Lección 74. Quebrantamiento y tener un corazón servicial

A. QUEBRANTAMIENTOa) Escrituras Clave
a) Escrituras Clave
1 Corintios 1:27-29
Santiago 4:10
Gálatas 2:20
2 Corintios 12:9-10
b) Dios no puede usar “algos”
Muchas veces estamos conscientes de cuánto se necesita cambiar si hemos de conocer el poder de Dios obrando dentro de nosotros hasta llegar al punto que El quiere. Satanás siempre está haciendo un llamamiento a aquel deseo intrínseco que todos tenemos de ser «algo». Incluso en términos de nuestra vida cristiana ese impulso básico es una fuerza tan fuerte que muchas veces motiva nuestro mismo servicio para Dios. Queremos ser «algo» para Dios. Sin embargo, frecuentemente hay tanto de la carne mezclado con aquel deseo que el diablo puede explotar ese impulso íntimo. Incluso están tan mezclados y el equilibrio está tan cargado en favor de la carne, que la obra del Espíritu está casi anulada o disipada.
Esta es la tragedia de nuestra vida. Hay mucho potencial para Dios, pero le damos poco sitio para obrar. Mucha de nuestra vida cristiana realmente es la vida antigua vivida bajo el disfraz religioso o espiritual. ¡Qué cerrados somos a la realidad de Dios y su gloria y qué manchada está nuestra vida, por el autointerés y orgullo que dominan nuestra experiencia!
Esto no es lo que Dios desea que seamos. El problema es que Dios realmente no puede usar «algos». Es en la vida de los que son descritos en la Escritura como ser «nada» que Dios ha escogido manifestar su poder y su gloria. La verdad es que necesitamos morir a nosotros mismos de una manera muy radical (1 Corintios 1:28). Necesitamos, no una muerte del espíritu, sino un profundo conocimiento interior de que si queremos ver y conocer el poder de Dios, entonces mucho de lo que previamente contábamos como valioso en nuestra vida necesitará desaparecer. Todos necesitamos llegar al punto de quebrantamiento y muerte donde sentimos que ya no nos queda nada. Sólo entonces podemos empezar a ser abiertos a la criatura nueva que Dios quiere hacer dentro, y a través, de nosotros. Hasta ese punto todavía hay demasiado de la vida antigua que impide a Dios obrar.
No es solamente de nuestras debilidades que Dios necesita ocuparse, sino de aquellas facetas de nuestra personalidad y experiencia que muchas veces consideramos nuestros puntos fuertes. Frecuentemente, son los lugares donde no sentimos la necesidad de una fuerte dependencia en Dios, y en que nos sentimos fuertes y seguros de nosotros mismos.
Los caminos de Dios son profundos y misteriosos y empiezan con la demolición y muerte de todo en nuestra vida y ambiciones que provienen de la carne. No hay duda de que el Nuevo Testamento tiene razón cuando identifica la carne como nuestro mayor enemigo y el problema más grande de Dios. Continuamente se tiene que ocupar de ella y vencerla. Aunque hemos de contarla muerta (Romanos 6:11), no hay duda de que en términos reales sigue activa, y si queremos conocer el poder de Dios dentro de nuestra vida, algo radical necesita cambiar dentro de nuestro yo carnal.
c) Sencillez de Espíritu
Necesita haber, en el corazón de las cosas, una sencillez nacida de Dios en términos de confianza de corazón y resolución. Nosotros tenemos la impresión de que Dios es mucho más complicado de lo que es. Con El lo negro es negro y lo blanco, blanco. Lo correcto es correcto y lo incorrecto, incorrecto. Porque El obra en honestidad e integridad completa dentro de su propia naturaleza, nunca se mezcla. Nosotros lo hacemos, porque somos exactamente lo opuesto. En vez de vivir en una claridad de espíritu, dejamos que las cosas y circunstancias dominen nuestro espíritu y destruyan aquella claridad y paz íntima, y que se transmiten a otra gente en maneras destructivas y carnales. Con mucha frecuencia, el diablo puede tomar nuestras mejores intenciones y deseos y pervertirlos para su propio fin. Lo que empieza como interés o amor honesto en Cristo, muchas veces trae como resultado un torcido nudo de emociones y dolor que arruina nuestra vida y ministerio, todo porque no dejamos que Dios tenga su voluntad continuamente en nuestra vida.
El oír con profundidad que no somos nada, y que Dios quiere que no seamos nada antes de poder hacer algo con nosotros o a través de nosotros podría parecer una cosa terriblemente negativa. En efecto, aplastaría nuestro espíritu y nos llevaría a un tremendo sentido de condenación. Eso es justamente lo que al diablo le encantaría hacer en nuestro corazón. Sin embargo, esto no es lo que el Padre quiere. Nuestro Padre celestial quiere que seamos fructíferos, pero para que esto ocurra necesitamos darnos cuenta de que no somos nada por nosotros mismos. Esto necesita llegar a ser la realidad de nuestra experiencia. Necesita ser sentido en el corazón y comprendido en la mente. En efecto, necesitamos ver que era la misma manera en que Jesús vivió y manifestó el poder de Dios. ¡El se hizo nada! (Filipenses 2:5-11).
d) Espíritu sin medida
Para Jesús el ser nada por sí mismo era un modo de vida. El quebrantamiento llegó a ser un modo de vida para El mucho antes de ver la cruz. Realmente era alguien, pero se hizo nada. Aquí estaba Jesús, el hombre sobre todo hombre, que conocía los caminos del poder de Dios en un sentido inmediato y personal. Trajo a vida los muertos más de una vez en su ministerio terrenal. Cuando tocaba a los hombres se ponían bien. Cuando hablaba, los demonios temblaban y huían. Podemos ver el secreto del poder de Dios en la experiencia de Jesús (Juan 3:34). Recibimos el Espíritu de Dios solamente por medida: el Padre tiene mucha voluntad de damos el Espíritu, pero las limitaciones de nuestro propio corazón determina la medida de la obra del Espíritu Santo en nosotros. Estamos tan llenos de basura y autointerés que no hay sitio para que el Espíritu obre en gran medida. Dolores, orgullo, egoísmo y rebelión impiden recibir el Espíritu Santo en nuestros corazones y que éste tenga un sitio para obrar en nosotros. La verdad es que no había elementos oscuros en el corazón de Jesús. Había sitio para que Dios el Padre derramara el Espíritu sin medida. En nuestra vida el espacio está muy a menudo lleno de desorden emocional, intelectual y espiritual.
e) Ungüento derramado
Necesitamos ser quebrantados. Sólo entonces puede Dios derramar sanidad en nuestra vida. Cuando María ungió los pies de Jesús (Juan 12:1-8) tuvo que quebrar la jarra antes que el ungüento pudiera salir. De modo similar, nosotros necesitamos ser quebrantados antes que el ungüento del Espíritu Santo pueda fluir de nosotros. A menos que lleguemos a ser nada, Dios no nos hará nunca algo.
f) Ningún asidero para Satanás
La razón por la cual Satanás nunca pudo derrotar a Jesús fue porque no había «nada» en El, es decir, no había ningún asidero para Satanás. El diablo quiere que vivamos con nuestros viejos «algos» para poder introducirse en nuestra vida y agarrarse de estas cosas.
La marca de Dios
Lee Génesis 32:22-32. Esta lucha costó a Jacob todo lo que era y tenía en términos mundanos, es decir, su nombre y su fuerza; pero a los ojos de Dios fue la causa de su éxito. Se encontró con Dios cara a cara pero vivió para contar la historia. Pero no era el mismo, porque llevaba la marca de Dios en el cuerpo. Había cojera en el nuevo Jacob (o Israel), pero su cojera era su fuerza. También necesitamos encontrarnos con Dios, ser tocados por su poder y cargados por la santidad de Dios. El saber que Dios ha mirado en nuestra vida y que su amor nos ha perdonado ese es el verdadero quebrantamiento. El quebrantamiento así no es debilidad. Es la mismísima fuente de fuerza en el espíritu. Después de tal encuentro las cosas nunca parecen otra vez iguales. Esto, en efecto, es la mayor fuente de poder en todo el mundo. No hay nada más fuerte que un hombre que ha sido tocado por Dios. No le falta nada por probar y nada más que temer. La vieja lucha ha desaparecido, el viejo fuego ha sido apagado, y la vieja agresividad ha sido macada. Dentro hay un vacío que sólo Dios puede llenar. No es el vacío de nada o de sin sentido, es el vacío de Dios. Externamente hay una debilidad que sólo Dios puede hacer fuerte, y lo hace si le entregamos nuestra vida totalmente. «Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí». (Gálatas 2:20). Todo discípulo necesita vivir así si realmente ha de tener efecto para Dios.

