JESÚS ORÓ AL PADRE Y LE DIJO DE NOSOTROS:

Jesús oró al Padre y le dijo de nosotros:
(Juan 17:15)
No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno.
(Juan 17:16)
Al igual que yo, ellos no pertenecen a este mundo.
(Juan 17:17)
Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad.
(Juan 17:18)
Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo.
(Juan 17:19)
Y me entrego por ellos como un sacrificio santo, para que tu verdad pueda hacerlos santos.

(Juan 17:22)
LES HE DADO LA GLORIA QUE TÚ ME DISTE, para que sean uno, como nosotros somos uno.
(Juan 17:23)
YO ESTOY EN ELLOS, y tú estás en mí. Que gocen de una unidad tan perfecta que el mundo sepa que tú me enviaste y que LOS MAS TANTO COMO ME AMAS A MÍ.
(Juan 17:24)
Padre, quiero que los que me diste estén conmigo donde yo estoy. Entonces podrán ver toda la gloria que me diste, porque me amaste aun antes de que comenzara el mundo.
(Juan 17:26)
Yo te he dado a conocer a ellos y seguiré haciéndolo. Entonces:
TU AMOR POR MÍ ESTARÁ EN ELLOS, Y YO TAMBIÉN ESTARÉ EN ELLOS.

CONSEJOS DE S.PABLO A TIMOTEO Y A USTED.

CONSEJO DE PABLO A TIMOTEO Y A USTED.

Le ruego que medite en los textos y en las palabras resaltadas.

(2 Timoteo 1:6)

Por lo cual te aconsejo que AVIVES el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

(2 Timoteo 1:7)

Porque no nos ha dado Dios espíritu de COBARDÍA, sino de PODER, de AMOR y de DOMINIO PROPIO.

(2 Timoteo 1:8)

Por tanto, NO TE AVERGUENCES DE DAR TESTIMONIO DE NUESTRO SEÑOR, sino PARTICIPA DE LAS AFLICCIONES por el evangelio según el poder de Dios,

(2 Timoteo 1:9)

quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,

(2 Timoteo 2:1)

Tú, pues, hijo mío, ESFUÉRZATE en la gracia que es en Cristo Jesús.

(2 Timoteo 2:2) ESTA ES UNA ORDEN DEL ESPÍRITU SANTO ¿LA ESTA CUMPLIENDO?

Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

(2 Timoteo 2:3)

Tú, pues, SUFRE PENALIDADES (va a ver luchas) como buen soldado de Jesucristo.

(2 Timoteo 2:4)

Ninguno que milita se ENREDA EN LOS NEGOCIOS DE LA VIDA, a fin de agradar a aquel que lo tomó por SOLDADO.

(2 Timoteo 2:5)

Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha LEGÍTIMAMENTE.

(2 Timoteo 2:6)

El labrador, para participar de los frutos, debe TRABAJAR primero.

(2 Timoteo 2:7)

Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.

¿Debo divorciarme?

¿Debo divorciarme?

Dios no aprueba el divorcio pero en casos extremos pueden separarse, (solo separarse) pero siempre es importante buscar la restauración. Uno debe hacer todo lo posible por recuperar "lo perdido", se debe buscar siempre perdonar y comprender, pero cada caso es diferente. 1 Corintios 7:10-11; 7:15-16; 7:39, Malaquías 2:14-16; Hebreos 13:4; 1 Tesalonicenses 4:3-8 (Advertencias de Dios) Y Dios nos habla de perdonar 70 veces 7. Mateo 18:21-22. Repito cada situación es diferente. Y se debe analizar. 1 Corintios 6:10-11;1 Juan 1:8-9; 2:1-2. Si antes de convertirse a Cristo ya estaba divorciado y se casó se nuevo y su relación está bien lea 1 Corintios 7:20.

Le ruego que medite seriamente en estos textos de la palabra de Dios.

(Mateo 19:3)

Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

(Mateo 19:4)

El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,

(Mateo 19:5)

y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?

(Mateo 19:6)

Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

(Marcos 10:6)

pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios.

(Marcos 10:7)

Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer,

(Marcos 10:8)

y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno.

