espirituales» y las asociamos con el crecimiento y la madurez en términos cristianos. Pero a la vez, dejamos inmensas áreas de nuestra experiencia sin diagnosticar ni disciplinar. El resultado es que desperdiciamos una gran cantidad de tiempo, gastamos muchísima energía en cosas que son de poca importancia, y no reconocemos el desafío del discipulado en cada área de nuestra vida cristiana. Dios nos ha llamado para ser f u en todas las áreas de nuestra vida. Esto no es solamente una gran fuente de bendición a otras personas: trae gran recompensa a nosotros mismos. La satisfacción espiritual ganada de la fructificación real no puede ser medida.
c) Cinco áreas de fructificación
1. Una alma fructífera manifestando el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23)
2. Una mente fructífera (Filipenses 4:8-9; Romanos 8:5-8; Efesios 4:22-24).
3. Fructificación en hechos (Colosenses 1:10, 1 Pedro 3:10)
4. Fructificación en dones (1 Pedro 4:10; Romanos 12:4-6).
5. Fructificación en comunión (Hebreos 10:24-25; Salmo 133).



C. PODER
a) Escrituras clave
Efesios 1:17-23
Efesios 6:10
Hechos 1:8
2 Corintios 4:7
b) Vivir en el poder de Dios
Nuestra libertad no sólo se logra para nosotros por Cristo, sino que se logra en nosotros por el poder del Espíritu Santo. El Padre no quiere que vivamos en debilidad sino, en Su fuerza. Ha hecho asequible para nosotros todo poder que usó cuando resucitó a Jesús de la muerte (Efesios 1:18-20). Por lo tanto, no estamos caminando actuando solos en nuestro discipulado: tenemos a nuestra disposición todo el poder vivo de Dios por medio dé Espíritu (Mateo 28:19-20). Al discipulado, entonces, se le puede describir: ¡como una ilustración del poder Dios obrando! En la vida de los hombres y mujeres que no parecen nada desde el punto de vista exterior, obra con poder dinámico, llevando a cabo sus propósitos a través de aquellas mismas vidas (2 Corintios 4:7). poder que Dios nos da por su Espíritu Santo es más que suficiente como para cubrir toda necesidad que poda tener en cada aspecto de nuestra vida como cristianos (2 Pedro 1:3).
c) Cinco áreas en las cuales necesitamos poder
1. Poder para nuestra vida interior
Necesitamos recibir en lo profundo de nuestro corazón y vida los recursos de Dios. Sin este poder no ninguna manera en que respondamos jamás a la llamada de Dios a la santidad, o que podamos jamás llevar cabo su voluntad que nos quiere revelar (Efesios 3:16).

2. Poder para testificar para Jesús
Tal como los discípulos de Jesús, nunca podríamos llevar a cabo su comisión de ir y hacer discípulos de todas naciones, apartados del poder del Espíritu Santo que mora dentro de nosotros. Sin este poder los primeros discípulos habrían permanecido detrás de puertas cerradas, impotentes y temerosos. Jesús les dijo que cuando recibieran Espíritu Santo recibirían poder (Hechos 1:8) y esto es lo que sucedió. Pusieron el mundo al revés para Jesús.
3. Poder para creer en Dios
El Espíritu Santo crea fe en nuestro corazón. Antes que Jesús se fuera prometió a Sus discípulos que ven otro Consolador. No hablaría acerca de sí mismo sino que declararía a Jesús en su corazón. Por medio de la en el nombre de Jesús podrían llevar a cabo las poderosas obras necesarias en el Reino de Dios (Juan 14:12).
4. Poder en don y ministerio
El poder del Espíritu Santo es asequible a todo creyente (1 Corintios 12:7). Somos llamados para ser ministros del nuevo pacto de la gracia de Dios en Jesús. Todos hemos sido llamados para que nuestra vida sea un canal de la gracia de Dios a otros hombres y mujeres. El Padre no deja que hagamos esto en nuestra propia fuerza sino que provee la fuerza y habilidad del Espíritu Santo en todo punto. No sólo provee el coraje y valentía como para hacer el trabajo, sino que también provee los recursos por medio de los diversos dones del Espíritu Santo. El Padre también nos equipa, no sólo según las necesidades del trabajo, sino también referente a lo que somos como personas. Los discípulos no son llamados para ministrar en la misma manera, por tanto no nos son dados los mismos dones. Los dones que tenemos de Dios están hechos a la medida para nosotros y la obra que somos llamados a hacer para Dios.

5. Poder en guerra espiritual
Todo creyente cristiano está ocupado en la guerra. Cuando nacemos de nuevo sólo cambiamos de lado. Satanás no va a quedar pasivo ante esto, por tanto debemos estar preparados para la batalla. La guerra está en el corazón del discipulado porque somos aquellos a quienes Dios ha escogida para representarle y actuar en el poder de Su Reino aquí en la tierra, hasta que el Reino venga en su plenitud y Jesús aparezca en toda su gloria.

D. SABIDURIA
a ) Escrituras clave
Proverbios 4:5
Santiago 1:5
Santiago 3:13-18
Proverbios 9:10 1
Corintios 2:6-16
b) Comprendiendo lo que es ser hombre
No existe ninguna necesidad más importante, si hemos de crecer a la madurez, que el don espiritual de la sabiduría. Enfoca todos los demás dones y sin ella estamos a merced de nuestros sentimientos y las demandas de otra gente. Hace falta la sabiduría para entendernos, para entender las necesidades de otros, y para entender la voluntad de Dios. Los dones de Dios se deben usar con sabiduría para ser verdaderamente efectivos, porque el poder sin sabiduría es peligroso al cuerpo de Cristo. Necesitamos la madurez y perspicacia que viene de la sabiduría para poder aplicar los dones de poder debidamente (Proverbios 4:5-7).
c) Las dos caras de la sabiduría en el Antiguo Testamento
1. La sabiduría es una cosa práctica para la vida
Es un don dado por Dios de saber qué hacer en una situación dada, y cómo manejar la vida con todos sus desafíos y oportunidades. Sólo tenemos una vida, y las decisiones que tomemos y las respuestas que tengamos ante las circunstancias de nuestra vida afectarán en gran medida a la plenitud en que esta se viva y a que su efecto sea más fructífero o no,(Proverbios 4:10-12).

2. La sabiduría está relacionada con el entendimiento de Dios por parte del hombre
Los libros de Job y Eclesiastés reflejan la búsqueda en el espíritu del hombre del significado más profundo de la vida y la existencia. Pero esto no puede ser entendido sin la sabiduría de Dios. La respuesta no está en el hombre a nivel de su entendimiento, sino que es un don de Dios.

El principio de la sabiduría es el temor de Jehová . (Salmo 111:10)

Job descubrió esta gran verdad, enfrentado como estaba a toda la presión y trauma de sus dificultades. Al final tuvo que hacer frente al hecho de que Dios lo sabía todo, y que si quería compartir en el entendimiento de Dios de las cosas, necesitaba volver su vida hacia el Señor (Job 28:12-23).
d) La sabiduría en el Nuevo Testamento o la sabiduría de Cristo
Estas mismas dos dimensiones de sabiduría están destacadas en el Nuevo Testamento:
1. Santiago destaca la primera cuando habla de la necesidad de que nosotros entendamos los sucesos y circunstancias de nuestra vida. No podemos vivir en la confusión de las pruebas y dificultades sin la sabiduría espiritual, si no estaremos ciegos al hecho de que la mano de Dios está, por medio de estas dificultades, madurándonos y desarrollándonos en los hombres y mujeres que quiere que seamos (Santiago 1:5).
2. Pablo enfatiza la segunda cuando habla a los corintios acerca de la fuente de su entendimiento espiritual de las verdades profundas de Dios (1 Corintios 2:7). Pablo sigue para enseñar que esta sabiduría no tiene su fuente en nuestra propia inteligencia o perspicacia, sino que depende enteramente de la obra del Espíritu Santo. La marca de un hombre espiritual consiste en que es capaz de recibir y entender la verdad espiritual y profunda. La sabiduría humana, no regenerada y no santificada, está reñida con la revelación de Dios. La mente humana está en rebelión contra la voluntad de Dios y encuentra imposible comprender la verdad sin la obra del Espíritu Santo. Esto es así, porque la mente no regenerada del hombre es esclava de su naturaleza no regenerada. No es hasta que el hombre nace de nuevo por el poder del Espíritu Santo que su mente es liberada y renovada bajo el poder de la Palabra de Dios. Sólo entonces se halla en posición de recibir y entender la verdad espiritual La sabiduría del hombre le ha llevado a apartarse de Dios en vez de hacer sus conocimientos más profundos de Dios (Romanos 1:21-23).
e) El donde sabiduría
El entendimiento espiritual es muy importante en la vida del discipulado. El entender nos da aquella perspicacia en la Palabra de Dios que necesitamos si hemos de aplicarla a nuestra vida cotidiana. El entendimiento espiritual desarrolla conciencia en las circunstancias de nuestra vida del significado real de las cosas. Nos abre a las verdaderas necesidades de otra gente por la sensibilidad de espíritu que trae la sabiduría. Nos enseña cómo cuándo usar otros dones del Espíritu, con que Dios nos ha dotado, para que seamos fructíferos y útiles y arrogantes y destructivos.
f) Ocho cosas que trae la sabiduría espiritual
1. Un nuevo entendimiento de uno mismo
Una apropiada conciencia de uno mismo es crucial para un desarrollo equilibrado en la vida. Sin ella estamos sujetos a las ilusiones, que surgen de tener un concepto incorrecto de nosotros mismos, es decir, un concepto demasiado alto o bajo de nosotros mismos. Cualquiera de estos puntos de vista es destructivo para nuestro apropiado desarrollo en la vida y el ministerio. Lo que necesitamos es el punto de vista de Dios de nosotros mismos (Romanos 12:3).

