Lección 59. Adopción como hijos

a) Escrituras clave
Romanos 8:15-18                                       Gálatas 4:5-7
Romanos 8:23-25                                       Efesios 1:4-5
b) Introducción
En el corazón del discipulado está la idea de pertenencia. Esto es un compromiso para toda la vida, y la vida del discípulo llega a estar íntimamente involucrada con aquel al que está siguiendo. Existe la idea de elección por ambas partes. El maestro escoge a los discípulos (Juan 15:16), y luego nosotros debemos elegir: o responder y seguirle, o no. Jesús nos ha escogido y su elección exige una respuesta por nuestra parte. Podemos aceptar que nos ha escogido y seguirle a El, o podemos rechazar que nos ha escogido y rechazarle a El. Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador nacemos de nuevo (Juan 3:5-6). Esta imagen del nuevo nacimiento es una analogía muy poderosa porque es exactamente lo que pasa en términos espirituales cuando venimos a Cristo en fe. Es un nuevo principio: todos los factores negativos antiguos que nos mantenían en esclavitud son vencidos a través del poder del Espíritu Santo, nuestros pecados son perdonados y somos llevados a una nueva relación con Dios (2 Corintios 5:17).

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 5:1)
Esto es un principio fundamental de salvación. Tiene un significado legal en que estamos situados ante Dios que es juez de un tribunal, y aunque somos hallados culpables por nuestro pecado, somos declarados inocentes por la fe en Jesucristo. La justificación es «Ahora, pues,
ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte», porque el castigo que yo debía fue llevado por Cristo Jesús (Romanos 8:1-2)
Qué es adopción?
La adopción es una idea de familia presentada en términos de amor, con Dios como Padre. Nuestro pecado nos ha separado de nuestro verdadero Padre en el cielo, pero Dios, en su misericordia y gracia, nos ha acogido otra vez en su familia, un lugar que no merecíamos y que no era nuestro según nuestra naturaleza humana (1 Juan 3:1). Esto es el corazón del discipulado, porque nos recuerda que no seguimos por obligación sino por amor. Este sentido de pertenecer a la familia de Dios, y el gran privilegio que tenemos al estar unidos con Cristo Jesús, es la fuerza motivadora en nuestra vida por Cristo. Existe una ley en la experiencia cristiana, pero ya no es la letra de la ley que mata, sino el Espíritu que trae vida y poder.
e) El plan de adopción
Esta idea de adopción revela el corazón de nuestro Padre celestial. Planeó hace mucho adoptarnos en Cristo (Efesios 1:4-5). ¡Ninguno de los que hemos nacido en la familia de Dios lo hemos hecho por casualidad! Dios lo tenía en su corazón antes de la fundación del mundo (Salmo 139:13-16; Efesios 2:10). Si nos pudiéramos agarrar plenamente a esto, nos libraría de tantas ataduras a las que estamos sujetos, nos habilitaría para estar de pie en la libertad que pertenece a los que conocen el poder de sus derechos de nacimiento. Nosotros no tomamos linaje de cualquier descendencia humana. ¡Tomamos nuestro linaje de los propósitos de Dios, en Cristo Jesús, antes de la fundación del mundo! Fuimos escogidos en El. ¡Y es de esta fuente que tomamos todo el poder de nuestra nueva vida en El!
f) El poder de nuestra adopción
Un niño humano adoptado recibe un nuevo nombre. Toma el nombre de sus nuevos padres y también toma todos los privilegios y potencial de su familia nueva. Este también es el caso para nosotros en Cristo (1 Pedro 2:10). En el primer capítulo del evangelio de Juan, éste recalca el hecho de que no somos hijos en la familia de Dios por ningún derecho o poder que tenemos a nivel humano. Nacemos naturalmente fuera de la familia y vida de Dios. «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios» (Juan 1:12-13). La Palabra traducida «potestad» es una palabra griega «exousia» la cual significa «autoridad» o «poder». Es una palabra de autoridad inalienable. Este derecho o potestad ha sido ganado para nosotros por medio de la muerte del Señor Jesús y ha sido dado a cada uno de nosotros por medio de la fe. A través de ello hemos entrado en todos los derechos y herencias de estar en la familia de Dios (Gálatas 4:6). Se describe al Espíritu Santo como «el Espíritu de adopción», su labor es traer a nuestro corazón la certeza o realidad de pertenecer a Dios. Es esta certeza la que opera como un fundamento tan fuerte para nuestra vida cotidiana como cristianos. Tal fuerza y poder proviene de conocer quién somos y a quién pertenecemos.
g) El propósito de nuestra adopción