B. TENER UN CORAZON SERVICIAL

a) Escrituras clave

Marcos 9:33-35
Juan 13:1-17
Marcos 10:35-45
Filipenses 2:5-11
Juan 12:24-26
b) ¿Qué es un siervo?
Un siervo es uno que no es su propio amo sino que tiene a otro por amo. Una persona sirve a aquello que ocupa la mayoría de su tiempo, o a aquello que tiene prioridad en su corazón, o a aquello en que gasta la mayoría de su dinero. Sea a quien sea o lo que sea que sirves, a ellos o a aquello eres un esclavo o siervo. Un siervo de Dios es uno que se ha destronado a sí mismo y todo lo demás en su vida o experiencia y ha entronado a Jesús y le ha hecho Señor de toda su vida. Esto significa que pone a Jesús primero en todo. Entonces se espera de nosotros, como discípulos de Jesús, que sirvamos sólo a Dios (1 Corintios 4:1). Esto significa que pondremos el Reino de Dios primero en nuestra vida (Mateo 6:33), y no serviremos las riquezas, el poder, las posesiones o cualquier otra cosa (Mateo 6:24).
c) Las marcas de un siervo de Dios
– Busca primero el Reino de Dios (Mateo 6:33).
– Es un siervo de todos (Mateo 20:26-28).
– Mira hacia su amo para recompensa (Mateo 25:21).
– Sirve a los demás y al hacerlo sirve al Señor Jesús (Mateo 25:31-40).

Lección 73. ¿Qué es el amor?

a) Escrituras clave
1 Corintios 13:1-13
1 Juan 3:1-24
Mateo 22:36-40
1 Pedro 4:8
Romanos 13:8-10

