Capítulo 12 Discernimiento de Espíritus.

Capítulo 12 Discernimiento de Espíritus.

A los últimos tres dones los, denominaremos dones de revelación porque nos dan información sobrenatu­ralmente revelada por Dios. Podríamos definirlos sen­cillamente como «la mente de Cristo manifestada a través de un creyente lleno del Espíritu Santo» Cada uno de estos dones consiste en la habilidad dada por Dios para recibir de el información con referencia a algo, a cualquier cosa que humanamente nos seria totalmente imposible conocer, revelada al creyente para lograr protección, orar con mas efectividad o ayudar a alguno en su necesidad.1

1Hay solamente dos maneras -Aparte de la vía natural a través de los sentidos físicos de la vista, del oído, del olfato, del gusto y del tacto – por las cuales la mente humana puede recibir información. Una de ellas es ponernos en contacto mentalmente con el mundo «psíquico», de tal manera que la información la receptamos directamente de los espíritus de Satanás. Es lo que ocurre con los fenómenos llamados percepción extrasensorial, espiritismo, clarividencia, etc. Todas estas cosas están estrictamente prohibidas por Dios, y no debemos practicarlas.

La otra vía de información es la que nos viene por la renovación de nuestro espíritu, que a su vez ha sido inspirado por el Espíritu Santo. Esta forma de conocimiento sobrenatural es aceptable a Dios -nos viene, directamente de El – y no representa, ningún peligro para nosotros. El Espíritu Santo compartirá con nosotros solamente aquellas cosas que el sabe que necesitamos y que pueden ser de ayuda para otros Recibimos este conocimiento, no tratando de desarrollar alguna misteriosa destreza oculta, sino andando en estrecha relación con Dios en Jesucristo, y permitiéndole a su Espíritu que obre en nuestras vidas.

Discernimiento

Antes de referirnos al discernimiento espiritual, conviene hablar del discernimiento en general. En primer lugar existe lo que podemos denominar “discernimiento natural” que es patrimonio tanto de cristianos como de no cristianos. Consiste en la facultad de poder juzgar a las personas y a las circunstancias y a nuestro propio comportamiento, que deriva de la enseñanza que hemos recibido en nuestros hogares y como, consecuencia del medio ambiente en que actuamos y de nuestra cultura. De este material esta compuesta nuestra «conciencia» natural, y de ahí que no podamos confiar mucho en ella. La mente, y esa porción de la mente que llamamos conciencia, es una mezcla de bueno y de malo, de verdad y de error. Su discernimiento y sus juicios morales carecen de valor. Es una verdad indiscutida que las pautas de la moral humana varían de cultura a cultura, y de generación a generación, y todo lo que nos puede decir la mente por natural no va más allá de saber si concuerda o no, si es aceptable o inaceptable, con el tiempo y el lugar en el cual estamos viviendo. Esto es lo que el mundo en general utiliza coma base para sus decisiones. Carecen de estabilidad.

El verdadero discernimiento intelectual no proviene de una mente natural desfigurada, sino de una mente que ha sido renovada en Cristo. Este discernimiento se desarrolla cuando encontramos y recibimos a Cris­to y llegamos a conocerlo mejor por medio de la comunión y del estudio de la Palabra de Dios. Como lo dice la carta a los Hebreos: «Todo aquel que participa de la leche, es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado la madurez, para los que por el uso de los sentidos (griego: percepciones, criterio) ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.» (Hebreos 15:13-14.) A medida que crecemos en la vida cristiana, el Espíritu Santo hace una selección de nuestras mentes, y conciencias, descartando lo malo e incrementando lo bueno. Si no le hemos puesto tra­bas a Dios para obrar de esta manera, con el correr del tiempo nuestras mentes y conciencias se ajustaran cada vez mas a las Escrituras y el Espíritu Santo que vive en nosotros. Nos saturamos tanto del «sabor» de lo que Jesucristo realmente es, y de la manera de obrar de Dios, que inmediatamente reconocemos in­telectualmente algo que sea diferente. Es importantísimo que los cristianos desarrollen este tipo de dis­cernimiento. Significa una firme defensa contra las doctrinas falsas. Deberíamos poder decir de inme­diato, si oímos una enseñanza extraña que no guarda relación con la verdad que: !Eso no suena a Dios!¡Dios no actúa de esa manera!»

El aumento de nuestra facultad de discernimiento intelectual, afectará, por supuesto, nuestro compor­tamiento con relación a Dios y a nuestros semejantes. Antes de que Pablo aceptara a Jesús personalmente, estaba convencido que era de buena conciencia per­seguir a los cristianos. Luego de su conversión y después de muchos años de caminar con el Señor, Pablo nos dice: «Yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy.» (Hechos 23:1.) “Procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.» (Hechos 24:1ó.) Tendríamos que orar para que nuestras mentes y nuestras conciencias sean de tal manera renovadas por el Espíritu, que podamos decir lo mismo.

 

Falso discernimiento natural

Una señorita perteneciente a la iglesia de St. Luke, caminaba tranquilamente por una calle del centro de Seattle, sin inmiscuirse con nadie, cuando de pronto una señora de edad corrió hacia ella profiriendo obs­cenidades y amenazas, y sacudiendo, furiosa, su bastón. La muchacha se alarmo, por supuesto, pero no se asusto, pues se dio cuenta lo que estaba sucediendo. Esa señora de edad estaba poseída demoníacamente y el espíritu maligno había detectado la presencia del Espíritu Santo en la señorita, y por ello se alboroto en airada protesta.

Tales incidentes no son raros, si bien habitualmen­te no son tan dramáticos e inesperados como el que hemos relatado. Si una persona ha estado al servicio de Satanás y por ello está oprimida o poseída totalmente, bajo la influencia del poder del enemigo, se sentirá repelida por la presencia de cualquiera que está caminando en el Espíritu. Esta es la imitación fraudulenta del diablo al discernimiento de los espíritus.

Uno de los más vívidos ejemplos de lo que llevamos dicho, es el gran resentimiento que demuestran los espiritistas contra todos aquellos que han recibido el bautismo en el Espíritu Santo.

Cierto día, sentado Dennis a la cabecera de la mesa durante un almuerzo que reunía a hombres de la Fraternidad de Hombres del Evangelio Completo, el caballero sentado a su lado, un bien conocido medico que había recibido el Espíritu Santo, le mostró una carta que lo atacaba grosera y bárbaramente, con­denando al buen doctor por sus actividades pentecos­tales. Dennis le pregunto

-El que firma esa carta es un espiritualista, ¿verdad?

El medico asintió: -Me temo que sí.

No debemos extrañarnos si el ataque y la persecución furibundos nos viene de personas de la comu­nidad que no solamente no conocen al Señor, sino que, además, están entregados a practicas prohibidas y antibíblicas.

 

Discernimiento de espíritus

Llegamos ahora al don espiritual. Como sucede con todos los otros dones, este don no se adquiere por medio de un entrenamiento especial, sino que es dado cuando la necesidad lo requiere. Cualquier cristiano puede manifestar este don pero, al igual que los de­más, se intensifica después del bautismo en el Espíritu Santo. Los creyentes que no han sido bautizados en el Espíritu Santo no están lo suficientemente fami­liarizados con las actividades de Satanás, como para preocuparse por el discernimiento de espíritus, si bien, por supuesto, hay excepciones.

Por el don del discernimiento de espíritus, el cre­yente esta capacitado para saber inmediatamente que es lo que esta motivando a una persona o a una situación. Se da el caso de que un creyente puede estar actuando bajo la inspiración del Espíritu Santo, o expresando sus propios pensamientos, sentimiento o anhelos de su alma, y hasta es posible que permita que un espíritu extraño lo oprima, y revele pensa­mientos, justamente, de ese espíritu maligno. El incrédulo, por supuesto puede estar totalmente poseído por ese espíritu del mal. El don de discernimiento de espíritus permite revelar inmediatamente lo que esta ocurriendo.

Puede ayudarnos a entender al don de discerni­miento de espíritus si reconocemos lo que sucede cuan­do discernimos el Espíritu Santo. El himno evangelio dice: «¡Hay un dulce, dulce Espíritu en este lugar, y yo se que es el Espíritu del Señor!» Los creyentes conocen esa feliz sensación producida por la presencia del Espíritu Santo o, dicho en otras pa­labras, se dan cuenta del testimonio del Espíritu Santo en otra persona o en una reunión. Cuando decimos: «Verdaderamente sentí la presencia de Dios», estamos hablando del discernimiento del Espíritu Santo. Experimentamos un ejemplo, en cierta medida divertido, de este tipo de discernimiento, después que vinimos a Seattle.

A Dennis lo habían invitado a concurrir a un con­cierto coral en una iglesia cercana. El director del coro era un cristiano bautizado en el Espíritu Santo, que tenía muchos amigos en Sr. Luke. Dennis sabia que unas 20 o 30 personas de esa iglesia, que habían recibido el Espíritu Santo, planeaban asistir al con­cierto. Llegó algo tarde y le indicaron un asiento en la, galería. Le llamó la atención, al mirar hacia abajo, a la congregación reunida en la planta baja, no ver a ninguno de sus amigos. Dennis disfrutó del programa pero todo el tiempo estuvo un poco desconcertado porque una leve exaltación interior de gozo, un claro testimonio del Espíritu Santo, lo inundo durante to­do el concierto. Era un sentimiento hermoso, pero no podía interpretar su significado. El coro era bueno, ¡pero no tan bueno! La explicación la tuvo cuando al abandonar la iglesia al final de la velada, fue sa­ludado por unos treinta episcopales llenos del espíritu, que durante el concierto ocuparon asientos de­bajo de la galería donde el estuvo sentado. Dennis no los había visto, ¡pero el espíritu de Dennis discernió su presencia!

Los informes que nos llegan de personas que tra­bajan detrás de la cortina de hierro, indican que este don adquiere significativa importancia a medida que se agrava la persecución. Se mencionan numerosos casos de cristianos que reconocen a otro cristiano, cada uno «en el Espíritu» sin mediar una sola pala­bra. En un lugar, las autoridades interferían per­manentemente en las reuniones, de modo que los her­manos dejaron de anunciar horario y lugar para su comunión, y dependieron exclusivamente del Espíritu Santo para que señalara aquellos que habrían de asis­tir a cada reunión. Todos asistían, y todos daban la misma explicación. En estos casos se puede pensar en una combinación del don de sabiduría y del don de discernimiento.

 

Para comprender el discernimiento de los espíritus malignos, imaginémonos lo opuesto a todo esto. La sensación de la presencia del Espíritu Santo trae gozo, amor y paz; el discernimiento de los espíritus fal­sos da una sensación de abatimiento e intranquilidad.

Algunos años atrás, cuando todavía éramos nuevos en esta materia, nos visitó una persona en la iglesia do Sr. Luke, y nos habló en la reunión de oración. Llegó precedido de buenas referencias y parecía no tener «segundas intenciones». Cuenta Dennis: «Le hice entrega de la reunión a nuestro visitante, y me pareció aceptable lo que decía, pero al observar los rostros de los oyentes, era obvio que algo andaba mal. Se mostraban afligidos, desdichados e incómodos. Una señora abandono su asiento y salio de la pieza excu­sándose, al pasar a mi lado, de que sentía nauseas. No tuve el buen tino suficiente para interrumpir al orador y decirle: «Discúlpeme, pero esta provocando malestar en la gente, ¿qué pasa?» Al día siguiente el hombre se trasladó a otro pueblo, pero cuando hablo allí, la persona que presidía lo interrumpió y le dijo:»Sus palabras son hermosas, pero discierno un espíritu falso en su vida2 ¿qué sucede?» Así enfren­tado, el hombre confesó que era un impostor, vivien­do en abierto pecado. Resulta obvio comprender que el don se manifestó no solo para proteger a la gente del engaño del enemigo, sino para lograr el arre­pentimiento y la liberación de ese hombre.

Algunas veces la influencia perturbadora no es de la persona que esta hablando u oficiando, sino de al­guien que simplemente asiste a la reunión. Un indi­viduo activamente comprometido en prácticas espiri­tistas, por ejemplo, puede producir un enfriamiento con su sola presencia, en una reunión de oración donde se solicita el Espíritu Santo. Si la reunión lan­guidece, es mejor parar y orar pidiendo al Espíritu Santo que revele la causa del malestar. Si alguno de los presentes estuviere oprimido puede ser ayuda­do y liberado.

Por lo tanto, podemos decir que el don de discer­nimiento de los espíritus actúa en un papel de «policía», para protegernos contra el enemigo y evitar que su influencia perjudique nuestra comunión. Des­graciadamente, cuando las personas reciben este tipo de discernimiento dudan muchas veces en utilizarlo para no parecer duros y faltos de caridad. Si el don de discernimiento espiritual nos dice que algo anda mal en una reunión que no estamos dirigiendo, tran­quilamente y con la mayor discreción posible, debemos hacer saber ese hecho al líder; de esa manera podemos orar pidiendo el don de sabiduría para saber qué ocurre y el don de conocimiento para saber cómo resolver el problema. Habrá otros probablemente con el mismo discernimiento, pues habitualmente lo recibe más de uno, para confirmación.

El discernimiento de los espíritus se torna espe­cialmente útil cuando en una reunión se ejercitan otros dones. Nadie espera de nosotros que debamos aceptar cada palabra que se emite por medio de los dones, ni en ninguna otra manifestación, ni aun en la predicación, y hemos de aceptar solamente lo que el Espíritu Santo nos mueve a aceptar, siempre que este de acuerdo con la Biblia. «Los profetas hablen dos o tres y los demás juzguen (disciernan).» (1 Co­rintios 14:29.) Los dones del Espíritu Santo son pu­ros, pero los canales por donde se conducen varían según los grados de sometimiento y santificación que posean. Una manifestación puede ser setenta y cinco por ciento de Dios, pero el veinticinco por ciento restante los propios pensamientos de la persona. Debemos discernir entre ambos.

 

2Tomemos nota que los «espíritus falsos» no son, y no pueden ser, los espíritus de personas que han muerto. El discernimiento de los espíritus nada tiene que ver con el espiritismo o el espi­ritualismo. Los espíritus de los seres humanos que han muerto, no están en esta tierra, ¡y esta prohibido todo intento de entrar en contacto con ellos! Los «espíritus falsos» de que estamos ha­blando, son los que la Escritura menciona como «gobernadores de las tinieblas de este siglo es decir, ángeles caídos, «demonios». (Efesios 6:12; Mateo 10:8.)

Además, el enemigo puede enviar gente a la reunión con el deliberado propósito de perturbarla con una manifestación de imitación fraudulenta. Hechos 16 relata el incidente según el cual una mujer poseída de un espíritu de adivinación, durante varios días interrumpió a Pablo diciendo algo que tenía todo el aspecto de una profecía: «Estos hombres son sier­vos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación.» (Hechos 16:17) Lo que decía era cier­to, pero hablaba bajo el influjo del enemigo. La Es­critura nos dice que cuando Pablo discernió el espíritu, le causó desagrado, por lo cual le ordenó al espíritu que la abandonara y la dejara libre. Este ejemplo nos dice que las manifestaciones fraudulentas deben ser encaradas, dentro de lo posible, en el momento mismo en que se manifiestan.

La historia de Eliseo y su siervo Giezi es un ejem­plo del Antiguo Testamento de los dones de discer­nimiento de los espíritus y de sabiduría. Naaman, general del rey de Siria, era leproso. Cumpliendo con las instrucciones del profeta Eliseo, se lavó siete ve­ces en las aguas del Jordán y se curo de su enfermedad. En gratitud, Naaman ofreció presentes a Eliseo, pero éste los rechazó. En cambio Giezi, el siervo de Eliseo, siguió secretamente a Naaman, le mintió diciéndole que habían llegado dos visitas inesperadas y pidiéndole a Naaman dos mudas de ropa y algún dinero, todo lo cual, no hace falta decirlo, Giezi se guardo para él. Cuando Giezi se presentó de nuevo ante su patrón, Eliseo discernió su espíritu deshonesto, y por el don de conocimiento supo lo que había hecho. (2 Reyes 5.)

Hay muchos ejemplos de Jesús cuando discernía espíritus. Sin conocer a Natanael, discernió inmedia­tamente que era «un verdadero israelita, en quien no hay engaño». (Juan 1:47.) Cuando Pedro hizo su gran confesión sobre Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», Jesús le alabó. Pero cuando Jesús les dijo a sus seguidores que é1 habría de mo­rir, Pedro no pudo aceptar sus palabras. Comenzó o reconvenir a Jesús, diciendo: «Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.» Jesús discernió que Pedro estaba hablando por boca de un falso espíritu, y le dijo: «¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.» (Mateo 16:15-23.) Cuando Jesús no fue recibido en una aldea de Samaria, Jacobo y Juan se enojaron y le preguntaron a Jesús si podían ordenar que cayera fuego del cielo para consumir a los habitantes. Pero Jesús les respondió: «Vosotros no sabéis de que espíritu sois.» (Lucas 9:54-55.) Vemos a través de estos dos últimos ejemplos, que aun los más cercanos seguidores de Jesús pueden ser conducidos a conclu­siones erróneas.