El propósito que el Padre tiene al adoptarnos como sus hijos es el de «ser santos y sin mancha delante de E (Efesios 1:4). A través de la adopción, no sólo compartimos en la familia, sino también en el carácter de nuestro Padre. Este es el verdadero propósito y llamamiento del discipulado, que lleguemos a ser como El en nuestras acciones actitudes, y que nuestra vida refleje el hecho de que somos hijos de nuestro Padre celestial. En Jesús, Dios ha revelado el anteproyecto para cada hijo que le siga por fe. Es su propósito que lleguemos a ser como Jesús en todo nuestro vivir y en el compromiso de nuestra vida con el Padre (Romanos 8:29). Pedro nos recuerda que esto no es solamente llamamiento de Dios en nuestra vida individual, sino que el propósito de Dios al escogernos es que lleguemos a como un cuerpo de personas que refleje esta misma naturaleza en nuestra vida juntos (1 Pedro 2:9).
h) La promesa de nuestra adopción
Como hijos del Reino hemos sido adoptados en la tremenda promesa de que la salvación no es solamente p ahora, ¡sino para siempre! (Romanos 8:17). Nuestra adopción es eterna. Esta es la motivación de nuestro serví al pensar con mucha ilusión, como lo hizo Pablo, en la corona de justicia que está preparada para nosotros al final de nuestro camino. También es la motivación para nuestra santidad (1 Juan 3:2-3). En Cristo no sólo tenemos nueva vida, sino también una nueva esperanza. No sólo tenemos el derecho de llegar a ser hijos de Dios, s además tenemos el derecho de recibir la herencia como hijos propios de Dios.
i) El principio de nuestra adopción
La esencia de nuestra vida como discípulos es que somos llamados para vivir diariamente el sencillo principio de confianza y franqueza que existe entre un padre y su hijo verdadero. El secreto del poder visto en Jesús era su relación con su Padre. En el Sermón del Monte Jesús introduce a sus seguidores en algunos secretos del Reino de Dios. Les enseña a confiar en su Padre y a vivir una vida para su gloria y honra.
– Glorificar al Padre (Mateo 5:16).
– Imitar al Padre (Mateo 5:44, 45, 48).
– Hablar con el Padre (Mateo 6:7-9).
– Confiar en el Padre (Mateo 6:25-26).
– Agradar al Padre (Mateo 6:17-18).
j) El ejercicio de nuestra adopción
Dios quiere que vivamos en lo bueno de nuestra adopción. Saber una verdad y no vivirla, no hará que la verdad sea real para nosotros. Por el Espíritu Santo nos ha sido dado todo lo necesario para hacer esta verdad efectiva en nuestra experiencia cotidiana (2 Pedro 1:3).
Una última verdad de nuestra adopción es que Dios sí que nos trata como hijos, no como a parientes lejanos. Esto significa que de vez en cuando conoceremos la mano de disciplina del Padre en nuestra vida, corrigiéndonos y recordándonos nuestras responsabilidades como hijos (Hebreos 12:7-11).
k) En resumen
Estamos ahora en la familia de Dios por fe. Compartimos en la vida de Cristo y en la herencia de los Santos. Nos ha sido dada una gran motivación para vivir en santidad y experimentamos el poder transformador del Espíritu Santo en nuestra vida. Porque conocemos a quién pertenecemos podemos comprender la disciplina de nuestro Padre en nuestra vida, y sobre todo, vivimos con una experiencia profunda y afectuosa del amor del Padre en nuestro corazón (Efesios 1:3).
l)Preguntas y puntos de discusión
1. ¿Por qué te escogió Dios el Padre, a ti? Discútelo.
2. ¿Cuál debería ser nuestra reacción en respuesta a Dios al escogernos para ser sus hijos?
3. Si nuestra adopción no es una cosa casual, ¿por qué crees que Dios te ha puesto donde estás, y qué puedes hacer para El allí?
4. Discute las semejanzas y diferencias entre la adopción natural en una familia y la adopción espiritual en la familia de Dios.
5. ¿Conoce Dios por todo lo que estamos pasando en nuestra vida, a dónde vamos y cuál es nuestro propósito en Cristo? ¿Cuál debería ser nuestra respuesta, y podemos confiar en Dios en ello?
6. ¿Cómo podemos estar seguros de que somos los hijos de Dios y por tanto pertenecemos a la familia de Dios?
7. ¿Cuál debería ser la meta principal de nuestro discipulado como hijos de Dios?
8. ¿Qué cosas prácticas podemos hacer para hacer la verdad de nuestra adopción como hijos de Dios efectiva en nuestra vida cotidiana?
m) Resumen y aplicación
1. Adopción es haber recibido el lugar y condición de hijo aun sin pertenecer a la familia por naturaleza.
2. Necesitamos escoger vivir en lo bueno de ser hijo de Dios y escoger seguir a Jesús, el Hijo unigénito, y hacer como hizo El. Es una especie de hermano mayor que nos ha dado el ejemplo perfecto a seguir de cómo ser hijo de Dios.
3. Somos muy privilegiados de ser amados por Dios, tanto que nos escogió para ser sus hijos eternamente y esto debería ser nuestra motivación para amar y servir a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
4. Dios nos conocía antes de la creación del mundo. Sabía que éramos sus escogidos y sabía cuáles serían nuestros propósitos.
5. Dios no sólo nos deja viviendo nuestra vida, sino que El viene y nos ayuda por el Espíritu Santo para vivir lo bueno de la herencia disponible para nosotros como hijos de Dios.