2. Un entendimiento de verdad espiritual (1 Corintios 12:10-12)
Aparte del don de sabiduría no podemos comprender las cosas profundas de Dios. El entendimiento espiritual de las cosas profundas de Dios lleva a una dignidad correlativa y madurez en nuestra vida para Dios. Es discernimiento espiritual de la verdad lo que nos impide descarriarnos y ser llevados por todo viento doctrina.

3. Un entendimiento de la Escritura
Sin un profundo entendimiento de la Palabra de Dios a través de la Escritura, no desarrollaremos aquella perspicacia más profunda de la verdad que el Padre desea que tengamos. Estamos a merced de demasiadas enseñanzas y filosofías de ministerio hoy día que no han sido probadas en lo que concierne a las Escrituras Necesitamos poder apreciar la verdad que Dios nos ha dado en las Escrituras y aplicarla en la práctica nuestro vivir cotidiano (2 Timoteo 3:14-17).
4. Un entendimiento de la voluntad de Dios
Necesitamos vivir en concordancia con la voluntad de Dios durante nuestra vida entera para que se productivos y provechosos para Dios. Necesitamos pedir al Padre la sabiduría para discernir Su voluntad (Colosenses 1:9; Efesios 5:15-16; Santiago 1:5-8).
5. Un entendimiento de los dones espirituales
La sabiduría es necesaria cuando se trata de dones de poder porque el poder indisciplinado puede llevar a estragos en la vida de aquellos que lo reciben (1 Corintios 14:20).

6. Un entendimiento del poder espiritual
Necesitamos poder discernir lo verdadero de lo falso. Dios ha provisto para ello a través de los recursos del Espíritu Santo (1 Juan 4:1; 2 Corintios 2:11; 1 Corintios 12:10). Permanecer cerca de las Escrituras y del consejo sabio de hombres piadosos también ayuda.

7. Un entendimiento de la esperanza a la que somos llamados
Necesitamos entender esta por fe, para poder ganar el ánimo que necesitamos en nuestro caminar como creyentes. Esto provee una perspectiva para nuestra vida, mucho más amplia y grandiosa que el limitado, y a veces difícil, contexto demostrado por nuestra experiencia cotidiana.

8. Un entendimiento de las señales de los tiempos
No hemos de ser personas que miran fechas, porque incluso Jesús dijo que no sabía cuándo volvería; sólo su Padre en el cielo lo sabía (Mateo 24:36). Sin embargo, no estamos destinados a vivir en ignorancia con respecto a los sucesos a nuestro alrededor, mientras vemos las cosas moviéndose hacia un punto culminante. Hemos de vivir con aquella urgencia y estado de preparación que pertenece a la gente que es consciente de los movimientos de los tiempos alrededor de ellos (1 Tesalonicenses 5:1-6; Mateo 24:42-44). Sabemos que Cristo Jesús viene otra vez y necesitamos vivir nuestra vida a la luz de este hecho.
g) Preguntas y puntos de reflexión
1. Lo que confesamos, por nuestro vivir cotidiano es a lo que estamos atados. Discútelo.
2. ¿A qué permites dominar tu mente y espíritu?
3. ¿Eres fructífero para Dios en todas las áreas de tu vida?
4. ¿Eres una ilustración del poder de Dios obrando? Si no es así, ¿por qué no?
5. ¿Eres canal de la gracia de Dios para otros hombres y mujeres?
6. ¿Por qué es el don espiritual de la sabiduría tan importante, especialmente en círculos carismáticos?
7. ¿Por qué son peligrosos los dones espirituales sin sabiduría?
8. ¿Es realmente el temor del Señor el principio de la sabiduría?
h) Resumen y aplicación
1. Cristo Jesús nos ha liberado como creyentes, pero sólo podemos mantener esta libertad si nos vinculamos con Cristo.
2. Dios nos escogió como discípulos, para llevar fruto para El.
3. Tenemos a nuestra disposición todo el poder vivo de Dios por medio de su Espíritu Santo.
4. Ganamos sabiduría cuando conocemos al Señor. El es la fuente de toda sabiduría y entendimiento, y a través del Espíritu Santo desea impartirnos su sabiduría.
5. La sabiduría es necesaria para nuestra madurez espiritual y también nos capacita para servir a Dios fructífera y eficazmente.

Lección 84. La autoestima y nuestra posición correcta ante Dios.

a) Escrituras clave
Salmos 139:13-16
Romanos 9:20-21
Romanos 12:3
Efesios 2:10 1
Samuel 16:7

b) Introducción

La autoestima es una opinión favorable, loable, prometedora y apropiada de nosotros mismos. Podemos tener un concepto demasiado alto de nosotros (Romanos 12:3; Gálatas 6:3-4) o demasiado bajo (Efesios 2:10). Como discípulos de Jesús, somos especiales a los ojos de Dios. Dios, el creador del universo, vive en nosotros por su Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). Somos hijos de Dios, coherederos con Jesús y compartimos con El en su gloria (Romanos 8:17). Hemos sido hechos vivos con Cristo (Efesios 2:5:) y nos ha sido dada plenitud en Cristo (Colosenses 2:10). En efecto, podemos hacerlo todo a través de El que nos fortalece (Filipenses 4:13) y hemos sido levantados con Cristo y sentados en lugares celestiales (Efesios 2:6). Necesitamos equilibrar la grandeza de quién somos en Cristo con una aceptación humilde de lo que Dios quiere que seamos y lo que El quiere que hagamos.
Dios nos hizo (Salmos 139:13-16)
Dios nos hizo y nos conoció incluso antes que naciéramos. El es lo suficiente grande como para poder con nuestros mayores problemas y sacarnos de ellos. Si somos bajos, altos, gordos, delgados, feos, guapos, inteligentes, menos inteligentes, introvertidos o extrovertidos, deberíamos aceptarnos, porque esta es la manera en que Dios nos creó y nos hizo. El sabe lo que es mejor y producirá lo mejor en nosotros si se lo permitimos. Esto significa cooperar con El. No deberíamos estar contentos con el pecado en nuestra vida, ni con los problemas de nuestra vieja concupiscencia, mas deberíamos estar contentos de cómo fuimos hechos. Nunca hubo ni nunca habrá otra persona tal como tú. Los dones que Dios te ha dado y te dará, la manera en que te hizo, e incluso las circunstancias en que te ha puesto, todo te capacitará para hacer y llevar a cabo un trabajo que nadie más podría hacer tan bien como tú. Tú eres la mejor persona para la tarea que Dios te ha llamado a hacer. Has sido hecho y estás siendo moldeado por Dios para esa misma cosa. Has sido hecho con un patrón que no se repetirá nunca (Romanos 9:20-21).
No deberíamos empuñar las armas contra la hechura de Dios. No deberíamos jamás, entonces, odiarnos ni tener ninguna amargura o resentimiento contra el Señor por habernos hecho de la manera que somos. Esto contristaría al Espíritu Santo de Dios en nosotros. Dios acepta toda la responsabilidad por nuestra creación, pero nuestro desarrollo y destino final depende de nuestra cooperación con El. ¡Es elección nuestra si dejamos que Dios lo haga o no!
Jesús cambió el nombre de Simón por Pedro o Cefas. Lo hizo porque «Pedro» significa «roca» y «Simón» significa «junco». Un junco es movido con facilidad por todo viento, pero una roca es sólida y estable. Esto habría hecho que Pedro se viera diferente, haciéndole estable donde era inestable. Jesús sabía que Pedro había de llegar a ser un fundamento estable de Su iglesia. Pedro necesitaba verse como le veía Dios. Nosotros necesitamos hacer lo mismo. Dios ve lo que nosotros podemos llegar a ser en El por medio de Su amor y poder obrando en nosotros, y a través nuestro. Necesitamos vernos como Dios nos ve y no como nosotros nos vemos. El Señor no mira la apariencia exterior sino que mira al corazón (1 Samuel 16:7).
d) Consecuencias de una mala imagen de uno mismo
Nuestra autoestima es una de las cosas más importantes que poseemos. La autoestima influye en nuestra felicidad personal o en la falta de ella. Establece las fronteras de nuestros logros y limita nuestra realización. Si nos creemos poco en Cristo lograremos poco, pero si creemos positivamente, somos más capaces de alcanzar nuestro potencial en Cristo Jesús. Tenemos una mala imagen de nosotros mismos cuando no nos podemos escapar de las actitudes e ideas negativas que tenemos de nosotros mismos, Si vivimos con éstas, entonces tres cosas tienden a suceder:
1. Nos falta confianza en nosotros mismos.
2. Somos incapaces de descubrir nuestro propósito en la vida.
3. Recibimos un sentimiento de rechazo, fracaso e inseguridad.
La mayoría de las personas intentan esconder quiénes son realmente porque sufren de estas cosas. Se ponen una máscara y esperan que la gente no descubra la persona real que hay debajo. Algunas de las cosas que tales personas hacen para encubrir los problemas subyacentes, incluyen:
· Ser unos «bocones» para cubrir la falta de confianza en sí mismos.
· Andar con el grupo de moda «in» para cubrir su inseguridad.
· Sentirse inferiores, tímidos y reservados porque creen ser un fracaso.
Muchos de nuestros problemas sociales hoy día pueden surgir de una mala imagen de uno mismo; por ejemplo, alcoholismo, drogadicción, actividad criminal, rebelión, abuso del sexo, rotura matrimonial, vandalismo, violencia, etcétera.
Podemos engañar a otros, pero no podemos escondernos de Dios. El sabe quiénes somos, por tanto, no intentemos escondernos de El. Necesitamos entregar nuestras vidas en Sus manos y morir a nosotros mismos. Luego necesitamos vivir como El nos ve.
e) Las consecuencias de una buena imagen de uno mismo
Necesitamos experimentar el amor y poder de Dios. Necesitamos saber que somos aceptados por Dios quien lo creó todo. Necesitamos entender quién somos en nosotros mismos, y quién somos en Cristo y comenzar a vernos como Dios nos ve. Esto nos capacitará para tener confianza en nosotros mismos y en Dios; sentirnos seguros, sabernos aceptados, alcanzar el éxito y realización, etcétera,
Todos somos como niños en que aprendemos a ser aquello con lo que vivimos.