Profecías ya cumplidas y otras señales bíblicas, indican que es muy probable que estemos viviendo la parte final de los últimos días. La Escritura enseña que antes del retorno de Jesucristo a la tierra, habrá muchos más espíritus mentirosos desatados, de ma­nera que será más necesario que nunca discernir entre lo falso y lo verdadero. (Mateo 24; Apocalip­sis 13:11-14.)

Otro uso muy importante del don de discernimiento de los espíritus es para desatar al que el enemigo tiene atados. Una de las señales que seguirían a los creyentes, les dijo Jesús, seria la de echar fuera a los demonios en su nombre (de Jesús).

3 Se da el nombre de exorcismo, desde la antigüedad, al ministerio de echar fuera a los espíritus malignos.

Alrededor de un veinticinco por ciento del ministerio de Jesús consistió en dar libertad a los que Satanás tenía cautivos; y también nosotros debemos esperar ser usados de esa manera. Jesús dijo: «El Espíritu de Jehová el Señor esta sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel…» (Isaías 61:1) En este pasaje, Isaías se refería específicamente a Jesús, pero ahora, desde el Calvario, con Cristo que vive en nosotros, también nosotros estamos ungidos con el Espíritu Santo, y también se aplica a nosotros. Esto no quiere decir que debemos buscar específicamente a los que necesitan ser liberados o desarrollar una morbosa fascinación por este tema, pero si debemos saber cómo orar por las personas que lo necesiten. Si estamos sometidos a Dios y adecuadamente pre­parados, e1 pondrá en nuestro camino a los que nece­sitan ser liberados.

La epístola de Santiago nos dice cómo entrenarnos para orar por aquellos que necesitan ser puestos en libertad: «Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.» (Santiago 4:7.) El primer paso, entonces, es someternos a Dios. Esto lo podemos hacer por medio do la oración, pidiéndole que nos muestre las facetas de nuestra vida que requieren corrección. Tenemos que cortar por lo sano con cualquier pecado conocido que tengamos en nuestra vida.

Es importante también que nos afirmemos en la autoridad que tenemos en Jesús, estudiando los pasa­jes que se refieran a esta materia.4 Debemos com­prender que en el nombre de Jesús tenemos autoridad para atar a los espíritus inmundos y para arrojarlos fuera. Algunas personas enseñan que al tratar con un espíritu maligno, se debe decir: «El Señor te reprenda», en lugar de enfrentar al enemigo direc­tamente. Citan a Judas 9 y a Zacarías 3:2. Los santos ángeles, a pesar de ser criaturas de Dios, sin pecado, tienen que actuar frente al enemigo de esa manera.

4 Ver Efesios 1:1-23; 2:1-10; Lucas 10:19; Gálatas 2:20; 2 Co­rintios 5:17; 1 Juan 4:4.

Pero nosotros, los cristianos, no solamente somos cria­turas de Dios, sino hijos de Dios, con Cristo en nos­otros. Jesús nos dijo que tratáramos con el enemigo directamente: «…en mi nombre echaran fuera de­monios…» (Marcos 1ó:17.)5 y no hay otra manera de hacerlo., según todo el Nuevo Testamento.

A menos que la persona para quien estamos orando sea un intimo amigo o un familiar, debe haber siem­pre una tercera persona cuando oramos pidiendo liberación. Esta tercera persona puede no hacer otra cosa que permanecer de pie o arrodillada y aprobando en oración. Si la persona que necesita ser liberada quiere hablar confidencialmente, la tercera persona, puede retirarse a la próxima pieza mientras hablamos, pero en todos los casos debe estar presente cuando se eleva la oración de liberación. No es prudente que un hombre ore en privado con una mujer pidiendo su liberación, o viceversa (siempre es mejor que los mismos sexos oficien unos con otros en todas las áreas del ministerio). Si es inevitable que sea un hombre el que ore por la liberación de una mujer o de una niña, siempre tiene que estar presente otra mujer.

 

Un cristiano no puede ser poseído en su espíritu (donde mora el Espíritu Santo), pero su mente, sus emociones o su voluntad (las tres partes constitutivas de su alma) pueden estar deprimidas, oprimidas, ob­sesionadas, o aún poseídas, si le ha permitido la en­trada al enemigo, por andar en los caminos del pecado antes que con Jesús. Una persona que no es creyente, por supuesto, puede estar poseída en su espíritu, alma y cuerpo. De lo antedicho resulta claro, entonces, que el primero y más importante paso para ayudar a una persona a librarse del enemigo es asegurarnos que é1 o ella conocen al Señor Jesús como su Salvador.

Si la persona por quien estamos orando no es cris­tiana, debemos guiarla para aceptar a Jesús. Aconse­jamos releer el capítulo primero que nos ayudara en este punto. Es de gran ayuda tener un definido «plan de salvación» en mente, con escrituras apropiadas.

 

Una serie típica puede ser la siguiente:

1. Romanos 3:23: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.»

2. Romanos 5:8: «Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cris­to murió por nosotros.»

3. Romanos 6:23: «Porque la paga del pecado es muerte. «

4. Romanos 6:23: «Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.»

5. Juan 1:12: ‘Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.»

6. Apocalipsis 3:20: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrare a él, y cenaré con él, y él conmigo

Leamos y expliquemos estos versículos y guiemos a las personas a pronunciar una oración como la que sugerimos al final del primer capítulo de este libro, o una oración similar en sus propias palabras.

Ahora, cristianos los dos, y protegidos por la san­gre de Jesús, elevemos una abierta confesión como la siguiente: «Gracias, Jesús, por la protección de tu preciosa sangre sobre nosotros y alrededor nuestro.» A continuación debemos preguntarle a la persona con quien hemos estado orando si esta segura que Dios le ha perdonado sus pecados. Si le queda un resto de duda, debemos hacer énfasis sobre la siguiente Es­critura: «Si confesamos nuestros pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.» (1 Juan 1:9.) Puede ser de ayuda que la persona confiese sus pecados a Dios en nues­tra presencia y en voz alta.6 En esos casos debemos escuchar en silencio y en espíritu de oración lo que tiene que decir, y cuando ha terminado, declararle el perdón de Dios. Podemos decir algo por el estilo:

6 Si se da el caso de que escuchamos cuando alguien confiesa sus pecados a Dios, debemos recordar que jamás, bajo ninguna cir­cunstancia, debemos revelar absolutamente a nadie lo que hemos oído, ni aun a nuestro más intimo y querido amigo. Debemos olvidar lo que escuchamos. Constituye un pecado grave si delibe­radamente revelamos lo que nos ha dicho en confianza una per­sona confesando sus pecados a Dios.

«He oído confesar tus pecados a Dios y sé que estás verdaderamente arrepentido. Dios dice: «Cuanto esta lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones.» (Salmo 103:12.) Si la persona todavía tiene dificultades, lo mejor es llamar a un pastor entrenado para aconsejarlo con su mayor ex­periencia y tratar de convencerlo y tranquilizar su mente.

Debemos asegurarnos, por supuesto, de confesar y pedir perdón por los propios pecados conocidos de nuestra vida, y de que hemos perdonado a otros. El cristiano debería vivir diariamente en este estado de perdonar y pedir perdón.

Debemos tratar, en lo posible, de descubrir la natu­raleza exacta del espíritu o de los espíritus con los que tenemos que lidiar. Dejemos que sea el Espíritu Santo quien nos guíe en esto, como en todo lo demás. No nos metamos en una interminable sesión de «con­sejos» con lo cual se puede perder mucho tiempo, sino que tenemos que descubrir que es lo que esta per­turbando a la persona: ¿es miedo, odio, lujuria, ideas perversas, complejo de persecución, terror a los ani­males, enojo, etc.? Pidámosle a la persona que nom­bre las cosas que la afligen. Tratemos cada problema como una entidad espiritual, y encarémosla directa­mente como tal. El diablo es muy hábil en este as­pecto, y tratara de que la persona ore así: «¡Echo fuera esta neurosis de ansiedad!» o «¡Reprendo a este espíritu de ansiedad!» No es así la forma. Te­nemos que guiarlo para que diga lo siguiente: «¡Espíritu de ansiedad, te ato en el nombre de Jesús, bajo su preciosa sangre, y te arrojo a las tinieblas de afuera, para nunca mas volver, en el nombre de Jesús!» A veces es necesario que la persona repita juntamente con nosotros, al comienzo, frase por fra­se, pero luego es conveniente que la persona diga por sí sola toda la oración. Después que la persona la haya repetido, nosotros la decimos de nuevo repren­diendo y arrojando al espíritu fuera de él, haciendo causa común con ella en la oración. Es importante que la persona que necesita ser liberada aprenda a decir su propia oración, pues de esta manera adquiere la confianza necesaria para usar su autoridad sobre el enemigo y puede orar por sí sola si el enemigo retorna.

Cuando la persona logra captar la idea, ocurre con frecuencia que ora por otros problemas que no men­cionó al comienzo, a medida que el Espíritu Santo los trae a su mente. Algunos espíritus logran crear mayores reacciones emocionales en unas personas opri­midas más que en otras. Algunos consiguen crear nauseas, o exagerados accesos de tos, bostezos, es­tornudos, etc. A. veces se producen reacciones mas violentas, tales come ser arrojados al suelo. Si suce­den tales cosas no nos dejemos atemorizar por ello. Ala­bemos al Señor, supliquemos la protección de la san­gre de Jesús, ¡y sigamos adelante! Por otra parte, no creamos que porque tales reacciones no se han producido, nada ha sucedido. Tampoco debemos pen­sar que, por el hecho de que una persona ha tenido una reacción física, ya está liberada. Tales manifes­taciones son efectos secundarios de la liberación.

Si la persona necesitada de oración se siente inca­paz de cooperar, o no tiene una clara percepción inte­rior de sus problemas, tendremos que actuar nosotros solos para atar a los espíritus y arrojarlos fuera en el nombre de Jesús y bajo la protección de su sangre, tal como lo hizo el apóstol Pablo en el incidente rela­tado en Hechos 16:16-18. Si, por otra parte, una per­sona esta en plena posesión de sus facultades y de su voluntad, y no quiere cooperar, es probable que este­mos perdiendo nuestro tiempo con él, hasta que é1 mismo se dé cuenta de su necesidad y solicite ayuda.

¡Hay personas que realmente gozan de sus problemas! ¡Y a través de ellos Satanás se deleita en hacer perder el tiempo y la energía a los cristianos!

A veces tenemos que ser muy enérgicos, cuando oramos por la liberación. El espíritu debe obedecer cuando la orden la damos con fe y en el nombre de Jesús. Si el espíritu detecta la más leve vacilación de nuestra parte, evadirá nuestra orden. ¡Insistamos! (Es conveniente explicar rápidamente y en términos sencillos al «paciente» que no le estamos hablando a él cuando reprendemos al espíritu inmundo. Digamos algo por el estilo: «No te estoy hablando a ti, sino al espíritu que te esta perturbando.»)

No hay un solo caso en las Escrituras de imposición de manos para echar fuera espíritus, y la mayoría opina que no debe practicarse. No creemos que en la persona que oficia, si es un cristiano y esta pro­tegido por la sangre de Cristo, pueda sufrir ningún daño, pero podemos esperar que la persona que nece­sita ser liberada reaccione fuerte y violentamente si se la toca. Es preferible evitar todo contacto físico cuando estamos ofreciendo oraciones para la liberación.

Una vez obtenida la liberación, debemos alabar al Señor y rendirle a el la gloria. Ahora si coloquemos las manos sobre la cabeza de la persona y oremos para que el Espíritu Santo llene todos los espacios que antes ocupaban los espíritus. Si 1a persona no ha sido bautizada en el Espíritu Santo, esta es una ex­celente oportunidad para explicarle como se recibe y debemos ayudarla para hacerlo. Es imperativo que la casa este rebosante del Espíritu Santo y de su poder.

Debemos insistir ante la persona sobre la impor­tancia de alimentarse diariamente con la Palabra de Dios, en la oración, en la alabanza, y en la comunión con otros en el Señor.

Hemos dado solamente los lineamientos generales sobre este tema, pero antes de pasar adelante, que­remos señalar que el echar fuera los espíritus no esta limitado, de ninguna manera, a las personas que están profundamente oprimidas o poseídas. En toda opor­tunidad en que sentimos que el enemigo nos esta acosando y no podemos deshacernos de él mediante nuestras propias oraciones, no debemos dudar un ins­tante de recurrir a un amigo en el Señor y pedirle que ore con nosotros y nos ayude a echar fuera el mal. Cada vez que estamos luchando contra un pecado que no nos da reposo -enojo, lujuria, temor- aunque no se trate más de que un leve problema, si no podemos dominarlo, debemos tratarlo como un espíritu de opresión, sujetarlo y arrojarlo afuera; y si no podemos hacerlo por nuestra propia cuenta, ¡pida­mos ayuda! En esos casos, nuestro consejo es recurrir a un consejero cristiano bien calificado para que hable y ore con nosotros.

Oremos para que nuestro discernimiento sobre las tácticas del enemigo en nuestras propias vidas y en las vidas de otros, sea aguzado de tal manera que podemos experimentar la total liberación de los cau­tivos. Recordemos, además, que los setenta seguido­res de Jesús que salieron luego de recibir el poder contra el enemigo, volvieron llenos de gozo declarando que habían logrado sujetar a los demonios en el nombre de Jesús. Pero Jesús, que sin duda alguna se regocijó con ellos, los trajo de vuelta a la realidad: «No os regocijéis de que los espíritus se os sujeten, sino regocijaos de que vuestros nombres están escri­tos en los cielos.» Mientras oramos para que la gente sea librada de la servidumbre, no olvidemos de re­gocijarnos más que nada, de que nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida del Cordero.

