Seguridad de la salvación (versículos).

SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN

(Mateo 16:26)

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

(Hechos 7:59)

Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.

(Lucas 23:43)

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

(Tito 2:14)

quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

(1 Timoteo 2:6)

el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

(Gálatas 1:4)

el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,

(Juan 3:16)

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

(Juan 3:17)

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

(Hebreos 1:3)

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

(Hebreos 7:27)

que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

(Hebreos 9:14)

¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

(Hebreos 9:26)

De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

(Hebreos 7:25)

por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

(Romanos 10:1)

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.

(Romanos 10:2)

Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.

(Romanos 10:3)

Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;

(Romanos 10:4)

porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

(Romanos 10:1)

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por los israelitas es que alcancen la salvación.

(Romanos 10:2)

En su favor puedo decir que tienen un gran deseo de servir a Dios; solo que ese deseo no está basado en el verdadero conocimiento.

(Romanos 10:3)

Pues no reconocen que es Dios quien hace justos a los hombres, y pretenden ser justos por sí mismos; y así no se han sometido a lo que Dios estableció para hacernos justos.

(Romanos 10:4)

Porque la ley llega a su término con Cristo, y así todos por la fe pueden llegar a ser justos. [1]

(Tito 3:4)

Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad,

(Tito 3:5)

y , sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó[2] lavándonos y regenerándonos, [3] y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo. [4]

(Tito 3:6)

Pues por medio de Jesucristo nuestro Salvador nos dio en abundancia el Espíritu Santo,

(Tito 3:7)

para que, después de hacernos justos[5] por su bondad, tengamos la esperanza de recibir en herencia la vida eterna.

(Tito 3:8)

Esto es muy cierto, y quiero que insistas mucho en ello, para que los que creen en Dios se ocupen en hacer el bien. Estas cosas son buenas y útiles para todos.

(Tito 3:4)

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,

(Tito 3:5)

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

(Tito 3:6)

el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,

(Tito 3:7)

para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

(Tito 3:8)

Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.

(Romanos 7:20)

Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

(Romanos 7:21)

Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

(Romanos 7:22)

Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

(Romanos 7:23)

pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

(Romanos 7:20)

Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer, y a no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí.

(Romanos 7:21)

Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance.

(Romanos 7:22)

En mi interior me gusta la ley de Dios,

(Romanos 7:23)

pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso.

(1 Juan 3:9)

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

(1 Juan 3:9)

Ninguno que sea hijo de Dios practica el pecado, porque tiene en sí mismo el germen de la vida de Dios; y no puede seguir pecando porque es hijo de Dios.

(Hechos 10:1)

Había en la ciudad de Cesarea un hombre que se llamaba Cornelio, capitán del batallón llamado el Italiano.

(Hechos 10:2)

Era un hombre piadoso que, junto con toda su familia, adoraba a Dios. También daba mucho dinero para ayudar a los judíos, y oraba siempre a Dios. [1]

(Juan 7:17)

Si alguien está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, podrá reconocer si mi enseñanza viene de Dios o si hablo por mi propia cuenta.

(Juan 7:17)

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.

(Juan 5:24)

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

(Juan 5:25)

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

(Juan 5:26)

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

(Romanos 6:22)

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

(1 Juan 2:25)

Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.

(1 Juan 3:15)

Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

(1 Juan 3:15)

Todo el que odia a su hermano es un asesino, [8] y ustedes saben que ningún asesino puede tener vida eterna en sí mismo.

(1 Juan 5:11)

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

(1 Juan 5:13)

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

(1 Juan 5:11)

Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. [4]

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(Romanos 3:19)

Sabemos que todo lo que dice el libro de la ley, lo dice a quienes están sometidos a ella, para que todos callen y el mundo entero caiga bajo el juicio de Dios;

(Romanos 3:20)

porque nadie podrá decir que ha cumplido la ley y que Dios debe reconocerlo como justo, [10]

y a que la ley solamente sirve para hacernos saber que somos pecadores.

(Romanos 3:21)

Pero ahora, sin la ley, Dios ha mostrado de qué manera nos hace justos, y esto lo confirman la misma ley y los profetas:

(Romanos 3:22)

por medio de la fe en Jesucristo, Dios hace justos a todos los que creen. Pues no hay diferencia:

(Romanos 3:23)

todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios. [11]

(Romanos 3:24)

Pero Dios, en su bondad y gratuitamente, los hace justos, [12] mediante la liberación[13] que realizó Cristo Jesús.

(Romanos 3:25)

Dios hizo que Cristo, al derramar su sangre, fuera el instrumento del perdón. [14] Este perdón se alcanza por la fe. Así quería Dios mostrar cómo nos hace justos: perdonando los pecados que habíamos cometido antes,

(Romanos 3:26)

porque él es paciente. Él quería mostrar en el tiempo presente cómo nos hace justos; pues así como él es justo, hace justos a los que creen en Jesús.

(Romanos 3:27)

¿Dónde, pues, queda el orgullo del hombre ante Dios? ¡Queda eliminado! ¿Por qué razón? No por haber cumplido la ley, sino por haber creído.

(Romanos 3:28)

Así llegamos a esta conclusión: que Dios hace justo al hombre por la fe, independientemente del cumplimiento de la ley.

(Romanos 3:19)

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;

(Romanos 3:20)

ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

(Romanos 3:21)

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;

(Romanos 3:22)

la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

(Romanos 3:23)

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

(Romanos 3:24)

siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

(Romanos 3:25)

a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,

(Romanos 3:26)

con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

(Romanos 3:27)

¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

(Romanos 3:28)

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

(Romanos 10:1)

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por los israelitas es que alcancen la salvación.

(Romanos 10:2)

En su favor puedo decir que tienen un gran deseo de servir a Dios; solo que ese deseo no está basado en el verdadero conocimiento.