Efesios 3:17-19
b) ¿Qué es el amor?
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.
(1 Corintios 13:4-8)
La palabra usada más frecuentemente por «amor» en el Nuevo Testamento es «ágape». Esta es una palabra característica del cristianismo porque expresa una idea poco conocida hasta que surgió el cristianismo. Es una palabra que expresa un amor que es de sacrificio, incondicional y desinteresado. Dios nos demostró lo que esta palabra significaba al mandar a su Hijo Jesús al mundo para sufrir y morir por nosotros que somos totalmente indignos. En esto hemos conocido el amor, en que El puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
(1 Juan 3:16)
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo. (1 Juan 4:10)
(Véase también Efesios 2:4-5; Juan 3:16)
Además, Dios nos ayuda a amarle. «Ágape expresa el profundo y constante amor e interés de un ser perfecto hacia objetos totalmente indignos, produciendo y promoviendo en ellos un amor reverente hacia el Dador, y un amor práctico hacia aquellos que participan del mismo y un deseo de ayudar a otros a que busquen al Dador». (A.E. Vine: Diccionario Expositivo). En otras palabras, Dios nos ama profundamente pese a nuestros sentimientos y también nos ayuda a amarle, a amar a otros cristianos y a amar a la gente del mundo para traerlos a El. El amar a Dios de esta manera significa vivir para agradarle poniéndole a El y sus deseos primero en nuestra vida. El amar a Dios verdaderamente con todo nuestro ser es el mayor de todos los mandamientos (Mateo 22:36-40; Deuteronomio 6:4-7).
c) ¿Cómo deberíamos demostrar nuestro amor a Dios?
1. Deberíamos estar agradecidos por quién es Dios. Dios el Padre es un Dios de amor, perdón, misericordia, fidelidad y justicia, etcétera.
2. Podemos dar gracias y gozarnos por todo lo que Dios ha hecho por nosotros. Ha hecho grandes cosas por nosotros que no necesitaba hacer, en especial al mandar a su Hijo Jesús y revelarse a nosotros. Ha hecho una manera para que nosotros viniéramos a ser parte de su Reino y de convertirnos de hecho en sus hijos (1 Juan 3:1).
3. Deberíamos desear conocer a Dios mejor, en especial mientras leemos y meditamos su Palabra y tenemos comunión con El en oración.
4. Podemos vivir una vida que agrade a Dios. Esta se muestra realmente cuando:
– Hacemos importante para nosotros lo que es importante para El (por ejemplo, crecer espiritualmente p ser como Jesús, demostrar amor el uno al otro y ayudar a llevar a cabo la comisión de Jesús, de hacer discípulos para El, de todas las naciones).
-Vivimos un estilo de vida que agrade a Dios antes que a nosotros o al mundo (1 Juan 2:15-17).
-Voluntariamente tomamos las cargas de Dios por el mundo, en especial en oración (Mateo 6:9-10).
-Voluntariamente hacemos sacrificios por Dios e incluso estamos dispuestos a entregarlo todo si nos pide (Marcos 12:41-44).
5. Deberíamos ser obedientes a la Palabra de Dios y sus mandamientos (Juan 14:15; Mateo 7:21-23; 1 Juan 5:2-3).
6. Podemos decirle a Dios que le amamos cuando oramos, hablamos, alabamos y cantamos.
7. Deberíamos amar a nuestros hermanos e incluso a nuestros enemigos. El amor ágape está resuelto a buscar lo mejor de los demás. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. (1 Juan 3:14)
Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón.
¿ Cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en
verdad. (1 Juan 3:17-18)
 Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os ultrajan y os persiguen. (Mateo 5:44)
(Véase también Juan 13:34-35; Romanos 12:9-10; Gálatas 5:14; 1 Pedro 4:8)
d) El amor es importante
El amor es la cualidad más importante del Reino de Dios. El saberlo todo, mover montañas, dar todo lo que tenemos a los pobres, e incluso morir por nuestra fe no significa nada si no tenemos amor (1 Corintios 13:1-3). El conocimiento y los dones del Espíritu son importantes, pero al final todo será revelado y estas cosas no serán tan importantes. Entonces, si basamos toda nuestra vida y ministerio en estas cosas, acabaremos sin nada porque estas cosas perecerán y serán perdidas. Serán como los juguetes de los niños que son divertidos y necesarios cuando somos niños, pero inútiles cuando somos adultos. Necesitamos crecer en cosas más importantes, productivas y fructíferas, tales como la fe, la esperanza y el amor (con mayor importancia el amor). El amor es la gran arma del cristianismo, no la sanidad ni la profecía. El amor nunca deja de ser, pero todo lo demás perecerá. Puede que los dones del Espíritu sean el medio de expresar el amor de Dios, pero con mucha frecuencia nos fijamos en el don y olvidamos por qué fue dado. Los dones están allí para señalar a la gente hacia Jesús, y demostrarle el amor de Dios (1 Corintios 13:8-13). Los pasajes en la Biblia acerca de los dones del Espíritu Santo siempre están equilibrados con pasajes acerca del amor. Van mano a mano, porque el poder sin amor es peligroso. El poder sólo debería ser una manera de capacitar y expresar el amor. El amor es lo que cuenta. El amor para Dios y los demás debería ser la fuerza motivadora detrás de todo nuestro obrar para Dios.
e) El amor mantiene al cuerpo de Cristo unido
El amor de Dios es el cemento que mantiene unida a la iglesia, la cual es el cuerpo de Cristo. Necesitamos trabajar en esto por actos de consideración, ánimo y desinterés. No sólo necesitamos ir con cuidado con nuestras acciones sino también con nuestras reacciones a lo que otros hagan o digan. Este es el amor puesto a prueba. Recuerda que Dios es paciente con tus fallos y quiere que tengamos paciencia con los fallos de los demás. Puede que veas tus fallos insignificantes comparados con otros, ¡pero puede que ellos y Dios no lo vean de esa forma! (Mateo 7:1-5).
¿Dónde estaríamos sin un Dios perdonador? (Hebreos 9:27-28). Un espíritu perdonador es lo que debes tener en el corazón aun antes que la persona que te haya agraviado haya pedido disculpas. Nadie es perfecto excepto Jesús. Todos fallamos, en especial en el área de las relaciones. Busca lo bueno en la gente y no mires sus fallos: ten paciencia con aquellos que tienen debilidades (1 Timoteo 1:15-17). Cuando la comunión se rompe entre creyentes, tú eres responsable de actuar, incluso cuando la otra persona esté totalmente equivocada. Dios quiere que aquella gente sea restaurada a un lugar correcto con El, por lo tanto perdónales y gánales de nuevo (Efesios 4:32). «Soportándoos unos a otros» y «teniendo un espíritu perdonador» son conceptos sinónimos, es decir, iguales (Colosenses 3:13), pero no son reacciones automáticas que siguen a nuestra conversión en discípulos de Jesús. Estas acciones envuelven un acto deliberado de la voluntad. Necesitamos hacer una elección deliberada de mantener la unidad a pesar de lo que nos cueste a nosotros en el cuerpo de Cristo (la iglesia).
f) Los que aman al Señor tienen muchas bendiciones
Incluidas:
– Dios es fiel, guardando su pacto de amor a mil generaciones (Deuteronomio 7:9; Éxodo 20:6). El amor de Dios les seguirá (Salmo 23:6).
– Dios les guarda (Salmo 145:20).
– Dios les ama (Proverbios 8:17).
– En todas las cosas Dios obra para su bien cuando son llamados y están conformes a su propósito para sus vidas (Romanos 8:28).
-«Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman». (1 Corintios 2:9).
– Dios vive en ellos (1 Juan 4:16).
g) Cinco maneras en que recibimos el amor de Dios
1. Directamente de Dios, es decir, dejamos que Dios abra su amor en nuestra vida (1 Tesalonicenses 3:12; 2 Pedro 1:3).
2. Por conocer a Dios cada vez en mayor medida. Hacemos esto al pasar tiempo con El; orar, escuchar, buscar y adorar etcétera. (Juan 17:26; 1 Juan 4:8).
3. Por entender los mandamientos de Dios y luego obedecerlos (Juan 14:21). El poner a Dios en primer lugar, a otros en segundo, y a nosotros mismos por último, crea una armazón para que Dios obre su amor en nuestra vida.
4. Por entregar nuestra vida al Espíritu Santo para que pueda producir su fruto de amor en nosotros (Romanos 5:5; Gálatas 5:22).
5. Por hacer una elección consciente, de vestirse con amor y desechar todas las cosas que Dios no quiere. El amor está disponible para nosotros, podemos vestirnos con él o rechazarlo, obrar hacia él o ignorarlo (Colosenses 3:12-14; 2 Pedro 1:5-9). Persigue el amor junto a aquellos que claman al Señor con un corazón puro (2 Timoteo 2:22).
h) El amor es la meta
El apóstol Pablo tenía el amor como meta para su ministerio. En 1 Timoteo 1:3-7 Pablo nos muestra que necesitamos tres cosas para obrar el amor de Dios en nuestra vida. La razón de esto es que si estas tres cosas no están de acuerdo con lo que Dios quiere, lo que hacen es esbozar el amor de Dios y por consiguiente no podemos recibir el amor de de la manera que El pretende para nosotros, y la manera que necesitamos. Estas tres cosas son:
1. Un corazón puro: nuestro corazón necesita estar limpio y puro antes que Dios nos pueda dar de sí mí Para estar limpios necesitamos valernos de la obra de Jesús cuando derramó su sangre en la cruz. Esta sangre derramada nos capacita para recibir el perdón de Dios y su limpieza, si sencillamente confesamos nuestro pecado. También necesitamos perdonar a los demás, porque Dios quiere que nosotros a quien se nos perdonado mucho no tengamos rencor o deudas contra los demás. La pureza también habla de constan Necesitamos ser los mismos y reaccionar de la misma manera, no importa con quién estemos o cuál sea situación (1 Pedro 1:22; 2 Timoteo 2:22; Mateo 5:8).
2 Una buena conciencia: necesitamos estar en paz con nuestra conciencia, porque si está turbada, he cruzado una frontera incorporada en nosotros y hemos entrado en una situación de pecado. Nuestra conciencia es el timbre de alarma de Dios y cuando está perturbada nos sentimos incómodos con nosotros mismos y Dios. Necesitamos tener una conciencia limpia y esto nos habilita para entrar con audacia una vez más en presencia de Dios y libremente recibir el amor de Dios en nuestra vida (1 Timoteo 1:19; Hechos 24:16). Cuan pedimos a Dios que nos perdone por el pecado que ha hecho estallar nuestra conciencia, entonces la sangre Cristo limpiará nuestra conciencia y la hará limpia de nuevo (Hebreos 9:14).
3. Una fe sincera: hemos de vivir por fe. «Sin fe es imposible agradar a Dios» (Hebreos 11:6). Tendríamos q tener la fe por la cual mantenernos firmes y la fe para ir más allá de nuestros límites. Para hacer esto no podemos sencillamente confiar en nuestros propios recursos humanos. Necesitamos entrar en Dios y salir fuera de nosotros. Esto significa dar el control a Dios. ¡Es como darle a Dios no sólo el volante sino todo el coche! El, entonces, está libre para ir donde quiera y nosotros sólo le acompañamos. Así Dios puede obrar en nuestra vida el amor que es tan importante (Gálatas 5:6).
Preguntas y puntos de reflexión
1. ¿Aprecia Dios señales de nuestro amor por El? (Marcos 14:3-9).
2. Lee Lucas 10:25-37. ¿Qué deberíamos hacer para heredar la vida eterna?
¿Quién es nuestro prójimo?
 ¿Cómo deberíamos tratar a nuestro prójimo?
3. Lee 1 Juan 4:7-21.  ¿De dónde viene el amor?
¿Cómo es el amor consumado en nosotros?
¿Podemos confiar en el amor que Dios tiene por nosotros?
¿Por qué es el amor consumado en nosotros?
¿Hay miedo en el amor y por qué?
¿Podemos amar a Dios y odiar a nuestro hermano?
4. Piensa de qué  maneras podrías mejorar tus relaciones en la iglesia y en el mundo.
5. Dios sacrificó a su Hijo por nosotros. ¿Qué podemos darle y entregarle de buena gana?
6. ¿Por qué sigue el amor de Dios a los que son sus discípulos? (Salmo 23:6).
7. ¿Por qué debería ser el amor nuestra meta fundamental?