Capítulo 13:  La palabra de ciencia y la palabra de sabiduría

Capítulo 13: La palabra de ciencia y la palabra de sabiduría

El octavo don de nuestro estudio es la «palabra de ciencia o conocimiento». Es larevelación sobrenatural de hechos pasados, presentes o futuros sin intervención de la mente natural. Podemos describirla co­mo la mente de Cristo manifestada a la mente del creyente, y hecha conocer, cuando es necesario, en un abrir y cerrar de ojos. (1 Corintios 2:1ó.) Este don es utilizado para proteger a los cristianos, para indicarles como orar con más eficacia, o para mostrarles como ayudar a otros.
El noveno don, la «palabra de sabiduría» es la apli­cación sobrenatural del conocimiento. Es saber qué hacer con el conocimiento natural o sobrenatural que Dios nos ha dado, tal como el sentido común, por ejemplo, que nos dice como iniciar una acción. La «palabra de conocimiento» es una información revelada de una manera sobrenatural, pero la «palabra de sabiduría» nos dice cómo aplicar la información.
Generalmente nos es dada la «palabra de sabiduría» juntamente con la «palabra de conocimiento». Es conveniente esperar pacientemente la palabra de sabiduría, y no salir disparando con los nudos a me­dio hacer, cuando recibimos un conocimiento sobre­natural. Esperamos a que sea Dios quien nos diga que hacer con ella. La «palabra de ciencia» nos in­dicará cómo hacer lo que Dios nos ha indicado que debemos hacer, cómo resolver los problemas que se plantean, o qué cosas decir y cómo decirlas en una situación dada, especialmente cuando el desafío se refiere a nuestra fe. Los dones de la «palabra de conocimiento» y de la «palabra de sabiduría» pueden ponerse de manifiesto por una súbita inspiración que no se nos va de nosotros, sin «conocer» en lo más hon­do de nuestro espíritu, o por la interpretación de un sueño, 1 una visión, una parábola, por los dones voca­les del Espíritu Santo y, mas raramente, oyendo en forma audible la voz de Dios, o por la visita de un ángel.
La Escritura habla de «palabra» de conocimiento y «palabra» de sabiduría. En ambos casos «palabra» en griego, es “logos”, que puede significar «palabra», «cuestión» o «asunto» y no está reducida únicamente a la palabra hablada. Esto quiere decir que si reci­bimos los dones de conocimiento o de sabiduría, bien que sean audibles o no, siguen siendo dones de «pa­labra de conocimiento» o «palabra de sabiduría». No tienen que ser, necesariamente, dones vocales. Con frecuencia, y refiriéndose a estos dones, se habla de «la palabra de conocimiento» o «la palabra de sabiduría». En el original griego no aparece ningún artículo y simplemente los denomina «palabra de sabiduría» y «palabra de conocimiento». El agregarle un artículo puede modificar artificiosamente su sig­nificado. Ni siquiera tenemos el derecho de utilizar el artículo indefinido: «una palabra de sabiduría» como lo hacen algunas versiones modernas, pues nue­vamente aquí se percibe el sutil cambio de sentido. Pero corrientemente, y para facilitar las referencias bíblicas, utilizamos el articulo determinante «la» pero si  las escribimos debemos dejarla fuera de las comillas, indicando así que el articulo se refiere al don en general, y no a la «palabra» en particular. Bien pudie­ra ser que la ausencia del artículo en el original grie­go nos recuerde que estas «palabras» son tan solo fragmentos de la sabiduría y del conocimiento de Dios.
1Si bien es cierto que a veces Dios le habla a una persona por medio do un sueño, esto no quiere decir que debemos llevar un diario registro do todos nuestros sueños. E1 psicólogo puede tener interés en conocer 1os sueños de la personas que lo consultan, que le sirve como pista para saber lo qué está ocurriendo en el subconsciente, pero esto tiene muy poco qua ver con el tema que estamos tratando. Muchos de los sueños no son otra cosa que el resultado de haber comido demasiado antes de ir a dormir. Y algunos sueños los provoca el enemigo; ¿por qué gastar nuestro tiempo prestándoles atención a la confusión que pueden originar? Si Dios nos ha hablado en un sueño y é1 quiere que 1o recorde­mos, lo recordaremos sin duda alguna. El dice qua el Espíritu Santo «os recordará todo lo que yo os he dicho». (Juan 14:2ó.)
Podemos distinguir cuatro clases de conocimiento:
Primero: El conocimiento humano naturalque a todas luces va en aumento. El libro de Daniel, refi­riéndose a los últimos tiempos dice: «Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.« (Daniel 12:4.) Recientemente un profesor universita­rio amigo nuestro, nos dijo que el progreso del cono­cimiento en el área de la matemática superior era tan extraordinario que en algunos casos los investigadores en dos campos diferentes de matemáticas, no logra­ban comunicarse entre ellos. Para poder relacionar y procesar la inmensa cantidad de datos obtenidos por la investigación, se torna indispensable recurrir a los cerebros electrónicos o computadoras, pues va más allá de las posibilidades de la mente humana al hacerlo con los métodos corrientes por un periodo más o menos prolongado. Por importante que sea la ciencia de este mundo, a veces crea tanto orgullo que les impide a algunos conocer al Señor. La epístola a los Corintios dice así: «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.» (1 Corintios 2:14.) También dice la Escritura: «El conocimiento envanece, pero el amor edifica.» (1 Corintios 8:1.)
Segundo: El conocimiento sobrenatural, producto de este mundo caído, que hemos mencionado antes, es el intento de la mente natural de obtener información por medios sobrenaturales que no son los del Espíritu Santo. Incluye lo oculto, lo psíquico, y las investigaciones «metafísicas» que utiliza Satanás para entrampar a un número cada día creciente de perso­nas en la actualidad. Las así llamadas “experiencias religiosas” por medio de drogas, de cultos, de lo psíquico y fenómenos ocultos, crecen alarmantemente; basta con mirar los títulos de los libros en los estan­tes de una librería para comprobar el interés que despiertan las obras que se refieren a tales cosas. El conocimiento así adquirido esta por fuera de los limi­tes de lo permitido por Dios. ¡No lo toquemos!
Tercero: el verdadero conoci­miento intelectualque lo adquirimos al conocer a Dios personalmente, por medio de Jesucristo (Juan 17:3; Filipenses 3.10), de recibir la plenitud del Espíritu Santo, estudiando la Palabra de Dios que nos hace saber la voluntad de Dios y sus caminos, para lo cual no hay sustituto. (Salmo 103:7; Éxodo 33:13.) Ante un conocimiento natural de este mundo, tan sugestivo y en permanente desarrollo, es apasionante comprobar que el conocimiento del Señor va en aumento en su pueblo hoy más que nunca. Isaías nos dice que: «. . . la tierra será llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mar.» (Isaías 11:9.) Aun el libro de Daniel y su similar el de Apocalipsis han permanecido cerrados y sellados a la comprensión total del hombre hasta el tiempo del fin… (Daniel 12:4, 9.) Hay muchas cosas de la Palabra de Dios que nos serán reveladas a nosotros recién en los últimos tiempos. ¡Estamos viviendo días gloriosos! El conocimiento del hom­bre pasará, pero el conocimiento del Señor es per­manente y durará toda la eternidad. (Mateo 24:35­36; 1 Pedro 1:25.)
Cuarto: el don de «palabra de conoci­miento«. Al considerar este don, digamos en primer lugar lo que no es. No es un fenómeno psíquico o una percepción extrasensorial tal como la telepatía (la presunta habilidad de leer las mentes), la clari­videncia (la presunta habilidad para conocer hechos que están ocurriendo en otras partes) o la precognición (la presunta habilidad para conocer el futuro). Estas «habilidades» están prohibidas en la Palabra de. Dios. (1 Crónicas 10:13; Deuteronomio 18:9-12.) No debemos incurrir en esas prácticas o abriremos la puerta a Satanás. Todas las actividades de esa naturaleza son peligrosas y malas. Experimentar con tales fenómenos psíquicos es jugar con los caídos poderes de este mundo que están controlados por Satanás En el mundo hay dos fuentes de poder espiri­tual: Dios y Satanás. E1 solo hecho de que algo sea «sobrenatural» no significa ni que sea bueno ni que sea de Dios.
El don de la «palabra de conocimiento» no es ninguna «habilidad» humana, sino un puro don de Dios. No se «desarrolla» como pueden serlo las mani­festaciones demoníacas, sino que se manifiesta como el resultado de estar en estrecho contacto con el Señor. El cristiano tiene algo infinitamente mejor que los dones fraudulentos de este mundo, porque esta gustando los poderes del mundo venidero, a tra­vés de Jesucristo, y los dones del Espíritu Santo. (Hebreos 6:5.) La epístola de Santiago dice: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre…» (Santiago 1: 17.) Los dones do Dios vienen desde arriba, de lugares celestiales en Cristo Jesús, donde el cristiano vive en su Espíritu. Pablo le dice a los efesios: «… nos resucitó y… nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.» (Efesios 2:6) El cristiano debe abstenerse de utili­zar la terminología del mundo para describir las ex­periencias sobrenaturales. Si un cristiano se entera de pronto sin recibir la noticia por las vías natu­rales que un amigo se encuentra en dificultades, y necesita oración y ayuda, eso no seria una «percepción extrasensoria» sino más bien Dios que ma­nifiesta el don de la «palabra de conocimiento».Los dones del Espíritu Santo vienen del Espíritu Santo y el es quien los hace llegar a nuestro espíritu y no desde el alma o de los sentidos físicos, ni a través de ellos.
Pablo les dijo a los cristianos en Corinto: «Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.» (1 Corintios 12:7.) Estos dones han sido dados para nuestro provecho y para que nos beneficiemos los unos con los otros. No deben ser erróneamente usados. Cuando Dios decide compartir su conocimiento con nosotros, es porque tiene un propósito en vista. ¡No nos es dado para el simple hecho de hacernos sentir «espirituales» o habilidosos!
Veamos algunos ejemplos de una «palabra de cono­cimiento» registrados en la Biblia:
Fue utilizada para encontrar personas u objetos extraviados, como sucedió con Saúl y las asnas per­didas (1 Samuel 9:15-20; 10:21-23). (Observemos que la «palabra de conocimiento» puede brindarnos información sobre asuntos aparentemente triviales. Dios se preocupa por cada una do las necesidades humanas).
Natán recibió una «palabra de conocimiento» re­lacionada con el asunto que hubo entre David y Bet­sabé. También recibió sabiduría para tratar con el rey. (2 Samuel 12:7-13.)
Fue utilizada para desenmascarar a un hipócrita, a Giezi, el siervo de Eliseo. (2 Reyes 5:20-27.)
Eliseo, por revelación milagrosa, supo dónde estaba emplazado el ejército sirio, salvando así a Israel de la batalla. (2 Reyes ó.8-23.)
El Señor Jesús usó e1 don de la «palabra de co­nocimiento». Cuando dejó de lado su gloria, aceptó las limitaciones del intelecto humano. Mientras vivió en esta tierra no fue omnisciente -que tiene cono­cimiento de todas las cosas- pero todo el conoci­miento que necesitaba para encarar cualquier situación, lo obtenía del Espíritu Santo de la misma ma­nera que lo obtenemos nosotros por intermedio de el.
Cuando Jesús sana al paralítico, también le per­donó sus pecados. Esto provocó entre los escribas pensamientos aviesos contra Jesús. Jesús supo, por una «palabra de conocimiento» (no por «leer los pen­samientos») lo que pensaban en su fuero íntimo, y así se los dijo directamente. (Mateo 9:2-ó.)
Por medio de este don de revelación (no por «cla­rividencia») Jesús «vio» a Natanael mucho antes de conocerlo, sentado bajo la higuera, y también supo Jesús qué clase de persona era. Vernos entonces que «la palabra de conocimiento» puede revelar las an­danzas de un hombre y la naturaleza de su corazón y de sus pensamientos. (Juan 1:47-50.)
Fue utilizado para convencer a la mujer samari­tana de su pecado, y de la necesidad de aceptar a Jesús como Mesías. «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho…» (Juan 4:17­18, 29.)
Este conocimiento sobrenatural se manifestó per­manentemente en los días de la iglesia primitiva.
Fue utilizado para revelar la corrupción en la igle­sia: Ananías y Safira. (Hechos 5:3.)
Otro Ananías, un cristiano de otra manera descono­cido, supo, por una visión, (no por palabra de conocimiento) de la conversión de Saulo, el nombre de la calle (Derecha), el nombre de la persona en cuya casa se hospedaba (Judas), a quien tenia que buscar (Saulo de Tarso), que estaba ha­ciendo Saulo (orando), su actitud (estaba arrepen­tido) y sus necesidades (curación y el bautismo con el Espíritu Santo). (Hechos 9:11-12, 17.)
El Espíritu Santo reveló a Pedro, por medio de la «palabra de conocimiento» que tres hombres pregun­taban por él a la puerta de su casa en Jope, y no tuvo ni un vestigio de duda de que debía acompañarlos. (Hechos 10:17-23.)
Como un ejemplo del día de hoy, relataremos algo que ocurrió en Spokane, Washington, mientras Rita daba una clase sobre los dones del Espíritu Santo. No se reducían tan solo a estudiar este tema intelec­tualmente, sino que oraban y esperaban que esos dones se manifestaran. La fe aumentó cuando se escuchaba la Palabra de Dios, y cuando la clase consideraba las Escrituras, aumentó la atmósfera de fe a un punto tal en que lo milagroso podía ocurrir en cualquier momento. Mientras oraban, al finalizar la clase, Rita tuvo una fuerte impresión, una sensación desacostum­brada en su oído derecho. No sabiendo, al comienzo, de dónde venia esa impresión, pidió la protección de Dios. Entonces se le ocurrió lo siguiente: «Tal vez Dios esta tratando de decirme que alguien de este grupo sufre de su oído derecho.» Estando entre ami­gos, decidió preguntar. Una joven, llamada Fran, respondió de inmediato, y dijo que padecía de una sor­dera del oído derecho desde hacia veinte años. Últimamente su sordera la molestaba tanto que había orado intensamente a Dios para que la sanara. Rita relata lo siguiente: «Nunca en mi vida se me había reve­lado de esta manera la «palabra de conocimiento» y supe, sin el mas leve asomo de duda, de que Dios la iba a sanar.» El grupo de oración rodeó a Fran y le impusieron las manos, pero fue innecesaria la oración de intercesión, porque Dios ya reveló lo que iba a hacer; con fe sencilla Rita ordenó al oído de Fran, en el nombre de Jesús, que se curara. Fran contó luego que ella sabia que algo había ocurrido, pero no testificó sobre su curación antes de ser exa­minada por el medico. Después contó que cuando se oró por ella, sintió un chasquido y recobro el oído. El medico confirmó que su oído había vuelto a la normalidad. Y así ha quedado desde entonces. Este hecho muestra una combinación de tres dones, co­menzando con una «palabra de conocimiento», que trajo un don de fe, que a su vez puso en acción el don de sanidades.
Tan maravilloso como es el hecho de que Dios nos había y nos diga lo que va a hacer y que papel vamos a jugar en sus planes (conocimiento), lo es, y de igual importancia, el que él nos muestre cómo eje­cutar nuestra tarea (sabiduría). Si una madre explicara a su hijita cuáles son los ingredientes y las proporciones a utilizar para hacer una torta, pero no le diera la sabiduría necesaria para saber cómo mezclar esos ingredientes, el conocimiento no tendría ningún valor. En realidad, el resultado seria desas­troso. De todo ello se desprende que corren parejos los dones de conocimiento y de sabiduría; es impor­tante disponer de ambos. El libro do Proverbios nos dice: «La lengua de los sabios adornara sabiduría.» (Proverbios 15:2.)
También tenemos cuatro clases de sabiduría
La sabiduría humana naturales el conocimiento natural aplicado. Por supuesto que este tipo de sabiduría está en permanente aumento, desde el momen­to en que el conocimiento también lo está. El conoci­miento sería inútil de no contar con la sabiduría. De más está decirlo, es sabiduría del hombre. Comparada con la sabiduría de Dios, es pura tontería. También puede ser una piedra de tropiezo, apartado al hom­bre de Dios. Un día cesará la sabiduría natural del hombre: «Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.» (1 Co­rintios 1:19.)
Tanto la sabiduría como el conocimiento sobrena­turales, productos de un mundo caído fueron justa­mente los recursos que se utilizaron para tentar al primer hombre y a la primera mujer, para desobe­decer el mandamiento de Dios. «… un árbol codicia­ble para alcanzar sabiduría…» leemos en Génesis 3:6. Esta clase de sabiduría fue -y continúa siéndolo- prohibida por Dios. El hombre ya disponía de la sabiduría natural, que era buena, y abrió más puertas para que entrara el conocimiento sobrenatural maligno y su aplicación, la sabiduría perniciosa, que hasta ese momento era patrimonio exclusivo de los ángeles caídos. La astrología es un ejemplo de la sabiduría fraudulenta de hoy en día. (Daniel 2:27-28.)
Sabiduría intelectual verdadera. El libro de Pro­verbios y la Sabiduría de Salomón, son buenos ejem­plos de esto. Se obtiene cuando se respeta al Señor y a la Palabra de Dios (Job 28:28; Proverbios 9:1.0), y también estudiando la Palabra do Dios, que solo puede ser comprendida cuando es revelada por el Espíritu Santo.Para que esto sea posible debemos, en primer lugar, recibir a Cristo que es la Sabiduría de Dios (1 Corintios 1:24), y es importante, como es obvio, haber recibido el bautismo con el Espíritu canto. La Escritura dice: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.» (Santiago 1:5.) Pablo oró sin cesar por la iglesia para que fueran «…llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual.» (Colosen­ses 1:9). Tenemos que pedirle a Dios y creer que nos dará generosamente la sabiduría necesaria para eje­cutar de la mejor manera posible la tarea que él nos ha encomendado.
El don sobrenatural de la «palabra de sabiduría» consiste en recibir en forma súbita y milagrosa la sabiduría necesaria para encarar cualquier situación que se presente, o responder a una pregunta dada, o utilizar un aspecto en particular del conocimiento, ya sea natural o sobrenatural. Al igual que la «palabra de conocimiento» no consiste en la puesta en juego de una destreza humana adquirida, sino que es, exclu­sivamente, un don de Dios. Seria difícil establecer cual de las dos -sabiduría o conocimiento- es más importante. Algo así como tratar de decidir cuál es más importante, si el pintor o la pintura, puesto que si bien es cierto que el artista no puede pintar su cuadro sin contar con los materiales, estos sin la persona que sabe como usarlos, pueden estropear la tela y dar por resultado un mamarracho. De manera que si una persona cuenta con el conocimiento -ya sea natural o sobrenatural- pero no cuenta con la sabiduría para utilizarlo adecuadamente, el resultado final puede ser un daño irreparable.
Veamos algunos ejemplos del don do la «palabra de sabiduría» extractados del Antiguo Testamento:
Cuando José interpretó el sueño del Faraón, no se valió de una sabiduría natural, o de una sabiduría lograda por el estudio y la preparación previa: José recibió una respuesta sobrenatural inmediata. José se encontró de pronto en un aprieto. Con el tiempo ape­nas necesario para salir de la prisión tuvo que en­frentarse al Faraón e interpretar su sueño. Posterior­mente José dio sabios consejos sobre varios asuntos, entre ellos la necesidad de designar a una persona sabia y prudente como administrador general y a funcionarios a las órdenes de aquel, y sobre la forma de almacenar el alimento que serviría para los años de hambre que vendrían. Esto ultimo no fue una «palabra de sabiduría» sino la verdadera sabiduría intelectual que Dios brindó a José, y que este use en numerosas oportunidades. Todo esto llevó al Faraón  a referirse a José como un hombre «entendido y sabio» y le dio un cargo ejecutivo, con autoridad sobre toda la administración egipcia, inferior únicamente al Faraón. (Génesis 41.)
Dios habló a Moisés desde una zarza ardiente, encomendándole la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto (conocimiento), y Moisés tuvo que recu­rrir muchas veces a la palabra de sabiduría cuando en numerosas oportunidades debió enfrentarse a ese pueblo rebelde. (Éxodo 3.)
Dios le dijo a Moisés el conocimiento necesario para proyectar el tabernáculo que habría de construir en el desierto, y le informo que había llamado a Be­zaleel, colmándolo de sabiduría y de conocimiento (que no poseía naturalmente) para trabajar el oro, la plata, el bronce, las piedras y la madera, y para encargarse del grueso de la construcción del tabernáculo. (Éxodo 31.)
Una de las grandes historian de «fe», narradas en el Antiguo Testamento resulta ser también un extra­ordinario ejemplo de los dones espirituales de profecía, sabidurías y conocimiento. El rey Josafat se en­contraba acosado por la alianza de tres poderosos enemigos. Sabiendo que no disponía de lo recursos suficientes para defender su reino, puso todo el pro­blema delante de Dios. Todo el pueblo de Judá. «esta­ba de pie delante de Jehová» esperando la respuesta. Y la respuesta se recibió cuando «sobre Jahaziel… vino el Espíritu de Jehová en medio de la reunión» y Jahaziel empezó a profetizar: «No temáis nios amedrentéis delante de esta mul­titud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios». Esto fue «edificación, exhortación y consuelo». Luego siguió la «palabra de conocimiento» al informar Jahaziel al rey y al pueblo, exactamente dónde estaría el enemigo, y dónde lo podrían encon­trar. Nuevamente les dio una «palabra de sabiduría» al decirles que no tendrían que pelear, sino quedarse quietos y observar lo que haría Dios. A continuación Dios le dio a Josafat una «palabra de sabiduría» y es para ello que en lugar de salir al encuentro del enemigo al frente de sus guerreros escogidos, envió a hombres a cantar y alabar a Dios, y he aquí, los enemigos cayeron en sus propias emboscadas y se mataron entre ellos. (2 Crónicas 20:12-23.)
Daniel fue un hombre intelectualmente sabio y de amplísimos conocimientos, y por ello fue elegido para enseñar en el palacio del rey. Sin embargo, superior a ello fue la «palabra de sabiduría» que de tanto en tanto le daba Dios, de manera que pudo interpretar (sabiduría) el sumo que Nabucodonosor había soñado y olvidado. Estos secretos fueron revelados a Daniel en «visión de noche». Daniel dijo: «Sea bendito el nombre de Dios por siglos en siglos, porque suyos son el poder y la sabiduría… da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos. El revela lo profundo y lo escondido…» (Daniel 2:20-22.) Como consecuencia de ello el rey lo designó gobernador general de Babilonia, con autoridad sobre los demás gobernadores. En el capítulo cuarto leemos que nuevamente Daniel interpreta el sumo do Nabucodonosor, esta vez anunciándole que su reino le sería quitado. Más tarde, bajo el reinado de Belsasar, fue llamado para interpretar la escritura de la pared. Los dones de Dios salvaron en varias oportunidades vida de Daniel y de sus compañeros.
Como el Gran Ejemplo, en todas las cosas, el Señor Jesús exhibió una y otra vez la «palabra de sabiduría» para encarar circunstancias particularmente difíciles. Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo le preguntaron a Jesús sobre qué autoridad basaba semejantes pretensiones. La respuesta de Jesús, en forma de una pregunta, fue dictada por una «palabra de sabiduría». (Mateo 21:23-27.)
Los fariseos quisieron entrampar a Jesús preguntándole si los hombres debían pagar tributo a Cesar, o no. Jesús respondió con una «palabra de sabiduría»: «Dad, pues, a Cesar lo que es de Cesar, y Dios lo que es de Dios.»
Un abogado fariseo tentó a Jesús, preguntando cuál era, en su opinión, el más grande mandamiento de la ley. Jesús respondió con sabiduría. A continuación les preguntó a los fariseos quién creían ellos que era él, de quién era hijo el Cristo. Ellos le respondieron «de David». La cita de los Salmos con que les contestó Jesús fue tan profunda, que el evangelio de Mateo cuenta que desde ese día nadie osó preguntarle más. (Mateo 22:34-4ó.) Así como Jesús  tenía una gran sabiduría, contamos con la promesa de que en medio de la persecución Él nos dará «palabra y sabiduría» que nuestros adversarios no podrán desmentir ni rechazar. Estos dones serán más necesarios en los días por venir. El evangelio de Mateo dice: «guardaos de los hombres, porque os entregaran los  concilios… sinagogas… gobernadores y reyes por causa de mí… Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablareis: porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.» (Ma­teo 10:17-19.)
Este pasaje nos indica de dónde sacaron Pedro y Juan la sabiduría que aplicaron cuando fueron ame­nazados por los dirigentes judíos a raíz de haber sanado a un cojo. (Hechos 4:7-21.) Más tarde, al ser arrestados justamente por esa curación, leemos: «Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.» (Hechos 4:13.)
Se dijo de aquellos que disputaban con Esteban – que era un hombre lleno de gracia y de poder- ­que: «No podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.» (Hechos 6:8-10.)
Por cierto que el apóstol Pablo no era un hombre entrenado en el arte de la navegación, y sin embargo, cuando se vio envuelto en un naufragio, tomó el mando de la situación a pesar del hecho de viajar como prisionero, rumbo a Roma, y el oficial romano le escuchó con todo respeto. (Hechos 27:21-35.)
Tenemos que rectificar nuestra manera de pensar, y librarnos del viejo hábito de fijarle limitaciones a Dios en nuestras vidas y empezar a vivir con expec­tativa. En Cristo están escondidos «todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento». (Colosenses 2:3.) Desde el momento en que Cristo vive en nosotros, el hecho formidable es que su sabiduría y conocimiento también están allí, listos para sernos revelados por el avivamiento del Espíritu Santo. Contando con este maravilloso tesoro que es Jesucristo morando en nos­otros, podemos estar seguros que el Espíritu Santo sacará de ese tesoro los dones que necesitamos en la medida en que creamos en Dios. Dispongamos del tiempo necesario para agradecerle ahora mismo, por­que tanto la sabiduría como el conocimiento divinos se manifestaran en nuestras vidas por mandato de Dios, cuando surja la necesidad. ¡Alabemos a Dios por sus inefables riquezas!
En este estudio de los dones del Espíritu, comen­zamos con los dones de la palabra inspirada, porque son los de más fácil observancia, y los que más fre­cuentemente se manifiestan; a continuación los dones de poder; y en último lugar los dones de revelación. Todos los sucesos sobrenaturales registrados en la Biblia (a excepción de las imitaciones fraudulentas, por supuesto) pueden ser identificados con uno u otro de estos nueve dones del Espíritu, anotados en 1 Corintios 12:7-11.
Hay otras tres listas anotadas en el Nuevo Testa­mento, denominadas «dones», pero una de ellas, en la carta a los Efesios, es una lista de cargos o minis­terios en la iglesia: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. (Efesios 4:8, 11.) Además en el original griego se usa un vocablo distinto: domata en lugar de carismata. Otra «lista» la tenemos en la carta a los Romanos, pero en realidad no se trata de un intento de hacer una lista de los dones, sino más bien una serie de ilustraciones para instruir a los cristianos en la forma de vivir. (Romanos 12:4-21.) Mezcla unos cuantos dones y ministerios con otras funciones, algunas de las cuales según la exposición razonada de Pablo en sus otros escritos, se llamarían «frutos» del Espíritu. En Corintios, capítulo 12 -que es el capítulo donde con toda claridad aparece la lista de los dones- el apóstol cita nuevamente, al finalizar el capítulo, algunos de los dones y ministerios pero lo hace con un propósito ilustrativo.2 Pareciera ajus­tarse más al esquema general de la Escritura, decir que 1 Corintios 12:7-11 es la lista de los dones, mien­tras que Efesios 4:11 hace referencia a los ministe­rios «oficiales» de la iglesia. De igual forma los fru­tos del Espíritu están anotados en Gálatas 5:22-23, pero en Efesios 5:9 Pablo utiliza el termino en estilo ilustrativo: «El fruto del Espíritu es toda bondad, justicia y verdad.»
Toda persona que ha sido bautizada en el Espíritu Santo puede ejercer cualquiera de los nueve dones espirituales, según sean las necesidades que se pre­senten, y según lo decida el Espíritu Santo. Conoce­mos muchos cristianos que en el transcurso de varios años se han valido de los nueve dones del Espíritu. Esto no quiere decir que sean más espirituales que los demás, pero sí que han sido más asequibles y han vivido más a la expectativa.
2 Cualquiera de 1os dones- del Espíritu pueden llegar a ser un ministerio, como ya lo hemos dicho antes, pero los que aparecen al final de esta lista deben ser considerados específicamente como tales.
Nuestro ruego es que este estudio redundara en una mayor comprensión, de tal manera que los dones de poder y de revelación se manifiesten en el cuerpo de Cristo mucho más que en el pasado, y que los dones mas conocidos -los de la palabra inspirada- sean expresados con mayor belleza y edificación en la Iglesia.
Es nuestra opinión que Dios quiere que los dones se manifiesten en forma activa en la vida de la iglesia, para aumentar nuestra propia edificación y gozo, y también demostrarle al mundo que Jesús vive y es real. El Espíritu Santo reparte los dones a cada hom­bre individualmente, en la forma en que él lo cree oportuno, y el Espíritu Santo desea que vivamos una vida abundante en Cristo.
«Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a élsea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos.»
(Efesios3:20-21.)
Capitulo 14 El camino Excelente