Lección 56. Fe para Salvación

a) Escrituras clave
Juan 3:16
Romanos 10:9-13
Lucas 13:23-25
Romanos 3:21-28                     
b) Introducción
La segunda condición principal para entrar en el Reino de los cielos es la fe salvadora. Para ser salvos y empezar a seguir al Señor Jesucristo como sus discípulos, debemos creer. Debemos creer que somos pecadores y que Jesús derramó su sangre y murió por nuestros pecados. Debemos arrepentirnos de nuestros pecados y pedir a Dios que nos perdone por ello. Luego debemos entregar nuestra vida a Jesús y hacerle nuestro Señor y Salvador (Marcos 1:15; Hechos 20:21; Juan 1:12).
c) ¿Qué es la fe salvadora?
– Es la fe que lleva a la salvación e implica varios aspectos:
– Someter tu vida a Dios (Salmo 37:5). – Creer en Jesús (Juan 3:15).
– Hacerte obediente en el corazón (Romanos 6:17).
– Creer con el corazón (Romanos 10:9-10).
– Creer que la Biblia es la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17).
– Poner tu confianza en Dios (Hebreos 2:13).
– Invitar a Jesús en tu vida (Apocalipsis 3:20).
d) La ilustración del puente




e) Lo que significa nacer de nuevo
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
(2 Corintios 5:17)
Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 5:23)
La Biblia deja muy claro que somos más que sólo cuerpo y alma. El cuerpo es, por supuesto, la parte física de nosotros. Nuestra alma se compone de nuestra mente, nuestra voluntad y nuestras emociones.
«Nuestra emoción expresa cómo nos sentimos, nuestra mente nos dice lo que pensamos y nuestra voluntad comunica lo que queremos».

«Hasta que el hombre nazca del Espíritu, su alma gobernará su vida. Está acostumbrado a valorar situaciones con su mente, y llegar a sus propias conclusiones. Presta considerable atención a sus propias emociones, y a menudo permite que le rijan. Toma sus propias decisiones, basadas en el razonamiento de su mente, o como resultado de los deseos emocionales que tenga, o una combinación de los dos». (Colin Urquhart: En Cristo Jesús).
Entonces antes de nacer de nuevo vivimos como gente de «dos partes» en la esfera de nuestro cuerpo y alma (ser interior). Nuestro espíritu humano está en realidad muerto, es decir, es inactivo e incapaz de afectar nuestras acciones, decisiones y deseos (ver Efesios 2:1-2).
El «nacer de nuevo» significa que recibimos vida en esta área profunda de nuestra personalidad que se ha muerto por el pecado. Cuando somos hechos vivos por el Espíritu de Dios podemos empezar a vivir como gente de «tres partes», es decir, ¡podemos saber lo que realmente significa estar vivos en cuerpo, alma y espíritu! (ver Gálatas 5:16-25; Romanos 8:19; Juan 3:3-8).
Jesús dice que no podemos ver el Reino de Dios hasta que nazcamos de nuevo. Ver el Reino significa experimentar la realidad de Dios, conocer el amor y el perdón de Dios y poder vivir en el Poder de Dios como El vive en nosotros por el Espíritu Santo.
f) fe es un don de Dios
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe: y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.
(Efesios 2:8-9)
No nacemos con la habilidad de poner nuestra fe en Dios. Esta fe es un don del Espíritu Santo, que es el que obra en nuestra vida para que en primer lugar nos volvamos a Dios. Cuando respondemos y escuchamos a Dios, nuestra vida está abierta para recibir este gran don de fe, el cual nos habilita para poner nuestra confianza en Dios y recibir a Jesús como nuestro Señor y Salvador.
g) Certeza de nuestra salvación
No nos debemos apoyar nunca en los sentimientos sino en los hechos:
– Lo que la Palabra de Dios nos dice (Juan 5:24; Hebreos 13:5; Juan 6:37; Romanos 8:38-39; Tito 1:2; Juan 10:28-29).
– El testimonio del Espíritu Santo en nosotros (Romanos 8:14-16; 1 Juan 3:24).
h) La oración del pecador
Haz esta oración o una similar si quieres que tus pecados sean perdonados y quieres convertirte en hijo de Dios discípulo de Jesús.
«Señor Dios, reconozco que soy pecador. Creo que Jesús murió por mi pecado. Tomó el castigo que yo debo  por mi pecado llevándolo en sí mismo en la cruz. Me arrepiento y me vuelvo de mis pecados y pido el perdón de Dios. Entrego mi vida a Jesús y le hago mi Señor y Salvador. Obedeceré sus mandamientos y viviré mi vida para su buen placer. Sé que ahora soy hijo de Dios y mis pecados son perdonados porque han sido limpiad por la sangre de Jesús. Alabado sea Dios. Amén».
Si has hecho esta oración, lee otra vez las Escrituras acerca de la certeza de nuestra salvación y dile a alguien q acabas de convertirte en cristiano. Necesitas confesar con la boca lo que acabas de hacer (Romanos 10:9-10 Necesitamos a otros que nos ayuden a crecer como discípulos nuevos de Jesús. Nadie puede ser una isla para mismo. Recuerda, la salvación es algo gozoso. Acabas de cambiar tu destino para la eternidad (Hechos 16: Hechos 8: 39).
i) Preguntas y puntos de discusión
1. ¿Qué dirías a alguien que te preguntase: «¿Cómo llegar a ser cristiano?» (Usa palabras sencillas para que pueda entender.)
2. ¿Cómo le asegurarías que ahora él es cristiano?
3. ¿Qué sucede en el momento en que aceptas a Jesucristo como tu Señor y Salvador?
4. ¿Por qué es importante creer que la Biblia es la Palabra de Dios, en términos de fe salvadora? 5. ¿Por qué la mayoría de la gente no reconoce que necesita ser salva? (2 Corintios 4:4). 6. Contrasta el resultado de seguir el camino de Dios con seguir el camino del hombre. 7. ¿Es la salvación el fin del camino o el principio?
j) Resumen y aplicación
1. Para ser salvo y ser discípulo de Jesús debes confesar tu pecaminosidad, arrepentirte de ello y pedir a Dios q te perdone por todo lo que hayas hecho que sea pecaminoso. Luego debes entregar tu vida a Jesús y pedir que sea tu Señor y Salvador.
2. Cuando somos salvos recibimos el Espíritu Santo como depósito, garantía de nuestra salvación, y nuestra espíritu llega a tener vida (Efesios 1:13-14).
3. Cuando estamos en Cristo Jesús tenemos a nuestra disposición vida en abundancia (Juan 10:10).