(Marcos 10:9)

Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.

(Marcos 10:11)

y les dijo: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella;

(Marcos 10:12)

y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.

(1 Corintios 7:10)

Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido;

(1 Corintios 7:11)

y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.

(1 Corintios 7:15)

Pero si el incrédulo se separa, sepárese; (no dice volverse a casar) pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.

Siempre en respuestas a nuestras oraciones y a nuestra conducta el otro cónyuge puede convertirse.

(1 Pedro 3:1)

De la misma manera, ustedes esposas, tienen que aceptar la autoridad de sus esposos. Entonces, aun cuando alguno de ellos se niegue a obedecer la Buena Noticia, la vida recta de ustedes les hablará sin palabras. Ellos serán ganados

(1 Pedro 3:2)

al observar la vida pura y la conducta respetuosa de ustedes.

(1 Corintios 7:16)

Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?

(1 Corintios 7:16)

¿Acaso ustedes, esposas, no se dan cuenta de que sus maridos podrían ser salvos a causa de ustedes? Y ustedes, esposos, ¿no se dan cuenta de que sus esposas podrían ser salvas a causa de ustedes?

(1 Corintios 7:39)

Una esposa está ligada a su esposo mientras el esposo vive. Si su esposo muere, ella queda libre para casarse con quien quiera, pero solamente si ese hombre ama al Señor.

(Malaquías 2:14) Dice Dios:

Claman: « ¿Por qué el SEÑOR no acepta mi adoración?». ¡Les diré por qué! Porque el SEÑOR fue testigo de los votos que tú y tu esposa hicieron cuando eran jóvenes. Pero tú le has sido infiel, aunque ella siguió siendo tu compañera fiel, la esposa con la que hiciste tus votos matrimoniales.

(Malaquías 2:15)

¿No te hizo uno el SEÑOR con tu esposa? En cuerpo y espíritu ustedes son de él.* ¿Y qué es lo que él quiere? De esa unión quiere hijos que vivan para Dios. Por eso, guarda tu corazón y permanece fiel a la esposa de tu juventud.

(Malaquías 2:16)

«¡Pues yo odio el divorcio! —dice el SEÑOR, Dios de Israel—. Divorciarte de tu esposa es abrumarla de crueldad

—dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales—. Por eso guarda tu corazón; y no le seas infiel a tu esposa».

(Hebreos 13:4)

Honren el matrimonio, y los casados manténganse fieles el uno al otro. Con toda seguridad, Dios juzgará a los que cometen inmoralidades sexuales y a los que cometen adulterio.

(1 Tesalonicenses 4:3)

La voluntad de Dios es que sean santos, entonces aléjense de todo pecado sexual.

(1 Tesalonicenses 4:4)

Como resultado cada uno controlará su propio cuerpo y vivirá en santidad y honor,

(1 Tesalonicenses 4:5)

no en pasiones sensuales como viven los paganos, que no conocen a Dios ni sus caminos.

(1 Tesalonicenses 4:6)

Nunca hagan daño ni engañen a un hermano cristiano en este asunto, teniendo relaciones sexuales con su esposa, porque el Señor toma venganza de todos esos pecados, como ya les hemos advertido solemnemente.

(1 Tesalonicenses 4:7)

Dios nos ha llamado a vivir vidas santas, no impuras.

(1 Tesalonicenses 4:8)

Por lo tanto, todo el que se niega a vivir de acuerdo con estas reglas no desobedece enseñanzas humanas sino que rechaza a Dios, quien les da el Espíritu Santo.

(Mateo 18:21)

Luego Pedro se le acercó y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces?

(Mateo 18:22)

—No siete veces —respondió Jesús—, sino setenta veces siete.

(1 Corintios 6:9)

¿No se dan cuenta de que los que hacen lo malo no heredarán el reino de Dios? No se engañen a sí mismos. Los que se entregan al pecado sexual o rinden culto a ídolos o cometen adulterio o son prostitutos o practican la homosexualidad

(1 Corintios 6:10)

o son ladrones o avaros o borrachos o insultan o estafan a la gente: ninguno de ésos heredará el reino de Dios.