Capitulo 14 El camino Excelente

En Éxodo 28 leemos una descripción de las vesti­duras que el sumo sacerdote usaría al oficiar en el tabernáculo para adorar a Dios. El sumo sacerdote tenía una prenda llamada efod. Era azul y orlada con una decoración muy particular:
«Y en sus orlas harás granadas de azul, púrpura y carmesí alrededor, y entre ellas campanillas de oro alrededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, en toda la orla alrededor.» (Éxodo 28:33-34.)
Las campanillas de oro pueden considerarse como un símbolo de los dones del Espíritu Santo. A los dones se los ve y se los oye, y son hermosos. Las cam­panillas tintineaban cuando el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, invisible a los adoradores de afue­ra, aunque sabían que el estaba orando por ellos. De la misma manera, los dones nos enseñan que Jesús, si bien invisible a nuestros ojos terrenales, vive y oficia por nosotros en el lugar santísimo.
Las granadas representan el fruto del Espíritu. Son dulces en sabor y atractivas en color, y llenas de se­millas, lo cual nos recuerda que no solamente son frutas, sino que son fructíferas. Hemos hecho un am­plio estudio sobre los dones del Espíritu Santo, las campanillas de oro, y ahora nos resta recordar que los dones del Espíritu Santo están balanceados por el fruto del Espíritu.
Digamos de nuevo que los dones del Espíritu (1 Corintios 12:7-11) son: sabiduría, ciencia, discernimiento de espíritus, fe, milagros, sanidades, profecía, lenguas e interpretación de lenguas; el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) es: amor, gozo, paz, pa­ciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, tem­planza. Los sacerdotes creyentes de hoy, deberían con­trolar la orla de sus túnicas, es decir, sus vidas, para ver lo que hay allí.
Para que hubiera «una campanilla do oro y una granada, y otra campanilla de oro y otra granada» como dice la Escritura, alrededor de la túnica del sacerdote, tendría que haber un número igual de cada una. Es interesante consignar el hecho de que en la lista precedente, figuran nueve dones y nueve frutos del Espíritu. Para permitir que las campanillas de oro suenen con claridad, armoniosamente, sin entre­chocar unas con las otras, debe mediar un fruto entre cada una de ellas.
Los dones puestos de manifiesto por vidas despro­vistas de frutos, motivados por una auto estimación y sin otro deseo que el de llamar la atención, desper­tarán tanto entusiasmo como el que pudiera desper­tar el golpetear sobre unos tachos. Los dones del Espíritu son «irrevocables», es decir, que Dios no los quita porque sean mal utilizados, y es por ello que pueden manifestarse a través de vidas que no son consagradas y a través de personas que le deben una reparación tanto a Dios como a los hombres; pero de cualquier manera tales personas no producen mas que un ruido ensordecedor para los que tienen discernimiento. A esto se refiere el apóstol cuando habla de «metal que resuena» y «címbalo que retine». Nuestras campanas no deberían ser de bronce o de latón, sino de oro puro. Campanas de oro represen­tan vidas que están a tono con el Señor y con los hermanos, y cuyo deseo central es exaltar a Jesucris­to, mientras manifiestan los dones.
Es significativo el hecho de que esta figura de campanillas y granadas alternadas se proyecta en el Nuevo Testamento, ya que entre los dos grandes capítulos de los dones, -1 Corintios 12 y 14- se en­cuentra engarzado el hermoso capítulo 13, referido al amor, fruto central del Espíritu:
«Si tengo el don de hablar en lenguas, tanto de hombres como de ángeles, sin haberlas aprendido, pero no tengo amor, soy como ruidosa campana de bronce o címbalo que retiñe. Y si he sido utilizado en el don de profecía y entiendo todos los misterios y toda la ciencia; y haya colmado la medida de la fe, hasta para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si todo lo que tengo se lo doy a los pobres y entrego mi cuerpo para ser quemado, pero el amor de Dios no brilla a través mío, nada me aprovecha.
El amor es paciente, es bondadoso; el amor no es envidioso; el amor no esta hinchado de orgullo, no se comporta indecorosamente o con desenfreno; no busca su propio interés, no se irrita con facilidad, no abriga malos pensamientos; no se regocija de la injusticia y de la perversidad, sino que se regocija cuando triunfa la justicia y la verdad; el amor es consistente, el amor esta siempre dispuesto a confiar, espera lo mejor, en todas las cosas, todo lo soporta como un buen soldado.
El amor nunca termina; las profecías pasaran; las lenguas cesarán; y también la ciencia, un día, dejara de ser. Porque nuestra ciencia es fragmentaria y nuestra profecía limitada. Pero cuando venga lo perfecto, será innecesario lo imperfecto.
Cuando fui niño hable como un niño, razone como un niño; pero cuando me hice hombre, abandone mis hábitos infantiles. Ahora miramos en un espejo una imagen borrosa, ¡pero entonces veremos cara a cara! Ahora comprendemos en parte, pero entonces conoceremos plenamente, de la misma manera en que somos conocidos.
De modo pues, que permanecen la fe, la esperanza y el amor, estas tres; pero el mayor de ellos es el amor.»
El amor es el fruto mas importante del Espíritu; sin el los otros ocho podrían no existir.