MENSAJE DE SALVACIÓN Iglesia Cristo Rey Calle 9 de Julio 1563 e/30 y 32 Miramar

Hay solo dos lugares para pasar la eternidad ¿En cual quiere estar por los siglos de los siglos?


 (Mateo 25:34) Esto sucederá en el tiempo del fin.
Entonces el Rey (Jesucristo) dirá a los que estén a su derecha: Vengan, ustedes, que son benditos de mi Padre, hereden el Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo.
(Mateo 25:41)
Luego dirá a los que estén a su izquierda: Apártense de mí… al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.
(Mateo 25:46)
E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.
Dios nos ama y quiere que estemos con El para siempre.
(Apocalipsis 21:3)
Oí una fuerte voz que salía del trono y decía: ¡Miren, el hogar de Dios ahora está entre su pueblo! Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo. Dios mismo estará con ellos.
(Apocalipsis 21:4)
Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más.
(Apocalipsis 21:5)
Y el que estaba sentado en el trono dijo: ¡Miren, hago nuevas todas las cosas! Entonces me dijo: Escribe esto, porque lo que te digo es verdadero y digno de confianza.
(Apocalipsis 22:3)
Ya no habrá más maldición sobre ninguna cosa, porque allí estará el trono de Dios y del Cordero, y sus siervos lo adorarán.
(Apocalipsis 22:4)
Verán su rostro y tendrán su nombre escrito en la frente.
(Apocalipsis 22:5)
Allí no existirá la noche —no habrá necesidad de la luz de lámparas ni del sol —porque el Señor Dios brillará sobre ellos. Y ellos reinarán por siempre y para siempre.
Dios ya hizo TODO para que podamos ir al cielo. Nos dice que oremos por los perdidos, que les prediquemos en todo tiempo y lugar etc.
Los creyentes  de los comienzos del cristianismo habían entendido esto y lo ponían en práctica.
(Hechos 5:42)
Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.
(1 Juan 4:9)
Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él.
(1 Juan 4:10)
En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.
 Pero tenemos pecados.
(Romanos 3:23)
Todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.
(Romanos 3:24)
Sin embargo, con una bondad que no merecemos, Dios nos declara justos por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados.
 (Romanos 5:8)
Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores
(Romanos 6:23)
Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.
(Juan 11:25)
Dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
(Juan 11:26)
Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
(Juan 3:16)
Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
(Juan 3:17)
Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.
                          
 Jesús es el único camino al cielo.
(Juan 14:6)  Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede ir al Padre si no es por medio de mí.
(Hechos 4:12)
¡En ningún otro hay salvación! (Solo en Jesús). Porque Dios no ha dado ningún otro nombre bajo el cielo, mediante el cual podamos ser salvos.
Jesucristo es Dios.
(Juan 14:8)
Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
(Juan 14:9)
Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.
Todos saben que Jesús murió en la cruz y resucitó, pero no todos saben que el murió en nuestro lugar  como nuestro sustituto y pagó nuestra deuda (que teníamos por nuestros pecados) con Dios.
 (1 Pedro 2:24)
Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz, para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto. Por sus heridas, fuimos nosotros curados.
Por eso ahora podemos estar bajo la protección de nuestro gran Pastor.
(1 Pedro 2:25)
Antes eran como ovejas que andaban descarriadas. Pero ahora han vuelto a su Pastor, al guardián de sus almas.
Debemos también creer esto:
(1 Pedro 3:18)
Cristo sufrió por nuestros pecados una sola vez y para siempre. (No se necesitan más sacrificios). Él nunca pecó, en cambio, murió por los pecadores (en lugar de todos) para llevarlos a salvo con Dios.
 También debemos arrepentirnos de todos nuestros pecados y volvernos a Dios.
(Hechos 3:19)
Ahora pues, arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios para que sus pecados sean borrados.
(Hechos 3:20)
y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
Debemos recibirle (a Jesús) y decirle que entre El en nosotros y tome el control de nuestras vidas.
(Juan 1:12)
A todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.
(Apocalipsis 3:20)
¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré a ti y cenaremos juntos como amigos.
Debemos tomar una decisión y decírsela a Dios en oración: Usted puede hacer una oración como esta:
Oración: Querido Jesús gracias por morir por mí y pagar mi deuda de pecado con Dios. Me arrepiento de cada uno de mis pecados  y te entrego mi vida.
Te recibo ahora como mi Salvador y mi Rey. Amén
(Romanos 5:1)
Por lo tanto, ya que fuimos declarados justos a los ojos de Dios por medio de la fe, tenemos paz con Dios gracias a lo que Jesucristo nuestro Señor hizo por nosotros.
(Romanos 8:1)
Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús.
(Romanos 6:23)
El pago que da el pecado es la muerte,(por eso Cristo murió en nuestro lugar como nuestro substituto)  pero el don (regalo) de Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor.
(Romanos 6:22)
Pero ahora, libres de la esclavitud del pecado, han entrado al servicio de Dios. Esto sí les es provechoso, pues el resultado es la vida santa y, finalmente, la vida eterna.
Dios además te da el poder para no practicar el pecado.
(1 Juan 3:9)
Los que han nacido en la familia de Dios no se caracterizan por practicar el pecado, porque la vida de Dios está en ellos. Así que no pueden seguir pecando, porque son hijos de Dios.
(1 Juan 5:18)
Sabemos que los hijos de Dios no se caracterizan por practicar el pecado, porque el Hijo de Dios los mantiene protegidos, y el maligno no puede tocarlos.
Cuando se predica sucede que:
(Juan 10:27) (dice Jesús):
Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.
(Juan 10:28)
Y yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano.
(Juan 10:29)
Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar.
La salvación está asegurada. Si tenemos a Cristo (y somos de El), al morir iremos al cielo directamente para estar con El para siempre. Así lo dice Dios.
(1 Juan 5:11)
Y este es el testimonio que Dios ha dado: El nos dió vida eterna, y esa vida está en su Hijo Jesucristo.
(1 Juan 5:12)
El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. (Eterna).
(1 Juan 5:13)
Les he escrito estas cosas a ustedes, que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.
(Romanos 8:31)
¿Qué podemos decir acerca de cosas tan maravillosas como éstas? Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién podrá ponerse en nuestra contra?
(Romanos 8:32)
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con él, todas las cosas?
El tiene todo preparado para nosotros en el cielo.
(Juan 14:2)
En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar.
(Juan 14:3)
Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté. 
(1 Juan 3:2)
Queridos…  ya somos hijos de Dios, pero él todavía no nos ha mostrado lo que seremos cuando Cristo venga. Pero sí sabemos que seremos como El, porque lo veremos tal como él es.             
(Apocalipsis 22:12)
Miren, yo vengo pronto, y traigo la recompensa conmigo para pagarle a cada uno según lo que haya hecho.
                                                