(1 Corintios 7:20)
Cada uno en el estado en que fue llamado, en él se quede.

 

ESTAS SON PALABRAS DE DIOS. Le ruego las lea varias veces y medite en ellas.

También recuerde que Dios puede perdonar todo pecado si la persona se arrepiente.

Si ha cometido o está cometiendo estos pecados lea por favor:

(1 Juan 1:8)

Si afirmamos que no tenemos pecado, lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos y no vivimos en la verdad.

(1 Juan 1:9)

Pero, si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

(1 Juan 2:1)

Mis queridos hijos, les escribo estas cosas, para que no pequen; pero, si alguno peca, tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre. Es Jesucristo, el que es verdaderamente justo.

(1 Juan 2:2)

Él mismo es el sacrificio que pagó por nuestros pecados, y no sólo los nuestros sino también los de todo el mundo.

Predicador Gustavo Isbert

Pr. Gustavo Adolfo Isbert Perlender

Gracias a todos los hermanos de la Iglesia (y a todos los que ya no están) por haber luchado junto con nosotros para levantar una "columna y baluarte de la verdad" en el centro de Miramar.
Todo lo que sufrimos con mi familia es una ofrenda a Dios a ustedes y a todos los que se salvarán, sanarán y restaurarán a través de los que tomaron la posta y la responsabilidad en ese maravilloso lugar. Recuerden: recién estamos comenzando, las bases ya están puestas, ahora ¡a cosechar! Salvemos a millones e influenciemos al mundo entero si es posible. Dios está con nosotros, somos invencibles. Millones de ángeles nos rodean y siempre Jesús tiene un milagro en su mano para sorprendernos.
Recuerden esa es una obra de Dios y no de ningún hombre, somos un equipo, entiéndanlo de esa manera y apoyen esa obra con todas sus fuerzas. Un abrazo Pastores Gustavo y Angela Isbert.

EL Espíritu Santo y tú.

EL ESPÍRITU SANTO y TÚ

INDICE

Prefacio

1 – El primer paso

2 – El desbordamiento

3 – ¿Que dicen las Escrituras?

4 – Preparándonos para el bautismo en el Espíritu Santo

5 – Como recibir el bautismo en el Espíritu Santo

6-Introducción a los dones del Espíritu Santo

7-El don de lenguas y el don de interpretación

8-El don de profecía

9 – Dones de sanidades

10-El obrar milagros

11- El don de la fe

12 – Discernimiento de espíritus

13 – La palabra de ciencia y la palabra de sabiduría

14 – El camino excelente

15 – Consagración

Prefacio

Este libro comparte algunos de los conocimientos adquiridos a través de una década de activo testimo­nio, enseñando, viajando y experimentando la obra y las manifestaciones de nuestro Señor, el Espíritu Santo, en numerosos lugares.

Pueden considerarse los últimos diez años como una década de testimonio, ya que el Bautismo en el Espíritu Santo ha tomado carta de ciudadanía en las iglesias “tradicionales". Miles de pastores y sacer­dotes, y millones de laicos de las más tradicionales denominaciones, han recibido al Espíritu Santo como en el día del primer Pentecostés. Hechos 2:4. Y ahora, a medida que el testimonio progresa con fuerza cada día más crecien­te, se advierte una gran necesidad de enseñanza. Al­guien ha señalado que el primer síntoma de la recu­peración de un enfermo es cuando se despierta su apetito. ¡El pueblo de Dios ha estado muy enfermo, cercano a la muerte, pero ahora la Iglesia de Dios está convaleciente y hambrienta! Tenemos la espe­ranza de que este libro logre suplir parte del alimento necesario para una total recuperación.

Nosotros, no nos inclinamos por ninguna denominación cristiana en particular. Nues­tro mayor deseo es que la gente encuentre en sus vidas al Señor Jesucristo, y reciba el poder del Espíritu Santo, haciendo caso omiso de su denominación, en caso de tenerla. Nos ocupamos de todo aquello que pueda unir a las iglesias, y hemos evi­tado la discusión de temas que han dividido a los cristianos a lo largo de los siglos.