  • Si vivimos con crítica aprendemos a condenar.
  • Si vivimos con hostilidad aprendemos a luchar.
  • Si vivimos con ridículo aprendemos a ser tímidos.
  • Si vivimos con vergüenza aprendemos a sentirnos culpables.
  • Si vivimos con tolerancia aprendemos a ser pacientes.
  • Si vivimos con ánimo aprendemos a ser confiados.
  • Si vivimos con alabanza aprendemos a apreciar.
  • Si vivimos con imparcialidad aprendemos justicia.
  • Si vivimos con seguridad aprendemos a tener fe.
  • Si vivimos con aceptación aprendemos a gustarnos.
  • Si vivimos con aceptación y amistad aprendemos a encontrar amor en el mundo.

f) ¿Cuál es el camino de Dios?
La gente intenta toda clase de cosas para sentirse bien y ganar aceptación, dinero, trabajo, placer, estudios, deportes, excelencia, sexo, poder, belleza,, ropa elegante, lo oculto, etcétera. Algunas de estas cosas tienen valor, pero el valor es sólo temporal. Pueden dar algún sentimiento de satisfacción; pero al fin y al cabo son vacíos, sin sentido e incluso peligrosos.
Dios creó al hombre a su propia imagen para tener una relación con El. El hombre, sin embargo, no vivió en conformidad con lo que Dios quería, siguió su propio camino e hizo lo que le vino en gana. Esto resultó en separación de Dios. El hombre sintió vergüenza y temor porque había perdido la bendición de la presencia y el amor de Dios. El hombre pronto se dio cuenta de que había salido perdiendo. Fue creado para ser algo y hacer algo por Dios, y ahora estaba separado de El. Esto ha causado que el hombre tenga una crisis de imagen de sí mismo. El hombre ha intentado volver a ganar aquella imagen perdida, pero nunca ha comprendido plenamente cuál era el problema. Siempre parece que se queda corto, no importado que intente. Siempre parece haber un vacío o falta de propósito y realización.
Jesús el hijo de Dios, vino a la tierra porque lo sabía, vino para restaurar al hombre lo que había sido perdido y dejarnos tener una relación con Dios otra vez. Jesús entendió el problema y El mismo se convirtió en la respuesta de la humanidad (Juan 14:6). Sin embargo, nosotros nos tenemos que alejar de las cosas que no agradan a Dios (es decir el pecado) y aceptar a Jesús como nuestro Salvador y Señor, Dios entonces promete aceptamos de nuevo y permitimos experimentar Su vida, poder y amor. Incluso promete damos parte de Sí mismo, el Espíritu Santo, para capacitarnos para vivir la vida para la cual fuimos creados. Vivir en lo bueno de la respuesta de Dios llenará el vacío en nuestro interior. Necesitamos dejar que Dios tenga libre dominio en nuestra vida y desaprender muchas de las ideas que teníamos acerca de la vida antes de descubrir la verdadera respuesta. Esto tardará tiempo, pero si dejamos que Dios trabaje en nosotros, entonces seremos cambiados, para ser como El. Nos librará de la imagen distorsionada que tenemos de nosotros mismos y nos capacitará para vivir con dignidad y de modo que podamos realizar nuestro destino dado por Dios.
Porque somos hechura suya creados en Cristo Jesús, es para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
(Efesios 2:10)

B. NUESTRA POSICION CORRECTA ANTE DIOS
a) Escrituras clave

Romanos 6:1-23
Romanos 7:1-25
Romanos 8:1-39
Romanos 12:1-2
2 Corintios 5:17

b) Nuestro viejo yo fue crucificado con Cristo
Cuando nos convertimos en discípulos de Jesús, Dios ve a nuestro viejo yo como muerto. Dios llevó nuestro viejo yo y lo crucificó con Cristo Jesús (Romanos 6:6). Hemos muerto y ahora vivimos con Cristo. Somos nuevas criaturas, lo viejo ha pasado, lo nuevo ha llegado (2 Corintios 5:17). Nos hemos convertido en la justicia de Dios en Jesús (2 Corintios 5:21). Necesitamos considerarnos, por tanto, muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. (Romanos 6:11). Esta es la manera en que Dios quiere que nos veamos.
Muchas veces, incluso como cristianos nacidos de nuevo, nos vemos débiles e ineficaces contra nuestra concupiscencia pecaminosa. Esto es un concepto totalmente erróneo. Tenemos en nosotros el potencial de resistir el pecado y vivir una vida totalmente victoriosa en Cristo. Nuestro viejo yo, que no tenía ni el poder ni el potencial como para resistir el pecado, ha pasado y tenemos un nuevo yo, nacido del Espíritu de Dios, al cual, si se le permite reinar, nos capacitará para vencer toda tentación y por tanto todo pecado. Necesitamos vivir en lo bueno de esto (Colosenses 2:9-15; Colosenses 3:9-10).
Satanás intentará convencernos de que este no es el caso e intentará enredarnos en el pecado de nuevo e incluso puede tener éxito. El quiere que creamos que no tenemos nada de poder para dejar de pecar. Sin embargo, en Cristo sí tenemos el poder, no sólo para resistir el pecado, sino también para vencerlo. Si pecamos, todo lo que tenemos que hacer es confesarlo, darle la espalda y recibir el perdón de Dios, y entonces volveremos a nuestro lugar correcto sin pecado (1 Juan 1:9). Ya no somos esclavos del pecado. Estamos sin pecado en Cristo, a menos que permitamos que el pecado reine de nuevo en nuestra vida.
c) No dejes que el pecado te enrede
Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
(Gálatas 5:1)
Cristo Jesús nos ha librado de nuestro yo pecaminoso, por tanto, no debemos dejar que ni Satanás ni el pecado nos enreden de nuevo. Esto necesita disciplina y un conocimiento de que, aunque el pecado es «pegajoso», no puede adherirse permanentemente a nuestro nuevo yo en Cristo, a menos que persistamos en él (2 Pedro 2:19-22). En la Escritura somos continuamente animados a no alimentar nuestra vida con cosas impías. No hemos de involucrarnos en los caminos del mundo (1 Juan 2:15-17). Como Jesús, necesitamos estar en el mundo pero no ser del mundo. Necesitamos vivir una vida que agrade a Dios, y esto significa servirle siempre con 100% de nuestra vida (Hebreos 10:26-39). Para hacer esto necesitamos alimentarnos de las cosas de Dios y no de la basura que ofrece el mundo (Colosenses 2:20; 2 Timoteo 2:4; Filipenses 4:8). El pecado no tiene dominio en nosotros a menos que se lo permitamos (Efesios 4:22-24).

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino que transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta
(Romanos 12:1-2)
d) Nuestro espíritu debería gobernar
Necesitamos dejar que nuestro espíritu, que fue hecho vivo por el Espíritu Santo cuando nacimos de nuevo (Juan 3:5-6); 1 Pedro 1:23), reine en nuestra vida y experiencia. Nuestro espíritu debería gobernar sobre nuestra alma (es decir la mente, las emociones y la voluntad) y sobre nuestro cuerpo. Nuestro espíritu es habitado y controlado por el Espíritu Santo, y el Espíritu Santo conoce la mente de Dios (1 Corintios 2:10-16). Si Jesús es en verdad Señor de nuestra vida entonces nuestro espíritu necesita gobernar en toda nuestra vida (Gálatas 5:13-26; Romanos 8:1-17). Así es como un discípulo de Jesús debería vivir. Este es el orden de Dios para las cosas.

Sin embargo, muchos cristianos han alzado el alma, o incluso el cuerpo, en ciertas áreas de su vida, para que rijan ellos en vez del espíritu. Si pecamos en cualquier área de nuestra vida, en realidad nuestra alma gobierna en aquella área. Necesitamos confesar esto y pedir a Dios que nos perdone, recibir su limpieza, y luego hacer que Jesús sea Señor sobre esa área de nuestra vida de nuevo. Así reintegramos nuestro espíritu, el cual está bajo el control del Espíritu Santo para gobernar en esa área.

e) Conclusión
Necesitamos morir a nosotros mismos diariamente y vivir como vivió Cristo Jesús (Lucas 9:23). Necesitamos considerarnos muertos al pecado. Ya no tenemos que obedecer nuestra vieja concupiscencia que no podía quitarse el pecado de encima, porque ahora somos nuevas criaturas en Cristo. Necesitamos vivir con nuestro espíritu en control sobre nuestra vida y no permitir que nuestra alma o cuerpo se levante y asuma el control. Esto significa que necesitamos alimentar y animar nuestro espíritu y evitar todo aquello que pudiera ayudar a nuestra alma o cuerpo a levantarse de nuevo, por tanto, a pecar.

Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne, porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.
 (Romanos 8:12-14)
f) Preguntas y puntos de reflexión.
1. ¿Culpas a Dios por tu apariencia o por el lugar donde vives? ¿Deberías?
2. Jeremías vivió una vida muy difícil como profeta del Señor. ¿Crees que el conocimiento de que Dios le conocía antes que fuese formado en el vientre, y que le había apartado para ser profeta a las naciones antes de que naciera habría ayudado a Jeremías? (Jeremías 1:4-10) ¿Hay alguna lección que necesitamos aprender de este pasaje?
3. ¿Por qué ocurren los problemas sociales listados en la sección titulada: «Consecuencias de una mala imagen de uno mismo» debido a una mala imagen de uno mismo?
4. ¿Está Dios en control de tu vida como discípulo de Jesús o no? ¿Cómo entonces deberíamos vernos?
5. Hemos muerto a nuestro viejo yo como creyentes nacidos de nuevo. Mucha gente que recibe consejo no lo reconoce. ¿Cómo deberíamos aconsejar a la gente a la luz de esta verdad? Discútelo.
6. El bautismo en agua por inmersión total es una señal o declaración pública de que hemos muerto a nuestro viejo yo y ahora vivimos en la vida de resurrección de Cristo. ¿Vivimos en lo bueno de esto?
7. ¿Está tu espíritu en control de todas las áreas de tu vida? Si no es así; ¿qué vas a hacer acerca de ello?

g) Resumen y aplicación

1. Dios nos conocía antes que naciéramos y ha preparado una obra de antemano para que nosotros, como discípulos de Jesús, la hagamos.
2. Dios quiere que nos veamos como El nos ve.
3. Si cooperamos con Dios y le entregamos nuestra vida a El, seremos las mejores y mejor equipadas personas para hacer el trabajo que Dios quiere que hagamos.
4. La mayoría de los problemas en el mundo hoy día, provienen de la incapacidad del hombre de vivir como Dios le creó originalmente para que viviera.
5. Necesitamos vivir como si estuviéramos muertos a nuestro viejo yo pecaminoso y no como si todavía estuviéramos vivos para él.
6. Nuestro espíritu, que está controlado por el Espíritu Santo de Dios, debería estar en control de toda nuestra vida.
7. «Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de El sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas, y haced sendas derechas para vuestros pies para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado». (Hebreos 12:1-3; 12 y 13).

Lección 83. Guerra espiritual

a) Escrituras clave
Efesios 6:10-18
Apocalipsis 12:10-11
2 Corintios 4:4
Lucas 11:14-26
1 Pedro 5:8-9
Efesios 1:17-23
Santiago 4:7
Colosenses 2:15
b) Introducción
Cuando nacemos de nuevo cruzamos desde el reino de las tinieblas al Reino de Dios (o el Reino de la luz). Antes servíamos a Satanás (Juan 8:42-47), pero ahora deberíamos servir a Dios porque nos ha rescatado del dominio de Satanás (Colosenses 1:12-14). Satanás no está contento de que ya no le sirvamos. El intentará hacer todo lo posible para que caigamos y volvamos a un lugar bajo su dominio. Esta es una parte de nuestra guerra espiritual, en que necesitamos resistir en el poder de Dios los avances de Satanás y mantenemos en la victoria sobre el maligno, que Jesús nos ha ganado.
La otra cara de la guerra espiritual es que, como discípulos de Jesús, tenemos una comisión de Dios de hacer discípulos de todas las naciones. Los pueblos en el mundo están bajo el poder de Satanás (2 Corintios 4:4) y no pueden ver la verdad, y por tanto, para hacer discípulos para Dios, necesitamos traer el poder de Dios para salvación a la gente, y dejar que El libere a gente del reino de las tinieblas y les coloque en su Reino, es decir el Reino de Dios. No tenemos que derrotar a Satanás de nuevo. Jesús ha ganado una victoria total (Colosenses 2:15) y sólo necesitamos vivir en lo bueno de ella y hacer cumplir esta victoria. Esto hará que Dios nos pueda usar para ganar a otra gente en este mismo lugar de victoria.
c) ¿Cuál es el Reino al cual hemos sido llevados?
Es el Reino de Dios (o cielo) que es el poderoso reinado y dominio de Dios sobre toda vida. Jesús predicó el Reino como sus buenas nuevas (Marcos 1:15; Mateo 4:23) y los apóstoles hicieron lo mismo (Hechos 8:12). El Reino de Dios viene a nosotros con poder-para salvar, cambiar, sanar y librar de demonios (Mateo 4:23; Mateo 9:35; Mateo 12:28; Marcos 16:15-18). Ese poder es el Espíritu Santo que nos trae a los que estamos en el Reino: justicia, paz y gozo de Dios (Romanos 14:17; 1 Corintios 4:20).

d) ¿Cuál es el reino de las tinieblas?
La rebelión de Satanás y sus ángeles ha producido un reino erigido en oposición a Dios, al que intenta llevar a todo ser humano. Ha tenido cierta medida de éxito debido a que causó que el pecado entrara en el mundo. Como cristianos, nuestra lucha es contra las fuerzas malignas de las tinieblas (Efesios 6:12) y nuestro principal adversario es Satanás.
e) ¿Quién es Satanás?
Satanás es un ser real (Lucas 4:1-13) y no sólo quimera nuestra. Tiene su origen como el precioso ángel llamado Lucifer que fue echado del cielo debido a su orgullo (Isaías 14:11-15; Ezequiel 28:12-17). Se describe a Satanás de muchas maneras en la Biblia, incluidas:

  • Nuestro enemigo, el diablo (1 Pedro 5:8).
  • Tentador (1 Tesalonicenses 3:5).
  • Padre de mentiras (Juan 8:44).
  • Gobernante del reino del aire (Efesios 2:2).
  • El maligno (1 Juan 2:14). .
  • Acusador (Apocalipsis 12:10).
  • Asesino (Juan 8:44).
  • Serpiente (Génesis 3:1).
  • Angel de luz (2 Corintios 11:14).

Actualmente, todo el sistema mundial está en sus garras (1 Juan 5:19). El es la fuente esencial de pecado, enfermedad y muerte. Tiene un reino de demonios (Mateo 12:24-28) que consiste en espíritus malignos (Lucas 11:24-26) o ángeles caídos (Mateo 25:41) que son inteligentes, activos, habitan en la tierra y en esferas celestiales sobrenaturales (Efesios 6:11-12). Recuerda, el diablo o Satanás no es igual que Dios, ni siquiera es eficaz contra Dios. No es omnisciente ni todopoderoso.
f) ¿Quién gobierna el mundo?
Desde que Adán y Eva se vendieron a Satanás, el gobierno de este mundo pertenece al diablo, aunque era la intención de Dios que el hombre gobernase (1 Juan 5:19). Dios creó al hombre a su propia imagen y le dio autoridad para reinar sobre la tierra y dominarla (Génesis 1:26-28; Salmo 8:3-8). El orden que Dios propone es:

Dios (el Padre, Hijo y Espíritu Santo)
Los creyentes
Los ángeles/Satanás y sus ángeles caídos
Los incrédulos
Los animales

Como creyentes, estamos ahora levantados con Cristo y Sentados con El (Efesios 2:6) y Dios ha puesto todas las cosas bajo los pies de Cristo (Efesios 1:20-22). Por lo tanto, nosotros como creyentes, no sólo tenemos autoridad sobre los animales y las plantas, mas en el nombre de Jesús tenemos autoridad sobre todas las obras del enemigo.
Jesús, cuando volvió a su Padre, victorioso sobre el diablo, pidió al Padre que diera su Espíritu Santo a todo el que creyere. Esto significa que ahora tenemos disponible el mismo poder que tenía Jesús, y en su nombre tenemos la misma autoridad. Satanás intentará rebelarse contra nosotros como creyentes, pero somos más que vencedores en Cristo (Romanos 8:37). No seremos derrotados por Satanás porque estamos en el lado victorioso.
g) ¿Cómo nos ataca el enemigo?
No deberíamos ser ignorantes de los esquemas malignos de Satanás (2 Corintios 2:11). Debemos estar conscientes de que el diablo está constantemente tratando de destruir cristianos (1 Pedro 5:8). Es listo y astuto en sus tácticas (Efesios 6:11; Génesis 3:1-6) e intentará cualquier cosa en cualquier momento para derrumbarnos. No es ningún caballero, en realidad, suele esperar hasta que estemos cansados y desanimados y tengamos la guardia baja antes de atacarnos (Mateo 4:2-3). El principal campo de batalla está en nuestra mente: acusa (Zacarías 3:1); engaña (2 Corintios 11:14); tienta (1 Tesalonicenses 3:5); miente (Juan 8:44); inspira malos pensamientos, confusión, dudas, temor, incredulidad, pereza, suficiencia, desesperación, desánimo, etcétera; atrae nuestros deseos carnales (Gálatas 5:17). Satanás también busca una entrada en la vida de la gente a través del estar envueltos en sectas, drogas, idolatría, brujería o cualquier otra práctica oculta. Satanás también usa sus ángeles caídos, llamados demonios, para molestar a la gente (Lucas 13:10-16).
h) Jesús venció a Satanás

  • Refrenándole con la Palabra de Dios (Mateo 4:4).
  • Librando a aquellos a quien había oprimido con enfermedad (Hechos 10:38).
  • Demostrando el poder superior del Espíritu Santo y el Reino de Dios (Mateo 12:28).
  • Derrotando totalmente a Satanás y todos sus ejércitos en la cruz (Colosenses 2:15; Hebreos 2:14).
  • Decidiendo el destino de Satanás una vez y para siempre (Mateo 25:41).

Jesús comparte su victoria con su pueblo, dándonos la autoridad para derrotar a Satanás en nuestra propia vida. La razón por la que el Hijo de Dios apareció fue para destruir las obras del diablo (1 Juan 3:8).
i) Cómo vencemos a Satanás
1. Nuestra estrategia para la guerra

  • Reconocer sus actividades (2 Corintios 2:11).
  • Rechazar sus avances (Efesios 4:27).
  • Resistir sus ataques (Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8-9).
  • Reconocer dónde está obrando Dios y hacer lo que Dios quiere que hagas en esa situación.
  • Jesús dijo que en su nombre sus discípulos echarían fuera demonios (Marcos 16:16-17) como parte de su obra para El.