(Romanos 10:3)

Pues no reconocen que es Dios quien hace justos a los hombres, y pretenden ser justos por sí mismos; y así no se han sometido a lo que Dios estableció para hacernos justos.

(Romanos 10:4)

Porque la ley llega a su término con Cristo, y así todos por la fe pueden llegar a ser justos. [1]

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(Efesios 2:9)

no por obras, para que nadie se gloríe.

(Efesios 2:8)

Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios.

(Efesios 2:9)

No es el resultado de las propias acciones, de modo que nadie puede gloriarse de nada;

(Hechos 13:38)

Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados,

(Hechos 13:39)

y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.

(Gálatas 2:16)

sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

(Gálatas 2:16)

Sin embargo, sabemos que nadie es reconocido como justo por cumplir la ley sino gracias a la fe en Jesucristo. Por esto, también nosotros hemos creído en Jesucristo, para que Dios nos reconozca como justos, gracias a esa fe y no por cumplir la ley. Porque nadie será reconocido como justo[3] por cumplir la ley. [4]

(Gálatas 3:24)

La ley era para nosotros como el esclavo que vigila a los niños, hasta que viniera Cristo, para que por la fe obtuviéramos la justicia.

(Gálatas 3:25)

Pero ahora que ha llegado la fe, y a no estamos a cargo de ese esclavo que era la ley,

(Gálatas 3:26)

pues por la fe en Cristo Jesús todos ustedes son hijos de Dios,

(Gálatas 4:4)

Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés,

(Gálatas 4:5)

para rescatarnos a los que estábamos bajo esa ley y concedernos gozar de los derechos de hijos de Dios.

(Gálatas 4:6)

y porque y a somos sus hijos, Dios mandó el Espíritu de su hijo a nuestros corazones; y el Espíritu clama: "¡Abbá!¡Padre!"[2]

(Gálatas 4:4)

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,

(Gálatas 4:5)

para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

(Gálatas 4:6)

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!

(Juan 10:10)

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

(Juan 14:6)

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

(2 Pedro 1:4)

por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

(Juan 11:25)

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

(Juan 5:26)

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

(1 Juan 1:2)

(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);

(1 Juan 5:20)

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(Romanos 5:10)

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

(Romanos 5:10)

Porque si Dios, cuando todavía éramos sus enemigos, nos reconcilió consigo mismo mediante la muerte de su Hijo, con mayor razón seremos salvados por su vida, ahora que y a estamos reconciliados con él.

(1 Corintios 15:45)

Así dice la Escritura: "El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente";[16] pero el último Adán se convirtió en espíritu que da vida.

(Gálatas 2:20)

y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí.

(2 Corintios 5:1)

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

(2 Corintios 5:4)

Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

(Hebreos 7:25)

por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

(Colosenses 1:27)

a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,

(2 Corintios 13:5)

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?

(2 Corintios 13:5)

Examínense ustedes mismos, para ver si están firmes en la fe; pónganse a prueba. ¿No se dan cuenta de que Jesucristo está en ustedes? ¡A menos que hayan fracasado en la prueba!

(1 Corintios 3:16)

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

(1 Corintios 6:19)

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

(1 Juan 3:1)

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.

(1 Juan 3:2)

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

(1 Juan 5:11)

Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. [4]

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(Juan 1:12)

Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.

(Apocalipsis 3:20)

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

(1 Juan 5:19)

Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

(2 Corintios 5:17)

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

(1 Corintios 6:11)

Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(Efesios 2:8)

Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios.

(Romanos 11:14)

por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.

(1 Corintios 10:33)

como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.

(2 Timoteo 1:9)

quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,

(1 Corintios 15:2)

por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

(Efesios 2:5)

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(1 Corintios 9:19)

Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos, a fin de ganar para Cristo el mayor número posible de personas.

(Tito 3:5)

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

(Tito 3:5)

y , sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó[2] lavándonos y regenerándonos, [3] y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo. [4]

(1 Corintios 12:13)

y de la misma manera, todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, fuimos bautizados para formar un solo cuerpo por medio de un solo Espíritu; y a todos se nos dio a beber de ese mismo Espíritu.

(1 Corintios 12:13)

Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(2 Corintios 5:19)

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

(Juan 1:29)

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

(Romanos 5:6)

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

(1 Pedro 3:18)

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

(Lucas 19:10)

Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

(Marcos 15:12)

Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?

(Hechos 3:19)

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

(Hechos 3:19)

Por eso, vuélvanse ustedes a Dios y conviértanse, para que él les borre sus pecados

(Hechos 10:42)

y él nos envió a anunciarle al pueblo que Dios lo ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos.

(Isaías 43:25)

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

(Isaías 53:5)

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

(Isaías 53:6)

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

(Isaías 53:8)

Se lo llevaron injustamente,

y no hubo quien lo defendiera;

nadie se preocupó de su destino.

Lo arrancaron de esta tierra,

le dieron muerte por los pecados

de mi pueblo.

(Isaías 53:9)

Lo enterraron al lado de hombres

malvados,

lo sepultaron con gente perversa,

aunque nunca cometió ningún crimen

ni hubo engaño en su boca.

(Isaías 53:10)

El Señor quiso oprimirlo

con el sufrimiento.

y puesto que él se entregó en sacrificio

por el pecado,

tendrá larga vida

y llegará a ver a sus descendientes;

por medio de él tendrán éxito

los planes del Señor.

(Isaías 53:11)

Después de tanta aflicción verá la luz,

y quedará satisfecho al saberlo;

el justo siervo del Señor liberará

a muchos,

pues cargará con la maldad de ellos.

(Isaías 53:12)

Por eso Dios le dará un lugar

entre los grandes,

y con los poderosos participará

del triunfo,

porque se entregó a la muerte

y fue contado entre los malvados,

cuando en realidad cargó

con los pecados de muchos

e intercedió por los pecadores.