Hemos escrito estos estudios con sinceridad e iluminados por la luz de que disponemos en este momento. Solamente podemos agradecer al Señor Jesús y al Espíritu Santo que fue quien nos enseñó a todos. Juan 14:26. Nuestra fuente escrita más importante, demás esta decirlo, es la Es­critura misma. Y también hemos aprendido mucho de nuestras propias experiencias.

Esperamos y oramos para que este libro El Espíritu Santo y tu, sea de ayuda a muchos, tanto a los que han sido bautizados en el Espíritu Santo desde años atrás, como para los que recién entran o están pre­parándose para entrar en esta área de la experiencia cristiana. Terminamos con las palabras de San Pablo

"Gracia y paz a vosotros, de Dios -nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en E1, en toda palabra y en toda ciencia… de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesu­cristo…" (1 Corintios 1:3-5, 7.)

En el amor de nuestro Señor Jesús,

Dennis y Rita Bennett

El Primer paso:

1

El Primer Paso

Varios años atrás, en uno de los estados de Nueva Inglaterra, la esposa de un comerciante cristiano, ami­go nuestro, lavaba los platos que habían sido utilizados para el desayuno, cuando escucho que llamaban a la puerta de calle. Al salir para atender el llamado vio a su vecina, parada en la vereda y con una mirada de infinita tristeza en los ojos.

-He venido para despedirme- le dijo la visita-. Por mucho tiempo hemos sido vecinas, y si bien no nos hemos tratado mayormente, he creído oportuno informarle que nos mudamos.

-¿Por que?- le preguntó la dueña de casa-. ¿Ha conseguido un nuevo puesto su marido, o algo por el estilo? Pase, por favor y tome asiento. Dígame que ha sucedido.

La vecina se dejo caer pesadamente en una silla. -No- dijo -no se trata de eso. Vamos a perder la casa, porque no podemos pagar las cuotas. También perderemos el automóvil.

Sin decir otra palabra se quedo mirando fijamente sus manos abiertas que descansaban sobre su falda. Luego levanto los ojos. -Ya que estamos, le contare toda la historia. Juan y yo nos vamos a divorciar.

-Pero ¿Por qué? ¿Que puede haber sucedido?

-Tanto mi esposo como yo somos alcoholistas em­pedernidos- dijo tristemente la mujer-. No podemos librarnos del vicio. Hemos perdido nuestro dinero y prácticamente todos nuestros bienes. Lo que más nos aflige es nuestro niño; no quisiéramos que fuera la victima de un hogar destrozado, con todo lo que eso significa.

La pobre mujer estaba al borde de las lágrimas.

-Pero- dijo la esposa de nuestro amigo -¿no sabes que hay una solución?

La vecina levanto la vista bruscamente: -¿Que quieres decir? Hemos probado todos los medios No podemos cumplir con el programa que nos fijó la sociedad de Alcohólicos Anónimos. Hemos consul­tado a un psiquiatra, pero aun en el caso de que fuera esa la solución, no tenemos el dinero para pagar las consultas.

-¿Por que no le pides a Jesús que te ayude?

Ahora fue la vecina la que se quedo perpleja. -¿Je­sús? ¿Que tiene que ver e1 con todo esto?

– ¡Por supuesto que tiene que ver! ¡El es el Salvador!- exclamo la esposa de nuestro amigo.

-Oh- dijo la vecina -estás hablando de religión y todo eso. Yo soy religiosa. Es decir, creo en Dios, y siempre trate de ser una persona decente.

Se rió haciendo una mueca, y añadió. Por lo visto no lo he logrado.

-No, no, no es eso lo que quiero decir. Me refiero a que Jesús es el Salvador, el salva, rescata a la gente. El te librara de tu situación, si le pides que se haga cargo de todo. Supongo que quieres salir del hoyo en que te encuentras. Es decir, que quieres ser diferente, que quieres ordenar tu vida.

La vecina miro por un instante a la dueña de casa. -Nunca nadie me lo dijo de esa manera- exclamo-. ¿Quieres decir que es así de simple? ¿Solamente pedirle a el?