Se los deno­mina «fruto» en singular, y no «frutos» en plural, porque los otros son como los gajos de una naranja contenidas dentro del fruto del amor.
¿A qué amor se refiere este capítulo, que lo des­cribe como más grande que la fe, que es la llave a la Biblia y sin el cual no podemos recibir nada de Dios? De este amor se dice que es más grande que la ciencia (conocimiento), que es un don del Espíritu, y anhelado por los cristianos. ¡Es mayor que el martirio sufrido por confiar en Jesús! Es más importante que dar a los pobres, si bien el dar a los pobres es una buena obra. Este amor es superior al don de la profecía, don del cual dijo Pablo que todos los cristianos deberían desearlo como al más grande de los dones para la edificación de la iglesia. Es mayor que hablar en lenguas desconocidas. Es superior a la esperanza.
Con toda seguridad que aquí se esta hablando de una clase de amor diferente al amor humano, que es inconsistente y limitado. En nuestro idioma hay un solo vocablo para designar al amor, ¡mientras que el idioma griego tiene siete! El Nuevo Testamento hace mención solamente de dos de esos siete vocablos philia, que significa afecto o apego por otra persona, amistad, que es un tipo limitado de amor; y ágape que significa el perfecto amor de Dios -amor incondicional -tal como esta expresado en el amor de Dios por el hombre, o el amor fraternal cristiano en su más alta expresión, que nace como resultado de que Dios vive en el hombre.
Una tercera acepción para el vocablo amor en el idioma griego, es eros que significa amor físico o sensual. Tenemos, pues, una trilogía para la palabra «amor»: ágape, del espíritu ; philia, del alma; eros del cuerpo.
El fruto del Espíritu del que estamos hablando en este capítulo, es ágape. Dios manifestó su amor por el hombre a través del nacimiento, de la vida y de la muerte de Jesucristo. «Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos», (Juan 15:13), y aún por sus enemigos. (Romano 5:7-10.) El amor de Dios en el hombre viene como resultado de la salvación. El bautismo en el Espíritu Santo provoca aun una mayor efusión del amor de Dios, en tanto que la persona more en Cristo y camine en el Espíritu. «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.» (Romanos 5:5.) El capítulo 13 de 1 Co­rintios, cuando habla del amor, se refiere a ágape, amor autosacrificial, amor sin reservas.
Y el amor no es solamente el fruto central del Espíritu, sino un mandamiento de Jesús
«Amarás al Señor tú Dios con todo tú corazón, y con toda tú alma, y con toda la mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De esos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.» (Mateo 22:37-40.)
Jesús también dijo: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros, como yo os he ama­do…» (Juan 13:34.)
En el Nuevo Testamento también se menciona al amor como una de las cosas que nos «edifican» es­piritualmente. “El conocimiento envanece, pero el amor edifica.»
La primera fase del amor es cuando solamente po­demos amar a los que antes nos amaron primero. «Nosotros le amamos a é1 (Dios) porque él nos amó primero.» (1 Juan 4:19.) Es un comienzo necesario. Pero no va más allá de ser una mezcla de amor. Con el amor puro viene un olvidarse de sí mismo y un mayor deseo de dar que de recibir. Cuando alcanza­mos esta etapa, nos damos cuenta que amamos a Dios no por lo que ha hecho o esta haciendo por nosotros, sino que le amamos por sí mismo.
Solamente después de haber hecho contacto con esa celestial fuente de amor, podemos esperar amar a nuestros semejantes. El primero y gran mandamiento, es decir amar a Dios, tiene que producirse antes del segundo, que es amar al prójimo, porque si no se cuenta con el amor de Dios, es imposible que amemos a nuestros semejantes.
Dios no hubiera exigido esta condición si fuera algo imposible de cumplir. Algunas personas sostienen que el amar a Dios les lleva todo su tiempo y no les queda ningún resto para ocuparse de otros. Jesús les ordenó a sus discípulos que se amaran los unos a los otros de la misma manera que el los había ama­do, como una señal para el mundo de que ellos eran sus seguidores. Cuando amamos a nuestros hermanos, amamos a Cristo, porque la Biblia dice que todos formamos el cuerpo do Cristo, carne de su carne y hueso de sus huesos. (Efesios 5:29-30; 1 Corintios 12:27.) Dios recepta nuestro amor en la medida en que amamos a los hermanos en Cristo, como asimismo en nuestra devoción a él en oración y alabanza. A la par que maduramos en amor, también podremos al­canzar y amar a los incrédulos, y aun amar a nuestros enemigos. (Mateo 5:43-48.)
Sin embargo, en un plano terrenal, el amor es im­posible sin amarnos a nosotros mismos, tal como lo dice la Escritura: «Ama a tu prójimo como a ti mis­mo.» Si nos odiamos a nosotros mismos, no podremos amar verdaderamente a Dios, a nuestros hermanos, a los incrédulos, o a nuestros enemigos. Y solamente podremos amarnos a nosotros mismos sabiendo quie­nes somos en Cristo, y sabiendo que el yo esencial es una nueva criatura en la cual mora Dios. Únicamente por causa de Jesús existe en nosotros algo por lo cual valga la pena amarnos a nosotros mismos. Es un pecado no amarnos a nosotros mismos. ¿Cómo po­demos dejar de amar todo lo que Dios ha creado?
Pablo dice al finalizar el capítulo 12: «Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.» (1 Corintios 12:31.) El camino más excelente no es «en lugar de los dones» sino en lugar de «procurar los dones»: amar de tal manera que los dones fluyan hacia afuera con tanto donaire que semejen a las refrescantes aguas de un rió que vivifican todo a su paso. El ágape nunca falla, dice Pablo; pero la profecía, las lenguas, la ciencia, y los otros dones cesarán de ser cuando Jesús, el perfecto, vuelva a buscar a su iglesia. Los dones han sido esta­blecidos principalmente para la edificación y la protección de la iglesia en la tierra, pero cuando la igle­sia este con el Edificador, los dones dejarán de ser necesarios. Pero hoy en día si lo son.
Un joven se enrola en el ejército. Es de esperar que rinda un «fruto» en su vida: valor, resistencia, perseverancia, formalidad, etc. El fruto es de la máxima importancia, y deja una impronta permanente en su carácter. Imaginemos la reacción del joven si fuera enviado al frente de batalla y su superior le dijera:
«Bueno, hijo, cuentas con las cosas más importan­tes; el fruto se ha desarrollado en tu vida, no nece­sitas nada más.» El joven, con toda probabilidad, respondería:
«Señor, todo eso me parece muy bien y muy lindo, pero según rumores, hay un enemigo aquí cerca, y las bajas que traen de vuelta confirman esos rumores. Si no lo toma a mal quisiera que me diera armas (dones) para protegerme; ¡estamos en guerra!» Si le dijeran que han decidido prescindir de las armas, por­que el ejército no las necesita más, ¡sería muy difícil convencerlo!
Efectivamente hay una guerra en marcha; y du­rante todo el tiempo que vivamos en este mundo caído, necesitaremos los dones. Los dones todavía no han pasado; más aun, la Escritura señala que antes que Jesús vuelva a buscar a su iglesia, habrá un avivamiento aun mayor del Espíritu Santo, para combatir el incremento de la obra del enemigo, y como es obvio, los dones estarán incluidos en ese avi­vamiento. (Joel 2:23-24, 28-31; Hageo 2:9.) Y en un día glorioso, cuando la batalla haya concluido con la victoria, los dones dejarán de ser necesarios.
También pasarán la fe y la esperanza, tal cual las conocemos en este mundo. «La esperanza que se ve no es esperanza… pero si esperamos lo que no ve­mos con paciencia lo aguardamos.» (Romanos 8:24­25.) «Es, pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.» (Hebreos 11:1.) Viendo la evidencia de nuestra fe, nos introducirá a una forma de relación de fe distinta a la que ahora conocemos. Cuando veamos a nuestro Señor cara a cara, todas estas cosas pasarán, tal como lo asegura la Escritura. Lo único que tendrá permanencia eterna será el amor -ágape- porque «Dios es amor».
Hemos procurado demostrar que debe haber un equilibrio y una acción recíproca entre los dones y el fruto del Espíritu Santo. Los dones -las campa­nillas de oro- deben tintinear para proclamar al mun­do que nuestro sumo sacerdote vive por siempre ja­más, y sigue firme en su obra redentora, sanando al mundo por medio del ministerio de su pueblo. El fruto tiene que verse, para mostrar a la gente como es Jesús, y como los ama. El mundo tiene que ver el amor de Dios actuando en su pueblo.

Capítulo 15.  Consagración

Capítulo 15. Consagración

 