(Hechos 22:16)

y ahora, no esperes más. Levántate, bautízate y lávate de tus pecados, invocando el nombre del Señor. ‘[2]

(Romanos 10:9)

Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación.

(Romanos 10:12)

No hay diferencia entre los judíos y los no judíos; pues el mismo Señor es Señor de todos, y da con abundancia a todos los que lo invocan.

(Romanos 10:13)

Porque esto es lo que dice: "Todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación."[5]

(Romanos 10:14)

Pero ¿cómo van a invocarlo, si no han creído en él? ¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír, si no hay quien les anuncie el mensaje?

(Romanos 10:15)

¿Y cómo van a anunciar el mensaje, si no son enviados? Como dice la Escritura: "¡Qué hermosa es la llegada de los que traen buenas noticias!"[6]

(Romanos 10:16)

Pero no todos han aceptado el evangelio. Es como dice Isaías: "Señor, ¿quién ha creído al oír nuestro mensaje?"[7]

(Romanos 10:17)

Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo.

(Hechos 2:21)

Pero todos los que invoquen

el nombre del Señor,

alcanzarán la salvación. ‘[3]

La salvación de tu alma.

SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN

(Mateo 16:26)

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?

No podemos dar nada para comprar nuestra salvación excepto lo que Cristo hizo por nosotros.

Esto es lo que sucede cuando una persona de Dios muere:

(Hechos 7:59)

Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.

(Lucas 23:43)

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Jesús se dio a si mismo al morir por nosotros en la cruz:

(Tito 2:14)

quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

(1 Timoteo 2:6)

el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.

(Gálatas 1:4)

el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,

(Juan 3:16)

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, (usted puede ser uno de ellos) no se pierda, mas tenga vida eterna.

(Juan 3:17)

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Jesús ya hizo todo para salvarnos:

(Hebreos 1:3)

el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,

(Hebreos 7:27)

que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

(Hebreos 9:14)

¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

(Hebreos 9:26)

De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.

(Hebreos 7:25)

por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

(Romanos 10:1)

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.

(Romanos 10:2)

Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia.

(Romanos 10:3)

Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios;

(Romanos 10:4)

porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

(Romanos 10:1)

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por los israelitas es que alcancen la salvación.

Esto hacen muchas religiones hoy:

(Romanos 10:2)

En su favor puedo decir que tienen un gran deseo de servir a Dios; solo que ese deseo no está basado en el verdadero conocimiento.

(Romanos 10:3)

Pues no reconocen que es Dios quien hace justos a los hombres, y pretenden ser justos por sí mismos; y así no se han sometido a lo que Dios estableció para hacernos justos.

(Romanos 10:4)

Porque la ley llega a su término con Cristo, y así todos por la fe pueden llegar a ser justos. [1]

(Tito 3:4)

Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad,

(Tito 3:5)

y , sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó[2] lavándonos y regenerándonos, [3] y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo. [4]

(Tito 3:6)

Pues por medio de Jesucristo nuestro Salvador nos dio en abundancia el Espíritu Santo,

(Tito 3:7)

para que, después de hacernos justos[5] por su bondad, tengamos la esperanza de recibir en herencia la vida eterna.

(Tito 3:8)

Esto es muy cierto, y quiero que insistas mucho en ello, para que los que creen en Dios se ocupen en hacer el bien. Estas cosas son buenas y útiles para todos.

(Tito 3:4)

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,

(Tito 3:5)

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

(Tito 3:6)

el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,

(Tito 3:7)

para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

(Tito 3:8)

Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres.

A muchos les pasa esto, porque no tienen la vida de Jesucristo en ellos y no tienen el Espíritu Santo que les dé poder para vencer la tendencia a pecar.

(Romanos 7:20)

Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

(Romanos 7:21)

Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

(Romanos 7:22)

Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

(Romanos 7:23)

pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

(Romanos 7:20)

Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer, y a no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí.

(Romanos 7:21)

Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance.

(Romanos 7:22)

En mi interior me gusta la ley de Dios,

(Romanos 7:23)

pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso.

(1 Juan 3:9)

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.

(1 Juan 3:9)

Ninguno que sea hijo de Dios practica el pecado, porque tiene en sí mismo el germen de la vida de Dios; y no puede seguir pecando porque es hijo de Dios.

Aquel que busca encuentra:

(Hechos 10:1)

Había en la ciudad de Cesarea un hombre que se llamaba Cornelio, capitán del batallón llamado el Italiano.

(Hechos 10:2)

Era un hombre piadoso que, junto con toda su familia, adoraba a Dios. También daba mucho dinero para ayudar a los judíos, y oraba siempre a Dios. [1]

El que quiere saber y es sincero se da cuenta de la verdad:

(Juan 7:17)

Si alguien está dispuesto a hacer la voluntad de Dios, podrá reconocer si mi enseñanza viene de Dios o si hablo por mi propia cuenta.

(Juan 7:17)

El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.

(Juan 5:24)

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.

(Juan 5:25)

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.

(Juan 5:26)

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

(Romanos 6:22)

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

(1 Juan 2:25)

Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna.

(1 Juan 3:15)

Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.

(1 Juan 3:15)

Todo el que odia a su hermano es un asesino, [8] y ustedes saben que ningún asesino puede tener vida eterna en sí mismo.

(1 Juan 5:11)

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.

(1 Juan 5:13)

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.

(1 Juan 5:11)

Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. [4]

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(Romanos 3:19)

Sabemos que todo lo que dice el libro de la ley, lo dice a quienes están sometidos a ella, para que todos callen y el mundo entero caiga bajo el juicio de Dios;

La ley (es la suma de los mandamientos de Dios) y nadie sin Cristo los puede cumplir.

(Romanos 3:20)

porque nadie podrá decir que ha cumplido la ley y que Dios debe reconocerlo como justo, [10]

y a que la ley solamente sirve para hacernos saber que somos pecadores.