                                        
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Todos necesitan recibir a Jesús para ser salvos e ir al cielo.

(Mateo 1:21)
Y dará a luz un hijo, (la virgen María) y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

(Juan 3:1)
Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
(Juan 3:2)
Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
(Juan 3:3)
Respondió Jesús y le dijo: DE CIERTO, DE CIERTO TE DIGO, QUE EL QUE NO NACIERE DE NUEVO, NO PUEDE VER EL REINO DE DIOS.
(Juan 3:4)
Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
(Juan 3:5)
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu (Santo), no puede entrar en el reino de Dios.
(Juan 3:6)
Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu (Santo), espíritu es.
(Juan 3:7)
No te maravilles de que te dije: OS ES NECESARIO NACER DE NUEVO.
(Juan 3:8)
El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu Santo.
(Juan 3:9)
Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? : (Esto es lo que vamos a explicar).
(Juan 3:10)
Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

(Juan 3:14)
Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre (Jesús) sea levantado, (en la cruz)
(Juan 3:15)
para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
(Juan 3:16)
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
(Juan 3:17)
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

(Juan 3:18)
El que en él cree, no es condenado.

(Juan 3:36)
El que cree en el Hijo tiene vida eterna.

(Juan 1:12)
Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

(Hechos 4:12)
Y en ningún otro hay salvación (Solo en Jesús y a través de El); porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

(Juan 14:6)
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

Jesús ama a todos, le interesa cada persona y quiere que todos estén con El por toda la eternidad.

El recibe a todos los que van a El.

Como les ama con un amor incompresible para los humanos (como a Nicodemo) les habla directamente de su mayor necesidad: Cada persona tiene que nacer espiritualmente del Espíritu Santo, debe tomar una decisión de arrepentirse de todos sus pecados, creer en la obra expiatoria de Jesús a favor de nosotros e invitarlo a entrar en su vida, invocando su nombre, o mediante una oración espontánea y sincera.

Cada persona debe recibir la vida de Dios, un milagro debe suceder en su interior para entrar en el REINO DE DIOS porque hay un Reino que es eterno y más bello de lo que alguien pueda imaginar y Jesús quiere que todos vayan allí para estar con El por toda la eternidad.

Cada persona es lo más importante para El. Si crees que nadie te quiere, ¡es mentira!, Dios te ama con amor eterno.
Dios quiere que todos sean salvos…y sabe que al hombre no le sirve de nada ganar el mundo entero si pierde su alma. Marcos 8:36.

Si solo unas pocas personas hubieran estado en este planeta Jesús hubiera venido a morir por ellos para pagar sus pecados, muriendo en lugar de cada uno, saldando así la deuda de los hombres con Dios.

Una persona puede ser un dirigente religioso como Nicodemo y no salvarse esa era la situación de Nicodemo en ese momento. El era correcto y sincero y aún enseñaba las cosas de Dios, pero no sabía el camino que lleva al cielo.

La religión sola no salva.

Aún ser un maestro de religión no salva.

Pertenecer a una Iglesia no salva.

Los ritos religiosos solos no salvan.

Hay millones de personas bautizadas y que practicaron (mucho o poco) la religión cristiana y no recibieron el Nuevo nacimiento y no fueron al cielo.