La esposa de nuestro amigo asintió. -¡Aja! El vive y está aquí mismo. ¡El lo hará!

La vecina permaneció por un rato en silencio y luego, de pronto, se dejo caer sobre sus rodillas y levanto las manos en un gesto de rendición. -No se cómo expresarlo- dijo –pero te ruego, Jesús, que me ayudes a salir de este problema. ¡Por favor te pido que te hagas cargo!

A continuación se puso de pie y sin más se fue a su casa.

Dos días después el marido de la vecina tocó tam­bién el a la puerta de calle. -¿Que ha pasado con mi esposa?- preguntó con aspereza. ; ¡Yo también quiero de lo mismo!

Los esposos cristianos le explicaron al hombre la realidad de lo que había experimentado su esposa, y le llegó el turno a el de ponerse de rodillas sobre el piso de la cocina y pedirle a Jesús que se hiciera cargo de su vida!

¿Que sucedió después? Desapareció el problema del alcohol, que no era más que un síntoma del vacío de sus vidas. No se perdió el hogar. No se disolvió el matrimonio. Jesús salva. Jesús salvo su hogar, su matrimonio, su salud, y probablemente sus vidas. Jesús no duda un instante en acudir de inmediato para solucionar las necesidades mas apremiantes de la gente. Recordemos que dos de sus grandes milagros los hizo para dar de comer a los hambrientos. A decir verdad, casi todos sus milagros fueron para satisfacer las necesidades físicas de la gente. Ocurre a menudo que el primer paso a dar para ser cristianos es nada más que un grito en demanda de ayuda. Hechos 2:21; Romanos 10:13; Sal 103:1-2.

Pero otras cosas ocurrieron, además, al matrimonio de ex-alcohólicos. Toda su vida sufrió un cambio notable. Eran diferentes. Algo sucedió dentro de ellos.

La palabra "salvar" en nuestras Biblias, traduce el original griego sozo que significa, de acuerdo a nuestro vocabulario; "proteger o rescatar de peligros naturales y aflicciones … salvar de la muerte … sa­car con mano firme de una situación llena de peligro mortal … resguardar o evitar el contagio de enfer­medades … evitar la posesión demoníaca … devolver la salud perdida, mejorar, guardar, mantener en ópti­mas condiciones … tener buen éxito, prosperar, an­dar bien… salvar o proteger contra la muerte eterna … "

Abrazar la fe cristiana no significa aceptar una filosofía o un juego de normal, o creer en una lista de principios abstractos;

Abrazar la fe cristiana sig­nifica permitir a Dios que entre y viva en nosotros. (Colosenses 1:27.)

Abrazar la fe cristiana significa arrepentirnos. (He­chos 2:38; 26:18.) Y eso, a su vez, significa querer ser diferentes, admitir que estamos en el mal camino y que queremos volver a la buena senda. Muchos vie­nen a Jesús, como el matrimonio de nuestro relato, porque saben que están en un callejón sin salida, ca­mino a la destrucción. Si están dispuestos a cambiar, Jesús los acepta y atiende a sus necesidades.

Abrazar la fe cristiana significa convertirnos. (He­chos 3:19; Mateo 18:3.) Y para eso hay que darse vuelta y caminar en la dirección opuesta -la verda­dera dirección- con Jesús.

Abrazar la fe cristiana significa ser perdonado. (Salmo 103:11-12.) Y eso significa ser despojados de nuestros pecados como si jamás hubieran existido y que no queden ni rastros de ellos. Mas aún, signi­fica ser perdonados cada día, ¡vivir en estado de perdón! (1 Juan 1:9.)

Abrazar la fe cristiana es nacer de nuevo. (Juan 3:1-21; 1 Pedro 1:23.) Y aquí -llegamos al meollo del asunto. Un erudito y anciano dignatario fue a Jesús de noche buscando respuestas a sus interrogantes. Jesús le dijo:

Nicodemo, tienes que nacer de nuevo.

El anciano sacudió la cabeza. -¿Como es posible que un hombre ya grande vuelva a nacer? ¿Puede acaso entrar de nuevo en el vientre de su madre para volver a nacer?