Lección 70. Comprender la Cruz (tercera parte) La virtud de la cruz

a) Escrituras clave
1 Juan 2:1-21
Juan 4:4
2 Pedro 1 3                                               
1 Pedro 2:24
b) Introducción
Satanás quiere que vivamos en incredulidad y desesperación y que dejemos de creer que el Padre puede cubrir nuestras necesidades. Pero Dios ha establecido sus promesas y principios en la cruz del Calvario. Si Dios faltara en sostener a su pueblo y cubrirle en todo punto su necesidad espiritual, física y material, estaría negando la obra que ha llevado a cabo por medio de su Hijo Jesús (2 Corintios 8:9). Hay cuatro áreas en que necesitamos ver la obra acabada de Cristo: perdón, provisión, victoria y sanidad.
c) La virtud del perdón
La autocondenación es una característica común de nuestra experiencia humana. Muchos creyentes cristianos sufren de condenación de espíritu. La realidad de los fracasos diarios en nuestro caminar con Dios, y la presión de nuestra interacción diaria con otra gente a menudo llevan a sentimientos de indignidad e insuficiencia. El perdón es un hecho desde el punto de vista de Dios. En Cristo, ha cubierto todos nuestros pecados y cuando venimos a El en arrepentimiento y confesión nunca deja de limpiarnos y darnos ese sentido de libertad y frescura que es nuestro derecho por la muerte de nuestro Salvador. Pero al diablo nunca le gusta dejarlo allí. Le encanta aprovecharse de nuestros sentimientos de debilidad e intenta llevarnos de nuevo a la condenación y esclavitud en nuestro corazón. Aquí es donde necesitamos recibir nuestro perdón. Satanás intenta convencernos de que, de algún modo, necesitamos pagar por nuestros pecados. Pero esta es una contradicción total a la enseñanza de las Escrituras y a la obra del Calvario. Jesús ha cubierto toda nuestra deuda y necesitamos recibir nuestro perdón en El (1 Juan 1:7-9). Tenemos un Salvador que está en estos momentos hablando con el Padre en nombre nuestro. Al abrir la boca y pedir perdón El está nombrando nuestro nombre ante nuestro Padre celestial.
d) La virtud de la provisión
Al diablo no le importa que creamos en Dios, mientras sea un Dios que no hace nada. El propósito de Satanás es romper la relación de confianza en Dios que el Espíritu Santo trae a la vida cuando nacemos de nuevo por su poder. Es por el Espíritu que conocemos a Dios como nuestro Padre, y es por El que venimos a Dios nuestro Padre en sencilla confianza y fe (Romanos 8:15-16). «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con El todas las cosas?» (Romanos 8:32). Cada vez que luchamos con un sentimiento de necesidad deberíamos volver al Calvario. Después de Jesús cualquier otra provisión ¡es una nota al pie de una página! Todo lo que podarnos necesitar está incluido en El, y por fe en El conocemos esa liberación que nos da su provisión en nuestra vida día a día.
e) La virtud de la victoria
En su muerte, Jesús consiguió victoria para nosotros sobre el pecado, la muerte, el mundo y el poder de Satanás: los grandes enemigos que persiguen los pasos de todo ser humano. Satanás continuamente trata de llevarnos a la derrota y debilidad por estos medios. Necesitamos tener clara nuestra victoria en Jesús, para que podamos vencer a Satanás en sus ataques a nuestra vida. Jesús ha ganado por nosotros la victoria sobre el pecado y la muerte (Romanos 5:12,15).
Las dos grandes armas de Satanás: la culpabilidad y el miedo, son, por consiguiente, inefectivas en la vida de cristiano que se mantiene firme en la obra acabada de la cruz. Jesús ha ganado por nosotros la victoria sobre e mundo. El mundo es aquel sistema satánico de maldad que ha impregnado el orden de Dios y la sociedad humana; el cual lleva a los hombres y mujeres a la oscuridad y lejos de Dios. Pero por la obra acabada de Cristo en la cruz que venció los principados y potestades de este mundo oscuro, podemos compartir su victoria en el poder presente del Espíritu Santo (1 Juan 5:4-5). Ha ganado por nosotros victoria sobre Satanás. La cruz fue, en efecto, la batalla císmica entre el poder de Dios y el poder de Satanás. Todo lo que fluye a nosotros desde la cruz, es posible porque Jesús ganó la victoria. Aquella victoria no fue ganada en algún rincón oscuro y secreto, sino en la arena pública para que todos la vieran. Cuando Jesús clamó «consumado es», no clamaba en debilidad o desesperación sino que proclamaba públicamente la poderosa victoria de Dios. En Jesús, Dios ha vencido todos los poderes de la tinieblas, así que ya no constituyen una amenaza a los que se mantienen en fe en Cristo Jesús (Colosenses 2:13-16)..
f) La virtud de la sanidad
El don universal que viene a la humanidad desde la cruz es el don de salvación en el sentido de perdón de pecados Sin embargo, la cruz del Calvario también es la base de cada otra provisión que el Padre nos puede dar y nos dará según su voluntad. Esto incluye sanidad. Hay factores que controlan si estas provisiones serán dadas en cada caso, por ejemplo, cuando necesitamos ejercitar más fe, o cuando nuestra vida impide que el Padre sea tan generoso como quiere ser. Hay también otros factores escondidos. Sin embargo, esto no nos debería frenar la oración en fe o pedir al Padre ayuda en todo momento de necesidad. Podemos confiar en el Señor, pero no le podemos manipular (Deuteronomio 29:29). Tres hechos principales muestran que la sanidad del cuerpo es una parte íntegra del propósito del Padre en la obra del Calvario.
(I) Dios ha establecido el principio de sanidad en la muerte y resurrección de Jesús. Jesús murió contusionado y roto. Pero fue resucitado sano e ileso.
(II) Las Escrituras testifican claramente de la inclusión de la sanidad física como parte de la obra del Calvario (Romanos 8:11). Jesús murió, no solamente para llevar nuestros pecados, sino para llevar nuestras penas y nuestras enfermedades (Isaías 53:4-5; 1 Pedro 2:24). Jesús murió no solamente para salvar nuestra alma; sino todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo.
(III) El testimonio directo de sanidad está hoy en el poder del Espíritu Santo: el propósito de Dioses que vivamos
ahora en lo bueno y con el poder de la vida eterna. ¡No existe tal cosa como un creyente sin sanar!
La realidad es que la cruz fue el encuentro decisivo en la batalla entre el bien y el mal. Allí Satanás fue por fin desnudado de su poder y su destino fue sellado definitivamente. ¡Pero todavía existe una guerra! Asimismo la obra decisiva ha sido conseguida para nuestra sanidad, pero todavía no estamos plenamente sanados. Cada milagro de la gracia de Dios es un milagro de promesa. Es un tipo o indicador de lo que nos pertenecerá cuando Jesús venga en su Reino de gloria. El hecho de que la batalla está ganada, pero no acabada, no nos impide ocuparnos en la guerra espiritual a todos los niveles en el día de hoy. Al contrario, nos debería estimular. Así es con la cuestión de sanidad, ¡porque ciertamente esta es parte de la batalla! No deberíamos inhibirnos de orar sólo porque nos damos cuenta de que todavía, no todo es perfecto.
g) Seis razones por las cuales fallamos en recibir-nuestra sanidad
(1) Alguna gente no tiene fe en Dios para su sanidad (Santiago 5:15).
(II) El pecado personal sin confesar crea una barrera a la gracia de Dios (Santiago 5:16).
(III) La desunión persistente y extensa, el pecado e incredulidad en cuerpos de creyentes y familias impiden sanidad en los miembros individuales del cuerpo (1 Corintios 11:30).
(IV) Por diagnóstico incompleto o incorrecto de lo que causa sus problemas, ]agente no sabe orar correctamente.
(V) Alguna gente supone que Dios siempre sana instantáneamente, y cuando no es sanada inmediatamente, deja de orar.
(VI) Alguna gente busca en la dirección equivocada su sanidad. Es importante oír la Palabra de Dios con respecto al proceso de sanidad. Algunos tendrán un toque sobrenatural directamente de Dios para su sanidad, pero otros recibirán alivio y sanidad por ayuda médica o quirúrgica. Recuerda, no toda sanidad viene de Dios, por consiguiente, es importante para nosotros ejercitar el don de discernimiento cuando viene a estas áreas profundas de la vida.
h) Conclusión
E ningún sitio es el amor incondicional más plenamente expresado que en la cruz (1 Juan 4:10). Necesitamos ser animados para venir como niños a nuestro Padre celestial. El sabe lo que es mejor para nosotros. Necesitamos venir al trono de gracia con confianza, para que podamos recibir misericordia y hallar gracia para ayudarnos en nuestra hora de necesidad (Hebreos 4:16). Dios ha asegurado nuestro porvenir en cada área por medio de la vida, muerte y resurrección de Jesús (Romanos 8:32).
i) Preguntas y puntos de reflexión
1. ¿Por qué tantos cristianos se sienten condenados, indignos e insuficientes? Discútelo.
2. ¿Qué provisión ha asegurado Dios para nosotros para liberamos de condenación, y qué necesitamos hacer? (1 Juan 1:7-9)
3. ¿Es el sacrificio que hizo Jesús suficiente para cubrir todas nuestras necesidades?
4. ¿Dónde está Satanás con relación a nosotros y cuánto poder tenemos disponible para nosotros cuando estamos en Cristo? (Efesios 1:17-23).
5. Lee y discute las seis razones por las cuales fallamos en recibir nuestra sanidad, y compáralas con los tres hechos principales demostrando que nuestra sanidad es una parte íntegra de la obra de Jesús en la cruz.
j) Resumen y aplicación
1. Dios ha prometido cubrir toda necesidad espiritual, física y material para todo su pueblo por la obra de Jesús en la cruz.
2. Los hijos de Dios deberían ser libres de condenación, porque tienen disponible para sí el perdón de Dios. 3. Dios ha prometido cubrir todas nuestras necesidades según sus riquezas en gloria (Filipenses 4:19).
4. Jesús ha ganado para nosotros la victoria sobre el pecado, la muerte, el mundo y el poder de Satanás por su obra en la cruz.
5. La sanidad del cuerpo es una parte íntegra del propósito de nuestro Padre celestial en la obra de Jesús en la cruz del Calvario.