2. Nuestra armadura para la defensa
La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado mientras confesamos todo pecado a Dios y recibimos perdón (1 Juan 1:7-9). Si vivimos en lo bueno de esta provisión de Dios, Satanás no podrá conseguir ningún asidero en nuestra vida (Efesios 4:27). Necesitamos saber dónde estamos en Dios.
La sangre de Jesús nos capacita para vivir en victoria sobre Satanás (Apocalipsis 12:11; Colosenses 2:15). También necesitamos vestimos de toda la armadura de Dios para poder mantenemos firmes, sea lo que sea lo que el enemigo nos lance (Efesios 6:10-18). Vestirse de esta armadura es como vestirse del Señor Jesús (Romanos 13:14). Entonces estaremos morando en Cristo y siguiendo cerca de El siempre. Jesús sabe por lo que pasamos porque, aunque es Dios, se hizo hombre y fue tentado en toda manera en que lo somos nosotros, pero sin pecar (Hebreos 4:15).
Cuando Satanás vino a El para tentarle, El pudo mantenerse firme y vencer. Lo hizo, no en su autoridad como Dios, sino como hombre en el poder del Espíritu Santo. Como discípulos de Jesús, tenemos este mismo poder a nuestra disposición (Filipenses 4:13; Hechos 10:38). La armadura de Dios está dividida en un número de artículos. Necesitamos repasar estos en nuestra mente para asegurarnos de que estamos viviendo como deberíamos en Cristo, en la victoria disponible a nosotros y por tanto no tener ningún punto en el que el enemigo pudiera venir y atacarnos con éxito.
– ¿Vivimos vestidos con el cinturón de la verdad? ¿Vivimos en la verdad y en la realidad de Dios? (Jesús es la verdad, morando en nosotros e inspirándonos para vivir una vida veraz -Juan 14:6).
-¿Nos hemos vestido con la coraza de justicia? ¿Vivimos rectos ante Dios como deberíamos? (Jesús es nuestra justicia que debería inspiramos a vivir rectos -2 Corintios 5:21).
-¿Están nuestros pies calzados con el apresto del evangelio de la paz? ¿Cumplimos la gran comisión de Jesús de ir y hacer discípulos por todas las naciones? (Jesús es el Príncipe de paz y es su evangelio el que llevamos -Isaías 9:6)
– ¿Hemos cogido el escudo de la fe? ¿Vivimos una vida de fe, confiando en Dios y conociendo nuestra victoria sobre el enemigo y nuestra vida carnal? (Jesús es el autor y consumador de nuestra fe -Hebreos 12:2).
– ¿Nos hemos vestido con el yelmo de la salvación? ¿Sabemos que somos nacidos de nuevo y somos hijos de Dios? (Jesús es el capitán y autor de nuestra salvación -Hebreos 2:10).
– ¿Hemos cogido la espada del Espíritu? ¿Conocemos la Palabra de Dios y lo que dice acerca de quién somos en Cristo? (Jesús es la Palabra viva y nos ha dado su Palabra para que sea un arma activa en nuestra boca -Hebreos 4:12; Juan 1:14).
¿Oramos en el Espíritu en toda ocasión? ¿Estamos abiertos a la guía y motivación del Espíritu Santo, y sabemos orar con eficacia? Jesús nos da acceso a nuestro Padre celestial y por consiguiente podemos presentarle las cosas en el nombre de Jesús; (Hebreos 4:16; Juan 14:13).
Recuerda que debemos ser autocontrolados y velar (1 Pedro 5:8) y debemos vivir una vida sometida a Dios (Santiago 4:7). Tampoco debemos dar a Satanás ninguna oportunidad de conseguir asidero en nuestra vida (Efesios 4:27).
3. Nuestras armas para el ataque.
Cuando Satanás tiene las garras en la vida de alguien, o viene contra nosotros como discípulos de Jesús, entonces tenemos la autoridad en Dios de no sólo defendemos sino de ponemos a la ofensiva contra Satanás.
Podemos usar:

  • El nombre de Jesús (Hechos 16:18; Filipenses 2:9-10).
  • La Palabra de Dios (1 Juan 2:14; Efesios 6:17).
  • El poder del Espíritu (Hechos 10:38).

4. Nuestra certeza de victoria
Más gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.
(1 Corintios 15:57)
· Todo está puesto bajo los pies de Jesucristo porque gobierna sobre todo para Dios (Efesios 1:21-23) y nos da su autoridad como creyentes (Mateo 10:1; Romanos 16:20; Lucas 10:19; Mateo 28:18-20).
· Aquellos que son nacidos de Dios son guardados seguros (1 Juan 5:18; Romanos 8:37-39).
· El que está en nosotros (Cristo Jesús) es mayor que el que está en el mundo (Satanás) (1 Juan 4:4).
· Hay poder vencedor en la sangre de Jesús y en nuestro testimonio de El (Apocalipsis 12:11).
· Cuando resistimos al diablo, con una vida sometida a Dios, huirá de nosotros (Santiago 4:7).
Jesús prometió:
De cierto, de cierto os digo: el que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.
(Juan 14:12)
j) Cómo vivir una vida cristiana victoriosa
1. Conociendo y viviendo en nuestra autoridad y posición en Jesús. Hemos sido redimidos de la mano de Satanás. Estamos en la victoria total de Jesús (Apocalipsis 12:11).
2. Sé constantemente lleno del Espíritu Santo y camina en el Espíritu, no según los deseos de la carne (Efesios 5:18; Romanos 8:5; 1 Juan 2:15-17).
3. Mantente lejos de prácticas ocultas. Si ya te has metido en éstas entonces renuncia a ellas y pide a Dios que te perdone por cada cosa que has hecho que le haya deshonrado.
4. Mantén crucificada la naturaleza pecaminosa (Gálatas 2:20; Colosenses 2:11).
5. Lleva puesto un manto de alabanza (Isaías 61:3).
6. Ten comunión con otros cristianos con regularidad (Hebreos 10:25; 1 Juan 1:7).
7. Corta cualquier asociación con aquellos que te llevarían de nuevo a actividades pecaminosas u ocultas (2 Tesalonicenses 3:6; 1 Corintios 5:9; Efesios 5:11).
8. Resiste activamente a Satanás y todo lo que intente conseguir que hagas, es decir rechaza su influencia (Santiago 4:7; Colosenses 3:8).
9. Lleva puesta toda la armadura de Dios (Efesios 6:10-18).

k) Preguntas y puntos de reflexión
1. ¿Por qué no ve la verdad la gente del mundo? (2 Corintios 4:4).
2. Hay tres significados para la palabra «mundo» en las Escrituras. ¿Cuáles son? (Salmo 24:1; Juan 3:16; 1 Juan 5:19).
3. Si Cristo Jesús ganó una victoria tan completa, ¿por qué tantos cristianos parecen estar viviendo en derrota? 4. Si no hacemos nada para Dios, ¿crees que Satanás nos molestará?
5. ¿Has estado involucrado en alguna práctica oculta incluido horóscopo, ouija, tarot, sesiones de espiritismo, espiritualismo, adivinanza de fortuna, brujería, etc. o alguna de las sectas? Si es así, necesitas renunciar a ellas y pedir a Dios que te perdone por haber estado involucrado.
6. ¿Hay algún área de tu vida donde permites que Satanás tenga asidero?
7. ¿Has hecho la prueba para asegurarte de que tienes toda la armadura espiritual puesta? Recuerda que la armadura de la cual escribió Pablo era la armadura romana que no tenía protección para la espalda. Jamás necesitamos huir de Satanás. Necesitamos mantenernos firmes y hacerle frente.
8. ¿Vives como un hijo victorioso de Dios, venciendo a Satanás y todos sus esquemas malignos? Si no es así, ¿por qué no?
I) Resumen y aplicación
1. Jesús desarmó a Satanás y a todos sus seguidores e hizo un espectáculo público de ellos, triunfando sobre ellos por la cruz (Colosenses 2:15).
2. Jesús incluso quitó el poder de la muerte de Satanás y libró a todos los que durante su vida estaban sometidos en la esclavitud por su temor a la muerte (Hebreos 2:14-15; Apocalipsis 1:18).
3. Satanás es todavía, por el momento, el príncipe de este mundo (Juan 14:30) pero nosotros que estamos en Cristo Jesús tenemos autoridad sobre Satanás, porque Satanás está debajo de los pies de Jesús (Efesios 1:18-23) y nosotros estamos en Cristo (Colosenses 3:3).
4. El tiempo de Satanás es corto. Su destino está decidido (Mateo 25:41; Apocalipsis 12:9-12).
5. Nosotros, como discípulos de Jesús, necesitamos vivir como lo hizo Jesús, venciendo al enemigo y viviendo en victoria en todas las áreas de nuestra vida.

Lección 82 Alabanza y adoración

a) Escrituras clave
Juan 4:23-24
Hebreos 13:15
Salmo 100: 4
Efesios 5:19-20
Romanos 12:1
Colosenses 3:16-17
1 Pedro 2:9
b) Introducción

  • Las palabras «alabanza y adoración» cubren toda nuestra respuesta de amor y aprecio al Señor. Resumen nuestra razón de vivir (Isaías 43:21; Efesios 1:6, 12, 14).
  • Deberíamos agradecer a Dios por lo que nos ha dado.
  • Deberíamos alabar a Dios por lo que ha hecho por nosotros.
  • Deberíamos adorar a Dios por quien es para nosotros.

Necesitamos siempre tener un corazón agradecido a Dios que ha hecho tanto por nosotros (Salmo 100:4). De hecho, Pablo nos exhorta a regocijarnos en el Señor siempre (Filipenses 4:4). Dios nos ama, se preocupa por nosotros, y quiere que lo sepamos. Desde un corazón agradecido podemos darle gracias y adorarle en espíritu y en verdad.
c) ¿Qué es la alabanza?