La moralidad, ser "correctos", la posición social, económica o haber tenido familiares muy piadosos no te salva. Cada uno tiene que tomar su propia decisión. Seguir a Jesús o no.

Muchas veces el temor, la vergüenza o "el que dirán" impide a las personas acercarse o venir a Cristo.

Muchas personas que sufrieron desilusiones de supuestos cristianos u hombres de Dios también tienen una traba porque relacionan a Dios con ellos, pero Dios les ama de verdad y las personas fallan pero Dios no.

La convicción de pecado abre el camino hacia Cristo para que El los reciba y perdone, por eso debemos predicar el arrepentimiento.

(Hechos 3:19) S. Pedro dijo:
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
(Hechos 3:20)
y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

(Marcos 1:14)
Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,
(Marcos 1:15)
diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

Una persona puede recibir el don (regalo) de la salvación de su alma sin tener todas las respuestas a sus preguntas espirituales.

La salvación no se logra por obras meritorias, o por sabiduría humana sino por la fe en la obra de Cristo a favor nuestro. El en la cruz pagó tu deuda y mi deuda de pecado con Dios.

(1 Pedro 2:24)
Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados.

(1 Pedro 3:18)
Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

(Efesios 2:8)
Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios.
(Efesios 2:9)
No es el resultado de las propias acciones, de modo que nadie puede gloriarse de nada. (Es decir: sentirse orgulloso)

Cada persona independientemente de su situación en la vida debe experimentar el nuevo nacimiento para llegar a ser un hijo de Dios e ir al cielo.

Hay un solo camino y una sola puerta para entrar al cielo: JESUCRISTO.
No hay muchas maneras, ni muchos caminos o puertas.

(Juan 10:9) Jesús dijo:
Yo soy la puerta: el que por mí entre, se salvará. Será como una oveja que entra y sale y encuentra pastos.

(Mateo 7:13)
Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;
(Mateo 7:14)
porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

La muerte de Jesús en la cruz fue necesaria para pagar nuestros pecados y cancelar la deuda que cada uno tenía con Dios. El pagó nuestra deuda de pecado y todo aquel que lo cree y recibe el perdón y la salvación de su alma como un regalo, TIENE VIDA ETERNA.

Cristo ya hizo todo por usted para que usted no se pierda (no se condene) sino que tenga vida eterna.

El murió en lugar suyo, El llevó el castigo por el pecado que nos correspondía a cada uno de nosotros.

(Romanos 3:22)
por medio de la fe en Jesucristo, Dios hace justos a todos los que creen. Pues no hay diferencia:
(Romanos 3:23)
todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios.
(Romanos 3:24)
Pero Dios, en su bondad y gratuitamente, los hace justos, mediante la liberación que realizó Cristo Jesús.

(Romanos 6:23)
El pago que da el pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor.
(Romanos 6:22)
Pero ahora, libres de la esclavitud del pecado, han entrado al servicio de Dios. Esto sí les es provechoso, pues el resultado es la vida santa y, finalmente, la vida eterna.

(Romanos 4:7)
¡Dichosos aquellos a quienes Dios
perdona sus maldades
y pasa por alto sus pecados!

Si uno cree estas buenas noticias (Evangelio), se arrepiente y recibe la salvación de su alma de la manera que Dios la ofrece: Como un regalo, ES SALVO, HA NACIDO DEL ESPIRITU SANTO Y TIENE VIDA ETERNA. Por favor ¡HÁGALO AHORA!

Toda persona fue hecha para vivir por toda la eternidad, muchos vivirán para siempre con Dios pero muchísimos no tendrán en cuenta a Dios y pasarán toda la eternidad en el lugar reservado para el diablo y sus demonios: El infierno. Separado de Dios y de todo placer para siempre.
S.Mateo 25:41; 25:46; S. Juan 14:2-3.

Dios nos afirma que el cielo y el infierno son reales.

Dios demostró que ama a todos al dar a su Hijo Jesús para que muriera en lugar de cada persona para que esta persona (si así lo decide) pueda ir al cielo.

Espiritualmente solo hay dos grupos de personas en la tierra: los que van camino al infierno y pertenecen al reino de las tinieblas y los que van camino al cielo y pertenecen al Reino de Dios.
Es decir los salvos y los no salvos, los que han nacido de nuevo del Espíritu Santo y los que no.
Los redimidos y los no redimidos, los que son de Dios y los que no lo son. Los perdidos y los salvados.

¿En que grupo está usted?

Es simplemente un sincero religioso como era Nicodemo, un ateo o ha nacido de nuevo de Dios.

Si usted recibe a Cristo y su salvación dice la palabra de Dios que es salvo, que ha pasado de muerte a vida. S. Juan 5:24.

¿Quiere hacerlo ahora?

La palabra de Dios dice que TODO AQUEL (y usted también) que invoca el nombre del Señor SERÁ SALVO. Romanos 12:13.

Si así lo desea puede decirle a Dios de esta manera:

Dios mío, gracias por tu amor por mí y por enviar a Jesús a pagar mi culpa de pecado en la cruz.
Ahora tomo la decisión de seguirte y te pido perdón por todos mis pecados. En este momento recibo a Jesucristo en mi vida como mi Salvador y mi Rey, te pido ahora que me des tu Espíritu Santo.
Gracias porque me has escuchado, porque me has perdonado, me has dado tu Espíritu Santo y ahora soy salvo, he nacido de nuevo y tengo vida eterna. Muchas gracias por ser ahora un hijo de Dios.