Lección 70. Comprender la Cruz (segunda parte) El misterio de la cruz

a) Escrituras clave
Juan 12:23-33Hebreos 12:1-3
Gálatas 3:13
Corintios 1:23-25
Marcos 8:34-38
b) Introducción
La expiación es Dios satisfaciendo las exigencias de su propia naturaleza santa, a la vez que manifestando la intensidad de su amor hacia la humanidad. Dios hizo que Jesús llevara el castigo de nuestros pecados y que llevara nuestra culpa en Sí mismo como nuestro sustituto (1 Pedro 2:24). Jesús hizo algo más que lo que hizo jamás el concepto antiguo testamentario de ofrenda por el pecado. El se convirtió en nuestro sustituto, no sólo por el hecho de llevar el pecado sobre sí mismo, sino por llevar nuestro pecado en sí mismo (2 Corintios 5:21). La victoria sobre el pecado, la muerte y el poder de Satanás fue no solamente obrada por El, fue lograda en El.
c) La diferencia entre el pecado y lo pecaminoso
Jesús realmente fue hecho pecado con nuestro pecado. Jesús no se convirtió en pecador; es decir, no era pecaminoso. No fue castigado por ningún pecado propio, sino que llevó en sí mismo el castigo por nuestros pecados. Jesús se ofreció como sacrificio perfecto sin mancha (Hebreos 9:14). P.T. Forsyth dijo sobre Jesús: «Dios le hizo pecado, le trató como si fuera pecado pero no le vio como pecaminoso. Dios amorosamente le trató como a pecado humano, y con su consentimiento juzgó el pecado humano en El y sobre El. Cristo nunca pudo confesar culpabilidad personal». Este es el corazón del Calvario. Dios no hizo frente a la cuestión del pecado meramente observando la muerte física de su Hijo. No, Jesús entró en esa muerte. El pecado del hombre y la desobediencia a Dios tiene muchos resultados; por ejemplo, la muerte física del hombre; juicio y abandono divino; muerte hacia Dios; opresión y esclavitud de Satanás; y enfermedad. Para que el hombre fuera liberado del hecho y efecto de su pecado, el Hijo necesitaba llevar todo ese pecado en sí mismo. El Hijo de Dios se convirtió en todo nuestro pecado. Necesitamos venir en temor reverencial al Calvario.
d) La diferencia entre humano y mortal
El ser humano, en cuanto a nosotros, es ser mortal. Pero Dios originalmente no creó el hombre para ser mortal, es decir, sujeto a la muerte. Génesis 3:22 deja claro que Dios expulsó al hombre del jardín de Edén para impedir que comiera del árbol de vida por el cual podría vivir para siempre. Dios aislaba al hombre de la fuente de su vida eterna por su desobediencia. Desde ese momento en adelante, el hombre pasó a estar sujeto a la muerte como juicio de Dios y, si tomas el registro bíblico en serio, sus años empezaron a ser más cortos cuanto más lejos iban de sus principios con Dios, hasta que fueron puestos a 120 años en términos del viejo pacto (Génesis 6:3). Sin embargo, la mayoría de nosotros solamente llegaremos a los 70-80 años (Salmo 90:10).
Jesús mismo no estaba sujeto a la muerte del hombre hasta que llevara el pecado en Sí mismo, porque la muerte es el resultado del pecado (Romanos 5:12). Jesús no era pecaminoso, por tanto no vivió su vida bajo la amenaza de la muerte como resultado necesario del pecado. Jesús fue el único hombre que jamás haya vivido que tenía la autoridad de vida en El (Juan 10:17-18). Esta es la tremenda realidad del Calvario. El único que no tenía necesidad de morir, ya sea espiritualmente o físicamente, fue el mismo que llevó la muerte en sí mismo para romper el poder de la misma (Hebreos 2:14-15). En la cruz fue el Inmortal quien fue matado. Jesús fue humano pero inmortal. La lucha de Jesús en el jardín de Getsemaní fue debida a la horrenda realidad que reconoció que estaba delante de El. Sabía que iba a tomar el pecado humano en Sí mismo e iba a conocer la muerte como resultado, pero se sometió completamente a la voluntad del Padre. Ningún hombre con fuerza humana normal hubiera podido enfrentarse jamás a lo que Jesús se enfrentó (Lucas 22:41-44).
Aquí es donde está el poder del Calvario en nosotros: no cuando intentamos comprenderlo todo, porque no lo haremos nunca; sino cuando nos humillamos ante El, aceptamos su misterio y poder y cuando recibimos en nosotros mismos su efecto salvador.
El Hijo de Dios el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
(Gálatas 2:20)
e) Nacido de Dios, no de Adán
La verdad del nacimiento virginal es de suma importancia para nuestro entendimiento tanto de la vida como de la muerte de Jesús. Está claro que la vida que Jesús vivió fue vivida en un cuerpo real de carne. No puede haber duda en que experimentó tentaciones reales. El fundamento de su humanidad era igual al fundamento de nuestra humanidad en cuanto a esto se refiere (Hebreos 4:15). Sin embargo, había algo en Jesús que le diferencia de todos los demás hombres. No estaba sujeto al pecado, y tenía el poder para vencer toda tentación que venía a su puerta. Jesús no nació de Adán: nació del Espíritu Santo.
Este no es el caso de los hombres cuando nacen en el mundo. Toman su linaje del viejo Adán; toman sus debilidades del viejo Adán; toman su pecado del viejo Adán. Jesús es el último Adán, el hombre del cielo (1 Corintios 15:45-49). Es como ellos en cuerpo, pero no en espíritu. Los hombres no toman la semejanza del hombre del cielo hasta que ellos también nazcan de Dios por medio del Espíritu Santo (Romanos 8:3; Juan 1:12-13).
f) Jesús venció el pecado
Jesús tuvo que vencer el pecado a dos niveles. Primero, al nivel de la vida cotidiana, donde venció el dominio del pecado en la carne por su perfecta obediencia al Padre en el poder del Espíritu Santo. Segundo, en términos del juicio de Dios sobre el pecado, por medio del cual recibió en sí mismo el castigo del pecado y de ese modo expió totalmente por ello, y derrotó el poder de la muerte por Su propia muerte en la cruz. Jesús nació del Espíritu y vivió en el poder del Espíritu. Nunca supo lo que era pecar. En efecto, Jesús vivió al nivel de la verdadera humanidad para la cual Adán fue creado y en la cual vivió hasta que cayó por la desobediencia. Jesús tenía un cuerpo real de carne. Era como el nuestro, ya que era susceptible a la tentación, como era la carne de Adán antes de caer. Pero era diferente al nuestro en que era gobernado por el Espíritu de Dios, y nunca conoció la realidad del pecado hasta el fin. Aquí es donde vemos la inmensidad de su ofrenda en la cruz. En este momento hizo algo que nunca había experimentado antes, se abrió a la realidad y efectos del pecado dentro de su propio cuerpo. No a su pecado, sino al pecado de todos los demás hombres, y en Sí mismo recogió todos sus horribles efectos y juicio (2 Corintios 5:21). A.W. Tozer escribió: «La vieja cruz es un símbolo de muerte. Representa el repentino fin violento de un ser humano. En tiempos romanos el hombre que llevaba su cruz y empezaba el camino no volvía. No salía para que redimieran su vida, sino para que la acabaran».
g) Preguntas y puntos de discusión
1. Lee Lucas 22:39-46 y Mateo 26:36-46. ¿Por qué crees que Jesús pasó por este momento y por quién lo hizo?
2. ¿Cómo se ocupó de nuestro pecado? (Hebreos 4:15; 9:26).
3. ¿Por qué era el sacrificio de Jesús en la cruz aceptable a Dios para nuestra salvación? (2 Corintios 5:21; Romanos 8:3-4).
4. ¿Por qué tenemos vida eterna como resultado de la obra de Jesús en la cruz? (Romanos 6:5-14, 23).
5. ¿Por qué se llama Jesús el último o segundo Adán? (1 Corintios 15:22, 45-49).
h) Resumen y aplicación
1. Nuestro Padre celestial ofreció a su Hijo puro y sin pecado en la cruz para ser pecado por todos los hombres.
2. El hombre produjo su propia caída debido a su propia desobediencia, pero Dios alzó a Jesucristo, el último o segundo Adán para romper el poder de ésta y librarnos.
3. Jesús es nuestro sustituto. El castigo que merecemos, El lo llevó en su Yo sin pecado en la cruz del Calvario.
4. Cuando nos damos cuenta de cuánto Jesús tuvo que sufrir por nosotros, ¿podemos hacer menos que tomar nuestra propia cruz, como nos
lo pide, y seguirle a El?