(Romanos 3:21)

Pero ahora, sin la ley, Dios ha mostrado de qué manera nos hace justos, y esto lo confirman la misma ley y los profetas:

(Romanos 3:22)

por medio de la fe en Jesucristo, Dios hace justos a todos los que creen. Pues no hay diferencia:

(Romanos 3:23)

todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios. [11]

(Romanos 3:24)

Pero Dios, en su bondad y gratuitamente, los hace justos, [12] mediante la liberación[13] que realizó Cristo Jesús.

(Romanos 3:25)

Dios hizo que Cristo, al derramar su sangre, fuera el instrumento del perdón. [14] Este perdón se alcanza por la fe. Así quería Dios mostrar cómo nos hace justos: perdonando los pecados que habíamos cometido antes,

(Romanos 3:26)

porque él es paciente. Él quería mostrar en el tiempo presente cómo nos hace justos; pues así como él es justo, hace justos a los que creen en Jesús.

(Romanos 3:27)

¿Dónde, pues, queda el orgullo del hombre ante Dios? ¡Queda eliminado! ¿Por qué razón? No por haber cumplido la ley, sino por haber creído.

(Romanos 3:28)

Así llegamos a esta conclusión: que Dios hace justo al hombre por la fe, independientemente del cumplimiento de la ley.

(Romanos 3:19)

Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;

(Romanos 3:20)

ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.

(Romanos 3:21)

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;

(Romanos 3:22)

la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

(Romanos 3:23)

por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,

(Romanos 3:24)

siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

(Romanos 3:25)

a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,

(Romanos 3:26)

con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

(Romanos 3:27)

¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.

(Romanos 3:28)

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

(Romanos 10:1)

Hermanos, el deseo de mi corazón y mi oración a Dios por los israelitas es que alcancen la salvación.

(Romanos 10:2)

En su favor puedo decir que tienen un gran deseo de servir a Dios; solo que ese deseo no está basado en el verdadero conocimiento.

(Romanos 10:3)

Pues no reconocen que es Dios quien hace justos a los hombres, y pretenden ser justos por sí mismos; y así no se han sometido a lo que Dios estableció para hacernos justos.

(Romanos 10:4)

Porque la ley llega a su término con Cristo, y así todos por la fe pueden llegar a ser justos. [1]

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(Efesios 2:9)

no por obras, para que nadie se gloríe.

(Efesios 2:8)

Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios.

(Efesios 2:9)

No es el resultado de las propias acciones, de modo que nadie puede gloriarse de nada;

(Hechos 13:38)

Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados,

(Hechos 13:39)

y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.

(Gálatas 2:16)

sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

(Gálatas 2:16)

Sin embargo, sabemos que nadie es reconocido como justo por cumplir la ley sino gracias a la fe en Jesucristo. Por esto, también nosotros hemos creído en Jesucristo, para que Dios nos reconozca como justos, gracias a esa fe y no por cumplir la ley. Porque nadie será reconocido como justo[3] por cumplir la ley. [4]

(Gálatas 3:24)

La ley era para nosotros como el esclavo que vigila a los niños, hasta que viniera Cristo, para que por la fe obtuviéramos la justicia.

(Gálatas 3:25)

Pero ahora que ha llegado la fe, y a no estamos a cargo de ese esclavo que era la ley,

(Gálatas 3:26)

pues por la fe en Cristo Jesús todos ustedes son hijos de Dios,

(Gálatas 4:4)

Pero cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés,

(Gálatas 4:5)

para rescatarnos a los que estábamos bajo esa ley y concedernos gozar de los derechos de hijos de Dios.

(Gálatas 4:6)

y porque y a somos sus hijos, Dios mandó el Espíritu de su hijo a nuestros corazones; y el Espíritu clama: "¡Abbá!¡Padre!"[2]

(Gálatas 4:4)

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,

(Gálatas 4:5)

para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.

(Gálatas 4:6)

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!

(Juan 10:10)

El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.

(Juan 14:6)

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

(2 Pedro 1:4)

por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

(Juan 11:25)

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

(Juan 5:26)

Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;

(1 Juan 1:2)

(porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); (se refiere a Jesús).

(1 Juan 5:20)

Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.

(Romanos 5:10)

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.(La vida de Jesús).

(Romanos 5:10)

Porque si Dios, cuando todavía éramos sus enemigos, nos reconcilió consigo mismo mediante la muerte de su Hijo, con mayor razón seremos salvados por su vida, ahora que y a estamos reconciliados con él.

(1 Corintios 15:45)

Así dice la Escritura: "El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente";[16] pero el último Adán se convirtió en espíritu que da vida.

(Gálatas 2:20)

y ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en el cuerpo, la vivo por mi fe en el hijo de Dios, que me amó y se entregó a la muerte por mí.

(2 Corintios 5:1)

Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, (donde reside la presencia de Dios) se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos.

(2 Corintios 5:4)

Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida.

(Hebreos 7:25)

por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

(Colosenses 1:27)

a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,

(2 Corintios 13:5)

Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?

(2 Corintios 13:5)

Examínense ustedes mismos, para ver si están firmes en la fe; pónganse a prueba. ¿No se dan cuenta de que Jesucristo está en ustedes? ¡A menos que hayan fracasado en la prueba!

(1 Corintios 3:16)

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

(1 Corintios 6:19)

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

(1 Juan 3:1)

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios;

(1 Juan 3:2)

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.

(1 Juan 5:11)

Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. [4]

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(Juan 1:12)

Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.

(Apocalipsis 3:20)

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

(1 Juan 5:19)

Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.

(2 Corintios 5:17)

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

(1 Corintios 6:11)

Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

(Efesios 2:8)

Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don de Dios.

(Romanos 11:14)

por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos.

(1 Corintios 10:33)

como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.

(2 Timoteo 1:9)

quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos,

(1 Corintios 15:2)

por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.