(Juan 5:24)
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

(Juan 10:27)
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,
(Juan 10:28)
y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Dios le bendiga mucho: Gustavo Isbert

www.elcieloesunlugar.com.ar

(1 Juan 5:11)
Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.
(1 Juan 5:12)
El que tiene al Hijo, tiene la vida (eterna); el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
(1 Juan 5:13)
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna.

La salvación de tu alma. Esto es lo más importante que podés leer en todo el mundo.

LA SALVACIÓN DE TU ALMA

¿Dónde pasarás la eternidad?

(Mateo 25:46)
E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

¿Dónde estarás dentro de cien años?

(Salmos 90:10)
Los días de nuestra edad son setenta años;
Y si en los más robustos son ochenta años,
Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo,
Porque pronto pasan, y volamos.

¿Sos un hijo de Dios?

(Juan 1:12)
Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

(1 Juan 3:2)
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

¿Sos salvo?

(Romanos 10:9)
que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

(Romanos 10:13)
porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

(Romanos 11:14)
por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.

¿Estás entre los que se salvan o entre los que se pierden?

(1 Corintios 1:18)
Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.

¿Naciste de nuevo del Espíritu Santo?

(Juan 3:3)
Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

(Juan 3:5)
Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

(Juan 3:7)
No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.

¿Tenés el Espíritu Santo?

(Romanos 8:9)
Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu (Santo), si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

¿Tenés a Cristo en tu corazón? El es la vida eterna.

(Juan 14:6)
Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

(Gálatas 2:20)
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

(2 Corintios 13:5)
Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?

¿Tenés la vida eterna?

(Juan 3:16)
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

(1 Juan 3:15)
Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

(Juan 5:24)
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

¿Perteneces al Reino de los cielos y estás en él?

(Colosenses 1:13)
el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

¿Al morir estarás en el cielo con Dios o en el infierno, separado de Dios?
¿Irás a la vida eterna o al castigo eterno?

(Mateo 25:46)
E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

¿Sabés que podés tener la certeza de que al morir irás derecho al cielo? Esto es por aceptar a Cristo en tu corazón y como Salvador, Señor y Rey tuyo?

¿Estás en el reino de las tinieblas o en el Reino de la luz, (el Reino de Dios)?

(Hechos 26:18)
para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

¿Tenés tu nombre inscripto en el libro de la vida?

(Filipenses 4:3)
Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.

¿Participarás de la gloria de Dios o de la muerte segunda?

(Apocalipsis 20:6)
Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo…

¿Sabías que si sos de Dios no participarás de la muerte segunda?

(Apocalipsis 20:14)
Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

(Apocalipsis 20:15)
Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

¿Querés ser un hijo de Dios?
¿Sabés que todas tus obras se están escribiendo en libros en el cielo?

(Apocalipsis 20:12)
Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.

¿Sabés que Dios te ama y que ha hecho todo para que estés para siempre con El en el cielo?

(Juan 3:16)
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

(Juan 3:17)
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

(Romanos 5:6)
Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. (Nosotros).

(Romanos 5:7)
Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

(Romanos 5:8)
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

(Romanos 5:9)
Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos del castigo.

(Romanos 5:10)
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. (En nosotros).

(Romanos 8:32)
El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

(1 Juan 4:9)
En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

(1 Juan 4:10)
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

¿Sabés cuáles son las buenas noticias del Evangelio?
Evangelio significa buenas noticias.

(Marcos 16:15)
Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
(Todos deben saber esto y tú también)

Jesús pagó tu culpa en la cruz y llevó tus pecados y tu castigo.

(1 Pedro 2:24)
quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.

¿Qué debes hacer para ser salvo?

1. Arrepentirte de todos tus pecados.

(Hechos 3:19)
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

2. Saber y creer que Jesús murió en tu lugar y pagó tu culpa en la cruz.

(1 Pedro 3:18)
Porque …. Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.

(Hebreos 10:10)
En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

(Hebreos 10:12)
pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,

(Hebreos 10:14)
porque con una sola ofrenda (Ofreciéndose a sí mismo en sacrificio) hizo perfectos para siempre a los santificados (nosotros).

3. Debes aceptar el regalo de tu salvación.

(Romanos 6:23)
Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva (regalo) de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

(Efesios 2:4)
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,

(Efesios 2:5)
aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

(Efesios 2:8)
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; (en la obra expiatoria de Cristo) y esto no de vosotros, (no es algo que se lo pueden ganar) pues es don (regalo) de Dios;

(Efesios 2:9)
no por obras, (meritorias) para que nadie se gloríe (para que nadie pueda sentirse orgulloso).

4. Debes recibir a Cristo en tu corazón, por medio de una sincera oración.

(Juan 1:12)
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

(Apocalipsis 3:20)
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi vos y abre la puerta, ENTRARÉ A Él, y cenaré con él, y él conmigo.

¿Querés ser salvo o seguir perdido?
Si querés ser salvo, por favor orá esta sencilla oración de todo tu corazón:

Querido Jesús: Te pido perdón por todos mis pecados, creo que en la cruz moriste por mí y llevaste el castigo que me correspondía. Muchas gracias. En este momento tomo una decisión, abro mi corazón y te pido que entres en mi vida. Te recibo como mi Salvador, mi Señor y mi Rey. Muchas gracias porque me has perdonado de todos mis pecados y ahora soy verdaderamente un hijo de Dios. Amén.