  • Reconocer quién es Dios (Salmo 104:1-35; 1 Crónicas 29:10-13).
  • Reconocer a Dios, por todo lo que ha hecho por nosotros (Salmo 25:8-10; Isaías 25:1).
  • Ensalzar a Dios (Salmo 34:3; Salmo 99:5).
  • Honrar a Dios (Daniel 4:34-37).
  • Magnificar a Dios (Lucas 1:46; Hechos 10:46).
  • Maravillarse de Dios (2 Tesalonicenses 1:10).
  • Glorificar a Dios (Apocalipsis 15:4; Salmo 29:1).

¿Por qué deberíamos alabar a Dios?

  • Dios es entronado en la alabanza de su pueblo (Salmo 22:3).
  • Nada puede alabar a Dios como el hombre (Salmo 30:9; Salmo 115:17-18).
  • La alabanza levanta y se regocija en los grandes hechos de Dios tanto ahora como en el pasado (Salmo 40:5; Salmo 98:1; Éxodo 15:6).
  • La alabanza proclama la grandeza y majestad de Dios al mundo (Salmo 66:5-8).
  • La alabanza libera la bendición de Dios a nosotros (Salmo (67:5-7).
  • La alabanza libera el poder de Dios (Salmo 149:6-9; 2 Crónicas 20:12,22).
  • Dios creó al hombre para que le alabase (Isaías 43:21; Efesios 1:3-14).
  • Hemos sido instruidos para alabar a Dios (Efesios 5:18-20; Salmo 146:1; Salmo 100:4).
  • La alabanza es un sacrificio que agrada a Dios (Hebreos 13:15-16; Salmo 107:21-22; 2 Samuel 24:24); no necesariamente sólo nuestros labios sino todo nuestro ser (Romanos 12:1).
  • Dios es digno de recibir nuestra alabanza (Apocalipsis 5:9-14).

e) La alabanza es un arma
La alabanza puede ser un arma contra nuestro enemigo, Satanás, porque Satanás es alérgico a la alabanza. En la guerra espiritual, no seguimos alabando y cantando sólo por amor a ello, sino al contrario, deberíamos sentir, por el Espíritu Santo, la Palabra de Dios en la que reposa la unción de Dios (Salmo 56:4,10-11; 2 Crónicas 20:21-22). Deberíamos perseverar hasta que el poder de Dios se abra camino (Hechos 16:25). Esta clase de alabanza no es pronunciada sólo silenciosamente en nuestro corazón sino, más bien, ¡ha de ser oída!

f) Siete palabras hebreas para alabanza

1. Yadah: alcanzar la mano, reverenciar o adorar con las manos extendidas (Génesis 29:35; 2 Crónicas 7:6; Salmo 107:8).
2. Halal: ser claro, hacer un espectáculo, enorgullecerse y ser necio, entusiasmarse o celebrar (1 Crónicas 23:5, 30); 2 Crónicas 20:19,21; Salmo 69:30; Salmo 150:1-6).
3. Tehillah: (de «halal» laudación o himno de alabanza (Deuteronomio 10:21; 2 Crónicas 20:22; Salmo 100:4; Salmo 145:25) Dios es entronado en esta clase de alabanza (Salmo 22:3).
4. Barak: arrodillarse y, por implicación, bendecir a Dios como acto de adoración (Jueces 5:2).
5. Zamar: golpear con los dedos, tocar un instrumento acompañado por voces, por lo tanto celebrar en cántico música (Salmo 21:13; Salmo 57:7: Salmo 108:1).
6. Shabach: dirigirse o glorificar a Dios en un tono o grito alto (Salmo 63:3; Salmo 117:16; Salmo 145:4).
7. Towdah: una extensión de la mano en adoración; específicamente un coro de adoradores; una confesión a sacrificio de alabanza (Salmo 100:1; Jeremías 17:26; Jeremías 33:11).
g) ¿Qué es la adoración?
Adoración: Apreciara Dios porque El es digno (Apocalipsis 4:11; Apocalipsis 5:12). Las palabras hebreas «adoración» son «segad» y «shachah» y estas significan «inclinarse». También llevan en su significado la idea una relación entre un perro y su amo, es decir, amor, adorador. La palabra griega principal traducida como «adoración» es «proskuneo» y significa «besar la mano; rendir homenaje o reverenciar». La adoración bíblica ti entonces el significado implícito de la adoración desinteresada de un ser mayor.
Jesús derramó su sangre para darnos el privilegio de adorar al Padre (Hebreos 10:19-22). A través de Jesús, t creyente llega a ser un sacerdote de Dios, es decir, aquellos que presentan el pueblo de Dios, a Dios, y Dios al pueblo (Apocalipsis 1:6; 1 Pedro 2:9). Debemos poner a Dios primero en nuestra vida y la adoración es una expresión de esto. Cuando damos a Dios en esta manera El nos acerca a sí mismo y nos colma de bendiciones. Adorar a Dios no es sólo cantar canciones. En efecto, como discípulos de Jesús todo lo que hacemos, es decir, nuestro trabajo, actividades de ocio, estudio, vida familiar, etcétera) debería ser adoración a Dios. La verdadera adoración a Dios involucra dar el 100% de nuestra vida a El; estar totalmente dispuestos y totalmente obedientes a El. La adoración de Dios es un estilo de vida de traer gloria a Dios.

h) La adoración es lo que busca el Padre
Jesús dijo:
Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en Espíritu y en verdad es necesario que adoren.
(Juan 4:23-24)
Nota que este pasaje enseña cinco puntos:
1. Adoramos al Padre
Como sus hijos e hijas redimidos, le amamos porque primero El nos amó (1 Juan 4:19).
2. Adoramos desde nuestro espíritu
Esto significa que debemos nacer de nuevo del Espíritu Santo si hemos de adorar a Dios aceptablemente. Nuestra adoración a Dios debería ser llevada e inspirada por el Espíritu Santo. Sólo El sabe adorar a Dios de una manera que sea agradable al Padre (1 Corintios 2:10-16; Juan 16:13-15).
3. Adoramos desde nuestro corazón
Adoramos en verdad; desde la realidad de una vida vivida en comunión con Dios el Padre, por Jesús Su Hijo. La palabra griega traducida como «verdad» es «aletheia» la cual también significa «realidad». Necesitamos ofrecer nuestra más sincera adoración a Dios con nuestra boca (Mateo 15:8-9). Necesitamos expresar la melodía en nuestro corazón (Efesios 5:19) y el gozo que Jesús nos trae (Lucas 1:16-47).
4. Adoramos con nuestro entendimiento
Porque adoramos a un Dios que conocemos personalmente (Juan 4:22; Hechos 17:22-23; 1 Corintios 14:15).
5. Adoramos voluntariamente
No alabamos o adoramos a Dios por iniciativa, sino porque El lo desea.
La adoración es una prioridad en el cielo. Siempre que veamos una imagen de Dios en la Biblia, vemos la adoración en desarrollo (Isaías 6:1-5; Apocalipsis 4:6-1.1; Ezequiel 47:1-12). La adoración da lugar al dominio de Dios y la forma de adoración o liturgia (lo que hacemos) no es la cuestión. La cuestión es si la vida de Dios está en nuestra adoración.
i) ¿De qué maneras podemos ofrecer alabanza y adoración a Dios?

  • Con palabras (Salmo 9:1).
  • Con gritos (Salmo 95:1).
  • Con inclinación (Salmo 95:6)
  • Con cántico (Salmo 104:33; Salmo 33:1)
  • Con baile (esto es un símbolo de una verdad mayor, que toda nuestra vida, cuerpo, alma y espíritu, están dados al Señor en respuesta a Su amor) (Salmo 150:4; Salmo 149:3).
  • Con las manos alzadas, expresando dependencia en el Señor o victoria en el Señor (Salmo 134:2).
  • Con instrumentos; normalmente, aunque no siempre acompañado por cántico (Salmo 150:3-5; Salmo 98:4-6).
  • Con todo nuestro estilo de vida (Romanos 12:1; Filipenses 1:20, 1 Corintios 6:20; Efesios 5:20; 1 Tesalonicenses 5:16-18).
  • Cantar con el espíritu, nuestro lenguaje dado por Dios (1 Corintios 14:15).
  • Con salmos: palabras cantadas de la Biblia (especialmente los Salmos); himnos: composiciones que especialmente ensalzan a Jesús como Señor; canciones espirituales: canciones originales, o bien prepa­radas o inspiradas espontáneamente por el Espíritu Santo, que expresan nuestra experiencia del Señor (Efesios 5:19-20)