(Efesios 2:5)

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

(Efesios 2:8)

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

(1 Corintios 9:19)

Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos, a fin de ganar para Cristo el mayor número posible de personas.

(Tito 3:5)

nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

(Tito 3:5)

y , sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, [3] y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo.

(1 Corintios 12:13)

y de la misma manera, todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, fuimos bautizados para formar un solo cuerpo por medio de un solo Espíritu; y a todos se nos dio a beber de ese mismo Espíritu.

(1 Corintios 12:13)

Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(2 Corintios 5:19)

que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

(Juan 1:29)

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

(Romanos 5:6)

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

(1 Pedro 3:18)

Porque ….. Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

(Lucas 19:10)

Pues el Hijo del hombre (Jesús) ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

Todos deben tomar una desición:

(Marcos 15:12)

Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?

(Hechos 3:19)

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

(Hechos 3:19)

Por eso, vuélvanse ustedes a Dios y conviértanse, para que él les borre sus pecados

(Hechos 10:42)

y él nos envió a anunciarle al pueblo que Dios lo ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos.

(Isaías 43:25)

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

(Isaías 53:5)

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

(Isaías 53:6)

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

(Isaías 53:8)

Se lo llevaron injustamente,

y no hubo quien lo defendiera;

nadie se preocupó de su destino.

Lo arrancaron de esta tierra,

le dieron muerte por los pecados

de mi pueblo.

(Isaías 53:9)

Lo enterraron al lado de hombres

malvados,

lo sepultaron con gente perversa,

aunque nunca cometió ningún crimen

ni hubo engaño en su boca.

(Isaías 53:10)

El Señor quiso oprimirlo

con el sufrimiento.

y puesto que él se entregó en sacrificio

por el pecado,

tendrá larga vida

y llegará a ver a sus descendientes;

por medio de él tendrán éxito

los planes del Señor.

(Isaías 53:11)

Después de tanta aflicción verá la luz,

y quedará satisfecho al saberlo;

el justo siervo del Señor liberará

a muchos,

pues cargará con la maldad de ellos.

(Isaías 53:12)

Por eso Dios le dará un lugar

entre los grandes,

y con los poderosos participará

del triunfo,

porque se entregó a la muerte

y fue contado entre los malvados,

cuando en realidad cargó

con los pecados de muchos

e intercedió por los pecadores.

(Hechos 22:16)

y ahora, no esperes más. Levántate, bautízate y lávate de tus pecados, invocando el nombre del Señor. ‘[2]

(Romanos 10:9)

Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó, alcanzarás la salvación.

(Romanos 10:12)

No hay diferencia entre los judíos y los no judíos; pues el mismo Señor es Señor de todos, y da con abundancia a todos los que lo invocan.

(Romanos 10:13)

Porque esto es lo que dice: "Todos los que invoquen el nombre del Señor, alcanzarán la salvación."[5]

(Romanos 10:14)

Pero ¿cómo van a invocarlo, si no han creído en él? ¿Y cómo van a creer en él, si no han oído hablar de él? ¿Y cómo van a oír, si no hay quien les anuncie el mensaje?

(Romanos 10:15)

¿Y cómo van a anunciar el mensaje, si no son enviados? Como dice la Escritura: "¡Qué hermosa es la llegada de los que traen buenas noticias!"

(Romanos 10:16)

Pero no todos han aceptado el evangelio. Es como dice Isaías: "Señor, ¿quién ha creído al oír nuestro mensaje?"

(Romanos 10:17)

Así pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo.

(Hechos 2:21)

Pero todos los que invoquen

el nombre del Señor,

alcanzarán la salvación.

Dios le bendiga mucho:

Predicador Gustavo Isbert

www.elcieloesunlugar.com.ar

La seguridad de la salvación:

La Seguridad de la Salvación

¿Te gustaría saber con toda certeza que al morir vas a ir al paraíso con Dios, al cielo?

¿Que sos salvo, que tenés la vida eterna?

¿Que tus pecados fueron perdonados, que estás libre de toda condenación y que no vas a ir al infierno nunca? Eso es posible, si te arrepientes de todos tus pecados, crees que Jesucristo llevó tu culpa y castigo en la cruz y le recibes por medio de una sencilla oración como tu Salvador, Señor y Rey.

(1 Juan 5:11)

Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo (Jesucristo).

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.

(1 Juan 5:13)

Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

Las personas necesitan saber: que si tienen a Cristo, si han nacido de nuevo del Espíritu Santo: que son salvas, que pertenecen y están en el Reino de los cielos, que son hijos de Dios, perdonados totalmente, que han sido declarados justos por Dios por los méritos de Jesús. Que ninguna condenación hay para ellas, que son cuidadas por Jesús, Dios Padre, El Espíritu Santo que ahora vive en ellas y por los ángeles enviados por Dios.

Necesitan saber esto, sin dudarlo, no suponerlo, ni teniendo una vaga esperanza, o un vago deseo que así sea,¡ sino saberlo!.

No necesitan vivir con temores a la muerte, al infierno, a la condenación, ni vivir en la duda o la incertidumbre, sin que nunca tengan la certeza de su salvación provista por Dios. Ni estar en la ignorancia de ¿que pasará con ellos cuando mueran?.

Tú puedes saber que tienes la vida eterna ¡ahora y para siempre!

No, que tienes una religión sino que tienes la misma vida eterna en ti, que es Cristo viviendo en tu corazón.

(Juan 5:24)

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida.

(Juan 11:25)

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

(Juan 11:26)

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

(Juan 10:27)

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

(Juan 10:28)

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

(Juan 10:29)

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

(Juan 3:16)

Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él (en Jesús) no muera (no se condene eternamente), sino que tenga vida eterna, (en el cielo con Dios).

(Juan 3:17)

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él.

(Romanos 8:1)

Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús,

(Romanos 8:16)

El Espíritu Santo mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

(Romanos 8:17)

Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo… y también tendremos parte con él en su gloria.