Dale gracias a Dios por ser ahora su hijo.

(1 Juan 3:1)
Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.

(1 Juan 3:2)
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

Porque sus pecados fueron perdonados.

(Colosenses 2:13)
Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,

(Hechos 3:19)
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

Porque Jesús es ahora su Pastor.

(1 Pedro 2:25)
Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

Porque ahora tiene vida eterna al tener a Cristo.

(1 Juan 5:11)
Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(1 Juan 5:12)
El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

(1 Juan 5:13)
Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna …

Dale gracias a Dios porque has sido declarado Justo.

(Romanos 5:1)
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;

Porque ninguna condenación hay ya para vos.

(Romanos 8:1)
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.

Porque estarás siendo transformado más y más por la acción del Espíritu Santo que ahora habita en tu interior.

(Romanos 8:13)
porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu Santo hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

(1 Corintios 6:11)
Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(Tito 3:3)
Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.

(Tito 3:4)
Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,

(Tito 3:5)
nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

(Tito 3:6)
el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,

(Tito 3:7)
para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.
(Romanos 6:22)
Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Vos ya pertenecés al Reino de Dios, has nacido de nuevo del Espíritu Santo, Dios es tu Padre y sos es su heredero.

(Gálatas 4:7)
Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

(Juan 20:17)
Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

(Romanos 8:16)
El Espíritu (Santo) mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

(Romanos 8:17)
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo.

Ahora estás seguro para siempre porque Jesús y Dios su Padre le cuidan y protegen.

(Juan 10:27)
Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

(Juan 10:28)
y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

(Juan 10:29)
Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Espera con ansias la segunda venida de Nuestro Señor Jesús.

(Juan 14:3)
Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

(1 Tesalonicenses 4:16)
Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

(1 Tesalonicenses 4:17)
Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

(1 Tesalonicenses 5:10)
quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él.

Así estaremos siempre con El.
Y si Dios le lleva al cielo antes disfrutará de la misma presencia de Dios, de su gloria y de todas las cosas maravillosas que ha reservado en el cielo para sus hijos.

(Lucas 16:22)
Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham (al cielo).

(Lucas 23:43)
Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

(Apocalipsis 22:3)
Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán,

(Apocalipsis 22:4)
y verán su rostro (el rostro de Dios) y su nombre estará en sus frentes.

(Apocalipsis 22:5)
No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinarán por los siglos de los siglos.

(1 Corintios 2:9)
Antes bien, como está escrito:
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
Ni han subido en corazón de hombre,
Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Dios le bendiga mucho:
Predicador Gustavo Isbert
www.elcieloesunlugar.com.ar

Lo que nos enseña la palabra de Dios para ser salvos.

(Es decir como ir al cielo con Dios para siempre).

Debes saber que Dios te ama mucho.

(Juan 3:16)
"Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna.

Pero tenemos un gran problema: Nuestro pecado.

(Romanos 3:23)
Todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios.

(Eclesiastés 7:20)
No hay nadie en la tierra tan perfecto que haga siempre el bien y nunca peque.

Debes saber que:

(Romanos 6:23)
El pago que da el pecado es la muerte, pero el don de Dios es vida eterna en unión con Cristo Jesús, nuestro Señor.

Y que:

(1 Juan 1:9)
Si confesamos nuestros pecados, (a Dios) podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad.

Pero Cristo murió en nuestro lugar llevando nuestra culpa y castigo.

(Isaías 53:6)
Todos nosotros nos perdimos
como ovejas,
siguiendo cada uno su propio camino,
pero el Señor cargó sobre él la maldad
de todos nosotros.

(1 Pedro 2:24)
Cristo mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud. Cristo fue herido para que ustedes fueran sanados.

(1 Pedro 3:18)
Porque Cristo mismo sufrió la muerte por nuestros pecados, una vez para siempre. Él era inocente, pero sufrió por los malos, para llevarlos a ustedes a Dios.

Debemos reconocer a Jesús como nuestro Señor, Salvador y Rey y recibirle en nuestro corazón, invocándolo por medio de una oración.

(Romanos 10:9)
Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación.

(Romanos 10:13)
Porque esto es lo que dice: "Todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación."

Debemos también:

(Hechos 3:19)
Por eso, vuélvanse ustedes a Dios y conviértanse, para que él les borre sus pecados

(Juan 1:12)
Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.

(Apocalipsis 3:20)
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Oración:
Le pido que usted haga esta oración de todo corazón:

Querido Dios: Te pido en este momento en el nombre de Jesús, perdón por todos mis pecados, me arrepiento de cada uno de ellos.
Creo que Jesús murió en mi lugar en la cruz, llevando mi culpa.
Tomo ahora estas decisiones: Invoco el nombre de Jesús para ser salvo y le recibo ahora como mi Señor, Salvador y Rey.
Gracias Padre porque me has perdonado y ahora soy un hijo/a tuyo.
Gracias por tu salvación, gracias por darme tu Espíritu Santo y por haber nacido de nuevo. Amén.

(1 Juan 3:5)
Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.

(1 Juan 3:2)
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

Predicador Gustavo Isbert
www.elcieloesunlugar.com.ar
Calle 21 Nº 1563 e/ 30 y 32
Miramar BsAs

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