j) La imagen del tabernáculo de Moisés (Hebreos 8:5)
1. Como incrédulos estamos fuera del tabernáculo.
2. Entramos en el atrio exterior a la invitación de Dios al altar de los holocaustos (aquí nuestros pecados son perdonados) y luego seguimos a la fuente de bronce (donde somos lavados y limpiados).
3. Perdonados, lavados y limpios (cristianos nacidos de nuevo) podemos entrar en el Lugar Santo como sacerdotes de Dios. Vamos al altar del incienso (para ofrecer oraciones) y usamos el incienso mezclado por los sacerdotes. Podemos ir a la mesa para el pan de la proposición que ha sido preparado y cocido al horno por hombres (para leer y comer de la Palabra de Dios y la Cena del Señor). Podemos ver por el candelero de oro encendido que tiene aceite de oliva preparado y proporcionado por el hombre (para tener comunión y caminar en la luz de Dios.
4. Luego podemos pasar por el velo roto y entrar en el Lugar Santísimo donde todo es sobrenatural. Aquí está la presencia de Dios contenida arriba del Arca del Testimonio. El arca contiene las tablas de piedra con mandamientos de Dios en ellas (Dios habla Su ley y Palabra directamente a nosotros). Delante del arca están la bara de Aarón (Dios nos da su autoridad y su vida) y una jarra de maná (Dios nos da eternamente Su provisión sobrenatural escondida). En este lugar descansamos con Dios y nos sentamos a sus pies. Aquí El nos ministra y nosotros le adoramos. Porque somos sacerdotes de Dios en Jesús (1 Pedro 2:9), podemos acercarnos a Dios con libertad y confianza (Efesios 3:12; Hebreos 10:19- 22).
k) Preguntas y puntos de reflexión
1. ¿Agradeces a Dios por todo lo que hace por ti? ¿Deberías?
2. Deberíamos vivir un estilo de vida en que la alabanza y adoración son centrales como discípulo de Jesús?
3. ¿Sabías que Dios canta? (Sofonías 3:17).
4. ¿Cuándo bajó la gloria de Dios en el templo construido por Dios en Israel por Salomón? (2 Crónicas 5:11-14).
5. En qué maneras alabas y adoras al Señor?
6. ¿Hay alguna lección que aprender en el pasaje que describe a David cuando trae al Arca del Testimonio a Jerusalén y la reacción de Mical, la hija de Saúl? (2 Samuel 6:12-16,20-23).
7. Cuando adoras a Dios, ¿cantas canciones o le adoras en espíritu y en verdad?
8. ¿Hasta dónde has llegado con el Señor en tu alabanza y adoración? Considera esta pregunta a la luz de la imagen del tabernáculo de Moisés.
clip_image002

I) Resumen y aplicación
1. Ahora que eres un discípulo de Jesús tienes algo de qué regocijarte y algo de qué cantar.
2. Deberíamos alabara Dios en todo momento (Salmo 34:1; Salmo 145:2) y en toda circunstancia (Hebreos 13:15).
3. Nuestra alabanza y adoración debería ser una ofrenda a Dios que sale de un corazón recto (Salmo 119:7), y debería ser ofrecida con todo nuestro corazón (Salmo 138:1).
4. No ofrecemos alabanza y adoración para agradar a hombres sino para agradar a Dios.
5. Deberíamos adorar a Dios en espíritu y en verdad porque esta es la clase de adoradores que nuestro Padre celestial busca (Juan 4:23-24).

Oír la voz de Dios: Principios de guía divina

a) Escrituras clave
Romanos 12:1-2
Isaías 30:21
Proverbios 3:5-6
Isaías 55:6
Efesios 2:10
Efesios 1:3-5
Salmo 139:13-16

b) El descubrir la voluntad de Dios para nuestra vida es esencial
– Dios tiene un plan para la vida de cada discípulo de Jesús (Efesios 2:10; Salmo 129:16; Jeremías 1:5).
– Dios el Padre nos ama y quiere sólo lo mejor para nosotros. Podemos vivir en lo bueno de esto, si vivimos según Su voluntad para nuestra vida (Deuteronomio 28:1-2; Romanos 8:28; 2 Pedro 1;3).
– Dios quiere revelarnos su voluntad, tanto como revelarse a sí mismo (Hebreos 11:6; Santiago 1:5). Dios quiere que nosotros escojamos ir por su camino (Proverbios 3:5-6; Salmo 32:8-9).
– Nuestra obediencia o desobediencia a la voluntad de Dios puede afectar a otras vidas tanto como a la nuestra (Josué 6:18; Josué 7:1-26).
– El oír la voz de Dios debería de ser una de las cosas más normales en la vida cotidiana como discípulo de Jesús.
c) Dios desea revelar su voluntad para nuestra vida y dejarla clara