Lección 70. Comprender la Cruz (Primera parte) El poder de la cruz

a) Escrituras clave
1 Corintios 1:17-18
Filipenses 2:5-11
Gálatas 6:14
Filipenses 3:20-21
Isaías 52:13-53:12                                                 
b) Introducción
La cruz de Cristo está en el corazón de nuestra fe cristiana. Sin ella no tenemos fe, y fuera de su verdad el cristianismo pasa a ser sólo otra filosofía de la vida, un asunto de palabras e ideas. Jesús no vino para darnos otra clase de ideas acerca de Dios, sino al contrario, vino para morir por nosotros. (Marcos 8:31). El concepto de la cruz era una parte esencial, en lo que a Jesús se refiere, del entrenamiento de sus discípulos. El usó la realidad de la cruz para recalcar la necesidad de sometimiento absoluto a la vida del Reino. Ya sabía dentro de sí mismo lo que significaba «tomar la cruz», y quería que los discípulos tomasen su propia cruz y que le siguiesen (Lucas 9:23).
No hay ninguna virtud en destacar el dolor y horror de la cruz porque sí, pero sí necesitamos entrar, hasta cierto punto, en la realidad del padecimiento de Cristo si alguna vez vamos a apreciar: primero, lo que significó para Dios el salvarnos por medio de la cruz; y segundo, lo que Dios ha logrado para cada uno de nosotros en la muerte de Jesús. Llevamos viviendo mucho tiempo con un concepto doméstico de la cruz. La hemos refinado de su horror, y al hacer eso le hemos robado su poder. El Espíritu Santo quiere que conozcamos la importancia del sacrificio de Cristo, porque esta obra de la cruz debiera ser central en nuestra vida y ministerio. Las Escrituras no esconden nada de la vergüenza y agonía que llevaba envuelta para el amado Hijo de Dios. No es sencillamente el hecho de que muriese lo importante; la manera en que murió tiene la mayor significación para cada uno de nosotros. Las profecías del Antiguo Testamento concernientes a la muerte de Cristo pusieron el mismo énfasis en los detalles de sus padecimientos (Isaías 50:6; Salmo 22:12-18). En la iglesia, en general, hemos reducido a Cristo a nuestra medida y hemos reducido su muerte a dimensiones que podemos manejar espiritual, emocional y teológicamente. Si sintiéramos el profundo horror de la cruz, conoceríamos toda la extensión de nuestro pecado y esto es de lo que huimos dentro de lo más profundo de nuestro corazón y mente. Lo que sucedió aquel día en el Calvario no fue bonito. No había sentimiento en los azotes romanos, y la crucifixión romana ha sido reconocida universalmente como la forma más cruel de ejecución pública jamás inventada. Era una muerte horrorosa, lenta, dolorosa y humillante. Necesitamos ver la profundidad del Calvario. Necesitamos ver que todo lo que podemos tener o ser fluye de este acto de amor. Más que eso, necesitamos reconocer que si hemos de vivir para Dios, entonces necesitamos caminar de la misma manera nosotros mismos.
d) El poder de la cruz
Jesús no experimentó una crucifixión normal y rutinaria. También fue sometido a la humillación pública de un juicio burlesco ante Poncio Pilatos durante el cual abusaron de él. Fue golpeado y desfigurado, le arrancaron la barba y pusieron una corona de espinas en su cabeza como gesto de mofa a su declaración de ser un rey. En el jardín se había enfrentado con la horrorosa verdad de que esta copa era Su copa y no podría ser bebida La presión dentro de sí mismo eran tan intensa que sangró por la frente. Cuando los soldados fueron a vieron que ya estaba muerto, por tanto, no le rompieron las piernas. En vez de eso, le traspasaron el costado y  agua. Esto significa que Jesús había muerto literalmente de un corazón roto. Su corazón se había reventado había coagulado: la sangre y plasma se habían separado y cuando fue traspasado, fluyeron de su costado.
No podemos empezar a hablar de sus padecimientos espirituales. Estas cosas están escondidas de n no hay ninguna manera en que pudiéramos comprender jamás lo que significaba para el Hijo desamparado por su Padre. El grito que salió de sus labios resonaba con las palabras del Salmo 22′ Dios mío, ¿por qué me has desamparado? contiene profundidades de sufrimiento que jamás podremos Pero debemos ver que ninguna de estas cosas fue casual. Los hombres le llevaron ¡pero no estaban los procedimientos aquel día! Esta es la imponente verdad del Calvario. ¡Dios el Padre estaba en con entregaba a su Hijo por el alma del hombre! Nosotros huimos del hecho porque sólo sirve para recalcar claridad la extensión de nuestra culpa (Hechos 2:23). Dios, de algún modo misterioso, puso nuestra c y por medio de sus padecimientos fuimos liberados (Isaías 53:4-5). El poder de la cruz para nosotros hecho de que cada detalle de la experiencia de Jesús tiene significación dinámica para nosotros en nuestra necesidad. Desde la caída del hombre, Satanás ha mantenido a hombres y mujeres bajo su estado atados en cadenas de pecado y enfermedad, depresión y desesperación, que han sido experiencia humana. El hombre ha venido a estar sujeto a toda clase de sufrimiento y aflicción como su desobediencia a Dios. En la cruz toda atadura espiritual y emocional, toda aflicción que Satanás humanidad por la desobediencia del hombre, ha sido invertida en el poder del Calvario.
e) Los seis ayes del hombre
En el tercer capítulo de Génesis nos es dado profundamente los efectos del pecado. Después de la caída por su desobediencia a Dios somos introducidos a los tristes efectos de esa desobediencia. Aunque el vivido como un agente libre en comunión con Dios y se le había dado la autoridad para regir sobre en la tierra, ahora estaba en esclavitud. Satanás tenía dominio sobre él y desde aquel momento en a humana ha sido sometida a todo mal y aflicción como resultado del pecado. Aquí el hombre vino a seis terribles ayes que desde aquel momento en adelante han sido la fuente de todo dolor y aflicción alma y espíritu que la raza humana jamás haya experimentado.
(1) Culpabilidad y condenación
Tanto el hombre como la mujer, cuando fueron desafiados por Dios, intentaron evitar esta cu pasaron del uno al otro. Al final, ¡sólo la vieja serpiente tenía la voluntad de aceptar la culpa! el fracaso de la humanidad desde entonces. Ha sido el factor que ha dividido al hombre del hombre de Dios. Hasta que no aceptemos nuestra culpabilidad, no puede haber reconciliación. culpabilidad ante Dios es de tal naturaleza que nunca la podríamos expiar nosotros mismos. ser nuestro portador de culpabilidad. Llevó nuestros pecados en su cuerpo en el árbol (la cruz).
 (II) Opresión del diablo