Ya hemos hablado de dos experiencias cristianas básicas, siendo la más importante la salvación, y en segundo lugar el Bautismo con el Espíritu Santo. Ambas se dan en forma gratuita a quienquiera que las pida y nada puede hacerse para ganarlas.
También puede darse un paso vital, que podríamos denominar consagración. Los dos primeros pasos los ofrece Dios para nuestra aceptación, mientras que en la consagración, nosotros nos damos a Dios:
«Así que, hermanos, os ruego… que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo (consagra­do), agradable a Dios, que es vuestro culto racional.» (Romanos 12:1.)
Pablo esta hablando a los «hermanos», a creyentes que son salvos y sin duda bautizados en el Espíritu Santo. La consagración es algo que nosotros hacemos, pero únicamente Dios nos da la capacidad para ello. Significa someter nuestra propia voluntad a Dios en la más alta medida posible para que su perfecta vo­luntad pueda manifestarse en nosotros y a través de nosotros. Este paso es una respuesta a la oración que dice:
«Venga tú reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (en vasos de barro(2 Corintios 4:7.)” (Mateo 6:10.)
1 Otros términos usados al mismo fin son: entrega, discipulado o dedicación.
Lo que en realidad quiere decir es que debemos permitir a Jesús que sea EL Rey y Señor de nuestras vidas.
«¿Y quién quiere hacer hoy ofrenda voluntaria a Jehová?» pregunto el rey David a su pueblo. (1 Crónicas 29:5.) El pueblo de Israel respondió voluntaria­mente y «de todo corazón»; dieron de sí y dieron sus bienes para la construcción del templo del Señor. A continuación, David elevó una hermosa oración, termi­nando con las conocidas palabras:
«Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tus manos lo damos.» (1 Crónicas 29:14.)
Nosotros y todo lo que tenemos, pertenece a Dios, pero habiéndonos dado libre albedrío, tiene que esperar a que seamos nosotros quienes le retribu­yamos voluntariamente.
Dela manera en que somos salvos cuando por vez primera recibimos a Jesús, y sin embargo nuestra salvación continua día a día; de la manera en que recibimos el Espíritu Santo en un determinado mo­mento, de una vez y para siempre, pero debemos permitirle que nos llene día a día; así también tenemos que efectuar el acto inicial de la consagración, que también tendrá que ser renovado día a día, reuniendo las facetas de nuestra vida que parecieran haberse apartado de él, y juntarlos en el sitio donde deben estar. Muchos hay que han nacido de nuevo y han silo bautizados en el Espíritu Santo, que no se dan cuenta de la necesidad de consagrarse. Y, sin embar­go, la consagración es el único camino para una vida plena y victoriosa en Cristo.
La consagración se produce, entonces, cuando op­tamos caminar con Jesús, día a día; significa poner a Jesús en primer lugar en nuestras vidas y caminar con é1. «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» (Mateo ó:33.) Jesús nos ha prometido estar siempre con nosotros, pero el creyente no consagrado pretende que Jesús le acompañe adonde él quiere ir, en tanto que la persona consagrada sigue a Jesús adonde Jesús quiere ir. Jesús dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día (someta su propia voluntad cada día) y sígame (Lucas 9:23)
Al llegar a este punto alguien puede plantear lo siguiente: «Todo esto suena muy bonito, pero ¿cómo aprender a hacerlo?» El mejor consejo que podemos dar es que debemos descubrir la diferencia que existe entre alma y espíritu. Ya hemos mencionado la im­portancia de comprender que no estamos reducidos a dos partes, -alma y cuerpo- como los anímales, sino que conformamos tres partes: espíritu, alma y cuerpo.
El espíritu (pneuma) es la parte mas recóndita de nuestro ser, que fue creado para tener comunión con Dios. Estaba muerto «en delitos y pecados» y cobró vida al hacernos cristianos, y Dios vino a morar justa­mente allí. Es en nuestro espíritu donde subyace ese conocimiento o testimonio interior de la voluntad de Dios. En la carta a los Colosenses leemos: «Porque en él (Jesús) habita toda la plenitud de la Deidad (Trinidad), y vosotros (los cristianos) estáis comple­tos en él.» (Colosenses 2:9-10.) En el evangelio de Juan, leemos lo que dijo Jesús: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en é1.» (Juan14:16.) ¿Qué más podemos pedir cuando el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo viven en nuestro espíritu? Esta es la parte de nuestro ser denominada «nueva criatura» sitio en el cual nuestro espíritu se ha unido al Espíritu Santo y se han hecho uno solo. (1 Corintios 6:17.) Con frecuencia, esta es la parte más descuida­da de nuestro ser, siendo, como es, la mas impor­tante.
El alma (psiquis) es la parte del hombre que lo ha gobernado siempre, desde la caída. Esta compues­ta de tres partes: el intelecto la voluntad y las emo­ciones. El alma del cristiano ha llegado a un punto en que puede ser puesta en orden; todavía es una mezcla de bien y de mal. Resulta maravilloso cuando el alma se somete a Dios; pero cuando no lo está, puede bloquear lo que Dios quiere hacer en nosotros y a través nuestro. Si bien el «viejo hombre» fue crucificado con Cristo, todavía quedan restos del des­orden que dejó allí desde la época en que dominaba nuestra alma; la tarea de limpieza -en lenguaje bíblico- se llama santificación. ¡Esta esfera es un verdadero campo de batalla! Es el campo del «yo» que Jesús quiere que neguemos.
E1 cuerpo (soma) es el ámbito de los cinco sentidos gusto, tacto, olfato, vista y oído. El cuerpo es la casa donde habitan el alma y el espíritu, y el cuerpo del cristiano pasa a ser el templo del Espíritu Santo. (1 Corintios 6:19) Con el bautismo en el Espíritu Santo el cuerpo se llena hasta rebosar con la gloria de Dios. En tanto nuestros cuerpos -que todavía con­servan tendencias a caer- no controlen nuestras vi­das, antes bien son controlados por el Espíritu Santo y por nuestro estado de «nuevas criaturas», expresaran la hermosura y el gozo del Señor. Dios tiene sus planes con respecto a nuestros cuerpos físicos, y los ejecutará en la medida en que seamos obedientes a la inspiración del Espíritu Santo y de su Palabra, referidas a su templo. Dios quiere que «seas pros­perado… y que tengas salud, así como prospera el alma». (3 Juan1:2.)
Nuestra situación en la vida puede ser comparada a lo que puede ocurrir en un gran trasatlántico. El capitán ha estado gravemente enfermo y durante el prolongado período que duró su enfermedad, no pudo ejercer el comando de la nave. La tripulación, bien entrenada, supo muy bien lo que tenía que hacer y tomó el control. Desgraciadamente, sin conocer ni el destino ni el propósito del viaje, navegan por el Océano sin rumbo fijo. Se suscitan disputas entre ellos, y queda muy poco combustible. Desde el mo­mento en que no conocen el arte de la navegación y por lo tanto como llegar a un puerto, no pueden rea­bastecerse. ¡La situación se ha tornado grave! Mi­lagrosamente, mejora el capitán, pero se da cuenta que le demandara un tiempo ganar nuevamente el control del buque. De vez en cuando la tripulación le presta atención, pero las mayoría de las veces le dicen «Vea, señor, hemos navegado mucho tiempo sin su ayuda, y sabemos hacerlo. Déjenos en paz.»
Nuestro espíritu, unido al Espíritu Santo, es quien debe -presuntuosamente- gobernar nuestra alma, y nuestra alma sometida debe -también presuntuosamente- gobernar nuestro cuerpo. Pero por mucho tiempo, sin embargo, desde el momento en que na­cimos, nuestro espíritu ha estado fuera de acción y nuestra alma y nuestro cuerpo han actuado por su propia cuenta. ¿Qué tiene que hacer el capitán del barco para tomar nuevamente el control? Lo que la tripulación desconoce es que las cosas volverán a la normalidad y todos serán felices, solamente cuan­do el capitán, con sus mapas y su brújula, y su co­nocimiento del mar, logre recuperar el control total de la situación. Ademásel capitán también sabe coómo manipular la radio para pedir ayuda y dar indi­caciones sobre la posición del barco, solicitando com­bustible y otros elementos necesarios. La paz y la felicidad volverán a reinar en el barco en el memento en que el capitán retome el control.
Para el cristiano, inmediatamente después de su bautismo en el Espíritu Santo, la presencia de Dios resulta tan real, que no le demanda ningún esfuerzo colocar a Dios en el primer lugar. Está primero en nuestra mente temprano a la mañana, es el tema favorito en nuestra conversación durante el día. Y es e último en quien pensamos antes de retirarnos a dor­mir. Su espíritu renovado (el capitán) esta por encima de su alma (la tripulación), y el cuerpo (el barco) fun­ciona de acuerdo a las directivas del capitán. Sucede que en algunas personas esta paz y orden duran más que en otras, pero bien pronto el alma comienza a forcejear para recuperar el control que le corresponde. Para que todo se desarrolle en orden, el cristiano tiene que tener una idea bien clara de la diferencia que hay entre su alma y su espíritu. Y esto lo puede saber aplicándose al estudio de las Escrituras.
«La Palabrade Dios es viva y eficaz, y mas cor­tante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las inten­ciones del corazón.» (Hebreos 4:12.)
¿Por qué la Bibliainsiste en la necesidad de esta­blecer una clara división o separación o distinción entre el alma y el espíritu? El alma, como ya lo he­mos dicho, es una mezcla de bien y de mal. La Biblia nunca nos dice que debemos caminar o vivir en el alma, pero sí nos repite una y otra vez  «andad en el Espíritu», «vivid en el Espíritu», «orad en el Espíritu», «cantad en el Espíritu» ¡Nuestras almas podrán ser limpiadas, curadas, restauradas y utilizadas para la gloria de Dios, en la medida en que aprendamos a caminar en el Espíritu, sometiendo nuestras almas al Espíritu de Dios! Las palabras del salmista David nos parecen apropiadas a este respecto:
«Junto a aguas de reposo me pastoreará; confor­tará mi alma.» (Salmo 23:2-3.)
De la misma manera que somos tres partes -espíritu, alma y cuerpo- nuestras almas también están formadas por tres partes: intelecto, voluntad y emociones. Nuestro intelecto con forma una de la áreas mas difíciles de nuestra alma, en el intento de someternos a la obra del Espíritu Santo. Pareciera que es el que más hondo ha caído a causa del pecado original, ya que justamente fue el intelecto el que incursionó en las zonas prohibidas por Dios, y por allí entró el pecado en el mundo. Dijo al tentador: «Sabe Dios que el día que comías de él, serán abier­tos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal» (Génesis 3:5.)
Y desde entonces el hombre ha vivido de acuerdo a los razonamientos de su intelecto. Desde el primer grado de la escuela primaria se nos ha enseñado que el intelecto es la parte más importante en nuestras vidas, pero la educación no constituye la respuesta completa para cambiar el mundo. (La madre de Den­nis solía decir: «¡Si educamos a un diablo, lo más que podremos obtener es un diablo capaz!»). Satanás es un embaucador más hábil que el más hábil de los abogados criminalistas; no nos cabe la menor duda de que podrá engañar nuestro intelecto, si nuestro in­telecto es lo único con que contamos. Nuestra mente ha logrado acumular informaciones buenas y malas, verdaderas y falsas, y aun después de la conversión y del bautismo con el Espíritu Santo, toma tiempo efectivizar un cambio. Sin embargo, el intelecto es algo maravilloso siempre que este sometido a Dios y haya sido renovado por el Espíritu Santo.
«No os conforméis a este siglo, sino transformaos”. Las palabras “transformado” y “transfigurado” provienen del mismo vocablo griego metamorfo, (de donde viene la palabra metamorfosis). “…por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y per­fecta» (Romanos 12:2.).
También dicen las Sagradas Escrituras: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo tam­bién en Cristo Jesús.» (Filipenses 2:5.)
No aceptemos, como nuestra, cualquier idea que surja en nuestra mente. Debemos investigar su ori­gen preguntándonos a nosotros mismos: ¿Vino de Dios? ¿Vino de mi nueva vida en Cristo? ¿Vino del enemigo? Es preciso que de inmediato eliminemos de nuestra vida losdardos de fuego y la dañina imaginación del enemigo. La tentación no constituye un pecado en sí, pero lo es cuando .nos solazamos con la tentación, que en última instancia nos hará caer en la mala acción. La Biblia dice «Refutando argumentos, y toda altivez que se le­vanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cau­tivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.» (2 Corintios 10:5.)
El «conocimiento de Dios” es que el creyente es una nueva criatura, de ahí que sus pensamientos serán sanos y buenos. Todo otro pensamiento que viene del enemigo o de la villa del alma y debe ser resis­tido. El creyente debe oponerse permanentemente a esos pensamientos desviados (se hará mas fácil el esfuerzo con el correr del tiempo) o, de lo contrario, volverá a su vieja manera de ser. Watchman Nee2 el gran líder chino, dice que hay muchos hijos de Dios que tienen corazones nuevos pero cabezas viejas.
La expresión «refutando argumentos» en el pasaje precedente, significa que es necesaria nuestra cooperación y aquí es donde entra en acción nuestra vo­luntad. La voluntad es el núcleo del alma, el lugar donde se hacen las elecciones y se toman las decisio­nes. Es el yo esencial, y ha sido usada para ejercitar la propia voluntad y no la voluntad de Dios. Dios le entregó al hombre una libre voluntad para que libre­mente pudiera decidir amarle, pero el mal uso que de la libre voluntad hizo el hombre, causó la muerte de Jesús. El libre albedrío fue adquirido por la muer­te de Jesús. Dios nunca nos quita el libre albedrío, pero todos los días debemos demostrarle nuestro amor a él, devolviéndole espontáneamente nuestra volun­tad. Esto, en otros términos, es la consagración
Dios no tiene ningún interés en que nosotros le obedezcamos como autómatas, porque en ese caso no tendríamos poder de decisión. Todos aquellos que aceptan que Dios se ha revelado en las Escrituras, y especialmente en Jesucristo, saben perfectamente bien que Dios quiere criaturas que vo­luntariamente desean que el haya dispuesto para ellos. No pierden sus voluntades; conscientemente, activa­mente, gozosamente, acomodan sus voluntades a la de él, porque sienten y conocen su amor, y porque están respondiendo a su amor. Dios nos dio libre albedrío, es decir, la potestad para elegir, para que pudiéramos amarle libremente y obedecerle también libremente. Dios quiere hijos, no robots. El Padre anhela laobediencia de sus hijos, porque los ama y quiere lo mejor para ellos. Los hijos, a su vez, desean obedecer al Padre, porque le aman.
Jesús, cuya voluntad era sin pecado y, por lo tanto, distinta de la nuestra, sirvió de ejemplo cuando nos dijo: «No busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.» (Juan5:30.)
Pudiera darse el caso de tener miedo de someter nuestra voluntad a la de Dios, porque el enemigo nos ha asustado diciéndonos cosas como: «Con toda se­guridad que Dios lo obligará a dejar la familia y lo enviará a un país lejano», o «Dios te obligará a pararte en una esquina de tu pueblo a predicar a los transeúntes.» ¡No le prestemos atención!
Debemos dejar sentado con toda claridad en nues­tra mente, de una vez por todas, que Dios nos ama, y quiere lo mejor para nosotros; solamente andando de acuerdo a sus planes podremos rendir una vida fructífera, ahora y por la eternidad. ¡No debemos permi­tir que nada impida que Dios nos dé lo mejor!
También es la voluntad la que controla esa tercera parte de nuestras almas: nuestras emociones. Las emociones son los «sentimientos» del alma. Algunos cristianos tienen emociones que se parecen mucho a ese conocido juego de los niños llamado Yo-Yo. Hoy sienten que son salvos; mañana dudan y sienten que no son salvos. Hoy sienten que Dios los está guian­do; mañana no están seguros ni siquiera de si Dios sabe que ellos existen.
Como es obvio, nuestras emociones no son de fiar, y si procuramos guiar nuestras vidas según sus dic­tados, terminaremos en una total confusión. Hemos hecho mal uso de nuestras emociones en el pasado: arranques de mal humor, cediendo a la autoconmise­ración, etc. Nuestras vidas no pueden ser dirigidas por nuestros sentimientos; también ellas son una mez­cla del bien y del mal. Debemos manejarnos por el conocimiento interior que nace en nuestros espíritus y en concordancia con la Palabra de Dios. «Los sen­timientos no son hechos.» Por supuesto que esto no quiere decir, de ninguna manera, que la vida cristia­na deba estar desprovista de emociones, sino que Dios, en esta esfera de nuestra vida, también tiene una tarea que realizar con respecto a la sanidad y a la renovación de nuestro ser.
Si todavía no es una realidad en nuestras vidas, debemos dar ese paso de la consagración, que resulta fácil cuando aprendemos a discernir entre lo que es alma y lo que es espíritu. Es algo que exige nues­tro consentimiento y, cuando lo hacemos, se profun­diza, y todas las demás cosas ocupan su lugar en nuestras almas. No es pura casualidad que el capítulo cuarto de Hebreos hable de entrar en el reposo de Dios, justamente antes de explicar la necesidad de establecer una clara distinción entre el alma y el espíritu. El reposo es la consecuencia de vivir en el espíritu y no en el alma, pero muchos cristianos todavía tienen que aprender a reconocer esa diferen­cia. La salvación significa un descanso para el espíritu del hombre. «Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan a la presencia del Señor tiempos de refrigerio.» (He­chos 3:19.) Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» (Mateo 11:28.) El bautismo en el Espíritu Santo sig­nifica un rebosamiento de ese descanso que brinda reposo al alma. Isaías lo expresa de la siguiente ma­nera: «Porque en lenguas de tartamudos, y en extraña lengua hablara a este pueblo, a los cuales el dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el re­frigerio…» (Isaías 28:11-12.) El intelecto entra en reposo cuando se somete a Dios, y el hablar en lenguas constituye uno de los medios más importantes para dejar que el Espíritu Santo renueve y refresque nues­tras mentes y almas. En la medida en que aprenda­mos a negar a nuestras almas el derecho de gober­narnos y caminemos en ese reposo con nuestras almas y espíritus sometidos al Señor, podrá Dios eliminar la «madera, el heno y la hojarasca» y establecer todo aquello que tenga valor permanente en nuestras vidas. (1 Corintios 3:12-13.) Jesús dijo: «Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarles descanso para vues­tras almas.» (Mateo 11:29.)
«Llevad mi yugo sobre vosotros.» Cuando uno de los bueyes (nosotros) es guiado por el otro (Jesús) estando ambos bajo el mismo yugo – los dos están sujetos a servidumbre y deben transportar la carga – el buey guía dirige al otro y soporta el mayor peso del trabajo. Cuando empezamos a acusar el peso de la carga, podemos estar seguros que estamos quitándole al Señor la dirección, y debemos retomar el lugar que nos corresponde, es decir, exactamente a la par de él. El peso de la carga puede compararse a un termómetro espiritual para advertirnos que el alma y no el espíritu esta tomando la iniciativa. La pesadez nos está di­ciendo que nuestras almas no están reposando en Cristo.
Cuidémonos de no volver atrás, a la época en que actuábamos de acuerdo a los dictados de nuestro per­vertido intelecto, de nuestras emociones y de nuestra propia voluntad, y en cambio mantengamos vivo el torrente que empezó en nuestro particular Pentecostés; la mente de Cristo que se manifiesta en nosotros, sus emociones fluyendo a través nuestro, y su vo­luntad cumplida en nosotros.
Esta oración podemos elevarla a nuestro Dios tal cual la transcribimos, o utilizando nuestras propias palabras:
Amado Padre celestial:
Te agradezco por los maravillosos dones de la salvación y el bautismo en el Espíritu Santo. ¡Las pala­bras son inadecuadas para expresar mi gratitud! Re­conozco que estos dones son gratuitos y que me los has dado, no por méritos propios, sino simplemente porque me amas. Ahora quiero darte lo único que tengo para dar… yo mismo. Bien sé que tu voluntad con respecto a mi vida es maravillosa, y te pido que tu perfecta voluntad se cumpla en mí y a través de mi persona, desde hoy en adelante. Ayúdame para que mi voluntad se someta a la tuya y ambas sean una sola voluntad. Pido a tu Hijo, Jesucristo, que venga y ocupe el trono de mi vida para que el reine como Señor.
Sé perfectamente que esto no lo puedo hacer ba­sado en mis propias fuerzas, pero confío en tu poten­cia y en tu diaria dirección para ayudarme. Gracias, Padre, por escuchar mi oración. ¡Alabado sea tu nombre!
Te lo pido en el nombre del Señor Jesús. Amén.
4 Cosas muy importantes:
1.       La Salvación: Juan10:9; Hechos 16:30-31; Romanos 10:9,13; Mateo 9:22; Lucas 7:50; Juan 3:16-17; Lucas 17: 19; 2 Timoteo 1:9; Tito 3:5.
2.       Bautismo en el Espíritu Santo: Hechos 1:5, 8; 2:4; Efesios 5:18; Hechos 19:6; 8:17; 9:17; Hechos 10:45-46; 11:16.
3.       Consagración, entrega total a Cristo, decidir hacer siempre su voluntad:
Juan 5:30; 8:29; Mateo 26:39; Marcos 14:36; Lucas 22:42; Romanos 12:2; Hechos 13:36; Juan7:17; 9:31; Hebreos 10:7; 10:36; 13:21; 1 Pedro 4:2; 1 Juan2:17. Efesios 5:17; Juan 20:21.
  4.    Saber el propósito de Dios para su vida, su llamado personal y enfocarse en él sin           
       desviarse nunca. “Dando fruto con perseverancia”.
Buenas obras. Ya sabemos que las buenas obras no nos dan el rótulo de buenos cristianos, pero la Biblianos dice repetidamente que Dios nos premiara de acuerdo a lo que hayamos hecho. Amar al prójimo como a nosotros mismos significa alimentarlo cuan­do esta hambriento, vestirlo cuando le falte ropa, visitarlo cuando esta enfermo o en la prisión. Y, tal cual lo explicó Jesús, nues­tro prójimo no se reduce a nuestro vecino, sino a cualquier persona necesitada que recurra a nosotros. El apóstol Santiago afirma que es una burla decirle a alguien que tiene hambre y frío: ¡Dios te bendiga! ¡Caliéntate! ¡Aliménta­te!», si no hacemos algo para ayudarlos.
La acción social de cristiano, de lo cual tanto se habla hoy en día, se reduce, en pocas palabras, a la acción del cristiano en el mundo dondequiera se en­cuentre. No se supone que la iglesia, como organi­zación, se transforme en un factor de poder político, pero los cristianos deben interesarse en la política, y traer sus convicciones con ellos. La iglesia, como organización, no debe intervenir directamente en las diferencias entre capital y trabajo, pero los cristianos que sean dirigentes en el campo del capital y del trabajo, deben participar con sus convicciones cuando se plantean las confrontaciones de los dos campos. El comerciante que está en Cristo, tratará a sus empleados como los trataría Cristo, y los em­pleados cristianos rendirán su jornada de trabajo como lo haría Jesús. La base de una verdadera «ac­ción social» es actuar según la premisa establecida en 1 Juan 4:17: «… como él es, así somos nosotros en este mundo.»
En compañía de toda la familia debemos participar colaborando con la obra de Dios sobre bases más amplias aun, ayudando al sostén del campo misione­ro, ayudando en los proyectos de la iglesia local, etc. Por supuesto, debemos contar con el Señor, quien nos dirigirá en todas estas cosas, pero que el «esperar en el Señor» no se convierta en una excusa para no hacer nada. El hacerla constituye una parte vital de nuestra vida y testimonios cristianos.
Cooperando con Dios. La palabra cooperar signifi­ca simplemente «trabajar juntos», y la Escritura nos dice que Dios quiere que seamos colaboradores con él. (1 Corintios 3:9: 2 Corintios 6:1.) Todo esto quiere decir que si bien Dios nos ha creado como seres libres, él está pendiente de nuestra colabora­ción para introducir su amor al mundo.
El Señor Jesús no escribió ningún libro, pero el más importante de todos los libros del mundo es­cribe sobre él; nunca viajó más allá de unos pocos kilómetros de su lugar de nacimiento, y sin embargo trazó un plan para alcanzar los lugares mas remotos del mundo. Después de limpiarlos de sus pecados, lle­nó a sus seguidores con el amor, el gozo y el poder de Dios, y los envió para derramar ese gozo, ese amor y ese poder sobre otros y decirles que ellos también podían ser perdonados y llenados de la gloria y del poder de Dios. En esto consisten las buenas nuevas, el Evangelio, y las personas que lo escuchan y lo aceptan forman parte del pueblo de Dios, la Iglesia.
Es un método notablemente eficaz, pues si una persona recibe hoy a Cristo, y al mismo tiempo recibe un mayor poder para testificar recibiendo el bautismo en el Espíritu Santo, y mañana ayuda a otros dos a recibirlo, asegurándose de que estos también sean bautizados en e1 Espíritu Santo, y a su vez esas dos personas alcanzan a cuatro en el día subsiguiente, y esos cuatro ganen a ocho, y se continúa en esa pro­gresión geométrica, en un mes, es decir en treinta y un días se habrán alcanzado y ganado para el reino de Dios, !mil millones de personas!1
1Esta multiplicación extraordinaria se daría en el caso de que cada cristiano ganara solamente dos personas para Dios durante toda su vida. Como es de imaginar, un cristiano que cuenta con el poder de Dios debería orar pidiendo 1a oportunidad de testifi­car por Cristo todos les días, para que durante su existencia centenares de personas fueran ganadas para Cristo
Este es el principio sobre el cual se basó Jesús para alcanzar al mundo: cada persona contándole a los demás, y ellos, a su vez, a otros, hasta que sean millones los que estén llenos de la gloria de Dios en toda la redondez de la tierra. Este plan de acción ha sido iniciado una y otra vez, y luego ha fracasado, debido a la infidelidad y a lo olvidadizo del ser huma­no, y ala confusión y a las desviaciones provocadas por el enemigo. Pero mayormente el fracaso se ha debido a que el mensaje fue transmitido solo par­cialmente: perdón sin poder. Hoy en día. sin embar­go, nuevamente es proclamado el «Evangelio comple­to», no solamente el hecho esencial de que Dios perdona y ama a su pueblo, sino que al hacerlo les da poder para ganar a otros. El plan de Dios es que millones de hombres y mujeres, y también de niños, en todo el mundo, sean portadores de su mensaje de amor, perdón, sanidad y poder para toda la humani­dad. Estamos viviendo la era del reavivamiento de la iglesia, ¡y es algo tan emocionante! En todo el mundo la gente está descubriendo qué maravilloso es hablar a los demás sobre Jesús y el poder del Espíritu Santo, ¡y sabemos que el plan de Dios no fracasará! Bien pudiera ser este el último avivamiento antes de la venida del Señor. Esperamos y oramos para que este libro ayude a muchos a cooperar con Dios y que, como hijos y colaboradores seamos llenados, hasta rebosar, con su gran gozo.

¿Cómo y que debemos hacer?

¿Cómo y que debemos hacer?
Debemos:
Abrir la puerta del corazón para tener la vida eterna. Apocalipsis 3:20
La vida eterna es una persona Jesucristo. Juan 14:6
Cuando se recibe a Jesús se nace de nuevo (espiritualmente). Juan capítulo 3;
Efesios 1:13 (se recibe el Espíritu Santo)
Cristo está en nosotros y nosotros en Cristo 2 Corintios 5:17; 13:5.
Efesios 2:4-5,8- 9… pero Dios que es rico en misericordia por su gran amor con que nos amó…. nos dio vida juntamente con Cristo, no por obras meritorias…
Debemos Invocar su nombre Romanos 10:13.
Hechos 2:21 lo que dijo el profeta Joel.
Es decirle a Jesús: Sálvame, acuérdate de mi cuando vengas en tu reino, perdóname, decido seguirte, quiero que seas mi Rey y mi Señor. Yo y mi casa serviremos al Señor.
Porque TODO AQUEL (usted también) que invoque el nombre del Señor será salvo. Romanos 10:13.

ORACIÓN: Querido Dios, en este momento te pido perdón por mis pecados y me arrepiento de cada uno de ellos. Quiero vivir de aquí en más para ti. Creo que moriste por mí en la cruz y pagaste allí mi deuda de pecado. Tomo una decisión ahora: Te recibo como mi Salvador, Señor y Rey de mi vida. Recibo tu perdón, tu Espíritu Santo y a ti Jesús en mi corazón.
Muchas gracias por perdonarme y hacerme un hijo tuyo. Amén.