– La Palabra de Dios ya nos ha sido dada- para la mayor parte de la guía que necesitamos como discípulos de Jesús.
– En algunas áreas de nuestra vida necesitamos guía específica y necesitamos buscar a Dios para ésta, por ejemplo, el llamamiento a ministerios, trabajo, pareja matrimonial (Lucas 11:9-10).
– Dios quiere guiamos específicamente (Salmo 25:12; Salmo 32:8).
– Dios quiere que vivamos como vivió Jesús. Hizo sólo lo que vio hacer a su Padre en el cielo (Juan 14:31). Necesitamos que Dios nos enseñe el camino hacia adelante.
– Dios nos escogió en El antes de la creación del mundo para ser santos y sin mancha a sus ojos. Podemos confiar en El con nuestra vida: Sabe lo que necesitamos y cómo deberíamos vivir (Efesios 1:3-5; Salmo 139:13-16).
d) Preparación práctica para discernir la voluntad de Dios
– Debemos hacer que Jesús sea nuestro Señor y estar genuinamente dispuestos a hacer su voluntad (Romanos 12:1-2; Mateo 6:33).
– Deberíamos responder como lo haría Dios en cada situación dada y ser obedientes a su voluntad (Salmos 25:10),
– Deberíamos ser humildes (Salmo 25:9).
– Deberíamos escuchar a Dios en oración (Proverbios 8:34) y encontraremos que la práctica da la perfección.
– Deberíamos confiar en –Dios (Proverbios 3:5-7).
– Deberíamos tener un corazón limpio (Salmo 66:18; 1 Juan 1:9); y el Espíritu Santo debería estar libre para convencernos de toda impiedad.
– Deberíamos seguir hacia la madurez: esto significa más de Dios y menos de nosotros, lo cual nos capacitará para oírle con más claridad.
– Deberíamos estar expectantes: Dios quiere hablamos, por tanto busca oírle.
– Deberíamos temer al Señor: esto significa odiar el mal y vivir a la manera de Dios (Proverbios 8:13; Proverbios 9:10). ¡Es más difícil hacer lo que odiamos!
– Deberíamos alabar y adorar a Dios: Dios habita en nuestra alabanza (Salmo 22:3) y entramos en sus atrios con alabanza (Salmo 100:4). Podemos acercamos a Dios en adoración y así situamos en un lugar donde se espera que Dios nos pueda hablar.
– El ayuno NO es necesario para oír la voz de Dios, pero puede ayudar. Es esencial sólo cuando Dios nos diga., que lo hagamos (Mateo 6:16).
– Deberíamos movemos en fe, es decir, saber lo que Dios quiere, obedecerlo y confiar en El para hacer lo que nosotros no podemos. Si Dios ha hablado, podemos «ir por ello».
– Cuatro voces, en general, tienen acceso a tu mente en la vida, y para oír de Dios necesitas:
Silenciar la voz de otros, y no hablarán, por ejemplo, ¿qué pensará la gente?
Silenciar tu propia voz interior y clavarla en la cruz.
Silenciar la voz de Satanás en el nombre de Jesús, y no hablará.
Someterte a Dios y hacerle Señor, y El hablará.
e) Recuerda
La guía concierne al corazón aunque el conocimiento concierne a la cabeza.
La voluntad de Dios es como una autopista de varios carriles. Hay flexibilidad en su interior. Mientras lo sepas lo sigas eres libre de moverte por su interior. En los perímetros anchos de la voluntad de Dios, vendrá su g específica. Es imposible encontrar esta guía mientras te adhieres a tu propia voluntad.
f) Las maneras en que Dios habla
Existen muchas maneras en que Dios nos habla, pero ¡recuerda que Dios siempre elige la manera en que hablar!
– A través de la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16; Salmo 119:9-11, 105).
– A través de la voz interior, silencios y susurrante del Espíritu Santo (Hechos 13:2; Hechos 13:12; H 16:6-7; 1 Reyes 19:12; Isaías 30:19-21).
– A través del consejo de hombres y mujeres de Dios (Proverbios 12:15).
– Por la voz audible de Dios (Hechos 9:4-5).
– Por sueños (Mateo 1:20-21).
– Por visiones (son iguales que los sueños pero éstos ocurren estando uno despierto) (Hechos 10:9-18).
– Por ángeles (Lucas 1:26-38).
– Por los dones del Espíritu, por ejemplo, palabras de sabiduría, palabras de conocimiento, profecías, lenguas e interpretaciones (1 Corintios 12:4-1).
Recuerda que 1 Corintios 14:1-5 dice que la profecía es para fortalecimiento, exhortación, instrucción, consolación y edificación de la iglesia, pero nunca para la guía personal inicial. Una profecía puede confirmar lo que Dios ya te ha estado diciendo, pero si viene como una sorpresa total, ve con mucho cuidado, prueba los espíritus (1 Juan 4:1).
-Por circunstancias: dejar que las meras circunstancias dirijan nuestra vida es abrir la puerta a Satanás, pero sé sabio referente a tus circunstancias y espera que Dios te hable a través de ellas.
– Por los deseos de tu corazón (Salmo 37:4).
-Por la convicción o «presentimiento» interior. Esto es casi indefinible ¡pero lo sabrás cuando lo sientas!
– Por el Urim y Tumim. Esto era la versión del Antiguo Testamento de tirar la moneda. Sólo haz esto si Dios te dice que lo hagas (1 Samuel 14:41 Septuaginta).
g) Probar los espíritus
Debemos reconocer que Satanás intentará falsificar la voz de Dios. Esto es el porqué necesitamos probar la Palabra de Dios que hemos recibido, especialmente al principio de nuestra vida cristiana. La mejor manera para reconocer lo falso es llegar a estar familiarizado con lo genuino. Como un cajero de banco estudia lo real y conocerás lo falso (1 Corintios 14:29; 1 Juan 4:1).
h) El propósito del Padre es que oigamos su voz
El tiene muchas cosas que decirnos y cuanto más escuchemos, más detallado será lo que oigamos. Si nuestra vida está llena de basura impía y otras voces son oídas en nuestro hombre interior, entonces es improbable que podamos oír la voz de Dios con la misma claridad que cuando este no sea el caso.
Cuando empezamos a oír a Dios, nos habla acerca de asuntos mayores. Nos habla para salvación. Luego oímos la voz de Dios para decisiones grandes. Normalmente, esto es porque sabemos que no podemos afrontar éstas solos y por tanto hacemos sitio particular para la dirección de Dios en estos momentos. Con el tiempo llegamos a un lugar en que oímos de Dios todo el tiempo, para poder vivir una vida como la de Jesús, que hizo sólo lo que su Padre quería que hiciera.
El lugar más seguro y productivo para oír a Dios es a través del testimonio de la Escritura. Noventa por ciento de toda la dirección que jamás necesitaremos ya ha sido escrita en la Escritura. Necesitamos vivir con las Escrituras como pilar en nuestra vida. Sin embargo, incluso las Escrituras pueden acabar como doctrina muerta y legalismos a menos que apoyemos la Escritura en otro pilar: el pilar del Espíritu Santo que nos habla la Palabra de Dios para hoy. Necesitamos caminar con estas dos fuentes de la Palabra de Dios en equilibrio.
Adán fue creado para ser la autoridad delegada de Dios en la tierra. Cuando Adán hablaba era como si hablase Dios. Sin embargo, Adán escuchó a otra voz, y por tanto fue inmediatamente corrompido y perdió la habilidad de ser un canal puro para la Palabra de Dios. Jesús vino como el último o segundo Adán para restaurarnos, como discípulos de Jesús, nos da el potencial para ser la autoridad delegada de Dios de nuevo y, por tanto, ser canales de su Palabra (1 Corintios 15:22,45). Esto es para lo que la humanidad fue creada originalmente y por tanto sólo cumplimos nuestro potencial en Dios. Por consiguiente, debemos alimentarnos con la Palabra de Dios en sus dos formas y disciplinarnos para que no recibamos la palabra del diablo o de su sistema mundano, Esta es una batalla que se libra en nuestra alma. Para permitir que Dios y su Palabra ganen esta batalla, necesitamos estar abiertos para que El nos hable su Palabra a través del Espíritu Santo y luego obedecerla. Entonces estaremos viviendo en el poder de la Palabra de Dios que es, en realidad, vivir en Dios, porque Dios es la Palabra (Juan 1:1-2,14).
Cuando Dios habla, las cosas son creadas (Génesis 1). Cuando vivimos con la Palabra de Dios seremos liberados, porque la verdad nos liberará (Juan 8:31-32).
Necesitamos recibir la Palabra de Dios en nuestra vida con humildad y obedecerla porque trae libertad (Santiago 1:21-25).
Necesitamos recibir la Palabra de Dios porque trae fe (Romanos 10:17), y guía (Isaías 30:21). La Palabra de Dios no le volverá vacía, sino que llevará a cabo lo que El desea y alcanzará el propósito por el cual fue mandada (Isaías 55:8-11).
Cuanto más practiquemos escuchar a Dios en nuestra vida cotidiana tanto más hábiles llegaremos a ser en discernir su voz. Al tomar el tiempo de esperar ante el Padre, no sólo llegamos a conocer más de El, sino que llegamos a conocer más de nosotros. Llegamos a reconocer nuestros humores y sentimientos. Llegamos a leer las influencias de nuestro espíritu. Llegamos a conocer cómo reaccionamos o respondemos en el interior cuando oímos a Dios. Debido a esto, precisamente, es muy difícil para una persona describir a otra el porqué sabe que es el Señor hablándole. ¡Sólo reconoce las señales y sabe que lo sabe!
El hecho es, que cuanto más demos sitio a la voz del Padre en nuestra experiencia, será tanto más probable que conozcamos su voz; y cuanto más le buscamos para cada paso en nuestra vida, tanto más empezaremos a discernir su mano, incluso en los pasos minúsculos y aparentemente menos importantes que hemos de tomar.
Es una gran experiencia saber que Dios hablará en nuestro corazón y mente a través de toda situación si se lo permitimos.
Algunas personas buscan algo que no existe. Lo complican todo demasiado. Se imaginan que cuando hablamos de «oír la voz de Dios», siempre debemos recibir una visión especial o una voz real hablando dentro de nosotros que sea muy clara e indudable. Raramente es así. La voz de Dios en nosotros viene a través de canales que en la mayor parte ya están construidos en nuestro sistema, por ejemplo, nuestra mente, y los procesos de pensamiento, impulsos de corazón, sentimientos de inquietud o de una profunda paz, presentimientos que recibimos en nuestro espíritu. Existen, por supuesto, momentos en que El se abre camino en una manera muy clara y sobrenatural, porque la situación lo exige, o porque es algo que no quiere que perdamos. Pero, normalmente, el Padre espera que cooperemos en esta comunicación de su Palabra. Es un ejercicio bidireccional. Somos personas hechas con el propósito de oír a Dios. Obedece la Palabra que lees y oyes, porque esta obediencia es el secreto de la cooperación con el Padre. Si no cooperamos con El al nivel de arreglarnos, no podremos cooperar con El en ningún otro nivel de revelación.
Es importante aprender que Dios tiene tiempos y circunstancias que nos incumbe analizar bien. Durante tales tiempos las cosas se mueven con mucho mayor rapidez y con mayor facilidad que en otros tiempos. Podemos perderlo si no aprendemos a leer nuestro espíritu.
Es dentro de nuestro espíritu que deberíamos recibir las certezas que da Dios: el conocimiento de la certeza de fe y la convicción interior de que algo está bien ante el Señor. No deberíamos, y no podemos, dar un paso en la esfera de la fe sin este testimonio del Espíritu.
i) Características que acompañan la Palabra del Señor
1. Es inmediata
Esto significa que la Palabra nos viene de una manera directa y personal y que es muy poderosa y llamativa. Es como un flechazo en un lugar seguro y en circunstancias muy difíciles de evitar o ignorar.
2. Es pertinente
Esto significa que tal palabra será muy pertinente a las situaciones que nos enfrentamos en nuestra vida. La Palabra de Dios normalmente está marcada por su aplicación y oportunidad.
3. Es eficaz
La Palabra de Dios siempre produce un efecto. Si la recibimos y la aplicamos, traerá fruto.
4. Es adecuada¡
La Palabra de Dios nunca está sola! No sólo es adecuada en el sentido de ser pertinente a la situación, sino también en el sentido de ser consistente con otros testimonios en nuestra vida. Siempre que creamos que oímos del Señor en una manera en particular, deberíamos buscar ratificación de la Palabra en otras áreas. No deberíamos hacer que las cosas se ajusten a la Palabra, porque esto es peligroso, sino al contrario, deberíamos encontrar que hay muchas cosas en que la Palabra se adecua. Puede ser el testimonio de otras clases de palabras, o el testimonio de otras circunstancias.
j) Lista práctica para comprobar la guía
– ¿Esta guía ensalza al Señor o a la persona que la ha dicho?
– ¿Dice la cosa correcta en el lugar correcto, momento, método, secuencia, gente, estructura, actitud, resultado, etcétera?
– ¿Es la guía recibida en armonía (o de acuerdo) con la Escritura, o la contradice?
– ¿Está la paz de Cristo reinando en mi corazón? (Filipenses 4:7; Isaías 26:3).
– ¿He obedecido la guía de Dios previa para mí?
– ¿Estoy dispuesto a ser desinteresado y poner a Dios primero en esta situación?
– ¿Qué dicen las Escrituras sobre lo que debería hacer en esta situación?
– ¿He orado y me he agarrado a Dios referente a mi situación?
– ¿Confirman mis líderes espirituales y el cuerpo de Cristo en general la guía recibida?
– ¿Estoy actuando por sentimientos o emociones temporales o momentáneas?
– ¿Estoy limitando a Dios con mi intelecto?
– ¿Tengo la expectación de que Dios me guiará?
– ¿Capacitan o impiden mis circunstancias la guía recibida?
k) Conclusión

Dios quiere sólo lo mejor para nosotros. No se equivoca nunca, y nunca tiene prisa. Hacer Su voluntad es tener una vida realizada y gozosa porque somos creados para hacer Su voluntad.
l) Preguntas y puntos de discusión
1. Antes de ser creyentes, Satanás estaba en control de nuestra vida. Nos manipulaba como marionetas. Cuando fuimos salvos, Dios cortó las cuerdas por las que Satanás nos controlaba. ¿Puso entonces Dios sus propias cuerdas en nosotros para controlamos, o necesitamos escoger ir por el camino de Dios? Discútelo.
2. ¿Por qué concierne la guía al corazón? (Colosenses 3:15).
3. Repasa la «lista práctica para comprobar» y decide si hay algún área que necesitas entregar a Dios.
4. Discute en el grupo las varias maneras en que Dios te ha hablado y cómo te ha guiado.
5. ¿Por qué debemos probar los espíritus?
6. ¿Por qué Dios no lo hace fácil y nos habla clara y directamente con una voz audible? Discútelo.
7. ¿Alimentas tu mente con tanto que no es de Dios, que encuentras difícil oír a Dios? Si es así, ¿qué puedes hacer al respecto?
m) Resumen y aplicación
1. Dios el Padre quiere que vivamos en su voluntad nuestras vidas.
2. Vivir en el plan de Dios para nuestra vida nos capacitará para vivir una vida realizada y gozosa. Dios nos ama y quiere sólo lo mejor para nosotros.
3. Necesitamos saber qué quiere Dios hablarnos y guiarnos.
4. Necesitamos oír la voz de Dios como parte de la vida cotidiana.
5. Necesitamos aprender a conocer la voz de Dios y su guía en toda situación. 6. Dios escoge la manera para hablarnos.
7. La Palabra de Dios nos traerá libertad, fe y guía.

Translate »