Jesús le respondió: Nicodemo. Para un hombre docto y erudito es muy pobre la respuesta que me has dado. No estoy hablando del nacimiento físico; eso ya sucedió. Tienes que nacer del Espíritu. (Del Espíritu Santo).

¿Qué quiso decir Jesús?

La Biblia nos enseña que Dios creó al hombre con la capacidad suficiente para conocerle y correspon­derle. Pero desde el comienzo el hombre interrumpió esa relación y cuando lo hizo, murió espiritualmente y transmitió esa muerte espiritual a todos sus des­cendientes. Lo mas recóndito de nuestra personalidad toma el nombre de "espíritu" o pneuma en griego, y fue creado con el propósito principal de conocer a Dios. Los animales tienen cuerpo y alma, pero los hombres tienen cuerpo, alma y espíritu. (1 Tesalo­nicenses 5:23.) Cuando el hombre, en el comienzo, destruyo la relación con Dios -lo que llamamos la caída del hombre- murió esa parte recóndita, o que­do fuera de acción, y siempre desde entonces el hombre actuó a impulsos de su alma y de su cuerpo. (Génesis 2:17.) No es de extrañar entonces que nos ha­yamos metido en semejante enredo! El "alma", psiquis en griego, es el componente psicológico, formado por nuestro intelecto o voluntad, y nuestras emocio­nes. Esta parte de nuestra personalidad es maravillosa cuando esta bajo el control de Dios a través del Es­píritu, pero es capaz de cosas terribles cuando esta descontrolada.

He aquí el porque la historia de la humanidad está plagada de odio, derramamiento de sangre, crueldad y confusión; los seres humanos están muertos espiri­tualmente: "muertos en vuestros delitos y pecados", (Efesios 2:1) procurando vivir de acuerdo al alma pero fuera de todo contacto con Dios y, por lo tanto, perdidos. (Lucas 19:10.) La palabra "perdido" sig­nifica que no sabemos dónde estamos, a dónde vamos, o para qué somos. Si no se corrige esta situación, naturalmente significa el infierno, significa que la persona se perderá eternamente, y morara en la oscu­ridad, en el miedo, en la rebelión, en el odio, separado de Dios para siempre; y no solamente eso, sino que será parte de la interminable destrucción del diablo y sus Ángeles, porque allí no habrá "tierra de nadie". Por lo tanto, la necesidad mas urgente y apremiante es renacer, volver a la comunión con Dios; y eso, exac­tamente, es lo que Jesucristo nos ofrece. Por medio de Jesús, y por Jesús solamente -no hay otro ca­mino- se manifiesta la vida de Dios que alienta su vida en nosotros. (Juan 10:10.)

Sin embargo, las iniquidades que cometimos cuando estábamos perdidos y fuera del contacto con Dios, levantaron un muro divisorio de pecado y de culpabilidad que hacían imposible recibir esta nueva vida. (Isaías 59:2.) Dios es amor pero también es justicia. No puede "dejar pasar por alto" lo que hacemos, de la misma manera que un padre amante no puede "dejar pasar por alto a su hijo" si sabe que es cul­pable de un delito. El padre tendría que insistir ante el muchacho para "que se entregue" a las autoridades. Pero si el joven estuviera realmente arrepentido, seria una buena ocasión para que el padre ofreciera pagar la multa, o cumplir una sentencia, o aun morir en su lugar, si tal cosa fuera posible. En ese caso se habría satisfecho tanto a la justicia como al amor.

Y esto es justamente lo que hizo Jesús. Satisfizo los requerimientos de la justicia al morir por nosotros. Jesús era Dios en carne humana, la encarnación de la segunda persona de la divinidad, el Dios Creador, por quien el Padre creó el universo. (Efesios 3:9; Hebreos 1:2.) El no tuvo ni pecado ni culpa. Cuando Jesús murió en la cruz, porque era Dios y porque era inocente, satisfizo totalmente la justicia en bene­ficio de todos los pecados que el hombre había cometido o que cometería en el futuro.