(Romanos 8:32)

El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

(Romanos 8:33)

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que los justifica.

(Romanos 8:34)

¿Quién es el que nos condenará? Cristo es el que murió por nosotros; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

(Romanos 8:35)

¿Quién nos separará del amor de Cristo?

(Romanos 8:39)

ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Millones de personas están atormentadas porque no tienen la seguridad de su salvación, no saben como ser salvas y desconocen la manera de serlo. Otras no creen que haya manera de saberlo.

Pero para ser salvo debes tener a Cristo. El es la vida eterna. ¿Y como se puede tener a Cristo?

Orando de todo corazón una sencilla oración a Dios como esta:

Querido Dios: en este momento me arrepiento de todos mis pecados y te pido perdón por cada uno de ellos, gracias porque Jesús en la cruz murió en mi lugar y llevó mi culpa y condenación. Gracias porque allí pagó todas mis deudas contigo. Tomo ahora la decisión de seguirte y de recibir a Cristo en mi vida. Lo recibo como mi Salvador, mi Señor y mi Rey. Pido ahora que tu Espíritu Santo venga a mi vida. Gracias Dios mío porque me has perdonado, ahora soy un hijo tuyo y soy salvo y libre de toda condenación. Amén.

(Juan 1:12)

Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.

(2 Corintios 5:17)

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

(2 Corintios 5:18)

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo.

(2 Corintios 5:19)

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

(Tito 3:4)

Pero Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad,

(Tito 3:5)

y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo.

(1 Juan 3:2)

Queridos hermanos, ya somos hijos de Dios. Y aunque no se ve todavía lo que seremos después, sabemos que cuando Jesucristo aparezca seremos como él, porque lo veremos tal como es.

Podés ahora darle gracias a Dios porque eres SALVO. No tenés que salvarte una y otra vez, podés tener la seguridad de tu salvación una vez y para siempre. Fuiste salvo, no por tus obras meritorias sino por la obra que Cristo hizo por ti en la cruz, es decir fuiste salvo por la gracia de Dios y Dios te mantiene por su gracia (su amor inmerecido e incondicional hacia nosotros). No importa lo que sientas, sos salvo porque has recibido a Cristo en tu vida como tu Salvador, Señor y Rey.

(Efesios 2:4)

Pero Dios es tan misericordioso y nos amó con un amor tan grande,

(Efesios 2:5)

que nos dio vida juntamente con Cristo cuando todavía estábamos muertos a causa de nuestros pecados. Por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación.

(Efesios 2:8)

Pues por la bondad de Dios han recibido ustedes la salvación por medio de la fe. No es esto algo que ustedes mismos hayan conseguido, sino que es un don (regalo) de Dios.

(Efesios 2:9)

No es el resultado de las propias acciones, de modo que nadie puede gloriarse (enorgullecerse) de nada;

(1 Juan 5:20)

Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al Dios verdadero. Vivimos unidos al que es verdadero, es decir, a su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna.

(1 Juan 5:11)

Este testimonio es que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo.

(1 Juan 5:12)

El que tiene al Hijo de Dios, tiene también esta vida; pero el que no tiene al Hijo de Dios, no la tiene.

(1 Juan 5:13)

Les escribo esto a ustedes que creen en el Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.

(Juan 10:27)

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

(Juan 10:28)

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

(Juan 10:29)

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

(Colosenses 1:13)

Dios nos libró del poder de las tinieblas y nos llevó al reino de su amado Hijo,

(Colosenses 1:14)

por quien (por Jesús) tenemos la liberación y el perdón de los pecados.

Dios te bendiga mucho y disfrutá de tu salvación y tu nueva vida en unión con N.S.Jesucristo.

Predicador Gustavo Isbert

www.elcieloesunlugar.com.ar

¡Felicidades!

¡Felicidades a todos! comparto con ustedes estas frases:

Les deseo que en este nuevo año que Jesucristo, (el Señor de la paz) les de su paz en todo momento y en cada situación.

No se cansen nunca de hacer el bien.

Dios los llamó a su salvación cuando les anunciamos la buena noticia de la obra de Cristo a favor de ustedes y ahora pueden ser partícipes de su gloria.

Oren para que el mensaje del Señor sea predicado por cada cristiano y se difunda rápidamente.

El Señor que es fiel les dará SU fuerza, y los protegerá del maligno.

Que el Señor Jesús les guíe el corazón a un entendimiento total y a una expresión plena del amor de Dios y a la perseverancia con paciencia que proviene de Cristo.

No actúen sin pensar, ni sin orar, procuren entender antes lo que el señor quiere que hagan.

Dejen que el Espíritu Santo les renueve los pensamientos y las actitudes.

El verdadero comienzo no es en año nuevo sino cuando uno nace de nuevo y entra en el Reino de Dios. San Juan capítulo 3.

Debes entregar tu vida totalmente a Jesús. Y recibirás a Cristo en tu corazón, recibirás el Espíritu Santo, una nueva naturaleza, el perdón de todos tus pecados y realmente UN NUEVO COMIENZO, en el Reino de Dios y como su hijo.

La persona que se une al Señor (Jesús) un espíritu es con El. Tenemos el Espíritu santo en nosotros como una muestra anticipada de la gloria futura.

Pues desde el momento que le entregaste tu vida a Cristo y lo recibiste como tu Salvador y Rey en tu corazón: El Espíritu Santo y a Jesús mismo.

Entonces…deja de preocuparte y comienza a orar, preséntale a Dios tus peticiones (a tu Dios todopoderoso).

Dile a Dios tus necesidades y…

Recibe la paz de Dios.

Dios te bendiga mucho: ¡Felicidades! Gustavo Isbert

Cada cristiano es un misionero en el lugar que Dios lo puso. Donde vive, en su entorno o donde Dios lo lleve.