Antes que el hombre cayera no estaba sometido al dominio de Satanás. Ahora que el hombre de Dios, está a la merced de Satanás. Sin embargo, la cruz ha acabado con el poder indiscutido (Colosenses 2:13-15).
(III) Dolor y sufrimiento
En ningún sitio de la Biblia leemos que la enfermedad y el sufrimiento sean la voluntad de humanidad. Son la consecuencia del pecado y encuentran su fuente en la obra de Satanás como resultado de la desobediencia del hombre. Esto no quiere decir que Dios no pueda usar el dolor y sufrí su propio propósito de gracia en nuestra vida: claro que puede. Pero sabemos que esto no es Dios para sus hijos, y en el perfecto Reino de Dios, todos estos elementos ajenos serán descartados «por cuya herida fuisteis sanados» (1 Pedro 2:24). III Dolor y sufrimiento
En ningún sitio de la Biblia leemos que la enfermedad y el sufrimiento sean la voluntad de humanidad. Son la consecuencia del pecado y encuentran su fuente en la obra de Satanás como resultado de la desobediencia del hombre. Esto no quiere decir que Dios no pueda usar el dolor y sufrimiento para su propio propósito de gracia en nuestra vida: claro que puede. Pero sabemos que esto no es Dios para sus hijos, y en el perfecto Reino de Dios, todos estos elementos ajenos serán descartados “por cuya herida fuisteis sanados» (1 Pedro 2:24).
(IV) Ansiedad y preocupación
El hombre fue sentenciado a una vida de trabajo duro (Génesis 3: 17-19). Aunque había vivido en un jardín de la munificencia de Dios, rodeado por todo lo que necesitaba para la vida y salud, ahora estaba condenado a dificultad y esfuerzo. Fueron espinas lo que usaron para hacer una corona para Jesús, y la llevó por nosotros. Llevó en sí mismo toda la agonía de espíritu y ansiedad de corazón que pertenece al hombre, mientras intenta encontrar su propio camino en el mundo sin Dios. ¡Qué contraste: el camino de Jesús y la maldición de espinas! Como la llevó por nosotros, somos libres en el poder de la fe, para caminar el camino del Reino (Mateo 6: 33-34).
(V) Muerte
El hombre fue aislado de la fuente de su vida por el pecado. La muerte es el resultado de nuestro pecado y es la suerte común de todo hombre (Romanos 5:12). Sin embargo, la Biblia nos dice-que la muerte física no es el fin, porque el hombre está destinado a morir una vez y después de esto enfrentarse con el juicio de Dios (Hebreos 9:27-28). Pero por medio de la muerte de Jesús el juicio de muerte ha sido quitado. El ha llevado el juicio por nosotros (Hebreos 2:14-15).
(VI) Rechazo y separación de Dios
El hombre fue echado del jardín y ha sido un náufrago espiritual desde entonces. El hombre en el fondo es un ser rechazado: su pecado ha causado una separación entre él y Dios. El grito más profundo de la cruz fue un grito de abandono: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» ¡Jesús vino a ser un abandonado por ti y por mí! No había nada más que pudiera suceder, porque al llevar nuestro pecado en sí mismo, se puso fuera de los límites de la presencia del Padre.
f) Unidos con El
El poder de la cruz está en el hecho de que Jesús llevó todos estos elementos en sí mismos en la cruz y rompió su poder. Venció todo factor negativo que jamás haya amenazado al hombre, y rompió el poder de Satanás que dirige todas estas fuerzas para llevar al hombre a la destrucción.
No es suficiente maravillarse de la obra de Jesús en la cruz; para que esa obra sea efectiva en nosotros, necesitamos recibirla en nuestra propia vida. Fue en el poder del Espíritu Santo que Jesús se ofreció por nosotros (Hebreos 9:14). Es mientras permitimos que el Espíritu Santo haga la misma obra de vencer el pecado, aflicción y el poder de la muerte en nosotros, que entraremos en la verdadera victoria del Calvario.
g) Preguntas y puntos de discusión
1. ¿Qué hace que el cristianismo sea diferente de otras religiones, ideas y filosofías? Discútelo.
2. ¿Por qué tuvo que morir Jesús en la cruz por nosotros?
3. ¿Por qué tuvo que pasar Jesús por una muerte tan dolorosa, humillante e interminable?
4. ¿Cómo pudo Dios el Padre permitir a su Hijo hacer lo que hizo? Si está en control; ¿por qué era necesario? 5. ¿Fue la cruz el punto fundamental en la historia?
6. ¿Por qué ha vencido la obra de Jesús en y alrededor de la cruz el poder de Satanás, y qué significa para la gente en general?
7. ¿Cumple lo que leemos sobre la cruz en el Nuevo Testamento lo que fue hablado de ella en el Antiguo Testamento? Por ejemplo, lee Isaías 52:13-53-12.
8. ¿Cómo podemos tomar nuestra cruz y seguir a Jesús como lo pide cuando nos damos justa cuenta de cuánto hizo realmente Jesús cuando tomó su cruz? (Lucas 9:32).
h) Resumen y aplicación
1. La cruz de Cristo está en el corazón del discipulado cristiano.
2. Nuestra salvación le costó a Jesús todo.
3. Para que la cruz del Calvario sea efectiva necesitamos recibir el poder de ella en nuestra vida.
4. ¡Para ser verdaderos discípulos de Jesús necesitamos tomar nuestra propia cruz y seguirle!
5. El hombre ha causado su propia ruina, pero Dios todavía estaba dispuesto a mandar su propio Hijo Jesús a sufrir y morir por nosotros y darnos otra oportunidad.

Lección 69. Juicio eterno

a) Escrituras clave
Hebreos 6:1-2
2 Pedro 3:3-15
Romanos 2:5-11
Hebreos 10:24-39
Mateo 25:31-46
Mateo 24:1-51
b) Introducción
Venimos ahora al último fundamento de nuestra fe, esencial para seguir a la madurez. Como discípulos de Jesús sabemos que en el cielo hay un río puro de agua de vida, limpio como el cristal, que procede del trono de Dios. Aquí falta la maldición, falta la muerte, falta el mal, faltan las lágrimas y falta la noche. Sin embargo, existe un infierno así como un cielo. Existe no sólo la bendición eterna sino también existe el juicio eterno.


c) ¿Cuál es el significado de la palabra juicio?
El verbo "juzgar" significa separar; distinguir entre; ejercitar juicio en; estimar; pedir cuentas; cuestionar; juzgar juiciosamente; procesar como juez; llevar a juicio; sentenciar; dar cuentas; administrar gobierno; gobernar.

d) Razones para enseñar sobre el juicio eterno
(1) Para que estemos continuamente agradecidos
Agradecidos por la gracia y misericordia de Dios (Romanos 5:8-9; 1 Tesalonicenses 1:10).
(II) Para que vivamos en el temor de Dios (Hebreos 10:3 1; 1 Pedro 1:17)
Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.(Mateo 10:28)

Nótese que la palabra "destruir" no significa que el alma desaparecerá o desintegrará, sino que será llevada a la ruina. Todavía estará allí, pero será un reflejo triste de lo que debería ser. No es una pérdida de ser, sino de bienestar.