De esta manera resolvió Jesús el problema de nues­tra culpabilidad que nos mantenía apartados de Dios, y cuando murió y resucitó quedo expedito el camino al Padre para enviar al Espíritu Santo, por medio de quien fue posible que la vida de Dios se hiciera presente y morara en nosotros. El único requisito que se nos exige a nosotros es que reconozcamos que he­mos vivido en el error y pidamos perdón. Luego debemos pedirle a Jesús que venga y viva en nosotros y que sea nuestro Señor y Salvador. Por medio del Espíritu Santo, Jesús entra en nuestras vidas, nues­tros pecados son borrados por su sangre derramada, y obtenemos una vida diferente. Y el Espíritu Santo se une a nuestro espíritu (1 Corintios 6:17) haciéndolo pasar de muerte a vida; "nace de nuevo" y se transforma en lo que Pablo llama una "nueva cria­tura". (2 Corintios 5:17; Apocalipsis 21:4-5.)

Esa nueva vida creada por el Espíritu Santo en nosotros, es lo que Jesús llama "vida eterna". Esto va mucho mas allá de un mero "seguir andando"; es la vida de Dios en nosotros, la clase de vida que nunca se acaba, que nunca se cansa, que nunca se aburre, que es siempre gozosa y lozana. (1 Juan 5:11.)

Cuando Jesús dijo que un niño pequeñito era lo más grande en el reino de los cielos, estaba haciendo un co­mentario sobre la vida eterna. Una niño nunca se cansa de hacer la misma cosa una y otra vez." ¡Léemelo de nuevo, mamita!" "¡hazlo de nuevo, papa!" Esta per­manente y continuada frescura y falta de tedio ex­presa con mucha aproximación la vida que Dios nos quiere dar. “! He aquí hago nuevas todas las co­sas!" Y no una sola vez, sino continuadamente, dice Jesús. ¡Es el permanente renovador! Se nos ha pro­metido que andaremos en "novedad de vida" que es lo mismo que decir vida eterna: siempre lozanos, siem­pre renovándonos. La palabra "eterno" significa lite­ralmente "sempiterno", que nunca envejece.

Isaías dice: "Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantaran las alas como águilas; correrán y no se cansaran; caminaran, y no se fatigarán." (Isaías 40:31.).

¿Cómo aceptamos el perdón y recibimos esta nueva vida?

1. Dándonos cuenta que hemos estado extraviados, yendo en una dirección equivocada y que esta­mos ansiosos de andar en los caminos de Dios.

2. Admitiendo que estuvimos equivocados y pidiéndole al Padre que borre nuestras culpas y peca­dos, con la sangre de Jesús.

3. Pidiéndole a Jesucristo, el Unigénito Hijo de Dios, que entre en nuestras vidas y sea nuestro Salvador y Señor. (Apocalipsis 3:20.)

4. Creyendo que el ha venido en el instante en que lo pedimos. Agradecerle por salvarnos y darnos la. nueva vida. (1 Juan 5:11-15.)

He aquí una sencilla oración que podemos elevar si decidimos recibir a Jesús:

"Querido Padre, creo que Jesucristo es tu Hijo Unigénito, que se hizo un ser humano, derramó su sangre y murió en la cruz para limpiar mi culpa y mi pecado que me separaban de ti. Creo que se levantó de entre los muertos, físicamente, para darme nueva vida. Señor Jesús, te invito a que entres en mi cora­zón. Te acepto como mi Salvador y Señor. Te con­fieso mis pecados y te pido que los borres. Creo que has venido, y vives en mí en este preciso instante.

¡Gracias, Jesús!"

Cuando decimos esta oración, podemos sentir o no que algo ha ocurrido. Nuestro "espíritu" que tome vida a través de Jesucristo, se esconde mas profun­damente que nuestras emociones; de ahí que a veces se exterioriza una reacción emocional y otras veces no. Sea que sintamos o no sintamos algo de inme­diato, descubriremos que somos distintos, porque Je­sús cumplirá lo que ha prometido. Jesús nunca falta a su palabra. El dijo: "El cielo y la tierra pasaran, pero mis palabras no pasaran." (Mateo 24:35.)

Translate »