CADA CRISTIANO ES UN MISIONERO DONDE ESTÁ Y EN SU ENTORNO.

Hechos 8:4; 8:29-40

Algunos quieren servir a Dios y no saben como o no encuentran la manera.

PIENSE EN ENTRE 8 PERSONAS Y 15 MAS O MENOS, y haga una lista de ellos.

Estas personas pueden ser que usted las conozca y ellos no conozcan a Dios ni su salvación, o no van a ninguna iglesia.

CONSIDERESE “COMO SU PASTOR” y sea responsable por ellos.

Pueden ser: Compañeros de deporte, de trabajo, el cajero del banco o del Supermercado, vendedores en un mol, el mozo de un restaurante, su hermano, otro pariente, un amigo, un actor de cine o cantante etc.

USTED ES UN EMBAJADOR DEL REINO DE LOS CIELOS CON AUTORIDAD DELEGADA 2 Corintios 5:20

¿Qué hacer?

Interceda por ellos.

Invítelos a su casa para enseñarles la Biblia.

Busque un lugar apropiado.

Invítelos a la iglesia, tenga tarjetas con las direcciones y teléfono.

Dele la página Web

“Viva con la caña de pescar”

Esté atento a las oportunidades y a los encuentros preparados por el Espíritu Santo para usted (Felipe y el Etíope).

Aprenda a captar la voz y la guía del Espíritu Santo.

Ore por sus necesidades. (a los que vienen).

Forme un pequeño grupo y siéntase responsable de ellos.

Llámelos por teléfono, visítelos, insista.

Organice una comida o un té.

Deje que el Espíritu Santo les de ideas de lo que debe hacer, enseñar y cuando y como.

Procure que:

Sean Salvos.

Tengan una Biblia

Ore por su sanidad

Procure que sean llenos del Espíritu Santo. Juan 14:25-26; 16: 13-14.

Discipúlelos. Utilice las 100 lecciones de Bases del cristianismo en www.elcieloesunlugar.com.ar

O El Manual de encuentros Bíblicos para pequeños grupos.

Mantenga los ojos en el objetivo.

No se desvíe ni se diluya (dar ejemplos).

Piense en esas personas y hable con Dios sobre ellos.

Quizás Dios le modifique un poco la lista. Esté atento.

Persevere.

Aprenda mensajes de salvación.

Ore y ore. Lucas 5:16

PREPÁRESE USTED ESTUDIANDO LA PALABRA DE DIOS EN UN SEMINARIO, ESCUELA DE MINISTERIO O DISCIPULADO.

Usted es un evangelista “no oficial” o no puesto por alguna religión pero si por Cristo. Mateo 28:18-20; Marcos 16:15

Cada uno con su método, yo agrego la Radio y media hora de TV.

Por la Radio predico a millones, entro en los lugares más recónditos, en los autos etc.

Y pastoreo a los de todas las iglesias, a los grupos pequeños y doy mensajes a los pastores.

(Lucas 5:5)

Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. (Te voy a obedecer).

(2 Timoteo 2:2)

Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

(Mateo 4:19)

Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

(Lucas 5:10)

No temas; desde ahora serás pescador de hombres.

(Esdras 7:10)

Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos.

(Hechos 5:42)

Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.

(Lucas 5:16)

Más él se apartaba a lugares desiertos, y oraba.

(Hechos 8:4)

Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.

(Hechos 8:29)

Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.

(Hechos 8:30)

Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?

(Hechos 8:31)

El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.

(Hechos 8:39)

Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.

(Hechos 8:40)

Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

(Juan 14:26)

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

(Juan 16:13)

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

(Juan 16:14)

El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

¡COMIENCE HOY!

Cada cristiano es un misionero en el lugar donde está:

(Marcos 5:19) Ve a tu casa y a tu familia y diles todo lo que el Señor ha hecho por ti y lo misericordioso que ha sido contigo.

(Hechos 10:24)

Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos.

Y debe servir a Dios con las capacidades y dones que Dios le dió:

(1 Pedro 4:10)

Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

(1 Pedro 4:11)

Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo…

Y debe dejar que Cristo TRABAJE A TRAVÉS DE USTED (y además esforzarse para hacerlo, venciendo todos los obstáculos exteriores y sobre todo interiores como pereza, temores etc).

(Romanos 15:18)

Porque no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,

(Romanos 15:19)

con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

(Romanos 15:20)

Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio. (Cuente con la ayuda de Dios y milagros).

Hermanos esforcémonos para predicar el Evangelio a todos los que nos rodean y a nuestros "contactos" diarios y de internet.

Esfuérzate y se valiente, vence a los espíritus de desanimo, temor, cobardía, falta de visión, ceguera espiritual, pereza, indiferencia, pesadez, olvido etc. que envía el diablo sobre los hijos de Dios.

¡VÉNCELOS AHORA!

Levántate y predica como Pablo que después de ser apedreado no se dejó llevar por la auto conmiseración, ni la auto compasión, ni por el temor, ni por la desilusión, ni se enojó con el Señor, ni con la Iglesia, ni con sus hermanos en Cristo por sus problemas personales y siguió adelante.

Hechos 14:19:22.

(Hechos 14:19)

Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.

(Hechos 14:20)

Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.

(Hechos 14:21)

Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía,

(Hechos 14:22)

confirmando los ánimos de los discípulos, (el animaba a los demás) exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

Siempre va a haber problemas… ¡véncelos cada uno en el nombre de Jesús y actúa respaldado por El que es todopoderoso!

Pr Gustavo Isbert

Cosas fundamentales: Ser Salvo y ser Bautizados en el Espíritu Santo.

Plan de Salvación:

Dios nos ama profundamente:

(1 Juan 4:9)

Dios mostró cuánto nos ama al enviar a su único Hijo al mundo, para que tengamos vida eterna por medio de él.

(1 Juan 4:10)

En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados.

Pero en la vida cometemos muchos pecados:

(Romanos 3:23)

Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.