(III) Para despertar intercesión por los perdidos
Debido al horror de morir sin Cristo.
(IV) Para que presentemos el evangelio como es (Romanos 1:16-20).
El evangelio revela tanto la justicia como la ira de Dios.

e) ¿Cómo se revela la ira de Dios?
– En la conciencia del hombre, a menos que llegue a estar cauterizada e insensible.
En la historia, por ejemplo, las historias de Adán y Eva echados del Edén; el diluvio; la torre de Babel; las ciudades de Sodoma y Gomorra.
– En la universalidad de la muerte, incluso aunque el diablo dijo: "No moriréis". (Génesis 3:4).
En las consecuencias del pecado. "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará". (Gálatas 6:7).
– La mayor manifestación fue en el Calvario. Le costó muchísimo a Jesús apaciguar la ira de Dios. "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en El" (2 Corintios 5:21).

f) Se llama el juicio eterno
El grande y terrible día de Jehová (Malaquías 4:5).
El día de la ira de Dios, cuando su juicio justo será revelado (Romanos 2:5).
El día de juicio y destrucción de hombres impíos (2 Pedro 3:7).
El gran día de la ira de El que se sienta en el trono y del Cordero (Apocalipsis 6:16-17).
El juicio eterno es cierto (Hechos 17:30-31; Isaías 45:23-24) y todos los que no sean parte del Reino de Dios estarán allí en aquel día (Apocalipsis 21:8; Lucas 16:19-31). El efecto de esto será aterrador (Isaías 2:19; Apocalipsis 6:16-17; Hebreos 10:31).


g) ¿Qué es el juicio eterno?
Ser echado en el fuego eterno del infierno (Mateo 18: 8-9).
Estar en la compañía del diablo y sus ángeles (Mateo 25:41).
Castigo eterno (Mateo 25:46).
Oscuridad donde habrá llanto y crujir de dientes (Mateo 25:30).
Vergüenza y confusión perpetua (Daniel 12:2).
La segunda muerte (Apocalipsis 20:14-15).
– Eterna separación de Dios (Mateo 25:41; 2 Tesalonicenses 1:9-10).

h) Otras enseñanzas sobre el juicio eterno
– Aniquilación, es decir, no hay nada al final.
– Castigo temporal, luego aniquilación.
– Reconciliación universal: aquí incluso el diablo será salvo.
NOTA: Ninguno de estos puntos son verdades bíblicas: (Mateo 25:31-46; Apocalipsis 20:10; Marcos 9:47-48).

i) ¿Por qué debe haber juicio?
Por el pecado contra la ley de Dios (Romanos 2:12).
Por impiedad (2 Pedro 3:7).
Por maldad (2 Pedro 2:9).
– Por desobediencia (Judas 6).
– Por incredulidad (Juan 3:18).
Por trasgresión (Romanos 5:18).
Por hechos malos (Juan 3:19).
j) ¿Quién es juez?
Dios (Hechos 17:31; Romanos 3:6; Hebreos 12:23; 1 Pedro 4:5).
– El Hijo (Juan 5:22-27; Hechos 10:42).
– Los santos (1 Corintios 6:2-3).
k) ¿Cuáles son los principios que gobiernan el juicio divino?
– La medida de luz o verdad revelada (Mateo 10:14-15; 12:41).
– Todo conocimiento divino (Juan 8:15-16; Apocalipsis 20:12,15; Romanos 2:2).
– Las palabras de Dios (Juan 12:48-50).
– Responsabilidad personal (Romanos 14:10-12).
– Conducta personal (2 Corintios 5:10; Romanos 2:5-6; 1 Pedro 1:17; Apocalipsis 20:12).
– Imparcialidad divina (1 Pedro 1:17).
– El trato a los hijos de Cristo (Mateo 25:31-46; 12:50; 2 Tesalonicenses 1:5-10). – La ley (Romanos 2:12).
– Rectitud y justicia (Salmos 9:8; 96:13; Hechos 17:31; Romanos 2:5; 2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 19:11).
– Motivos y pensamientos (1 Corintios 4:5; Romanos 2:16).
– El evangelio (2 Tesalonicenses 1:8).
l) ¿Cuándo ocurre el juicio?
(I) Ha Ocurrido
Satanás (Juan 16:11; Colosenses 2:15).
– El mundo (Juan 12:31).
– El hombre (Juan 3:18; Juan 5:24; Romanos 5:9; Romanos 8:1).
(II) Está ocurriendo
– Pecadores (Romanos 1:18-32).
– Cristianos (1 Corintios 11:31-32).
(III) Ocurrirá
Después de la muerte (Hebreos 9:27).
– El día final (Juan 12:48).
– El día (Mateo 10:15; 11:22-24; 12:36; Hechos 17:31; Romanos 2:5; 1 Corintios 3:13; 2 Tesalonicenses 1:10; 2 Pedro 2:9; 2 Pedro 3:7; y 1 Juan 4:17).
– En la venida de Cristo (Mateo 25:31; 1 Corintios 4:5; 2 Tesalonicenses 1:7-10;2 Timoteo 4:1; Judas: 14-15).
(IV) Ocurrirá en
– El trono de su gloria, para las naciones (Mateo 25: 31-46).
– El tribunal 8de Cristo, para los santos (Romanos 14:10; Corintios 5:10).
– Un gran trono blanco, para los pecadores8 (Apocalipsis 20:11-15).
(V) ¿Qué pasará?
– Los pecadores serán juzgados por el pecado y sepultados en el olvido interminable (2 Tesalonicenses 1:8-9; Apocalipsis 11:18; Mateo 25:46; Apocalipsis 20:15).
– Los justos en Dios vivirán para siempre con Cristo Jesús y recibirán recompensas por lo que hayan hecho en Cristo.
Nosotros como discípulos de Jesús necesitamos rescatar a los perdidos y preocuparnos por los que se están muriendo.
m) Preguntas y puntos de reflexión
1. Si Dios es un Dio8s de amor, ¿por qué permite que los que no aceptan a Jesús como Señor y Salvador sean castigados por la eternidad? (Hebreos 10:26-29).
2. ¿Puede Dios negar su propia rectitud, santidad y justicia en algunas circunstancias?
3. ¿Deberíamos vivir en el temor de Dios? (1 Pedro 1:17).
4. La ira de Dios fue invocada cuando el hombre escogió pecar. ¿Cómo apaciguó Jesús esa ira o enfado?
5. ¿Por qué debería la enseñanza sobre el juicio eterno motivarnos para ser testigos de Jesús aquí en la tierra?
n) Resumen y aplicación
1. Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. (Hebreos 9:27).
2. Dios es santo, justo y no puede mentir. Dentro de El no hay sombra de variación. Debe ser conforme a  su naturaleza y carácter. El pecado y rebelión del hombre contra Dios, por consiguiente, debe ser juzgada (Santiago 1:17; Números 23:19).
3. Los justos en Dios han de ir a un lugar donde la muerte y la maldición faltan y donde vivirán con Jesús p siempre.
4. Los que no ace8ptan el camino de Dios para ellos en Jesús, irán al castigo eterno.
5. El juicio eterno es una verdad fundamental que debería motivarnos como discípulos de Jesús a vivir en el te de Dios y a alcanzar a los perdidos y los que se están muriendo.
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