Cuando tomás esta decisión y hacés una oración como esta, entonces sucede que:
Nacés de nuevo (espiritualmente) del Espíritu Santo. Juan 3:3,5,7
Sos una nueva criatura: 2 Corintios 5:17
Sos salvo: Juan 10:9; Hechos 11:14; 16:30-31; Romanos 5:10; 10:13.
Sos perdonado completamente. Colosenses 2:13; 3:13.
Sos un hijo de Dios y su heredero. Romanos 8:17; Tito 3:7
Saliste del reino de las tinieblas y entraste al Reino de Dios. Colosenses 1:13; Hechos 26:18
Tenés vida eterna Juan 5:24; 6:47; Juan 10:27-29; Romanos 6:22-23.
Sos miembro de su familia para siempre: Efesios 2:19.
Tenés el Espíritu Santo: Romanos 8:9.
Sos sellado como propiedad de Dios: Efesios 1:13; 4:30.
No serás condenado: No vendrá a condenación: Juan 3:17; El que en El cree (en Jesús) no es condenado. Marcos 16:16; Juan 3:18. Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Romanos 8:1
Sos justificado (como si nunca hubieras pecado) Romanos 5:1
Eres verdaderamente libre: Romanos 6:14; 17-18,20-23; Juan 8:32-36.
El te perdonó TODOS los pecados: Colosenses 2:13
El te borró todos los pecados para siempre. Hechos 3:19
Cuando mueras vas al cielo directamente. Lucas 16: 22. Lázaro (al morir fue llevado por los ángeles al cielo). El ladrón de la cruz (hoy estarás conmigo en el paraíso) Lucas 23:42-43.
No morirá eternamente: Juan 11:26
No perecerá jamás: Juan 10:27-28
Nadie te quitará de la mano de Jesús: Juan 10:28-29; Juan 12:26.
El es poderoso para guardarte sin caída: Judas 24
Comienza el proceso para hacerte más y más como Jesús: 2 Corintios 3:18
Hebreos 12:10; 1 Corintios 6:10…y esto erais algunos (note el cambio en ellos). 1 Corintios 6:9-11; Seremos semejantes a El: 1 Juan 3:2
Tendremos cuerpos semejantes a El: 1 Corintios 15:51; Filipenses 3:21.
Estaremos con El para siempre en el cielo: Apocalipsis 7:9; 1 Tesalonicenses 4:17.
Y cada cual recibirá su recompensa eterna: Mateo 10:42; 1 Corintios 3:8, 14, Colosenses 3:24.
Dale gracias a Jesús y camina siguiendo sus pasos:
Aprende las bases del cristianismo, (Discipulado, Fundamentos de la vida cristiana)
Pídele a Jesús que te llene con su Espíritu Santo: Efesios 5:18; Hechos 9:17; 1:8; 2:4; 19: 6; 13:52. Ora, lee la Biblia y congrégate en una iglesia Cristiana que sepa estas cosas y pueda alimentar su fe.
Dios te bendiga: Gustavo Isbert
www.elcieloesunlugar.com.ar
Calle 32 Nº 1060 Miramar e/19 y 21.

Un mensaje cristiano:

UN MENSAJE CRISTIANO

Sostén económico de Dios para sus ministros y su pueblo.

1. ¿Cómo se sostenía Jesús económicamente?

Lucas 8: 1-3. Mujeres le servían de sus bienes (a El y a los apóstoles) Juana. Lucas 24:10. (Fue una de las tres que fueron al sepulcro) (Fue fiel hasta el fin).

Elías: Había una viuda que lo sustentó, por orden de Dios. 1 Reyes 17:8-24. Dios lo envió allí porque conocía el corazón de esa mujer y luego la bendijo resucitándole al hijo.

2. 1 Corintios 9:14: Dios ordenó que los que anuncian el Evangelio, que vivan del Evangelio.

3. ¡Es un trabajo! ¡El más importante! y Dios les da el salario a través de su pueblo. (Su pueblo debe saber esto y ponerlo en práctica, para que todos sean bendecidos). 1 Timoteo 5:17; 1 Corintios 9:13-14; 16:16; Hebreos 13:17.

Jesús los envía y no les hace faltar nada. Lucas 9:3; 22:35. ¿Les faltó algo?:NADA. El utiliza a personas para sostener a sus ministros y a su vez bendice abundantemente en su economía a los que ayudan.

4. Si reciben bienes espirituales (Salvación, sanidad, el cielo, la vida eterna, consejos, oraciones, paz, felicidad, trabajo etc.) deben ministrar de los materiales. Romanos 15:27: 1 Corintios 9:11.

5. El obrero es digno de su salario. Lucas 10:7; 1 Corintios 9:7-11, 13-14.

6. Actitud de un siervo de Dios: 2 Corintios 12:15.

7. Deuteronomio 14:27. No desampararás al levita.

8. 1 Timoteo 5:17. Los que TRABAJAN en predicar y enseñar. Reconozcan a los que trabajan (en las cosas espirituales) y os presiden en el señor y os amonestan.

1 Tesalonicenses 5:12.

¿Quién fue soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come de su fruto? 1 Corintios 9: 6-7.

9. Función de los hombres de Dios: Orar y predicar (las principales) Hechos 6:4; 13:2. (Hacen muchas más cosas pero deben enfocarse en lo espiritual) en la obra para lo cual los llamó Dios para poder guiar bien al pueblo de Dios. Y el pueblo de Dios para recibir buen alimento espiritual debe dar (por orden de Dios) lo material para sostener a los ministros de Dios.

10. Dios los llamó a eso y deben obedecer. Hebreos 5:4; 1 Corintios 9:16 ¡Ay de mí sino anunciare el evangelio!

11. Cuando no lo ayudaban económicamente, Pablo se veía obligado a suspender la predicación y trabajaba un poco en algo secular pero en seguida: Hechos 18: 1-5.

12. Dios hace milagros económicos. Los cuervos de Elías. 1 Reyes 17:6. La multiplicación de los panes y peces. Juan 6:9. La multiplicación del aceite de la viuda. 2 Reyes 4:2-6. El Estatero. Mateo 17:27.

Levítico 18:5; 25:21. Yo enviaré mi bendición en el año sexto y habrá fruto por 3 años.

13. Hay quienes reparten y les es añadido más. Proverbios 11:24-25.

14. Dad y se os dará, medida buena… Lucas 6:38. Hechos 20:35 Más bienaventurado es dar que recibir.

15. Mateo 6:33. Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas serán añadidas por Dios.

16. No te olvides nunca que es Dios el que te da el poder para prosperar y hacer riquezas. Deuteronomio 8:18. El mira tu corazón si está en apoyar la obra de Dios o no. La viuda que dio todo. Marcos 12: 42-44.

17. Diezmo. Malaquías 3:10-12; Mateo 22:23. (Sin dejar de hacer aquello)

18. Filipenses 4: 19.Mi Dios pues suplirá todo lo que os falte conforme a sus riquezas en gloria. (Les dijo eso a los Filipenses que eran los que siempre ayudaban y contribuían para sostener a los obreros para que prediquen y sean salvas muchas personas. 2 Corintios 11: 8-9; 8: 1-5.Macedonia o sea Filipos (los filipenses). 1 Crónicas 29:11-17; Filipenses 4: 10-11,14-17;

19. Porque todo es tuyo y de lo recibido de tu mano te damos. 1 Crónicas 29:14.

20. Debemos dar lo mejor Génesis 4:4; Hebreos 11:4. Abel dio lo mejor y por toda la eternidad se hablará de eso. Malaquías 1:7-8,13-14. (Ellos daban lo peor).

21. Ejemplos de personas fieles. Isaac: Génesis 26:13; Ezequías 2 Crónicas 31:21.

22. Dios dijo a Josué: Josué 1:7.

23. Sal 23. El Señor es mi Pastor nada me faltará.

24. Hebreos 13:5-6. No te dejaré ni te desampararé. Sean vuestras costumbres sin avaricia..El Señor es mi ayudador no temeré..

25. No he visto justo desamparado ni su descendencia que mendigue pan.

Salmo 37:25.

26. El que confía en sus riquezas caerá. Proverbios 11:28

27. No pongan la esperanza en las riquezas pues son inciertas, sino en el Dios vivo que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 1 Timoteo 6:17.

28. Salmo 128:2; Cuando comieres el trabajo de tus manos bienaventurado serás y te irá bien. 2 Tesalonicenses 3:12-13. Trabajando sosegadamente…no se cansen de hacer bien.

29.A) Eclesiastés 5:19-20; B) 6:2. Asimismo a todo hombre a quién Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios…Sea usted como en el caso A) teniendo (al ser generoso), sustento, gozo y alegría de parte de Dios.

30. 1 Corintios 16:2; cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según lo que haya prosperado.

Debemos tener esta actitud Salmo 67:1-2 (Pide bendiciones para salvar personas y honrar el nombre de Dios). Proverbios 11: 24-25.

Dios te bendiga

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Nuestra visión:

NUESTRA VISIÓN

Debemos tener un objetivo, un propósito impulsor, una causa, una visión, un objetivo.

Debemos no distraernos del objetivo a cual Dios nos ha llamado. Debemos mantener en el puesto principal a aquello que es lo principal.

La mayor causa por la cual podés invertir tu vida es el Reino de Dios.

El Reino de Dios va a durar por toda la eternidad.

Sabemos que vivimos en: “los postreros días” Hechos 2:16-21.

Leer: Mateo 24:12-14; 31-47; 1 Tesalonicenses 4:15-17; 5:10; Romanos 13:11-12;

Juan 20:21

Y sabemos que un gran compromiso con el Gran Mandamiento y la Gran Comisión nos llevará a engrandecer El Reino de Dios y a vivir para el más alto propósito para el cual se pude dedicar una vida. No hay una manera mejor (y que sea eterna), para emplear nuestra vida.

Mateo 22:37-40 y Marcos 12:29-31

“Jesús les dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.

Juan 13:34-35

Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.

Romanos 12:21; 13:8-10

Lo último que dijo a sus discípulos fue:

Mateo 28: 18-20:

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Lo primero que dijo Jesús fue:

Mateo 4:17,19 Arrepentíos porque el Reino de los cielos se ha acercado. Venid en pos de mí (síganme), y os haré pescadores de hombres.

Marcos 1:14-15, 17.

Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del Reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado arrepentíos y creed en el evangelio.

También dijo antes de ascender al cielo:

Lucas 24: 47, 49; Hechos 1:4-5, 8;

Nos dijo que hablemos sobre el arrepentimiento, el perdón de los pecados, el poder del Espíritu Santo, El reino de Dios: Hechos 1:3; Marcos 1:14-15.

El gran mandamiento y la gran comisión resumen lo que debemos hacer y cual es la principal voluntad de Dios para nosotros.

Al amar a Dios con todo nuestro ser, al prójimo como a nosotros mismos, Salvar las almas, discipularlas, traerlos e insertarlos en la familia de Dios, enseñarles todas las cosas de Dios y a ponerlas en práctica, al enviarlos a su entorno para que sean “sal y luz” y ejercitando los dones que Dios les ha dado, estamos cumpliendo los propósitos principales que Dios quiere que cumplamos.

Cada cristiano debe saber que entró a una gran familia, al Reino de los Cielos, al ejército de Dios, que debemos conquistar almas para Cristo hasta que El regrese y que es un misionero en su entorno.

Mateo 5:13-16; Hechos 6:8; Romanos 15:18-20; 1 Pedro 4:7-11.

Los ministros religiosos deben estar enfocados en esto y en:

Hechos 6:4.

Romanos 14:8; 1 Corintios 15:58; 2 Corintios 4:16, 18.

MI LLAMAMIENTO PERSONAL

Ser para todos.

Ayudar a Pastores o Ministros Religiosos para que sus Iglesias estén llenas.

Pastorearlos a través de la radio o TV y hacer eso con todas las personas de cualquier religión.

Enseñarles a todos a través de Seminarios y el resumen o grabaciones de los libros.

Hacer reuniones caseras, utilizando el manual para reuniones caseras.

Pensar como Apóstol y no como Pastor de una sola Iglesia.

Que la Iglesia a la que pertenezco funcione sola con los Pastores que hemos formado y yo ser el Pastor asesor o principal.

En las Iglesias locales utilizar Las 100 lecciones de Bases del Cristianismo, que figuran en www.elcieloesunlugar.com.ar

Gustavo Isbert

Es el momento de ser fuerte y de tener mucho coraje.

FORTALECEOS EN EL SEÑOR Y EN EL PODER DE SU FUERZA Efesios 6:10; Colosenses 1:11. Es el momento de ser fuerte y de tener mucho coraje. Josué 1:7-9,5; 10:8. Numeros 14:9; Deuteronomio 31:3-8,12-13; 30:20. (leer).

  1. Permanecer en victoria. Saber lo que uno es y su posición en Cristo
  2. Con paciencia, fe y confianza. Hebreos 10:35
  3. Hasta que se termine el tiempo de espera y seamos promovidos hacia nuestro destino (nuestro lugar en la gran cosecha del tiempo final).

Deben permanecer firmes por mí y por mi verdad en tiempos de oscuridad.

Vivirán en tiempos difíciles pero gloriosos, vivirán en mi Reino pero muy cerca de la frontera de las tinieblas para poder ayudar a otros a venir a mi Reino al cual fuisteis llamados y al cual pertenecen. (Jesús)

1 Tesalonicenses 2:12. Nos llamó a su Reino y gloria.

Colosenses 1:13. El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas y trasladado al Reino de su amado Hijo. Esto es una realidad presente.

Hebreos 12:28 habiendo recibido un Reino inconmovible, tengamos gratitud y mediante ella sirvamos a Dios, agradándole con temor y reverencia.

Debemos combatir unánimes por la fe del Evangelio. Filipenses 1:27.

Debemos servir, actuar y confiar en Dios en medio de la oscuridad actual.

Jesús dice: me he demorado solo para que puedan probar su amor por mí, permaneciendo en la verdad a cualquier costo. Los que hagan esto brillarán

eternamente como las estrellas.

Daniel 11:32 El pueblo de Dios se esforzará y actuará.

Daniel 12:3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.

Mateo 5:19b Todo aquel que los haga y los enseñe será llamado grande en el Reino de los cielos.

En el tiempo del fin habrá muchos que enseñarán las cosas de Dios. ¿Serás tu uno de ellos?.¿Quieres ser uno de ellos?.

Debemos enseñar a las personas “todo el consejo de Dios” En la teoría y en la práctica.

Mateo 28:20 Enseñándoles que guarden TODAS las cosas que os he mandado.

Enseñarles: Cosas prácticas (y sencillas)de la vida que le interesan a la gente. (oración como vivir cristianamente, sexo, trabajo, como prosperar, como vivir en bendición). Es decir las bases del cristianismo práctico:

Las 100 lecciones de Bases del Cristianismo www.elcieloesunlugar.com.ar

Los libros del Instituto IDECA (concentrarse en esos libros).

Palabras proféticas para hoy:

Debemos amar a todos y a todo. (Pedir al Señor que nos dé eso)

Ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Mateo 10:16.

Debemos de cuidarnos del pecado que nos asedia y correr (como una maratón) con paciencia la carrera que tenemos por delante, mirando solo a Jesús. Hebreos 12:1

Debemos procurar tener tranquilidad y ocuparnos de nuestros negocios, conduciéndonos honradamente para no tener necesidad de nada. 1 Tes. 4:11-12,

poniendo en primer lugar “los negocios del Padre” y buscando primero el Reino de Dios y hacer lo que a El le agrada, para que todas las cosas nos sean añadidas. Mateo 6:33, y tengamos prosperidad.

Debemos pedir sabiduría para los negocios (en lo económico), para la vida diaria y para decisiones que debamos tomar que sean de acuerdo a la voluntad de Dios. Santiago 1:5.

Debemos tener “el equipo, mínimo vital y móvil” como el soldado que va a la batalla con lo imprescindible (y bueno) (y de poco peso) para nos ser estorbado. Tener “armas” y cosas livianas y prácticas. Cuidarse de cosas “superfluas”.

En lo económico para prosperar debemos:

Dar a Dios lo que es de Dios: Diezmos y ofrendas. Debemos darlos a la Iglesia. Malaquías 3:10.

Debemos ser honestos y un ejemplo de integridad.

1 Samuel 12:3-4; Daniel 6:4; Salmos 15:2; 84:11; Tito 2:7 (leer).

Debemos ser generosos: 1 Timoteo 6:18

Debemos confiar en Dios como nuestra fuente. Hebreos 13:5-6.

No te dejaré ni te desampararé. El señor es mi ayudador; NO TEMERÉ.

Todo es tuyo y de LO RECIBIDO DE TU MANO te damos. 1 Crónicas 29:14.

No pongan la esperanza en las riquezas, que son inciertas SINO EN EL DIOS VIVO, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 1 Timoteo 6:17.

Los siervos de Dios debemos (si así Dios nos muestra) tener “pequeñas” empresas (con destino a ser grandes) de cristianos (honestos) para auto-sostenernos y no vivir debajo de personas que no tienen principios cristianos. Esa empresa debe ser un ejemplo en todo y se puede emplear a no cristianos que sean “convertibles”.

Debemos procurar ser “Sal” y “luz” y funcionar como tales en este mundo oscuro, si es la voluntad de Dios que trabajemos en lugares “no cristianos”.Mateo 5:13-16.

También debemos llevar las buenas noticias del Evangelio según se presente la ocasión.

1 Pedro 3:5.

Leamos las bendiciones a la obediencia y reclamémoslas. Deuteronomio 28.

Y vamos a ver la diferencia entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

Malaquías 3:18

Debemos luchar según la potencia de El (la cuál actúa poderosamente en mí). Colosenses 1:29.

No seremos nosotros sino la gracia de Dios con nosotros. 1 Corintios 15:10.

Debemos dejar que Cristo (Que vive en nosotros) actúe poderosamente en nosotros. Romanos 15:18-20.Leer Daniel 9:1-23; 10:10-12, 16-19; Nehemías 1 y 2; Esdras 1:1-6; 7:6-28; Jonás 3:5:10; Joel 2:11-32.