(Eclesiastés 7:20)

No hay una sola persona en la tierra que siempre sea buena y nunca peque.

El pecado conduce a la muerte eterna (la separación eterna de Dios en el infierno):

(Romanos 6:23)

Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el regalo que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.

Pero Dios actuó a nuestro favor:

(Romanos 5:8)

Pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

Todos tenemos la necesidad de arrepentirnos:

(Marcos 1:15)

diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.

(Lucas 13:3)

Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Todos tenemos que creer en Jesucristo y en su obra a favor de nosotros en la cruz:

(Juan 3:18)

No hay condenación para todo el que cree en él, pero todo el que no cree en él (va camino a la condenación)…por no haber creído en el único Hijo de Dios.

(Juan 3:36)

Los que creen en el Hijo de Dios tienen vida eterna. Los que no obedecen al Hijo nunca tendrán vida eterna, sino que permanecen bajo la ira del juicio de Dios.

Jesús vino a este mundo a salvar a los pecadores (a nosotros y a todos).

(1 Timoteo 1:15) San Pablo dijo:

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.

(1 Timoteo 1:15)

La siguiente declaración es digna de confianza, y todos deberían aceptarla: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el peor de todos.

Jesús quiere que todos se salven y vayan al cielo:

(1 Timoteo 2:3)

Esto es bueno y le agrada a Dios nuestro Salvador,

(1 Timoteo 2:4)

quien quiere que todos se salven y lleguen a conocer la verdad.

El único que puede salvar a las personas es Jesucristo.

(1 Timoteo 2:5)

Pues hay sólo un Dios y sólo un Mediador que puede reconciliar a la humanidad con Dios, y es el hombre (perfecto y Dios hecho hombre): Cristo Jesús.

(1 Timoteo 2:6)

Él dio su vida para comprarles la libertad a todos. Éste es el mensaje que Dios le dio al mundo justo en el momento preciso.

La salvación es un don gratuito de Dios. Un regalo.

(Apocalipsis 22:17)

El Espíritu y la esposa dicen: «Ven». Que todos los que oyen esto, digan: «Ven». Todos los que tengan sed, vengan. Todo aquel que quiera, beba gratuitamente del agua de la vida.

(Efesios 2:4)

Dios es tan rico en misericordia y nos amó tanto

(Efesios 2:5)

que, a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida cuando levantó a Cristo de los muertos. (¡Es sólo por la gracia de Dios que ustedes han sido salvados!)

(Efesios 2:8)

Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios.

(Efesios 2:9)

La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.

(Marcos 1:15) Jesús decía:

…¡Arrepiéntanse de sus pecados y crean la Buena Noticia!

Debemos recibir a Jesús y orar a El invocándolo para recibirlo a El y su salvación en nuestro corazón.

(Juan 1:12)

Pero, a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.

(Romanos 10:13)

Pues todo el que invoque el nombre del SEÑOR será salvo.

Si usted quiere puede hacer esta oración para tener salvación y vida eterna:

Señor Jesús en este momento invoco tu nombre para ser salvo, me arrepiento, y te pido perdón por todos mis pecados que he cometido. Creo que moriste por mí en la cruz pagando mi deuda con Dios y ahora abro mi corazón para que entres en mi vida, te recibo ahora como mi Salvador y mi Rey. Muchas gracias porque me has recibido, perdonado y ahora soy un hijo tuyo. Amén.

Todo verdadero cristiano Salvo, es decir que ha experimentado el Nuevo nacimiento tiene morando en su interior al Espíritu Santo desde el momento de su conversión o salvación. Romanos 8:9; Gálatas 4:6; 1 Corintios 6:19; pero también la palabra de Dios manda a los cristianos que sean llenos del Espíritu Santo. Efesios 5:18.

El Bautismo en el Espíritu Santo es el primer llenamiento del Espíritu Santo que experimenta el creyente, puede recibirlo unos momentos después de la salvación Hechos 10:44-48, o después de la salvación como en Hechos 19:1-7. Puede recibirse estando solo, en una reunión de la iglesia o casera o por la imposición de manos de un cristiano lleno del Espíritu Santo.

(Romanos 8:9)

Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

(Gálatas 4:6)

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!

(1 Corintios 6:19)

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

(Efesios 5:18)

… sed llenos del Espíritu,

(Hechos 10:44)

Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.

(Hechos 10:45)

Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.

(Hechos 10:46)

Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.

(Hechos 19:1)

Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos,

(Hechos 19:2)

les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.

(Hechos 19:3)

Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

(Hechos 19:4)

Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.

(Hechos 19:5)

Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

(Hechos 19:6)

Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Como recibir el Bautismo en el Espíritu Santo:

Se debe tener sed espiritual.

(Juan 7:37)

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

(Salmos 42:1)

Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,

Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

(Salmos 42:2)

Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;

Dios quiere darlo y hay disposición departe de Dios y dice que debemos recibirlo.

(Lucas 11:13)

Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?

(Hechos 1:5)

Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

(Hechos 1:8)

pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Se debe tener fe: Dios prometió darlo y ordenó que lo recibamos y El si se lo pedimos nos lo dará. Solo espera que aquellos que se lo pidan crean en su palabra y lo reciban con por la fe.

Dios desea “vasos limpios” Dios no mira el material de nuestro recipiente sino su interior. Primero:

*Se debe ser Salvo,

*Arrepentirse,

*Creer en la obra de Cristo en la cruz,

*Y recibir a Cristo como Salvador y Rey.

*Entra el Espíritu Santo pero luego se debe ser lleno de El.

Luego de pedir ser lleno del Espíritu Santo, o recibir oración de un cristiano lleno del Espíritu Santo, abra su boca y diga usted las palabras que le vienen a su mente (aunque sea un idioma raro) y hablará en lenguas que es un don del Espíritu Santo.

(Hechos 2:4)

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Por Gustavo Isbert.

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