En este tiempo las personas:

Estarán confundidas, desfallecerán por las expectativas, tendrán temor. Lucas 21:25-26

Serán tiempos peligrosos. 2 Timoteo 3:1ss

El pecado nos rodeará y tentará. Hebreos 12:1

Debemos procurar que ellos se hagan como nosotros y no ceder al pecado.

Jeremías 15:19

Mateo 24:10-14 (leer). Habrá mucha maldad, engaños, muchos se alejarán, otros perseverarán, pero predicaremos y brillaremos y vendrá el fin.

Enseñaremos que guarden TODAS las cosas de Dios. Mateo 28:20

Seremos llenos del Espíritu Santo. Efesios 5:18; Hechos 1:8 (recibiréis poder y me seréis testigos).

Y señales de Dios nos seguirán Marcos 16:17-18.

Debemos hacer el bien y practicar la ayuda mutua. Hebreos 13:16

Hebreos 10:24. Debemos estimularnos al amor y a las buenas obras.

Gálatas 6:10 debemos hacer bien a todos y mayormente a los de la familia de la fe.

Hebreos 10:35. No perder la confianza en Dios.

Caminar en las obras que Dios tenía preparadas para que las hiciéramos, Efesios 2:10. (Es decir caminar en el plan predeterminado por Dios para nosotros). Conociendo su voluntad, Efesios 5:17.

Entender y practicar: Ya no vivo yo sino vive Cristo en mí. Gálatas 2:20.

Debemos ser guiados por el Espíritu Santo aún en las cosas buenas que hagamos. Romanos 8:14; Gálatas 5:25.

El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. Daniel 11:32

Brillaremos, siendo misioneros en nuestro entorno. Mateo 5:16

Recibiremos su Reino y gloria… Hebreos 12:28, porque Dios nos llamó a su Reino y gloria. 1 Tesalonicenses 2:12.

Pelearemos “la buena batalla” y recibiremos el premio por ello. 2 Timoteo 4:7-8.

Trabajamos por cosas eternas. Mateo 6:19-20. Jesús viene pronto, queda poco tiempo, Apocalipsis 22:12. ¡Manos a la obra, con perseverancia y enfocados en la voluntad de Dios! Y ¡venceremos! Apocalipsis 17:14.

Ver www.elcieloesunlugar.com.ar                                   Gustavo Isbert

No más esclavos del pecado:

Mateo cambió: Mateo 9:9-13; 2 Corintios 5:17
Gálatas 6:15 lo que importa es una nueva creación. Juan 3:3,7-8. Nacer de nuevo
Éramos: Efesios 2:3; 5:8;Tito 3:3-7

Eran: Romanos 6:17,20 (esclavos del pecado)

1 Corintios 6:11 (esto erais algunos)
Colosenses 1:21-22
1 Pedro 2:10, 25

El que a mí viene no le echo fuera Juan 6:37
1 Pedro 3:18 el justo (Jesús) murió por los injustos (nosotros) para llevarnos a Dios.

La justicia recibida por la fe es un don (regalo) gratuito, del que nadie puede enorgullecerse, es un regalo de Dios. Romanos 3:22-24, 26-27; 5:6-10; Efesios 2:5,8 y es el comienzo de una nueva vida (la de Cristo en nosotros) fundada en la gracia de Dios. 2 Corintios 5:17.
Las obras no son la causa ni el camino a la salvación sino el fruto de la misma.
Efesios 2:10
La ley es una norma de conducta impuesta al hombre desde afuera, que le da a conocer el pecado, pero no le concede la fuerza interior necesaria para someterse a sus exigencias. Romanos 7:18; 8:7, 21, 24-25; 8:13.
Solo Jesús en nosotros puede cumplirla y los frutos de su presencia fluyen al exterior en cambios de carácter, acciones, gustos diferentes, deseo de santidad etc.
También nos da el poder para cumplir su voluntad y ser como El en este mundo.
Romanos 7:24-25; 1 Juan 4:17,4; 5:18; Romanos 7:4.
Usted ya no vive esclavo del pecado, pero la persona no regenerada vive esclava de sus impulsos pecaminosos. Romanos 8:7; Mateo 15:18-19; Romanos 6:17,22.

Considere el alcance de su libertad:

1. Usted ha sido liberado del castigo del pecado. Juan 3:18 El que cree en El (en Jesús) no es condenado.

2. Usted está siendo liberado del poder del pecado. Romanos 6:18; 1 Juan 4:4; 5:18. Judas 1:24. Y aquel que es poderoso para guardarlos sin caída, y presentarlos sin mancha delante de su gloria con gran alegría…

3. Además usted será libre de la misma presencia del pecado. 1 Juan 3:3 seremos semejantes a El (a Jesús) y le veremos tal como El es. Un día el señor transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso.

4. Filipenses 3:21; 1 Tesalonicenses 4:17; 5:10.

Lista de los versículos citados arriba:

(Mateo 9:9)

Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.

(2 Corintios 5:17)

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

(Gálatas 6:15)

Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación.

(Juan 3:3)

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

(Juan 3:7)

No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

(Juan 3:8)

El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

(Efesios 2:3)

entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

(Efesios 2:5)

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

(Efesios 2:6)

y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

(Efesios 2:7)

para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(Tito 3:3)

Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.

(Tito 3:4)

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,

(Tito 3:5)

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

(Tito 3:6)

el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,

(Tito 3:7)

para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

(Romanos 6:17)

Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;

(Romanos 6:20)

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.

(1 Corintios 6:11)

Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(Colosenses 1:21)

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

(Colosenses 1:22)

en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;

(1 Pedro 2:10)

vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

(1 Pedro 2:25)

Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

(Juan 6:37)

Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.

(1 Pedro 3:18)

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

(Romanos 3:22)

la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

(Romanos 3:23)

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

(Romanos 3:24)

siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

(Romanos 3:26)

con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

(Romanos 3:27)

¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

(Romanos 5:6)

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

(Romanos 5:7)

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

(Romanos 5:8)

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

(Romanos 5:9)

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. (Romanos 5:10)

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

(Efesios 2:5)

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(Efesios 2:10)

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

(Romanos 7:18)

Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

(Romanos 8:7)

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

(Romanos 8:21)

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

(Romanos 8:24)

Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?

(Romanos 8:25)

Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

(Romanos 8:13)

porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

(Romanos 7:24)

¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

(Romanos 7:25)

Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

(1 Juan 4:17)

En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

(1 Juan 4:4)

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.

(1 Juan 5:18)

Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.

(Romanos 7:4)

Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.

(Romanos 8:7)

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

(Mateo 15:18)

Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre.

(Mateo 15:19)

Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.

(Romanos 6:17)

Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;

(Romanos 6:22)

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

(Juan 3:18)

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

(Romanos 6:18)

y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

(1 Juan 4:4)

Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.

(1 Juan 5:18)

Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.

(Judas 1:24)

Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría,

(1 Juan 3:3)

Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.

(Filipenses 3:21)

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

(1 Tesalonicenses 4:17)

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

(1 Tesalonicenses 5:10)

quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

PARA TODOS…

Para todos los que pertenecen al Reino de Dios, para la familia de Dios de la ciudad, para la Iglesia de la ciudad. 1 Pedro 4:7 al 11 inclusive.

Piense que en realidad hay una sola Iglesia en cada ciudad:

Efesios 1:1; Hechos 20:17; 1 Corintios 1:2; Apocalipsis 2:1, 8 etc.

Y prediquemos especialmente sobre estas cosas: Por favor procure leer los versículos citados para su mayor comprensión.


Tener la visión del Reino de Dios:
Juan 3:3,5; Marcos 12:34; Colosenses 1:13; Mateo 6:10.
Arrepentimiento:
Marcos 1:14-15; Hechos 3:19-21.
El Tiempo se ha cumplido:

Romanos 13:11-14; Hechos 2: 16-21 (Lo dicho por Joel), Mateo 24:14.
Oración y ayuno:

Mateo 17:21; Hechos 1:14; 2:4.
Oraciones poderosas y directas pidiendo milagros, visitación de Dios, ser llenos del Espíritu Santo, y evangelizar con poder:

Hechos 4: 29-31.
Cristo en nosotros:

Gálatas 2:20; Romanos 15:18-20; Hechos 9:34.
Crecer en el conocimiento de Dios, de Jesús y de la guía del Espíritu Santo, esto nos llevará a la adoración y a la alabanza:

2 Pedro 3:18
Debemos saber lo que somos, para que estamos y que estamos seguros en Cristo:

1 Pedro 2:9-10; Juan 10:27-29; Sal 23:1; 1 Pedro 2: 25.
Somos sus embajadores:

2 Corintios 5:20
Somos parte de su ejército de conquista:

Marcos 16:15.
Debemos “recoger el botín”:

Lucas 11:22.
Cada cristiano debe ser un misionero en su lugar:
Hechos 8:4; 5:12; 6:8.
Los siervos de Dios deben estar enfocados:

Hechos 6:4; 1 Pedro 5:1-5.
Brille donde está:

Mateo 5:16.
Sea lleno del Espíritu Santo y del poder de Dios:

Efesios 5:18; Hechos 1:8; 2:4; Romanos 15:18-20; Marcos 16:17-20; Mateo 10:8.
Debemos ser llenos del amor de Dios y de los frutos del E. Santo. Debemos pedir los dones del Espíritu Santo y ejercerlos:

Gálatas 5:22; 1 Corintios 14: 1,12.
Evangelismo como prioridad en todo momento y lugar:
Lucas 15:7,10, 20, 24, 32; 2 Timoteo 4:2-5.
Discipular:

2 Timoteo 2:2; Hechos 2:42; Mateo 28:20.
Enviarlos a su entorno y vivir la “vida cristiana normal”:

Hechos 2: 42, 46, 47.
Cada uno debe trabajar en su lugar y con su visión y dones:
1 Pedro 4:10-11.

Enseñar que Jesucristo viene pronto.

Enseñar sobre el Arrebatamiento, la Gran tribulación, la segunda venida de Cristo,
enseñar que el cielo y el infierno son reales, que hay recompensas eternas diferentes, que ahora es el tiempo de actuar, que este es el tiempo del evangelismo mundial antes del arrebatamiento Mateo 24: 14. Marcos 13:10.
Enseñar que somos los vencedores:

Apocalipsis 17:14.
Mientras: disfrute de la amistad con Jesús y trabaje para su gloria:

Juan 15:15; Judas 1:24-25.
Predicador Gustavo Isbert
Dios te bendiga mucho.

La necesidad del arrepentimiento:

EL PUBLICANO: ARREPENTIMIENTO.

(Lucas 18:13) Publicano era un cobrador de impuestos para Roma, era Judío y robaba a sus conciudadanos cobrándoles de más. Pero se arrepintió.

Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.

(Lucas 18:14)

Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro.

Jesús dijo que el publicano arrepentido que fue declarado justo.

No debemos confiar en nuestras buenas obras para salvarnos. Para ser justificados delante de Dios, debemos confesar nuestros pecados y arrepentirnos. Luego debemos depositar nuestra confianza en Jesús como nuestro Salvador y seguirlo a El.

El publicano encontró una nueva vida ese día, el se arrepintió de su pecado y pidió misericordia. Dios lo perdonó y se convirtió en un seguidor de Cristo y en un hijo de Dios.

(Marcos 1:14) Jesús habló de la necesidad del arrepentimiento.

Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

(Marcos 1:15)

diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

(Mateo 3:2)

y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

(Mateo 3:8)

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento,

(Mateo 3:8) NTV

Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios.

(Mateo 4:17)

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.

(Hechos 3:19) Pedro predicaba lo mismo:

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

Debemos arrepentirnos porque TODOS SOMOS PECADORES.

(Romanos 3:23)

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

(Romanos 3:24)

siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

(Romanos 3:23)

Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.

(Romanos 3:24)

Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados.

En esta parábola del publicano Jesús nos muestra lo que puede suceder también con usted.

Cualquier persona puede venir a Dios en oración, como lo hizo el publicano.

Uno puede estar lleno de vergüenza y remordimiento por su pecado que no puede ni alzar los ojos. Pero al arrepentirse y confiar en Cristo ocurre un gran cambio. Dios da su perdón y su misericordia al que se la piden. Un pecador puede cambiar su culpa por la paz de Dios.

Como el publicano ¡una persona puede volver a su casa declarada justo por Dios!

Puede ir a Dios sucio por su pecado pero regresar limpio. Puede venir a Cristo atormentado por el temor a la muerte, pero puede regresar tranquila con la paz y la confianza de la salvación de su alma.

Uno puede venir a Cristo cabizbajo y dolido por sus pecados

¡Pero puede regresar a su caza con la frente alta, justificado ante Dios!

El publicano se arrepintió, hizo más que solo confesar su pecado.

Dio la espalda al pecado y cambió de vida. Estamos seguros de esto porque Jesús dijo que volvió a su casa justificado.

Dios no perdona a los que confiesan su pecado pero continúan viviendo en él. El nos perdona cuando le confesamos nuestro pecado a El y nos arrepentimos de verdad. Es decir cuando dejamos nuestra vida pasada. Este publicano fue perdonado y contado como justo por Dios. Por lo tanto, sabemos que se arrepintió.

(Eclesiastés 7:29)

Sin embargo, sí encontré lo siguiente: Dios creó al ser humano para que sea virtuoso, pero cada uno decidió seguir su propio camino descendente».

(Eclesiastés 7:20)

Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque.

(Romanos 6:23)

Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.

(Romanos 6:22)

Pero ahora quedaron libres del poder del pecado y se han hecho esclavos de Dios. Ahora hacen las cosas que llevan a la santidad y que dan como resultado la vida eterna.

(Eclesiastés 12:7) Este es el deseo de Dios. Dios creó a usted (su espíritu vive en su cuerpo y es eterno) Dios quiere que pase la eternidad con El y no en el infierno sufriendo lejos de su presencia.

y el polvo (su cuerpo) vuelva a la tierra, como era, y el espíritu (el espíritu de usted) vuelva a Dios que lo dio.

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(Efesios 2:9)

no por obras, para que nadie se gloríe.

(Efesios 2:4)

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,

(Efesios 2:5)

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

(Efesios 2:8)

Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios.

(Efesios 2:9)

La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.

Usted puede hacer esta oración de todo corazón:

Señor Jesús en este momento me arrepiento de todos mis pecados, aún de los que no recuerdo, te pido perdón de todo corazón.

Gracias por morir en mi lugar en la cruz y pagar mi deuda de pecado por tu sacrificio en la cruz por todos nosotros.

Tomo la decisión de seguirte y te recibo en mi corazón como mi Salvador y Rey.

Me comprometo también a leer tu palabra, orar a menudo y congregarme con mis hermanos. Gracias por tu perdón y porque ahora soy verdaderamente un hijo tuyo. Amén

Sea como Josué:

Josué:

Josué tenía mucha habilidades y talentos que le ayudaron a ser un buen líder, pero aquellas habilidades solas no lo llevarán a su éxito y victorias. Solo Dios pude llevarlo de triunfo en triunfo y la presencia de Dios con Josué y por ende con su pueblo era tan fuerte y notoria no solo en su pueblo sino en los incrédulos.

 

ES LA PRESENCIA DE DIOS LA QUE MARCÓ LA DIFERENCIA.

Cuando Josué se sometió a la dirección de Dios y a su total obediencia, Dios se gozó en usar su vida para sus objetivos divinos.
Dios muy frecuentemente hablaba con Josué y se aseguraba de que haya entendido su voluntad y que la conociera.
Josué meditaba en las palabras que Dios hablaba hasta entenderlas en su plenitud.
Sabía que su vida y la de su pueblo, dependían de su entendimiento y obediencia a la palabra de Dios y a su plan perfecto.
Josué oraba con regularidad, esperaba en Dios, el sabía lo que Dios había hecho con sus antepasados y sabía de los errores y aciertos que habían cometido ellos.

Sobre todo PROCURÓ CAMINAR CON DIOS MUY DE CERCA, A JOSUÉ NO LE SATISFACÍA PLENAMENTE NADA QUE NO FUERA LA MANIFIESTAPRESENCIA DE DIOS EN SU VIDA.
Y DIOS ENTONCES SE MANIFESTABA EN LA VIDA DE JOSUÉ DE MUCHAS MANERAS.

Las escrituras dan testimonio tremendo de lo que la presencia de Dios hizo en la vida de un hombre que escuchaba a Dios y obedecía a sus mandatos.
(Josué 1:9)
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.
(Mateo 28:20)
…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.
(Marcos 16:20)
Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén.

 

Conclusión

Si usted quiere agradar a Dios y vivir una vida de bendición, Dios constantemente trabajará en usted a medida que lo hará a través de usted.
Dios busca hacer a través de su vida mucho más de lo que usted se pueda imaginar, constantemente lo moldeará y pulirá, lo transformará y le irá cambiando el carácter para que se asemeje al de Cristo.
Cuando más íntimamente camine con Dios, más se asemejará su carácter al de Cristo, su misericordia, paz, amor, comprensión, pasión por los perdidos se irán incorporando a su carácter y aún la sabiduría de Jesús, revelación conocimiento y milagros.
Someterse completamente a la voluntad de Dios es la forma de vivir una vida agradable a Dios irse pareciendo cada día más a El y entonces El lo va a usar en gran manera para su obra y propósitos.

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